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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Agua   ›   Kirigakure no Sato   ›   Zona Residencial
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Misión D: La casa que nadie alquila
Hachibi
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13-08-2026, 07:45 AM
Última modificación: 13-08-2026, 08:00 AM por Hachibi.
[Imagen: FADPdAn.png]
27 de Verano, año 150. 

La niebla de Kirigakure no era especialmente espesa aquella mañana, aunque bastaba para diluir los límites de las construcciones más alejadas y dejar sobre los tejados una fina película de humedad. En aquel sector residencial, donde las viviendas parecían guardar una distancia prudente entre sí, una propiedad sobresalía por encima del resto.
 
No era difícil comprender por qué alguien querría vivir allí, con una majestuosidad que el tiempo no había sabido arrebatarle. Tras un muro de piedra envejecida se levantaba una mansión de dos plantas, amplia, de maderas oscuras y tejados superpuestos que conservaban un estilo mucho más antiguo que las construcciones que la rodeaban. Un sendero de piedra atravesaba el jardín hasta desembocar en una breve escalinata frente a las puertas principales; a un costado podía distinguirse parte de un jardín ornamental y, al otro, un camino más ancho rodeaba la vivienda hacia las dependencias posteriores.
 
Vieja, sí. Abandonada, jamás. Alguien continuaba cuidándola lo suficiente para impedir que la humedad y la vegetación terminaran reclamándola por completo. No parecía, sin embargo, una vivienda habitada: aquel cuidado tenía algo periódico, casi profesional, como si alguien acudiera únicamente a mantenerla presentable.
Dos personas aguardaban frente a la entrada.
 
—No tienes por qué seguir preocupándote por eso.

La voz masculina llegó primero. El hombre debía encontrarse ya en una edad madura. Vestía con sobriedad, pero cuidaba cada detalle de su apariencia con esa clase de orden que parecía menos una demostración de riqueza que una costumbre adquirida con los años. Frente a él, una mujer sostenía las manos juntas a la altura del vientre mientras escuchaba. Había elegancia en su porte, aunque sus ropas eran bastante más modestas de lo que aquella presencia habría hecho esperar.
 
—En cuanto podamos venderla, separaré una parte para ti. Con eso podrás instalarte tranquila y olvidarte de estos gastos.
La mujer dejó escapar una pequeña risa.
 
—Llevas demasiado tiempo diciéndome que deje de preocuparme.
 
—Y tú demasiado tiempo ignorándome.
 
No hubo reproche en ello. Ella simplemente negó con suavidad antes de volver los ojos hacia la mansión. La sonrisa no desapareció, aunque sí cambió. Durante algunos segundos observó las ventanas de la planta alta, después el jardín y finalmente la puerta principal. No parecía contemplar una propiedad particularmente valiosa ni calcular cuánto podría obtenerse por ella; había algo distinto en aquella pausa, la familiaridad de quien mira un lugar y recuerda cosas que nadie más presente podría ver.
 
—Se siente extraño verla así —murmuró.

El hombre siguió la dirección de su mirada.
 
—Lo sé. 
 
—Estará bien.
 
—Lo estará.
 
Ella le dedicó una sonrisa algo más amplia. Al advertir entonces la presencia del shinobi que se aproximaba, sus ojos se desviaron apenas hacia él: una mirada breve y educada, quizá curiosa ante las vendas que cubrían buena parte de su figura, pero sin detenerse demasiado.
 
—Entonces los dejo trabajar.
 
—Te avisaré en cuanto tenga noticias.
 
La mujer asintió y se despidió con una ligera inclinación antes de tomar el sendero hacia el exterior de la propiedad. El hombre permaneció observándola hasta que ella y Naoto se cruzaron; solo entonces dirigió toda su atención hacia el recién llegado.
 
—Supongo que usted es el shinobi que enviaron.
 
Su expresión se abrió inmediatamente en una sonrisa cordial. Descendió un par de escalones para no obligarlo a conversar desde abajo y extendió una mano por simple cortesía, sin insistir en el gesto si Naoto decidía no corresponderlo.
 
—Akihiro. Akihiro Senda. Muchas gracias por venir.
 
Su forma de hablar resultaba tranquila y agradable, nada especialmente ceremonioso, aunque sí poseía el porte de alguien acostumbrado a tratar con otras personas y procurar que estas se sintieran cómodas. Con una mano señaló la mansión a sus espaldas.
 
—Me gustaría poder decirle que todo esto es una exageración de los vecinos, pero ya hemos tenido varias familias marchándose prácticamente en mitad de la noche. Pasos donde no hay nadie, golpes dentro de las paredes, cosas que dejan en un sitio y aparecen en otro... Una familia aseguró incluso haber visto a alguien dentro de la casa. Naturalmente, cuando fueron a buscarlo, no había nadie.
 
Se rascó ligeramente la cabeza, más exasperado que preocupado, y extrajo después un llavero de uno de sus bolsillos. Cuatro piezas colgaban de la argolla: dos llaves relativamente comunes y de distinto tamaño, una tercera de hierro con pequeñas manchas de óxido y una última de latón oscurecido, visiblemente más antigua que las demás. Akihiro las contempló apenas un instante mientras separaba la que correspondía a la entrada.
 
—La cerradura principal no ha sido forzada. Tampoco hemos encontrado ventanas rotas ni señales claras de que alguien haya entrado desde fuera. Por eso comenzaron los rumores. Y una casa embrujada no es particularmente fácil de vender.
 
Había algo ligeramente divertido en su forma de decirlo, como si la posibilidad le pareciera absurda incluso después de tantos incidentes.
  
—Personalmente, creo que alguien descubrió una manera de entrar y está aprovechándose de la reputación del lugar. Quizá algún muchacho del distrito, quizá alguien interesado en que pierda valor. Prefiero pagar para averiguarlo antes que seguir especulando.
 
Finalmente acercó el manojo completo hacia Naoto.
 
—Puede revisar cuanto necesite y quedarse esta noche. Esa es precisamente la idea. No debería haber nadie más dentro.
 
Se giró ligeramente y comenzó a señalar las distintas partes de la propiedad.
 
—La entrada da al vestíbulo principal. Desde allí puede subir al segundo piso. Abajo encontrará las salas, el estudio y algunas antiguas dependencias familiares. La cocina y las habitaciones de servicio están hacia la parte posterior. Por aquel lado puede rodear la casa hasta el patio; hay un cobertizo y una entrada secundaria de servicio. El jardín está del otro lado, aunque no creo que vaya a encontrar demasiado allí.
 
Su mirada ascendió hacia las ventanas superiores.
 
—Arriba están los dormitorios y algunas habitaciones prácticamente vacías. El ático todavía conserva bastantes muebles y cajas; cuando empezamos a despejar la casa, muchas cosas terminaron allí porque era más cómodo guardarlas que decidir inmediatamente qué hacer con ellas. Así que, si escucha algo caer ahí arriba, antes de declararlo actividad sobrenatural le agradecería comprobar que no haya sido una silla mal apilada o una ardilla.
 
La sonrisa regresó fugazmente antes de que retrocediera un paso, dejando libre el camino hacia la escalinata.
 
—Fuera de eso, la casa es suya mientras dure la investigación. Dentro de dos días vendrá alguien interesado en verla, así que agradecería tener algo que decirle para entonces.
 
Pareció dispuesto a retirarse, aunque recordó algo antes de hacerlo.
 
—Ah. Si encuentra algo personal entre las cosas guardadas, documentos, fotografías, recuerdos familiares o similares, déjelo aparte. Todavía estamos terminando de separar aquello que debe conservarse de lo que puede marcharse con la propiedad.
 
La indicación fue dada con la misma naturalidad que todo lo anterior. Akihiro introdujo las manos en las mangas de su ropa y contempló una última vez la mansión.
 
—Espero que esta noche consiga descubrir qué está asustando a todo el mundo.

Frente a Naoto, las puertas permanecían cerradas. Las cuatro llaves ya estaban en sus manos.

Notas de la Misión

Bienvenido a tu misión de rango D.
En esta ocasión, además de la investigación habitual, la misión contará con un sistema de Rutas. Las decisiones que tomes sobre qué lugares revisar, qué indicios seguir y a qué elementos dar prioridad determinarán el desarrollo de la misión. Algunas rutas pueden acercarte rápidamente a la resolución, mientras que otras pueden conducirte a información secundaria, explicaciones incompletas o hacer que la investigación requiera más tiempo. No necesariamente habrá decisiones «incorrectas», pero sí decisiones con consecuencias distintas.

El primer post estará dedicado al reconocimiento de la mansión. Podrás recorrerla, familiarizarte con su distribución, revisar sus espacios y realizar las acciones que consideres oportunas.

A partir del segundo post comenzará formalmente la investigación. Entonces podrán aparecer indicios y oportunidades para escoger qué línea seguir. Los rasgos, estadísticas y recursos de Naoto podrán ayudarte a reducir la incertidumbre o conseguir información adicional, pero la interpretación de lo encontrado seguirá siendo importante.

La misión dispone de un margen de tiempo. Resolverla con rapidez dependerá de las rutas elegidas; prolongar demasiado la investigación puede provocar complicaciones y, en determinadas circunstancias, comprometer el resultado de la misión.

[Imagen: zqXvL9T.png]
[Imagen: U5PVf8g.png]
[Imagen: S75jCGe.png]
[Imagen: IwlDVjR.png]
Naoto
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14-08-2026, 08:29 PM
Naoto caminó por un sendero solitario rodeado de hogares pudientes y acompañado por la escasa neblina de esa mañana. Un sector adinerado. Pocas veces su trabajo lo había llevado hasta ese rincón de la aldea. Toda la riqueza de los acaudalados ciudadanos invertida en lujosas casas. Su mirada se perdió sobre las distintas fachadas, interesado por cómo cada familia consiguió llegar hasta allí.
 
Metió su mano por debajo del kimono, a la altura del pecho y sacó un pequeño pergamino repleto de indicaciones e información. Su misión lo esperó en el final del camino: una mansión que hacía alarde de opulencia frente a las otras casas que junto a ella parecían humildes. Estaba el rico, pero encima del rico estaba el rico y poderoso. El muchacho sintió genuina curiosidad por el misterio que rodeaba la propiedad gracias a la descripción tallada en el papel.
 
Volvió a guardarlo.
 
Ahora sus ojos estaban puestos en la estructura que imponía un aura magistral, una diferencia de jerarquía sobre todo lo que le rodeara. La mansión actuaba como aquellas mujeres famosas que se llevan todas las miradas en el salón: era la protagonista, la seductora, la acogedora, la atractiva.
 
Naoto recién se percató a escasos metros de dos individuos en la entrada. Ese era el poder de una mansión bien hecha.  
 
Analizó a las dos personas en silencio, a medida que se aproximaba, y se percató de que estaban teniendo una conversación. Su mirada, obviamente, se posó sobre los ropajes comprendiendo con rapidez una coincidencia evidente entre la zona y los habitantes: lujos. Se sintió extraño. Al lado de ellos él… parecía una especie de momia vagabunda. Un monstruo que venía a aportar al pasado de misterio que escondía la mansión.
 
Cruzaron miradas con la dama y la dejó marchar. Después, posó su atención sobre el hombre.
 
—Está en lo correcto —dijo en el mismo tono que el hombre.
 
La única diferencia era su voz carrasposa, dañada. Extendió su mano para corresponder el saludo.
 
El shinobi mantuvo el silencio mientras escuchaba las explicaciones de Akihiro. Su cabeza había comenzado a maquinar preguntas, ideas, posibilidades. Todo podía ser. Desde una estupidez mayúscula hasta una intrincada y oscura sorpresa. Por supuesto la atención cayó sobre la hipótesis que el hombre barajó.
 
Soltó una ligera sonrisa y asintió.
 
—Es una posibilidad. Que alguien haya descubierto la manera de entrar, no por fuera, sino por dentro.
 
Tomó el llavero y lo observó con detenimiento. Tenía preguntas, pero el hombre fue más rápido. Así que escuchó las descripciones de los diferentes sectores del hogar, intentó guardar en su mente cada lugar, pero era demasiado incluso para él. Debía verlo por su propia cuenta.
 
El hombre hizo una pausa y Naoto intentó hablar, pero fue opacado de nuevo por una petición particular. Sus ojos se posaron sobre las llaves de nuevo, y después sobre el hombre. A la par que este hablaba, miró de reojo la puerta cerrada. Alzó la mano mostrándole el juego de llaves.
 
Movió la mano suavemente, generando un tintineo metálico entre las llaves, buscando la atención del dueño.
 
—Al menos podría decirme qué abre cada una —seguido de una pausa señaló la mansión—. ¿Y quién entra en la propiedad habitualmente?
 
Con esas dos preguntas solucionadas. Naoto procedería a trabajar.
 
Antes de introducir ninguna de las llaves en la cerradura, se apartó unos cuantos pasos de la entrada y volvió a observar el edificio. Esta vez no lo hizo como alguien impresionado por su tamaño, sino con la intención de memorizarlo. La fachada, la cantidad de ventanas visibles, la separación aproximada entre ellas, la altura de cada piso y el espacio que ocupaba la construcción dentro de la propiedad. Empezó desde uno de los extremos y caminó alrededor de la mansión con tranquilidad, bordeando sus paredes sin alejarse demasiado.
 
No buscaba todavía una pista concreta. Pretendía saber dónde estaba parado.
 
La hipótesis de Akihiro resultaba sencilla: alguien entraba cuando nadie estaba allí. Sin embargo, aquello implicaba necesariamente una entrada, una salida o un lugar donde permanecer oculto durante largos periodos de tiempo. Si las puertas permanecían cerradas y las ventanas no mostraban signos evidentes de haber sido forzadas, entonces existían otras posibilidades. Una propiedad tan grande, además, podía ocultar defectos, reformas antiguas o espacios que sus propios dueños hubiesen dejado de utilizar con el paso de los años.
 
Naoto recorrió el perímetro prestando atención a las entradas secundarias, ventanas bajas y cualquier estructura conectada al edificio. De vez en cuando se detenía y alzaba la mirada hacia los pisos superiores, contando mentalmente las aberturas y tratando de relacionarlas con las habitaciones que Akihiro había mencionado. No necesitaba recordar medidas exactas. Le bastaba con hacerse una imagen general de la estructura.
 
Una vez regresó hasta la entrada principal, contempló nuevamente la fachada.
 
—Espero que valga la pena...
 
La frase apenas salió de su boca.
 
Escogió la llave correspondiente e ingresó.
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14-08-2026, 10:52 PM
El hombre ya había entregado el manojo tras separar la llave de la puerta principal cuando Naoto volvió a sacudirlo frente a él. Akihiro observó primero las llaves y después al shinobi con una ligera expresión de desconcierto. La observación anterior sobre alguien que pudiera «entrar desde dentro» ya le había resultado suficientemente peculiar, pero decidió no hacer comentario alguno y se limitó a aclararse la garganta.
 
—La que separé al principio abre la puerta principal. La otra que está igual de nueva es de la entrada trasera. La siguiente es del cobertizo y... —se llevó una mano a la barbilla mientras observaba la última. No recordaba haberla utilizado nunca, aunque evidentemente llevaba allí bastante tiempo—. La última debe ser algún viejo recuerdo.
 
No pareció darle mayor importancia. Quizá llevaba tantos años colgando de aquel llavero que nadie se había molestado ya en preguntarse qué abría.
 
—En cuanto a quién entra habitualmente, yo vengo cuando hace falta enseñar la propiedad o revisar alguna cosa. También vienen personas de mantenimiento de vez en cuando, pero si no estoy es solo para el exterior; y ella… —indicó vagamente el sendero por el que había desaparecido la mujer— ha estado ayudando a separar lo que se tira y lo que se queda. Fuera de eso, nadie debería estar entrando.
 
Alzó finalmente una mano a modo de despedida y comenzó a alejarse. Bastaron unos cuantos metros para que la bruma de Kirigakure fuera desdibujando su figura hasta reclamarlo como a cualquier otro habitante de la aldea.

 
A simple vista, el interior era amplio en todos los sentidos. Apenas quedaban algunos muebles de uso provisional y, sin ellos ocupando el espacio, las habitaciones parecían todavía mayores; algunas podían rivalizar en tamaño con viviendas bastante más modestas.
 
Lo primero que recibía a cualquiera que atravesara la entrada era el vestíbulo y la escalera principal, cuyo descanso permitía apenas entrever parte de la segunda planta sin revelar demasiado de ella.
 
A la izquierda de la entrada había un pequeño baño de visitas y un espacio destinado a dejar abrigos y otras pertenencias. Más adelante se encontraban el estudio y una habitación secundaria. El ala derecha estaba ocupada por la sala principal y el comedor, mientras que al fondo se concentraban la cocina, la despensa, la lavandería y otras dependencias domésticas.
 
La segunda planta era considerablemente más privada. Tres dormitorios se repartían alrededor del pasillo: el principal y otro de dimensiones semejantes contaban con baño propio, mientras que el dormitorio de invitados utilizaba un baño común situado al otro lado del corredor. Cerca de este último había también un armario de blancos. Una pequeña estancia separada contenía la escalera que conducía al ático.
 
El recorrido exterior que Naoto había realizado antes de entrar empezaba, sin a resultarle útil. No existía una diferencia extraordinaria, nada que llamara la atención de alguien que simplemente recorriera la vivienda, pero algunas proporciones no terminaban de cuadrar con aquello que había observado desde fuera. En especial hacia uno de los laterales, ciertos muros parecían ocupar más espacio del necesario entre una habitación y otra. 
 
Desde una de las ventanas del segundo piso podía verse con claridad el cobertizo del patio trasero. Oscuro, apartado y situado junto a las antiguas dependencias exteriores, parecía haber servido durante años más para almacenar herramientas y materiales que para cualquier función doméstica.
 
Y después estaba el ático.
 
Incluso sin revisarlo a profundidad, bastaba asomarse para comprender que buena parte de lo retirado de la mansión había terminado allí: muebles cubiertos, cajas, baúles, textiles, cuadros y objetos de distintas épocas ocupaban gran parte del espacio disponible. Revisarlo con verdadero detenimiento llevaría tiempo.

Off

Te te presentan tres rutas posibles:
  • El cobertiso
  • El ático
  • Las dimensiones extrañas. 

Cada una conduce a información diferente y hará avanzar la misión de una forma distinta. En tu siguiente post solo podrás investigar una de ellas.
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15-08-2026, 05:31 AM
Cuando el hombre emprendió la marcha el shinobi bajó la vista hacia las llaves y se mantuvo en silencio. Removió entre los dedos cada una. La última era la que más llamaba su atención. Impregnada en misterio yacía frente a sus ojos, como si fuese una pieza de rompecabezas.
 
Ingresó a la mansión. Pareció que estaba ingresando a la corte de un rey con el cuidado que el shinobi se adentró.
 
Se detuvo en el jardín, miró hacia los lados y contempló la vegetación que adornaba la mansión; el lugar estaba cargado de flores, plantas, árboles, incluso un estanque que recorría parte del jardín. La neblina arruinaba un poco la vista, o quizás le daba ese toque de misterio y un poco de identidad. Naoto pensaba lo primero: si vas a tener una mansión, que se pueda ver linda desde todos los ángulos. Esta edificación junto a sus alrededores en cualquier otro país sería oro puro.
 
—Maldita neblina… —murmuró por lo bajo. Imperceptible.
 
Por su cabeza se le pasó tratar de calcular el valor del inmueble. Era un territorio envidiable. Cualquiera que tuviese un mínimo de ambición lo querría. Aquella estrategia de bajar el precio al lugar no fue tan descabellada cuando el shinobi la meditó con detenimiento.
 
Su mano derecha cargaba consigo el manojo de llaves. Introdujo la primera en la puerta principal y accedió despacio. Sintió inquietud en la primera impresión. Un lugar demasiado grande, demasiado desocupado. Lo incomodó. El silencio incomodaba. Demasiada tranquilidad. Quizás estaba sugestionado, pero lo comparó inmediatamente como cuando un insecto ingresa en los reinos de un depredador. Daba la sensación de que alguien, en silencio, podía estar mirándolo pasearse por sus dominios.
 
Lanzó un suspiro. Su mirada fue desde la escalera hacia los rincones del vestíbulo. No tenía sentido el enorme tamaño del lugar.
 
Naoto se mantuvo quieto varios segundos, incluso minutos, mirando hacia todas direcciones. No sabía qué hacer. Parecía un laberinto. Intentó recordar las indicaciones del hombre.
 
—Supongo que el orden lógico será de abajo hacia arriba… —se propuso a sí mismo, intentando darse compañía con su propia voz.
 
Caminó hacia la izquierda y contempló al recibidor, pero no notó nada demasiado extraño. Metió medio cuerpo en el baño, inclinándose hacia el interior de este para comprobar que todo estuviera en orden. Luego recorrió el resto: se paseó por el estudio y por la habitación aledaña, comprobando que había otro baño en su interior. Luego, en el ala derecha, identificó el cuarto de estar y el comedor.
 
—Están separados… —dijo comparándolo con su propio departamento, donde estaba todo amontonado.
 
Finalmente, atravesó el hogar hasta el otro extremo y miró lo restante. Cocina, lavandería. Lo tenía todo.
 
No pudo sacarse de la cabeza la sensación de que, de cualquier rincón, de cualquier esquina, de cualquier giro que uno pudiese hacer para ir hacia la siguiente habitación, podría estar alguien o algo esperándolo en medio del silencio interrumpido por los ligeros y sigilosos pasos del ninja. Definitivamente si alguien deseaba hacer un asesinato allí, nunca más encontrarían el cuerpo.
 
Tragó saliva. No comprendió por qué se sentía tan irritado. Era algo mental. La poca costumbre de pasearse por lugares así.
 
Se giró rápidamente y miró hacia los lados.
 
—Hay algo extraño…
 
Volvió al vestíbulo y se quedó en el centro, de nuevo por un par de minutos. Algo anduvo mal desde la primera vez que ingresó. No en él, sino con la mansión. Su mirada cayó sobre las paredes, como si su inspección desde fuera no concordara con las dimensiones que el shinobi vio al ingresar. Algo no cuadraba. Había recorrido toda la planta y, sin embargo, sentía que algo no terminaba de encajar. No sabía explicar qué. Miró hacia la dirección por la que había venido, reconstruyendo mentalmente el perímetro que había observado antes de entrar.
 
El shinobi volvió sobre sus pasos e intentó cuadrar las dimensiones. Se cruzó a una habitación y luego volvió. Lo hizo de nuevo, una y otra vez.


Se cruzó a una habitación y luego volvió. Lo hizo de nuevo, una y otra vez.

La primera vez creyó haberse confundido. La segunda comenzó a incomodarlo. Para la tercera ya no estaba recorriendo aquella parte de la mansión por simple curiosidad, sino buscando aquello que sus ojos se negaban a mostrarle con claridad. Se detenía frente a las puertas, observaba hacia el interior, regresaba al corredor y volvía a calcular mentalmente dónde debía encontrarse cada espacio respecto al exterior.

Las ventanas le sirvieron de referencia.

Naoto se acercó a una de ellas y miró hacia el jardín, intentando reconocer desde dentro aquello que había visto minutos atrás. Después caminó hasta la habitación contigua, repitió el procedimiento y permaneció allí unos segundos.

El shinobi volvió sobre sus pasos e intentó cuadrar las dimensiones. Se cruzó a una habitación y luego volvió. Lo hizo de nuevo, una y otra vez. La primera vez pensó que simplemente se había confundido por el tamaño de la propiedad; después de todo había demasiadas habitaciones, corredores y espacios que no estaba acostumbrado a recorrer. Pero mientras más repetía el camino, más molesta se volvía aquella sensación. Se detuvo junto a una de las ventanas y miró hacia el exterior intentando utilizar el jardín como referencia. Recordaba aproximadamente dónde comenzaba aquella sección de la fachada, dónde terminaba y cuánto espacio había entre una ventana y la siguiente. Volvió a mirar hacia el interior y su ceño se frunció.

Algo sobraba.

No era una diferencia exagerada, ni tampoco una evidencia tan obvia como para señalar inmediatamente la existencia de un cuarto secreto. Naoto tampoco quería dejarse llevar por la emoción de encontrar algo extraño solamente porque había acudido allí esperando encontrarlo. Una mansión podía tener paredes más gruesas de lo habitual, estructuras de soporte, conductos, reformas realizadas durante generaciones o cualquier otra explicación aburrida que terminara destruyendo el misterio. Sin embargo, el espacio entre determinadas habitaciones parecía demasiado amplio para corresponder únicamente a un muro.

Regresó nuevamente hacia la habitación anterior y observó la pared desde el otro lado. Caminó desde una esquina hasta la otra contando sus propios pasos, después hizo lo mismo en la estancia contigua. No era una medida perfecta, pero tampoco necesitaba serlo. Lo importante era comprobar si aquella incomodidad provenía de un error suyo o si efectivamente había algo allí que no concordaba con la imagen que había formado desde fuera. Repitió el proceso una segunda vez, con mayor lentitud, fijándose también en las posiciones de las puertas y ventanas.

—Qué raro…

La voz carrasposa desapareció rápidamente en el silencio.

Apoyó una mano vendada sobre la pared. Pasó los dedos con lentitud sobre la superficie, primero sin demasiado propósito y luego prestando atención a cualquier irregularidad que pudiese encontrar. Cambios en el revestimiento, pequeñas grietas, diferencias en la pintura, zonas donde la madera pareciese más nueva o cualquier indicio de que aquella sección hubiese sido modificada con posterioridad. Nada tenía por qué significar algo por sí solo, pero si aquel espacio realmente escondía alguna estructura distinta, esperaba encontrar al menos una imperfección.

Después cerró ligeramente la mano y golpeó la pared con los nudillos.

El sonido fue seco.

Avanzó algunos centímetros y volvió a hacerlo, comparando la resonancia. Continuó de esa manera a lo largo de la pared, deteniéndose cada cierto tramo para escuchar con atención. No pretendía romper nada ni realizar una inspección destructiva sobre propiedad ajena, simplemente quería comprobar si en algún punto el sonido cambiaba lo suficiente como para indicar la existencia de una cavidad detrás. Resultaba curioso que, después de leer testimonios sobre golpes provenientes del interior de las paredes, ahora fuese él quien terminara produciéndolos.

Una ligera sonrisa se formó en su rostro.

—Este podría ser el sonido... que escuchaban los testigos. Quizás yo pueda esconderme aquí y asustar a Akihiro en dos días...

La pequeña broma le sirvió para quitarse de encima parte de aquella incomodidad que lo acompañaba desde que había atravesado la entrada. Aun así, no dejó de mirar de reojo hacia la puerta de la habitación. La casa seguía demasiado silenciosa. Cada sonido que producía parecía viajar más lejos de lo necesario y durante algunos instantes hasta podía imaginar que alguien, escondido en alguna otra parte, guardaba silencio esperando que él terminara.

Naoto se agachó junto a la base del muro y revisó también el encuentro con el suelo. Deslizó los dedos por el zócalo, buscando uniones diferentes o alguna parte que pareciese haber sido removida. Después levantó la mirada y siguió con los ojos toda la pared hasta el techo.
Masashi Kishimoto
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26-08-2026, 12:21 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: Misión D: La casa que nadie alquila (TID 14546)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: D
  • Yato Hachibi — Autor (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador 2
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26-08-2026, 12:26 PM
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Este tema ha sido cerrado.
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