Me acerqué al cartel que anunciaba una competición especial. Según las instrucciones, los participantes se enfrentarían en duelos organizados para conseguir una máscara conmemorativa y una cesta de dulces. El premio no parecía importante aunque la idea de llevarme algo de la feria después de una buena pelea me resultaba bastante atractiva.
Además una cesta de dulces era una recompensa difícil de rechazar.
— Combate y comida. Alguien aquí entiende las prioridades de la vida —murmuré, observando las ilustraciones del cartel.
El anuncio explicaba que cada participante debía inscribirse y esperar a que los organizadores asignaran los enfrentamientos. La máscara se entregaría al vencedor de cada duelo, junto con la cesta de dulces correspondiente así que decidí apuntarme sin pensarlo demasiado.
Mientras completaba la inscripción, me preguntaba qué clase de máscara podría conseguir. Había algunas con diseños bastante curiosos: animales, calaveras, figuras extrañas y otras que parecían inspiradas en criaturas de las leyendas de la isla.
—Una máscara de jabalí estaría bien —murmuré—. Aunque seguramente terminaré llevándome la más rara de todas.
Entregué la inscripción y me aparté de la mesa para dejar espacio a los siguientes participantes. El área de combate estaba preparada en el centro del pabellón. Habían colocado faroles alrededor de una zona despejada y dispuesto varias máscaras sobre un soporte, mientras los visitantes se reunían para observar la actividad.
Me acomodé la ropa y estiré un poco los brazos, preparándome para esperar mi turno. Me gustaban los combates y no me preocupaba demasiado la idea de enfrentarme a un desconocido. Precisamente una parte de la diversión consistía en descubrir cómo luchaba alguien a quien no conocía y adaptarme a lo que ocurriera durante el enfrentamiento.
—Espero que mi rival sea interesante —dije para mí mismo.
Me acerqué un poco al límite del área y observé el espacio disponible. El suelo parecía firme y no había demasiados obstáculos, los faroles y los soportes de las máscaras ocupaban parte del entorno. Tendría que mantener la atención en el combate y evitar distraerme con las decoraciones. Aun así me resultaba difícil no mirar de vez en cuando la cesta que exhibían junto al premio.
—Vamos, Chota. Concéntrate. Primero ganas y después comes.
Solté una pequeña risa y volví a adoptar una postura más seria. No sabía quién sería mi contrincante ni qué habilidades tendría, así que no iba a dar nada por sentado. Esperaría el inicio del duelo y reaccionaría a lo que sucediera, como correspondía.
La música de la feria continuaba sonando mezclándose con las voces de los visitantes y el tintineo de los faroles.
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