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[Rango C] Marea Negra en el Muelle Viejo
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28-07-2026, 12:55 AM
[Rango C] Marea Negra en el Muelle Viejo
Petición de misión: Aquí
Día 40 de verano, Año 150.

Durante la madrugada, los pescadores del Muelle Viejo, ubicado en la costa noroeste entre los Astilleros Funato y la Lonja Hoshigaki, encontraron una mancha oscura extendiéndose bajo los pilotes. El agua desprendía un olor fuerte y varios peces muertos habían comenzado a acumularse entre las pasarelas. Las marcas dejadas por el arrastre de objetos pesados conducían desde el muelle hasta uno de los almacenes abandonados de la costa. Un guardia aseguró haber visto a varias figuras encapuchadas trasladando barriles sellados antes del amanecer, por lo que las autoridades descartaron que se tratara de una filtración accidental. La zona fue cerrada y se solicitó la presencia de Issei antes de que la corriente llevara la sustancia hacia las áreas de pesca cercanas.

Un guardia portuario esperaba junto a la entrada del muelle, frente a una cuerda que impedía el paso de pescadores y curiosos. Llevaba un pañuelo cubriéndole la nariz y sostenía una lámpara, aunque la mañana ya comenzaba a aclarar entre la niebla. Cuando Issei llegara al lugar, el hombre señalaría primero la mancha bajo los tablones y después las marcas que terminaban frente al almacén. —Las figuras aparecieron cerca de las cuatro. Eran tres, quizá cuatro, y descargaron los barriles desde una carreta sin distintivos. Cuando uno de los pescadores les gritó, dejaron todo y se marcharon hacia el interior de la aldea. Nadie ha entrado al almacén desde entonces. Tampoco sabemos qué contiene esa cosa, así que no toque el agua sin revisar primero. Necesitamos saber qué dejaron allí, quiénes fueron y cómo impedir que siga extendiéndose.—

El extremo norte del Muelle Viejo permanecía vacío, con varias embarcaciones pesqueras amarradas lejos de la mancha por orden de los guardias. Las huellas de la carreta se habían perdido sobre el camino empedrado, pero los surcos producidos por los barriles seguían visibles hasta la puerta cerrada del almacén. Una pequeña cantidad del líquido oscuro escapaba por debajo de uno de sus muros y descendía lentamente hacia el agua. Por el momento, los civiles estaban fuera de peligro y nadie había alterado el interior; sin embargo, la contaminación continuaba avanzando y la corriente comenzaba a empujarla en dirección a la Lonja Hoshigaki.
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28-07-2026, 10:49 PM
A esas horas el puerto solía estar lleno de pescadores preparando redes y descargando las primeras capturas, pero aquella mañana el ambiente era distinto. El olor a sal había quedado enterrado bajo otro mucho más desagradable, denso, casi aceitoso, que llegaba incluso antes de alcanzar el cordón de seguridad levantado por los guardias. Me bastó una mirada para comprender por qué habían cerrado toda la zona.

Me detuve frente al guardia mientras escuchaba su explicación sin interrumpirlo. Mi vista alternaba entre la mancha que se extendía bajo los pilotes, los surcos marcados en la madera y el viejo almacén del que seguía escapando aquel líquido oscuro. Todo apuntaba al mismo sitio.

Cuando terminó de hablar, permanecí unos segundos observando el recorrido de la sustancia antes de romper el silencio.

— ¿Ningún pescador llegó a acercarse a los barriles antes de que aparecierais vosotros?

Esperé la respuesta solo un instante antes de continuar.

— ¿Y los encapuchados iban cargados cuando huyeron... o dejaron todo dentro?

No esperaba grandes detalles; la mayoría de los testigos apenas se fijaban en lo importante cuando el miedo entraba en escena. Aun así, cualquier dato podía ahorrar bastante tiempo.

Asentí con un leve movimiento de cabeza.

— Da igual. Si dejaron los barriles dentro, no habrán tenido tiempo de limpiar nada.

Me acerqué despacio hasta el borde del muelle, agachándome para observar la superficie contaminada sin llegar a tocar el agua. El líquido descendía lentamente desde el almacén siguiendo la pendiente natural del terreno. Después dirigí la vista hacia los surcos dejados por los barriles, me interesaban mucho más que las huellas de la carreta; esas ya se las habría tragado el tránsito de la aldea. En cambio, aquellos arañazos seguían frescos.

Los seguí con calma hasta detenerme frente a la puerta del almacén y apoyé una mano sobre la madera sin abrir todavía, antes quería escuchar. Un edificio abandonado tenía una ventaja: el silencio. Si alguien seguía dentro, si algún barril continuaba moviéndose o si los responsables habían dejado un vigilante atrás, aquel lugar terminaría delatándolo por sí solo. Solo después de asegurarme de que no percibía nada extraño comenzaría a inspeccionar el interior.
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30-07-2026, 05:05 AM
El guardia negó con la cabeza ante la primera pregunta. Ningún pescador había tocado los barriles; el olor los hizo retroceder y uno de ellos corrió directamente a buscar a la vigilancia portuaria. Respecto a los encapuchados, los cuatro habían escapado sin cargar ninguno, aunque el último llevaba algo pequeño sujeto contra el pecho, posiblemente una caja o un libro de registros. —Todo lo grande quedó dentro. Salieron por la parte trasera y desaparecieron entre los callejones antes de que pudiéramos cerrar el muelle.— Frente al almacén, la inspección de Issei tampoco reveló respiraciones, pasos ni voces al otro lado de la puerta. Solo se escuchaba el goteo constante del líquido y un golpe metálico que se repetía a intervalos regulares. Al entrar encontró seis barriles: cinco permanecían sellados y el sexto tenía una perforación cerca de su base. Los responsables ya no estaban allí.

El líquido del barril dañado caía dentro de una canaleta construida en el suelo y llegaba hasta una vieja caja de distribución instalada bajo una compuerta metálica. El golpe que Issei había escuchado provenía de su mecanismo interno, forzado por el paso irregular de la sustancia. Dentro había tres palancas conectadas entre sí: una marcada con una ola, otra con el dibujo de un depósito cuadrado y una tercera con varias líneas verticales. En la pared quedaba un esquema desgastado que mostraba la canaleta dividiéndose hacia el mar y hacia una cisterna subterránea utilizada antiguamente para contener aceite derramado. La tubería de la ola estaba húmeda y vibraba; la del depósito permanecía seca. Bajo las palancas todavía podía leerse una advertencia oxidada: «Nunca interrumpir la entrada mientras permanezca una única descarga. Dos salidas antes de una; una salida después de dos». El sistema podía desviar la contaminación hacia la cisterna, pero sus controles estaban enlazados y debían moverse en el orden correcto. Una maniobra equivocada bloquearía el mecanismo y expulsaría el contenido acumulado por el desagüe de emergencia directo al muelle.

El almacén estaba vacío, los cinco barriles restantes seguían intactos y las marcas confirmaban que todos habían sido abandonados por los encapuchados. Sin embargo, la perforación del sexto continuaba ensanchándose por la presión interna y el líquido ya circulaba con mayor rapidez hacia la costa. Antes de revisar la salida trasera o seguir el rastro de los responsables, Issei tenía frente a él el problema inmediato: interpretar el antiguo sistema de contención y activarlo correctamente antes de que la mancha alcanzara las aguas de la Lonja Hoshigaki.
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30-07-2026, 10:29 PM
Apoyé una rodilla junto a la vieja caja de distribución y observé el mecanismo con calma, obligándome a ignorar por un instante el goteo constante que caía desde el barril perforado. No había nadie más dentro del almacén, solo aquellos seis barriles, el olor desagradable de la sustancia y un sistema de contención que llevaba años sin utilizarse. Mis ojos recorrieron despacio el esquema grabado en la pared: una canaleta que se dividía en dos direcciones, una marcada hacia el mar y otra hacia una antigua cisterna subterránea. Después bajé la vista hasta las tres palancas.

La primera llevaba grabada una ola, la segunda mostraba el dibujo de un depósito cuadrado y la tercera estaba marcada con varias líneas verticales, probablemente relacionadas con la compuerta o el flujo del sistema. Bajo ellas, aquella advertencia oxidada se repitió en mi cabeza varias veces.

"Nunca interrumpir la entrada mientras permanezca una única descarga. Dos salidas antes de una; una salida después de dos"

Chasqueé la lengua—. Qué manía tiene la gente de escribir acertijos cuando podría limitarse a poner instrucciones.

No parecía una instalación pensada para cortar el flujo de entrada, sino para decidir adónde enviarlo. Si solo había una descarga activa —el barril perforado—, interrumpir la entrada bloquearía el sistema. Antes había que abrir las dos posibles salidas y solo entonces modificar el resto del circuito.

Sin perder más tiempo, alargué la mano, confiando en que mis deducciones eran correctas. Primero accioné la palanca del depósito cuadrado, intentando habilitar la antigua cisterna, y después moví la palanca de las líneas verticales, convencido de que debía abrir o liberar el paso del mecanismo interno antes de tocar el conducto principal.

Solo cuando ambas quedaron en su nueva posición posé la mano sobre la tercera y respiré hondo.

— Veamos si quien escribió esto sabía explicar las cosas peor de lo que diseñaba tuberías...

Y accioné por último la palanca marcada con la ola, sin apartar la vista del mecanismo mientras esperaba comprobar si había resuelto el problema... o si acababa de convertir medio puerto en una cloaca.
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31-07-2026, 08:48 PM
La primera palanca respondió con un crujido pesado. Al abrir el conducto del depósito cuadrado, la tubería seca comenzó a vibrar y parte del líquido acumulado cambió de dirección hacia la cisterna subterránea. La segunda palanca, la de las líneas verticales, cerró la entrada desde la canaleta; el flujo dejó de alcanzar la caja de distribución, aunque comenzó a acumularse lentamente sobre el suelo del almacén. Cuando Issei movió finalmente la palanca de la ola, la salida hacia el mar quedó cerrada y el contenido que permanecía dentro de las tuberías terminó drenando hacia la cisterna. No hubo expulsión por el desagüe de emergencia porque Issei había abierto primero una segunda salida, pero tampoco había utilizado el sistema de la manera más eficiente: la contaminación dejó de llegar al muelle, aunque el barril perforado continuaba vaciándose dentro del edificio.

El cambio fue suficiente para contener la emergencia inmediata. La mancha bajo los pilotes dejó de crecer y el guardia pidió la entrada de varios trabajadores equipados con recipientes, arena y telas gruesas para controlar el líquido acumulado sin tocarlo directamente. Mientras ellos aseguraban el barril dañado y separaban los cinco restantes, uno encontró una pequeña caja metálica oculta debajo de una estantería desplazada. No era el objeto que el último encapuchado se había llevado, pero tenía el mismo sello raspado que aparecía sobre los barriles. La caja protegía algún documento en su interior y estaba cerrada mediante tres discos numéricos. Un fino recipiente de tinta estaba conectado al cierre; romperla o forzarla destruiría cualquier papel guardado dentro. Sobre la tapa habían grabado una sola instrucción: «Primero, lo que trajimos. Después, las sombras que cruzaron. Al final, lo que permaneció entero».

La contaminación había sido apartada del mar y los trabajadores podían encargarse de los barriles, pero la identidad y el destino de los responsables seguían sin conocerse. Frente a Issei quedaban seis barriles trasladados al almacén, cuatro figuras vistas durante la madrugada y cinco recipientes que permanecían completamente sellados. La caja podía contener los registros que los encapuchados no alcanzaron a retirar, pero debía abrirse utilizando la combinación correcta antes de continuar siguiendo su ruta por la salida trasera.
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01-08-2026, 11:50 AM
El mecanismo terminó de detenerse con un último golpe metálico que resonó bajo mis pies, y me quedé quieto unos segundos mientras observaba cómo las tuberías dejaban de vibrar y el líquido oscuro desaparecía poco a poco. Había funcionado, aunque no exactamente como esperaba, porque al fruncir ligeramente el ceño vi que el barril seguía perdiendo contenido dentro del almacén; el sistema había evitado que la contaminación siguiera llegando al muelle, pero no la había aislado del todo, simplemente la había desviado a un punto donde podía controlarse con más facilidad. No era una solución limpia, pero sí era suficiente para ganar tiempo.

— ... Servirá.

Retrocedí un paso en cuanto los trabajadores entraron con recipientes, arena y telas gruesas, porque a partir de ese momento el problema dejaba de ser mío. Ellos podían encargarse del vertido restante mientras yo me centraba en lo que realmente importaba ahora. Fue entonces, mientras retiraban los barriles, cuando uno de ellos encontró una pequeña caja metálica oculta bajo una estantería desplazada, y me acerqué despacio para observarla en silencio: había tres discos numéricos, un sistema de tinta conectado al cierre y la advertencia de que forzarla destruiría lo que hubiera dentro.

Leí la inscripción una sola vez, sin necesidad de repetirla en mi cabeza 

“Primero, lo que trajimos. Después, las sombras que cruzaron. Al final, lo que permaneció entero.”

No me hizo falta más análisis del necesario, porque la estructura era demasiado limpia como para ser casual. Lo primero era evidente: lo que trajimos, y al girar la vista hacia los barriles conté seis, los mismos que habían descargado durante la madrugada. Después venían las sombras que cruzaron, el guardia había hablado primero de tres, aunque enseguida rectificó: quizá cuatro. No sonaba convencido, pero cuatro era la cifra con la que había terminado su declaración y la única que tenía sentido utilizar. Si aquello era una clave construida a partir de los hechos de aquella madrugada, tendría que jugármela. Y por último, lo que permaneció entero, donde cinco barriles seguían sellados mientras solo uno había sido perforado.

Seis, Cuatro, Cinco

Si quienes habían preparado aquello eran los mismos que habían organizado el almacén, no iban a usar algo complicado de recordar, sino algo que cualquiera de ellos pudiera reconstruir sin necesidad de anotarlo. Por eso apoyé la mano sobre la tapa sin dudar demasiado y fui girando los discos con calma hasta dejarlo en su sitio.

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04-08-2026, 03:12 PM
El último disco encajó en el número cinco y, durante un instante, no ocurrió nada. Después se escuchó un pequeño chasquido dentro de la caja metálica; el recipiente de tinta permaneció intacto y los seguros retrocedieron uno tras otro. La combinación había sido correcta. Bajo la tapa, protegidas por una envoltura encerada, Issei encontró varias hojas cubiertas por columnas de cantidades, fechas y símbolos que parecían identificar distintos puntos de la costa. No había nombres completos, pero sí un registro correspondiente a aquella madrugada: seis recipientes entregados, uno marcado para «prueba de corriente» y cinco reservados para un traslado posterior. Junto a la anotación aparecía el dibujo de tres postes unidos por una línea curva y una hora incompleta: «antes de la segunda campana». Aquello confirmaba que la perforación no había sido un accidente. Los responsables habían dejado escapar deliberadamente una parte de la sustancia para comprobar cómo se desplazaba desde el Muelle Viejo hacia las zonas de pesca, aunque la intervención de Issei había impedido que el ensayo alcanzara su objetivo.

Mientras los trabajadores terminaban de cubrir el derrame con arena y aseguraban los barriles intactos, el guardia portuario revisó las hojas sin reconocer el símbolo. Sin embargo, uno de los hombres señaló que la costa cercana tenía numerosos postes de amarre y que el dibujo podía corresponder a más de un lugar. Issei abandonó entonces el almacén por la salida trasera utilizada por los encapuchados. Afuera lo recibió un callejón angosto, húmedo y apenas iluminado por la claridad gris que atravesaba la niebla. Las paredes de madera estaban cubiertas por salitre; varias cajas vacías formaban pasillos irregulares y el suelo conservaba charcos de la lluvia nocturna. Las pisadas humanas se mezclaban unas con otras, pero los fugitivos habían dejado señales más difíciles de borrar: una mancha oscura sobre una esquina, una cuerda cortada enganchada en un clavo y pequeñas gotas de cera rojiza que avanzaban hasta una bifurcación. Más allá se escuchaban las cadenas de los barcos, el golpe distante de las olas y las voces inquietas de los pescadores retenidos fuera de la zona contaminada.

El rastro terminaba frente a dos caminos estrechos. En uno, las gotas de cera continuaban durante varios metros antes de detenerse junto a una pared sin puertas; allí también había marcas recientes de botas, demasiado claras y ordenadas, como si alguien hubiera pisado varias veces el mismo lugar. El otro camino no conservaba cera visible, pero una telaraña entre dos cajas estaba rota hacia el interior y uno de los charcos mostraba una fina película aceitosa desplazada en dirección contraria al viento. Cerca de la bifurcación descansaba además un trozo de cuerda idéntico al encontrado junto a la salida del almacén, aunque sus fibras estaban mojadas con agua salada y no con lluvia. Desde ambos callejones podía alcanzarse la costa, pero solo uno parecía haber sido utilizado realmente por quienes transportaban el objeto pequeño que el guardia vio contra el pecho del último encapuchado. El otro podía ser una pista colocada para ganar tiempo.

La urgencia ya no provenía únicamente de la mancha contenida bajo el muelle. Las hojas indicaban que los cinco barriles restantes debían retirarse antes de la segunda campana, lo que significaba que alguien podía regresar por ellos o estar preparando otro punto de contaminación en ese mismo momento. El ambiente seguía siendo pesado y hostil: el olor aceitoso se aferraba a la garganta, los peces muertos golpeaban suavemente contra los pilotes y la niebla convertía cada almacén en una silueta indistinta. Issei había evitado que la sustancia alcanzara la Lonja Hoshigaki, asegurado el material abandonado y descubierto que todo formaba parte de una prueba planificada. Ahora debía interpretar las señales de la bifurcación, identificar cuál rastro era auténtico y avanzar antes de que los encapuchados completaran la siguiente etapa de su operación.
Issei
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07-08-2026, 07:52 PM
Salí del almacén sin perder más tiempo mientras aquellas hojas seguían dándome vueltas en la cabeza, especialmente aquella anotación sobre los seis recipientes y la maldita «prueba de corriente». Ya no había ninguna duda de que aquello había sido intencionado: Habían querido observar cómo se desplazaba la sustancia por el agua y, si no hubieran sido interrumpidos, probablemente ahora estaríamos hablando de algo mucho peor.

Me agaché frente a la bifurcación y observé ambos caminos con detenimiento. El primero era demasiado evidente, con gotas de cera perfectamente visibles hasta una pared sin ninguna salida, acompañadas de unas marcas de botas tan limpias y repetidas que casi parecían una invitación para seguirlas. Aquello era demasiado fácil para ser cierto.

Giré la cabeza hacia el otro callejón, donde se encontraba la telaraña rota hacia dentro. Eso significaba que alguien había pasado por allí desde el exterior, no que hubiera preparado una ruta para que otro la encontrara. Después estaba el charco, donde la fina película aceitosa se desplazaba en dirección contraria al viento, siguiendo una corriente. Me fijé también en el trozo de cuerda, ya que las fibras estaban empapadas de agua salada.

Sonreí ligeramente—. Si querían que siguiera ese camino, podrían haberse esforzado un poco más.

La cera podía transportarse y las huellas podían fabricarse. Pero era bastante más complicado conseguir que un charco, una telaraña y una cuerda contaran la misma mentira.

Al final decidí tomar el segundo camino. De momento no quise correr, ya que prefería conservar la posibilidad de detectar cualquier otra señal antes de que mis propias pisadas terminaran contaminando el rastro. Avancé entre las cajas, rozando apenas la pared con los dedos mientras mantenía la mirada baja. El olor del almacén seguía pegado a mi ropa y el sabor aceitoso continuaba en mi garganta, pero aquello ya no me molestaba demasiado.

Pensé que si rrealmente los encapuchados habían llevado aquel objeto hacia la costa, entonces no estaban huyendo sin rumbo. Tenían un punto de encuentro, un lugar donde entregar aquello que se habían llevado o quizá donde recoger los cinco barriles restantes. Y las hojas me habían dado una pista todavía mejor: tres postes unidos por una línea curva.

Apreté ligeramente el paso, si querían contaminar otro sector, necesitaban llegar primero. Y si pretendían recuperar los barriles, tendrían que volver por ellos. En ambos casos, solo necesitaba llegar antes.

La niebla se cerró lentamente a mi alrededor mientras desaparecía por el callejón, dejando atrás las falsas huellas de cera y siguiendo únicamente las señales que, por mucho que alguien hubiera intentado ocultarlas, todavía pertenecían al mar.
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07-08-2026, 09:19 PM
El segundo callejón confirmó poco a poco la lectura de Issei. La película aceitosa reaparecía en pequeñas manchas allí donde el agua se había acumulado entre las tablas, y en dos ocasiones encontró fibras de la misma cuerda salada atrapadas contra clavos oxidados. El camino descendía hacia una parte más antigua del puerto, fuera de las rutas habituales de pescadores, hasta desembocar en una plataforma de carga construida casi al nivel del agua. Allí estaban los tres postes. Dos permanecían rectos y el tercero se inclinaba hacia el mar; entre ellos colgaba una gruesa maroma formando exactamente la curva dibujada en los registros. No era una marca abstracta ni otro acertijo. Era un punto de encuentro. Bajo uno de los amarres quedaban restos recientes de cera roja y, sobre la madera húmeda, cuatro pares de pisadas se separaban alrededor de una trampilla abierta. Issei había seguido el rastro correcto.

Debajo de aquella plataforma no encontró fugitivos esperando, sino algo peor. Un pequeño bote sin insignias permanecía sujeto entre los pilotes, oculto por la niebla y preparado para salir hacia aguas abiertas. Dentro había cajas vacías, telas impregnadas del mismo olor del almacén y espacio suficiente para transportar los cinco recipientes que ahora estaban bajo custodia. Los encapuchados nunca habían pensado abandonarlos: aquel era el medio preparado para sacarlos después de comprobar la dirección de la corriente. Sin embargo, faltaba el objeto que uno de ellos había llevado contra el pecho. Lo único que quedaba de su paso era una funda de cuero rota y varias hojas arrancadas, mojadas e ilegibles. Entonces, desde algún punto más adelante en la bruma, llegó un sonido seco de metal contra metal. Una campana del puerto acababa de marcar una vez. La siguiente sería la segunda indicada en los documentos.

Casi al mismo tiempo, la plataforma vibró bajo los pies de Issei. Desde debajo de las tablas comenzó a escucharse un borboteo irregular y el agua entre los pilotes adquirió lentamente el mismo brillo oscuro que había visto junto al almacén. Una tubería antigua descendía desde la parte posterior de la estructura y desaparecía bajo el muelle; alguien había abierto su conducción desde otro punto. La primera fuga había servido para estudiar la corriente, pero los cinco barriles abandonados no eran la única reserva de aquella sustancia. Más allá de la plataforma, siguiendo la dirección hacia la que el aceite comenzaba a extenderse, se encontraba una hilera de embarcaciones pequeñas preparadas para salir a faenar en cuanto levantaran las restricciones del Muelle Viejo. La mancha aún era reducida, aunque aumentaba con cada segundo, y esta vez no había a la vista ninguna caja de distribución que permitiera desviar el flujo con tres palancas.

La niebla dejó entonces escapar movimiento al otro extremo de la plataforma. Una silueta encapuchada cruzó durante apenas un instante entre dos almacenes elevados y desapareció tras ellos llevando bajo el brazo algo rectangular, del tamaño aproximado de aquello que el guardia había descrito aquella madrugada. Al mismo tiempo, el bote oculto comenzó a alejarse lentamente del muelle: la cuerda que lo mantenía sujeto no se había soltado, estaba siendo recogida desde algún mecanismo situado bajo las tablas. El rastro había conducido a Issei hasta el verdadero punto de operación, pero también lo había colocado en medio de una maniobra que ya estaba en marcha. Frente a él coincidían ahora la nueva descarga, el posible responsable que conservaba los registros retirados del almacén y una embarcación preparada para desaparecer entre la niebla. Y, sobre todo aquello, quedaba una sola campanada antes de la hora que los encapuchados habían señalado para completar el traslado.
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08-08-2026, 10:19 PM
El descenso hasta aquella plataforma había sido más largo de lo que esperaba. Después de seguir el rastro, terminé alejándome de las zonas del puerto que todavía conservaban algo de actividad. Allí abajo apenas llegaba el ruido de los pescadores, solo quedaban el golpeteo irregular del agua contra los pilotes, el crujido de la madera húmeda bajo mis sandalias y aquella niebla que parecía tragarse cualquier sonido antes de dejarlo llegar demasiado lejos.

Cuando alcancé la plataforma, me detuve. No necesitaba acercarme demasiado para comprender que había encontrado el lugar. Los tres postes estaban allí, exactamente como aparecían en el dibujo de los documentos. Me quedé observándolos unos segundos antes de dirigir la vista hacia los restos de cera roja acumulados junto a uno de los amarres, después bajé la mirada hacia los pilotes y descubrí el bote oculto debajo de la estructura. No tenía insignias y estaba preparado para transportar una cantidad considerable de carga. Las cajas vacías, las telas impregnadas del mismo olor que los barriles y el espacio disponible en la cubierta dejaban poco margen para las dudas. Aquello era lo que habían preparado para sacar los cinco recipientes del puerto cuando terminaran aquello.

— Así que aquí era...

La conclusión apenas había terminado de formarse cuando escuché las campanas, levanté la cabeza y calculé el tiempo que podía quedarme antes de la siguiente. Los documentos habían sido bastante claros con aquello; no sabía qué ocurriría exactamente entonces, pero después de todo lo que había encontrado no pensaba esperar para averiguarlo.

La plataforma vibró y me quedé quieto un instante. Un sonido burbujeante subía desde debajo de las tablas. Miré entre los huecos y vi cómo una sustancia oscura comenzaba a extenderse por el agua. Esta vez no había ningún sistema de palancas esperándome, ninguna caja con instrucciones y ningún mecanismo diseñado para que alguien pudiera solucionarlo siguiendo tres pasos.

Perfecto, no me quedaba otra que improvisar.

Recorrí la plataforma con la mirada. Había barriles vacíos, restos de embalaje, herramientas abandonadas y varios tablones apilados junto a una de las paredes. Me acerqué a ellos y comprobé rápidamente su tamaño. Ninguno serviría para cerrar por completo una conducción de aquel diámetro, pero uno de los más gruesos podía reducir el paso lo suficiente como para ganar tiempo.

Lo agarré y lo arrastré hasta el borde, pero entonces escuché algo detrás de mí. Giré la cabeza justo a tiempo para distinguir una figura al otro extremo de la plataforma. Apenas estuvo visible durante un segundo antes de desaparecer entre los almacenes, pero no necesitaba más. Llevaba algo rectangular bajo el brazo, tenía toda la pinta de ser el objeto que faltaba.

Mi primera reacción fue dar un paso hacia él, pero entonces escuché el ruido de una cuerda tensándose bajo la plataforma. El bote estaba empezando a moverse.

Negué lentamente con la cabeza—. Veo que no queréis dejarme tiempo para pensar.

Saqué un kunai y lo lancé sin necesidad de cambiar de posición. El arma cruzó el espacio entre los pilotes y cortó la cuerda con precisión. La tensión desapareció de golpe y el bote quedó libre, balanceándose sobre el agua mientras la corriente empezaba a desplazarlo. Al menos ya no podrían recogerlo desde debajo de la plataforma y hacerlo desaparecer 

Me agaché entonces junto a la tubería. El tablón encajó a la primera, aunque la presión hizo que la madera protestara de inmediato. Tuve que empujarlo con todo el peso de mi cuerpo para conseguir introducirlo lo suficiente. El agua golpeaba contra él con una fuerza desagradable y durante un momento pensé que terminaría arrancándolo de mis manos, pero finalmente consiguió bloquear parte de la abertura.

Miré de nuevo hacia el almacén. El hombre había desaparecido por completo y no tenía sentido echar a correr detrás de él sin saber siquiera qué dirección había tomado. Había conseguido reducir la descarga y cortar la vía de escape del bote; ahora podía permitirme unos segundos para pensar.

El problema era que ya no tenía un rastro claro que seguir. Podía haber continuado por cualquiera de los almacenes, haberse escondido entre las estructuras del puerto o incluso haber utilizado alguna salida que yo todavía no conocía. Lo único seguro era que llevaba consigo los registros y que, después de todo lo que habían preparado, no podía permitirme asumir que su huida había sido improvisada.

Tendría que encontrar alguna pista sobre su paradero antes de moverme. Correr detrás de una sombra sin saber hacia dónde iba no era perseguir a un enemigo; era simplemente regalarle la oportunidad de decidir dónde quería que lo encontrara.
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10-08-2026, 05:25 PM
Te dejo un cierre que resuelve la contaminación, el bote, el objeto robado, los responsables inmediatos y el propósito del montaje sin hacer que Issei actúe por cuenta del narrador. La resolución ocurre a partir de las consecuencias de lo que él ya hizo y de la llegada de apoyo lógico del puerto.

El tablón resistió lo suficiente. La presión terminó abriendo pequeñas filtraciones alrededor de la madera, pero el caudal había disminuido hasta convertirse en un goteo manejable y la mancha dejó de avanzar hacia las embarcaciones pesqueras. Poco después comenzaron a escucharse voces desde la parte alta del muelle. Los guardias que habían permanecido en el almacén siguieron el recorrido señalado por Issei y llegaron acompañados por dos trabajadores portuarios familiarizados con las conducciones antiguas. Entre los tres localizaron una válvula principal oculta detrás de una estructura de carga y cerraron finalmente la tubería. El vertido cesó por completo. El bote, liberado de su mecanismo de recogida después del corte de la cuerda, había derivado apenas unos metros antes de quedar atrapado contra una fila de pilotes, donde también pudo ser asegurado. Dentro encontraron herramientas, restos de cera roja, varias sogas húmedas y marcas recientes dejadas por los mismos barriles recuperados en el primer almacén. Con aquello quedaba claro para qué había sido preparado.

La huida del encapuchado tampoco había resultado tan limpia como parecía. Al desaparecer entre los almacenes había tenido que atravesar una pasarela secundaria que terminaba nuevamente en el camino principal del puerto, y allí se encontró con la vigilancia que comenzaba a cerrar el perímetro. No consiguió escapar. Cuando los guardias lo devolvieron hasta la plataforma, llevaba todavía consigo la carpeta rectangular que Issei había visto entre la niebla. En su interior estaba el libro de registros retirado durante la madrugada, junto con un plano mucho más completo de las tuberías costeras. Las anotaciones terminaban de ordenar todo lo ocurrido: los seis barriles habían sido introducidos para probar una sustancia residual procedente de un cargamento ilegal, el primero debía liberarse en el Muelle Viejo para medir cuánto tardaba la corriente en arrastrarla hacia las zonas de pesca y los cinco restantes serían retirados después mediante el bote escondido. La segunda descarga había sido preparada como contingencia para provocar una distracción mayor si alguien descubría el almacén antes de que pudieran recuperar el material.

Los otros tres encapuchados ya no estaban en el lugar, pero tampoco habían desaparecido sin dejar nada detrás. Entre los documentos figuraban puntos de entrega, cantidades, horarios y dos nombres utilizados para recibir cargamentos en otros almacenes de la costa. Los guardias portuarios tendrían suficiente información para continuar aquella investigación fuera del alcance de la misión inmediata. El hombre capturado confirmó además, tras comprobar que los registros habían sido recuperados, que los cuatro habían abandonado el primer almacén al ser sorprendidos por los pescadores y que la intención nunca había sido envenenar permanentemente las aguas de Kirigakure: pretendían determinar si aquella sustancia podía eliminarse en el mar sin que los vertidos fueran vinculados con ellos. Los peces muertos y la rapidez con la que se había extendido la mancha habían demostrado exactamente lo contrario.

Cuando la segunda campanada resonó sobre el puerto, ya no activó nada. La conducción estaba cerrada, el bote asegurado, los cinco barriles permanecían bajo vigilancia y el sexto había dejado de alimentar la contaminación. Los trabajadores comenzaron a levantar barreras absorbentes alrededor de las zonas afectadas mientras otros retiraban los peces muertos y marcaban el sector para mantener alejadas las embarcaciones durante las labores de limpieza. La mancha visible bajo el Muelle Viejo todavía tardaría en desaparecer, pero ya no avanzaba y no había alcanzado las áreas de pesca activas. El incidente que había comenzado con unas marcas de arrastre y un olor extraño quedaba finalmente reconstruido de principio a fin: la fuga inicial había sido una prueba, el viejo sistema del almacén había permitido contenerla, la caja había revelado el punto de recogida, las señales falsas habían intentado desviar cualquier persecución y los tres postes habían conducido directamente hasta la operación de retirada.

Al regresar la atención hacia el Muelle Viejo, el ambiente era distinto al de aquella mañana. Seguía oliendo a aceite y agua estancada, la madera permanecía húmeda y la niebla todavía cubría buena parte de la costa, pero los pescadores ya no observaban una mancha creciendo sin control bajo sus embarcaciones. Los guardias tenían un detenido, documentos suficientes para seguir la red responsable y todo el material peligroso había quedado asegurado. Lo que podía haberse convertido en una contaminación seria del puerto había terminado reducido a una zona cerrada y controlada. La investigación posterior correspondería a las autoridades de Kirigakure; en lo referente al Muelle Viejo, el origen del vertido había sido descubierto, el riesgo para los civiles eliminado y la operación clandestina interrumpida antes de que pudiera completarse.

Misión Cumplida
Masashi Kishimoto
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10-08-2026, 09:17 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Rango C] Marea Negra en el Muelle Viejo (TID 14331)
Tipo: Misión Normal · Rango: C
  • Issei — Participante (100%): 1000 Ryos, 10 Tobis, 90 Exp
  • Kyoshiro — Narrador Oficial (100%): 1500 Ryos, 0 Tobis, 65 Exp, Pergamino PERG003

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador 4
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10-08-2026, 09:17 PM
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