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  ›   [Misión Simple] Rango E Autonarrada ─ La esperada carta
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Rango E Autonarrada ─ La esperada carta
Hachibi
Rango Chuunin
Clan Heizu
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza50(3)
Destreza40(2)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud10
Velocidad21
Tenketsu10
Sigilo15
570
635
Enlace al Post
11-08-2026, 07:02 AM
Cabellera albina, ojos carmín y una piel que recuerda un mediodía después de una nevada. Labios rosados, delgados y una figura esbelta pero altiva. Vestida de prendas que la cubren casi en totalidad, pero de una transparencia que casi invita a sostener la mirada y encontrar los rasgos de su piel. Aramis mira al chico de la misma forma en la que él la mira a ella, como si el otro estuviera por debajo y, aun así, tras unos momentos de mirarse el uno al otro, entrega el pergamino de la misión.
 
─Debe llegar entre hoy y mañana. Conserva tu puesto, donde alguien se lleve esa carta secreta, no bastará tu voto de silencio para que no puedas contarlo.
 
Y tras aquella amenaza de muerte, aquella mujer desapareció en un vendaval helado que por un momento llenó el aire de pequeños destellos diamantinos que terminaron en evaporaciones antes de tocar el suelo.
 
Hachibi miró hacia arriba, como si pudiera ver la figura alejándose en la distancia, aunque realmente solo veía nubes y ramas. Se quedó un tiempo mirando hacia aquel lado, hasta que una hoja cayó sobre su nariz. Bajó la mirada, el suelo ya tenía varias, aunque para nada reflejaban algo que se asemejara al otoño. Giró su cabeza, no encontró ninguna herramienta. Se asomó por la ventana, la casa ya estaba vacía, tan solo mobiliario desierto y el suelo, ningún rastro de escoba. Se sentó entonces en el porche, ahí donde la sombra ocultaba más su figura de aquel nublado día.
 
Se recargó en sus palmas, permaneció un momento con los ojos cerrados, intentaba no ver el desorden del suelo, mantenerse sereno, relajado… Unos pasos captaron su atención, se levantó veloz, pero con calma; una señora mayor cargando tres bolsas. Sus pies se movieron más rápido que sus pensamientos. Extendió sus manos para ayudarla con alguna de las bolsas, pero la anciana se apartó.
 
─Jojo, niño lindo, no le quites a esta anciana su única actividad diaria.
 
Hachibi detuvo su intención y se encuadró para sutilmente inclinar la cabeza y así volver a su puesto. Miró a la anciana verse desde un lado del perfil de la verja, cruzarlo despacio y desaparecer al otro lado. Miró un gato saltar de la verja hacia el otro lado, y así, rato a rato, la vida que ya tenía sus costumbres, sus caminos y sus hábitos, sucedió a su alrededor sin requerirlo, sin mirarlo, simplemente sucediendo.
 
El atardecer llegó sin prisa. Los huesos de los árboles se proyectaban en las paredes, con sus copas en una sola silueta danzante. Hachibi ya se había acomodado tantas veces, en tantas posiciones distintas que hasta comenzó a improvisar nuevos dobleces para sus mangas del pantalón, intentando dejarlos como pescadores, luego como pantalones cortos y luego buscó reducir la cintura.
 
Jugó con un kunai a lanzarlo al aire y un pájaro descuidado que chocó con él casi lo hace perdedizo. Recorrió el frente del terreno, cada vez con dos o tres hojas más, luego llegó el hambre y pensó en moverse, recordó la mirada de Aramis, se imaginó que la carta llegaba y se la llevaban porque no había quien la recogería, y al final siguió sentado.
 
Tal vez dios si existe. Una carreta ambulante pasó vendiendo tamales, una extraña comida que llegó hace unos años y que ayuda a mantener altos niveles de energía por una porción pequeña pero deliciosa de comida. Compró dos, venía uno relleno de carne y el otro era de maíz con pimientos, aunque el vendedor le llama “de elote dulce”. Devoró y luego no supo qué hacer con el envoltorio, lo revisó, lo estudió como si un examen de eso fuera a tener y siendo mordido por una hormiga se percató que era devorable por el entorno.
 
Aun en la oscuridad de la noche, encontró una fila de hormigas, iban y venían sin pedir permiso. Rompió en pedazos aquella hoja que servía de envoltorio y lo dejó a lado del camino; pronto la colmena entera estaba sobre el aperitivo y la luna por fin hizo su parcial aparición, aun faltaba para la luna llena, pero ya iluminaba la noche con sus rayos argentes.
 
El clima comenzó a amainar, el sofoco comenzó a pasar a frescura y el aletargamiento de permanecer quieto mucho tiempo comenzaba a cobrar factura. Sus ojos se entrecerraban solos, cortinas automatizadas, iban bajando hasta que por un momento se cerraron. De repente fue despertado por Aramis. Lo mira con odio total, trozos de carta hay en el suelo y el cartero se encontraba abatido y ensangrentado en un rincón, un perro lo había atacado y el ninja se había dormido sin poderlo salvar, y la mujer solo dijo: Patético.
 
Despertó sin sobresalto. No porque ese sueño no lo perturbara, sino porque sus ojos entendieron la realidad ni bien se abrieron, y un poco de coraje ahora hacía de leña en la boca del estómago, de solo pensar que esa mujer pudiera llamarle así.
 
Pasos. No son los típicos, suenan presurosos, sigilosos… aceleran y se detienen. Hachibi se desvanece en la humedad, se camufla con una sombra y en la distancia ve a dos personas, mirando paranoicos hasta el suelo y un arbusto cercano. Se guardan dentro de la verja, miran a ambos lados y luego se toman de las manos antes de darse un beso. Dos chicas, Hachibi deduce que son al menos dos años mayores que él, el beso sutil, entrelazan sus dedos y luego se separan para verse la una a la otra, antes de abrazarse con mucho gusto, como si el abrazo fuera aun más dulce que el propio beso.
 
Más silente que nunca, Yato las observa, estas platican, se cuentan cosas y se prometen algo que solo quedará entre ellas y el testigo que guardará su secreto hasta la tumba. Unos nuevos pasos vienen, se acercan; las chicas intentan ocultarse, pero no saben ni cómo lograrlo, pero aun así solo se abrazan y temblando esperan a que la luz les alcance y les descubran. La luz pasa por delante, las acaricia como tanteándolas, pero la persona que trae la lámpara se asoma sin lograr ver nada, la niebla es densa, intensa y a punto de decidir entrar se siente observado, un único destello azul atraviesa la oscuridad, le mira, se adentra hasta lo profundo de su alma y como quien finge no ver sigue su camino. Las chicas no entienden que ha pasado, pero suspiran y se quedan un momento ahí antes de decidir partir por sí mismas, solo que, al salir de aquel lugar, cada una se fue por su lado.
 
La madrugada se anuncia con una densidad en la niebla que ya desconcierta. Ver más allá de un metro era imposible y sin embargo suena un cascabel. Desde la distancia algo se acerca, se escucha una rueda de carreta, una esfera luminosa se posa al frente de la casa y un viajero con sombrero de paja toma lugar, como si hubiera llegado segundos después, a pesar de que claramente era quien tiraba del vehículo. No dijo nada, tan solo giró su cabeza hacia la casa, como si pudiera ver a 
Hachibi perfectamente en aquella infinita neblina.
 
El bruno se acerca despacio y el hombre se gira para tomar algo de su equipaje con ruedas. Extiende al shinobi una carta, un sobre sellado con cera, y parte desapareciendo entre la misma niebla. Hachibi jamás miró los ojos del sujeto, no supo como fue capaz de verlo, pero se sintió observado, pero en ningún momento amenazado, solo tal vez intrigado. Esperó un rato más en aquel lugar y cuando el amanecer estaba cerca partió.
 
Llegó a la casa de Aramis con el sol aun por anunciar su salida. No era tanta la distancia pero si que fue larga la espera. Tocó la puerta del hogar y en menos de un minuto tenía ya a la mujer abriendo la puerta; un hombre atropellado se encontraba a un lado del pasillo, recordándole la imagen del cartero y por ningún lado la altivez de la mujer. De un tajo arrancó la carta de las manos de Hachibi, rompió el sello de cera con un apretón de su pulgar e índice y sus ojos recorriendo el texto más rápido de lo que podía procesar.
 
Ella parecía más bien reconocer la letra, más que lo que decía el texto y finalmente toma una pequeña flor enmarcada, la mira y la abraza. Hachibi percibió la misma sensación de ver a las chicas de hacía un rato, era el mismo gesto cálido y se pudo ver su rostro esbozando una sonrisa similar a la luna que ya se ocultaba. La mujer volteó a ver al shinobi y le agradeció con una leve reverencia, antes de dejarlo partir y volver a leer esa carta al menos mil veces más.
Masashi Kishimoto
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11-08-2026, 12:21 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: Rango E Autonarrada ─ La esperada carta (TID 14516)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: E
  • Yato Hachibi — Autor (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Himawari
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11-08-2026, 12:24 PM
Cita:¡Recompensas de Misión Entregadas!


Tema: Rango E Autonarrada ─ La esperada carta (TID 14516)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: E
  • Yato Hachibi — Autor (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp


¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
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