22-08-2026, 02:51 PM
La mañana en Kirigakure nunca llegaba de golpe. Se filtraba poco a poco entre la niebla, como si incluso el sol tuviera que pedir permiso para atravesar las calles de la aldea. Kairo Kodon llevaba ya un rato despierto cuando la primera claridad comenzó a dibujar sombras débiles sobre las paredes de su habitación. Permaneció sentado unos segundos en el borde de la cama, con los pies descalzos sobre el suelo frío y la mirada perdida frente a él. No tenía ninguna razón concreta para permanecer allí, pero tampoco demasiadas para levantarse deprisa. Aquella era una de las peculiaridades de su vida: casi todo podía esperar unos minutos más.
Finalmente se puso en pie y comenzó con la rutina que había aprendido a realizar casi de memoria. Preparó algo sencillo para desayunar y, antes de probar bocado, se dirigió a la habitación de su madre. Ella seguía postrada en aquella cama que, con el paso de los años, había terminado convirtiéndose casi en otra habitación dentro de la casa. Kairo comprobó que estuviera cómoda, cambió el agua que tenía cerca y revisó cuidadosamente todo aquello que pudiera necesitar durante las siguientes horas. No era una tarea que le resultara agradable, pero tampoco la contemplaba como una carga. Había aprendido que cuidar de alguien no siempre significaba hacer grandes sacrificios. A veces significaba simplemente estar allí.
—Buenos días, madre.
No esperaba una conversación. De hecho, rara vez la esperaba. Aun así, hablaba con ella.
Después salió a las calles de la aldea. Caminó sin prisa, observando cómo Kirigakure despertaba alrededor suyo. Comerciantes levantando persianas, shinobi regresando de alguna misión, niños corriendo por las calles y genin que se reunían para entrenar juntos. Kairo observaba todo aquello desde cierta distancia, como quien contempla una vida a la que pertenece solamente de manera parcial.
Durante el camino pensó en algo que llevaba semanas rondándole la cabeza. Ser genin ya no le parecía suficiente.
No porque despreciara aquella posición, sino porque empezaba a comprender que permanecer en el mismo lugar también era una forma de retroceder.
Quería convertirse en Chūnin.
Y quería aprender medicina.
Ambas cosas le parecían, de algún modo, relacionadas. Un ninja médico debía ser capaz de mantener la calma cuando todo a su alrededor se derrumbaba. Un Chūnin debía tomar decisiones cuando nadie podía decirle qué hacer. Quizá crecer como shinobi significaba precisamente eso: aprender a decidir incluso cuando uno tenía miedo de equivocarse.
Antes de regresar a casa, Kairo se detuvo frente al campo de entrenamiento.
Miró el terreno húmedo durante unos segundos.
Después dejó escapar un suspiro.
—Supongo que habrá que empezar.
Y por primera vez en varios días, decidió que aquella mañana no terminaría simplemente igual que había empezado.
Finalmente se puso en pie y comenzó con la rutina que había aprendido a realizar casi de memoria. Preparó algo sencillo para desayunar y, antes de probar bocado, se dirigió a la habitación de su madre. Ella seguía postrada en aquella cama que, con el paso de los años, había terminado convirtiéndose casi en otra habitación dentro de la casa. Kairo comprobó que estuviera cómoda, cambió el agua que tenía cerca y revisó cuidadosamente todo aquello que pudiera necesitar durante las siguientes horas. No era una tarea que le resultara agradable, pero tampoco la contemplaba como una carga. Había aprendido que cuidar de alguien no siempre significaba hacer grandes sacrificios. A veces significaba simplemente estar allí.
—Buenos días, madre.
No esperaba una conversación. De hecho, rara vez la esperaba. Aun así, hablaba con ella.
Después salió a las calles de la aldea. Caminó sin prisa, observando cómo Kirigakure despertaba alrededor suyo. Comerciantes levantando persianas, shinobi regresando de alguna misión, niños corriendo por las calles y genin que se reunían para entrenar juntos. Kairo observaba todo aquello desde cierta distancia, como quien contempla una vida a la que pertenece solamente de manera parcial.
Durante el camino pensó en algo que llevaba semanas rondándole la cabeza. Ser genin ya no le parecía suficiente.
No porque despreciara aquella posición, sino porque empezaba a comprender que permanecer en el mismo lugar también era una forma de retroceder.
Quería convertirse en Chūnin.
Y quería aprender medicina.
Ambas cosas le parecían, de algún modo, relacionadas. Un ninja médico debía ser capaz de mantener la calma cuando todo a su alrededor se derrumbaba. Un Chūnin debía tomar decisiones cuando nadie podía decirle qué hacer. Quizá crecer como shinobi significaba precisamente eso: aprender a decidir incluso cuando uno tenía miedo de equivocarse.
Antes de regresar a casa, Kairo se detuvo frente al campo de entrenamiento.
Miró el terreno húmedo durante unos segundos.
Después dejó escapar un suspiro.
—Supongo que habrá que empezar.
Y por primera vez en varios días, decidió que aquella mañana no terminaría simplemente igual que había empezado.
![[Imagen: e2e57210-3a42-4797-8ba3-9903ac2ca2e0-1.jpg]](https://i.ibb.co/Xxf08pVG/e2e57210-3a42-4797-8ba3-9903ac2ca2e0-1.jpg)