21-07-2026, 01:23 AM
La tarde finalmente comenzaba a caer en Konoha, pero el calor del verano no daba tregua, el aire era seco, al menos las pocas corrientes que se logran filtrar entre las cada vez mayores estructuras que componían el paisaje urbano de la aldea. Aunque no sudaba a chorros podía sentir como su ropa se pegaba al cuerpo, el bullicio en la calle principal del distrito comercial sólo empeoraba la experiencia, figuras sin rostros, se paseaban el la ajetreada via comercial; algunos tan rápido que no daba tiempo de encontrar un patrón identificable, otros tan lentos que casi podía contar cada respiración que daban entre paso y paso, este era definitivamente el peor lugar para estar — No es lejos.. Debe estar por esta calle — pensó intentando consolarse para no explotar de rabia en la tumultuosa avenida.
Itsuki no suele interrumpir su rutina diaria, después de su entrenamiento matutino, va a la biblioteca hasta bien entrada la tarde o busca algún encargo que hacer en las cercanías, preferiblemente algo que le permita encontrar nuevas pistas sobre su obsesivo, casi enfermizo, empeño en aprender los pormenores que llevaron a los Senju de pasado a perder el control y sucumbir antes la tal maldición que les convirtió en árboles, pero hoy era distinto, recientes eventos despertaron su interés en un nuevo tipo de conocimiento, tanto o más importante que tener el poder es controlarlo.
— Viejo inútil. "Pregunta en la avenida principal", dijo — El pensamiento le amarga la boca. Ninguno de estos mercaderes balancea el torso con el peso característico de quien pasa doce horas diarias frente a un yunque. Las posturas de los comerciantes son blandas, asimétricas, carentes de la tensión muscular que requiere moldear el acero. Para Itsuki no son personas; son simples obstáculos de carne y tela que le impiden encontrar la única pieza que necesita para romper el bloqueo de su investigación. Un artesano verdadero, alguien capaz de templar una herramienta que resista y encauce la brutalidad de su flujo de chakra sin resquebrajarse.
— Ugh, voy a tener que venir mañana — se quejaba al cruzar la calle de un lado a otro — Sólo hay gente perdiendo el tiempo aquí incluso esos niños — se detuvo en seco mientras su sangre comenzaba a hervir ante la escena, dos niños que deberían estar en la edad de ser aspirantes a genin en la academia corrían atrás de un pobre animal que parecía bastante lastimado — Aquí aquí! Atrapalo! — gritaba agitando un palo de madera, mientras su compañero perseguía al gato en el callejón — ¡No dejes que se vaya! — ordenaba el otro preparándose para arrojar lo que tenía en sus manos.
— “¡Qué demonios están haciendo?!” —su voz brota seca, sin tono conversacional, cargada con el peso sordo y autoritario de quien exige una disciplina que esos dos ni siquiera alcanzan a comprender — "Acaso no deberían estar entrenando?" — El impacto de su voz paraliza la escena. El chico del garrote abre la mano por puro sobresalto; el trozo de madera cae al suelo chocando contra el adoquinado. El segundo muchacho vacila, da un paso en falso hacia atrás, pierde el equilibrio y tropieza con su propio talón. Pasos irregulares, aceleración del pulso, respiración agitada por el pánico. Itsuki registra los micro-patrones con un desdén helado mientras el chico intenta recuperarse y echa a correr, arrastrando a su compañero tras de sí mientras sus voces se pierden en la multitud — Ahh Corre!! ¡Es ese loco de la otra vez! — El Senju ni siquiera los mira alejarse; su vista vuelve abajo, justo donde el pequeño animal de pelo gris se detiene contra su bota, buscando refugio en su sombra.
— “Psst, estás bien ahora, ya puedes irte! No tengo nada que darte” — ordenaba a la criatura que ahora se restregaba en su pierna como gesto de agradecimiento — "No, arg vete" — le ordenaba con exasperación, era cómico y a la vez irónico como el pequeño gesto del felino le hacía perder la paciencia tanto como sus agresores.
Itsuki no suele interrumpir su rutina diaria, después de su entrenamiento matutino, va a la biblioteca hasta bien entrada la tarde o busca algún encargo que hacer en las cercanías, preferiblemente algo que le permita encontrar nuevas pistas sobre su obsesivo, casi enfermizo, empeño en aprender los pormenores que llevaron a los Senju de pasado a perder el control y sucumbir antes la tal maldición que les convirtió en árboles, pero hoy era distinto, recientes eventos despertaron su interés en un nuevo tipo de conocimiento, tanto o más importante que tener el poder es controlarlo.
— Viejo inútil. "Pregunta en la avenida principal", dijo — El pensamiento le amarga la boca. Ninguno de estos mercaderes balancea el torso con el peso característico de quien pasa doce horas diarias frente a un yunque. Las posturas de los comerciantes son blandas, asimétricas, carentes de la tensión muscular que requiere moldear el acero. Para Itsuki no son personas; son simples obstáculos de carne y tela que le impiden encontrar la única pieza que necesita para romper el bloqueo de su investigación. Un artesano verdadero, alguien capaz de templar una herramienta que resista y encauce la brutalidad de su flujo de chakra sin resquebrajarse.
— Ugh, voy a tener que venir mañana — se quejaba al cruzar la calle de un lado a otro — Sólo hay gente perdiendo el tiempo aquí incluso esos niños — se detuvo en seco mientras su sangre comenzaba a hervir ante la escena, dos niños que deberían estar en la edad de ser aspirantes a genin en la academia corrían atrás de un pobre animal que parecía bastante lastimado — Aquí aquí! Atrapalo! — gritaba agitando un palo de madera, mientras su compañero perseguía al gato en el callejón — ¡No dejes que se vaya! — ordenaba el otro preparándose para arrojar lo que tenía en sus manos.
— “¡Qué demonios están haciendo?!” —su voz brota seca, sin tono conversacional, cargada con el peso sordo y autoritario de quien exige una disciplina que esos dos ni siquiera alcanzan a comprender — "Acaso no deberían estar entrenando?" — El impacto de su voz paraliza la escena. El chico del garrote abre la mano por puro sobresalto; el trozo de madera cae al suelo chocando contra el adoquinado. El segundo muchacho vacila, da un paso en falso hacia atrás, pierde el equilibrio y tropieza con su propio talón. Pasos irregulares, aceleración del pulso, respiración agitada por el pánico. Itsuki registra los micro-patrones con un desdén helado mientras el chico intenta recuperarse y echa a correr, arrastrando a su compañero tras de sí mientras sus voces se pierden en la multitud — Ahh Corre!! ¡Es ese loco de la otra vez! — El Senju ni siquiera los mira alejarse; su vista vuelve abajo, justo donde el pequeño animal de pelo gris se detiene contra su bota, buscando refugio en su sombra.
— “Psst, estás bien ahora, ya puedes irte! No tengo nada que darte” — ordenaba a la criatura que ahora se restregaba en su pierna como gesto de agradecimiento — "No, arg vete" — le ordenaba con exasperación, era cómico y a la vez irónico como el pequeño gesto del felino le hacía perder la paciencia tanto como sus agresores.