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[Viaje] A la guerra
Kishue
Rango Chuunin
Clan Funato
Nivel 12
Estadísticas
Generales
Fuerza100(5)
Destreza25(2)
Ctrl. de Chakra30(2)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud17
Velocidad11
Tenketsu11
Sigilo10
550
435
Enlace al Post
17-09-2026, 04:09 AM
La noche anterior, Kishue había explicado la misión sin esconderla detrás de palabras amables. Kirigakure se preparaba para enfrentarse con Konoha por la Guerra de los Sellos y él había recibido la orden de partir. No sabía cuántos shinobi encontrarían, cuánto duraría el conflicto ni quién regresaría cuando terminara. Su madre permaneció sentada frente a él, sujetando una taza que dejó de beber desde el momento en que escuchó la palabra guerra.

—Puedo aceptar que salgas a cumplir misiones, Kishue. Puedo aceptar que regreses cubierto de barro, con heridas o cargando animales que decides adoptar sin consultarme. —dijo ella—. Pero no sé cómo aceptar que salgas de casa sabiendo que otra aldea estará esperando para matarte.

Kishue no intentó decirle que todo estaría bien. Aquella frase habría servido en una misión ordinaria, pero ambos sabían que esta vez sería una mentira. Tampoco podía prometer que evitaría el combate, porque la misión existía precisamente debido a un conflicto que ninguna conversación familiar podía detener. Se limitó a cubrir la mano de su madre con la suya y permanecer a su lado hasta que la comida se enfrió sobre la mesa.

—Tengo miedo, mamá. No quiero que pienses que no entiendo lo que puede pasar. —admitió—. Pero si Kirigakure va a luchar, no puedo esconderme aquí y esperar que otros protejan la aldea por mí. Me dieron una orden y voy a cumplirla. Lo único que puedo prometerte es que no confundiré valentía con hacer algo estúpido.

La mañana llegó demasiado pronto. Kishue se vistió antes del amanecer, revisó sus herramientas y aseguró la esfera de Mekka entre sus ropas. El Kanabō no Samehada quedó apoyado sobre su hombro después de comprobar las sujeciones. Su madre lo observó preparar cada objeto como si intentara memorizarlo todo: el sonido de las hebillas, la posición del arma y hasta la forma en que acomodaba la mochila.

Cuando llegó la hora de partir, Kishue se detuvo frente a ella. Habitualmente habría intentado aliviar la despedida con una broma, probablemente relacionada con el tamaño del garrote o con la cantidad excesiva de comida que ella había guardado entre sus provisiones. Aquella mañana no encontró ninguna que no sonara forzada. La abrazó con fuerza y permaneció así varios segundos, sintiendo cómo su madre se resistía a soltarlo.

—Ya es hora. —murmuró finalmente—. Cuida a los gatos y no dejes que Mekka olvide que esta sigue siendo su casa. Yo voy a regresar para comprobar que ninguno haya conquistado mi habitación.

Kishue abandonó la vivienda sin mirar atrás inmediatamente. Si lo hacía antes de llegar al final de la calle, temía no encontrar una expresión suficientemente firme para despedirse otra vez. La niebla cubría Kirigakure y amortiguaba el sonido de sus pasos. Caminó hacia las puertas con el garrote sobre el hombro, aunque aquella vez su peso parecía proceder de algo que no podía acomodar mediante una correa.

Rin y Rei ya se encontraban en el punto acordado. Verlas alivió parte de la presión en su pecho, pero no recuperó su entusiasmo habitual. Kishue se aproximó en silencio, levantó una mano a modo de saludo y permaneció junto a ellas mirando el camino que abandonaba la aldea. No hizo bromas sobre salvar Kirigakure ni fingió que aquella era otra aventura.

—Estoy listo. —dijo después de una pausa—. No estoy tranquilo y tampoco voy a fingir que no tengo miedo. Pero estaré con ustedes hasta que esto termine. Si Konoha quiere los Sellos, tendrá que encontrarnos juntos delante de ellos.

Kishue ajustó a Mekka contra su cuerpo y avanzó con las gemelas hacia el exterior. La lealtad no había eliminado su miedo; solamente le había dado una dirección en la cual caminar con él.
—Life Ends Whenever You Decide—
[Imagen: chBNIhB.jpeg]
Virtudes y Defectos
VIRTUDES
V006: Presencia Carismática
V017: Líder Nato
V032: Rostro Común
V033: Investigador
V035: Capacidad Sensorial Aumentada II (Olfato y Oído)
V090: Disciplina Ascética

DEFECTOS
V048: Adicción (Hablar con su pez)
V054: Último Acto
V057: Fobia III (Arañas)
V065: Lealtad
V069: Sinceridad
V077: Prosopagnosia
V083: Traicionable
V085: Venganza (Hoshigaki)
V088: Psicopatía
Rin to Rei
Rango Chuunin
Clan Akizu
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra15(1)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud11
Velocidad16
Tenketsu11
Sigilo11
460
525
Enlace al Post
17-09-2026, 04:22 AM
Rin y Rei comenzaron a prepararse antes del amanecer. Sobre la mesa habían distribuido kunai, vendas, provisiones y herramientas de viaje, todo separado para que ninguna cargara con más de lo necesario. No era la primera vez que abandonaban Kirigakure ni la primera misión en la que podían resultar heridas, pero aquella partida no se parecía a las anteriores. Esta vez no salían para perseguir delincuentes, escoltar comerciantes o resolver un problema lejano. La Guerra de los Sellos podía colocarlas directamente frente a los shinobi de Konoha.

Rin revisó sus cadenas eslabón por eslabón. Comprobó los cierres, distribuyó el peso y dejó cada sección preparada para alcanzarla sin retirar el resto del equipo. Rei se ocupó de las provisiones y revisó por segunda vez una mochila que ya había organizado correctamente. Ninguna quería admitir que continuaba comprobando cosas porque detenerse significaba pensar en aquello que las esperaba fuera. El roce del metal y el cierre de las correas ocuparon el lugar de la conversación habitual.

<Si terminamos rápido, quizá podamos regresar antes de que alguien note que salimos a participar en una guerra>

La frase de Rei debía sonar ligera. En cualquier otra mañana, Rin habría señalado inmediatamente que una guerra no podía resolverse deprisa o le habría preguntado qué parte de cruzar medio territorio pensaba ocultar. Aquella vez no respondió. Continuó sosteniendo la cadena entre las manos, inmóvil durante unos segundos, y después la guardó. Rei tampoco sonrió. Su intento quedó suspendido en la habitación como algo que ninguna de las dos tenía fuerzas para recoger.

No hablaron de la posibilidad de no regresar. Tampoco prometieron que todo saldría bien, porque ambas entendían que decirlo no cambiaría nada. Rin cerró su equipaje y se incorporó. Rei comprobó la puerta, observó por última vez el interior de la vivienda y ajustó las armas bajo su ropa. Permanecieron una frente a la otra durante un momento, buscando quizás alguna frase capaz de disminuir el peso de la partida. No la encontraron.

<No te alejes de mí>

<No pensaba hacerlo>

Aquello fue suficiente. Abandonaron la casa juntas y caminaron hacia las puertas de Kirigakure. La niebla cubría las calles y reducía los edificios a formas conocidas que desaparecían a pocos metros. Rei conservó su lugar junto a Rin sin adelantarse para observar otros caminos. Rin tampoco apresuró el paso. La aldea continuaba despertando alrededor de ellas, ajena por momentos a que varios de sus shinobi se preparaban para combatir por algo cuyo resultado podía decidir su futuro.

Kishue las esperaba en las puertas. La presencia del enorme Kanabō sobre su hombro era la misma de otras partidas, pero él no lo era. No apareció la sonrisa exagerada ni alguna observación sobre tener que salvar Kirigakure sin ayuda. Permanecía más callado, y las hermanas no necesitaron preguntarle por qué. Reconocieron en su postura la misma tensión que habían cargado desde que despertaron: miedo contenido bajo el deber de avanzar.

<Buenos días, Kishue>

<Estamos listas>

No añadieron que también estaban asustadas. Él probablemente podía verlo, de la misma manera que ellas lo veían en él. Rei quiso encontrar otra broma, algo relacionado con el tamaño del garrote, las provisiones excesivas o la costumbre de Kishue de convertir cualquier viaje en una promesa de comida. Ninguna frase consiguió llegar hasta sus labios.

Rin miró una última vez hacia Kirigakure. Después dirigió la atención al camino y dio el primer paso fuera de la aldea. Rei avanzó a su lado y Kishue partió con ellas. Los tres dejaron atrás las puertas sin discursos ni entusiasmo fingido. El futuro permanecía oculto por algo más espeso que la niebla, pero las hermanas caminaron juntas hacia él.
[Imagen: ffIFI3H.jpeg]
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