28-08-2026, 03:55 PM
El día amaneció cubierto por un cielo gris, uniforme y pesado, en el que resultaba imposible distinguir con claridad dónde terminaban las nubes y comenzaba la neblina de Kirigakure. Durante la madrugada había llovido con insistencia y, aunque para entonces solamente quedaba una llovizna débil, el agua continuaba cayendo desde los aleros, recorriendo las pendientes de los tejados y acumulándose en los caminos de tierra. El frío no era intenso, pero la humedad atravesaba con facilidad cualquier prenda que permaneciera demasiado tiempo expuesta.
Rin ya se encontraba despierta cuando escuchó los golpes contra la puerta. Había terminado de vestirse y revisaba el borde de su chakram bajo la iluminación pálida que atravesaba la ventana. Rei apareció en el pasillo unos segundos después, todavía acomodándose el cabello y observando hacia la entrada con una mezcla de curiosidad y desconfianza. Ninguna esperaba recibir una visita tan temprano, mucho menos durante una mañana en la que la lluvia parecía invitar a permanecer dentro.
Rin abrió después de comprobar la sombra bajo la puerta. Del otro lado aguardaba un shinobi con el protector de Kirigakure visible y un sobre resguardado dentro de una bolsa impermeable. El agua había oscurecido los hombros de su uniforme y pequeñas gotas descendían desde su cabello. No trató de entrar ni prolongó el saludo; retiró el documento, verificó los nombres escritos sobre él y se lo entregó a Rin.
<Rin y Rei Akizu deben presentarse en el ayuntamiento tan pronto como sea posible. Se les asignará una misión de búsqueda dentro de la aldea>
<¿Una persona?>
<La información completa se les entregará en la oficina de misiones>
El mensajero se despidió con una inclinación y retomó el camino bajo la llovizna. Rin cerró la puerta y examinó el sobre antes de romper el sello. El contenido no ofrecía mucho más que la orden verbal: debían presentarse aquella misma mañana, llevar su equipo y prepararse para una búsqueda cuya duración todavía no podía determinarse. La falta de detalles no parecía un descuido. Alguien había decidido que la información debía transmitirse personalmente.
<Por lo menos sabemos que no tendremos que limpiar nada> observó Rei mientras leía por encima del hombro de su hermana.
<Todavía no sabemos qué estamos buscando>
<Si fuera suciedad, no habrían enviado a un shinobi para avisarnos>
No tardaron mucho en terminar de prepararse. Rin aseguró el chakram y las herramientas sobre su cuerpo, comprobando que la humedad no hubiera afectado ninguna correa. Rei revisó el arco, la cuerda y las flechas antes de cubrirlos para protegerlos de la lluvia. Ambas comieron un desayuno rápido y guardaron algunas provisiones, conscientes de que una búsqueda podía extenderse mucho más de lo previsto incluso cuando se desarrollaba dentro de los límites de Kirigakure.
Las calles se encontraban parcialmente vacías cuando salieron. Algunos establecimientos comenzaban a abrir y los trabajadores retiraban el agua acumulada frente a las entradas, pero la mayor parte de la actividad permanecía protegida bajo techos y corredores. La neblina reducía la visibilidad a varias decenas de metros, suficiente para desplazarse sin dificultades, aunque cualquier silueta situada más allá aparecía desdibujada y sin rasgos. No era un clima extraño para la aldea; sin embargo, resultaba poco favorable para encontrar rastros que ya llevaran horas expuestos.
El ayuntamiento estaba más concurrido. Civiles mojados esperaban frente a distintos escritorios, funcionarios transportaban documentos entre las oficinas y varios shinobi revisaban asignaciones antes de marcharse. Después de presentar el sobre, Rin y Rei fueron conducidas hasta una sala apartada del espacio principal. En ella aguardaba una recepcionista acompañada por un chūnin de la guardia interna. Sobre la mesa había un mapa del distrito residencial y una única carpeta.
La recepcionista les indicó que tomaran asiento. El chūnin se presentó como Masao Terada y abrió la carpeta sin perder tiempo en explicaciones innecesarias. La primera hoja contenía el retrato de una niña. Parecía tener el cabello castaño y lacio, cortado poco más abajo de los hombros, ojos oscuros y un rostro redondeado. En la imagen sonreía mientras sostenía entre las manos una figura de madera con forma de conejo.
<Su nombre es Hana Fumioka. Tiene ocho años y desapareció hace tres días> explicó Masao. <Salió de su vivienda durante la tarde para jugar en los alrededores. No regresó antes de la cena y desde entonces no ha sido localizada>
Rei tomó la fotografía para examinarla mejor. Tres días representaban demasiado tiempo para una niña perdida dentro de la aldea. Durante las primeras horas podía haberse refugiado de la lluvia, confundido de camino o permanecido en casa de otra familia sin avisar. Después de tres noches, aquellas explicaciones perdían fuerza. Si Hana continuaba en Kirigakure, alguien debía haberla visto o estaba impidiendo que regresara.
<¿Cuándo informaron de la desaparición?>
<La misma noche. Su padre la buscó primero en el vecindario y acudió a la guardia cuando no encontró a ninguno de los niños con quienes acostumbraba jugar. Desde entonces se revisaron calles, canales cercanos, casas abandonadas y varios accesos al distrito. No se halló el cuerpo ni una señal clara de que haya sufrido un accidente>
<¿Existe la posibilidad de que saliera de la aldea?>
<Los registros de las puertas no muestran a ninguna niña con su descripción. Tampoco se informó de vehículos sospechosos durante aquella tarde, pero no podemos descartar que alguien la ocultara al abandonar Kirigakure>
Masao desplegó el mapa. La residencia Fumioka se encontraba en una zona habitada por artesanos y pequeños comerciantes. Hana acostumbraba jugar en una plaza situada a menos de cinco minutos de su casa, donde se reunían otros niños después de las clases. Dos de ellos recordaban haberla visto aquella tarde. Según sus declaraciones, jugaron hasta que comenzó a lloviznar y después se separaron para regresar a sus viviendas.
Hana no tomó el camino más corto hacia su hogar. Una vendedora de dulces afirmó haberla visto avanzar hacia un canal secundario, aunque no podía garantizar que se tratara de ella porque la neblina ya comenzaba a espesarse. La niña vestía una túnica azul claro, pantalones oscuros, sandalias y una bufanda roja. Llevaba también el conejo de madera del retrato, un objeto construido por su padre que rara vez dejaba en casa.
<¿Se encontró alguna prenda o el juguete?>
<Nada. Los perros de rastreo siguieron su olor desde la plaza hasta una calle comercial, pero la lluvia borró el rastro. Hay demasiadas personas transitando por esa zona y no pudieron retomarlo>
La investigación no había identificado amenazas contra la familia. El señor Fumioka trabajaba como carpintero, su esposa atendía la casa y ninguno mantenía deudas importantes ni conflictos conocidos. No recibieron solicitudes de dinero, mensajes ni advertencias después de la desaparición. La ausencia de un motivo evidente había obligado a considerar desde un accidente hasta un secuestro oportunista.
Masao les entregó una copia del retrato, el mapa y las declaraciones reunidas. La misión comenzaría en la residencia familiar. Debían escuchar directamente a los padres, examinar las pertenencias de Hana y reconstruir sus hábitos antes de repetir una búsqueda que ya había consumido tres días. El chūnin insistió en que los detalles aparentemente insignificantes podían ser más útiles que volver a recorrer las mismas calles sin una dirección.
<El señor Fumioka apenas ha descansado desde la desaparición> añadió. <Ha participado en cada búsqueda y en ocasiones se adelantó a los grupos sin avisar. Su esposa permanece en la vivienda por si Hana regresa. Traten de obtener toda la información antes de permitir que vuelva a salir>
<Si lleva tres días recorriendo la aldea, solamente estorbará si continúa sin descansar>
<Se lo explicaremos con un poco más de delicadeza>
La recepción registró oficialmente la salida y les entregó una autorización para interrogar testigos y acceder a los espacios ya revisados por la guardia. Después de guardar los documentos, Rin y Rei abandonaron el ayuntamiento. La lluvia había recuperado algo de intensidad. No bastaba para impedir el tránsito, pero cubría las calles con un ruido constante y amenazaba con eliminar cualquier rastro nuevo antes de que pudieran encontrarlo.
El trayecto hacia la residencia Fumioka atravesó una parte de la zona comercial y continuó por calles cada vez más estrechas. Rei comparaba las intersecciones con el mapa, observando los caminos posibles entre la plaza, la tienda de dulces y el canal mencionado por la testigo. Rin prestaba más atención a los callejones, los patios comunicados y las construcciones vacías. Una niña podía recorrer distancias pequeñas por rutas que un adulto no consideraría importantes.
La casa de la familia estaba unida al taller de carpintería. La fachada era de madera oscura, con un tejado inclinado y una galería pequeña protegida por el alero. Frente al taller había varias tablas cubiertas por lonas, un banco de trabajo vacío y un letrero tallado con el apellido Fumioka. Ninguna herramienta se encontraba en uso. El lugar parecía haber sido abandonado a mitad de una jornada y no retomado desde entonces.
Rin llamó a la puerta. Los pasos llegaron casi inmediatamente, como si alguien hubiera permanecido esperando detrás de ella. El hombre que abrió debía rondar los cuarenta años, aunque la falta de sueño añadía dureza a su rostro. Tenía cabello castaño recogido de manera descuidada, barba reciente y las manos cubiertas por pequeñas cicatrices propias del oficio. Sus ojos descendieron hacia los protectores de Kirigakure antes de recuperar una mínima esperanza.
<¿Vienen por Hana?>
<Sí. Somos parte del equipo asignado a continuar la búsqueda. Necesitamos hacerle algunas preguntas y revisar la información desde el principio>
El señor Fumioka abrió completamente y permitió el paso. El recibidor comunicaba con una sala sencilla, limpia en casi todos sus espacios excepto por la mesa central. Sobre ella se acumulaban mapas, notas, tazas sin recoger y varios dibujos de la niña. Una pared estaba cubierta por marcas que señalaban las zonas revisadas durante los días anteriores. Círculos de tinta rodeaban canales, plazas, almacenes y viviendas de conocidos.
La esposa de Fumioka se levantó al verlos entrar. Se llamaba Emi y parecía haber descansado todavía menos que su marido. Llevaba una manta sobre los hombros, el cabello sujeto detrás de la cabeza y una taza fría entre las manos. Junto a ella permanecía una mujer mayor, Tomoe, abuela de Hana, quien se ocupaba de mantener la casa y responder a las visitas mientras los padres alternaban entre esperar y buscar.
Fumioka apartó varios papeles y ofreció asiento. Emi permaneció frente a la mesa, sujetando la taza aunque no bebía. Tomoe preparó té sin preguntar y lo distribuyó antes de ocupar un lugar cercano. El ambiente no se sentía únicamente triste; estaba cargado por tres días de incertidumbre, versiones repetidas y cada sonido exterior confundido con la posibilidad de que Hana regresara.
<Salió después de comer> comenzó Fumioka. <Serían poco más de las tres. Dijo que iba a la plaza para jugar con Yui y Sora. Siempre vuelve antes de que oscurezca y conoce estas calles. Cuando empezó a llover pensé que regresaría, pero pasó una hora y después otra>
<Yo le pedí que llevara la bufanda> añadió Emi. <La roja. Se quejó porque decía que no hacía tanto frío, pero terminó poniéndosela. También llevaba a Usagi, el conejo que le hizo su padre>
Rei colocó el retrato sobre la mesa y pidió que describieran la ropa con precisión. Emi confirmó cada elemento del informe y añadió que la túnica tenía flores blancas bordadas en las mangas. Hana llevaba el cabello recogido parcialmente mediante un cordón amarillo. No tenía dinero cuando salió, salvo quizá una moneda guardada de días anteriores. La vendedora de dulces afirmó que compró una golosina, por lo que debía conservarla desde antes.
Rin examinó los mapas preparados por Fumioka. Algunas zonas estaban marcadas varias veces, mientras otras solamente presentaban una línea. El padre explicó que revisaron todos los lugares donde Hana acostumbraba esconderse: debajo del puente de la plaza, detrás del almacén de papel, en el jardín de una amiga y dentro de una pequeña caseta abandonada. También recorrieron el canal hasta las rejillas, sin encontrar ropa ni objetos.
<¿Hana tenía prohibido ir a algún lugar?>
Emi y Fumioka intercambiaron una mirada.
<A los canales del sur> respondió el padre. <Hay talleres cerrados y el agua corre con fuerza después de la lluvia. También le prohibimos acercarse a la zona de almacenes sin un adulto>
<Los lugares prohibidos suelen ser los primeros que visitan los niños cuando creen que nadie los observa. ¿Alguna vez la encontraron allí?>
Fumioka admitió que, varios meses atrás, Hana y otros niños habían seguido a un gato hasta uno de los talleres abandonados. Recibió un castigo y prometió no regresar. Desde entonces no existían indicios de que hubiera desobedecido, pero tampoco podían garantizarlo. Rin marcó aquel sector en la copia del mapa. La guardia había revisado las calles principales, aunque no cada edificio cerrado.
Rei preguntó por los otros niños. Yui regresó a su casa acompañada por su hermano mayor. Sora permaneció en la plaza hasta que su madre fue a buscarlo. Ambos aseguraron que Hana se marchó diciendo que quería ver algo antes de volver. Ninguno recordaba qué era; Sora creyó escuchar la palabra «barco», mientras Yui entendió «barro». La diferencia había llevado a revisar tanto el canal como varias zonas de juego sin resultado.
<¿Había hablado durante los días anteriores de alguna persona nueva, un regalo o un lugar que quisiera visitar?>
Emi negó primero, pero Tomoe dejó la tetera sobre la mesa.
<Mencionó a un hombre que hacía juguetes> recordó la abuela. <Dijo que había visto una caja llena de animales de madera cerca de la plaza. Pensé que hablaba de algún vendedor ambulante y no le presté atención porque su padre fabrica cosas parecidas>
Fumioka levantó la mirada de inmediato. Nunca había escuchado aquella historia. Tomoe explicó que Hana lo comentó dos días antes de desaparecer. El hombre le mostró un pájaro articulado y aseguró que también sabía fabricar conejos que movían las patas. La niña no dijo haberlo acompañado ni recibido nada. Solamente parecía emocionada por encontrar a alguien capaz de construir juguetes distintos a los de su padre.
La información no figuraba en los reportes porque Tomoe no había estado presente durante las primeras entrevistas. Los guardias preguntaron por desconocidos que hablaran con Hana, pero Emi y Fumioka respondieron que no conocían ninguno. Rei anotó cada detalle sin convertirlo todavía en una conclusión. Un artesano ambulante podía ser inocente; también podía explicar por qué la niña abandonó la ruta habitual sin mostrar señales de resistencia.
<¿Cómo era?>
<Hana solamente dijo que llevaba un sombrero grande y que olía a pintura. No sé nada más>
Rin pidió ver la habitación de la niña. Emi los condujo por un pasillo hasta una puerta decorada con peces tallados. El dormitorio permanecía como Hana lo había dejado: la cama ordenada a medias, varias prendas dobladas, dibujos sujetos a la pared y figuras de madera distribuidas sobre un estante. Había conejos, aves, un pequeño tiburón y una embarcación con vela de tela.
Rei revisó los dibujos con permiso de la madre. La mayoría representaba la casa, la familia y lugares del vecindario. Uno, elaborado con tinta azul y roja, mostraba una figura junto a un carro cubierto. Alrededor había varios animales pequeños. Hana había dibujado también tres líneas onduladas bajo las ruedas, quizá agua, y una construcción alta al fondo.
<¿Reconoce este lugar?>
Emi sostuvo el dibujo y negó. Fumioka se aproximó después. La construcción podía ser una torre de vigilancia, una chimenea o simplemente un árbol mal representado. La fecha escrita en una esquina correspondía al día anterior a la desaparición. Hana ya había visto el carro o pensaba volver a encontrarlo.
Rin abrió el armario y comprobó qué prendas faltaban. No había preparado equipaje. Sus zapatos adicionales, el abrigo grueso y los objetos favoritos continuaban allí. La niña no planeaba ausentarse durante mucho tiempo. También encontraron una caja pequeña con dos animales de madera que Fumioka aseguró no haber fabricado. Uno era un zorro y el otro un ave con alas móviles.
La pintura del ave todavía desprendía un olor leve, dulce y aceitoso.
<Nunca había visto esos juguetes> afirmó Fumioka, endureciendo la voz. <Si alguien se los dio, Hana no nos lo contó>
Rei envolvió ambas figuras por separado para conservar cualquier rastro. El ave tenía una mancha de barro rojizo en la base, distinto al suelo oscuro predominante alrededor de la residencia. Ciertas zonas del sur, próximas a antiguos talleres de cerámica, conservaban arcilla de aquel color. El carro dibujado, los canales prohibidos y el supuesto fabricante empezaban a señalar una dirección común, aunque todavía necesitaban hablar con los niños y la vendedora.
De regreso en la sala, Rin pidió a Fumioka que permaneciera en casa durante la primera parte de la búsqueda. El hombre se negó de inmediato. Llevaba tres días recorriendo Kirigakure y no aceptaba esperar mientras otros buscaban a su hija. Rin no suavizó la respuesta.
<Ya revisó los mismos lugares varias veces sin descansar. Si se adelanta, puede borrar rastros, alertar a alguien o convertirse en otra persona que tengamos que localizar>
Fumioka apretó las manos sobre la mesa, pero Rei intervino antes de que la conversación se transformara en una discusión.
<Necesitamos que alguien permanezca aquí por si Hana regresa o llega un mensaje. También debe ordenar todo lo que recuerde sobre ese vendedor, los juguetes y cualquier persona que haya mostrado interés en su familia. Esperar no significa quedarse sin hacer nada>
Emi apoyó una mano sobre el brazo de su esposo. Después de varios segundos, Fumioka aceptó, aunque exigió recibir noticias tan pronto como encontraran cualquier indicio. Tomoe se ocuparía de revisar los objetos de Hana y buscar otros regalos que no pertenecieran a la familia. Emi preparó una lista de amigos, comerciantes conocidos y lugares visitados durante la última semana.
Rin extendió el mapa sobre la mesa y estableció los primeros puntos. Comenzarían en la plaza para reconstruir la tarde con Yui y Sora. Después visitarían el puesto de dulces y seguirían la dirección en que la vendedora creyó ver a Hana. Los talleres del sur y la antigua zona de cerámica quedarían como destino siguiente si las figuras confirmaban aquella relación.
Rei guardó el dibujo y los juguetes como evidencia, dejando constancia de cada objeto retirado. También pidió una prenda usada recientemente por Hana, protegida dentro de una bolsa, por si encontraban a alguien con capacidad para rastrear su olor o necesitaban compararla con fibras. Emi entregó una chaqueta ligera que la niña había llevado el día anterior a su desaparición.
La familia acompañó a los shinobi hasta la entrada. La lluvia continuaba cayendo sobre la galería y la neblina parecía haberse cerrado alrededor de la calle. Fumioka observó hacia ambos extremos como si todavía esperara reconocer la bufanda roja entre las siluetas. Emi permaneció junto a él, sosteniendo contra el pecho uno de los dibujos de su hija.
<Tráiganla a casa> pidió Fumioka.
Rei ajustó la protección de la bolsa donde guardaba las pruebas.
<Vamos a seguir cada lugar que visitó y cada persona con la que habló. Si alguien sabe dónde está, lo encontraremos>
Rin no ofreció una promesa imposible. Miró el mapa una última vez, comprobó la dirección de la plaza y descendió los escalones.
<Empezaremos por la última persona que la vio>
La puerta de la residencia quedó abierta durante unos segundos, con la familia reunida bajo la luz del interior. Después se cerró para esperar noticias. Afuera, las huellas más antiguas de Hana habían desaparecido bajo tres días de lluvia, tránsito y búsquedas incompletas, pero la niña había dejado otras señales sin saberlo: dos juguetes desconocidos, un dibujo, el recuerdo de un carro y una conversación que nadie consideró importante hasta entonces.
Con aquella información reunida y una ruta definida, la búsqueda podía comenzar.
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