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[Misión D] La plaga de Saltamontes
Carina Aburame
Rango Genin
Clan Aburame
Nivel 7
Estadísticas
Generales
Fuerza10(1)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra45(2)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu11
Sigilo14
320
425
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08-08-2026, 07:13 PM
45 de primavera del año 150
Konohagakure
El problema con llamar «plaga» a un grupo enorme de insectos era que la palabra condicionaba inmediatamente la observación. Plaga significaba problema. Problema significaba eliminar. Y eliminar antes de comprender era, científicamente hablando, una costumbre humana bastante desagradable. Yo prefería otra definición. Una cantidad obscenamente maravillosa de saltamontes.

-Oh...

Me detuve apenas alcancé la primera elevación desde la que podían verse los campos cercanos a Konohagakure.

-Oh, esto es precioso.

Probablemente no era la reacción que esperaban los agricultores. Frente a nosotros, varias parcelas parecían moverse. El verde de los cultivos desaparecía por momentos bajo cientos, quizá miles de pequeños cuerpos que saltaban entre las hojas. Cada pocos segundos una parte del enjambre levantaba vuelo, produciendo una ondulación extraña sobre el terreno antes de volver a descender unos metros más adelante. Desde aquella distancia incluso podía escucharlos. Un murmullo seco y constante formado por patas rozando hojas, alas abriéndose y vegetación siendo mordisqueada. Mis labios se curvaron inevitablemente.

-Necesito acercarme.

Uno de los agricultores comenzó a explicarme algo sobre las pérdidas de arroz. Lo escuché. De verdad que lo hice. Pero simultáneamente había aproximadamente cuatrocientas cosas muchísimo más interesantes ocurriendo delante de nosotros. Me interné entre los cultivos agachándome casi inmediatamente. Llevaba el cabello recogido en mis habituales dos coletas, los lentes de corazón descansando sobre mi rostro y ropa ligera, cómoda y suficientemente abierta como para soportar aquel calor insoportable sin sacrificar movilidad. El suelo estaba seco. Mucho más de lo que esperaba para aquella época. Hundí dos dedos en la tierra y los froté lentamente antes de levantar la mirada. Un saltamontes aterrizó sobre mi muslo.

-Hola, precioso.

Extendí cuidadosamente la mano. El insecto saltó primero hasta mis dedos y después intentó escapar, pero cerré ambas manos alrededor de él sin ejercer presión.

-Nosotros somos Carina. Tú eres evidencia.

Lo observé durante algunos segundos antes de acercarlo peligrosamente a mi rostro. Antenas. Patas posteriores desarrolladas. Alas completas. Coloración normal. Nada especialmente extraño a primera vista. Eso era interesante. Porque una invasión de aquellas dimensiones no aparecía simplemente porque los saltamontes hubieran celebrado una reunión y decidido arruinarle la semana a varios agricultores. Liberé al ejemplar y observé cómo desaparecía nuevamente entre las plantas.
Entonces cerré los ojos. Escuchar normalmente era una cosa. Escuchar de verdad era otra. El campo adquirió una dimensión completamente diferente. Miles de pequeños sonidos se superponían unos con otros. Mandíbulas cortando materia vegetal. Saltos. Alas. Hojas agitándose. Incluso podía distinguir sectores donde aquella actividad parecía mucho más intensa. Giré lentamente la cabeza. No estaban distribuidos de manera uniforme.

Abrí los ojos. Ahora sí estábamos haciendo ciencia. Saqué mi pequeño cuaderno y anoté rápidamente las primeras observaciones. Temperatura elevada, suelo considerablemente seco, concentración desigual de individuos y daños mucho mayores en determinadas parcelas. Todavía no sabía de dónde habían venido. Mucho menos por qué habían llegado tantos. Pero precisamente por eso estaba sonriendo. Los agricultores tenían una plaga. Yo tenía una pregunta. Y las preguntas siempre eran muchísimo más divertidas.


Mis primeras observaciones tenían un pequeño problema. Los saltamontes no parecían tener absolutamente nada raro. Eso era decepcionante. También era maravilloso. Pasé buena parte de la siguiente hora recorriendo los límites de las parcelas mientras los agricultores intentaban salvar todo lo que podían. Tomé algunos ejemplares, comparé tamaños, observé alas, coloración y comportamiento. Nada indicaba una alteración evidente. Tampoco parecían especialmente agresivos. Comían porque tenían hambre, saltaban porque tenían patas extraordinariamente buenas para hacerlo y huían cuando algo suficientemente grande se aproximaba. Comportamiento perfectamente normal. La cantidad era lo anormal.

-Entonces la pregunta no es qué les pasa.

Mordisqueé distraídamente la punta del lápiz mientras contemplaba el campo.

-Es por qué están aquí.

Seguí caminando. La respuesta apareció varios cientos de metros después, más allá de las parcelas cultivadas. El terreno se volvía progresivamente más seco en aquella dirección. Había hierbas amarillentas, pequeños arbustos prácticamente desnudos y extensiones donde la vegetación silvestre había quedado reducida a tallos mordisqueados. Me agaché. Había excrementos diminutos. Restos de mudas. Fragmentos de alas. Muchísimos.

-Migración.

La palabra salió acompañada de una sonrisa. No había ningún misterioso experimento. Ningún veneno. Ningún shinobi criando saltamontes malignos en una cueva secreta, posibilidad que admito habría sido científicamente espectacular. Simplemente habían agotado progresivamente su alimento mientras el calor secaba aquella zona. Cuando los recursos comenzaron a escasear, la enorme población siguió avanzando hasta encontrar algo mucho más apetecible. Los campos. 

-No están invadiendo nada 

Expliqué cuando regresé junto a los agricultores

-Están comiendo. Nosotros plantamos una cantidad absurda de alimento exactamente delante de una población hambrienta. Desde su perspectiva, somos increíblemente considerados.

Nadie se rio. Qué público tan complicado. Matarlos a todos habría sido posible, pero innecesario. Además, utilizar sustancias agresivas sobre cultivos destinados al consumo humano me parecía una solución bastante peor que el problema. Así que necesitábamos convencerlos de marcharse. Mis Kikaichū comenzaron a abandonar mi cuerpo en pequeños grupos. No pretendía enfrentarlos directamente contra los saltamontes. Los distribuí por los sectores todavía menos afectados y por los límites de las parcelas, utilizando su movimiento como una barrera viva para incomodar y dirigir progresivamente a los invasores. Después vinieron los humanos. Hicimos ruido, agitamos telas y avanzamos lentamente desde varios puntos mientras mis insectos cerraban las rutas hacia los cultivos que todavía permanecían intactos. No necesitábamos perseguir individualmente miles de organismos. Solo modificar las opciones que tenían disponibles. 

Los primeros saltamontes comenzaron a levantar vuelo. Después otros. Y otros. Hasta que una enorme nube se elevó sobre nosotros. Me quedé completamente quieta contemplándola. Miles de cuerpos diminutos cubrieron parcialmente el cielo durante unos segundos. Era difícil explicar lo hermoso que resultaba observar tantos individuos respondiendo unos a otros hasta parecer un único organismo gigantesco.

-Miren eso...

Un agricultor me gritó que continuara.

-Sí, sí. Estoy trabajando.

Seguimos empujando aquella masa hacia las extensiones alejadas de los sembradíos, donde todavía quedaban hierbas silvestres y vegetación suficiente para dispersarla. No desaparecerían inmediatamente, pero habíamos roto su concentración sobre las parcelas y, sobre todo, establecido una manera de mantenerlas alejadas mientras los agricultores protegían las zonas más vulnerables. Cuando regresé, el campo estaba bastante maltrecho. Pero seguía siendo un campo. Habíamos llegado a tiempo. 

Me senté sobre una cerca mientras mis Kikaichū regresaban poco a poco. Tenía tierra en las piernas, algunas hojas enganchadas en el cabello y un pequeño saltamontes descansando tranquilamente sobre mi hombro. "Observación final" Desplazamiento masivo asociado a altas temperaturas, reducción del alimento silvestre y posterior concentración sobre cultivos cercanos. No se detectaron alteraciones evidentes en los ejemplares examinados. Contención realizada mediante dispersión y redirección de la población. Miré al pequeño individuo de mi hombro. 

-Tú vienes conmigo.

Saltó antes de que pudiera atraparlo. Permanecí mirándolo durante unos segundos.

-Perfecto. Rechazo de participación en investigación. También es un resultado válido.

Me puse de pie. Los agricultores habían salvado buena parte de sus cosechas. Los saltamontes habían sido alejados sin necesidad de exterminarlos y ahora conocíamos la causa suficiente como para anticipar nuevos desplazamientos mientras continuara el calor. Misión cumplida. Aunque había descubierto algo todavía más importante. Necesitaba conseguir un terrario. Urgentemente.
Narro - Hablo - Pienso
[Imagen: Firma-Carina.png]
Masashi Kishimoto
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08-08-2026, 07:49 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión D] La plaga de Saltamontes (TID 14491)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: D
  • Carina Aburame — Autor (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Himawari
Enlace al Post
08-08-2026, 07:51 PM
Cita:¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión D] La plaga de Saltamontes (TID 14491)
Tipo: Misión Autonarrada · Rango: D
  • Carina Aburame — Autor (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
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