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Hachibi vs Daeru y Chota
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[Misión|D] Autonarrada ─ Campanadas a Deshoras
Hachibi
Rango Chuunin
Clan Heizu
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza50(3)
Destreza40(2)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud10
Velocidad21
Tenketsu10
Sigilo15
570
635
Enlace al Post
14-09-2026, 10:23 PM
Cita:● Nombre de la Misión: Campanadas a deshora
● Información de la Misión: Durante las últimas noches, una pequeña campana situada en un santuario de Kirigakure ha comenzado a sonar fuera de los horarios establecidos, despertando y molestando a varios habitantes de los alrededores. Hachibi deberá inspeccionar el lugar, revisar el mecanismo y determinar qué está provocando el sonido para ponerle fin. La dificultad está en que desde hace tiempo no existe un acceso sencillo hasta la campana: su vieja escalera se desplomó y, como no había sido necesario subir hasta allí, nunca fue reemplazada. Deberá colocar una nueva escalera, acceder al mecanismo y encontrar la razón por la que continúa sonando.
● Rango y Tipo de la Misión: Automisión D
● Fecha y Lugar: Kirigakure, 18 de Verano del año 150
● Cantidad de Usuarios: 1
● Cantidad máxima de horas por ronda:N/A
18 de Verano del 150

Disonante.

—Fueron tres, Chiyo —aseguró el sacerdote principal.

Era un hombre entrado en años, delgado y de espalda todavía recta a pesar de las canas que dominaban su cabello. Vestía las prendas ceremoniales del santuario con una pulcritud que contrastaba con la mañana húmeda; incluso los pliegues de su hakama parecían haber sobrevivido intactos al trabajo de aquella mañana. Mantenía las manos ocultas dentro de las mangas mientras observaba a la joven frente a él con la gravedad de quien consideraba importante establecer correctamente aquel dato.

—Fueron cuatro si contamos al señor Matsu golpeando la pared —replicó ella.

La miko tendría poco menos de treinta años. Llevaba el cabello negro recogido de manera sencilla y algunos mechones húmedos se habían adherido a sus mejillas mientras barría el agua que el viento empujaba bajo el alero. Su hakama rojo tenía el borde mojado y, a diferencia del sacerdote, parecía haber renunciado hacía rato a conservar impecable el resto de su atuendo.

Un tercer hombre resopló desde los escalones del santuario. Matsu era ancho de hombros, llevaba una chaqueta gruesa de pescador y todavía conservaba las botas de trabajo manchadas de barro. Tendría alrededor de cincuenta años y la falta de sueño no parecía haber contribuido demasiado a mejorar su disposición.

—Golpeé la pared después de la tercera —aclaró—. Porque alguien tiene que dormir en esa casa.

—Precisamente —respondió la joven sin dejar de barrer.

El pescador frunció el ceño.

—¿Precisamente qué?

—Que la cuarta no fue la campana.

El sacerdote cerró los ojos durante un instante.

—Chiyo.

—Estoy contando correctamente, Daizen-sama.

Hachibi llegó al santuario mientras Matsu comenzaba a explicar por qué aquella distinción no mejoraba sus últimas cuatro noches. No interrumpió; se acercó lo suficiente para escuchar el final de la discusión y esperó hasta que la miko reparó en él.

—Por favor, dime que vienes por la campana.

El muchacho inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Ese es el shinobi?

La pregunta parecía esperar algún tipo de presentación. Hachibi se limitó a mirar al pescador antes de dirigir nuevamente su atención hacia el santuario.

—Es él —resolvió Chiyo.

Daizen realizó una pequeña reverencia.

—Daizen. Estoy a cargo de este santuario. Agradecemos que hayas venido.

El recién llegado correspondió el gesto. El sacerdote no pareció encontrar nada extraño en la falta de respuesta y Chiyo, dando por terminadas las presentaciones, apoyó la escoba contra una columna.

—Te enseño el problema.

La campana se encontraba suspendida dentro de un pequeño campanario que sobresalía varios metros por encima del tejado principal. Desde el suelo podía distinguirse parte del bronce entre los pilares de madera, pero la altura impedía ver con claridad el mecanismo que la sostenía.

El antiguo acceso recorría el exterior del edificio mediante una escalera fija de mantenimiento. De ella permanecían algunos soportes incrustados en la madera y un par de secciones deformadas demasiado altas para resultar útiles. Los materiales destinados a reemplazarla se encontraban protegidos bajo el alero: varios tramos de largueros, peldaños y fijaciones preparados para montar una nueva estructura siguiendo aproximadamente el recorrido de la anterior.

—La vieja cayó durante una tormenta —explicó la miko—. Como la cuerda permite tocar la campana desde abajo, nadie tuvo demasiada prisa por reemplazarla.

—Había otras reparaciones prioritarias —intervino Daizen.

La joven volvió ligeramente el rostro hacia él.

—Hace tres años.

El hombre guardó silencio durante un instante. Hachibi examinó los antiguos soportes, siguió con la mirada el recorrido que ascendía hacia el campanario y terminó observándolo.

—Había muchas reparaciones prioritarias —rectificó el sacerdote.

Chiyo ocultó una sonrisa.

La cuerda descendía por uno de los laterales hasta una zona parcialmente protegida por el alero. Estaba oscurecida por la humedad y el uso, aunque a simple vista no presentaba roturas ni alteraciones recientes.

—Esto siempre se mueve cuando sopla desde la costa —explicó la joven mientras tomaba el extremo—. Llevo siete años aquí y nunca había hecho sonar la campana por sí sola. Empezó hace cuatro noches.

Hachibi levantó la mirada hacia el campanario.

—¿Siete?

La miko parpadeó, más sorprendida por escucharlo hablar que por la pregunta.

—Siete —confirmó al soltar la cuerda—. Por eso tampoco creo que el problema sea simplemente el viento.

El muchacho tomó el extremo y ejerció una ligera tensión antes de liberarlo. Desde arriba llegó un pequeño golpe metálico. Repitió la prueba con algo más de fuerza y obtuvo la misma respuesta: no alcanzaba a producir una campanada completa, pero había movimiento suficiente para indicar que alguna parte del mecanismo tenía más recorrido del debido.

Si había soportado años de viento y sólo había comenzado a fallar cuatro noches atrás, algo había cambiado.

—El carpintero dejó todo preparado —comentó Chiyo, señalando los materiales—. Puede instalarse por tramos. El problema empieza cuando llegas arriba.

Daizen indicó los soportes que todavía podían distinguirse sobre la pared.

—La antigua escalera terminaba junto a una pequeña plataforma de mantenimiento. Los últimos anclajes están casi a la altura del campanario.

Hachibi examinó el recorrido y se agachó junto a las piezas nuevas. Una vez instalado el primer tramo desde el suelo, podría utilizarlo para alcanzar el siguiente punto y continuar progresivamente hacia arriba.

Retiró los restos que interferían con los soportes inferiores y aseguró la primera sección antes de cargar su peso sobre ella. Desde allí instaló la segunda, con Chiyo alcanzándole las herramientas desde abajo.

—Ahora entiendo por qué el carpintero llegó hasta aquí y decidió detenerse —comentó ella.

Daizen carraspeó.

—Consideró que aquella parte excedía las condiciones razonables de su oficio.

—Eso dije.

Conforme ascendía, los antiguos puntos de apoyo se volvían menos accesibles y manipular las fijaciones exigía separarse cada vez más de la propia escalera. Hachibi extrajo entonces el hilo ninja, asegurándolo a uno de los puntos firmes de la estructura para trabajar con mayor estabilidad. Otra sección permitió que la miko le enviara herrajes y herramientas sin obligarlo a descender continuamente.

Los últimos anclajes resultaron bastante menos cómodos. Daizen le indicó desde abajo cuáles de los antiguos soportes habían pertenecido a la plataforma original, mientras las piezas necesarias continuaban subiendo mediante el hilo.

Finalmente, la nueva escalera alcanzó la pequeña plataforma de mantenimiento situada junto a la campana.

De cerca, los años resultaban bastante más evidentes. La superficie de bronce había perdido casi todo su brillo bajo una combinación de polvo, humedad y manchas oscuras; el borde inferior conservaba una tonalidad más reconocible en algunos puntos, pero el resto parecía haber recibido únicamente la limpieza que pudiera proporcionarle la lluvia.

Hachibi pasó un dedo por una de las zonas ennegrecidas y observó la franja que dejó a su paso antes de ocuparse del mecanismo.

La campana colgaba de un yugo de madera conectado a la cuerda que descendía hasta el santuario. Dos topes limitaban su movimiento cuando nadie la utilizaba, evitando que las pequeñas oscilaciones producidas por el viento bastaran para hacerla sonar.

El del lado derecho se había desplazado algunos centímetros y una de sus fijaciones sobresalía parcialmente de la madera. Al presionarlo con los dedos cedió sin demasiada resistencia; alrededor del agujero, la humedad había reblandecido la superficie hasta permitir que el movimiento fuera aflojándolo poco a poco.

—¿Ves algo? —preguntó Chiyo desde abajo.

Hachibi señaló el tope desplazado y acompañó el gesto con un pequeño balanceo de la mano.

—¿Se aflojó?

Asintió.

—Ese mecanismo no se revisa desde antes de que cayera la escalera —admitió Daizen.

—Voy a fingir que eso no acaba de explicar toda la misión.

—Parecía funcionar correctamente.

El muchacho devolvió provisionalmente el tope a su posición y movió el yugo con la mano; el recorrido se redujo de inmediato. Al permitirle recuperar la holgura y provocar una ligera tensión en la cuerda, el badajo volvió a alcanzar el interior del bronce.

La causa estaba localizada.

Retiró la fijación dañada. El agujero original estaba demasiado deteriorado para reutilizarlo, de modo que desplazó ligeramente el tope hasta encontrar madera firme y lo aseguró nuevamente. Ya que tenía acceso al conjunto, revisó también el lado contrario, los soportes del yugo y las uniones que mantenían suspendida la campana.

Abajo, Chiyo terminó sentándose en uno de los escalones.

—¿Cuánto crees que tarde?

—Está revisando todo.

La joven levantó la vista.

—Eso ya lo veo. Pregunté cuánto iba a tardar.

El sacerdote decidió no aventurar una respuesta.

Poco después, Hachibi comprobó que ambos topes limitaran el recorrido de manera uniforme y descendió con las herramientas.

—¿Ya?

Tomó la cuerda y la dejó libre. Una ráfaga procedente de la costa movió el tramo expuesto sin producir sonido alguno; otra más fuerte consiguió hacerlo oscilar, pero tampoco fue suficiente para accionar la campana.

Daizen contempló el campanario.

—Parece resuelto.

Hachibi tiró entonces deliberadamente de la cuerda. La campana respondió con un sonido claro que se extendió sobre el santuario y las construcciones cercanas.

Desde algún punto fuera del recinto llegó una voz irritada.

—¡¿OTRA VEZ?!

—Esa ha sido nuestra prueba, señor Matsu —respondió la miko.

—¡PUES PRUEBEN MÁS BAJITO!

Daizen carraspeó mientras la joven contenía una sonrisa.

—Funciona.

La nueva escalera permitía acceder nuevamente al campanario y el viento ya no conseguía superar los límites del mecanismo. Para efectos de la misión, habían terminado.

Chiyo comenzó a recoger las herramientas, pero Hachibi seguía mirando hacia lo alto.

—¿Encontraste otra cosa?

Negó con la cabeza y volvió a subir. Pasó el pulgar por la misma zona ennegrecida que había tocado antes, ampliando la pequeña franja clara sobre el bronce, y después descendió sin hacer nada más.

Guardó su equipo, dejó en orden las herramientas del santuario y se marchó aparentemente con las manos vacías.

Cuando volvió, había transcurrido suficiente tiempo para que Chiyo hubiera retomado sus tareas y terminara sentada bajo el alero con una taza de té. Hachibi, en cambio, regresó cargando varios paños limpios, un cepillo de cerdas suaves y productos destinados al cuidado y pulido del bronce.

—Pensé que habías terminado.

El muchacho extendió un paño junto a la escalera y colocó cuidadosamente encima todo lo que había traído antes de comenzar a subir.

Chiyo siguió el despliegue con la mirada.

No necesitó preguntar.

Daizen apareció desde el interior cuando Hachibi ya trabajaba sobre la campana.

—¿Qué hace?

—Al parecer, nuestra campana le ofendió personalmente.

Primero retiró el polvo y la suciedad superficial. Después fue trabajando por secciones sobre las zonas ennegrecidas, cambiando de paño cuando dejaba de estar limpio y utilizando el cepillo para alcanzar relieves y uniones donde se habían acumulado años de residuos.

El sacerdote observó el contraste que empezaba a aparecer entre ambos lados de la campana.

—No recordaba que estuviera tan deteriorada.

—Desde abajo disimulaba.

La restauración continuó bastante después de que cualquier obligación relacionada con la misión hubiera terminado. El bronce fue recuperando progresivamente un brillo que ninguno de los dos parecía haber visto desde hacía años.

En algún momento Chiyo regresó al patio y descubrió que Hachibi continuaba concentrado en una pequeña zona junto al borde inferior.

—Ya está limpia.

El muchacho señaló una diminuta mancha que permanecía junto a uno de los relieves.

La miko tuvo que subir un par de peldaños para distinguirla.

—Eso mide menos que una uña.

Hachibi ya había retomado el paño.

Chiyo descendió.

—Por supuesto.

Cuando finalmente dio por terminado el trabajo, la diferencia podía apreciarse incluso desde el suelo. El bronce destacaba sobre la madera envejecida del campanario y reflejaba parcialmente la luz gris que conseguía atravesar la niebla.

Daizen salió al patio y levantó la mirada.

—No recordaba que tuviera ese color.

—Yo llevo siete años aquí y tampoco.

Hachibi guardó los productos y recorrió una última vez la superficie con la mirada. Esta vez no encontró nada que lo hiciera regresar a la escalera.

Chiyo tomó la cuerda.

—Ahora quiero escucharla.

—Ya sabemos que funciona.

—Eso era antes de que volviéramos a descubrir que es de bronce.

La campanada atravesó el patio con claridad y se prolongó entre la niebla antes de perderse sobre los tejados.

La respuesta llegó desde la calle pocos segundos después.

—¡CHIYOOO!

La joven cerró los ojos.

—Una —respondió.

Hachibi sonrió apenas mientras terminaba de guardar sus cosas.
Masashi Kishimoto
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15-09-2026, 01:59 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión|D] Autonarrada ─ Campanadas a Deshoras (TID 14905)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: D
  • Yato Hachibi — Autor (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Shinigami
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