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[Autonarrada D] El Paquete Perdido
Issei
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 13
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Generales
Fuerza60(3)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad10
Tenketsu12
Sigilo18
495
580
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20-07-2026, 08:14 PM
El pergamino de aquella misión apenas ocupaba unas líneas. Un comerciante llevaba más de diez años realizando el mismo recorrido entre dos distritos de Kirigakure transportando documentación mercantil. Aquella mañana alguien le había arrebatado la cartera de cuero donde guardaba todos los registros y había escapado antes de que pudiera pedir ayuda. Los documentos no tenían ningún valor para un ladrón corriente, pero sí podían provocar un auténtico caos administrativo si desaparecían.

Cuando llegué al lugar encontré al comerciante sentado sobre un cajón de madera, sujetándose una rodilla ensangrentada con un trapo.

— No... no fue muy listo por mi parte correr detrás de él...

Lo observé un instante.

— La verdad es que no.

Levantó la cabeza con una sonrisa avergonzada.

— Supongo que tienes razón.

No parecía un hombre especialmente fuerte. Tendría unos cincuenta años, con las manos llenas de pequeñas cicatrices propias de quien había pasado la vida cargando mercancías.

— ¿Qué aspecto tenía?

— Era joven... delgado... llevaba una capucha marrón. Salió corriendo hacia los canales de allí.

Asentí sin decir nada más. La mayoría habría empezado a buscar huellas o preguntando a los vecinos, pero yo prefería empezar por otra parte. Si hubiera querido el dinero, habría tirado los documentos al primer canal. Si seguía huyendo con ellos era porque todavía no había tenido tiempo de comprobar qué había robado. Eso significaba que seguramente aún estaría cerca.

No corrí, sino que empecé a caminar, sin prisa y observando. No tardé demasiado en encontrar a alguien sospechoso. Un muchacho caminaba varios metros por delante de mí sujetando una cartera de cuero bajo el brazo. Miraba constantemente por encima del hombro mientras intentaba aparentar tranquilidad. Era demasiado evidente. 

Podría haberlo reducido en dos segundos. Era una opción, pero en esa ocasión iba a probar otra cosa. Seguí caminando detrás de él durante varios minutos sin esconderme lo más mínimo. Dejé que me viera una vez, después otra, y hasta una tercera, el muchacho cada vez aceleraba un poco más. No dejaba de mirar hacia atrás, con su respiración cada vez más acelerada. Al final terminó echando a correr.

Sonreí apenas, ahora sí que podía actuar.

Apreté el paso sin llegar a perseguirlo del todo. No necesitaba alcanzarlo, solo mantenerme a una distancia suficiente para que creyera que estaba a punto de hacerlo. Giró por un callejón y luego saltó una pequeña valla. Cuando llegó al tercer cruce ya respiraba como si acabara de correr varios kilómetros. Yo seguía caminando, tranquilo y sin cambiar el ritmo.

Fue entonces cuando dejó caer la cartera para aligerar peso y continuó huyendo. Pasé junto a los documentos sin detenerme siquiera a recogerlos y seguí detrás de él, quería ver hasta dónde llegaba.

Acabó refugiándose en un almacén abandonado creyendo que me había perdido. Esperé unos segundos antes de entrar. El interior estaba completamente vacío salvo por varias cajas viejas y algunos tablones podridos. El muchacho permanecía agachado detrás de una columna intentando recuperar el aliento.

— Podrías haber seguido corriendo.

El pobre casi dio un salto del susto y me miró como si hubiera aparecido un fantasma.

— ¡N-no llevo nada!

— Ya lo sé.

Parpadeó varias veces, no entendía absolutamente nada.

— Entonces... ¿qué quieres?

Lo observé en silencio. Sería uno o dos años mayor que yo, pero mucho más delgado, con la ropa desgastada y las botas remendadas tantas veces que apenas conservaban su forma original. No parecía un ladrón profesional, sino alguien que llevaba demasiado tiempo sin comer bien.

— ¿Cuánto hace que robas?

Bajó la mirada

— Unos meses.

— ¿Y eres tan malo desde el principio o has empeorado con la práctica?

Frunció el ceño.

— ¿Qué?

— Has robado una cartera llena de papeles.

No respondió.

— Ni siquiera comprobaste qué había dentro antes de salir corriendo.

Seguía callado.

— Y después huiste sin dirección.

Más silencio.

— Luego me llevaste directamente hasta donde pensabas esconderte.

Cada frase hacía que el muchacho bajara un poco más la cabeza.

— Y, por último, tiraste al suelo el único motivo por el que alguien iba a perseguirte.

Me crucé de brazos.

— Eres un desastre.

Apreté los labios para no reírme al verlo completamente derrotado. Durante unos segundos ninguno dijo nada, pero el chico finalmente habló.

— Pensé... pensé que tendría dinero.

— Pues pensaste mal.

Se dejó caer sentado contra la pared.

— Lo sé...

Lo miré un momento. No sentía pena, simplemente estaba viendo a alguien demasiado torpe para dedicarse siquiera a robar.

— Escúchame bien.

El ladronzuelo levantó la cabeza.

— Si vas a hacer algo... hazlo bien.

Abrió mucho los ojos.

— ¿Qué?

— Porque la próxima vez que te encuentre no voy a tener tanta paciencia contigo.

Aquellas palabras parecieron helarlo. Yo, por otro lado me di media vuelta, con toda la tranquilidad del mundo.

— Levántate.

— ¿Para qué?

— Vas a devolver la cartera.

Me siguió en silencio durante todo el camino, noo porque quisiera, sino porque había entendido que intentar escapar otra vez sería inútil. Cuando regresamos, el comerciante seguía sentado exactamente donde lo había dejado, al ver al muchacho tragó saliva. Este dio dos pasos al frente y le tendió la cartera sin decir una sola palabra. El hombre la abrió con manos temblorosas, todos los documentos seguían dentro así que suspiró con alivio.

— Gracias... de verdad.

Después de agradecerme, el comerciante observó al muchacho unos segundos.

— ¿Lo entrego a la guardia?

Miré de reojo al ladrón, tenía la cabeza completamente agachada. Al final acabé encogiendome de hombros como si aquello no fuera conmigo

— Haz lo que quieras.

El comerciante permaneció pensativo, después negó despacio. El muchacho levantó la vista sorprendido.

— Ya le he dejado claro que, si vuelve a intentarlo, no pienso ser tan blando, así que no te preocupes.

Mientras hablaba, aparté ligeramente un lado de mi chaqueta con el pulgar, dejando asomar el mango de mi hoz sujeto a mi cintura. No hizo falta decir nada más, el muchacho tragó saliva al instante y bajó la cabeza.

Cuando ambos terminaron de hablar emprendí el camino de regreso hacia la Torre del Mizukage. Si el chico aprendía algo de aquello, perfecto. Y si no... la próxima vez probablemente no tendría la oportunidad de arrepentirse.
[Imagen: xd.png]
Masashi Kishimoto
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22-07-2026, 12:14 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Autonarrada D] El Paquete Perdido (TID 14097)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: D
  • Issei — Autor (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
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