08-09-2026, 12:28 AM
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El calor sutil del verano comenzaba a sentirse con fuerza en las primeras horas del día. A los pies de la monumental estructura de madera y piedra que resguardaba la entrada principal de Konohagakure no Sato, el movimiento de transeúntes, mercaderes y patrullas locales mantenía un ritmo constante pero apacible. Sin embargo, un par de decenas de metros al este de la calzada principal, la dinámica era sustancialmente más tranquila. Allí se erigía una torre secundaria de vigilancia: una estructura elevada de madera de cedro tratada, equipada con una barandilla de protección, un tejado de tejas oscuras y un pequeño puesto en la base equipado con un escritorio de registro, un libro de actas y un depósito pequeño de herramientas.
En la cima del puesto, resguardado de la luz solar directa por la sombra del tejado, pasaría Akira Hyūga. El Chunin vestía sus característicos pantalones oscuros de combate sujetos con el fajín granate y la amplia capa blanca sobre el chaleco táctico reglamentario, prescindiendo por completo de guanteletes de hierro. La banda ninja descansaba de forma holgada alrededor de su cuello. Con los brazos apoyados sobre la balaustrada de madera, observaba el límite exterior del bosque que rodeaba la aldea.
Sus ojos perlados, limpios de cualquier marca, escaneaban el follaje de forma metódica. A su lado, recostado sobre el borde superior de la barrera de madera, Makey disfrutaba de la brisa matutina. El gato blanco estiraba las patas delanteras con languidez, haciendo destellar sus ojos heterocromáticos —el azul zafiro y el violeta— cada vez que una hoja seca revoloteaba impulsada por el viento.
El puesto requería cubrir una ausencia repentina de varias horas debido a un reajuste en los turnos de la guardia regular. No era un trabajo de primera línea ni una defensa ante invasiones imprevistas, sino una labor rutinaria de control, registro de viajeros menores y observación de los límites cercanos.El crujido de los peldaños de madera indicaría la llegada del refuerzo asignado para el turno. Akira giraría ligeramente el rostro, acomodándose el mechón suelto de su cabello castaño largo, para recibir a Kuroto Uchiha. —Pasaría a ser un turno largo si no hubiera llegado el relevo —comentaría Akira con un tono de voz llano y tranquilo, sin añadidos formales—.
El guardia titular tuvo un imprevisto en el sector médico y la orden es mantener la vigilancia continua hasta el mediodía.Makey giraría la cabeza hacia Kuroto, soltando un suave ronroneo antes de acomodar el hocico entre sus patas delanteras, sin intención alguna de mover su lugar a la sombra.Akira señalaría hacia el escritorio ubicado en la planta baja de la torre y luego hacia el perímetro que se divisaba desde la plataforma elevada.—La tarea es sencilla en la superficie: hay que revisar las carretas secundarias de víveres que ingresan por la puerta lateral, registrar los nombres en el libro de actas y mantener un ojo puesto en el lindero del bosque.
Últimamente algunos animales silvestres han estado bajando a curiosear cerca de los depósitos.Un leve crujido en la maleza, a unos veinte metros fuera del perímetro de la cerca, llamaría la atención momentánea del Hyūga, quien afinaría la vista sin necesidad de activar su Byakugan por el momento.—El puesto está listo. Pasaría a coordinar contigo cómo dividiremos el tiempo: uno arriba en la plataforma de observación y otro abajo en la mesa de registro, o podemos ir alternando según avance el movimiento en el camino.
Fecha y Lugar: Día 04 del Verano del año 150 - Konohagakure no Sato - Puertas de la Adea
El calor sutil del verano comenzaba a sentirse con fuerza en las primeras horas del día. A los pies de la monumental estructura de madera y piedra que resguardaba la entrada principal de Konohagakure no Sato, el movimiento de transeúntes, mercaderes y patrullas locales mantenía un ritmo constante pero apacible. Sin embargo, un par de decenas de metros al este de la calzada principal, la dinámica era sustancialmente más tranquila. Allí se erigía una torre secundaria de vigilancia: una estructura elevada de madera de cedro tratada, equipada con una barandilla de protección, un tejado de tejas oscuras y un pequeño puesto en la base equipado con un escritorio de registro, un libro de actas y un depósito pequeño de herramientas.
En la cima del puesto, resguardado de la luz solar directa por la sombra del tejado, pasaría Akira Hyūga. El Chunin vestía sus característicos pantalones oscuros de combate sujetos con el fajín granate y la amplia capa blanca sobre el chaleco táctico reglamentario, prescindiendo por completo de guanteletes de hierro. La banda ninja descansaba de forma holgada alrededor de su cuello. Con los brazos apoyados sobre la balaustrada de madera, observaba el límite exterior del bosque que rodeaba la aldea.
Sus ojos perlados, limpios de cualquier marca, escaneaban el follaje de forma metódica. A su lado, recostado sobre el borde superior de la barrera de madera, Makey disfrutaba de la brisa matutina. El gato blanco estiraba las patas delanteras con languidez, haciendo destellar sus ojos heterocromáticos —el azul zafiro y el violeta— cada vez que una hoja seca revoloteaba impulsada por el viento.
El puesto requería cubrir una ausencia repentina de varias horas debido a un reajuste en los turnos de la guardia regular. No era un trabajo de primera línea ni una defensa ante invasiones imprevistas, sino una labor rutinaria de control, registro de viajeros menores y observación de los límites cercanos.El crujido de los peldaños de madera indicaría la llegada del refuerzo asignado para el turno. Akira giraría ligeramente el rostro, acomodándose el mechón suelto de su cabello castaño largo, para recibir a Kuroto Uchiha. —Pasaría a ser un turno largo si no hubiera llegado el relevo —comentaría Akira con un tono de voz llano y tranquilo, sin añadidos formales—.
El guardia titular tuvo un imprevisto en el sector médico y la orden es mantener la vigilancia continua hasta el mediodía.Makey giraría la cabeza hacia Kuroto, soltando un suave ronroneo antes de acomodar el hocico entre sus patas delanteras, sin intención alguna de mover su lugar a la sombra.Akira señalaría hacia el escritorio ubicado en la planta baja de la torre y luego hacia el perímetro que se divisaba desde la plataforma elevada.—La tarea es sencilla en la superficie: hay que revisar las carretas secundarias de víveres que ingresan por la puerta lateral, registrar los nombres en el libro de actas y mantener un ojo puesto en el lindero del bosque.
Últimamente algunos animales silvestres han estado bajando a curiosear cerca de los depósitos.Un leve crujido en la maleza, a unos veinte metros fuera del perímetro de la cerca, llamaría la atención momentánea del Hyūga, quien afinaría la vista sin necesidad de activar su Byakugan por el momento.—El puesto está listo. Pasaría a coordinar contigo cómo dividiremos el tiempo: uno arriba en la plataforma de observación y otro abajo en la mesa de registro, o podemos ir alternando según avance el movimiento en el camino.
![[Imagen: g8IfIJt.jpeg]](https://i.imgur.com/g8IfIJt.jpeg)