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[Autonarrada E] Bebé Rexha
Rin to Rei
Rango Chuunin
Clan Akizu
Nivel 11
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Generales
Fuerza25(2)
Destreza100(5)
Ctrl. de Chakra15(1)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud11
Velocidad16
Tenketsu11
Sigilo11
460
525
Enlace al Post
15-08-2026, 06:04 PM
Misión
● Nombre de la Misión: Bebé Rexha
● Información de la Misión: La madre Orihime necesita ir a una reunión de trabajo pero no tiene con quién dejar a su bebé y no es un ambiente apto para recién infantes por lo que se solicita un cuidador para que lo mantenga vivo por unas 5 horas.
● Rango y Tipo de la Misión: Misión Autonarrada Rango E
● Fecha y Lugar: 39 de Verano de 150 en Zona Residencial de Kirigakure
● Cantidad de Usuarios: Rin & Rei
● Cantidad máxima de horas por ronda: Solo es 1 ronda.


El informe esperaba sobre el mostrador del ayuntamiento dentro de una carpeta considerablemente más delgada que las utilizadas para misiones de combate, escolta o investigación. No contenía planos, rutas de escape ni fotografías de objetivos. Apenas registraba un nombre, una dirección, un horario y una descripción que Rin leyó dos veces, no porque resultara difícil de comprender, sino porque esperaba descubrir alguna línea adicional capaz de convertir aquellas instrucciones en algo más parecido a una misión shinobi. Debían cuidar durante varias horas a una niña llamada Rexha.

La madre, Orihime, necesitaba asistir a una reunión a la que no podía llevarla. Al criarla sola y carecer de familiares disponibles, había solicitado ayuda al ayuntamiento mediante uno de sus servicios sociales. La respuesta institucional consistió en enviar a dos genin de Kirigakure. Para los funcionarios, aquello resolvía simultáneamente una necesidad civil y proporcionaba experiencia a shinobi jóvenes. Para Rin, parecía un uso extraño de personas entrenadas para combatir.

La recepcionista deslizó hacia ellas una hoja con la información básica. Rexha tenía cuatro años, permanecería en su casa y no padecía ninguna condición médica registrada. Orihime dejaría preparados alimentos, ropa y cuanto pudiera necesitar. La tarea consistía en garantizar que la niña estuviera alimentada, limpia y segura hasta el regreso de su madre. Era una misión de clase E, tan sencilla en apariencia que el informe dedicaba más espacio a la dirección que a los riesgos.
<¿Por qué enviarnos a las dos?> preguntó Rin después de revisar la hoja
<La madre solicitó una persona responsable. El ayuntamiento consideró más prudente enviar a dos shinobi jóvenes, especialmente porque la niña no las conoce. Una puede atenderla mientras la otra resuelve cualquier inconveniente.>

Rei ocultó una sonrisa detrás de la hoja. No necesitaba mirar a su hermana para imaginar qué clase de inconveniente estaba esperando la oficina: comida derramada, llanto, una puerta cerrada desde dentro o cualquier otro desastre doméstico que no podía enfrentarse con cadenas. Rin devolvió la carpeta y tomó nota mental del horario. Podía considerar absurda la asignación, pero una vez aceptada, la cumpliría con la misma disciplina que cualquier otra.
<Una de nosotras puede ganarse su confianza y la otra impedir que la casa se incendie> interpretó Rei mientras abandonaban el mostrador
<La niña tiene cuatro años, no debería ser capaz de incendiar una casa>
<Eso no responde a si intentará hacerlo>

El camino hacia la vivienda atravesó una zona tranquila de Kirigakure donde las casas se encontraban unidas por pequeños patios, canales estrechos y senderos de piedra oscurecidos por la humedad. La niebla descansaba entre los tejados sin llegar a ocultarlos. Comerciantes y vecinos realizaban sus tareas con la normalidad de una mañana cualquiera, ajenos a que dos kunoichi avanzaban hacia una misión cuyo principal adversario todavía necesitaba ayuda para alcanzar los estantes más altos.

Rin caminaba con la hoja doblada dentro de la ropa. Había repasado los datos suficientes veces para memorizarlos: Orihime, madre soltera; Rexha, cuatro años; ausencia estimada, varias horas; domicilio particular; sin riesgos conocidos. Lo que le incomodaba no era cuidar a una niña, sino la falta de parámetros claros. Un enemigo podía evaluarse, una posición podía asegurarse y un testimonio podía contrastarse. Las necesidades de una criatura pequeña parecían depender de reglas que nadie se había molestado en escribir.

Rei, en cambio, encontraba la misión interesante por razones que no expresó de inmediato. Una niña de cuatro años no obedecería necesariamente por jerarquía, miedo o conveniencia. Tampoco entendería las obligaciones de una kunoichi ni por qué dos desconocidas habían llegado para vigilarla. Conseguir su cooperación exigiría observar, adaptar el tono y descubrir qué consideraba importante. Era una forma de negociación sencilla en sus consecuencias, pero honesta en sus dificultades.

La vivienda de Orihime era modesta y estaba cuidada con la precisión de alguien que no disponía de tiempo suficiente para mantener cada cosa perfecta, pero lo intentaba de todos modos. Había macetas pequeñas junto a la entrada, un tendedero recogido antes de la humedad de la tarde y varios dibujos pegados en una ventana. Algunos mostraban figuras humanas de brazos demasiado largos; otros, animales marinos con colores que probablemente no existían en la naturaleza.

Orihime abrió antes de que Rin terminara de llamar por segunda vez. Era una mujer joven de cabello recogido apresuradamente, vestida con ropas formales que contrastaban con las pantuflas que todavía llevaba. Sostenía una carpeta contra el pecho y parecía haber revisado su contenido tantas veces como Rin había repasado la misión. Su alivio al verlas fue inmediato, aunque se mezcló con una breve incertidumbre al descubrir que las enviadas eran dos muchachas.
<¿Rin y Rei? Gracias por venir. Pasen, por favor. Siento haber tenido que solicitar ayuda al ayuntamiento, pero la reunión se adelantó y la persona que iba a cuidar a Rexha enfermó esta mañana.>
<No necesita disculparse> respondió Rei con una inclinación cortés <Explíquenos su rutina y cualquier cosa que debamos evitar>

Orihime las condujo hasta una sala conectada con la cocina. La casa mostraba indicios de una vida compartida por dos personas: un par de sandalias pequeñas junto a unas adultas, juguetes reunidos dentro de una cesta y una mesa baja con una silla demasiado pequeña. Sobre una repisa descansaba una muñeca de tela con orejas largas, reparada en varios lugares mediante hilos de colores distintos. Rexha no estaba a la vista.

Rin recorrió la habitación con una mirada rápida. Las ventanas se encontraban cerradas, la puerta trasera asegurada y los objetos cortantes parecían guardados fuera del alcance de una niña. Detectó una respiración contenida debajo de la mesa antes de que Orihime llamara a su hija. Dos ojos oscuros aparecieron entre el mantel y el suelo, observando primero a Rei y después a Rin con la concentración de quien evaluaba una amenaza.
<Rexha, ellas van a quedarse contigo mientras voy a la reunión.>
<No las conozco.>
<Por eso voy a presentártelas. Se llaman Rin y Rei. Son hermanas y son kunoichi de la aldea.>

La palabra kunoichi produjo un cambio inmediato. Rexha salió a medias de debajo de la mesa, revelando un vestido amarillo, medias desparejadas y cabello oscuro recogido en dos pequeñas colas. No parecía tímida, solo cautelosa. Examinó las manos de ambas, buscó armas visibles y terminó fijándose en la postura rígida de Rin.
<¿Pueden hacer fuego?>
<Podemos hacer varias cosas, pero ninguna dentro de tu casa sin permiso de tu madre>
<¿Pueden desaparecer?>
<No>

Rei miró de soslayo a su hermana. Rin podía haber ofrecido una respuesta más elaborada, aunque técnicamente había sido correcta. Rexha, sin embargo, pareció apreciar la claridad. Salió por completo de su escondite y rodeó a las hermanas manteniendo una distancia prudente. Se detuvo detrás de ellas, comparó sus cabellos y regresó hasta colocarse frente a Orihime.
<¿Cuál es la mala?>
Orihime abrió la boca, pero no encontró una respuesta suficientemente rápida.
<Todavía no nos conoces lo bastante para decidirlo> intervino Rei con serenidad

Rexha aceptó la explicación mediante un pequeño movimiento de cabeza, como si ambas acabaran de superar la primera prueba. Orihime aprovechó aquella tregua para enseñarles la casa. Había dejado arroz, pescado y verduras preparados para el almuerzo, además de fruta cortada para la merienda. Rexha no tenía alergias conocidas, pero detestaba las zanahorias salvo cuando creía que formaban parte de otra comida. Debía descansar después de almorzar, aunque rara vez aceptaba llamarlo siesta.
<Su muñeca se llama Capitán Nube. No suele separarse de ella cuando está cansada. Puede jugar en la sala o en su habitación, pero no debe salir sola al patio porque las piedras se vuelven resbaladizas. Tampoco le permitan subir a la alacena. Sabe arrastrar la silla y fingirá que nunca se lo he prohibido.>
<¿Alguna otra instrucción?>
<Si dice que le permito comer dulces antes del almuerzo, está mintiendo. Si asegura que puede bañarse sola, también. Y si se queda demasiado callada, búsquenla.
Rin consideró que aquella última advertencia era la primera información verdaderamente táctica que habían recibido.>

Orihime se arrodilló ante su hija, acomodó una de sus coletas y le recordó que regresaría antes del anochecer. Rexha escuchó sin interrumpir, pero sus dedos se cerraron alrededor de la manga de su madre cuando llegó el momento de separarse. La seguridad demostrada ante las kunoichi desapareció durante un instante, sustituida por una preocupación pequeña y demasiado seria para su edad.
<¿Y si la reunión se come todo el tiempo?>
<Las reuniones no comen tiempo.>
<Tú dices que sí.>
Orihime sonrió con cansancio y besó su frente.
<Entonces no dejaré que esta se coma demasiado. Volveré en cuanto termine.>

Rei se agachó a una distancia que no invadiera el espacio de la niña. No intentó prometer que las horas pasarían rápido ni que no tendría motivos para extrañar a su madre. Rexha habría detectado el consuelo vacío incluso sin saber nombrarlo.
<Podemos vigilar la casa hasta que vuelva> dijo Rei <Pero necesitaremos que alguien nos explique dónde se esconden las cosas importantes>
Rexha miró hacia la cesta de juguetes. La responsabilidad ofrecida compitió con su deseo de sujetar a Orihime. Finalmente soltó la manga.
<Yo sé dónde están todas.>
<Entonces estarán bien> aseguró su madre antes de levantarse.

Rin abrió la puerta y observó los alrededores mientras Orihime se alejaba por el sendero. Esperó hasta que la mujer dobló la esquina antes de cerrar. Al regresar a la sala encontró a Rexha exactamente donde la habían dejado, contemplando el espacio vacío junto a la entrada. Rei no la había distraído de inmediato. Permitía que la ausencia se asentara sin tratarla como algo que debía ocultarse.

La primera parte de la misión consistió en establecer límites. Rin recorrió la vivienda comprobando pestillos, ventanas y objetos accesibles. No confiaba únicamente en las precauciones de Orihime; una casa segura para una madre familiarizada con los hábitos de su hija podía contener oportunidades que dos cuidadoras desconocidas no anticiparan. Encontró una caja de fósforos sobre una repisa alta, herramientas dentro de un cajón y productos de limpieza bajo el fregadero. Todo quedó cerrado o desplazado. Rexha la siguió durante la inspección con las manos detrás de la espalda.
<Mamá no mira tantas veces las ventanas.>
<Tu madre conoce esta casa> respondió Rin sin detenerse <Nosotras debemos aprenderla antes de que decidas demostrarnos qué olvidamos revisar>
<Yo no iba a hacer nada.>
Rin cerró el armario inferior y la miró.
La niña sostuvo su mirada durante tres segundos.
<Todavía>

Rei escuchó el intercambio desde la sala y ocultó otra sonrisa. Rexha no parecía interesada en desobedecer por malicia; probaba las palabras del mismo modo que tocaba objetos nuevos, buscando hasta dónde podían moverse antes de encontrar resistencia. Rin le ofrecía límites tan firmes que la niña podía reconocerlos con facilidad. Aquella severidad, que habría intimidado a muchos adultos, producía en Rexha una curiosa sensación de estabilidad.

Una vez asegurada la vivienda, Rei se sentó en el suelo cerca de la cesta de juguetes. No pidió a Rexha que jugara ni comenzó a revisar sus cosas. Esperó. La niña permaneció de pie, mirándola, hasta que el silencio se volvió demasiado largo para soportarlo. Entonces se acercó, sacó la muñeca de orejas largas y la colocó entre ambas.
<Ella es Capitán Nube>
<Parece haber participado en muchas misiones> observó Rei, examinando las reparaciones
<Una vez cayó desde la ventana>
<¿Por qué estaba en la ventana?> preguntó Rin desde la cocina
<Estaba vigilando>
<A partir de ahora vigilará desde el suelo>

Rexha tomó la muñeca y la hizo asentir, aceptando la orden en nombre de su capitana. Después extrajo varias piezas de madera pintada, animales tallados y una pequeña embarcación con una vela de tela. La sala se convirtió gradualmente en un archipiélago. Las almohadas eran islas, una manta azul representaba el mar y la mesa baja pasó a ser una fortaleza ocupada por criaturas que, según Rexha, robaban sopa a los viajeros.

Rei entró en el juego sin abandonar la observación. Permitió que la niña estableciera las reglas y preguntó por cada figura hasta comprender la lógica del mundo improvisado. Rin se mantuvo al margen durante unos minutos, ocupada en revisar el almuerzo y calcular cuándo debía calentarlo. Sin embargo, Rexha no parecía dispuesta a aceptar una participante ausente.
<Tú eres el monstruo del mar> declaró, señalando a Rin.
Rin se volvió lentamente.
<No>
<Tiene cadenas y vive debajo de la mesa>
<Sigo diciendo que no>
<Si no hay monstruo, no hay misión>
Rei levantó la mirada hacia su hermana. La expresión tranquila que mostraba no ocultaba del todo cuánto disfrutaba observando aquella negociació.
<La estabilidad del archipiélago parece depender de tu cooperación>

Rin contempló la fortaleza, la manta y la niña que esperaba con una criatura de madera preparada entre los dedos. Podía negarse. También podía pasar las siguientes horas enfrentando nuevas solicitudes hasta que alguna resultara más peligrosa que esconderse bajo una mesa. Finalmente dejó lo que sostenía, se agachó y ocupó el lugar asignado.

Rexha emitió un grito de victoria y organizó la defensa de las islas. El monstruo marino debía avanzar únicamente cuando la vela de la embarcación estuviera levantada, no podía cruzar las almohadas blancas y quedaba temporalmente derrotado si Capitán Nube tocaba su hombro. Rin memorizó las reglas con una seriedad que habría resultado desproporcionada en cualquier otro contexto. Cuando comenzó el ataque, desplazó una mano entre las islas y capturó tres figuras antes de que Rexha pudiera reaccionar.
<¡No puedes ser tan rápida!>
<No dijiste que tuviera que ser lenta>
<Los monstruos grandes son lentos>
<Entonces elegiste mal al monstruo>

Rei intervino antes de que la misión imaginaria terminara en una derrota absoluta. Convenció al monstruo de aceptar una negociación a cambio de pescado de madera y una isla sin habitantes. Rexha escuchó sus condiciones, añadió que Capitán Nube conservaría el derecho a inspeccionar el territorio y selló el acuerdo colocando la muñeca sobre la mano de Rin. Durante casi una hora, la niña dejó de mirar hacia la puerta.

El primer inconveniente apareció cuando llegó el momento de recoger. Rexha consideraba que desmontar el archipiélago equivalía a destruirlo y se negó a guardar las piezas. Rei le explicó que el mar debía retirarse para que pudieran comer, pero la niña abrazó la embarcación y aseguró que los habitantes morirían si la manta desaparecía. Rin observó la distribución del juego y encontró una solución más eficiente que discutir sobre geografía imaginaria.
<La fortaleza puede permanecer sobre la repisa hasta después del almuerzo> decidió <El resto será evacuado a la cesta antes de que el mar se cierre>

Rexha dudó. Salvar la fortaleza convertía la recogida en una operación de rescate en lugar de una rendición. Comenzó a transportar figuras con urgencia, entregándolas a Rei para que las colocara dentro de la cesta. Rin dobló la manta desde los extremos, reduciendo el océano sin atrapar a ningún habitante. En pocos minutos el suelo quedó despejado.

Preparar el almuerzo resultó sencillo hasta que Rexha descubrió las verduras. Orihime las había mezclado con arroz y pescado, pero varios fragmentos anaranjados seguían siendo reconocibles. La niña los señaló con la gravedad de quien encuentra veneno dentro de su plato.
<Eso es zanahoria>
<Lo es> confirmó Rei
<Mamá dijo que no había>
Rin miró hacia su hermana. Ambas recordaban exactamente lo contrario.
<Tu madre dijo que intentarías convencernos de algo parecido>
Rexha bajó la vista hacia el plato y luego observó la puerta, como si considerara la posibilidad de esperar varias horas sin comer. Rei tomó uno de los trozos con sus palillos y lo examinó bajo la luz.
<Podemos retirarlas todas> ofreció <Pero entonces necesitaremos comprobar si tienes suficiente fuerza para sostener a Capitán Nube durante la siguiente misión>
<Tengo mucha fuerza>
<Eso creía, aunque las zanahorias parecen haberte derrotado antes de comenzar>

La niña frunció el ceño. Rei no le había ordenado comerlas ni asegurado que fueran otra cosa. Había convertido el plato en una disputa entre Rexha y algo lo bastante pequeño para ser vencido. La primera zanahoria desapareció entre arroz; la segunda fue masticada con una expresión de sacrificio. Al llegar a la tercera ya no necesitó observar si las hermanas seguían prestando atención.

Rin comió frente a ella manteniendo un ritmo regular. No la felicitó por cada bocado ni convirtió el almuerzo en un espectáculo. Cuando Rexha intentó abandonar la silla antes de terminar, señaló el plato con dos dedos. La niña regresó, tomó los últimos trozos y bebió agua. Solo entonces Rin retiró la mesa.
<¿Ahora viene la misión?>
<Ahora viene el descanso>
<No duermo durante el día>
<Tu madre no dijo que tuvieras que dormir> intervino Rei <Solo que debías descansar>

Rexha recibió aquella distinción como una victoria legal. Aceptó entrar en su habitación con Capitán Nube, pero se negó a acostarse. Rei permitió que se sentara sobre la cama y eligiera un cuento. Rin permaneció cerca de la puerta, todavía poco convencida de que una niña llena de energía pudiera transformarse voluntariamente en alguien dispuesto a permanecer quieto.

El cuento seleccionado trataba sobre una carpa que deseaba ascender una cascada. Rexha conocía casi todas las páginas y corregía a Rei cuando omitía una frase o cambiaba el tono de algún personaje. A la mitad comenzó a responder con menos rapidez. Poco después se acomodó sobre la almohada sin reconocer que estaba acostándose. Capitán Nube quedó bajo uno de sus brazos y sus ojos se cerraron antes de llegar al final.

Rei disminuyó la voz hasta convertir las últimas líneas en un murmullo. Cerró el libro y apartó con cuidado un mechón del rostro de la niña. Cuando salió de la habitación encontró a Rin apoyada junto al marco, observando a Rexha con una expresión más difícil de interpretar que la habitual.
<No fue tan complicado> susurró Rei
<Todavía quedan varias horas>
<Eso tampoco contradice lo que dije>

Mientras Rexha descansaba, limpiaron la cocina y devolvieron los juguetes a sus lugares. Rin aprovechó el silencio para inspeccionar de nuevo la puerta trasera y las ventanas. Rei encontró una lista escrita por Orihime con recordatorios personales: comprar jabón, reparar una sandalia, preguntar por un horario de trabajo y conseguir medicina para la tos antes de la siguiente semana. No estaba destinada a ellas, así que volvió a dejarla donde la había encontrado.

La casa revelaba el esfuerzo de Orihime de formas que no aparecían en el informe. Había ropa infantil reparada más de una vez, alimentos distribuidos para durar varios días y objetos de adulto guardados en espacios pequeños para dejar lugar a los juguetes. No parecía una vida miserable; había cuidado en cada rincón. Sin embargo, quedaba claro que cualquier cambio imprevisto podía dejar a la mujer sin una alternativa sencilla.

Rin también lo percibió, aunque no lo expresó mediante compasión. Comprendió por qué el ayuntamiento había aceptado la solicitud. Defender Kirigakure no consistía únicamente en evitar invasiones. Una aldea podía debilitarse de maneras menos visibles cuando sus habitantes debían escoger entre conservar un empleo, cumplir una obligación o dejar desatendido a un hijo. Aquella misión no protegería una frontera, pero permitiría que una madre resolviera algo necesario sin exponer a su niña.

Rexha despertó antes de completar una hora. No llamó. El sonido leve de sus pies sobre el suelo alertó a Rin, quien se encontraba junto a la ventana. La niña apareció en el corredor con el cabello desordenado, la muñeca arrastrándose desde una oreja y una marca de almohada sobre la mejilla. Se detuvo al encontrar a ambas todavía allí.
<No se fueron>
<Dijimos que esperaríamos a tu madre>
<Los adultos dicen cosas y después tardan>
La frase carecía de acusación, pero Rei detectó algo aprendido en ella. Orihime había prometido regresar; quizá cumplía siempre, aunque las reuniones y el trabajo podían extenderse más de lo que una niña entendía. Rei no preguntó. En lugar de ofrecer otra promesa abstracta, señaló la fruta preparada sobre la mesa.
<Seguimos aquí, y tu merienda también>

Rexha ocupó su silla con Capitán Nube sentada a un lado. Comió varios trozos de fruta y narró una versión considerablemente alterada de su descanso, en la que nunca había dormido y únicamente había cerrado los ojos para escuchar mejor. Rin no discutió la afirmación. Había aprendido que algunas victorias no necesitaban ser reclamadas.

La tarde trajo lluvia. Primero fueron gotas separadas contra las ventanas; después, una cortina constante que oscureció el patio y llenó los canales. Rexha abandonó la mesa para observarla. Apoyó ambas manos sobre el cristal y siguió con la mirada un pequeño barco de papel olvidado cerca de la puerta trasera. El agua comenzaba a acercarse a él.
<Mi barco>
Antes de que cualquiera pudiera responder, la niña corrió hacia la cocina. Rin llegó a la puerta trasera al mismo tiempo que ella alcanzaba el pestillo. Su mano se cerró sobre la madera por encima de la cabeza de Rexha, impidiendo que la abriera.
<No saldrás>
<Se va a ahogar>
<Es de papel>
<Por eso>

Rexha intentó alcanzar nuevamente el pestillo. Rin no se movió. La niña la miró con una mezcla de frustración y urgencia, incapaz de comprender por qué alguien capaz de ayudar permanecía allí mientras el barco comenzaba a deformarse bajo la lluvia.

Rei observó el patio. El objeto se encontraba a pocos pasos de la galería cubierta, pero las piedras estaban mojadas y el canal recibía cada vez más agua. No era peligroso para una kunoichi; sí para una niña que podía resbalar por apresurarse.
<Rin no dijo que perderíamos el barco> explicó Rei <Dijo que tú no saldrías>

Rin dirigió hacia su hermana una mirada breve. Después abrió la puerta solo lo suficiente para pasar, cerrándola detrás de ella antes de que Rexha pudiera seguirla. Cruzó el patio bajo la lluvia, recuperó el papel ya empapado y regresó. El barco había perdido parte de su forma, pero aún podía reconocerse. Rexha lo recibió con ambas manos.
<Está herido>
<Entonces repáralo dentro>
La niña llevó el barco hasta la mesa. Rei consiguió papel seco, y juntas reforzaron los pliegues mientras Rin se secaba el cabello con una toalla. Rexha insistió en conservar partes del original, de modo que la reparación terminó produciendo una embarcación desigual, compuesta por capas nuevas alrededor de una estructura húmeda.
<Ahora es más fuerte>
<Ahora es más pesado>
<Los barcos fuertes pesan>
Rin decidió no iniciar una discusión sobre construcción naval.

El trueno llegó cuando terminaban la reparación. No fue particularmente cercano, pero hizo vibrar el cristal de las ventanas. Rexha dejó de hablar. Sus hombros se elevaron y sus dedos cerraron con fuerza uno de los pliegues. Capitán Nube estaba en la sala, demasiado lejos para alcanzarla antes del siguiente ruido.

Rei reconoció el miedo, aunque la niña intentaba ocultarlo mirando el barco. No le preguntó si estaba asustada. La pregunta habría exigido admitirlo o mentir. En cambio, se sentó a su lado y apoyó una mano sobre la mesa.
<Podemos contar cuánto tarda el sonido después de la luz> propuso <Así sabremos si la tormenta se acerca o se aleja>

Un resplandor pálido atravesó la ventana. Rei comenzó a contar con voz tranquila. Rexha la acompañó después del segundo número. El trueno llegó cuando alcanzaron cinco. En el siguiente intento llegaron hasta siete. La tormenta se alejaba, pero un tercer estallido más fuerte sorprendió a la niña antes de comenzar la cuenta. Rexha abandonó la silla y se abrazó a la pierna de Rin.

La reacción tomó a Rin desprevenida. Permaneció inmóvil durante un instante, con los brazos separados del cuerpo, como si la niña hubiese ejecutado una técnica cuya respuesta no había entrenado. Miró hacia Rei en busca de una indicación. Su hermana se limitó a observarla, negándose deliberadamente a rescatarla de aquella situación.

Rin bajó finalmente una mano y la apoyó sobre la cabeza de Rexha. No acarició su cabello ni pronunció palabras suaves. Mantuvo la palma allí, firme, ofreciendo una presencia que no retrocedía ante el ruido.
<Solo es una tormenta> dijo <La casa está cerrada y nosotras seguimos aquí>

Rexha no respondió. Permaneció aferrada a ella hasta que el siguiente trueno sonó más lejos. Entonces soltó la pierna, recuperó a Capitán Nube y regresó a la mesa como si nada hubiera ocurrido. Rin tampoco mencionó el abrazo. Entre ambas se estableció un acuerdo silencioso: la tormenta había sido observada, enfrentada y no merecía un informe adicional.

La lluvia les impidió jugar en el patio, así que Rei convirtió la sala en una misión de búsqueda. Ocultó pequeñas piezas de madera en lugares seguros y dibujó un mapa sencillo de la casa. Rexha debía interpretar marcas, contar pasos y encontrar los objetos sin abrir armarios prohibidos. Rin revisó cada escondite antes de comenzar y añadió una regla: si la niña se subía a un mueble, la búsqueda terminaba.

Rexha aceptó con una solemnidad que duró hasta la tercera pista. La pieza siguiente estaba sobre una repisa baja, pero decidió que alcanzarla desde el brazo del sofá sería más emocionante. Apenas apoyó un pie, Rin pronunció su nombre. No elevó la voz. Fue suficiente. La niña descendió y buscó otra ruta.
<Mamá grita más>
<Tu madre debe repetírtelo todos los días>
<A veces dos veces>
<Entonces entiendo por qué grita>
Rei giró el rostro para que Rexha no notara su sonrisa.

La búsqueda concluyó con todas las piezas reunidas y ninguna caída. Como recompensa, Rexha pudo esconder tres objetos para que las hermanas los encontraran. Rei localizó los dos primeros mediante pistas deliberadamente confusas. El tercero resultó más difícil porque la niña olvidó dónde lo había colocado. Rin terminó descubriéndolo dentro de una pantufla después de revisar lugares que una persona adulta jamás habría considerado adecuados.

El tiempo avanzó entre juegos, dibujos y preguntas. Rexha quiso saber si las hermanas podían leer pensamientos, si habían visto monstruos reales, por qué vestían de manera parecida y cuál de las dos ganaba cuando peleaban. Rei respondía con suficiente detalle para alimentar nuevas preguntas. Rin ofrecía frases breves que, curiosamente, parecían interesar todavía más a la niña.
<¿Tú siempre estás enojada?> preguntó Rexha a Rin mientras dibujaba
<No estoy enojada>
<Tu cara sí>
<Esa es su cara cuando está tranquila> aclaró Rei
Rexha examinó a Rin con mayor detenimiento.
<Entonces cuando te enojas debe dar miedo>
<Esa es la intención>

La niña pareció satisfecha. Añadió al dibujo una figura alta con ojos enormes, cabello oscuro y líneas moradas alrededor de las manos. A su lado trazó otra figura sonriente, luego una más pequeña con Capitán Nube. Sobre las tres dibujó algo parecido a un techo, aunque afirmó que era una ola gigante que no podía alcanzarlas.

Rin observó el papel cuando Rexha lo dejó secando sobre la mesa. No comentó que las proporciones eran imposibles ni preguntó por qué sus manos parecían rodeadas de rayos. Comprendió, sin necesidad de que Rei lo explicara, que la niña había representado la tormenta de una manera distinta: no como algo que había ocurrido fuera, sino como algo que permanecía lejos porque ellas se encontraban dentro.

Poco antes del anochecer, prepararon una cena ligera siguiendo las instrucciones de Orihime. Rexha insistió en ayudar. Rin le permitió lavar algunas verduras dentro de un recipiente colocado sobre la mesa, lejos del fuego y de los cuchillos. Rei le encargó contar los platos y distribuir los palillos, aunque solo necesitaban tres lugares. La niña colocó un cuarto plato para su madre.
<Por si llega antes>
Ninguna lo retiró.

Comieron cuando la lluvia se convirtió nuevamente en un murmullo. Rexha habló menos que durante el almuerzo. El cansancio comenzaba a vencerla, aunque luchaba contra él mediante movimientos constantes y preguntas cada vez más desconectadas. Quiso saber si los peces dormían, si la niebla podía entrar por una cerradura y si una kunoichi debía pedir permiso para ir al baño durante una misión.

Rei respondió la primera pregunta. Rin ignoró la segunda. Ambas consideraron que la tercera podía esperar hasta que Rexha tuviera edad suficiente para ingresar en la Academia.

Después de cenar, la niña permitió que Rei le limpiara las manos y el rostro. Rin recogió la mesa. Cuando llegó el momento de ponerse ropa cómoda, Rexha afirmó que podía hacerlo sola y cerró la puerta de su habitación. Las hermanas recordaron la advertencia de Orihime, pero decidieron concederle unos minutos. La niña salió con la camisa al revés y una pierna introducida en el lugar incorrecto del pantalón. No pidió ayuda. Rei se arrodilló y esperó. Rexha trató de corregirlo dos veces, se enredó más y finalmente extendió los brazos.
<Solo un poco>
<Solo un poco> aceptó Rei

La ayudó sin completar todo el proceso, permitiendo que la niña terminara de vestirse por sí misma. Rin observó desde el corredor. Aquello le reveló otra diferencia entre ellas: su primer impulso habría sido corregir la ropa de inmediato. Rei había esperado hasta que Rexha decidiera aceptar ayuda, preservando una independencia pequeña pero importante.

La hora siguiente transcurrió con mayor calma. Rexha se acomodó en el sofá entre ambas, Capitán Nube sobre el regazo y el libro de la carpa abierto nuevamente. Esta vez pidió que Rin leyera. La kunoichi sostuvo el volumen como si se tratara de un informe incómodo. Su voz era firme, demasiado seria para un cuento infantil, pero Rexha no se quejó. Parecía considerar que la cascada y el viaje de la carpa merecían aquella solemnidad.

A mitad de la historia, la cabeza de la niña terminó apoyada contra el brazo de Rin. Su respiración se volvió regular. Una mano pequeña permaneció cerrada alrededor de dos de sus dedos, impidiéndole pasar la página sin despertarla.

Rei contempló la escena desde el extremo contrario del sofá. Había visto a su hermana soportar golpes, frío y cansancio sin mostrar incomodidad. Sin embargo, permanecer inmóvil porque una niña dormida sostenía su mano parecía exigirle una disciplina distinta. Rin mantuvo la vista fija en el libro abierto, fingiendo que la situación no tenía importancia.
<Puedo llevarla a su cama> susurró Rei
<La despertarías>
<Tú también si intentas moverte>
Rin dirigió hacia ella una mirada de advertencia. Rei decidió concederle el silencio.

Orihime regresó poco después. La llave giró con cuidado y la puerta se abrió apenas, como si la mujer temiera encontrar la casa convertida en un campo de batalla. Entró con el cabello húmedo, la carpeta bajo el brazo y agotamiento en el rostro. Lo primero que vio fue la sala ordenada. Después distinguió a Rexha dormida contra Rin y a Rei sentada junto a ellas. Su alivio fue tan evidente que necesitó permanecer unos segundos junto a la puerta antes de hablar.
<Veo que sobrevivieron>
Rin levantó la mirada, pero no podía ponerse de pie sin liberar primero la mano. Rei cerró el libro y se acercó a recibir a Orihime.
<Rexha almorzó, descansó, merendó y cenó> informó en voz baja <No sufrió ninguna caída ni salió de la casa. Intentó recuperar un barco de papel durante la lluvia, pero Rin lo recogió por ella. También dejamos la cocina limpia y los juguetes guardados>
<¿Comió las verduras?>
<Todas> respondió Rin desde el sofá
Orihime parecía más sorprendida por aquello que por el resto del informe.
<Entonces hicieron algo que yo todavía no consigo cada vez>

El movimiento de la puerta y las voces terminaron despertando a Rexha. Abrió los ojos, tardó unos segundos en reconocer la figura de su madre y se incorporó de golpe. Soltó la mano de Rin para correr hacia ella. Orihime se arrodilló y la recibió entre sus brazos, cerrando los ojos cuando la niña se aferró a su cuello.
<Dijiste que volverías>
<Y volví>
<La reunión comió mucho tiempo>
<Intenté que no comiera más>

Rexha comenzó a contar todo antes de que su madre pudiera levantarse: el monstruo del mar, la fortaleza rescatada, las zanahorias derrotadas, el barco herido, la tormenta y el mapa del tesoro. Su relato alteraba el orden de los acontecimientos y atribuía a Capitán Nube una participación decisiva en casi todos. Orihime escuchó sin interrumpir, mirando ocasionalmente hacia las hermanas para confirmar qué partes pertenecían a la imaginación.

Rin se levantó por fin y comprobó que llevaba varias marcas rojas sobre los dedos donde Rexha los había sostenido. Cerró el libro, lo dejó sobre la mesa y recuperó la hoja de la misión. Rei explicó a Orihime únicamente aquello que resultaba útil: cuánto había comido, cuánto durmió, cómo reaccionó a la tormenta y que no habían observado síntomas extraños.
<No sé cómo agradecerles esto> dijo Orihime cuando Rexha hizo una pausa para respirar <Sé que para ustedes quizá sea una misión pequeña, pero yo no podía faltar a esa reunión. Si no hubiera conseguido a alguien responsable, habría tenido que escoger entre dejarla sola o arriesgar mi trabajo>
<No necesita agradecernos más> respondió Rei <Solicitó ayuda y la aldea respondió. Para eso existe el servicio>

Rin no añadió nada, pero su silencio ya no contenía la misma duda con la que había recibido el informe. Comprendía ahora el peso de aquellas horas para Orihime. La misión había sido pequeña únicamente desde la perspectiva de quien no dependía de su resultado. Rexha corrió hasta la mesa, tomó el dibujo de las tres figuras bajo la ola y se lo entregó a las hermanas.
<Es para ustedes. Ella es Rei, ella es Rin y esta soy yo. Capitán Nube está aquí, pero salió pequeña>
La muñeca aparecía representada como una forma irregular cerca de los pies de Rexha. Rei sostuvo el papel por un extremo y observó los detalles con atención genuina.
<Lo guardaremos>
Rexha miró a Rin.
<¿Vas a volver?>

Rin podía haber respondido que aquello dependía del ayuntamiento, de futuras asignaciones y de si Orihime necesitaba nuevamente el servicio. Todas eran respuestas correctas. La niña, sin embargo, no preguntaba por procedimientos.
<Si vuelven a enviarnos> contestó finalmente <Pero la próxima vez el monstruo conocerá las reglas antes de empezar>
Rexha sonrió.
<La próxima vez tendrá dos cabezas>

Rin decidió que cualquier respuesta prolongaría la negociación y se inclinó apenas a modo de despedida. Rei abrazó a la niña cuando esta se acercó, sin obligarla a permanecer más de lo que deseaba. Orihime abrió la puerta y volvió a agradecerles mientras la niebla nocturna comenzaba a llenar las calles.

Las hermanas emprendieron el regreso al ayuntamiento con el dibujo protegido entre la carpeta de la misión. Durante varios minutos caminaron sin hablar. La lluvia había dejado charcos sobre las piedras y el aire olía a madera mojada. Rin avanzaba ligeramente por delante, como siempre, aunque Rei podía ver una esquina del papel sobresaliendo junto a su mano.
<Has sido un monstruo marino bastante convincente> comentó Rei
<No pienso repetirlo>
<Rexha parecía convencida de lo contrario>
<Rexha también cree que las reuniones comen tiempo>
<En eso no está equivocada>

Rin no respondió. Continuó caminando con la misma firmeza, llevando dentro de la carpeta un informe que registraría una misión de clase E completada sin incidentes y, junto a él, el dibujo de tres figuras protegidas bajo una ola.

No había derrotado enemigos, asegurado fronteras ni obtenido información capaz de cambiar el destino de Kirigakure. Habían cuidado a una niña durante unas horas para que su madre pudiera cumplir con una obligación sin dejarla desatendida. Sobre el papel, el resultado apenas ocuparía unas líneas.

Sin embargo, cuando entregaron el informe y abandonaron el ayuntamiento, ninguna de las dos volvió a preguntarse por qué la aldea había enviado a dos kunoichi.
[Imagen: ffIFI3H.jpeg]
Masashi Kishimoto
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15-08-2026, 08:24 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Autonarrada E] Bebé Rexha (TID 14569)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: E
  • Rin to Rei — Autor (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador 4
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15-08-2026, 08:24 PM
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