17-08-2026, 09:53 PM
4 de Verano del 150
La noche había caído sobre Konoha hacía ya un rato, y el Bosque Senju se había convertido en un lugar completamente distinto bajo la luz de la luna. Los árboles proyectaban sombras largas sobre el sendero y el sonido de las hojas moviéndose con el viento se mezclaba con el de algún que otro animal nocturno. Normalmente me habría resultado agradable pasear por allí, especialmente acompañada de Balto.
Aquella noche, sin embargo, había algo diferente. No sabía exactamente cuándo había dejado de escucharlo.
Al principio pensé que simplemente se había adelantado, como hacía tantas veces cuando encontraba algún olor interesante. Seguí caminando unos metros, esperando escuchar sus patas entre la hojarasca o alguno de sus ladridos absurdos, pero nada. Me detuve y miré hacia atrás. El sendero estaba vacío.
— ¿Balto?
Esperé, pero no recibí respuesta. Sentí un pequeño nudo en el estómago, pero intenté convencerme de que no era nada. Seguramente estaría escondido detrás de algún árbol, olisqueando algo o haciendo alguna de sus muchas tonterías. Di media vuelta y empecé a buscar entre los árboles, llamándolo cada vez más alto.
— ¡Balto! ¡Vamos, sal de ahí! ¡No tiene gracia!
La respuesta fue únicamente el silencio del bosque. Aceleré el paso, mirando detrás de los troncos y apartando algunas ramas mientras intentaba distinguir su olor entre todos los que había alrededor. Mi respiración empezó a volverse más rápida, pues aquella sensación de estar sola comenzó a pesarme mucho más de lo que debería.
No era la primera vez que Balto desaparecía de mi vista, pero aquella vez había dejado algo en mí que todavía no sabía cómo explicar. Desde lo ocurrido con los gatos ninja, había una parte de mí que se ponía en alerta cada vez que no podía encontrarlo. Recordaba aquella sensación de impotencia, de tenerlo delante y, aun así, sentir que lo había perdido. Había sido horrible verlo tan cerca y no poder alcanzarlo, hablarle y sentir que mis palabras no significaban nada para él. Creo que fue entonces cuando comprendí hasta qué punto necesitaba saber que estaba a mi lado.
Quizá por eso su ausencia me asustaba tanto ahora. No era simplemente miedo a que le hubiera pasado algo; era esa sensación de volver a quedarme sola, de no tener a la única criatura que conseguía hacerme sentir segura cuando mi propia cabeza empezaba a llenarse de dudas. Pero ahora no estaba.
— ¡Balto!
Mi voz salió mucho más temblorosa de lo que quería. Me quedé quieta durante unos segundos, intentando escuchar cualquier ruido que pudiera indicarme dónde estaba.
— Ayer me prometiste que no me volverías a dejar sola...
Bajé la mirada al sentir cómo se me humedecían los ojos. Me pasé rápidamente el dorso de la mano por debajo de uno de ellos antes de que la lágrima llegara a caer y respiré hondo, intentando contener el nudo que se me había formado en la garganta.