13-10-2026, 03:01 AM
Había cometido el error de acercarme al Pabellón de Rare Candies con hambre.
En mi defensa, aquel lugar parecía diseñado para que cualquiera terminara queriendo probar algo. Había vitrinas llenas de golosinas de colores imposibles, frascos con caramelos que brillaban bajo los faroles y figuras de azúcar que representaban criaturas que probablemente no deberían existir. Algunas tenían formas tan extrañas que no estaba seguro de si eran dulces o pequeños objetos malditos que alguien había decidido vender a precio de lujo.
Naturalmente quería echar un vistazo.
—Solo voy a mirar —me dije mientras me acercaba a una entrada decorada con enormes bastones de caramelo—. Mirar no cuesta nada.
La entrada conducía a una cámara de exhibición en la que se anunciaba una experiencia unica. Un cartel prometía criaturas de golosina, desafíos inesperados y una recompensa para quienes lograran superar la prueba. No vi ninguna advertencia especialmente preocupante así que crucé el umbral.
La puerta se cerró a mis espaldas. Escuché un clic. Después un segundo ruido mucho más extraño. Sentí que algo tiraba de las bolsas donde guardaba mis herramientas y cuando llevé una mano hacia ellas descubrí que ya no tenía acceso a mis armas.
Me quedé inmóvil. Revisé mi bolsa ninja. Después mi portakunais.
—No.
Saqué lo que debía ser uno de mis kunai, pero entre mis dedos apareció una réplica de caramelo con forma de kunai. Era brillante tenía una envoltura diminuta y desprendía un olor dulce. La giré entre mis dedos e incluso la lamí para ver si de verdad era dulce.
—No, no, no. Esto no puede ser en serio.
Comprobé el resto del inventario. Mis herramientas habían sufrido la misma transformación. Donde debía haber objetos útiles encontraba imitaciones comestibles, algunas hechas de azúcar endurecida.
Por un instante consideré morder una de ellas pero recordé que estaba dentro de una atracción sospechosa, sin mis armas y rodeado de cosas que no entendía. Guardé el caramelo con forma de kunai.
—Luego. Primero averiguo qué demonios está pasando.
La cámara era enorme. Las paredes estaban cubiertas de placas de chocolate y las columnas parecían hechas de regaliz trenzado. Había montañas de golosinas en las esquinas, un suelo pegajoso bajo mis sandalias y varias figuras de azúcar colocadas en nichos. Al fondo, una luz rosada iluminaba una puerta que parecía ser la única salida.
Entonces una de las figuras se movió.
Una criatura de gelatina levantó lentamente la cabeza. Otra construida con capas de caramelo endurecido se desprendió de una pared y cayó al suelo con un ruido seco. Entre ambas aparecieron más siluetas, de formas tan extravagantes que me costó decidir si parecían monstruos o postres mal preparados.
Di un paso atrás.
—Definitivamente esto no es una degustación...
Las criaturas comenzaron a desplazarse por la cámara, aunque no me apresuré a sacar conclusiones sobre sus intenciones. Observé el terreno, las columnas y los montones de dulces que podrían dificultar el paso. Sin mis herramientas, tendría que depender de mis capacidades físicas, mis técnicas y cualquier oportunidad que ofreciera aquel escenario absurdo.
Entonces advertí algo más: la habitación no parecía tener una salida abierta. La puerta del fondo permanecía cerrada, y no había ningún encargado a la vista que pudiera explicarme cómo terminar aquella experiencia.
Me llevé las manos a la cintura, comprobando una vez más que mis armas originales no estaban disponibles.
—Muy bien. Sin armas, sin herramientas y rodeado de postres que quieren hacerse los aterradores. He tenido mejores tardes.
Respiré hondo y flexioné las rodillas, preparándome para moverme si alguna de aquellas criaturas se acercaba demasiado. No sabía si la atracción esperaba que los participantes cooperaran, compitieran o simplemente encontraran una manera de salir, pero la ausencia de instrucciones claras no me inspiraba demasiada confianza.
Miré alrededor, tratando de mantener bajo vigilancia tanto a los monstruos de caramelo como los posibles accesos a la cámara.
—Espero que al menos haya un premio por aguantar todo esto.
Me quedé en guardia, atento a cualquier cambio en el entorno. Si aquella prueba iba a convertirse en un combate, tendría que adaptarme a las circunstancias y aprovechar mis habilidades sin depender de los objetos que la habitación me había arrebatado.
En mi defensa, aquel lugar parecía diseñado para que cualquiera terminara queriendo probar algo. Había vitrinas llenas de golosinas de colores imposibles, frascos con caramelos que brillaban bajo los faroles y figuras de azúcar que representaban criaturas que probablemente no deberían existir. Algunas tenían formas tan extrañas que no estaba seguro de si eran dulces o pequeños objetos malditos que alguien había decidido vender a precio de lujo.
Naturalmente quería echar un vistazo.
—Solo voy a mirar —me dije mientras me acercaba a una entrada decorada con enormes bastones de caramelo—. Mirar no cuesta nada.
La entrada conducía a una cámara de exhibición en la que se anunciaba una experiencia unica. Un cartel prometía criaturas de golosina, desafíos inesperados y una recompensa para quienes lograran superar la prueba. No vi ninguna advertencia especialmente preocupante así que crucé el umbral.
La puerta se cerró a mis espaldas. Escuché un clic. Después un segundo ruido mucho más extraño. Sentí que algo tiraba de las bolsas donde guardaba mis herramientas y cuando llevé una mano hacia ellas descubrí que ya no tenía acceso a mis armas.
Me quedé inmóvil. Revisé mi bolsa ninja. Después mi portakunais.
—No.
Saqué lo que debía ser uno de mis kunai, pero entre mis dedos apareció una réplica de caramelo con forma de kunai. Era brillante tenía una envoltura diminuta y desprendía un olor dulce. La giré entre mis dedos e incluso la lamí para ver si de verdad era dulce.
—No, no, no. Esto no puede ser en serio.
Comprobé el resto del inventario. Mis herramientas habían sufrido la misma transformación. Donde debía haber objetos útiles encontraba imitaciones comestibles, algunas hechas de azúcar endurecida.
Por un instante consideré morder una de ellas pero recordé que estaba dentro de una atracción sospechosa, sin mis armas y rodeado de cosas que no entendía. Guardé el caramelo con forma de kunai.
—Luego. Primero averiguo qué demonios está pasando.
La cámara era enorme. Las paredes estaban cubiertas de placas de chocolate y las columnas parecían hechas de regaliz trenzado. Había montañas de golosinas en las esquinas, un suelo pegajoso bajo mis sandalias y varias figuras de azúcar colocadas en nichos. Al fondo, una luz rosada iluminaba una puerta que parecía ser la única salida.
Entonces una de las figuras se movió.
Una criatura de gelatina levantó lentamente la cabeza. Otra construida con capas de caramelo endurecido se desprendió de una pared y cayó al suelo con un ruido seco. Entre ambas aparecieron más siluetas, de formas tan extravagantes que me costó decidir si parecían monstruos o postres mal preparados.
Di un paso atrás.
—Definitivamente esto no es una degustación...
Las criaturas comenzaron a desplazarse por la cámara, aunque no me apresuré a sacar conclusiones sobre sus intenciones. Observé el terreno, las columnas y los montones de dulces que podrían dificultar el paso. Sin mis herramientas, tendría que depender de mis capacidades físicas, mis técnicas y cualquier oportunidad que ofreciera aquel escenario absurdo.
Entonces advertí algo más: la habitación no parecía tener una salida abierta. La puerta del fondo permanecía cerrada, y no había ningún encargado a la vista que pudiera explicarme cómo terminar aquella experiencia.
Me llevé las manos a la cintura, comprobando una vez más que mis armas originales no estaban disponibles.
—Muy bien. Sin armas, sin herramientas y rodeado de postres que quieren hacerse los aterradores. He tenido mejores tardes.
Respiré hondo y flexioné las rodillas, preparándome para moverme si alguna de aquellas criaturas se acercaba demasiado. No sabía si la atracción esperaba que los participantes cooperaran, compitieran o simplemente encontraran una manera de salir, pero la ausencia de instrucciones claras no me inspiraba demasiada confianza.
Miré alrededor, tratando de mantener bajo vigilancia tanto a los monstruos de caramelo como los posibles accesos a la cámara.
—Espero que al menos haya un premio por aguantar todo esto.
Me quedé en guardia, atento a cualquier cambio en el entorno. Si aquella prueba iba a convertirse en un combate, tendría que adaptarme a las circunstancias y aprovechar mis habilidades sin depender de los objetos que la habitación me había arrebatado.
![[Imagen: cf3edd8f-aafc-429d-8d5a-f46357d65d5c.png]](https://i.postimg.cc/rmWjs2CL/cf3edd8f-aafc-429d-8d5a-f46357d65d5c.png)