Shinobi Gaiden Foro Rol
  • Guías
  • Técnicas
  • Información ▾
    • Mapa del Mundo
    • Virtudes y Defectos
    • Registro de Personajes
    • Objetos
    • Calc. de Estadísticas
    • Censo y Estadísticas
  • Iniciar Sesión
  • Regístrate
  • Primeros pasos
Kinzo modo seguro
忍 SG
知
¿Sabías que… cientos de Hoshigaki sufrieron daños pulmonares hasta ser incapaces de sobrevivir correctamente tanto bajo el agua como en tierra?
Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?
Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Resto del Mundo   ›   Países del Mar del Norte   ›   Pais de las Aguas Termales   ›   Yomikage
« Anterior 1 2 3
  ›   [Misión Simple] [Automisión|C] Los abandonados en el Bosque
Responder
[Automisión|C] Los abandonados en el Bosque
Hachibi
Rango Chuunin
Clan Heizu
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza50(3)
Destreza40(2)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud10
Velocidad21
Tenketsu10
Sigilo15
570
635
Enlace al Post
12-10-2026, 05:54 AM
Petición

Los abandonados en el Bosque

La Feria Nocturna conservaba su actividad habitual bajo el cielo perpetuamente oscuro de Yomikage. Los farolillos se mecían sobre las calles y las atracciones seguían recibiendo visitantes, mientras los comerciantes pregonaban sus mercancías entre los aromas del azúcar caramelizada, las especias y la cera caliente. Había manzanas cubiertas por un espeso caramelo rojizo, máscaras ceremoniales, pequeñas figuras de madera y objetos cuya procedencia resultaba difícil de adivinar. Una melodía de instrumentos de cuerda acompañaba los movimientos del carrusel, poblado por criaturas talladas que recordaban vagamente a animales conocidos: algunas tenían proporciones de bestias marinas; otras, extremidades humanas y rostros imposibles.

Entre aquella multitud caminaba Hachibi, vestido de una manera bastante distinta a la que acostumbraba en Kirigakure. El sombrero puntiagudo proyectaba su sombra sobre buena parte del rostro, mientras las ropas oscuras, adornadas con motivos lunares, ocultaban casi por completo su figura. Llevaba recogida la larga cabellera para evitar que interfiriera con sus movimientos, y la katana y el tantō que portaba bastaban para distinguirlo de los hechiceros cuyo atuendo parecía imitar. En una feria tan extravagante, aquella combinación pasaba por otro disfraz.

Su recorrido lo condujo hasta una explanada donde las atracciones comenzaban a dispersarse. Bajo un cobertizo de madera había un tablón cubierto por solicitudes de trabajadores, recompensas, avisos de objetos extraviados y anuncios de espectáculos. Uno de los documentos solicitaba ayuda para encontrar a un grupo perdido en el Bosque de la Niebla. Los desaparecidos vestían prendas adornadas con motivos oculares y debían ser conducidos de regreso a la Feria Nocturna; el resto de su descripción era ilegible. Varias letras se habían superpuesto hasta formar una mancha de tinta, aunque el papel no parecía particularmente deteriorado.

Tras el tablón, un encargado revisaba pequeños papeles entre las páginas de un registro. Vestía una túnica grisácea y una máscara de búho cuyas aberturas apenas dejaban distinguirle los ojos. Al advertir el interés del kiriense por la solicitud, dejó sus anotaciones a un lado.

──¿Los del bosque? Llevan bastante tiempo sin aparecer. O quizá no tanto. Aquí resulta complicado llevar esas cuentas.

Se acercó al anuncio y señaló la breve descripción.

──Los reconocerás por sus ropas. Eso es lo importante. Si consigues encontrarlos, tráelos de vuelta antes de que se olviden de adónde pertenecen.

Hachibi indicó el fragmento ilegible, esperando una explicación. El hombre examinó la mancha desde tan cerca que la máscara casi rozó el papel, pero se limitó a encogerse de hombros.

──Qué mala suerte. Parece que se ha estropeado.

Sin otra información disponible, el Heizu retiró el aviso, comprobó que no hubiera anotaciones en el reverso y lo guardó. El encargado regresó a su banco y lo despidió con una última observación.

──Si encuentras el camino de regreso, procura no perderlo.

El Bosque de la Niebla comenzaba más allá de las últimas luces de la feria, donde las viviendas cedían su lugar a árboles de corteza oscura y senderos cubiertos de raíces. Conforme avanzaba, el sonido de los pregones fue desapareciendo hasta que solo quedaron el roce de las hojas y las gotas que descendían de las ramas. La humedad y la niebla le recordaban al País del Agua, pero allí el vapor se acumulaba en franjas irregulares, ocultando por completo algunas depresiones mientras dejaba despejadas otras. La oscuridad perpetua tampoco ayudaba a reconocer el terreno.

Antes de internarse demasiado, se detuvo junto a una piedra cubierta de musgo. Todavía distinguía los últimos destellos de la Feria Nocturna, referencia que pronto perdería entre los árboles. El sendero principal se dividía más adelante y mostraba antiguas marcas de ruedas, huellas superpuestas y zonas donde el agua había deshecho cualquier rastro. Unos insectos luminosos revoloteaban entre los arbustos, proyectando pequeños destellos que a distancia podían confundirse con lámparas.

El primer indicio relacionado con el encargo apareció sobre una rama baja. Era un retazo de tela húmeda, sujeto por varias fibras desgarradas, que conservaba un ojo bordado con hilos claros y una pupila oscura. Su disposición sugería que se había enganchado cuando alguien avanzaba hacia el interior del bosque. Hachibi lo retiró con cuidado y continuó, encontrando poco después huellas de diferentes tamaños sobre una zona de tierra blanda. Algunas retrocedían o abandonaban el sendero, como si varios caminantes hubieran discutido sobre qué dirección tomar.

Mientras estudiaba las marcas, escuchó el repique de una campanilla desde una pendiente a su derecha. Dos notas metálicas volvieron a sonar cuando aguardó para confirmar su procedencia, por lo que descendió entre las raíces hasta alcanzar una pequeña explanada. Allí se levantaba un arco de madera semejante a una entrada ceremonial, construido con troncos delgados y cuerdas. De su travesaño colgaban tiras de diferentes colores, todas decoradas con ojos bordados o pintados. En el centro se mecía la campanilla que lo había conducido hasta allí.

Los diseños presentaban pequeñas variaciones: pupilas redondas o alargadas, párpados dorados y bordados de distinta calidad. Eran piezas confeccionadas individualmente, no fragmentos de una misma prenda. Quizá pertenecían a una agrupación que utilizaba aquellos motivos, aunque ninguna inscripción explicaba su significado. En uno de los postes había una flecha tallada que apuntaba hacia el sendero izquierdo, más transitado que el derecho.

La niebla impedía examinar ambos recorridos con suficiente claridad. Hachibi realizó el sello correspondiente y activó el Aokigan; su ojo derecho se oscureció hasta que la pupila adquirió la forma de una flecha orientada hacia el suelo. La vegetación recuperó sus contornos allí donde el vapor los había desdibujado, aunque los troncos y la pendiente continuaban limitando su visión. En el camino izquierdo distinguió huellas que desaparecían sobre terreno firme; en el derecho encontró, entre dos raíces, una tablilla astillada con restos de pintura blanca y otro motivo ocular. La inscripción estaba demasiado dañada para leerse y una perforación en el reverso indicaba que alguna vez había estado colgada.

La guardó junto al fragmento de tela, pero antes de decidir qué ruta seguir escuchó una voz femenina que llamaba desde la espesura.

──...por aquí...

Una segunda llamada, más clara, le permitió determinar la dirección. Atravesó un sendero estrecho, descendió por una pendiente húmeda y apartó las ramas de unos arbustos hasta descubrir una hondonada recorrida por un arroyo. Dos personas descansaban junto a un tronco caído: una mujer de cabello recogido, cuyo abrigo oscuro tenía numerosos ojos bordados alrededor del cuello y los puños, y un anciano vestido de ocre que apoyaba una pierna dolorida sobre el suelo. Ambos miraron con alarma al desconocido armado y vestido como un hechicero.

El Heizu mostró una mano abierta y después les enseñó el anuncio de búsqueda.

──¿Vienes de la feria? ¿Te han enviado a buscarnos?

Sus asentimientos bastaron para aliviar a la mujer, quien se volvió hacia el anciano.

──Te dije que alguien vendría.

──También dijiste que encontraríamos el camino después de cruzar aquel puente.

──Eso fue antes de que desapareciera.

Hachibi señaló los ojos bordados, confirmando mediante gestos que eran las personas mencionadas en el encargo. La mujer admitió que sí, pero todavía faltaban integrantes del grupo. Cuando el kiriense extendió los dedos para preguntar cuántos habían entrado, ella levantó una mano completa.

──Cinco. Éramos cinco cuando entramos. Nos separamos buscando una salida y desde entonces no hemos vuelto a ver a los otros tres.

──Cada vez que intentamos encontrarlos terminamos aquí otra vez.

La mujer explicó que habían recorrido senderos distintos, encontrado un puente y una escalera, e incluso visto luces que confundieron con las de la feria. Sin embargo, al intentar regresar terminaron nuevamente en la hondonada. También habían descubierto prendas colgadas entre los árboles, algunas con los mismos bordados y nombres de quienes integraban su grupo.

──Una de ellas parecía pertenecer a mi hermano. Tenía el mismo remiendo en el cuello que llevaba cuando entramos.

──No sabemos si era realmente suya.

Aquello recordaba a las telas suspendidas sobre el arco, aunque no bastaba para explicar por qué alguien había reunido tantas prendas. Hachibi ayudó al anciano a incorporarse y comprobó que podía caminar con bastón, aunque el dolor le impedía apoyar normalmente una pierna. Cualquier regreso exigiría encontrar una ruta adecuada para él.

La conversación se interrumpió cuando escucharon pasos entre los árboles. Parecían aproximarse acompañados por el roce de una tela sobre las hojas, pero la vegetación ocultaba a quien los producía. La mujer volvió el rostro hacia la espesura.

──¿Lo escuchas?

El kiriense confirmó con un movimiento de cabeza, mientras el anciano sujetaba el bastón con mayor firmeza.

──Otra vez...

──Así empezó la última vez que intentamos salir.

Una silueta cubierta por una prenda oscura apareció entre los troncos. Llevaba motivos oculares sobre la espalda y avanzaba lentamente con la cabeza inclinada. La mujer creyó reconocer la ropa de su hermano y lo llamó antes de que el anciano alcanzara a detenerla.

──¡Shun! ¡Shun, estamos aquí!

La figura hizo una pausa, pero no respondió. Reanudó su marcha hasta quedar oculta detrás de varios árboles, mientras el Heizu indicaba a los dos extraviados que permanecieran en la hondonada. Antes de apartarse, practicó dos incisiones diagonales sobre la corteza de un árbol junto al arroyo y les mostró las marcas, dejando una referencia para el regreso.

Siguió a la figura a una distancia prudente, aprovechando los espacios entre los troncos para aproximarse sin exponerse demasiado. Su andar resultaba extraño por la regularidad con que superaba las irregularidades del terreno, aunque la explicación apareció cuando una manga quedó enganchada entre las ramas: se trataba de un muñeco construido con palos y prendas viejas, suspendido mediante cuerdas que se prolongaban hacia varios árboles. Dos piezas de madera golpeaban alternativamente el suelo al desplazarse y producían el sonido de unos pasos.

Al examinar el mecanismo descubrió que podía accionarse desde cierta distancia. Había señales de trabajo reciente alrededor de los puntos de sujeción, pero el extremo contrario de las cuerdas desaparecía entre la vegetación. Antes de decidir si convenía seguirlo, una de ellas perdió tensión y el muñeco quedó inclinado sobre las ramas, sin que pudiera determinar si alguien lo había soltado deliberadamente.

Hachibi prefirió no alejarse demasiado de sus protegidos. Retiró una pequeña muestra del abrigo, donde un remiendo triangular de hilo rojizo acompañaba los motivos oculares, y regresó a la hondonada. La mujer examinó el tejido con interés, aunque no logró reconocerlo con certeza.

──Mi hermano tenía uno parecido, pero esos remiendos los hacíamos entre todos.

Mediante dos ramas y unas líneas dibujadas en la tierra, el espadachín explicó la estructura del muñeco. El anciano comprendió antes que su acompañante.

──Entonces era otro de esos muñecos. La primera vez que intentamos salir vimos a un hombre al otro lado del arroyo. Lo seguimos pensando que conocía el camino, pero desapareció cuando nos acercamos. Después escuchamos pasos durante horas, siempre desde alguna dirección distinta.

El artificio explicaba parte de la desorientación. Alguien utilizaba prendas semejantes a las de los desaparecidos para atraer a los visitantes hacia senderos que no conocían. Todavía faltaba determinar quién movía aquellos muñecos y con qué propósito, pero Hachibi necesitaba encontrar a los tres integrantes restantes antes de que los otros dos volvieran a extraviarse.

El arroyo ofrecía una referencia más fiable que las bifurcaciones. Señaló su cauce y explicó mediante gestos que pensaba seguirlo durante la búsqueda, sin abandonar a quienes todavía faltaban. Los dos aceptaron acompañarlo; antes de partir, sustituyó el bastón improvisado del anciano por una rama más firme y adecuada a su altura.

Avanzaron lentamente junto al agua, rodeando raíces y piedras húmedas. En algunos lugares debieron apartarse del cauce para evitar la vegetación, pero el kiriense procuró recuperarlo cuanto antes y dejó marcas discretas donde el camino ofrecía varias alternativas. Cerca de una formación rocosa encontraron cinco piedras colocadas en hilera junto a un árbol. Sobre la corteza había un ojo tallado, cuya pupila descendía hasta una flecha orientada hacia una pendiente.

──Eso sí lo reconozco. Shun hacía esos dibujos cuando viajábamos. Decía que, si alguna vez nos separábamos, podríamos seguir los ojos hasta encontrarnos.

La marca parecía relativamente reciente y proporcionaba una pista mejor que las prendas abandonadas. Siguiendo la dirección indicada, ascendieron con cuidado por un sendero que bordeaba las rocas. El anciano necesitó detenerse varias veces, pero la mujer lo ayudó mientras Hachibi comprobaba los pasos más difíciles. Una segunda marca apareció sobre un tronco claro y los condujo hacia un antiguo camino empedrado, cuyas piedras se habían hundido bajo las raíces y la vegetación.

El camino terminaba frente a un puente de madera sostenido por pilares de piedra. Varias tablas estaban partidas y una barandilla se inclinaba hacia la depresión, por cuyo fondo corría otro tramo del arroyo. La mujer reconoció inmediatamente el lugar.

──Es el puente. Aquí nos separamos. Shun, Miori y Renji cruzaron primero, pero él resbaló cuando intentábamos seguirlos. Cuando conseguimos levantarlo, los otros ya habían desaparecido.

El anciano observó la estructura con desconfianza. Las tablas conservaban humedad y varias cedían al presionarlas, por lo que Hachibi evitó conducirlo sobre ellas antes de buscar una alternativa. Al revisar el inicio del puente encontró una hebilla de metal atrapada cerca de un pilar, todavía sujeta a un fragmento de correa. Un pequeño ojo estaba grabado sobre su superficie.

──¡Es de Renji! Se la regalamos antes de venir. Todavía se quejaba de que no combinaba con su cinturón.

Junto al pilar había ramas dobladas hacia la depresión. Desde arriba pudo distinguir un retazo oscuro atrapado entre piedras y algunos objetos acumulados bajo el puente, por lo que indicó a sus acompañantes que esperaran mientras descendía por un paso entre las rocas. El terreno inferior estaba cubierto de restos arrastrados por la corriente y piezas desprendidas de la construcción. Al aproximarse al tejido escuchó una respiración agitada y varias piedras que se desplazaban detrás del pilar.

Rodeó la estructura con cautela, una mano próxima a su tantō, y descubrió a un muchacho agazapado entre las raíces. Llevaba una capa adornada con ojos, una rodilla del pantalón desgarrada y una correa rota en la cintura. Sostenía un palo corto que levantó al verlo aparecer.

──¡No te acerques! ¡Ya sé lo que haces! Primero apareces con una cara distinta y después intentas llevarnos de vuelta al camino.

Hachibi apartó la mano de su arma y mostró ambas palmas antes de enseñarle la hebilla. El muchacho la reconoció enseguida, aunque no abandonó su escondite hasta que vio el aviso de búsqueda y comprendió mediante las señas que había otras dos personas esperándolo en el camino superior.

──Soy Renji. Entré con otras cuatro personas. ¿De verdad vienes de la feria?

El kiriense asintió y le ofreció la hebilla. El joven la sostuvo un momento entre los dedos, aliviado de recuperar algo que creía perdido.

──No hablas mucho, ¿verdad? Bueno, supongo que eso es mejor que escuchar a los otros.

Ascendieron por el mismo paso. La mujer llamó a Renji en cuanto lo reconoció, pero él se detuvo antes de aceptar su abrazo.

──Espera. Dime algo que solamente tú sepas.

──Te quejaste durante tres días porque la hebilla que te regalamos no combinaba con tu cinturón. Luego te negaste a cambiarla porque tú mismo habías elegido el dibujo.

──Y prometiste que no volverías a aceptar un regalo sin verlo primero.

Renji reconoció el recuerdo y permitió que lo abrazaran. Cuando se sentaron a descansar, explicó que había cruzado el puente con Shun y Miori. Los tres encontraron unas escaleras que ascendían hasta una construcción antigua, rodeada por prendas colgadas entre los árboles. Al principio creyeron que pertenecían a algún espectáculo de la feria, hasta que Miori descubrió su propio nombre cosido dentro de una de ellas.

──Escuchamos voces por todas partes. Algunas sonaban como las nuestras, pero cuando intentábamos encontrarlas aparecían detrás de otros árboles. Shun quería volver al puente y Miori dijo haber visto luces más arriba. Yo escuché que me llamaban, miré hacia atrás y los dos habían desaparecido.

Trató de regresar, pero terminó junto a un pantano después de seguir a una figura vestida como Miori. Había visto muñecos accionados mediante cuerdas, igual que el encontrado por Hachibi, aunque aseguraba que algunas figuras se desplazaban sin mecanismos visibles. Finalmente decidió esconderse bajo el puente y esperar a que alguno de sus compañeros regresara.

──La última vez que los vi estaban cerca de la construcción. Miori había encontrado una puerta, pero Shun no quería entrar sin saber cómo regresar.

Quedaban dos desaparecidos. El Heizu examinó nuevamente el puente y después la pendiente del camino antiguo. Era posible cruzar sobre las tablas deterioradas, pero el anciano correría un riesgo innecesario. Renji recordó una ruta más larga que rodeaba las rocas y desembocaba cerca de las escaleras, por lo que decidieron seguirla sin perder de vista las referencias del terreno.

Antes de marcharse, Hachibi practicó una marca distinta sobre un árbol próximo al puente, cuatro incisiones que no podían confundirse con los ojos tallados por Shun. Si los senderos realmente cambiaban de lugar, aquel signo le permitiría distinguir entre regresar al mismo punto y encontrar otro semejante. Todavía no había presenciado ninguna alteración inexplicable; por el momento, los muñecos, las rutas secundarias y la desorientación explicaban buena parte de lo ocurrido.

La caminata se prolongó debido a las dificultades del anciano, aunque el camino evitaba las pendientes más pronunciadas. Pasaron junto a un tronco caído que Renji no recordaba; el musgo y la descomposición de sus ramas demostraban, sin embargo, que llevaba tiempo allí. Más adelante encontraron otra marca ocular sobre la corteza de un árbol. Su pupila estaba inclinada hacia la izquierda y bajo ella había dos incisiones adicionales.

──Shun usa ese dibujo cuando encuentra algo importante. Las marcas de abajo significan que debemos continuar con cuidado.

El sendero ascendía hacia una explanada donde los árboles crecían más separados. Entre sus ramas comenzaron a distinguirse telas de diferentes colores suspendidas mediante cuerdas, hasta que el grupo alcanzó una formación rocosa desde la cual podía observar una construcción antigua. Unos escalones de piedra descendían hasta la plataforma que la precedía; alrededor había prendas colgadas a distintas alturas, muchas decoradas con motivos oculares. Algunas se mecían suavemente bajo la brisa, mientras otras estaban sujetas a mecanismos similares al muñeco que habían encontrado anteriormente.

El edificio tenía paredes de madera, techo inclinado y varias ventanas clausuradas con tablas. La entrada permanecía cerrada, aunque una abertura lateral permitía distinguir una pequeña porción del interior. Hachibi dejó a sus acompañantes detrás de las rocas y avanzó hasta obtener una perspectiva más clara. Gracias al Aokigan podía examinar los cordeles y los distintos senderos sin que la niebla le ocultara sus contornos, pero no podía ver a través de las paredes ni determinar quién se encontraba dentro.

Una puerta se abrió y alguien salió con un farol. Vestía una capa oscura adornada con ojos y ocultaba el rostro bajo una capucha. Tras observar las prendas suspendidas sobre la explanada, levantó una mano y accionó una cuerda; varias figuras comenzaron a moverse entre los árboles, arrastrando las piezas de madera que imitaban pasos humanos. El desconocido manipuló el mecanismo durante unos momentos y regresó al edificio, dejando la puerta entreabierta.

El kiriense observó la entrada y regresó con sus acompañantes para indicarles, mediante gestos, que había encontrado a una persona capaz de controlar los muñecos. Renji recogió una piedra, dispuesto a acercarse, pero la dejó en el suelo cuando Hachibi le pidió que aguardara. Todavía no conocían las intenciones del ocupante ni sabían si Shun y Miori estaban allí; era preferible no provocar un enfrentamiento antes de averiguarlo.

──Si alguien lleva tanto tiempo colocando esas cosas por el bosque, más vale que tenga una buena explicación.

Mientras examinaban las posibilidades de aproximación, escucharon voces procedentes del interior. La distancia impedía distinguir las palabras, pero la conversación parecía involucrar al menos a dos personas. Momentos después una segunda silueta pasó frente a la puerta entreabierta y desapareció junto a la primera, dejando el farol encendido sobre el umbral.

Hachibi mantuvo la atención sobre la construcción. Había encontrado a tres de los cinco extraviados y descubierto que alguien utilizaba aquellas prendas para crear falsos caminantes. Faltaba saber si las dos personas que se encontraban dentro tenían relación con Shun y Miori, y si aquel edificio ofrecía una salida o constituía otra de las desviaciones que habían impedido a los visitantes regresar a la feria.


La presencia de dos personas dentro del edificio representaba una oportunidad que Hachibi no pretendía desperdiciar. Sin embargo, las cuerdas extendidas entre los árboles y la cantidad de prendas suspendidas sobre la explanada aconsejaban cierta precaución. Desconocía si aquellos mecanismos cumplían únicamente una función teatral o si alguno podía utilizarse para advertir a los ocupantes de la llegada de visitantes.

Indicó a sus acompañantes que permanecieran detrás de las rocas y descendió por uno de los márgenes de la plataforma, aprovechando la pendiente para aproximarse sin utilizar la escalinata principal. El terreno estaba cubierto por hojas húmedas y pequeños fragmentos de madera, aunque la disposición de los árboles le permitía reconocer con bastante claridad los espacios entre las cuerdas. Algunas atravesaban el camino a la altura de las rodillas; otras ascendían hacia las ramas y desaparecían entre los aparejos instalados alrededor de la construcción.

Al examinar uno de los mecanismos descubrió una pequeña campanilla conectada a un cordel que cruzaba el sendero. Bastaba con tropezar para ponerla en movimiento, aunque su ubicación también permitía utilizarla deliberadamente como aviso. La rodeó sin tocarla y continuó hasta alcanzar una ventana lateral, desde donde pudo escuchar con mayor claridad la conversación del interior.

──Te estoy diciendo que no podemos seguir esperando. Renji desapareció y los otros dos ni siquiera llegaron a cruzar el puente.

──Y yo te estoy diciendo que salir a buscarlos sin conocer los caminos solamente conseguirá que también te pierdas. Ya te enseñé lo que sucede cuando sigues las luces.

──Entonces acompáñame. Tú conoces este lugar mejor que nosotros.

──Conozco mi casa y el camino hasta el arroyo. Eso no significa que conozca todo lo que hay entre los árboles.

La primera voz pertenecía a una mujer joven. La segunda, considerablemente más áspera, parecía proceder de alguien de mayor edad. Ambas discutían sin particular hostilidad, aunque la impaciencia de la primera resultaba evidente.

El kiriense examinó la ventana. Entre dos tablas mal ajustadas distinguió una habitación ocupada por mesas de trabajo, estantes y numerosos rollos de tela. Había agujas, carretes de hilo, piezas de madera y pequeños mecanismos dispersos sobre las superficies, mientras varias lámparas proporcionaban una iluminación amarillenta.

Una mujer de cabello oscuro permanecía junto a una mesa, sosteniendo una prenda cubierta por motivos oculares. Frente a ella, una anciana de espalda encorvada acomodaba herramientas en el interior de una caja. Su cabeza estaba cubierta por la capucha que había observado anteriormente y sus manos, delgadas y arrugadas, mostraban las pequeñas marcas que suelen producir las agujas después de muchos años de trabajo.

Hachibi consideró que ya había escuchado suficiente para justificar un acercamiento. En lugar de introducirse por la ventana, rodeó el edificio hasta la puerta principal y llamó mediante dos golpes moderados.

La conversación se interrumpió.

──¿Esperabas a alguien?

──No.

Unos pasos se aproximaron desde el interior y la puerta terminó por abrirse apenas lo suficiente para mostrar parte del rostro de la anciana. Sus ojos recorrieron el sombrero puntiagudo, las armas y la bandana del visitante antes de detenerse sobre su peculiar ojo derecho.

──No suelo recibir shinobi. ¿Vienes por alguna de mis prendas?

El Heizu negó con la cabeza y mostró el anuncio de búsqueda que llevaba consigo.

La mujer se inclinó para examinarlo, acomodándose unos pequeños anteojos sobre la nariz. Cuando reconoció los motivos oculares descritos en el documento, levantó la mirada con renovado interés.

──Ah, los visitantes de la feria. Ya era hora de que alguien viniera a buscarlos.

La joven apareció detrás de ella.

──¿Buscas a cinco personas? ¿Todos vestidos con ojos bordados?

Hachibi asintió y levantó tres dedos, señalando después hacia el lugar donde permanecían sus acompañantes.

──¿Encontraste a tres?

Otro asentimiento provocó que la mujer dejara inmediatamente la prenda sobre la mesa.

──¡Entonces Renji está vivo! ¿Y los demás? ¿Dónde están?

La anciana se apartó de la puerta para permitirle pasar, aunque el kiriense prefirió permanecer junto al umbral y señalar el camino que había utilizado. No tenía motivos para conducir a sus acompañantes hasta el interior sin explicarles primero lo sucedido.

──Ve con él, muchacha. Si encontró a los otros, será mejor que dejen de buscarse por separado.

La joven recogió una pequeña bolsa y se apresuró hacia la salida. Hachibi la acompañó hasta la formación rocosa, donde Renji se incorporó al reconocer su voz.

──¡Miori!

──¡Renji!

El encuentro estuvo acompañado por numerosas preguntas que ninguno parecía dispuesto a esperar a que el otro contestara. La mujer del abrigo oscuro se aproximó para abrazarla, mientras el anciano observaba la reunión desde su asiento improvisado.

Miori explicó que había encontrado aquel edificio mientras buscaba una salida junto a Shun. Su propietaria les había ofrecido refugio, aunque ninguno de los dos estaba dispuesto a permanecer allí mientras sus compañeros continuaran extraviados. Shun había salido poco después para investigar un antiguo paso de agua situado detrás de la construcción y todavía no había regresado.

──¿Fue solo?

──Quería comprobar si podíamos regresar siguiendo el cauce. La señora nos enseñó un plano antiguo, pero dijo que algunas partes estaban derrumbadas. Pensaba volver enseguida.

──Eso suena exactamente a algo que haría Shun.

La conversación permitió reconstruir buena parte de lo sucedido desde que el grupo se separó. Renji había seguido unas voces hasta perder el camino, mientras Shun y Miori alcanzaron el edificio después de recorrer varias veces los mismos senderos. La anciana los había recibido con cierta desconfianza, pero terminó permitiéndoles descansar cuando comprobó que no pretendían apropiarse de sus herramientas.

Hachibi escuchó sus explicaciones mientras examinaba el terreno próximo a la construcción. La aparición de la última integrante del grupo reducía considerablemente la dificultad de la misión, aunque la ausencia de Shun todavía impedía emprender el regreso. Tampoco resultaba prudente confiar en que el camino utilizado para llegar hasta allí conservara las mismas condiciones durante todo el recorrido.

Cuando terminaron de intercambiar noticias, el kiriense los condujo nuevamente hacia el edificio. La anciana los esperaba junto a la entrada, con la capucha retirada y un pequeño farol entre las manos.

──Vaya, ahora sí parecen una comitiva. Espero que ninguno haya roto mis muñecos durante el camino.

Renji observó las prendas suspendidas sobre los árboles.

──¿Esos espantajos son tuyos? ¡Casi me matan del susto!

──Los espantajos, como tú los llamas, sirven para que quienes se pierden encuentren esta casa. Si escuchas pasos, puedes seguirlos hasta la campanilla más próxima. Después basta con buscar el siguiente muñeco.

──Pues deberías ponerles un letrero. Seguí a uno y terminé en un pantano.

La anciana lo observó por encima de sus anteojos.

──Mis muñecos no van al pantano.

Renji abrió la boca para responder, pero Miori intervino antes de que comenzaran a discutir.

──Nos enseñó cómo funcionan. Las cuerdas llegan hasta distintos puntos del bosque y las campanillas sirven para identificar los senderos. Pero hay prendas colgadas que no pertenecen a sus muñecos. Algunas aparecieron después de que llegáramos.

La propietaria hizo un gesto de disgusto.

──Llevo muchos años reparando ropa. La gente pierde sus cosas, las abandona o viene a pedirme que las arregle. Eso explica buena parte de lo que hay aquí, pero últimamente encuentro prendas que no recuerdo haber confeccionado. Algunas son iguales a otras que todavía conservo.

Señaló uno de los estantes visibles a través de la puerta.

──Incluso he encontrado etiquetas con nombres de personas que jamás han entrado en mi taller. Ya he dejado de intentar comprender de dónde salen.

Aquella explicación coincidía con los relatos de los extraviados. La mujer del abrigo oscuro había encontrado prendas semejantes a las de su hermano, mientras Miori descubrió una copia de su propia ropa antes de conocer a la costurera. Hachibi también había recogido varios fragmentos con motivos oculares, aunque ninguno permitía determinar si pertenecía a una prenda auténtica o a una reproducción.

La anciana los invitó a entrar y extendió sobre una mesa un plano viejo, dibujado sobre papel grueso. Representaba el edificio, el puente y algunos senderos próximos al arroyo. Varias líneas habían sido corregidas mediante tinta más oscura, mientras algunos sectores estaban señalados con pequeñas cruces.

──Antes había un camino de servicio que comunicaba esta casa con los terrenos donde ahora está la feria. Los trabajadores lo utilizaban para transportar madera y mercancías. Cuando dejó de mantenerse, parte del sendero quedó cubierta por la vegetación y el agua terminó llevándose uno de los pasos.

Su dedo recorrió una línea que descendía desde el edificio hacia una pequeña construcción representada junto al cauce.

──Aquí está el antiguo depósito. Debajo pasa una conducción que llevaba agua hasta las instalaciones del camino. No sirve para transportar personas, pero permite reconocer la dirección del arroyo incluso cuando desaparece entre las rocas.

Hachibi examinó el dibujo y señaló la pequeña construcción.

──Allí fue Shun. Dijo que quería comprobar si las compuertas seguían funcionando. Le advertí que la madera está podrida, pero insistió en mirar por su cuenta.

El kiriense pidió prestado el plano mediante un gesto. La anciana accedió después de indicarle cuáles eran las zonas más deterioradas del camino, y añadió una advertencia que pareció preocupar especialmente a Miori.

──Si escucháis que alguien os llama desde un lugar donde no podéis verlo, esperad a comprobar quién es. Los árboles llevan demasiados años escuchando nuestras conversaciones.

──¿Qué significa eso?

──Que aquí conviene tener cuidado con las voces, muchacho. Es cuanto puedo decirte.

No insistieron en obtener una explicación más precisa. La anciana parecía conocer suficientemente bien los peligros del bosque para mantenerse alejada de ellos, aunque sus palabras sugerían que tampoco comprendía todo lo que ocurría fuera de su propiedad.

Hachibi trazó con el dedo una ruta desde el edificio hasta el depósito y después señaló a sus acompañantes. Necesitaba decidir quiénes podían seguirlo y quiénes permanecerían resguardados mientras buscaba al último desaparecido.

La pierna del anciano seguía ocasionándole molestias, por lo que no resultaba conveniente obligarlo a recorrer otra pendiente. La mujer del abrigo oscuro se ofreció a quedarse con él, mientras Renji y Miori insistieron en acompañar al kiriense. Ambos conocían a Shun y podían ayudar a identificarlo si encontraban alguna señal de su paso.

La anciana aceptó que los otros dos aguardaran en el taller y les proporcionó agua, además de un lugar donde sentarse. Antes de permitir que los demás se marcharan, entregó a Miori una pequeña campanilla.

──Si os separáis, hacedla sonar tres veces. Mis mecanismos responden con dos. Así sabré que sois vosotros y no uno de mis muñecos.

Miori guardó el instrumento y siguió a Hachibi hacia el sendero posterior del edificio.

El camino descendía entre árboles de raíces gruesas y pequeñas formaciones rocosas. Aunque el plano representaba una ruta relativamente directa, algunas partes habían desaparecido bajo la vegetación y era necesario rodear los obstáculos antes de recuperar el trazado. Renji avanzaba detrás del kiriense, mientras Miori llevaba el farol que la anciana les había prestado.

Durante el recorrido encontraron varias señales de actividad humana. Había ramas recientemente apartadas, huellas sobre la tierra blanda y pequeñas marcas oculares practicadas en algunas cortezas. Miori reconoció estas últimas como parte del sistema que Shun acostumbraba utilizar para orientarse.

──Debe haber pasado por aquí. Cuando quiere regresar por el mismo camino suele dejar marcas en los árboles.

El Heizu comparó los símbolos con los encontrados anteriormente. Sus diseños eran semejantes y las incisiones parecían relativamente recientes, de manera que decidió continuar por aquella ruta mientras conservaba como referencia la dirección del arroyo.

Al aproximarse al depósito escucharon el golpeteo irregular de una pieza metálica.

La construcción se encontraba sobre una plataforma de piedra parcialmente hundida en la tierra, junto a un canal que descendía desde el cauce principal. Sus paredes estaban cubiertas de musgo y una pequeña rueda de madera permanecía conectada a un mecanismo de poleas instalado sobre la entrada. Parte del techo había cedido y varias vigas descansaban contra uno de los muros, aunque todavía existía un acceso lateral.

Miori levantó el farol para iluminar el interior.

──¡Shun! ¿Estás aquí?

Una respuesta llegó desde el fondo de la construcción.

──¡No bajéis por la escalera! ¡Está rota!

Los tres se aproximaron a la entrada y encontraron una habitación estrecha ocupada por antiguos mecanismos hidráulicos. Varias tuberías de madera conducían el agua hacia una cámara inferior, donde una compuerta permanecía parcialmente abierta. Una escalera descendía hasta aquella zona, aunque algunos peldaños habían desaparecido y los restantes mostraban señales de deterioro.

Shun se encontraba junto al mecanismo inferior, apoyado contra uno de los muros. Vestía una túnica decorada con ojos bordados y tenía una mano envuelta en un fragmento de tela. A su lado descansaba una pequeña caja de herramientas, mientras una cuerda se había enredado alrededor de uno de los soportes de la compuerta.

──¡Te dijimos que no vinieras solo!

──¡Y yo os dije que no bajarais por esa escalera!

La respuesta estuvo acompañada por una expresión de disgusto que rápidamente se transformó en alivio cuando reconoció a sus compañeros.

──Renji... Pensé que todavía seguías perdido.

──Lo estaba. Hasta que encontramos a alguien con suficiente sentido común para venir a buscarnos.

Shun observó entonces a Hachibi, cuyo aspecto parecía contrastar considerablemente con el deterioro de aquella construcción.

──¿Él?

Miori asintió y le explicó brevemente que habían enviado a un shinobi desde la Feria Nocturna. También mencionó que los otros dos integrantes del grupo estaban a salvo en la casa de la costurera, noticia que permitió al muchacho relajarse por primera vez desde que escucharon su voz.

Hachibi se aproximó al borde de la cámara inferior para examinar el mecanismo. La compuerta estaba sostenida por un sistema de cuerdas y contrapesos, pero una de las vigas que mantenía su posición se había desplazado hasta bloquear el acceso a la escalera. Shun había descendido para comprobar el estado de la conducción y, cuando intentó regresar, uno de los soportes cedió bajo su peso. La caída no había sido considerable, aunque terminó por lastimarse una mano y quedó encerrado en la parte inferior.

──Pensé que podría liberar la compuerta desde aquí, pero las cuerdas están demasiado tensas. Si corto la equivocada, esa viga podría caer sobre mí.

El Heizu examinó los distintos puntos de sujeción. La oscuridad y el deterioro dificultaban reconocer algunas uniones, por lo que Miori acercó el farol mientras Renji retiraba pequeñas piezas de madera que obstruían la vista. El problema no parecía requerir una fuerza extraordinaria, sino determinar qué elementos continuaban soportando el peso del mecanismo.

Una de las cuerdas ascendía hasta una polea situada junto a la puerta. Otra mantenía levantado un contrapeso de piedra que descansaba sobre un soporte agrietado. Si liberaban aquel peso sin controlar su descenso, la compuerta podía cerrarse bruscamente y arrastrar consigo la viga que bloqueaba el paso.

Hachibi señaló el contrapeso y después la cuerda que lo sostenía, indicando a Renji que necesitaba mantenerla tensa mientras examinaba el resto de la estructura. El muchacho comprendió la instrucción y comenzó a sujetarla con ambas manos, utilizando uno de los postes cercanos para mejorar su apoyo.

Miori permaneció junto al borde con el farol, atenta a las indicaciones que recibiera.

El kiriense desenvainó su tantō y descendió parcialmente por los peldaños que todavía conservaban suficiente resistencia, utilizando una viga lateral para mantener el equilibrio. Desde allí pudo alcanzar la cuerda dañada que había quedado atrapada bajo una de las piezas de madera. Antes de cortarla comprobó que el contrapeso permaneciera sujeto por la línea que sostenía Renji y colocó un fragmento de madera firme entre la compuerta y el muro, evitando que pudiera cerrarse por completo.

Cuando terminó de preparar el mecanismo, realizó una señal.

Renji tensó la cuerda mientras Hachibi cortaba las fibras deterioradas. La viga descendió algunos centímetros hasta descansar sobre el soporte improvisado, provocando un crujido que resonó por toda la cámara. Sin embargo, el peso quedó contenido y el espacio junto a la escalera aumentó lo suficiente para permitir que una persona pudiera pasar.

──¡Eso es! ¡Ahora puedo subir!

Shun recogió sus herramientas y se aproximó al acceso. La mano lastimada le impedía sujetarse con demasiada fuerza, por lo que Hachibi permaneció cerca para ayudarlo a superar los peldaños más deteriorados. Miori recibió la caja cuando alcanzaron la parte superior y Renji mantuvo la cuerda tensa hasta comprobar que todos se encontraban fuera de la cámara inferior.

Solo entonces permitieron que el mecanismo regresara lentamente a su posición.

La compuerta produjo un golpe seco al asentarse sobre el soporte, acompañado por el rechinar de las poleas y el desplazamiento del agua que continuaba atravesando la conducción. Algunas partículas de polvo y musgo descendieron desde las vigas, aunque la estructura permaneció en pie.

Shun examinó su mano y agradeció la ayuda mediante una inclinación de cabeza.

──Pensaba esperar a que alguien de la casa viniera a buscarme, pero no sabía cuánto tiempo tardarían en darse cuenta.

──Conociéndote, seguro habrías intentado desmontar toda la construcción antes de pedir ayuda.

──Al menos habría descubierto cómo funciona.

Miori dejó escapar una risa breve, más relacionada con el alivio de encontrarlo que con la ocurrencia de su compañero. Después le ayudó a acomodar el vendaje de la mano y comprobó que pudiera mover los dedos sin demasiadas molestias.

Hachibi, entretanto, había recogido el plano y lo comparaba con las conducciones visibles desde el depósito. La dirección del agua coincidía con la representada en el documento y permitía establecer una ruta que descendía hacia las proximidades del bosque exterior. Aquella referencia podía resultar especialmente útil para regresar a la feria, siempre que encontraran un sendero transitable junto al cauce.

Shun se aproximó para observar el dibujo.

──Por eso vine. Si seguimos el agua hacia abajo, deberíamos acercarnos al camino antiguo. No importa cuántas veces nos confundamos entre los árboles; mientras encontremos el mismo cauce, tendremos una dirección que seguir.

El Heizu asintió. Había llegado a una conclusión semejante durante la búsqueda, aunque todavía necesitaban comprobar que la ruta fuera practicable para el anciano.

Antes de regresar al taller, Shun les mostró una marca que había encontrado sobre uno de los muros exteriores del depósito. Era una antigua inscripción acompañada por una flecha que señalaba hacia el sur, posiblemente utilizada por quienes trabajaban en las instalaciones hidráulicas. Aunque buena parte de los caracteres estaba desgastada, la indicación resultaba suficientemente clara para relacionarla con el camino representado en el plano.

La nueva información permitió organizar el regreso con mayor seguridad. Los cuatro abandonaron la construcción y emprendieron la marcha hacia el taller, aprovechando las marcas realizadas durante el trayecto de ida para evitar desviaciones innecesarias.

Sin embargo, cuando alcanzaron una zona donde los árboles crecían particularmente próximos entre sí, Miori se detuvo al escuchar que alguien pronunciaba su nombre.

──¿Escucharon eso?

Renji dirigió la mirada hacia el sendero que quedaba a su izquierda.

──Yo no he dicho nada.

La voz volvió a escucharse, esta vez con una entonación semejante a la de Shun.

──¡Miori! ¡Por aquí!

El verdadero Shun permanecía junto a ellos.

Los cuatro se miraron brevemente antes de dirigir su atención hacia el origen de la llamada. Entre los árboles distinguieron una figura vestida con una túnica semejante a la del muchacho, aunque la distancia y las sombras impedían reconocer sus facciones.

──No pienso seguir a otra de esas cosas.

Hachibi levantó una mano para indicarles que guardaran silencio y examinó la figura mediante el Aokigan. Su posición estaba parcialmente oculta por varios troncos, pero alcanzó a distinguir los motivos oculares de su vestimenta y una manga que parecía moverse con el viento. No encontró cuerdas visibles desde aquella perspectiva, aunque tampoco podía descartar que estuvieran sujetas detrás de los árboles.

La aparición permaneció inmóvil mientras los observaban.

Shun levantó lentamente la mano vendada.

──Si ese fuera yo, tendría una explicación bastante complicada que dar.

Renji intentó sonreír, aunque la inquietud que mostraba su rostro impedía interpretar aquello como una broma completamente despreocupada.

El kiriense señaló el sendero por el que habían llegado y les indicó que continuaran sin aproximarse a la figura. Todavía quedaban varias marcas de regreso y el cauce permanecía relativamente cerca, de manera que no existía motivo para abandonar una ruta reconocible por atender una llamada cuya procedencia resultaba sospechosa.

Mientras se alejaban, escucharon nuevamente la voz de Shun, ahora acompañada por otra que parecía pertenecer a Miori. Ninguno respondió y, después de varios minutos, las llamadas terminaron por perderse entre los árboles.

No volvieron a encontrarse con aquella figura antes de alcanzar el taller.

La anciana los recibió con visible satisfacción al comprobar que Shun había regresado. Examinó su mano, le reprochó haber descendido hasta las compuertas sin acompañamiento y terminó proporcionándole una venda limpia. El anciano del grupo aprovechó para descansar un poco más, mientras los demás reunían sus pertenencias y revisaban el plano antes de abandonar la construcción.

Los cinco integrantes estaban finalmente reunidos.

──Si vais a marcharos, hacedlo siguiendo el agua. No prestéis atención a las luces que aparezcan entre los árboles ni a los caminos que parezcan más cortos. Y si encontráis alguna prenda idéntica a la vuestra, dejadla donde está.

Miori observó las telas que colgaban del techo.

──¿No vendrás con nosotros?

La anciana negó suavemente.

──Esta es mi casa, muchacha. Llevo demasiado tiempo aquí para abandonar todas mis cosas por una excursión a la feria. Además, alguien tendrá que recoger los muñecos que vuestro amigo ha dejado tirados.

Renji abrió la boca para protestar, pero la mujer del abrigo oscuro lo interrumpió antes de que comenzara otra discusión.

──Gracias por ayudarlos. No sabemos qué habría ocurrido si no hubieran encontrado este lugar.

La costurera respondió con un gesto despreocupado y regresó al interior para buscar una pequeña bolsa. Cuando volvió, entregó al Heizu un carrete de hilo oscuro y una aguja de tamaño considerable.

──Por si necesitáis reparar alguna prenda durante el camino. Parece que tenéis una especial habilidad para destrozarlas.

Hachibi recibió los objetos y respondió mediante una inclinación de cabeza. Antes de marcharse también le devolvió el plano, aunque la anciana insistió en que lo conservara hasta alcanzar la feria. Podría enviárselo de vuelta si alguna vez regresaba al bosque, añadió, siempre que consiguiera encontrar nuevamente su casa.

El grupo emprendió el regreso siguiendo una pendiente que descendía hacia el cauce. Hachibi se mantuvo cerca del anciano, ayudándolo a superar las irregularidades más pronunciadas, mientras Renji y Shun se adelantaban ocasionalmente para comprobar que el sendero continuara siendo transitable.

Miori permanecía junto a la mujer del abrigo oscuro, con quien intercambiaba comentarios sobre las experiencias que habían atravesado desde su separación. Algunas historias provocaron pequeñas discusiones sobre quién había tomado una decisión equivocada o quién había insistido en seguir determinadas luces, pero la posibilidad de regresar juntos parecía haber reducido considerablemente la tensión acumulada.

El recorrido exigió varias pausas. En ciertos sectores el cauce desaparecía entre formaciones rocosas y debían avanzar por caminos secundarios hasta encontrar nuevamente el agua. El Aokigan permitía reconocer con mayor facilidad la disposición del terreno a través de la niebla, aunque los troncos y las elevaciones continuaban obligándolo a desplazarse para comprobar qué había detrás.

Cuando encontraron una bifurcación particularmente confusa, el kiriense recurrió a las marcas que había realizado durante su búsqueda. Algunas estaban situadas junto a puntos reconocibles del paisaje, mientras otras aparecían en árboles próximos al arroyo. Al compararlas con la dirección de la corriente pudieron identificar la ruta utilizada anteriormente y evitar un desvío que habría conducido hacia una región más elevada.

Shun observó las incisiones con interés.

──No son como las nuestras. ¿Las hiciste tú?

Hachibi asintió.

──Es una buena idea. Nosotros utilizábamos los ojos para reconocer los caminos, pero después encontramos tantos dibujos iguales que dejaron de servirnos.

El comentario recordó al kiriense la peculiaridad de aquella búsqueda. Los motivos oculares habían permitido reconocer a los desaparecidos, aunque también fueron utilizados por las figuras que los confundieron durante sus recorridos. Una característica que inicialmente ofrecía seguridad había terminado por convertirse en una fuente de desorientación, especialmente cuando encontraron prendas idénticas a las suyas.

Afortunadamente, las marcas practicadas sobre la corteza conservaban diferencias suficientes para distinguirlas de los símbolos utilizados por Shun. El seguimiento del agua proporcionaba una segunda referencia y, mientras ambas coincidieran, no existían motivos para modificar el rumbo.

La marcha continuó hasta que alcanzaron el antiguo puente.

Desde aquella posición pudieron reconocer la depresión donde habían encontrado a Renji y el camino que bordeaba las rocas. Sin embargo, el anciano manifestó que necesitaba descansar antes de seguir avanzando, por lo que se acomodaron junto a una formación relativamente seca mientras Hachibi comprobaba el estado de la ruta posterior.

Miori aprovechó aquella pausa para revisar la mano de Shun, cuyo vendaje había comenzado a aflojarse. Renji se sentó cerca del anciano y le ofreció parte del agua que habían recogido en el taller, mientras la mujer del abrigo oscuro examinaba las prendas que habían conseguido conservar durante la búsqueda.

Fue entonces cuando descubrió algo que no recordaba haber guardado.

En el interior de su bolsa había una pequeña tira de tela blanca, cuidadosamente doblada, sobre cuya superficie aparecía un ojo bordado con hilo oscuro. No parecía pertenecer a ninguna de sus prendas y conservaba una textura distinta de las telas que acostumbraba utilizar.

──¿Alguien ha puesto esto entre mis cosas?

Sus compañeros negaron.

Shun la examinó brevemente y comprobó que no tenía inscripciones ni marcas que permitieran identificar a su propietario. Renji sugirió que quizá había quedado enganchada durante el recorrido, aunque la mujer insistió en que había revisado su bolsa antes de abandonar la casa de la costurera.

Hachibi extendió una mano para observarla.

El bordado presentaba una pupila alargada y dos pequeñas puntadas situadas sobre el párpado superior. Su confección era semejante a la de otras piezas encontradas durante la misión, pero no correspondía exactamente con ninguna de las que había recogido anteriormente.

La guardó por separado, considerando que resultaba preferible conservar aquel objeto hasta abandonar el bosque. No parecía peligroso por sí mismo, aunque su aparición ofrecía otra muestra de las irregularidades que habían acompañado la desaparición del grupo.

Después de descansar emprendieron nuevamente la marcha, siguiendo una ruta que descendía junto al arroyo. La vegetación comenzó a mostrar señales de tránsito más frecuente y aparecieron algunos restos de cercas antiguas entre los árboles. Aunque la niebla permanecía sobre el terreno, la disposición de los senderos resultaba cada vez más reconocible.

Renji fue el primero en escuchar algo semejante a una melodía.

──¿Oyen eso?

Los demás guardaron silencio.

A cierta distancia llegaba una sucesión de notas musicales acompañadas por voces y sonidos que recordaban la actividad de la Feria Nocturna. La mujer levantó la cabeza con esperanza, aunque Shun le pidió que no se adelantara.

──Ya escuchamos algo parecido antes. No sabemos si viene realmente de allí.

Hachibi observó los alrededores y comprobó la dirección del arroyo. El cauce seguía descendiendo hacia el sector donde había comenzado su búsqueda, mientras varias marcas realizadas durante el recorrido permanecían sobre los árboles próximos. La coincidencia entre aquellas referencias permitía considerar que estaban acercándose al exterior del bosque, aunque todavía no podían distinguir directamente las luces de la feria.

Continuaron caminando.

Conforme avanzaban, los sonidos se volvieron más definidos. Podían escuchar pregones, conversaciones y una melodía que el kiriense reconoció como la del carrusel que había observado antes de aceptar el encargo. También comenzaron a aparecer pequeñas luces entre las ramas, aunque esta vez no permanecían aisladas ni cambiaban de posición, sino que formaban parte de una iluminación más amplia.

Al superar una pequeña pendiente encontraron las primeras cercas que delimitaban los terrenos exteriores de la Feria Nocturna.

La mujer dejó escapar un suspiro de alivio y se apoyó brevemente sobre el hombro de Shun, mientras Renji se adelantaba hasta reconocer uno de los caminos que conducían hacia las atracciones. El anciano contempló las luces con evidente satisfacción, agradeciendo que finalmente pudieran regresar a un lugar donde hubiera bancos y superficies suficientemente firmes para descansar.

Hachibi comprobó que todos permanecieran juntos antes de abandonar el bosque.

A medida que se aproximaban a las primeras viviendas, la niebla comenzó a disiparse y las conversaciones de los visitantes recuperaron su intensidad habitual. Algunas personas observaron con curiosidad al grupo que regresaba desde los árboles, especialmente por el aspecto deteriorado de sus vestimentas y la presencia de un espadachín disfrazado de hechicero que los acompañaba.

La Feria Nocturna continuaba funcionando como si nada hubiera ocurrido.

Los comerciantes atendían sus puestos, los músicos interpretaban sus melodías y las atracciones recibían visitantes bajo la misma oscuridad perpetua que habían dejado atrás. Para quienes permanecían allí, el regreso de cinco personas agotadas probablemente no representaba un acontecimiento extraordinario, aunque sus acompañantes parecían bastante satisfechos de haber llegado hasta aquel lugar.

El kiriense los condujo hacia la explanada donde había encontrado el tablón de anuncios.

El encargado de la máscara de búho continuaba sentado detrás del pequeño cobertizo, revisando papeles entre las páginas de su registro. Levantó la cabeza cuando escuchó aproximarse al grupo y permaneció algunos instantes examinando las vestimentas decoradas con motivos oculares.

──Vaya. Parece que has encontrado a nuestros desaparecidos.

Hachibi mostró el anuncio que había recogido anteriormente y señaló a las cinco personas que lo acompañaban.

El hombre comenzó a contarlas con los dedos.

──Uno, dos, tres, cuatro y cinco. Perfecto. Parece que están todos.

Miori se aproximó para explicar las circunstancias de su desaparición, aunque el encargado parecía más interesado en comprobar que ninguno necesitara asistencia inmediata. Cuando supo que el anciano tenía dificultades para caminar, llamó a uno de los trabajadores de la feria y le pidió que acercara un asiento, además de agua para quienes acababan de regresar.

──No es necesario que me cuenten todos los detalles ahora. Primero descansen. Ya tendremos tiempo de revisar el informe.

El hombre tomó el anuncio y examinó nuevamente la parte ilegible, acomodándolo junto a otros documentos sobre su mesa.

──Curioso. Sigo sin poder leer qué había escrito aquí.

Renji se inclinó para observarlo.

──¿No sabes quiénes somos?

──Sé que estaban perdidos en el bosque y que alguien debía traerlos de vuelta. Por lo visto, eso ha sido suficiente.

La respuesta provocó cierta incredulidad entre los presentes, aunque ninguno parecía dispuesto a discutir después de la experiencia que acababan de atravesar.

Hachibi recuperó sus pertenencias y comprobó que el anuncio hubiera quedado debidamente registrado como completado. El encargado realizó una anotación en su libro y levantó una mano para confirmar que la solicitud estaba concluida.

──Bien hecho, muchacho. Espero que el bosque no te haya ocasionado demasiados problemas.

El Heizu respondió mediante una ligera inclinación de cabeza.

Antes de marcharse, Miori se aproximó para agradecerle personalmente la ayuda. Sus compañeros hicieron lo mismo, cada uno a su manera. Renji aseguró que la próxima vez procuraría no seguir a desconocidos entre los árboles; Shun prometió revisar el estado de las construcciones antes de internarse en ellas, mientras el anciano manifestó que preferiría pasar el resto de la noche sentado en algún establecimiento donde pudiera disfrutar de una bebida caliente.

La mujer del abrigo oscuro fue la última en despedirse.

──Si no hubieras llegado, posiblemente seguiríamos allí intentando encontrarnos unos a otros. Gracias por traernos de vuelta.

Hachibi aceptó el agradecimiento con un movimiento de cabeza y aguardó hasta comprobar que los cinco habían quedado bajo la atención de los trabajadores de la feria. Después emprendió su propio camino entre los puestos, recuperando gradualmente el ritmo tranquilo con el que había recorrido aquellas calles antes de aceptar el encargo.

La experiencia había resultado peculiar incluso para alguien acostumbrado a las condiciones del País del Agua. Aunque las marionetas y los mecanismos de cuerdas explicaban buena parte de los sonidos que habían confundido a los extraviados, todavía quedaban cuestiones sin resolver. Las voces escuchadas entre los árboles, las prendas que aparecían sin que nadie recordara haberlas confeccionado y la facilidad con que algunos senderos parecían conducir nuevamente a lugares conocidos continuaban formando parte de los misterios de Yomikage.

Mientras avanzaba, el kiriense recordó la pequeña tira de tela encontrada dentro de la bolsa de la mujer. Había terminado guardándola entre sus pertenencias junto a los demás indicios recogidos durante la búsqueda, aunque todavía desconocía su procedencia.

La sacó brevemente para examinar el bordado bajo la luz de uno de los farolillos.

Era un ojo sencillo, confeccionado mediante unas pocas puntadas oscuras. Su diseño no tenía nada particularmente extraordinario, salvo por una pequeña irregularidad sobre el párpado superior que parecía haber quedado allí cuando la aguja atravesó la tela.

Hachibi recorrió aquel detalle con la yema de un dedo y después guardó nuevamente el fragmento.

No tenía demasiadas razones para seguir preocupándose por una pieza de tela, especialmente cuando había conseguido reunir a los cinco desaparecidos y devolverlos a la feria. Sin embargo, tampoco estaba dispuesto a desechar algo cuya presencia todavía no conseguía explicar.

Acomodó el sombrero sobre su cabeza y continuó caminando entre los visitantes.

A cierta distancia, la melodía del carrusel volvió a escucharse por encima de las conversaciones y los pregones, mientras las luces de la Feria Nocturna permanecían encendidas bajo el cielo oscuro de Yomikage.
Masashi Kishimoto
Enlace al Post
12-10-2026, 11:11 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Automisión|C] Los abandonados en el Bosque (TID 15140)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: C
  • Yato Hachibi — Autor (100%): 1000 Ryos, 10 Tobis, 90 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Madara
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 2
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo9
180
180
Enlace al Post
12-10-2026, 11:11 AM
閉
🔒 Tema cerrado
Este tema ha sido cerrado.
Responder
Salto de foro:

Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)