12-08-2026, 09:36 PM
Día 12 de Verano del 150,
Plaza central de Konohagakure no Sato
Misión protagoniazada por Adan Yamanaka
Misión narrada por Naoto Heizu
La tranquilidad duró hasta entrada la tarde.
Una corriente de viento particularmente fuerte atravesó la plaza cuando buena parte de los participantes se encontraba reunida para la exhibición principal. Varias personas perdieron el control de sus cometas al mismo tiempo y algunos cordeles terminaron entrelazándose entre sí. El resultado fue inmediato: líneas rotas, participantes corriendo detrás de sus creaciones y una pequeña lluvia de cometas descendiendo sobre los edificios y árboles cercanos. Los organizadores suspendieron temporalmente la actividad cuando uno de los asistentes estuvo a punto de recibir encima una maceta derribada por un cordel que había quedado enganchado sobre un tejado.
Nadie había resultado herido, pero continuar el festival en aquellas condiciones era una mala idea.
Los organizadores consiguieron recuperar buena parte de las cometas por sus propios medios. Algunas habían caído directamente sobre la plaza y otras pudieron ser alcanzadas utilizando escaleras, pero aquellas que terminaron en lugares más complicados permanecieron donde estaban. Intentar recuperarlas sin experiencia solamente aumentaba las posibilidades de romper alguna teja, derribar las decoraciones o provocar un accidente entre la enorme cantidad de personas que todavía circulaban por los alrededores.
Por eso solicitaron ayuda a la oficina de misiones.
Adan Yamanaka encontraría el festival todavía detenido cuando llegara a la Plaza Central. Los comerciantes continuaban atendiendo sus puestos y las familias aprovechaban para recorrer el lugar mientras esperaban que comenzaran nuevamente las actividades, aunque la zona reservada para las cometas permanecía prácticamente vacía. Algunos niños observaban con evidente preocupación hacia los tejados, señalando ocasionalmente dónde habían terminado sus creaciones.
La encargada de recibir al shinobi era una mujer llamada Chiharu Enomoto, una de las responsables de organización del festival. Rondaba los treinta años, llevaba el cabello oscuro recogido mediante una cinta amarilla y portaba alrededor del cuello una pequeña credencial de madera que la identificaba como parte del personal. Parecía haber pasado buena parte de la última hora corriendo de un lado al otro, pues sostenía varias hojas arrugadas mientras intentaba mantener cierto orden entre voluntarios y comerciantes.
—Adan Yamanaka, ¿verdad? Gracias por venir tan rápido —saludó cuando consiguió reconocerlo entre la gente, aproximándose mientras revisaba una de sus hojas—. No ocurrió nada grave, por suerte, pero preferimos detener la exhibición antes de que alguien termine lastimado.
La mujer indicó con la mano los alrededores de la plaza. Desde allí podían distinguirse algunos de los problemas sin necesidad de buscarlos demasiado. Una cometa con forma de carpa roja permanecía atrapada entre las ramas superiores de uno de los árboles próximos a la zona de comidas. Más adelante, sobre el techo inclinado de una tienda, podía verse otra de color azul cuyo cordel se había enredado alrededor de una pequeña chimenea. La más llamativa era una enorme cometa decorada como un dragón que había terminado colgada entre dos estructuras utilizadas para sostener banderines del festival; buena parte de su larga cola continuaba balanceándose sobre el paso de los asistentes.
Había algunas más dispersas por los alrededores.
—La mayoría pertenece a niños que participaron en el concurso, así que intenta recuperarlas enteras si es posible —continuó Chiharu, entregándole una pequeña lista donde se encontraban dibujadas y numeradas las que todavía faltaban—. Pero lo más importante es que nadie resulte herido. Puedes subir a los edificios si lo necesitas, aunque los comerciantes nos pidieron que no rompamos tejas ni carteles. Y procura no cortar los banderines; costaron más de lo que me gustaría admitir.
La organizadora señaló entonces las calles que rodeaban la plaza. Algunas cometas podían haberse desplazado un poco más lejos antes de quedar atrapadas, por lo que Adan tendría libertad para recorrer los tejados y callejones cercanos mientras las buscaba. Los voluntarios mantendrían despejadas las zonas peligrosas y avisarían a los asistentes cuando necesitara trabajar sobre alguna parte transitada.
—Cuando recuperes todas las que puedas, tráelas aquí. Si alguna quedó demasiado dañada tampoco será el fin del mundo. Solo necesitamos que no queden cordeles colgando sobre los caminos ni cosas que puedan caerle a alguien encima.
Chiharu dedicó una última mirada hacia el dragón suspendido sobre la plaza y soltó un pequeño suspiro.
—Aunque si puedes salvar esa, te lo agradecería especialmente. Es la favorita de unos veinte niños y llevan media hora preguntándome cuándo va a volver a volar.
Con aquellas indicaciones, la mujer regresó junto a los voluntarios para continuar reorganizando el festival. Adan quedó con la lista entre las manos y toda la plaza frente a él, pudiendo decidir por dónde comenzar y qué método utilizar para recuperar las cometas sin convertir un problema relativamente sencillo en un desastre todavía mayor.
Plaza central de Konohagakure no Sato
Misión protagoniazada por Adan Yamanaka
Misión narrada por Naoto Heizu
El Festival de las Cometas Perdidas
El Festival de Verano había transformado la Plaza Central de Konoha desde las primeras horas de la mañana. Banderines de distintos colores cruzaban las calles de un edificio a otro, los puestos de comida ocupaban los extremos de la plaza y varias estructuras de madera habían sido preparadas para pequeños espectáculos, juegos y competencias. Entre todo aquello destacaban las cometas, decenas de figuras fabricadas para la ocasión que cubrían el cielo con peces, aves, dragones y símbolos de diferentes clanes mientras niños y adultos competían por mantenerlas tan alto como fuera posible.La tranquilidad duró hasta entrada la tarde.
Una corriente de viento particularmente fuerte atravesó la plaza cuando buena parte de los participantes se encontraba reunida para la exhibición principal. Varias personas perdieron el control de sus cometas al mismo tiempo y algunos cordeles terminaron entrelazándose entre sí. El resultado fue inmediato: líneas rotas, participantes corriendo detrás de sus creaciones y una pequeña lluvia de cometas descendiendo sobre los edificios y árboles cercanos. Los organizadores suspendieron temporalmente la actividad cuando uno de los asistentes estuvo a punto de recibir encima una maceta derribada por un cordel que había quedado enganchado sobre un tejado.
Nadie había resultado herido, pero continuar el festival en aquellas condiciones era una mala idea.
Los organizadores consiguieron recuperar buena parte de las cometas por sus propios medios. Algunas habían caído directamente sobre la plaza y otras pudieron ser alcanzadas utilizando escaleras, pero aquellas que terminaron en lugares más complicados permanecieron donde estaban. Intentar recuperarlas sin experiencia solamente aumentaba las posibilidades de romper alguna teja, derribar las decoraciones o provocar un accidente entre la enorme cantidad de personas que todavía circulaban por los alrededores.
Por eso solicitaron ayuda a la oficina de misiones.
Adan Yamanaka encontraría el festival todavía detenido cuando llegara a la Plaza Central. Los comerciantes continuaban atendiendo sus puestos y las familias aprovechaban para recorrer el lugar mientras esperaban que comenzaran nuevamente las actividades, aunque la zona reservada para las cometas permanecía prácticamente vacía. Algunos niños observaban con evidente preocupación hacia los tejados, señalando ocasionalmente dónde habían terminado sus creaciones.
La encargada de recibir al shinobi era una mujer llamada Chiharu Enomoto, una de las responsables de organización del festival. Rondaba los treinta años, llevaba el cabello oscuro recogido mediante una cinta amarilla y portaba alrededor del cuello una pequeña credencial de madera que la identificaba como parte del personal. Parecía haber pasado buena parte de la última hora corriendo de un lado al otro, pues sostenía varias hojas arrugadas mientras intentaba mantener cierto orden entre voluntarios y comerciantes.
—Adan Yamanaka, ¿verdad? Gracias por venir tan rápido —saludó cuando consiguió reconocerlo entre la gente, aproximándose mientras revisaba una de sus hojas—. No ocurrió nada grave, por suerte, pero preferimos detener la exhibición antes de que alguien termine lastimado.
La mujer indicó con la mano los alrededores de la plaza. Desde allí podían distinguirse algunos de los problemas sin necesidad de buscarlos demasiado. Una cometa con forma de carpa roja permanecía atrapada entre las ramas superiores de uno de los árboles próximos a la zona de comidas. Más adelante, sobre el techo inclinado de una tienda, podía verse otra de color azul cuyo cordel se había enredado alrededor de una pequeña chimenea. La más llamativa era una enorme cometa decorada como un dragón que había terminado colgada entre dos estructuras utilizadas para sostener banderines del festival; buena parte de su larga cola continuaba balanceándose sobre el paso de los asistentes.
Había algunas más dispersas por los alrededores.
—La mayoría pertenece a niños que participaron en el concurso, así que intenta recuperarlas enteras si es posible —continuó Chiharu, entregándole una pequeña lista donde se encontraban dibujadas y numeradas las que todavía faltaban—. Pero lo más importante es que nadie resulte herido. Puedes subir a los edificios si lo necesitas, aunque los comerciantes nos pidieron que no rompamos tejas ni carteles. Y procura no cortar los banderines; costaron más de lo que me gustaría admitir.
La organizadora señaló entonces las calles que rodeaban la plaza. Algunas cometas podían haberse desplazado un poco más lejos antes de quedar atrapadas, por lo que Adan tendría libertad para recorrer los tejados y callejones cercanos mientras las buscaba. Los voluntarios mantendrían despejadas las zonas peligrosas y avisarían a los asistentes cuando necesitara trabajar sobre alguna parte transitada.
—Cuando recuperes todas las que puedas, tráelas aquí. Si alguna quedó demasiado dañada tampoco será el fin del mundo. Solo necesitamos que no queden cordeles colgando sobre los caminos ni cosas que puedan caerle a alguien encima.
Chiharu dedicó una última mirada hacia el dragón suspendido sobre la plaza y soltó un pequeño suspiro.
—Aunque si puedes salvar esa, te lo agradecería especialmente. Es la favorita de unos veinte niños y llevan media hora preguntándome cuándo va a volver a volar.
Con aquellas indicaciones, la mujer regresó junto a los voluntarios para continuar reorganizando el festival. Adan quedó con la lista entre las manos y toda la plaza frente a él, pudiendo decidir por dónde comenzar y qué método utilizar para recuperar las cometas sin convertir un problema relativamente sencillo en un desastre todavía mayor.