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[D] [Autonarrada] El Ratón de los Dientes
Kyūso Kyōdai
Rango Genin
Clan Akizu
Nivel 8
Estadísticas
Generales
Fuerza30(2)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra15(1)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud10
Velocidad14
Tenketsu9
Sigilo11
400
400
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27-07-2026, 03:56 AM
Última modificación: 27-07-2026, 03:57 AM por Kyūso Kyōdai.
Día 27 de verano del año 150. Kirigakure.
Durante las últimas semanas, un problema tan extraño como inquietante había comenzado a repetirse en uno de los barrios más humildes de Kirigakure. Cada pocos días aparecía un niño con un diente de leche menos. Aquello, por sí solo, no habría despertado demasiada preocupación; al fin y al cabo, perder los dientes formaba parte natural de la infancia. Lo verdaderamente inquietante era que ninguno los había perdido por accidente. Todos afirmaban que alguien se los había quitado... y, sin embargo, cuando los adultos preguntaban quién había sido, el silencio era absoluto.
Las conversaciones comenzaron como simples chismes entre vecinos, pero pronto llegaron al pequeño centro de padres y madres del sector. Allí comprendieron que el problema no se limitaba a una sola familia. Los casos seguían acumulándose y nadie parecía capaz de obtener una explicación convincente. El centro de padres y madres del barrio rara vez solicitaba ayuda shinobi. La mayoría de los conflictos cotidianos podían resolverse mediante acuerdos entre vecinos, favores mutuos o alguna conversación con los niños involucrados. Sin embargo, después de casi un mes enfrentándose al mismo problema sin conseguir respuestas, sus representantes decidieron elevar una solicitud formal de asistencia.
Los hermanos Kyuso encontraron al comité de padres y madres reunido bajo el techo de un pequeño centro comunitario de madera, un edificio humilde que servía indistintamente como comedor, lugar de reuniones y refugio cuando las lluvias arreciaban. Sobre una larga mesa descansaban tazas de té apenas tibias y una libreta donde, con evidente desesperación, alguien había comenzado a anotar los nombres de los niños afectados. No era una reunión especialmente ordenada: unos hablaban encima de otros, otros culpaban a la falta de vigilancia del barrio y algunos simplemente permanecían en silencio, demasiado preocupados para discutir. Todos coincidían, eso sí, en un punto: aquello ya no parecía una simple travesura infantil.
— ¿Coleccionar dientes? ¡Qué buena idea! — Habría susurrado Kihei, el menor de los hermanos Kyuso, con maníaca curiosidad. Jinbei, el mayor, prontamente lo silenció.
Yabei, el hermano del medio, tomó la libreta que los vecinos habían ido confeccionando y comenzó a hojearla con rapidez. Cada página contenía nombres, edades aproximadas, fechas y pequeños comentarios escritos por manos distintas. Algunos registros eran detallados; otros apenas decían "perdió otro diente" o "no quiso hablar". Pasó varias páginas hasta detenerse en una anotación escrita con una caligrafía mucho más apurada que las demás.

"Mi hija insiste en que fue el Ratón de los Dientes. Dice que vino a buscarlo porque ya era suyo."

Más adelante encontró otra.

"Mi hijo asegura que no fue un niño. Dice que era una rata".

La siguiente corregía inmediatamente aquella versión.

"No era una rata. Sólo estaba inventando".

Y luego otra, todavía más desconcertante.

"Todos repiten lo mismo. Ninguno explica quién es el supuesto ratón".

A medida que Yabei continuaba leyendo, comenzó a percibir cómo varias miradas recaían una y otra vez sobre las máscaras de los tres hermanos. Nadie decía nada, pero bastaba observar las expresiones y cruzarlas con los testimonios para comprender el motivo. Una madre incluso se inclinó discretamente hacia otra y le susurró algo al oído sin dejar de mirar a los Kyuso. Kihei, por supuesto, les devolvió una amistosa sonrisa... o al menos eso pretendía hacer bajo una máscara que, contextualmente, lucía aterradora. Bastó consultarle a un par de infantes para confirmar que no era así como lucía el famoso "ratón de los dientes", trayendo un poco más de paz a un público que temía que la oficina del Mizukage hubiera enviado a los perpetradores como supuestos héroes.

Pero entonces, ¿quién fue?

Yabei pidió hablar directamente con los niños afectados, y Jinbei solicitó permiso para examinar la boca de algunos pequeños. El aspecto severo de la máscara hizo que varios dudaran al principio, pero la urgencia de la situación derivó en que terminasen aceptando. Tras revisar varias encías llegó siempre a la misma conclusión: ningún diente había sido arrancado a la fuerza. Todos ya estaban considerablemente flojos. Quien los retiraba sabía exactamente cuáles podía sacar sin provocar heridas importantes.

Mientras sus hermanos trabajaban, Kihei decidió mezclarse con los niños. Se sentó directamente sobre la tierra de la plaza y comenzó a lanzar pequeñas piedras hacia un tronco caído, fingiendo competir consigo mismo. Poco a poco algunos pequeños terminaron imitándolo. El menor de los Kyuso nunca preguntó por el Ratón de los Dientes; habló de juegos, comida, travesuras y mascotas. Si quería encontrar un secreto infantil, primero debía parecer digno de compartir uno.

Kihei continuó conversando como si el asunto de los dientes hubiera quedado completamente olvidado. Hablaron de escondites, de quién corría más rápido y hasta de qué árboles eran mejores para trepar. Fue entonces cuando una niña muy pequeña, incapaz todavía de medir cuándo debía guardar un secreto, comentó con absoluta naturalidad:

— Las ratas se quedan mucho a jugar. No como él... — 
— ¿Quién? — preguntó Kihei, fingiendo desinterés mientras seguía lanzando una piedra.
— El Ratón... — Vaya, la chica comprendía la diferencia entre ratas Kyuso y un ratón. Roedores diferentes.
— ¿Y por qué no se queda? — El tono de Kihei era muy casual, aunque en su interior estaba totalmente intrigado.
La pequeña se encogió de hombros.
— Porque siempre tiene que volver al cerro antes de que oscurezca. — Este dato fue crucial.

Eventualmente, los hermanos se reagruparon, y se dedicaron a revisar la libreta nuevamente, esta vez marcando el domicilio de cada niño afectado sobre un pequeño plano del barrio. Muy pronto apareció un patrón evidente: todos vivían orientados hacia el mismo extremo del distrito. No había varios cerros. Solamente uno. Era hora de inspeccionarlo directamente, durante la noche, ocultos bajo las sombras y procurando hallar a quien también se ocultase. 

Sentado sobre un viejo colchón encontraron a un muchacho que apenas debía superar los doce años. Era extremadamente delgado, de brazos largos, dientes delanteros exageradamente prominentes y un cabello oscuro tan largo, enredado y grasiento que parecía formar un pelaje alrededor del rostro. Sus orejas sobresalían entre aquella maraña y sus movimientos eran rápidos, nerviosos y desconfiados. Al verse descubierto retrocedió instintivamente hacia un rincón donde había improvisado una cama, varias mantas remendadas y una sorprendente colección de pequeños frascos de vidrio alineados sobre una repisa.

Los tres hermanos recorrieron lentamente la improvisada vivienda con la vista. No había lujos, apenas supervivencia. Un pequeño brasero apagado, algunas raíces secándose al techo, una olla ennegrecida y un par de libros tan húmedos que apenas conservaban las tapas. Lo único que rompía aquella pobreza absoluta era la repisa. Sobre ella descansaban más de treinta frascos de vidrio, cada uno cerrado con un trozo de tela y una cuerda distinta. Dentro había dientes de leche cuidadosamente lavados.

Yabei tomó uno entre las manos.

— Están clasificados... — murmuró.

El muchacho escondió instintivamente los frascos detrás de sí, como si aquellos desconocidos fueran a destruir el trabajo de toda una vida.

— ¡No hice nada malo! ¡Todos iban a perderlos igual! — Se defendió.

Los hermanos guardaron silencio, mirándole de manera inquisidora.

— Los dientes flojos se caen... se pierden... los pisan... los tiran... ¡Yo los guardo! ¡Si algún día los necesitan... todavía estarán aquí! — Por lo visto, su visión había convencido, más o menos, a todos los niños y niñas con los que había tratado. Yabei, sin ser psicológo, tras continuar su charla, terminó concluyendo que esta extraña actividad de conservación derivaba como respuesta al trauma de un infante que había perdido su familia y estabilidad de vida muy pronto, y conservaba la inocencia de los dientes de leche como un tesoro invaluable y simbólico. Kihei no podía menos que sobrecogerse ante tal poesía.

Durante las horas siguientes los hermanos mediaron entre ambas partes. Explicaron que ningún niño había sufrido lesiones graves, que los dientes siempre habían estado a punto de caer y que el responsable no buscaba lastimar a nadie, sino que arrastraba una obsesión nacida de años de abandono y soledad.

El comité aceptó retirar la denuncia formal bajo una condición: que el muchacho dejara inmediatamente aquella práctica y comenzara a recibir ayuda de los adultos del barrio. Los dientes fueron devueltos uno por uno a las familias que aún deseaban conservarlos. Los restantes terminaron enterrados junto a un pequeño árbol plantado por los propios niños.

Kihei protestó durante todo el camino de regreso.

— Seguía siendo una colección bastante buena... — Sus lamentos palidecían ante algo aún más lamentable: los extremos de la locura y la miseria que surge entre la despojada población de la Aldea de la Niebla.
Masashi Kishimoto
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27-07-2026, 11:25 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [D] [Autonarrada] El Ratón de los Dientes (TID 14303)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: D
  • Jinbei — Autor (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador 4
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27-07-2026, 11:26 AM
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