13-08-2026, 07:45 AM
Última modificación: 13-08-2026, 08:00 AM por Hachibi.
![[Imagen: FADPdAn.png]](https://i.imgur.com/FADPdAn.png)
27 de Verano, año 150.
La niebla de Kirigakure no era especialmente espesa aquella mañana, aunque bastaba para diluir los límites de las construcciones más alejadas y dejar sobre los tejados una fina película de humedad. En aquel sector residencial, donde las viviendas parecían guardar una distancia prudente entre sí, una propiedad sobresalía por encima del resto.
No era difícil comprender por qué alguien querría vivir allí, con una majestuosidad que el tiempo no había sabido arrebatarle. Tras un muro de piedra envejecida se levantaba una mansión de dos plantas, amplia, de maderas oscuras y tejados superpuestos que conservaban un estilo mucho más antiguo que las construcciones que la rodeaban. Un sendero de piedra atravesaba el jardín hasta desembocar en una breve escalinata frente a las puertas principales; a un costado podía distinguirse parte de un jardín ornamental y, al otro, un camino más ancho rodeaba la vivienda hacia las dependencias posteriores.
Vieja, sí. Abandonada, jamás. Alguien continuaba cuidándola lo suficiente para impedir que la humedad y la vegetación terminaran reclamándola por completo. No parecía, sin embargo, una vivienda habitada: aquel cuidado tenía algo periódico, casi profesional, como si alguien acudiera únicamente a mantenerla presentable.
Dos personas aguardaban frente a la entrada.
—No tienes por qué seguir preocupándote por eso.
La voz masculina llegó primero. El hombre debía encontrarse ya en una edad madura. Vestía con sobriedad, pero cuidaba cada detalle de su apariencia con esa clase de orden que parecía menos una demostración de riqueza que una costumbre adquirida con los años. Frente a él, una mujer sostenía las manos juntas a la altura del vientre mientras escuchaba. Había elegancia en su porte, aunque sus ropas eran bastante más modestas de lo que aquella presencia habría hecho esperar.
—En cuanto podamos venderla, separaré una parte para ti. Con eso podrás instalarte tranquila y olvidarte de estos gastos.
La mujer dejó escapar una pequeña risa.
—Llevas demasiado tiempo diciéndome que deje de preocuparme.
—Y tú demasiado tiempo ignorándome.
No hubo reproche en ello. Ella simplemente negó con suavidad antes de volver los ojos hacia la mansión. La sonrisa no desapareció, aunque sí cambió. Durante algunos segundos observó las ventanas de la planta alta, después el jardín y finalmente la puerta principal. No parecía contemplar una propiedad particularmente valiosa ni calcular cuánto podría obtenerse por ella; había algo distinto en aquella pausa, la familiaridad de quien mira un lugar y recuerda cosas que nadie más presente podría ver.
—Se siente extraño verla así —murmuró.
El hombre siguió la dirección de su mirada.
—Lo sé.
—Estará bien.
—Lo estará.
Ella le dedicó una sonrisa algo más amplia. Al advertir entonces la presencia del shinobi que se aproximaba, sus ojos se desviaron apenas hacia él: una mirada breve y educada, quizá curiosa ante las vendas que cubrían buena parte de su figura, pero sin detenerse demasiado.
—Entonces los dejo trabajar.
—Te avisaré en cuanto tenga noticias.
La mujer asintió y se despidió con una ligera inclinación antes de tomar el sendero hacia el exterior de la propiedad. El hombre permaneció observándola hasta que ella y Naoto se cruzaron; solo entonces dirigió toda su atención hacia el recién llegado.
—Supongo que usted es el shinobi que enviaron.
Su expresión se abrió inmediatamente en una sonrisa cordial. Descendió un par de escalones para no obligarlo a conversar desde abajo y extendió una mano por simple cortesía, sin insistir en el gesto si Naoto decidía no corresponderlo.
—Akihiro. Akihiro Senda. Muchas gracias por venir.
Su forma de hablar resultaba tranquila y agradable, nada especialmente ceremonioso, aunque sí poseía el porte de alguien acostumbrado a tratar con otras personas y procurar que estas se sintieran cómodas. Con una mano señaló la mansión a sus espaldas.
—Me gustaría poder decirle que todo esto es una exageración de los vecinos, pero ya hemos tenido varias familias marchándose prácticamente en mitad de la noche. Pasos donde no hay nadie, golpes dentro de las paredes, cosas que dejan en un sitio y aparecen en otro... Una familia aseguró incluso haber visto a alguien dentro de la casa. Naturalmente, cuando fueron a buscarlo, no había nadie.
Se rascó ligeramente la cabeza, más exasperado que preocupado, y extrajo después un llavero de uno de sus bolsillos. Cuatro piezas colgaban de la argolla: dos llaves relativamente comunes y de distinto tamaño, una tercera de hierro con pequeñas manchas de óxido y una última de latón oscurecido, visiblemente más antigua que las demás. Akihiro las contempló apenas un instante mientras separaba la que correspondía a la entrada.
—La cerradura principal no ha sido forzada. Tampoco hemos encontrado ventanas rotas ni señales claras de que alguien haya entrado desde fuera. Por eso comenzaron los rumores. Y una casa embrujada no es particularmente fácil de vender.
Había algo ligeramente divertido en su forma de decirlo, como si la posibilidad le pareciera absurda incluso después de tantos incidentes.
—Personalmente, creo que alguien descubrió una manera de entrar y está aprovechándose de la reputación del lugar. Quizá algún muchacho del distrito, quizá alguien interesado en que pierda valor. Prefiero pagar para averiguarlo antes que seguir especulando.
Finalmente acercó el manojo completo hacia Naoto.
—Puede revisar cuanto necesite y quedarse esta noche. Esa es precisamente la idea. No debería haber nadie más dentro.
Se giró ligeramente y comenzó a señalar las distintas partes de la propiedad.
—La entrada da al vestíbulo principal. Desde allí puede subir al segundo piso. Abajo encontrará las salas, el estudio y algunas antiguas dependencias familiares. La cocina y las habitaciones de servicio están hacia la parte posterior. Por aquel lado puede rodear la casa hasta el patio; hay un cobertizo y una entrada secundaria de servicio. El jardín está del otro lado, aunque no creo que vaya a encontrar demasiado allí.
Su mirada ascendió hacia las ventanas superiores.
—Arriba están los dormitorios y algunas habitaciones prácticamente vacías. El ático todavía conserva bastantes muebles y cajas; cuando empezamos a despejar la casa, muchas cosas terminaron allí porque era más cómodo guardarlas que decidir inmediatamente qué hacer con ellas. Así que, si escucha algo caer ahí arriba, antes de declararlo actividad sobrenatural le agradecería comprobar que no haya sido una silla mal apilada o una ardilla.
La sonrisa regresó fugazmente antes de que retrocediera un paso, dejando libre el camino hacia la escalinata.
—Fuera de eso, la casa es suya mientras dure la investigación. Dentro de dos días vendrá alguien interesado en verla, así que agradecería tener algo que decirle para entonces.
Pareció dispuesto a retirarse, aunque recordó algo antes de hacerlo.
—Ah. Si encuentra algo personal entre las cosas guardadas, documentos, fotografías, recuerdos familiares o similares, déjelo aparte. Todavía estamos terminando de separar aquello que debe conservarse de lo que puede marcharse con la propiedad.
La indicación fue dada con la misma naturalidad que todo lo anterior. Akihiro introdujo las manos en las mangas de su ropa y contempló una última vez la mansión.
—Espero que esta noche consiga descubrir qué está asustando a todo el mundo.
Frente a Naoto, las puertas permanecían cerradas. Las cuatro llaves ya estaban en sus manos.
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