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No sigas mi voz
Narrador Tenseigan-kun
Rango Staff
Clan Senju
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Generales
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Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia75(4)
Especiales
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Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo14
355
280
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14-10-2026, 02:49 PM


No sigas mi voz
País de las Aguas Termales — Yomikage, Zona de Ecos





En el extremo oriental de Yomikage, donde los últimos faroles de la Feria Nocturna apenas conseguían atravesar la bruma, comenzaba un bosque en el que hasta los sonidos más insignificantes parecían encontrar una segunda voz.

Los árboles crecían apiñados sobre un terreno irregular, levantando raíces gruesas que se entrelazaban con las piedras del sendero. Sus troncos, retorcidos por el tiempo, estaban cubiertos de musgo oscuro y líquenes pálidos. En algunos, la corteza presentaba surcos recientes; en otros, pequeños trozos de tela permanecían enganchados entre las ramas bajas. La niebla se acumulaba cerca del suelo y ascendía lentamente por los troncos, ocultando las raíces más profundas y borrando los límites entre los caminos.

No había señales de que aquella vegetación hubiera sido cultivada ni de que alguien se preocupara por mantener despejado el paso. Aun así, varios senderos se abrían entre los árboles, distinguiéndose unos de otros por la disposición de las piedras y las huellas que todavía conservaba el barro húmedo.

Un cartel torcido señalaba la entrada a la Zona de Ecos. Las letras habían perdido casi toda la pintura, pero bajo los restos de musgo aún podía leerse el nombre del lugar. De uno de los clavos colgaban tres campanillas oxidadas. La brisa agitaba las hojas cercanas, aunque los pequeños objetos metálicos permanecían inmóviles.

A poca distancia del cartel, junto a un farol de mano, esperaba un hombre de aspecto agotado. Tenía el bajo de la ropa manchado de barro y la manga izquierda rasgada a la altura del codo. Entre sus dedos retorcía un trozo de tela clara, y sus ojos regresaban una y otra vez al interior del bosque, pendientes de cualquier sonido que pudiera surgir de entre los árboles.

—Mi hermano está ahí dentro.

La voz le salió ronca. Se aclaró la garganta antes de continuar, tratando de ordenar una explicación que parecía haber repetido demasiadas veces sin obtener ninguna respuesta satisfactoria.

—Es menor que yo. Hace un rato escuchó a alguien llamándolo por su nombre. Pensó que sería un conocido o alguien de la feria, y se metió por ese sendero antes de que pudiera detenerlo.

El hombre señaló una vereda estrecha que se perdía entre dos árboles inclinados. Varias huellas pequeñas permanecían impresas en el barro, aunque la humedad comenzaba a desdibujar sus bordes.

—Fui detrás de él. Podía escuchar su voz unos metros más adelante. Me decía que siguiera, que estaba esperándome. Pero, cuando intentaba alcanzarlo, terminaba regresando a este mismo sitio.

Su mano se cerró sobre el trozo de tela.

—Lo intenté varias veces. Primero creí que había tomado un camino equivocado. Después marqué los árboles para no perderme, pero encontré las mismas marcas una y otra vez. No importa por dónde vaya: siempre acabo regresando al cartel.

Una corriente de aire atravesó el sendero y levantó algunas hojas secas. El hombre volvió la cabeza hacia la espesura, conteniendo la respiración mientras escuchaba. Durante unos segundos solo se oyó el roce de las ramas y el goteo de agua desde el follaje.

Entonces llegó una voz.

—¡Hermano!

El grito infantil surgió desde la vereda que el hombre había señalado. Parecía cercano, como si el muchacho se encontrara al otro lado de los primeros árboles.

—¡Estoy aquí! —respondió el visitante, dando un paso hacia el bosque—. ¡No te muevas! ¡Voy a encontrarte!

Nadie contestó inmediatamente.

Una rama se quebró en algún punto de la espesura. Después, la misma voz volvió a escucharse, pero esta vez desde una dirección distinta, más allá de una formación de rocas cubierta de musgo.

—Hermano... ¿por dónde has ido?

El hombre se quedó inmóvil.

La segunda llamada tenía el mismo tono, la misma cadencia y la misma inflexión que la primera. No parecía una voz distorsionada por la distancia ni el eco natural de un grito entre los árboles. Cada palabra llegaba con una claridad que contrastaba con el silencio del bosque, aunque resultaba imposible determinar con precisión dónde se encontraba quien la había pronunciado.

El visitante bajó lentamente el farol.

—Es él —murmuró—. Reconocería su voz en cualquier parte.

A unos pasos del cartel, las huellas ofrecían varias posibilidades. Las marcas más profundas se internaban por el sendero estrecho, mientras otras se desviaban hacia un tramo de terreno pedregoso donde las raíces ocultaban buena parte del suelo. Más a la derecha, una depresión entre dos rocas recogía un hilo de agua que descendía hacia una zona de vegetación más espesa. No estaba claro si los tres recorridos comunicaban entre sí o si alguno terminaba en un callejón natural.

En el tronco más cercano, alguien había grabado tres líneas verticales. Los cortes estaban frescos y aún conservaban pequeñas gotas de resina. Un poco más abajo, casi tapada por el musgo, aparecía otra marca semejante, aunque más antigua y parcialmente cubierta por la corteza que había crecido alrededor.

El hombre siguió la dirección de aquellas señales con la mirada.

—No estaban así cuando entré —dijo, sin apartar los ojos de los árboles—. O quizá no me fijé. Ya no sé qué cosas he visto de verdad y cuáles...

No terminó la frase.

Desde el interior del bosque surgió un susurro tenue, apenas audible entre las hojas.

—Por aquí...

La voz parecía proceder de un punto situado detrás de la posición del visitante, cerca del camino que conducía de regreso a la feria.

El hombre giró bruscamente. El farol iluminó el cartel, las piedras húmedas y un tramo vacío de sendero. No había nadie allí.

Las campanillas oxidadas tintinearon una sola vez.

Cuando el visitante volvió a mirar hacia el bosque, la vereda estrecha seguía abierta entre los árboles, pero las huellas que se internaban en ella desaparecían bajo una nueva capa de niebla. El agua continuaba descendiendo entre las rocas y las marcas grabadas en los troncos permanecían visibles. No había indicios claros de una lucha ni señales suficientes para saber hasta dónde había llegado el muchacho.

El hombre apretó la tela entre los dedos y alzó la mirada hacia quien pudiera ayudarlo.

—Por favor. No quiero que te pase lo mismo que a mí. Si escuchas su voz, no la sigas sin pensar. Yo creí que estaba a punto de alcanzarlo cada vez que lo oía... y cada vez terminaba aquí.

El bosque volvió a guardar silencio.

Tres caminos se abrían ante la entrada. Las huellas, las marcas de los árboles, el curso del agua y las voces que surgían de la niebla ofrecían indicios distintos, pero ninguno revelaba por sí solo qué había ocurrido con el hermano desaparecido.

Desde algún lugar más profundo llegó una última llamada.

—Hermano...

Esta vez, la voz sonó tan cerca que pareció provenir del otro lado del primer tronco.

No hubo movimiento entre las ramas.

Y las campanillas permanecieron inmóviles.





OFF — Presentación de la mecánica «Truco o Trato»
La Zona de Ecos no solo esconde caminos y voces engañosas. Durante la exploración pueden surgir acontecimientos inesperados que compliquen la búsqueda o concedan oportunidades para descubrir pistas, reconocer rutas y comprender mejor el fenómeno.

Más adelante se utilizará la mecánica Truco o Trato, mediante una tirada de 1d10. El resultado determinará un acontecimiento adicional que deberá incorporarse a la narración y al que el personaje podrá responder en su siguiente post.

La mecánica estará orientada favorablemente: habrá más resultados beneficiosos que adversos. Los tratos podrán revelar pistas, abrir oportunidades o ayudar a distinguir los ecos auténticos de los engañosos. Los trucos introducirán complicaciones acordes con el entorno, sin decidir automáticamente las acciones del personaje ni imponerle daños injustificados.

En este primer post no hay tirada ni efecto mecánico que resolver. Daeru podrá elegir qué camino investigar, qué indicios examinar y cómo abordar la petición del visitante. La mecánica se introducirá cuando corresponda durante el desarrollo de la misión.
Daeru Uchiha
Rango Genin
Clan Uchiha
Nivel 14
Estadísticas
Generales
Fuerza5(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra150(5)
Inteligencia55(3)
Especiales
Salud12
Velocidad16
Tenketsu9
Sigilo13
535
595
Enlace al Post
15-10-2026, 02:06 AM
Daeru escuchó atentamente las palabras del hombre mientras observaba el extraño bosque que tenía frente a él. A pesar de encontrarse relativamente cerca de la feria, aquel lugar parecía completamente diferente a todo lo que había visto desde su llegada a Yomikage. La espesa niebla apenas permitía distinguir lo que había unos metros más adelante y, para empeorar las cosas, las voces parecían provenir de diferentes direcciones. «¿Qué mierda ocurre en este lugar...?» pensó algo inquieto cuando escuchó nuevamente la voz del muchacho desaparecido. Por un momento estuvo a punto de mirar detrás del primer árbol, pero recordó inmediatamente las advertencias de su hermano.

—E-Eh... tranquilo, intentaré encontrarlo. —respondió al hombre, aunque tampoco estaba demasiado seguro de cómo conseguirlo. Se acercó unos pasos hacia los diferentes senderos, observando las huellas que desaparecían entre la vegetación y las extrañas marcas de los árboles. Si aquel sujeto había regresado varias veces al mismo lugar, seguir sus indicaciones quizás no sería suficiente. «Si sigo las voces, terminaré dando vueltas como él...» Fue entonces cuando se percató del pequeño curso de agua que descendía entre las rocas. A diferencia de las voces y las huellas, el agua podía servirle como referencia para reconocer el camino que había recorrido y evitar perderse entre los árboles.

Daeru activó su Sharingan y dirigió una última mirada hacia el interior del bosque. —Voy a intentar por aquí... —comentó señalando el sendero de la derecha, donde el agua desaparecía entre la vegetación. No tenía ninguna garantía de que fuera el camino correcto, pero al menos contaba con una referencia para orientarse. Finalmente, comenzó a avanzar siguiendo el pequeño arroyo, procurando mantenerse cerca de su curso y observando los árboles que encontraba a su alrededor. «No debo dejarme llevar por esas voces...» pensó mientras se internaba lentamente entre la niebla, atento a cualquier señal del muchacho desaparecido.
[Imagen: 1bb5716d6be2fa2b4e048ccb8fb0d90a.gif]
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