Día 02 Verano Año 150 - Konohagakure no Sato
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La torre de vigilancia se encontraba en uno de los sectores menos transitados del perímetro exterior de Konohagakure, construida sobre una elevación desde la cual era posible observar parte del bosque y uno de los caminos secundarios que conducían hacia la aldea. Su función consistía en registrar movimientos sospechosos y enviar dos informes diarios, pero durante los últimos dos días no había llegado ninguna comunicación. Los dos shinobi asignados al puesto tampoco habían regresado para solicitar relevo ni respondido a las señales enviadas desde Konoha, por lo que la posibilidad de una simple avería había dejado de resultar suficiente.
Antes de alcanzar la torre, Kuroto encontraría a un chūnin esperándolo junto al último puesto de control habitado del perímetro. El hombre, vestido con el uniforme regular de Konoha y con un mapa doblado bajo el brazo, se incorporó al verlo acercarse. —Kuroto Uchiha, ¿verdad? Soy Daigo Nara. Me ordenaron recibirte y explicarte la situación antes de que continúes. La torre está a unos veinte minutos por este sendero. Allí deberían estar Haru Senda y Maki Inuzuka, pero ninguno ha enviado informes ni dado señales desde hace dos días. Una patrulla pasó cerca ayer y, desde la distancia, la estructura parecía intacta, así que no se acercaron. Antes de desaparecer, uno de los vigilantes mencionó movimientos nocturnos cerca del camino oriental, aunque no consideró necesario activar la alarma.
Daigo le entregó el mapa y señaló la ruta principal, el camino oriental y la elevación sobre la que se encontraba la instalación. —Debes comprobar el estado de la torre, localizar a los vigilantes y descubrir qué interrumpió las comunicaciones. No sabemos si se trata de un accidente, una intrusión o algo peor. Si encuentras una amenaza controlable, neutralízala; si la situación supera tus capacidades, utiliza las bengalas almacenadas dentro del puesto. Yo permaneceré aquí esperando tu señal. Tras aquellas palabras, el chūnin se apartó del camino y permitió que Kuroto continuara solo hacia el lugar.
La torre apareció entre los árboles varios minutos después, aparentemente intacta, con la bandera de Konoha todavía ondeando sobre la plataforma superior. Sin embargo, no había nadie vigilando y una ventana del segundo piso golpeaba lentamente contra su marco. El sendero mostraba huellas de botas parcialmente borradas, la campana del último poste de señalización había sido retirada cuidadosamente y la puerta principal permanecía cerrada, aunque su pasador sobresalía ligeramente por debajo de la madera. Cerca del muro oriental había un cubo volcado sobre tierra todavía húmeda y tres marcas oscuras y alargadas junto a la base de la estructura. La torre continuaba en pie, pero alguien parecía haberse esforzado por conservar la apariencia de normalidad.