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  ›   [Misión Simple] [MISION RANGO D] Un restaurante de monos
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[MISION RANGO D] Un restaurante de monos
Akira Hyuuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 20
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia20(1)
Especiales
Salud15
Velocidad25
Tenketsu20
Sigilo8
755
885
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12-07-2026, 07:43 PM
[Imagen: GdS9OxI.jpeg]


● Nombre de la Misión: Un restaurante de monos
● Rango y Tipo de la Misión: Misión normal Rango D
● Fecha y Lugar: Dia despues del desfile, Konoha, Año 150
● Cantidad de Usuarios: Mayura Hyuga, Naoe Senju, Raizen Sarutobi. Narrador Akira Hyuuga
● Cantidad máxima de horas por ronda: Flexible

Aprobada aqui 
Viene de aqui









La luz del amanecer se filtraría a través de las celosías de madera, iluminando las motas de polvo que danzarían en el aire viciado del restaurante. El aroma a aceite quemado y a especias olvidadas del día anterior se adheriría a las paredes, impregnando el ambiente con una sensación de caos contenido. El suelo de madera crujiría bajo el peso de los pasos de los tres jóvenes —Mayura Hyuga, Naoe Senju y Raizen Sarutobi— al cruzar el umbral, notando cómo la frescura de la mañana se disiparía instantáneamente ante el calor húmedo que emanaría desde la cocina, donde los estragos del desfile aún dictarían un ritmo de trabajo frenético y desordenado.

El teniente Kitsunai estaría allí, reclinado contra el marco de la puerta de servicio, con una expresión de tedio absoluto que rozaría la caricatura. El funcionario suspiraría ruidosamente, removiendo una pila de formularios arrugados con el codo, mientras sus ojos, cargados de bolsas oscuras producto de una noche sin descanso, observarían al trío con un desdén evidente que parecería marcar la distancia entre su indiferencia y la urgencia de la situación.

—Ah, los prodigios de ayer —musitaría él, dejando escapar una bocanada de humo gris que se disiparía lentamente en el aire viciado—. Parecería que el incidente del desfile les habría dejado con ganas de más aventura, pero la realidad sería mucho menos gloriosa. Un chef estaría de baja tras ese pequeño desastre, y este establecimiento estaría al borde del colapso.

Kitsunai lanzaría un fajo de papeles hacia la mesa más cercana, haciendo que la vajilla mal colocada tintineara con un sonido agudo y discordante que resonaría en la estancia vacía.

—Les daré esta misión. La registraría como nivel D para que sumen algo de experiencia oficial, aunque técnicamente el caos aquí sería de nivel C teniendo encuenta de quien es ese local. Si logran mantener el restaurante en pie durante todo el día sin romper nada más —y si, de casualidad, recordaran traer un par de esos ricos Dangos en su próximo relevo—, tal vez olvidaría mencionar en el reporte que llegaron justo a tiempo para ver cómo el lugar se hundía. ¿Trato hecho?


El aire dentro del «Chango Dango» se sentiría denso, saturado por el calor sofocante y el aroma dulzor empalagoso de la masa de arroz cocida que se adheriría a cada superficie. El encargado del local, un hombre cuya presencia recordaría a un sargento de infantería endurecido por años de instrucción, caminaría con una rigidez que haría que cada paso resonara con autoridad sobre las tablas de madera. Se detendría frente a los tres jóvenes shinobi, con sus facciones angulosas endurecidas por la exigencia y una mirada que barrería el grupo con un desdén calculador.

El hombre, con el ceño fruncido bajo la sombra que proyectarían sus cejas, se cruzaría de brazos, haciendo que las venas en sus antebrazos marcaran el pulso de su impaciencia.

—Escuchen bien, novatos. Esto no sería un patio de juegos, sería un negocio que Sarutobi Sama me habría confiado —tronaría su voz, rasposa y carente de cualquier atisbo de cortesía—. La disciplina sería la única ley en este establecimiento. Mayura, a la barra. ¡Ya! Quiero ver rapidez y eficiencia, no caras largas.

Se giraría hacia los otros dos genin, señalándolos con un dedo acusador mientras una leve mueca de desprecio curvaría sus labios.

—Y ustedes dos. Menos charla y más acción. Si quieren ganarse el pan hoy, que el destino decida su puesto. Piedra, papel o tijeras. El ganador se encargaría de la cocina; el perdedor, de la montaña de mugre que se acumularía en el fregadero. ¡Muévanse, que el tiempo valdría oro y aquí estaríamos perdiendo dinero!

En cuanto Mayura ocuparía su posición tras la barra de madera astillada, la realidad del servicio lo golpearía con la fuerza de un vendaval. Un pequeño cliente, con los ojos brillando ante la promesa de azúcar, se plantaría frente a él y, sin saludar, exigiría con un tono imperativo:

—¡Quiero una ración de dangos extra grande y que esté cubierta de canela! ¡Mucha canela!

Mientras tanto, en la cocina, la tensión se respiraría en el ambiente. El encargado mantendría la vista fija en cuatro comandas pendientes, las cuales se amontonarían sobre el mostrador, aguardando a que el responsable de los fogones comenzara su labor con urgencia. En la zona de lavado, el escenario sería radicalmente distinto y desesperante. La pila de utensilios sucios se elevaría como una montaña de loza grasienta, y el jabón, el objeto más preciado en ese momento, se hallaría reposando en una repisa elevada, fuera de alcance. Un mono, con una expresión de astucia casi humana, se encontraría sentado junto al detergente, aferrándolo con fuerza. El animal, al notar la presencia del genin, le sacaría la lengua y emitiría un chillido agudo, una risa burlona que resonaría en todo el local mientras se negaría a soltar el producto.


OFF


Situación Actual:

Mayura Hyuga: Atendiendo al cliente en la barra.

Naoe Senju y Raizen Sarutobi: Deben definir sus roles mediante el duelo solicitado por el encargado.

Mecánica de Dado: Para definir quién cocina y quién lava los platos, Naoe y Raizen deben realizar una tirada de 1D20 + MINT.

Resultado ganador: toma el control de la Cocina

Resultado perdedor: toma el control del Fregadero 

Pendientes: 4 comandas previas + 1 comanda del cliente (5 total para el cocinero).

Conflicto: El lavaplatos debe idear una forma de recuperar el jabón del mono sin romper nada.

post data: suerte con el mono

ESTADISTICAS DEL MONO
[Imagen: 5QnFTdJ.png]


[Imagen: JK2RddW.png]
Naoe Senju
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 9
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza30(2)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia30(2)
Especiales
Salud11
Velocidad13
Tenketsu11
Sigilo10
415
440
Enlace al Post
12-07-2026, 09:53 PM
La transición entre el pomposo orden militar del desfile de Konoha y la absoluta anarquía logística del Chango Dango se sintió, para la estructura mental de Naoe, como un desprendimiento de tierras en mitad de una ruta táctica. Sus ojos claros, habituados a escanear perímetros en busca de amenazas biológicas o fallas estructurales, procesaron la escena con una gélida desaprobación que apenas se reflejó en la rigidez de su mandíbula. El aire denso, el olor empalagoso de la masa y la humillante informalidad de aquel teniente Kitsunai eran elementos que desafiaban el manual de operaciones de la aldea.

Sin embargo, el verdadero peligro se materializó cuando el encargado del local dictaminó la orden: un duelo de azar para determinar quién se hundiría en la grasa del fregadero y quién asumiría la gestión de los fogones. Naoe observó a Raizen Sarutobi. Para el joven Senju, el azar no era más que una variable no matemática que los shinobi mediocres utilizaban para justificar su falta de previsión. El "piedra, papel o tijeras" (Jan Ken Pon (じゃんけんぽん)) poseía una estructura analítica si se calculaban los vectores de movimiento muscular en las falanges del oponente, el ritmo respiratorio y la tendencia psicológica basada en el linaje. Los Sarutobi tendían a la acción directa, al despliegue térmico o a la firmeza terrestre. Raizen, bajo la presión del sargento de cocina, reaccionaría con un patrón predecible para aliviar la tensión del diafragma.

—Entendido. Procediendo a la resolución del conflicto de asignación mediante el protocolo Janken —pronunció Naoe, su voz limpia, pausada y desprovista de cualquier emoción visible.

Extendió su mano derecha con una parsimonia militar. Mientras el brazo de Raizen descendía, Naoe procesó los datos analíticos en milisegundos. La asimetría matemática era absoluta. El ligero retraso en la contracción del tendón del Sarutobi delató su elección antes de que sus dedos se abrieran por completo. Raizen arrojó un vector que denotaba fuerza directa (Piedra), mientras que Naoe, modificando la trayectoria de su propia muñeca con una precisión milimétrica, desplegó una superficie plana y perfecta. Papel. El triángulo se cerraba. La victoria era suya. Habría jurado que aquella lectura había estado perfecta, que sus ojos de verdad habían leído la fuerza de la mano del otro, pero lo cierto es que no había sido nada más que suerte.

Un suspiro imperceptible, casi molecular, escapó de los labios del Senju. Un alivio genuino y profundo, que para cualquiera habría pasado desapercibido pero que para él equivalía a haber sobrevivido a una emboscada de rango B, destensó por un breve segundo sus hombros. La perspectiva de sumergir sus manos pulcras y su uniforme reglamentario en una montaña de loza grasienta, disputándose el jabón con un espécimen de fauna local, un mono que ya emitía chillidos burlones desde la repisa, habría quebrado su homeostasis física y mental de forma irreversible. El fregadero era una zona de desastre biológico; la cocina, al menos, requería orden, tiempos exactos y control térmico. Una estructura que él podía dominar.

—El resultado ha quedado plenamente certificado —dictaminó Naoe, recuperando de inmediato su postura rígida y dirigiendo una mirada severa hacia Raizen—. Sarutobi-san, de acuerdo con las directrices del encargado y la resolución probabilística, el vector del fregadero y la contención de la criatura simiesca entran bajo su absoluta jurisdicción oficial. Le sugiero establecer contacto visual con el objetivo y neutralizar su resistencia sin quebrar la vajilla de Sarutobi-Sama. La eficiencia del negocio depende de su disciplina en el lavado.

Sin esperar la respuesta del aturdido Sarutobi, Naoe giró limpiamente sobre sus talones, haciendo que los pliegues de su ropa se mantuvieran en perfecta simetría. Cruzó el umbral hacia la zona de fogones, asumiendo su nuevo rol como si se tratara del centro de mando de una aldea provisional. Frente a él, las cuatro comandas previas se alineaban sobre el mostrador de madera astillada como informes de inteligencia esperando ser procesados. A través de la ventanilla que conectaba con la barra, pudo escuchar la imperativa demanda del pequeño cliente que Mayura Hyūga intentaba gestionar: una ración extra grande de dangos cubierta con una saturación masiva de canela.

Naoe extrajo un pequeño pergamino logístico de su cinto y un carboncillo de precisión. Con trazos rápidos y limpios, comenzó a desglosar las cinco órdenes totales, calculando los tiempos de cocción de la masa de arroz, los mililitros de agua necesarios para el vaporizado óptimo y la distribución térmica de los fogones para evitar cualquier residuo de carbón que ensuciara el uniforme reglamentario.

—Iniciando fase de producción y administración de suministros —anunció en un susurro, colocándose un delantal blanco con la misma rigidez con la que un oficial se ajusta el chaleco táctico—. Mayura-san, mantenga el control del perímetro en la barra y administre la paciencia del activo civil de baja estatura. La primera comanda con saturación de especia dulce será procesada en un vector de tiempo inferior a los tres minutos. No permitan que el caos exterior vulnere la simetría de la cocina.

Con un movimiento seco, Naoe encendió el primer fogón, regulando la llama con una fijeza gélida y analítica, dispuesto a demostrar que incluso la repostería de Konoha podía ser sometida bajo el imperio de la lógica Senju.
[Imagen: Firma.webp]

Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
Ficha - Registros - Cronología - Misiones - Relaciones
Raizen Sarutobi
Rango Genin
Clan Sarutobi
Nivel 9
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza34(2)
Ctrl. de Chakra25(2)
Inteligencia6(1)
Especiales
Salud11
Velocidad11
Tenketsu9
Sigilo11
341
349
Enlace al Post
17-07-2026, 04:02 AM
La mañana arrancó con una noticia que Raizen no hubiera elegido de haber tenido opciones: tenía que trabajar. Entre los equipos, las misiones y todo lo que había pasado el día anterior, lo último que quería era un día más de obligaciones. Tenía pendiente juntarse con Kana, y eso quedó postergado antes de que pudiera siquiera mencionarlo.
Llegaron al restaurante y Raizen entró primero con esa confianza suya tan característica.

— Tranquilos, chicos, me conocen.

El encargado los recibió con la energía de alguien que no tiene paciencia para presentaciones, y los tres quedaron firmes mirándolo con los ojos bien abiertos. A Mayura le asignaron la barra de inmediato. Para Naoe y él quedaba otra cosa: piedra, papel o tijera.
Raizen apoyó el mentón en la mano, dudando. Cuando se puso frente a Naoe, sacó la lengua con una sonrisa pícara.
La buena piedra. Nada le gana.
Bajaron la mano tres veces y el destino decidió en su contra.

— ¡Ouch!

Se golpeó la frente con la palma y al segundo siguiente ya sonreía con amplitud, más para no quedarse mal que porque realmente le hubiera dado igual.

— Obviamente perdí porque sé que puedo lavar platos. ¡Y también casi no sé cocinar!

La risa se le fue apagando cuando el encargado los mandó a moverse. Raizen se sacó los guantes, se arremangó y entró a la zona de lavado con toda la determinación que pudo juntar. Duró exactamente hasta ver la montaña de platos sucios.

— ¡Sé que el cocinero no pudo venir, pero alguien podría haber limpiado algo!

El desánimo le cayó encima de golpe, hasta que notó al mono sentado en la repisa con el jabón entre las manos, mirándolo con una expresión que no tenía nada de inocente. Naoe, desde la cocina, le comunicó con su eficiencia habitual que tenía plena libertad para resolver el asunto como considerara, siempre que los platos quedaran limpios.

— Dios mío. No me acordaba que los monos trabajaban acá.

Se pasó las manos por la cara, estirándola, y en ese segundo ya estaba ideando algo. Se cortó la yema del dedo gordo, juntó varios sellos de mano y apoyó la palma contra el suelo. Amaru apareció entre humo fino, con el pelaje blanco, negro y gris completamente despeinado y los ojos cerrados todavía. Durmiendo. Chillió apenas al sentir el suelo frío, molesto por haber sido interrumpido en su momento de descanso.

— Perdón, Amaru, pero necesito tu ayuda. Habla con ese mono y recuperá el jabón.

Amaru lo miró con esa expresión suya de quien evalúa si la deuda que tiene pendiente amerita el esfuerzo. Después de un segundo, resolvió que sí. Se levantó del suelo con el andar bamboleante de siempre, trepó a la mesada y desde ahí empezó a chillar hacia el otro mono con movimientos enérgicos, señalando el jabón, señalando el suelo, como explicándole en algún idioma propio que era momento de soltar el tesoro y bajar.

off

Estadísticas de Sarutobi Raizen
Sarutobi Raizen
Estadísticas Generales
Fuerza
25 M: 2
Inteligencia
6 M: 1
Destreza
34 M: 2
Ctrl. Chakra
25 M: 2
Estadísticas Especiales
Salud
11
Tenketsu
9
Sigilo
11
Velocidad
11
Vida 341 Chakra 349 Reg. Chakra 36

✔Aprendida · 17-06-2026
◈Doton
✦Nivel: Cero
#ID: SARU003R
◔Coste
30 de Chakra, 20 de Chakra por Turno
▣Descripción

El usuario aprende a imbuir un Bō especial, otorgándole la capacidad de alargarse y contraerse a su tamaño original. Mientras mantenga contacto con el Bō, puede extenderlo para aumentar su rango de ataque, aplicando el efecto Rocoso para lograr alargarlo. Si el usuario posee afinidad con el elemento Doton, ya no necesitará mantener la técnica para que el Bō mantenga su variación de tamaño, pudiendo así maniobrar con mayor libertad y precisión.

Como parte de la tradición del clan, al dominar esta técnica el usuario recibe un compañero Mono Ninja, el mismo mono con quien entrenó para aprender a utilizar el Bō. Estéticamente, el usuario puede invocar o desinvocar al mono a voluntad, y la transformación del mono en el Bō especial funciona simplemente como equipar o desequipar un arma. El mono no puede interferir en combate mientras se encuentre en su forma de mono, siendo su función exclusiva la de servir como extensión del Bō.

✧Efecto
10 (MCCK) de Rango

Chakra: 329/359

[Imagen: rzcjrdo.png]
Mayura Hyuga
Rango Chuunin
Clan Hyuga
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza1(1)
Destreza60(3)
Ctrl. de Chakra100(5)
Inteligencia4(1)
Especiales
Salud11
Velocidad18
Tenketsu10
Sigilo10
420
565
Enlace al Post
20-07-2026, 08:32 PM
La mañana posterior al desfile había sido tediosa. Desde el momento en el que abrió los ojos, su día no había tenido un respiro y eso se le notaba en la cara de cansancio que traía. Primero el entrenamiento con el tío, ahora atender el restaurante solo porque sí. Bueno, no los podía culpar; no fue nada útil durante el caos en el festival.  Además… ¿qué tan difícil podría ser ayudar con un restaurante de dangos? Uno que conocía a la perfección, pues comer dulces era su adicción y el local pertenecía a la familia de su mejor amigo. Uff, cuántas veces no había comido allí con Raizen.

El teniente que los recibió estaba fumando. Mayura tosió de inmediato al inhalar un poco del humo. Asimismo se apartó, cuestionándose la necesidad de ese vicio mientras tomaba un frasco de perfume floral con toques de canela y miel, intentando disimular el aroma del humo y evitar tanto como fuera posible que se impregnara en su piel. —  Dangos, dangos, dangoooos. — Susurraría emocionado, imaginando todo lo que se podría comer al final del día. ¿Habría chance de que les dieran uno gratis? Quizás si mencionaba que el teniente Kitsunai quería que algunos pudieran tener su propia orden extragrande sin gastar ryus.

Ya en el local, quien le recibió no fue muy cortés. No esperaba presentaciones ni muchas explicaciones; ya sabía más o menos cómo funcionaban las cosas. En cambio, su mente estaba centrada en el olor, podía saborear esos dangos con solo el aroma, una delicia que le aguaba la boca y que le hizo olvidar todo el cansancio del día. — Bien, chicos. Manos a la obra, me voy a la barra. — Comentó con un tono cantado, emocionado desde que escuchó dónde debía ir. Trabajar con gente era perfecto, así podía lucir su belleza y no arriesgarla sudando en la cocina o manchar su ropa con aceite o jabón para lavar platos. — No olviden endulzar sus ánimos, en especial tú, chico vectores. — Les dio unas palmadas en la espalda baja a sus compañeros y se marchó a la barra.

No bien hizo llegar cuando su primer cliente apareció, un pequeño queriendo algo grande y con exceso de canela, típico. — ¡Bienvenido, pequeño! — Saludó con los brazos extendidos al aire, un brillo carismático en sus ojos y un tono tan dulce como el aroma de la tienda. — ¡Una orden extragrande de Dangos con MUCHA canela Naoe! — Repitió la orden mirando hacia detrás, escuchando como su compañero le habia respondido casi de inmediato, tan pendiente a todo como siempre. — ¿Qué que tanta canela es mucha canela? Pues… ¡nunca es suficiente canela con azúcar! ¿Verdad chiquillo? — Volteó para decirle al niño intentando emocionarlo y endulzarlo un poco mientras esperaba su orden.
[Imagen: ab4qP1h.jpeg]
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