La tarde comenzaba a apagarse sobre el Distrito Comercial de Konoha cuando el Yamanaka llegó hasta el pequeño negocio desde donde se había solicitado la misión. Su propietaria lo esperaba en la entrada con una mezcla bastante particular de preocupación y fastidio. El motivo era Mochi, su gato, aunque rápidamente dejó claro que encontrar a su mascota no era lo único que estaba en juego.
-Mochi se llevó una joya. Bueno... técnicamente no creo que quisiera llevársela. Saltó sobre el mostrador y la cadena terminó enredada alrededor de su cuello. Después salió corriendo.
La pieza pertenecía a uno de sus clientes y tenía suficiente valor como para convertir la travesura del animal en un problema bastante serio. La cadena no parecía haberse ajustado alrededor del cuello de Mochi, por lo que la mujer no creía que estuviera en peligro inmediato, pero cuanto más tiempo permaneciera recorriendo el distrito, mayores serían las posibilidades de que la joya se perdiera, se rompiera o terminara en manos de alguien más. Por suerte, localizar el comienzo de su recorrido no sería particularmente complicado.
-Empieza por la plaza. Créeme... vas a darte cuenta de que estuvo allí.
La explicación cobró sentido apenas llegó. Cerca de una jardinera se había formado un pequeño grupo de vecinos que discutía mientras alguno se cubría la nariz. Mochi había hecho sus necesidades exactamente en medio de uno de los espacios más transitados de la plaza y alguien había tenido la mala suerte de pisarlas antes de darse cuenta. Entre las protestas, el olor y las acusaciones contra la comerciante por dejar suelto al animal, aquel pequeño desastre servía al menos para confirmar que Mochi había pasado recientemente por allí.
Hablar con los vecinos revelaría algo bastante más útil. Mochi no había desaparecido sin dejar rastro. Durante las últimas horas diferentes personas aseguraban haberlo visto recorriendo cuatro sectores del Distrito Comercial. Almacenes, Viviendas, Depósitos y Talleres. Nadie sabía con seguridad cuál había sido el último lugar que visitó, pero todos coincidían en una cosa: en cada sitio por el que había pasado había dejado algún problema detrás.
En los Almacenes, Mochi se había metido entre una pila de sacos recién acomodados. Al intentar perseguirlo, varios habían terminado cayendo y uno se había abierto, desparramando parte de su contenido y dejando el paso parcialmente bloqueado. El encargado había visto al gato marcharse, pero estaba demasiado ocupado intentando recuperar la mercancía como para ponerse a reconstruir su recorrido.
En las Viviendas, el gato había atravesado un tendedero saltando entre una pared y otra. Varias prendas habían terminado en el suelo y una cuerda permanecía peligrosamente enganchada sobre el paso entre las casas. La propietaria de aquellas prendas aseguraba haber visto perfectamente a Mochi y recordaba algunos detalles de su recorrido, aunque difícilmente estaría dispuesta a colaborar mientras sus pertenencias continuaran desparramadas.
En los Depósitos, Mochi había conseguido asustar a varios animales utilizados para transportar mercancías. Algunas cajas habían terminado desplazadas y una de ellas bloqueaba parcialmente una entrada. Uno de los trabajadores aseguraba incluso haber visto claramente el brillo de la joya alrededor del cuello del gato antes de perderlo de vista.
Finalmente estaban los Talleres. Allí el desastre parecía haber sido especialmente ruidoso. Un artesano afirmaba que Mochi había irrumpido mientras trabajaba, provocando la caída de materiales y herramientas antes de desaparecer entre la zona de trabajo. Parte del taller había tenido que ser cerrada para evitar que alguien terminara lastimándose con todo lo que había quedado desparramado.
Aquellos cuatro sectores eran las únicas ubicaciones confirmadas por los testigos. Mochi se encontraba todavía escondido en uno de ellos.
El Yamanaka tendría que escoger dónde comenzar.
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