Lugar: Oficina de Asignación de Misiones, Konohagakure
Fecha: Día 14, Verano, año 150
Participantes: Ran Kurai
APROBADA AQUI
La mañana en Konohagakure ha comenzado con la habitual calma de los días de verano. El sol apenas empieza a despejar la neblina matutina sobre la aldea, y el aroma a incienso y madera fluye por los pasillos de la oficina de asignación de misiones.
Te encuentras frente al escritorio del encargado de asignar las tareas a los genin. El hombre, de mediana edad y con una expresión de ligera preocupación, revisa un pergamino sobre la mesa antes de mirarte fijamente.
—Ran Kurai —dice el funcionario, dejando el pergamino sobre el escritorio—. Tenemos un problema menor, pero que requiere atención inmediata. Uno de nuestros mensajeros civiles no ha regresado. Salió ayer a primera hora hacia el asentamiento agrícola al norte, donde cultivan verduras y arroz. Es una ruta corta, un trayecto que debería haber completado mucho antes del anochecer. No hay informes de disturbios en la zona ni indicios de ataques enemigos, por lo que es una misión de rango D, ideal para tu nivel de experiencia.
El funcionario te entrega un pequeño mapa donde está marcada la ruta hacia el asentamiento.
—Tu objetivo es simple: recorrer la ruta del mensajero, descubrir qué le ocurrió o por qué no regresó, y asegurar su regreso o reportar su estado. No debería haber complicaciones, pero no bajes la guardia. La zona es tranquila, pero incluso un civil puede tropezar o sufrir un accidente. ¿Alguna pregunta antes de partir, o estás listo para salir hacia las puertas de la aldea?
Sin darle tiempo de responder o aceptar se disculparia con ella excusandose en tener otros asustos que atender.....
Sin otra opcion que aceptar y tras cruzar las grandes puertas de madera de Konoha, la frescura de la mañana te acompaña durante los primeros kilómetros. El camino es ancho, bien marcado y suele ser transitado por mercaderes y agricultores. El sonido de las cigarras comienza a hacerse notar, un preludio constante del calor que se avecina para el mediodía.
Sin embargo, a medida que te adentras en la ruta señalada en el mapa, el ambiente cambia ligeramente. Deberías estar viendo a otros aldeanos yendo o viniendo del asentamiento, pero el camino se siente inusualmente solitario.
Tras aproximadamente una hora de camino, llegas a un tramo donde el sendero cruza un pequeño puente de madera sobre un riachuelo. Es un punto de descanso habitual. Al acercarte, notas algo fuera de lugar: una cesta de mimbre volcada a un lado del camino, esparciendo algunas verduras que empiezan a marchitarse por el sol de la mañana. No hay señales de lucha ni de sangre, pero el silencio en el lugar es absoluto; no hay pájaros cantando ni insectos zumbando cerca de la cesta.
Estás sola. La cesta parece haber sido abandonada con prisa.
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