Día 33 de Verano del 150.
Petición de la misión: Aquí
La libreta recuperada durante la investigación anterior tardó varios días en ofrecer algo útil. La mayoría de los nombres correspondían a personas inexistentes, los negocios aparecían identificados mediante símbolos y las cantidades cobradas estaban mezcladas con registros de mercancías que nunca habían pasado por los almacenes de Konoha. Sin embargo, al comparar sus páginas con informes de vigilancia y documentos de compraventa recientes, un mismo lugar comenzó a repetirse: una propiedad extensa cerca del distrito de los Inuzuka, adquirida apenas unas semanas atrás por un supuesto comerciante que nadie había visto. Varias entregas relacionadas con la Banda del Hurón terminaban allí y, junto a su dirección, aparecía dibujada una cabeza de zorro. Inteligencia consideraba posible que el sitio fuera el cuartel principal de la organización o, como mínimo, uno de los lugares utilizados por el teniente conocido únicamente como el Zorro.
La misión fue entregada a Yūgen Sarutobi aquella misma noche, lejos de los salones habituales del Edificio Kage. Un chūnin de Inteligencia lo esperaba bajo el alero de un comercio cerrado, con un croquis de la propiedad y una única hoja arrancada de los registros investigados. No existía una orden de captura ni se buscaba desmantelar la banda durante esa incursión; debía infiltrarse, confirmar qué función cumplía la propiedad y obtener cualquier documento que permitiera descubrir la identidad del Zorro. La presencia de Yūgen allí no podía ser relacionada con Konoha si era descubierto, pues una alarma haría desaparecer a los cabecillas junto con meses de información. El chūnin señaló la ubicación por última vez, le advirtió que una patrulla regresaría por la zona antes del amanecer y se marchó sin acompañarlo.
La propiedad ocupaba casi media manzana al final de una calle poco transitada. Un muro de piedra cercaba una residencia de dos plantas, un almacén independiente y un jardín tan descuidado que las ramas de los árboles sobresalían hacia la vía. Desde fuera parecía abandonada: las ventanas permanecían oscuras, el portón principal estaba cubierto de polvo y varias tejas se habían desprendido del techo. Los detalles contaban otra historia. Había barro reciente junto a una entrada lateral, las bisagras del portón estaban recién lubricadas y una delgada columna de humo desaparecía sobre la chimenea trasera. Ningún guardia permanecía a la vista, pero una silueta cruzaba periódicamente frente a una ventana del segundo piso. Bajo los aleros también podían distinguirse pequeños cascabeles unidos por hilos casi invisibles que rodeaban buena parte del terreno.
Poco antes de la medianoche, una puerta del almacén se abrió y dos hombres salieron cargando una caja marcada con la cola curva del Hurón. Uno reclamó en voz baja que el mensajero del puesto oriental todavía no había llegado; el otro respondió que el Zorro quería el libro de cuentas antes del cambio de guardia y que nadie abandonaría la propiedad hasta encontrarlo. Ambos entraron en la residencia y cerraron nuevamente, pero su movimiento reveló algo más: apenas la puerta quedó asegurada, una figura descendió desde el tejado para revisar los cascabeles del perímetro, mientras otra comenzaba a recorrer el jardín acompañada por un perro. La casa no estaba abandonada y sus ocupantes esperaban a alguien aquella misma noche. Yūgen tenía frente a él el posible centro de operaciones de la Banda del Hurón, protegido por una vigilancia diseñada para detectar cualquier presencia antes de que alcanzara el edificio.
![[Imagen: g8IfIJt.jpeg]](https://i.imgur.com/g8IfIJt.jpeg)