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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Agua   ›   Kirigakure no Sato
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[Rango D] Amenaza ¿mortal?
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31-07-2026, 08:56 PM
[Rango D] Amenaza ¿mortal?
28 de Verano de 150.
Petición de la misión: Aquí
La crisis que atravesaba Kirigakure había obligado a vigilar con mayor atención cualquier cambio ocurrido en sus aguas. La desaparición de embarcaciones, la muerte de peces y el deterioro progresivo de algunos sectores costeros habían demostrado que incluso las señales más pequeñas podían anticipar un problema mucho mayor. Sin embargo, lo descubierto en los humedales del interior no se parecía a ninguno de los incidentes registrados hasta el momento. Seis mañanas atrás, unos recolectores encontraron una enorme huella hundida en el barro, tan amplia que una persona adulta podía permanecer de pie dentro de ella. Al día siguiente apareció otra varios kilómetros más adelante; después una tercera, y luego otra. Cada marca estaba más cerca de Kirigakure, aunque nadie había visto, oído ni encontrado a la criatura responsable.

Los habitantes de los pequeños asentamientos próximos a los humedales dejaron de trabajar después del atardecer. Las historias se multiplicaron rápidamente: algunos hablaban de una bestia marina que había abandonado las costas estériles, otros aseguraban que algo antiguo había despertado debajo del pantano. Ninguna patrulla encontró animales muertos, árboles derribados ni señales de alimentación, pero las huellas continuaron apareciendo con una regularidad imposible de ignorar. Aquella mañana, la más reciente había sido localizada cerca del sendero elevado que conectaba los criaderos del humedal con el camino hacia Kirigakure. De mantener el mismo avance, aquello que las producía alcanzaría las zonas habitadas en menos de dos noches.

Yocko fue enviada a investigar antes de que el miedo provocara una evacuación innecesaria. Al final del sendero la esperaba Saburō Numata, uno de los encargados de mantener abiertos los canales de drenaje. El hombre permanecía junto a dos aldeanos, aunque estos se marcharon apenas distinguieron a la kunoichi entre la niebla. Saburō sostuvo una vara de medición contra el pecho y señaló una extensión de juncos apartada del camino.

—La encontramos al amanecer. Nadie se acercó después de eso, tal como ordenó la patrulla. Mide casi cinco metros desde el talón hasta la punta... pero hay algo que no entiendo. Anoche vigilamos el sendero y no vimos pasar nada. Tampoco hay huellas antes ni después de esta.

La impresión ocupaba el centro de un banco de lodo rodeado por agua poco profunda. Tenía tres prolongaciones semejantes a dedos, un borde bien definido y una profundidad suficiente para haber sido producida por un peso considerable. No obstante, los juncos que la rodeaban continuaban erguidos, la superficie del agua no mostraba rastros de desplazamiento y ningún camino conducía hasta ella. Dentro de la huella se acumulaba agua turbia que aún formaba pequeñas ondas, pese a que no soplaba viento bajo la niebla. A pocos metros, varios insectos y ranas abandonaban el humedal en dirección contraria a Kirigakure, mientras un sonido grave y discontinuo comenzaba a escucharse debajo del barro.
Yocko
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02-08-2026, 09:57 AM
El trayecto hasta los humedales resultó más tranquilo de lo que había esperado. La niebla seguía extendiéndose sobre el paisaje como una sábana interminable, ocultando la distancia y transformando cada grupo de juncos en una silueta sospechosa. Varias veces creyó distinguir algo moviéndose entre la vegetación para descubrir segundos después que se trataba de una garza, una rama arrastrada por la corriente o simplemente de su propia imaginación trabajando horas extra. Todo aquello la llevó a preguntarse cuántas de las historias sobre monstruos nacían exactamente de la misma manera. Según algunas versiones, una criatura gigantesca avanzaba hacia Kirigakure desde los humedales, otras cambiaban tan sólo unos detalles sobre la criatura, que quizá sería un fantasma o un monstruo que había estado dormido.

« Yo diría que es un camaleón gigante, si pudieran sobrevivir este clima » La última vez que vio un camaleón quedó sorprendida con su habilidad para camuflarse y parecer totalmente invisibles, pero tan pronto como la criatura dejó de moverse para siempre entendió que no debió haberlo tomado sin permiso del mercader. « Debí dejarlo en el calor de esa caja de piedra... ¿Cómo iba a saber que era una cámara especial para él?... Era una niña » La misión se apartó de su mente durante algunos minutos en que tuvo que luchar contra su consciencia.

Cuando finalmente distinguió a Saburō Numata esperando junto al camino, levantó una mano para saludarlo antes de acercarse hasta el borde del humedal. Apenas escuchó la explicación del hombre dirigió la vista hacia la marca hundida en el barro y durante unos segundos permaneció completamente inmóvil observándola. Era mucho más grande de lo que había imaginado; lo bastante como para que una parte de ella empezara a reconsiderar la posibilidad de que quizá aquella misión sí escondiera algo interesante. Pero había algo más que no cuadraba con lo que estaba viendo, cuanto más la observaba, menos sentido encontraba: una huella de aquel tamaño debería haber dejado un rastro, al menos los juncos tendrían que estar aplastados o el agua desplazada. Pero ni siquiera el barro había sido removido durante metros, como dejando alguna estela de arrastre. En cambio, todo alrededor parecía extrañamente intacto. Como si la marca simplemente hubiera aparecido allí durante la noche y ante la vista de los vigías. Frunció el ceño y descendió con cuidado hasta el borde del banco de lodo, procurando no alterar nada antes de examinarlo mejor.

Fue entonces cuando escuchó aquel sonido grave procedente de debajo del barro. No era especialmente fuerte, pero sí lo bastante extraño como para llamar su atención de inmediato. En alguna ocasión vio el matrimonio de dos patos, pero nunca había visto a un grupo de ranas e insectos comportarse como un grupo de camaradas, parecía que huían, no unos de otros, sino de Kirigakure, al tiempo que aquel sonido hacía mecer el agua en la charca. Yocko permaneció en silencio unos segundos, mirando la huella y el agua acumulada en su interior. Algo le decía que la respuesta no estaba caminando sobre el pantano, que quizá llevaba todo el tiempo escondida debajo de él. Entonces tomó una vara, una rama caída de algún árbol y la usó para picar dentro de la huella.
[Imagen: q0yojli.png]
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04-08-2026, 03:17 PM
La rama no encontró la resistencia blanda que Yocko habría esperado del fondo de una charca. Apenas atravesó la capa superficial de agua turbia, la punta chocó contra algo firme oculto bajo el barro y el impacto produjo una vibración que recorrió toda la huella. Las pequeñas ondas que ya agitaban el agua se expandieron con mayor fuerza, golpearon los bordes de la impresión y regresaron hacia el centro en círculos casi perfectos. Saburō retrocedió instintivamente al escuchar cómo el sonido grave aumentaba debajo de sus pies, pero nada emergió del pantano. En cambio, el lodo alrededor de la vara comenzó a hundirse lentamente, como si el peso no estuviera siendo empujado desde arriba, sino absorbido hacia una cavidad inferior. La observación de la kunoichi parecía acertada: aquello no había llegado caminando hasta ese lugar. Lo que fuera que producía las marcas se encontraba bajo la superficie, aunque la forma tan precisa de los tres dedos continuaba sin encajar con un simple derrumbe natural.

Un instante después, una corriente de aire escapó junto a la rama y lanzó varias burbujas oscuras hacia la superficie. El olor era intenso, una mezcla de vegetación podrida, agua estancada y algo mineral semejante al hierro. El barro cedió unos centímetros más y dejó visible una sección curva de material grisáceo, demasiado lisa para ser una roca y demasiado rígida para pertenecer a una raíz. Sobre ella había tres hendiduras paralelas cubiertas de sedimento, colocadas en la misma dirección que las prolongaciones de la huella. Antes de que pudiera distinguirse algo más, el objeto descendió de golpe y el hueco volvió a llenarse de lodo. Casi al mismo tiempo, varios metros detrás de Yocko apareció una pequeña elevación en la superficie del humedal. La protuberancia avanzó bajo el barro durante unos segundos, desapareció junto a un grupo de juncos y volvió a surgir más adelante, siguiendo aproximadamente la dirección de Kirigakure. No se movía como un animal nadando: lo hacía a intervalos, deteniéndose cada vez que el sonido subterráneo cesaba y reanudando su recorrido con cada nueva vibración.

Saburō clavó su vara de medición en una zona firme y observó las marcas grabadas en ella, como si acabara de recordar un detalle que hasta ese momento no había considerado importante. Explicó que los canales de drenaje del humedal no eran simples zanjas abiertas; algunas secciones antiguas continuaban bajo tierra y habían sido reforzadas años atrás con compuertas curvas para controlar la presión del agua durante las lluvias. Muchas habían quedado enterradas, pero todas conectaban con un conducto principal que pasaba cerca de los criaderos antes de dirigirse hacia las zonas habitadas. La forma revelada bajo la huella podía pertenecer a una de aquellas estructuras, aunque ninguna compuerta conocida medía cinco metros ni debía desplazarse por sí sola. Mientras hablaba, el agua acumulada dentro de la impresión comenzó a descender y tres pequeñas corrientes fueron absorbidas por puntos distintos del fondo. Una arrastraba hojas y sedimento; otra parecía teñida por el mineral oscuro; la tercera permanecía casi limpia. Las tres desaparecían bajo el mismo banco de lodo, pero solo una coincidía con la dirección en la que habían avanzado las huellas durante las últimas seis mañanas. El sonido volvió a repetirse, esta vez más adelante, y desde la niebla llegó el crujido de madera sometida a una presión creciente. La kunoichi tenía ahora una estructura enterrada, varias corrientes conectadas y un desplazamiento que respondía a las vibraciones, pero intervenir sobre el conducto equivocado podía liberar toda el agua retenida hacia los criaderos o empujar aquello directamente hacia Kirigakure.
Yocko
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05-08-2026, 11:41 AM
Última modificación: 05-08-2026, 11:43 AM por Yocko.
Yocko observó cómo el lodo volvía a cerrarse sobre sí mismo, ocultando aquella superficie grisácea como si jamás hubiera estado allí. Durante unos segundos permaneció inmóvil con la rama todavía en la mano, contemplando el lugar exacto donde había aparecido la estructura. Lo primero que pensó fue que aquello se parecía muy poco a un monstruo gigantesco, lo segundo, que tampoco se parecía especialmente a un camaleón.

El movimiento bajo los juncos terminó de captar su atención. Giró sobre sus talones justo a tiempo para ver la elevación desplazándose a intervalos, por debajo y sobresaliendo de la superficie. Aquello resultaba extraño incluso para cualquier animal que hubiese visto en Kirigakure. Los animales normalmente avanzaban de forma continua y lo hacían por debajo o por encima del agua, no como un nadador humano que necesitaba sacar la cabeza para respirar de vez en cuando. Ese extraño avance parecía obedecer a otro ritmo pues avanzaba cada vez que el sonido grave recorría el humedal, como si estuviera respondiendo a una señal; o como si la vibración fuese resultado de algún mecanismo que lo impulsaba cada vez.

Mientras Saburō explicaba la existencia de los antiguos conductos de drenaje, la kunoichi fue agachándose junto a la huella. Observó las tres corrientes que desaparecían bajo el banco de lodo y siguió su recorrido con la mirada hasta donde le permitía el agua turbia. « Tres dedos, tres corrientes. » Aquello podía no significar nada, pero tampoco parecía una coincidencia especialmente elegante. Observó cómo una de las corrientes arrastraba hojas y sedimento, otra transportaba aquella sustancia oscura de aspecto mineral y la tercera parecía mucho más limpia que las demás. Durante unos segundos siguió el movimiento del agua y terminó preguntándose si aquello no funcionaba como alguna especie de filtro enterrado bajo el humedal, destinado a separar materiales antes de conducir el agua hacia algún otro lugar. « ¿Hacia dónde va el agua? »se preguntó, entonces tomó otra rama, esta vez más corta, y la utilizó para marcar el borde de la corriente que coincidía con la dirección seguida por las huellas durante los últimos días. Después señaló el lugar a Saburō y le hizo un gesto para que observara también la protuberancia que se alejaba bajo los juncos. Si aquella cosa se estaba desplazando hacia Kirigakure utilizando los antiguos conductos, abrir alguno de los otros pasos sin saber adónde conducían podía ser una idea terrible. Bastante terrible como para inundar los criaderos o la aldea, o ambas cosas al mismo tiempo.

El nuevo crujido de madera llegó desde la niebla antes de que pudiera decidirse por completo. Yocko levantó la cabeza hacia el lugar del que procedía el sonido y frunció ligeramente el ceño. Algo estaba ejerciendo presión sobre alguna estructura más adelante. Quizá una compuerta. Quizá un puente. Quizá una puerta. Fuera lo que fuese, sonaba menos estable de lo que ella habría deseado. Y si realmente existía un conducto principal enterrado bajo los humedales, cualquier daño importante podía alterar el recorrido del agua o liberar aquello que estuviera moviéndose bajo tierra.

Con la rama todavía en la mano, comenzó a avanzar en la dirección de la corriente que coincidía con las huellas y con el desplazamiento de la protuberancia. No pretendía intervenir sobre los conductos todavía; primero quería descubrir qué estaba recorriéndolos. Después de todo, resultaba mucho más sencillo tomar una mala decisión cuando no se entendía el problema y, por experiencia, Yocko ya había tomado suficientes malas decisiones como para reconocer una cuando la tenía delante.

Entonces comprendió que seguir observando no iba a responder ninguna de sus preguntas, decidió que podría hacer algo al respecto. Entonces extendió su chakra ampliando el rango de alcance tan abajo como pudo, intentando no interferir en las corrientes que parecían no estar relacionadas con el avance del artilugio, centrándose en aquella que parecía promover el avance, intentaba congelar aquello que estuviera desplazándose bajo el lodo, obligándolo a detenerse el tiempo suficiente para descubrir qué era realmente y cómo alcanzarlo antes de que rompiera alguna compuerta en su camino.

✔Aprendida · 12-07-2026
◈Hyoton
✦Nivel: 1
#ID: YUKI001R
◔Coste
15 de Chakra
▣Descripción

El usuario moldea chakra Hyōton tras la ejecución de sellos, generando una estructura de hielo de tamaño humano en un punto dentro de un radio de hasta 1 metro a su alrededor, la cual actúa como una barrera defensiva capaz de interceptar ataques directos. Esta creación combina la compresión del Suiton con la proyección del Fūton, permitiendo formar defensas de rápida aparición cuya forma puede adaptarse de manera básica según la intención del usuario, manteniendo su función principal de protección.

Si la estructura permanece en el campo por más de un turno, comienza a regenerar la mitad de los puntos de vida perdidos por turno tras haber recibido daño, representando la reconstrucción constante del hielo mediante chakra. Dependiendo del nivel de control de chakra del usuario, este puede generar múltiples estructuras mediante esta misma técnica, permitiéndole bloquear distintos frentes o establecer defensas simultáneas dentro del campo de batalla.

✧Efecto
59 (CCK) de Resistencia - 3 (MCCK) de Estructuras Simultaneas


OFF
No sé si sea necesario la técnica, pero la pongo por si las moscas.
Gracias!
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06-08-2026, 02:43 PM
El chakra frío de Yocko se extendió por el agua inmediata, pero no alcanzó la protuberancia que avanzaba varios metros más adelante. En su lugar, el Hyōton comprimió la humedad alrededor de la kunoichi y levantó una gruesa estructura de hielo dentro de la corriente marcada. La barrera se hundió parcialmente en el lodo, cerrando durante unos instantes aquel paso angosto. El efecto fue inmediato: el agua dejó de avanzar por esa dirección, el sonido grave desapareció y la elevación situada entre los juncos quedó completamente inmóvil. La técnica no había atrapado directamente lo que se encontraba bajo tierra, pero sí había interrumpido la fuerza que lo impulsaba.

El silencio duró apenas unos segundos. El agua comenzó a acumularse contra el hielo y la presión creciente hizo que pequeñas grietas aparecieran sobre su superficie. Al mismo tiempo, las otras dos corrientes cambiaron de comportamiento. La que arrastraba hojas perdió velocidad, mientras la corriente teñida por minerales oscuros comenzó a fluir en sentido contrario, como si el conducto estuviera absorbiéndola para compensar el paso bloqueado. Bajo los pies de Yocko, la forma curva volvió a rozar la superficie del barro y esta vez quedó visible durante más tiempo: no era una criatura ni una compuerta completa, sino una enorme pieza semicircular de madera reforzada con placas metálicas. Uno de sus extremos estaba roto y tres grandes brazos interiores se abrían hacia canales diferentes, dejando sobre el terreno la falsa impresión de una pata con tres dedos.

Saburō reconoció finalmente la estructura. Se trataba de una antigua rueda distribuidora utilizada para cambiar el recorrido del agua durante las crecidas. Debía permanecer fija dentro de una cámara subterránea, pero uno de sus anclajes había cedido y cada aumento de presión la hacía girar, desplazándola lentamente por el conducto principal. Las supuestas huellas aparecían cuando sus brazos presionaban el techo debilitado del canal desde abajo. La barrera de hielo había detenido su avance, aunque también estaba obligando al sistema a buscar otra salida. Desde la niebla llegó un segundo crujido de madera, seguido por el descenso repentino del agua junto a los criaderos. Si la presión continuaba desviándose hacia la corriente mineral, alguna sección secundaria terminaría abriéndose.

Junto a la pieza aparecieron ahora tres elementos que antes permanecían enterrados: una cadena rota atrapada bajo uno de los brazos, un poste de control inclinado hacia el canal de agua limpia y una compuerta lateral cubierta por raíces. Las marcas de desgaste indicaban que la rueda debía sujetarse a la cadena, mientras el poste parecía controlar su orientación; sin embargo, la tensión del agua impedía mover cualquiera de los dos con facilidad. El hielo continuaba resistiendo y reconstruyendo sus grietas, pero cada reparación retenía todavía más presión. Yocko había conseguido detener el mecanismo y descubrir su naturaleza, aunque ahora debía estabilizarlo antes de retirar la barrera, pues hacerlo sin asegurar la rueda permitiría que toda la fuerza acumulada la impulsara directamente hacia Kirigakure.
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10-08-2026, 02:44 PM
Yocko contempló la escena con la misma expresión que había dedicado minutos antes a la huella: una mezcla entre alivio y desconcierto. No era un monstruo, ni un fantasma, ni siquiera un camaleón gigante con problemas de temperamento. Era una rueda de madera vieja y caprichosa que llevaba días asustando a medio pueblo. « Debería sentirme aliviada » pensó, aunque en el fondo una parte de ella, esa misma que mataba animales accidentalmente, se sintió ligeramente decepcionada de que la aventura terminara en un problema de ingeniería hidráulica. Sin embargo, el crujido que llegó desde la niebla le recordó que el alivio todavía no estaba garantizado: una máquina rota bajo presión podía ser tan peligrosa como cualquier bestia, sobre todo si decidía abrirse paso hacia los criaderos o hacia la aldea.

Se acercó al borde del banco de lodo sin apartar la vista del hielo, que seguía agrietándose y reconstruyéndose como una herida que se negaba a cerrar del todo. Cada grieta era un recordatorio de que su barrera no era una solución, sino una pausa: estaba comprando tiempo, no resolviendo nada. « Contener el agua no es lo mismo que controlarla » pensó, recordando alguna lección mal aprendida sobre reparaciones improvisadas. Si la presión seguía desviándose hacia la corriente mineral, terminaría reventando alguna compuerta secundaria, y entonces ya no importaría cuánto hielo pudiera levantar: el agua encontraría su propio camino, con o sin permiso.

Señaló con la rama corta la cadena rota atrapada bajo uno de los brazos de la rueda y luego el poste de control inclinado hacia el canal limpio, buscando la mirada de Saburō. El hombre, todavía con la vara de medición aferrada contra el pecho, esperaba que lograra comprender de lo que ella tenía en mente: si lograban enganchar de nuevo la cadena al brazo suelto, quizás el poste pudiera usarse para reorientar la rueda hacia una posición estable antes de retirar el hielo. No sonaba sencillo, nada en aquel humedal parecía sencillo desde que las huellas comenzaron a aparecer, pero era mejor que esperar a que la estructura decidiera romperse por su cuenta.

Yocko no podía culpar al hombre si no comprendía sus instrucciones. Avanzó con cuidado por el borde del lodo, sintiendo cómo el frío de su propio chakra todavía vibraba bajo la superficie, sosteniendo la barrera con una tensión que empezaba a costarle mantener. La cadena rota estaba más enterrada de lo que había parecido a primera vista, medio hundida entre raíces y sedimento oscuro, y cada intento de asirla hacía temblar ligeramente el hielo, como si la estructura entera reaccionara a cualquier movimiento cercano.

Mientras tiraba de la cadena con ambas manos, otro pensamiento se abrió paso entre el esfuerzo: la compuerta lateral cubierta de raíces. Nadie la había mencionado hasta ahora, y sin embargo estaba ahí, silenciosa, como una salida de emergencia que el sistema entero parecía haber olvidado. Si la presión se volvía insostenible, tal vez esa fuera la válvula de escape que necesitaban antes de que la corriente mineral terminara reventando algo peor. « Una cosa a la vez » se recordó, aunque anotó mentalmente su ubicación exacta para no perderla de vista. Primero la cadena. Después el poste. La compuerta, si todo lo demás fallaba.

Con las manos enrojecidas por el esfuerzo, tiró de la cadena con todas sus fuerzas, intentando engancharla al brazo suelto de la rueda y  emitió un sonido inarticulado, haciendo una seña casi desesperada para indicarle a Saburō que empujara el poste.
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10-08-2026, 05:30 PM
La cadena cedió poco a poco bajo los tirones de Yocko. Primero salió una sección cubierta de barro, después otra atrapada entre las raíces, hasta que finalmente el extremo roto quedó lo bastante libre como para alcanzar uno de los brazos de la rueda. El metal raspó contra la placa húmeda y, tras varios intentos, terminó encajando en una de las abrazaderas antiguas que aún permanecían sujetas a la estructura. No era una reparación limpia ni definitiva, pero bastó para devolverle un punto de apoyo. Saburō comprendió entonces la seña desesperada de la kunoichi y se lanzó contra el poste inclinado, empujándolo con ambos brazos mientras ella mantenía la tensión sobre la cadena.

Durante unos segundos no ocurrió nada. Después, desde debajo del barro llegó un golpe seco. La rueda giró apenas una fracción sobre su eje y la cadena se tensó violentamente entre las manos de Yocko. El poste respondió con un crujido, inclinándose hacia su posición original, y una de las tres corrientes cambió de dirección casi de inmediato. La protuberancia que había avanzado hacia Kirigakure dejó de empujar el terreno y comenzó a retroceder lentamente hacia la cámara donde debía permanecer. Las falsas huellas no habían sido producidas por una criatura avanzando sobre el humedal, sino por aquel mecanismo desplazado que, jornada tras jornada, había sido arrastrado un poco más lejos por la presión acumulada. Por primera vez desde que comenzó la investigación, la estructura estaba regresando en lugar de acercarse a la aldea.

El alivio duró poco. Al corregirse la orientación de la rueda, el agua que había permanecido contenida contra el hielo encontró de golpe una nueva ruta. La barrera de Yocko recibió una sacudida que abrió varias grietas simultáneas y, a un lado del banco de lodo, la compuerta cubierta de raíces tembló con tanta fuerza que varias de ellas se desprendieron. Saburō soltó el poste y señaló hacia ella justo cuando un hilo de agua comenzó a escapar por debajo de la madera. No iba hacia Kirigakure ni hacia los criaderos: descendía hacia una depresión natural del humedal, una antigua zona de desagüe cubierta por vegetación. Aquella parecía ser precisamente la salida que el sistema había utilizado durante las crecidas, pero años de abandono habían dejado la compuerta prácticamente sellada.

Un nuevo crujido recorrió la estructura. Esta vez no provenía de la rueda, sino de la propia compuerta. La cadena ya mantenía el mecanismo en su sitio y el poste había recuperado suficiente estabilidad para impedir que volviera a girar por sí solo, pero toda la presión acumulada durante aquellos minutos estaba ahora concentrándose detrás de aquella salida bloqueada. Las raíces más finas comenzaron a tensarse y el agua se filtró con mayor fuerza entre ellas. Si cedía de golpe, la descarga podía arrancar parte del terreno y llevarse también la reparación improvisada; si permanecía cerrada, la presión terminaría regresando hacia el conducto principal.

Saburō observó entonces algo que hasta ese momento había quedado oculto bajo la vegetación: junto al borde superior de la compuerta había una vieja palanca metálica conectada a dos seguros laterales. Uno de ellos continuaba libre, pero el otro estaba completamente atrapado por raíces gruesas y sedimento endurecido. El sistema no estaba destruido; simplemente llevaba demasiado tiempo sin abrirse. La rueda había dejado de avanzar, las “huellas” ya tenían explicación y Kirigakure había dejado de ser el destino inmediato del mecanismo. Solo quedaba devolver al agua una salida segura antes de retirar el hielo. Y, mientras la compuerta volvía a estremecerse bajo la presión, quedó claro que ya no disponían de mucho margen para hacer
Yocko
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11-08-2026, 11:58 AM
Yocko observó la palanca, luego las raíces que la aprisionaban y finalmente la compuerta que temblaba bajo la presión acumulada. Soltó brevemente la tensión sobre la cadena, comprobando que la abrazadera aguantaba sin su ayuda directa, y se lanzó hacia el borde superior de la compuerta donde Saburō había señalado la palanca metálica. Sin perder más tiempo, se acercó a la compuerta y comenzó a apartar la vegetación que bloqueaba el seguro atrapado. Tiró de las raíces más finas con las manos y utilizó una kunai para cortar las más gruesas cuando fue necesario, procurando no debilitar la estructura de madera que sostenía la compuerta ni provocar que cediera de golpe antes de tener el segundo seguro liberado. El agua se filtraba cada vez con más fuerza entre las raíces restantes, salpicándole el rostro y los brazos, pero no se detuvo.

Cuando finalmente consiguió liberar el seguro, levantó la vista hacia Saburō e hizo una breve señal con la mano antes de sujetar la palanca metálica. El hombre pareció comprender de inmediato. Ambos empujaron casi al mismo tiempo. Al principio el mecanismo apenas reaccionó, pero después algo cedió en su interior. La palanca descendió unos centímetros, luego otros más, y la compuerta respondió con un estremecimiento que recorrió toda la estructura.

La compuerta se abrió de golpe, y por un instante el humedal entero pareció exhalar. El agua contenida encontró por fin su cauce natural, descendiendo con fuerza hacia la vieja depresión cubierta de vegetación, arrastrando consigo barro, hojas y los últimos restos de presión acumulada durante los días de desplazamiento de la rueda. El sonido grave que había perseguido a Yocko desde su llegada a los humedales se apagó lentamente, sustituido por el murmullo mucho más tranquilizador de una corriente que finalmente sabía hacia dónde ir. La barrera de hielo, liberada del peso que la fracturaba, dejó de agrietarse y comenzó a sostenerse sin esfuerzo adicional por parte de la kunoichi.

Con la amenaza disuelta, Yocko permitió que el hielo se derritiera lentamente, retirando poco a poco su chakra mientras observaba cómo la rueda distribuidora permanecía firme en su sitio, sujeta por la cadena reparada y estabilizada por el poste. Observó la corriente estabilizarse, escuchó cómo desaparecían los sonidos de tensión que habían acompañado toda la mañana y finalmente dejó escapar un suspiro.

Mientras emprendían el regreso, la joven dirigió una última mirada hacia el humedal. Costaba creer que todo aquel problema hubiera podido ser resuelto por unas marcas extrañas en el lodo y no cuando algo devastador hubiese ocurrido a la aldea.
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Masashi Kishimoto
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11-08-2026, 12:16 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Rango D] Amenaza ¿mortal? (TID 14398)
Tipo: Misión Normal · Rango: D
  • Yocko — Participante (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp
  • Kyoshiro — Narrador Oficial (100%): 750 Ryos, 0 Tobis, 50 Exp, Pergamino PERG002

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Himawari
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11-08-2026, 12:20 PM
Cita:¡Recompensas de Misión Entregadas!


Tema: [Rango D] Amenaza ¿mortal? (TID 14398)
Tipo: Misión Normal · Rango: D
  • Yocko — Participante (100%): 500 Ryos, 5 Tobis, 70 Exp
  • Kyoshiro — Narrador Oficial (100%): 750 Ryos, 0 Tobis, 50 Exp, Pergamino PERG002


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