14-07-2026, 02:33 PM
Última modificación: 21-07-2026, 07:34 AM por Yocko.
Yocko estaba sola en casa, como casi siempre en las mañanas. Sus padres tenían un próspero negocio en la zona comercial y sus empleados a veces no daban abasto. Además, eran rígidos con la administración y el cuidado de su clientela, a quienes les debían las libertades económicas de las que gozaba su familia.
Deambuló entre trotando y corriendo, porque le agradaba sentir su ropa flotar en el viento y deslizarse ágilmente sin retenes a su paso. Luego de unos minutos, tal vez horas, decidió que limpiaría un poco la casa. Tomó la escoba apoyada junto a la puerta, la sostuvo un segundo mientras parecía estudiarla con curiosidad; el agarre era similar a un báculo, de esos que usaban los sensei en entrenamientos de taijutsu. << Venga >> se dijo, y empezó a barrer el patio desde una esquina, con movimientos cortos, observando el ángulo que trazaba su báculo al mover las hojas secas hacia adelante. Sólo un poco después, su mente comenzó a crear escenarios más divertidos: << ¿aldea oculta entre las hojas? ¡Destruida! >> Pensaba, mientras con el cepillo de la escoba lanzaba a volar un montoncito de hojas.
Giraba la cadera antes que los brazos, pivotando con agilidad las piernas; hacía movimientos secos de golpe y se defendía de enemigos imaginarios. << ¡Si! ¡Destruida! >> El cepillo de la escoba dejó un arco sobre la tierra. Ella lo miró, levantó el mentón y con la espalda erguida se dijo <<No tengo rival>>. El piso alrededor ahora estaba cubierto por capas de hoja y tierra no uniforme; si antes había algo medianamente limpio, ahora no quedaba nada.
Reparar la grama del patio y recoger las hojas secas se convirtió en una tarea más complicada de lo normal. En cambio, cuando decidió lavar la ropa fue más práctica. En cada mano cargó un balde lleno de agua, las asas se le clavaban en los dedos y tuvo que apretar los dientes para no soltarlos a mitad de camino. Puso su máximo esfuerzo y los llevó hasta el otro lado del patio, donde una piedra de cemento era usada como lavadero. Cuando los dejó en el suelo se permitió una respiración larga antes de seguir. Abría y cerraba las manos, observando cómo pasaban de un color blancuzco a un rosa pálido natural.
Se sentó junto a la piedra y comenzó a lavar cada prenda sin mucho entusiasmo; pensando en el momento en que se levantaría de allí, se dejaría caer en el cómodo sofá de la sala y no haría nada más que mirar al techo. Luego de algunos minutos fue exactamente eso lo que hizo. La ropa estaba ordenadamente tendida a lo ancho del patio; cada prenda con su respectiva pinza, para evitar que algún ventarrón los tirara al suelo, donde seguramente se embarrarían con la tierra removida.
El cuarto de armas siempre era lo más sencillo. Solamente tenía que limpiar el polvo de las mesas y estantes, que en esa época del año era casi nulo. Además, le gustaba el tacto metálico de las armas, el equilibrio del peso al girar un kunai por su empuñadura, juguetear con los shuriken. Al final, disfrutar del tiempo allí no sería como lo que ocurrió en el patio, no hubo destrucción, solamente tendría que limpiar las armas y dejarlas libres de huellas.
Regar las plantas fue lo último y lo hizo sin esfuerzo alguno, mientras pensaba lo que haría después; si tal vez iría al parque o a la plaza, quizás comprar un par de zapatillas del color del pantalón que vestía ahora mismo.
Se sentó un momento en el escalón de la entrada de la casa. Tenía las manos húmedas y un poco de tierra bajo las uñas. Miró la casa vacía y se dispuso a ir al centro, buscar un puesto de helados y refrescar la garganta con una tarrina enorme de chocolate.
Deambuló entre trotando y corriendo, porque le agradaba sentir su ropa flotar en el viento y deslizarse ágilmente sin retenes a su paso. Luego de unos minutos, tal vez horas, decidió que limpiaría un poco la casa. Tomó la escoba apoyada junto a la puerta, la sostuvo un segundo mientras parecía estudiarla con curiosidad; el agarre era similar a un báculo, de esos que usaban los sensei en entrenamientos de taijutsu. << Venga >> se dijo, y empezó a barrer el patio desde una esquina, con movimientos cortos, observando el ángulo que trazaba su báculo al mover las hojas secas hacia adelante. Sólo un poco después, su mente comenzó a crear escenarios más divertidos: << ¿aldea oculta entre las hojas? ¡Destruida! >> Pensaba, mientras con el cepillo de la escoba lanzaba a volar un montoncito de hojas.
Giraba la cadera antes que los brazos, pivotando con agilidad las piernas; hacía movimientos secos de golpe y se defendía de enemigos imaginarios. << ¡Si! ¡Destruida! >> El cepillo de la escoba dejó un arco sobre la tierra. Ella lo miró, levantó el mentón y con la espalda erguida se dijo <<No tengo rival>>. El piso alrededor ahora estaba cubierto por capas de hoja y tierra no uniforme; si antes había algo medianamente limpio, ahora no quedaba nada.
Reparar la grama del patio y recoger las hojas secas se convirtió en una tarea más complicada de lo normal. En cambio, cuando decidió lavar la ropa fue más práctica. En cada mano cargó un balde lleno de agua, las asas se le clavaban en los dedos y tuvo que apretar los dientes para no soltarlos a mitad de camino. Puso su máximo esfuerzo y los llevó hasta el otro lado del patio, donde una piedra de cemento era usada como lavadero. Cuando los dejó en el suelo se permitió una respiración larga antes de seguir. Abría y cerraba las manos, observando cómo pasaban de un color blancuzco a un rosa pálido natural.
Se sentó junto a la piedra y comenzó a lavar cada prenda sin mucho entusiasmo; pensando en el momento en que se levantaría de allí, se dejaría caer en el cómodo sofá de la sala y no haría nada más que mirar al techo. Luego de algunos minutos fue exactamente eso lo que hizo. La ropa estaba ordenadamente tendida a lo ancho del patio; cada prenda con su respectiva pinza, para evitar que algún ventarrón los tirara al suelo, donde seguramente se embarrarían con la tierra removida.
El cuarto de armas siempre era lo más sencillo. Solamente tenía que limpiar el polvo de las mesas y estantes, que en esa época del año era casi nulo. Además, le gustaba el tacto metálico de las armas, el equilibrio del peso al girar un kunai por su empuñadura, juguetear con los shuriken. Al final, disfrutar del tiempo allí no sería como lo que ocurrió en el patio, no hubo destrucción, solamente tendría que limpiar las armas y dejarlas libres de huellas.
Regar las plantas fue lo último y lo hizo sin esfuerzo alguno, mientras pensaba lo que haría después; si tal vez iría al parque o a la plaza, quizás comprar un par de zapatillas del color del pantalón que vestía ahora mismo.
Se sentó un momento en el escalón de la entrada de la casa. Tenía las manos húmedas y un poco de tierra bajo las uñas. Miró la casa vacía y se dispuso a ir al centro, buscar un puesto de helados y refrescar la garganta con una tarrina enorme de chocolate.
![[Imagen: q0yojli.png]](https://i.imgur.com/q0yojli.png)