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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Agua   ›   Kirigakure no Sato   ›   Zona Comercial
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[Misión E] El pez del festival.
Orión Hoshigaki
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31-07-2026, 12:48 AM
Día 17 de Verano del año 150
Kirigakure no Sato - Zona Comercial

El corazón comercial de Kirigakure despertaba mucho antes que el sol alcanzara su punto más alto. Desde primera hora de la mañana, los puentes de madera se llenaban del incesante ir y venir de mercaderes, cocineros y clientes que recorrían las estrechas calles construidas sobre los canales. El aroma del pescado recién capturado se mezclaba con el del arroz cocido, las frutas confitadas y el incienso que escapaba desde pequeños altares colocados frente a algunos negocios. Las embarcaciones de reparto cruzaban lentamente los pasos de agua mientras los vendedores pregonaban sus productos intentando hacerse oír por encima del murmullo constante de la multitud.

Aquella jornada, sin embargo, había algo diferente. Varias personas permanecían inclinadas sobre las barandas de los canales observando el agua con curiosidad. Algunos niños señalaban emocionados la superficie mientras discutían entre ellos, asegurando haber visto un enorme destello rojizo desaparecer bajo los reflejos del sol. Otros comerciantes comentaban en voz baja que durante la mañana habían desaparecido varios peces ornamentales de los estanques cercanos, aunque nadie parecía haber presenciado exactamente lo ocurrido.

No tardó demasiado en aparecer el responsable de semejante revuelo. Un hombre de mediana edad, vestido con una elegante túnica azul decorada con motivos de olas plateadas, avanzó casi corriendo entre la multitud. El sudor le recorría la frente pese a la agradable temperatura del verano y sostenía con ambas manos un cubo de transporte vacío cuyo interior aún conservaba agua salpicando las paredes de madera. Al reconocer a los dos shinobis, prácticamente se lanzó hacia ellos.

-¡Por fin! ¡Por fin llegaron! ¡Pensé que tendría que vaciar todos los canales de Kirigakure! 

Exclamó entre respiraciones agitadas. El comerciante dejó el recipiente sobre el suelo y señaló inmediatamente hacia el canal principal. 

-Esta mañana transportaba el invitado principal del Festival del Agua. Un koi imperial enorme. Lo criaron durante años para inaugurar la ceremonia dentro del estanque central del distrito. Durante el traslado una de las cuerdas del recipiente se rompió el cubo golpeó el borde del puente y el pez cayó directamente al canal antes de que pudiera reaccionar.

Guardó silencio un instante mientras se llevaba ambas manos al rostro.

-Al principio pensé que simplemente podría atraparlo con una red pero ese condenado monstruo nada más rápido que cualquier pez que haya visto en mi vida. Y no solo eso ya empezó a comerse a los habitantes del canal. Si permanece aquí mucho tiempo, terminará alterando todo el ecosistema de esta zona. No quiero imaginar lo que ocurrirá cuando empiece el festival y miles de personas se acerquen a los puentes.

Como si las propias palabras del hombre hubieran servido de invocación. Un pequeño banco de peces plateados salió disparado hacia la superficie varios metros más adelante. El agua estalló en un abanico de salpicaduras. Durante apenas un segundo, una inmensa silueta cruzó bajo la superficie iluminada por el sol. Sus escamas reflejaron tonos blancos, carmesí y dorados que parecían incendiar el agua antes de desaparecer nuevamente en la profundidad del canal. Las personas más cercanas retrocedieron sobresaltadas.

-¡Ahí está! ¡Lo vieron! ¡Lo vieron!

-¡No! ¡Fue hacia el puente!

-¡Mentira! ¡Se metió entre los nenúfares!

-¡Yo digo que fue río abajo!

En cuestión de segundos comenzaron a surgir versiones completamente distintas. Un pescador juraba haber visto la enorme cola desaparecer bajo el viejo puente de madera que conectaba con la calle de los artesanos. Una florista insistía en que el pez había girado hacia el estanque ornamental, donde el agua era más tranquila y abundaban las plantas acuáticas. Mientras tanto, un niño aseguraba que el animal había seguido a un grupo de patos que acababa de alejarse corriente abajo. El comerciante observó a ambos shinobis con una mezcla de esperanza y desesperación.

-No sé quién tiene razón Todos dicen haber visto algo distinto. Solo les pido una cosa tráiganlo de vuelta con vida. Es un animal valiosísimo y, aunque ahora esté causando problemas, no deja de actuar por puro instinto.

El bullicio del mercado continuaba alrededor de ellos, completamente ajeno a la decisión que estaban a punto de tomar. El agua volvía a parecer tranquila, ocultando bajo su superficie cualquier rastro del gigantesco koi. Pero en una ciudad construida sobre canales, pocas cosas permanecían ocultas para siempre.

[Imagen: l93r50D.png]

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01-08-2026, 04:04 AM
Kon se despertó tarde, como casi siempre. El sol ya llevaba un buen rato subiendo cuando finalmente abrió los ojos, tirado de costado sobre el futón con una pierna colgando fuera y el cabello más despeinado de lo habitual, si es que eso era posible. Por un momento se quedó ahí, mirando el techo de madera de su cuarto, escuchando el murmullo lejano de Kirigakure despertándose sin él. Se permitió el lujo de no moverse durante un rato más, disfrutando esa mezcla de pereza y desinterés.


No era que no tuviera responsabilidades. Era, técnicamente, un shinobi activo de la aldea, genin de nombre y edad ya un poco vergonzosa para el rango, pero shinobi al fin. Simplemente no le corría ninguna prisa particular por demostrarle nada a nadie a esa hora de la mañana. Ya habría tiempo después para que el mundo le exigiera algo.

Se levantó de mala gana, se pasó una mano por el rostro y bostezó con ganas, sin ningún tipo de elegancia. Los últimos días habían sido tranquilos, casi aburridos: patrullas cortas, algún que otro trámite en el edificio administrativo, y demasiadas horas libres que Kon había ocupado sobre todo durmiendo, comiendo y, cuando el tedio se volvía insoportable, buscando alguna excusa para molestar a quien tuviera la mala suerte de cruzarse en su camino. No es que odiara la calma. Simplemente le costaba disfrutarla sin sentir que algo se le estaba escapando entre los dedos.

Se vistió sin apuro: la camiseta negra ajustada, el pantalón largo y holgado blanco, y las sandalias negras clásicas. El atuendo confiable que solía usar en esta época del año. El calor de la estación apenas se notaba dentro de Kirigakure, protegida como estaba por la neblina constante y la humedad de los canales. Se calzó las sandalias negras, se miró un segundo en el reflejo deformado de una vasija de agua que tenía sobre una mesa baja, y decidió que con eso alcanzaba. Nunca había sido de preocuparse demasiado por su aspecto, ya se encargaba la naturaleza de hacerle ese favor.

Salió de su vivienda con las manos en los bolsillos, calculando mentalmente si tenía hambre suficiente como para desviarse hacia algún puesto de comida antes de presentarse en el edificio de asignación de misiones, o si convenía más aparecer temprano, para variar, y evitarse el sermón de siempre sobre puntualidad. Terminó optando por un punto intermedio: caminar lo más lento posible mientras fingía que no le importaba llegar tarde, que en el fondo era básicamamente lo mismo que llegar tarde, pero con mejor actitud.

El trayecto lo llevó, como de costumbre, a atravesar parte de la zona comercial. Los puentes de madera ya estaban colmados de gente a esa hora: mercaderes gritando precios, niños correteando entre las piernas de los adultos, el olor constante a pescado fresco y arroz cocido flotando en el aire húmedo de la mañana. Kon avanzaba entre la multitud sin apuro, deteniéndose un momento frente a un puesto de dango solo para robarle una sonrisa a la vendedora, y un dango de paso. — Un día de estos te voy a pagar, lo juro — le dijo, sin la menor intención de hacerlo en el corto plazo, antes de seguir camino con el palito de dango recién robado entre los dedos.

Fue justo al pasar cerca del canal principal cuando notó el alboroto.

Al principio no le dio demasiada importancia, Kirigakure siempre tenía algún tipo de bullicio matutino, ya fuera por una pelea de borrachos rezagados de la noche anterior o por alguna disputa de precios entre comerciantes rivales. Pero esta vez el tono era distinto. Había gente inclinada sobre las barandas de los puentes, señalando el agua con una mezcla de curiosidad y nerviosismo que no encajaba con el paisaje habitual. Un grupo de niños discutía animadamente sobre un destello rojizo que aseguraban haber visto desaparecer bajo la superficie, y más de un vendedor comentaba en voz baja, con cara de preocupación genuina, la desaparición de varios peces ornamentales de los estanques cercanos.

Kon se detuvo un momento, masticando el último trozo de dango con más curiosidad que hambre ya. No era el tipo de escena que uno esperaba encontrarse tan temprano, y aunque en un día normal probablemente hubiera seguido de largo sin darle mayor importancia, algo en el nerviosismo colectivo de la gente le llamó la atención lo suficiente como para aminorar el paso.

— ¿Y estos qué? —murmuró para sí mismo, más divertido que preocupado, mirando de reojo hacia el canal sin detenerse del todo.

No tuvo que preguntarse demasiado tiempo. Fue entonces cuando vio, unos metros más adelante, a su compañero asignado para las tareas del día, y dedujo que ambos estaban a punto de terminar involucrados en lo que fuera que estuviera pasando en ese canal. Sonrió de lado, guardándose las manos en los bolsillos del pantalón, y aceleró apenas el paso para alcanzarlo. No había llegado a cruzar palabras cuando el comerciante de la túnica azul apareció corriendo entre la multitud, con el cubo vacío entre las manos y el rostro empapado en sudor pese a la temperatura agradable de la mañana. Kon lo observó acercarse con fastidio pero divertido porque honestamente se veía gracioso. Se cruzo de brazos mientras esperaba, con curiosidad, a que el hombre terminara de explicar semejante escándalo.

Y cuando finalmente lo hizo Kon sintió que, después de todo, el día no iba a ser tan aburrido como había imaginado al despertarse. 

— A ver si entendí bien — dijo, arrastrando las palabras con cierta diversión y arrogancia. — Un pez de colores se les escapó de un balde. Y ahora medio distrito está actuando como si Kirigakure estuviera bajo asedio. — Se pasó una mano por el pelo, despeinándolo todavía más de lo que ya estaba, y miró de reojo hacia el canal, donde el agua volvía a fingir tranquilidad. Sabía que ahí abajo seguía nadando el problema, esperando el momento justo para volver a hacer estallar la superficie y sacarle un susto a algún pobre infeliz que estuviera comprando pescado fresco.

Kon giró la cabeza hacia el otro shinobi con una sonrisa ladeada. — Bueno, parece que hoy nos toca el papel de pescadores de un koi con complejo de tiburón — comentó — Al menos no tuvimos que caminar mucho. Si esto fuera en las afueras de la aldea seria una pereza tremenda. — Volvió la atención hacia el gentío que seguía discutiendo entre sí sobre la ubicación exacta del animal.

Se acercó un par de pasos al borde del canal, encorvándose ligeramente para observar el agua con más atención. El reflejo del sol le devolvía apenas su propio rostro deformado por las ondas, pero no había rastro visible del koi. Aun así, algo en el fondo de esa agua azulada le generaba una curiosidad casi morbosa. Soltó una risa corta, casi un resoplido, y se enderezó de nuevo para mirar al comerciante, que seguía esperando algo parecido a una respuesta profesional y en cambio estaba recibiendo comentarios burlones.

— Tranquilo, no va a "destruir nuestro ecosistema" si podemos evitarlo. — le dijo, guiñándole un ojo de manera casi cruel, disfrutando ver al hombre palidecer ante la sola mención. Kon flexionó los dedos de ambas manos, sintiendo el familiar crujido de sus articulaciones, ese sonido seco y particular que solía incomodar a cualquiera que lo escuchara por primera vez.
Naoto
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02-08-2026, 11:47 PM
El joven se inclinó levemente en señal de saludo hacia el empleado de la oficina de misiones, tomó el pergamino y leyó con atención. Una mueca de desagrado se filtró a través de sus vendajes que ocultaban la repulsiva figura en que se había convertido; la misión implicaba acercarse a la gente, al tumulto veraniego que se paseaba por puestos de comida, comercios, interactuando entre sí, cruzando miradas entre desconocidos, prejuzgando, analizando, cuchicheando. Las misiones de su agrado eran las que no debía ver ojos puestos sobre él.
 
—¿Trabajar en el distrito comercial? ¿Hay… alguna forma de poder elegir otra? —preguntó, su tono guardaba una leve súplica, casi una sugerencia.
 
—No. Una vez asignada la misión, debes completarla. Además, tu compañero ya debe estar en camino.
 
Naoto bufó y agachó la mirada, derrotado por el sistema.
 
—Está bien.
 
Guardó el pergamino y se marchó.
 
El punto de encuentro era la zona comercial, precisamente aleñado a los canales que atravesaban el distrito y que eran utilizados para diversos motivos. Pesca, decoración, lujo, basurero. El ninja se cruzó de brazos y se integró a las masas evitando devolver las miradas que se posaban sobre su cuerpo. Parecía cobarde. Pero sintió que a pesar de la impresión que podía generar, en el fondo todos le entenderían. Sus ojos cayeron sobre el reflejo del agua, sus ojos afilados y rojizos se posaron sobre sí mismo intentando descifrar los propios pensamientos alborotados que trasladaba consigo. Era todo muy reciente. Sus pérdidas, su estado físico, su vida. De pronto, unas risas le invitaron a desviar la mirada, posándose sobre un pareja que probaba algunas baratijas en un tenderete. Los observó. Y no pudo evitar sentir algo de envidia.
 
Naoto cerró los ojos unos segundos y despejó la mente. “Lo importante ahora es la misión”, se dijo. Emprendió la marcha de nuevo, buscando al hombre encargado de dar las indicaciones, pero este se vio pausado por la presencia en su retaguardia. Se giró y vio a un joven, quizás de mayor edad que él, pero con el emblema distintivo de ser un ninja de la aldea. Concluyó de que se trataba de su compañero. Era alguien a quien no tenía en el radar.
 
El saludo de ambos se vio interrumpido cuando el hombre se presentó como autor del desastre que se estaba generando en los canales. La preocupación se delataba con facilidad en ese rostro preocupado. Naoto desvió la mirada sobre el espectáculo que el pez acababa de lanzar en frente de todos, como si se pavoneara frente a los presentes e invitara a ser buscado por la eternidad. El Heizu empatizó con el animal, al ver como se movía libremente a través de los canales, como si fuese un niño disfrutando del propio juego que ha creado.
 
—¿Cómo se supone que vamos a atrapar eso? —lanzó la pregunta al aire, aunque estaba dirigida hacia el propio ninja. Era un pensamiento que se escapaba por los labios, cargado de impresión y respeto hacia la bestia marina.
 
Los vecinos de Kirigakure sorprendidos lanzaban direcciones opuestas entre sí. Todos parecían haber visto algo, como si de una paranoia colectiva se tratara. Naoto prestó atención a las palabras, puentes, ríos, todas las direcciones. Era como atrapar una aguja en un pajar. Y aunque la luz penetraba el agua con claridad en varios lugares, era casi imposible perseguirlo en su propio terreno.
 
De pronto se le ocurrió una idea más sensata. El apetito insaciable del pez era su debilidad.
 
—¡Esperen! —exclamó desde su interior, antes de que su compañero y el hombre se moviesen—. Quizás sea imposible perseguirlo. Pero atraerlo… si juntamos una cantidad adecuada de peces, y agregamos algo de sebo… algo que atraiga al Koi, quizás sea más fácil que… perseguirlo.
 
En su cabeza la idea sonaba mejor, por eso su idea perdía fuerza en la voz a medida que la explicaba. Se mantuvo en silencio unos segundos, pensativo.
 
—Creo que es una idiotez, pensándolo mejor, en los canales ya hay muchos peces…
Volvió a quedarse en silencio por un rato.
 
—Quizás sí deberíamos separarnos para abarcar la mayor cantidad de zonas posibles.
Orión Hoshigaki
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03-08-2026, 01:41 AM
El comerciante permaneció varios segundos inmóvil observando el agua. Poco a poco su respiración fue recuperando el ritmo normal y la expresión desesperada que había mostrado al recibir a los shinobis comenzó a transformarse en otra mucho más serena, propia de alguien acostumbrado a trabajar bajo presión. Se acomodó la túnica azul oscuro bordada con delicadas olas plateadas, limpió con la manga algunas gotas de agua que aún resbalaban por el recipiente de transporte y realizó una profunda reverencia ante ambos jóvenes.

-Antes que nada debo disculparme por la forma en la que los recibí. Los nervios me hicieron olvidar algo tan básico como presentarme.

Se incorporó lentamente.

-Mi nombre es Hideo Mizunashi. Mi familia se dedica desde hace generaciones a la cría y conservación de especies acuáticas. Los jardines de la residencia del Mizukage, los estanques del edificio administrativo e incluso varios templos de la aldea albergan ejemplares nacidos en nuestros criaderos. No somos simples vendedores de peces. Somos responsables de preservar linajes que han acompañado la historia de Kirigakure durante décadas.

Mientras hablaba, la ansiedad parecía desaparecer de su voz, reemplazada por el orgullo tranquilo de quien llevaba toda una vida dedicado a un mismo oficio.

-Cada pez que criamos posee un registro. Sabemos cuándo nació, quiénes fueron sus progenitores, qué alimentación recibió durante cada estación del año, qué enfermedades padeció y cuáles fueron sus descendientes. Algunos llevan con nosotros más tiempo del que muchos shinobis llevan respirando.

Su mirada descendió lentamente hacia el recipiente vacío. Una pequeña sonrisa melancólica apareció en su rostro.

-El ejemplar que ha escapado se llama Akatsuki.

Pronunció aquel nombre con un respeto impropio para un simple animal.

-Mi abuelo comenzó esa línea de sangre hace treinta y siete años. Mi padre la continuó durante otros quince. Cuando ambos murieron, quedó bajo mi responsabilidad. Durante todo ese tiempo jamás permitió que una enfermedad afectara a la colonia, jamás perdió una sola reproducción y jamás abandonó el estanque donde nació. Hoy debía inaugurar el Festival del Agua como símbolo de prosperidad para la aldea y terminó escapando frente a cientos de personas.

Dejó escapar una breve risa cargada de resignación.

-Si supieran cuántas veces imaginé perderlo jamás pensé que ocurriría por culpa de una cuerda mal ajustada.

El bullicio del mercado volvió a llenar el ambiente. Los vendedores continuaban ofreciendo mercancías como si nada hubiese sucedido. El golpeteo de los remos contra los pequeños botes, las conversaciones entre clientes y el sonido del agua chocando contra los pilotes de madera componían esa melodía cotidiana que todo habitante de Kirigakure aprendía a reconocer desde la infancia. Sin embargo, Hideo no parecía escuchar nada de aquello. Sus ojos permanecían fijos sobre el canal. No buscaban al koi. Buscaban otra cosa. Con extrema lentitud se agachó hasta quedar a pocos centímetros del agua. Introdujo la mano y dejó que la corriente atravesara sus dedos. Permaneció así varios segundos, completamente inmóvil, como si intentara percibir algo que escapaba al resto de las personas. Finalmente retiró la mano. La observó. Volvió a mirar el canal. Negó muy despacio con la cabeza.

-No.

El murmullo apenas escapó de sus labios.

-No debería comportarse así.

No parecía estar hablándoles a los shinobis. Parecía discutir consigo mismo. Empezaron a llegarle las sugerencias de los Genin ha bocanadas. El anciano no respondió de inmediato. Permaneció observando al joven Heizu durante unos segundos antes de que una leve sonrisa apareciera bajo su barba cuidadosamente recortada. No era una sonrisa burlona. Todo lo contrario. Parecía la expresión de alguien que acababa de recordar una lección aprendida muchos años atrás.

-¿Sabes? Mi padre decía exactamente lo mismo cuando yo tenía tu edad. "Jamás persigas a un pez que puede nadar mejor que tú. Haz que sea él quien quiera encontrarte". Así me enseñó a capturar los primeros koi.

Bajó lentamente la mirada hacia el canal.

-Tu idea no es ninguna tontería.—El problema es que Akatsuki no es un koi cualquiera. Si estuviera en uno de mis estanques bastaría con alimento. Conoce mi voz, reconoce el sonido de los recipientes e incluso distingue el horario en que suelo alimentarlo. Sin embargo aquí abajo tiene cientos de peces nadando alrededor. Si decidió ignorarlos para seguir moviéndose significa que algo mantiene toda su atención.

Giró entonces hacia el muchacho de cabello despeinado que había intentado quitar hierro al asunto. Una pequeña carcajada escapó del anciano.

-Ojalá solo fuera un pescador buscando un pez grande.

Sus dedos acariciaron el borde del cubo vacío.

-Ese "pez de colores", como tú lo llamas, vale más que esta tienda... y probablemente más que mi propia casa. Pero debo admitir que tienes razón en una cosa. Si no podemos reírnos de nuestros problemas, terminan pesando el doble.

El comerciante volvió a inclinarse sobre el agua.

-Lo extraño...

Y justo cuando termina.

¡PLASH!

Una enorme salpicadura. Todos giran. Pero no ven al koi. Solo un remolino. No fue una explosión. Ni un ataque. Ni siquiera un movimiento especialmente llamativo. Simplemente. Todas las aves que descansaban sobre uno de los puentes levantaron vuelo exactamente al mismo tiempo. Ni una antes. Ni una después. Las alas rompieron el aire con un estruendo seco.

Al mismo tiempo, una única ola avanzó por el centro del canal. No era alta. No era rápida. Era una ondulación lenta, pesada, perfectamente recta, como si algo de gran tamaño hubiera atravesado las profundidades desplazando una enorme masa de agua sin llegar jamás a mostrarse en la superficie. La onda pasó bajo el puente. Atravesó el siguiente canal. Y desapareció. Nadie pareció prestarle demasiada atención. Los comerciantes siguieron trabajando. Los clientes continuaron regateando. Los niños volvieron a discutir sobre el enorme koi. Solo Hideo permaneció inmóvil. Su expresión había cambiado. No mostraba miedo. Mostraba reconocimiento. Como quien acababa de volver a encontrarse con algo que ya había visto antes. Inspiró profundamente antes de dirigir nuevamente la mirada hacia ambos genin.

-Olviden lo que acabo de decir. Hoy solo necesitamos encontrar a Akatsuki y devolverlo sano y salvo. Lo demás seguramente no sea más que la imaginación de un anciano que ha pasado demasiados años observando el agua.

Sonrió con amabilidad, aunque aquella sonrisa jamás llegó a sus ojos. Porque, muy en el fondo, ni él mismo parecía creer las palabras que acababa de pronunciar.

[Imagen: l93r50D.png]

Hablo - Pienso
Kon Kaguya
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07-08-2026, 07:47 AM
Kon seguía apoyado contra el poste de madera del puente, con los brazos cruzados, cuando vio al comerciante enderezarse, acomodarse la túnica y hacer esa reverencia formal tan fuera de lugar después del ataque de nervios de hace un rato. Levantó una ceja, genuinamente sorprendido por el cambio de actitud. — Uy, tranquilo, no hace falta la reverencia —dijo con media sonrisa— Con que no nos haga trabajar de más alcanza. — Escuchó la presentación del hombre con una atención que disimulaba bastante bien detrás de esa pose relajada contra el poste. Cuando el viejo mencionó los estanques del Mizukage y los templos de la aldea, Kon soltó un silbido bajo, casi burlón.

— Ah, mire usted. Así que no es cualquier pescadito de feria. — comentó, mirando de reojo a Naoto— Tenemos aquí a la aristocracia acuática de Kirigakure. — Cuando Hideo pronunció el nombre del koi con ese respeto casi reverente, Kon no pudo evitar una risa corta. —"Akatsuki" —repitió, paladeando el nombre con ironía— Le pusieron nombre de villano a un pez de colores. Me cae bien el bicho ya. — Escuchó el resto con la misma postura, aunque algo en su expresión se aflojó un poco ante la mención de las muertes, un eco lejano y silencioso que prefirió no dejar traslucir del todo. No comentó nada al respecto. Solo asintió una vez, casi imperceptible, y dejó que el viejo siguiera hablando.

Fue cuando Hideo se agachó junto al agua, hundió la mano y la sacó negando con la cabeza, que Kon se despegó del poste, con la curiosidad empezando a ganarle a la pereza. Y cuando Hideo contó aquello del consejo de su padre, Kon giró la cabeza hacia Naoto con una sonrisa ladeada, genuina esta vez. — Su viejo sabia lo que decia. — le dijo, con un tono burlón pero sin mala intención. Prestó atención completa cuando Hideo explicó lo de la comida ignorada, el hecho de que Akatsuki tuviera cientos de peces alrededor y aun así decidiera no prestarles atención. Kon frunció el ceño, ya sin rastro de burla. — Ahí hay algo interesante —dijo, bajo, casi para sí

De pronto el agua estalló en ese mismo instante y Kon giró de golpe hacia el sonido, con los reflejos tensos de golpe. No vio al koi. Vio la onda deslizándose bajo la superficie con una intención que ningún pez asustado tendría. Siguió la onda con la mirada hasta que se perdió bajo el puente siguiente, y después volvió los ojos hacia Hideo. Se acercó un par de pasos, sin apuro, pero con la postura ya distinta, más alerta que antes. Cuando Hideo intentó restarle importancia con eso de "olviden lo que dije, es la imaginación de un anciano", Kon ladeó la cabeza, nada convencido. Se giró hacia Naoto, evaluándolo de nuevo con esa curiosidad directa que no se molestaba en disimular. — Oye, tu idea del cebo en realidad no estaba tan mal. ¿Que mas se te ocurre?— le dijo.
Naoto
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10-08-2026, 03:14 AM
Naoto permaneció callado mientras Hideo hablaba sobre el pez. Había algo extraño en escuchar a un hombre referirse con semejante cariño a un animal, relatando quiénes habían cuidado de su linaje, cuánto tiempo llevaba vivo y hasta las costumbres que había adquirido durante todos aquellos años. Al principio le pareció exagerado, pero a medida que el comerciante continuaba hablando dejó de verlo como un simple pez costoso. Akatsuki era parte de su familia. O al menos Hideo parecía sentirlo de esa manera. El joven bajó la mirada hacia el canal, siguiendo las pequeñas ondas que se formaban sobre el agua cada vez que alguna embarcación cruzaba a la distancia.

La respuesta acerca del cebo consiguió que se sintiera un poco menos estúpido.

—Entonces no era tan mala idea... —murmuró.

No alcanzó a sentirse demasiado orgulloso.

Si el koi tenía alimento de sobra y aun así continuaba desplazándose, entonces su razonamiento inicial terminaba exactamente donde había comenzado. Naoto frunció el ceño tras las vendas. Miró el agua. Después al comerciante. Otra vez al agua. Intentaba ordenar las pocas piezas disponibles en su cabeza mientras los demás seguían hablando alrededor suyo. Un pez criado durante décadas escapaba por accidente. Una vez libre, ignoraba aquello que normalmente utilizarían para atraerlo. Se movía con insistencia a través de los canales y el propio hombre que mejor conocía su comportamiento aseguraba que algo no estaba bien.

Entonces el agua estalló.

Naoto retrocedió un paso por puro reflejo.

Sus ojos buscaron inmediatamente las escamas rojizas del koi entre las salpicaduras, pero no encontró absolutamente nada. Solamente aquel remolino desapareciendo lentamente. Estaba a punto de convencerse de que Akatsuki simplemente había pasado nuevamente cerca cuando el ruido de las alas le hizo levantar la cabeza. Todas las aves abandonaron el puente al mismo tiempo.

Aquello sí le molestó.

No por las aves. Sino por la sincronía.

Las siguió con la mirada unos instantes hasta que desaparecieron entre los edificios y fue entonces cuando notó aquella ondulación avanzando por el centro del canal. Sus ojos descendieron hacia ella. No parecía demasiado violenta, pero había algo incómodo en la forma perfectamente recta en que atravesaba el agua. Naoto caminó un par de pasos siguiendo su recorrido desde la orilla, inclinándose ligeramente hacia adelante cuando pasó debajo del siguiente puente. Por un momento incluso olvidó a las personas que caminaban alrededor suyo y las miradas que normalmente tanto le incomodaban.

Se detuvo cuando Hideo habló.

La reacción del comerciante fue suficiente.

Naoto giró despacio hacia él. Había observado aquel rostro desesperado desde que llegó. Lo había visto avergonzarse por perder el pez, orgulloso al hablar de su familia e incluso divertido por algunas de las palabras de Kon. Pero aquello era diferente. Había reconocido algo. Y después había intentado ocultarlo. El Heizu entrecerró los ojos. No insistió.

Todavía.

Su compañero fue quien terminó sacándolo de sus pensamientos. Naoto volteó hacia él cuando preguntó qué más se le ocurría. Durante unos segundos no respondió. Odiaba un poco que la responsabilidad de pensar otra cosa volviera nuevamente hacia él. Sus brazos se cruzaron y su atención regresó al canal.

—No sé.

La respuesta salió rápida.

Pero permaneció observando el sitio donde aquella onda había desaparecido.

—Aunque... creo que estamos pensando mal.

Se descruzó de brazos y señaló vagamente hacia el agua.

—Estamos intentando averiguar dónde está el pez. Pero Hideo acaba de decirnos que tiene comida por todas partes y no le interesa. Tampoco parece estar nadando sin rumbo. Si solamente estuviera asustado después de caer del recipiente, supongo que buscaría algún lugar donde esconderse... o se alejaría de la gente.

Hizo una pequeña pausa. Su mirada recorrió los puentes abarrotados y después regresó al agua.

—Pero sigue apareciendo.

Naoto se rascó con cierta incomodidad uno de los vendajes que cubrían su mandíbula. Otra idea comenzaba a construirse lentamente y, como anteriormente, tenía miedo de decirla en voz alta y descubrir a mitad de la frase que no tenía sentido.

—Quizás no deberíamos preguntarnos dónde está Akatsuki... sino qué está siguiendo.

Sus ojos rojizos se desviaron entonces hacia Hideo.

—Usted también lo pensó.

No sonó como una acusación. Tampoco como una pregunta. Simplemente señaló lo evidente.

—Cuando puso la mano en el agua dijo que no debería comportarse así. Después pasó eso y cambió de opinión inmediatamente.

Naoto señaló con el mentón hacia el sitio por donde la ondulación había continuado su recorrido.

—No tiene que decirnos qué cree que es. Pero si realmente quiere recuperar a Akatsuki, cualquier cosa que sepa puede evitar que pasemos toda la mañana corriendo detrás de él.

Guardó silencio.

Por un momento creyó haber sido demasiado directo. Desvió la mirada casi inmediatamente del rostro del hombre y fingió concentrarse nuevamente en el canal. Después recordó la otra posibilidad que habían planteado al comenzar la misión.

Separarse.

Naoto caminó hasta la baranda y apoyó una mano enguantada sobre la madera. Desde allí podía observar cómo los canales se bifurcaban entre los edificios y desaparecían bajo distintos puentes. Seguir al koi directamente continuaba pareciéndole imposible, pero la última perturbación del agua había dejado al menos una dirección concreta.

—De cualquier manera, tenemos algo mejor que los gritos de esa gente.

Señaló el canal que había atravesado la onda.

—Eso fue hacia allí.

Giró hacia Kon.

—Podemos seguir el canal y comprobar si vuelve a ocurrir. Si Akatsuki está siguiendo algo, seguramente vuelva a aparecer cerca. Y si no... —Naoto observó el agua durante unos segundos más.—...habremos perdido menos tiempo que preguntándole a veinte personas hacia dónde creen haber visto un pez.

Se apartó de la baranda y comenzó a caminar en dirección al siguiente puente, aunque apenas avanzó unos metros antes de detenerse. Volteó ligeramente hacia Hideo.

—Una cosa más.

Sus ojos se clavaron sobre el comerciante.

—¿Akatsuki alguna vez reaccionó así antes? No importa si fue hace diez años. A una corriente, otro animal, algún sonido... lo que sea.

Esperó.

Porque si había aprendido algo durante los años en que su propio cuerpo se empeñaba en comportarse de maneras que nadie comprendía, era que las cosas rara vez cambiaban sin algún motivo.

Solo había que encontrarlo.
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10-08-2026, 03:13 PM
Hideo no respondió inmediatamente. Durante unos segundos permaneció mirando a Naoto como si estuviera decidiendo cuánto de aquella historia valía realmente la pena contar. La pregunta había sido demasiado precisa para esquivarla otra vez. Sus dedos se cerraron lentamente alrededor del asa del recipiente vacío antes de que finalmente dejara escapar el aire contenido en sus pulmones.

-Una vez, hace aproximadamente tres años. Akatsuki comenzó a nadar alrededor del estanque durante horas. No comía, no respondía cuando lo llamábamos y simplemente recorría una y otra vez el mismo extremo del estanque.

Hideo avanzó hasta la baranda y observó el canal en la dirección que Naoto había señalado. Ya no intentaba ocultar que las conclusiones del muchacho habían acertado bastante más de lo que esperaba.

-Mi padre descubrió después que una antigua compuerta de irrigación se había abierto bajo el terreno. El agua procedente de otro depósito estaba entrando lentamente al estanque. Era una corriente demasiado pequeña para que nosotros pudiéramos verla desde la superficie, pero Akatsuki la percibió inmediatamente. Por eso puse la mano en el agua antes. Quería comprobar si estaba sucediendo lo mismo.

La explicación encontró una confirmación casi inmediata cuando otra perturbación apareció varios metros más adelante. Esta vez no hubo ninguna gran salpicadura. Primero apareció una pequeña onda, después otra y finalmente aquella misma línea perfectamente recta comenzó a avanzar nuevamente por el canal. Ahora, sin embargo, los tres sabían qué debían observar. La ondulación recorrió varios metros antes de desviarse ligeramente hacia uno de los canales secundarios de la zona comercial. Un destello carmesí apareció detrás de ella apenas durante un instante y desapareció inmediatamente bajo la superficie. Era Akatsuki. El enorme koi no estaba provocando aquella corriente, sino que estaba siguiéndola.

El pez avanzó tras ella hasta desaparecer bajo un pequeño puente de piedra situado entre dos edificios comerciales. Hideo abrió los ojos con evidente sorpresa y señaló inmediatamente hacia aquel lugar, reconociendo el sector. Explicó mientras comenzaba a caminar que ese canal antiguamente conectaba con los depósitos de agua del distrito, aunque según tenía entendido llevaba años completamente clausurado.

Al aproximarse al pequeño puente pudieron distinguir algo que anteriormente había quedado oculto por las embarcaciones y el movimiento constante del mercado. Bajo la estructura existía una bifurcación cubierta parcialmente por una vieja reja metálica y uno de sus barrotes estaba roto. Una corriente suave pero constante escapaba por aquella abertura desde una pequeña galería situada bajo las calles y se incorporaba directamente al canal principal. Allí volvieron a encontrar a Akatsuki. El gigantesco koi nadaba lentamente frente a la entrada. No huía de ellos, tampoco perseguía a otros peces ni parecía particularmente alterado por la presencia de personas sobre el puente. Simplemente permanecía frente a aquella abertura, moviendo suavemente las aletas mientras intentaba avanzar contra la corriente que escapaba desde el conducto.

-Así que era esto. - murmuró Hideo mientras contemplaba al animal.

Una inspección desde el exterior permitía comprender al menos una parte del problema. Algún mecanismo antiguo del sistema de mantenimiento había permitido nuevamente el paso del agua desde los depósitos inferiores hacia los canales. No parecía representar un peligro inmediato para las personas ni tampoco explicaba algo más sin necesidad de investigar el viejo sistema, pero sí había generado una corriente diferente dentro de la red acuática del distrito. Una alteración insignificante para prácticamente cualquier habitante de Kirigakure, pero aparentemente suficiente para llamar la atención de un animal que llevaba décadas viviendo en aguas controladas.

Akatsuki simplemente había seguido aquella anomalía desde el momento en que cayó accidentalmente al canal. La situación, sin embargo, había cambiado por completo. El koi ya no recorría libremente toda la zona comercial y tampoco necesitaban confiar en las indicaciones contradictorias de los habitantes. Habían encontrado el punto que mantenía toda su atención. La galería continuaba hacia el interior, aunque una segunda rejilla podía distinguirse algunos metros más adelante, impidiendo que el enorme animal pudiera internarse demasiado. Detrás de él permanecía abierto el canal principal. Hideo dejó lentamente el recipiente de transporte sobre el suelo y sacó de una pequeña bolsa varias porciones del alimento que utilizaba habitualmente en el criadero. Las sostuvo entre sus dedos mientras observaba al enorme pez.

-Aquí debería ser diferente. Si conseguimos impedir que esa corriente siga llamando su atención, debería volver a reconocer el alimento. Lleva toda su vida comiendo esto.

El comerciante dejó parte del alimento preparado junto al recipiente y retrocedió unos pasos. No intentó decirles cómo debían hacerlo. Después de todo, aquella era precisamente la razón por la que habían solicitado la intervención de shinobis. Podían intentar bloquear temporalmente el paso del agua, aprovechar la posición del koi, atraerlo utilizando el alimento o encontrar cualquier otra solución que considerasen apropiada, siempre que Akatsuki regresara vivo.

El enorme koi permanecía apenas a unos metros de distancia mientras la corriente continuaba escapando entre los barrotes rotos. Durante unos segundos todo quedó extrañamente tranquilo pese al bullicio constante del mercado sobre ellos. Entonces Akatsuki movió con fuerza la enorme cola y una pequeña ola golpeó los laterales del conducto antes de perderse nuevamente entre las aguas del canal.

Hideo contempló al pez y después dirigió la mirada hacia los dos genin. La desesperación con la que los había recibido aquella mañana había desaparecido casi por completo. Por primera vez desde que Akatsuki había escapado, sabía dónde estaba, comprendía qué estaba haciendo y tenía frente a él a dos shinobis capaces de solucionar el problema.

-Creo que ya hicieron la parte difícil. Lo encontraron y descubrieron por qué estaba comportándose así. Ahora solamente queda traerlo de vuelta conmigo.

Hideo permaneció junto al recipiente con el alimento preparado mientras Akatsuki continuaba nadando frente a la vieja galería. El misterio que había comenzado con un enorme pez desapareciendo entre los canales finalmente tenía una explicación, pero el último movimiento todavía pertenecía a Kon y Naoto. Ellos decidirían cómo cerrar aquella pequeña aventura y devolver al invitado principal del Festival del Agua al lugar donde debía estar.

Off
Deberàn resolver la misión en el siguiente post. Un vez ambos hagan sus acciones pueden reclamar la recompensa.

[Imagen: l93r50D.png]

Hablo - Pienso
Naoto
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13-08-2026, 02:44 AM
Naoto observó durante unos segundos al enorme koi suspendido frente a la abertura. Después de toda una mañana persiguiendo indicios, escuchando versiones contradictorias y viendo destellos desaparecer entre los canales, resultaba casi absurdo encontrarlo allí, quieto, a pocos metros de distancia. Akatsuki movía lentamente las aletas contra aquella corriente que escapaba de la galería, concentrado en ella como si el resto del distrito comercial hubiese dejado de existir.

Al menos ahora sabían qué estaban intentando solucionar.

El joven se acuclilló cerca de la vieja reja y estudió la abertura. El barrote roto dejaba pasar una corriente constante, pero no parecía particularmente violenta. Naoto extendió una mano enguantada y acercó los dedos al agua, sintiendo la presión durante unos instantes. No necesitaban reparar un sistema de irrigación que probablemente llevaba décadas bajo aquellas calles. Tampoco descubrir por qué se había abierto.

Solo necesitaban conseguir que Akatsuki dejara de prestarle atención.

—No tenemos que arreglarlo —murmuró.

Se levantó y recorrió con la mirada los alrededores. Una zona comercial tenía la ventaja de que prácticamente cualquier cosa podía encontrarse a pocos metros. Entre los desperdicios acumulados junto a uno de los negocios había algunas tablas de madera, restos de embalajes y una vieja lona utilizada para cubrir mercancías. Naoto tomó esta última, la dobló varias veces y regresó hasta la abertura.

—Con que deje de pasar agua durante unos minutos debería bastar.

No era una solución elegante. Tampoco permanente.

Precisamente por eso le gustaba.

Utilizó una de las tablas para empujar la lona doblada contra el espacio dejado por el barrote roto. La corriente intentó expulsarla inmediatamente, pero la propia presión del agua terminó ayudando a mantenerla pegada contra la vieja estructura. Naoto corrigió la posición un par de veces hasta conseguir cubrir la mayor parte de la abertura. Algunas filtraciones continuaron escapando por los costados, aunque aquella línea constante que atravesaba el canal comenzó a perder fuerza.
Akatsuki reaccionó casi inmediatamente.

El enorme koi agitó la cola una vez. Después otra.

Avanzó hacia la reja como si esperara encontrar allí aquello que llevaba persiguiendo desde que había caído accidentalmente al canal. Permaneció unos segundos frente a ella y finalmente comenzó a alejarse. Naoto soltó la tabla con cuidado y se incorporó lentamente, observando cómo el pez describía un amplio círculo bajo el agua.

—Hideo.

El comerciante pareció comprenderlo antes de que tuviera que explicárselo.

Tomó parte del alimento que había preparado y dejó caer unas pocas porciones sobre la superficie. Los pequeños gránulos flotaron entre las ondas. Akatsuki pasó cerca de ellos sin detenerse.

Naoto frunció el ceño.

Por un instante pensó que aquello tampoco funcionaría.

Entonces el koi giró.

Una enorme silueta carmesí apareció bajo la superficie y volvió lentamente sobre su recorrido. Primero devoró una porción. Después otra. Hideo dejó escapar el aire que parecía haber estado conteniendo desde hacía varios minutos y arrojó un poco más, esta vez mucho más cerca del recipiente de transporte.

—Parece que volvió a acordarse de nosotros —comentó Naoto.

El alivio hizo que sus palabras sonaran un poco más confiadas.

Hideo continuó retrocediendo poco a poco con el alimento mientras el koi lo seguía. Ya no parecía aquel monstruo que había atravesado medio distrito devorando cuanto pez encontraba por delante. Nadaba con tranquilidad, acostumbrado nuevamente al sonido de la voz del comerciante y al aroma de aquello que había recibido durante prácticamente toda su vida.

El verdadero problema fue convencer a un animal de semejante tamaño de entrar nuevamente en el recipiente del que había escapado.

Para eso necesitaron algo menos de inteligencia y bastante más paciencia.

Un pescador cercano terminó prestándoles una red amplia. Naoto y Hideo la hundieron sin movimientos bruscos detrás del koi, no para atraparlo ni levantarlo fuera del agua, sino simplemente para cerrarle lentamente el camino de regreso al canal. Hideo continuó utilizando pequeñas cantidades de alimento mientras guiaba a Akatsuki hacia el recipiente parcialmente sumergido.

El koi dudó.

Retrocedió.

Naoto tensó la red.

—No se te ocurra.

Akatsuki volvió a avanzar.

—Eso.

Un último puñado de alimento cayó dentro del recipiente.

La enorme cabeza del koi atravesó primero la abertura. Después lo hizo el resto del cuerpo. Cuando su cola desapareció finalmente en el interior, Hideo cerró el sistema de transporte con una rapidez impropia de alguien que había pasado la mayor parte de la mañana corriendo desesperadamente detrás de un pez.

Durante unos segundos nadie dijo nada.

Después el comerciante soltó una carcajada.

No fue particularmente elegante. Tampoco discreta. Fue simplemente la risa de un hombre que acababa de recuperar algo mucho más importante para él de lo que cualquier cifra podía explicar.

Naoto permaneció observando el recipiente mientras Akatsuki nadaba lentamente en su interior. Una sensación extraña de satisfacción comenzó a abrirse paso entre sus pensamientos. Habían recibido una misión para recuperar un pez perdido y, durante un rato, aquello había terminado pareciendo una investigación mucho más complicada de lo necesario.

Pero estaba allí.

Vivo.

Y entero.

El joven dirigió entonces la mirada hacia la vieja galería. La lona todavía contenía buena parte de la filtración, aunque pequeñas cantidades de agua comenzaban a abrirse camino nuevamente entre sus bordes.

—Debería avisar a mantenimiento antes de quitar eso —señaló—. No creo que dure demasiado.

Hideo asintió inmediatamente. Ahora que Akatsuki estaba a salvo, aquella compuerta podía convertirse en problema de alguien con mejores herramientas y bastante más experiencia reparando canales antiguos.

Naoto se apartó del borde y observó nuevamente el mercado. Todo continuaba prácticamente igual que cuando habían llegado. Los comerciantes gritaban precios, las embarcaciones cruzaban lentamente entre los puentes y algunos niños todavía intentaban acercarse para contemplar al gigantesco pez de colores que había provocado semejante revuelo.

Esta vez las miradas le molestaron un poco menos.

Quizás porque no estaban dirigidas hacia él.

Hideo realizó otra reverencia, considerablemente más tranquila que la primera.

—Gracias. Los dos. Si Akatsuki llega al festival después de todo esto, creo que nadie volverá a olvidar su inauguración.

Naoto miró al koi.

—Después de comerse medio canal, probablemente tampoco lo olviden los otros peces.

No supo exactamente por qué dijo aquello.

Pero una leve sonrisa terminó escondiéndose debajo de sus vendajes.

La misión estaba cumplida.
Kon Kaguya
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13-08-2026, 09:41 PM
Kon escuchó la explicación de Hideo sobre el episodio de tres años atrás con una atención que ya no se molestaba en disimular detrás de ninguna pose relajada. Se había despegado por completo del poste, con los brazos todavía cruzados pero el peso del cuerpo inclinado apenas hacia adelante, como quien empieza a interesarse de verdad en algo. Había algo casi hipnótico en la manera en que el viejo hablaba de su pez, con esa mezcla de cariño y respeto que normalmente uno reservaba para personas, no para un animal de escamas y aletas. Kon no terminaba de entenderlo del todo, pero tampoco le parecía tan raro. Él mismo había tenido apegos igual de irracionales alguna vez.

— Una compuerta vieja, eh — repitió, más para sí mismo que para el resto, con la mirada fija en el punto donde había desaparecido la última ondulación— Así que el bicho tiene mejor olfato para las corrientes que la mitad de los ingenieros de mantenimiento de esta aldea. — Soltó una risa corta ante su propio comentario, aunque nadie más pareció encontrarle demasiada gracia. Pero no le importó. No alcanzó a decir mucho más. La segunda perturbación apareció apenas unos metros más adelante, y esta vez Kon no apartó la vista ni un segundo: la onda, el destello carmesí asomando apenas antes de hundirse de nuevo, el rumbo directo hacia el canal secundario. Sintió algo parecido a la satisfacción de confirmar una sospecha.  — Ahí va de nuevo —dijo, ya moviéndose, con las manos saliendo de los bolsillos del pantalon. — Vamos, antes de que decida tomarse otro desvío. — Echó a andar sin esperar demasiado a que los demás terminaran de reaccionar, con ese paso desganado que de alguna manera conseguía cubrir terreno más rápido de lo que aparentaba. Pasó junto a un puesto de pescado sin robar nada esta vez, demasiado concentrado en no perder de vista el punto exacto donde la onda se había desviado hacia el canal secundario. A su lado, sentía la presencia de Naoto y Hideo siguiéndole el paso, el primero con una cautela silenciosa, el segundo con una energía renovada que contrastaba fuertemente con la desesperación que había mostrado al principio de todo aquel asunto.

Siguió el trayecto del koi junto a Hideo y Naoto. El bullicio de la zona comercial empezó a quedar atrás poco a poco, reemplazado por el eco más contenido de un pasaje estrecho entre dos edificios, donde el sonido del agua contra los pilotes se volvía más nítido, en comparación con el caos constante de los puentes principales. Cuando llegaron al pequeño puente de piedra y vieron la reja rota, la corriente escapando entre los barrotes, y a Akatsuki suspendido frente a la abertura como hipnotizado, Kon se apoyó sobre la baranda de piedra y dejó escapar una risa breve, casi admirada. — Mira tu, todo este problema por una gotera — comentó, observando al enorme pez con una mezcla de burla y respeto genuino — Hay que darle mérito, eh. Encontró la única filtración de todo el distrito y se obsesionó con ella como si fuera lo mejor del mundo. — Se quedó un momento contemplando al koi, esa masa enorme de escamas rojizas y doradas moviéndose apenas contra la corriente, con una obstinación casi terca que a Kon, en el fondo, no le resultaba tan ajena. Había algo en esa insistencia ciega, en esa incapacidad de soltar aquello que había capturado su atención, que le sonaba incómodamente familiar. Prefirió no seguir tirando de ese hilo.

Escuchó la explicación de Hideo sobre el sistema de mantenimiento clausurado, sobre cómo aquello no representaba peligro inmediato pero sí había bastado para captar la atención del koi, y asintió lentamente, procesando la información con esa mezcla de pereza y agudeza que lo caracterizaba. —Tiene sentido —murmuró, cruzándose de brazos otra vez, esta vez apoyado contra la baranda— Años enteros viviendo en agua controlada, de forma previsible. De golpe aparece algo distinto, algo novedoso. No me extraña que no pudiera ignorarlo. Yo tampoco podría, la verdad, soy igual de curioso que ese pez cuando algo no me encaja. Que triste, me identifico con un pez. — Lo dijo casi como una broma, aunque una parte de él lo decía completamente en serio. Miró de reojo a Hideo, que observaba al koi con una expresión que mezclaba alivio y una ternura casi paternal, y no pudo evitar sentir cierta curiosidad genuina por ese vínculo tan extraño entre un hombre y un pez.

Cuando Naoto se acuclilló junto a la reja y empezó a estudiar la abertura, Kon lo observó con curiosidad, sin meterse todavía, dejándolo trabajar. Vio cómo el chico descartaba de entrada la idea de reparar nada "sensato" pensó, y se iba directo a buscar algo entre los desperdicios acumulados junto a los negocios cercanos. — Ahí tienes a un hombre que sabe lo que hace. — comentó, dirigiéndose a Hideo con una sonrisa ladeada mientras veía a Naoto volver con la vieja lona doblada. Kon no se ofreció a ayudar con la parte física del trabajo, tapar el agujero le pareció una tarea perfectamente manejable para una sola persona, y honestamente prefería mantenerse seco. Pero sí se acercó un par de pasos más, apoyado ahora contra uno de los pilares del puente de piedra, observando con atención mientras Naoto empujaba la lona contra el espacio del barrote roto y la corriente terminaba ayudando, a su pesar, a mantenerla fija contra la estructura. — Ahí está, eso es. —murmuró, cuando la línea de agua que atravesaba el canal empezó a perder fuerza.

Vio a Akatsuki reaccionar casi de inmediato: la cola agitándose, el avance hacia la reja como buscando algo que ya no estaba, y después ese lento alejamiento, casi desorientado. — Bien hecho, Naoto —dijo, con un asentimiento breve, sin la burla habitual esta vez, genuinamente reconociendo el mérito de su compañero. Cuando Hideo dejó caer el primer puñado de alimento y el koi pasó de largo sin detenerse, Kon frunció el ceño levemente, compartiendo por un segundo la misma duda que notó en la postura de Naoto. Pero se mantuvo callado, cruzado de brazos, dándole al comerciante el espacio para hacer lo que mejor sabía hacer. Y cuando Akatsuki finalmente giró, cuando esa silueta carmesí volvió sobre sus pasos y devoró la primera porción, Kon soltó una risa corta.

— Eso es, eso es. Bienvenido de vuelta con papá, gordo. —le dijo al pez, con ese tono burlón tan suyo, aunque cargado de un cariño extraño hacia el animal que llevaba rato dando dolores de cabeza. Observó el resto del proceso con los brazos cruzados y una media sonrisa instalada de forma permanente. Cuando finalmente la cola de Akatsuki desapareció dentro del contenedor y Hideo cerró el sistema de transporte con una rapidez sorprendente, Kon aplaudió dos veces, lento y sarcástico, aunque la sonrisa en su cara era completamente genuina.

— ¡Bravo. Un aplauso para el equipo! —dijo, mirando alternadamente a Naoto y al comerciante, que en ese momento soltaba una carcajada nada elegante, cargada de puro alivio.

Se acercó al recipiente ya cerrado y se agachó levemente para observar a través de una pequeña abertura cómo Akatsuki nadaba en círculos dentro, ya tranquilo, ajeno por completo al caos que había desatado antes. Golpeó dos veces la madera con los nudillos, suave, casi cariñoso. — Pórtate bien de ahora en más, eh —le dijo al pez, con ese tono burlón que no terminaba de esconder cierto afecto genuino. Se incorporó de nuevo y giró hacia Hideo, que seguía con esa expresión de alivio tan visible que resultaba casi contagiosa. Cuando el comerciante hizo la segunda reverencia, más calmada que la primera, Kon levantó una mano restándole importancia al gesto.

— Bien, bien, no hace falta tanta ceremonia — dijo, aunque el comentario venía acompañado de una sonrisa que dejaba entrever que, en el fondo, le había gustado bastante el reconocimiento. Miró de reojo hacia la vieja galería, donde la lona de Naoto seguía conteniendo buena parte de la filtración, aunque ya empezaban a notarse algunas gotas escapándose por los bordes. Cuando Naoto comentó lo de avisar a mantenimiento, Kon asintió con seriedad, poco habitual en él. — Sí, mejor que se ocupen los que saben. —dijo. Echó un vistazo al distrito comercial. Se estiró con ganas, los brazos por encima de la cabeza, sintiendo el crujido satisfecho de una mañana que había terminado siendo bastante más entretenida de lo que había imaginado al despertarse tarde, como de costumbre. — Bueno —dijo finalmente, girándose hacia Naoto con una sonrisa ladeada y las manos de nuevo en los bolsillos— primera misión juntos y ya recuperamos a la realeza acuática de Kirigakure. Nada mal para un dúo que se conoció hace tan poco. —

Le dio una palmada breve en el hombro, más un gesto de camaradería que otra cosa, antes de empezar a caminar de regreso hacia el corazón del mercado, con la misma actitud despreocupada de siempre pero con cierto sentimiento de realización. — Ahora si me disculpan, tengo una cita pendiente con un puesto de dango que todavía no le pagué a la vendedora. Y después de esto, creo que me merezco por lo menos uno gratis. — Soltó una última risa, sarcástica y ligera, mientras se perdía entre la multitud del distrito comercial, dejando atrás al koi rescatado, al comerciante agradecido y a su camarada de equipo, y la sensación tranquila de una misión que, contra todo pronóstico en un inicio, había terminado bien.
Masashi Kishimoto
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14-08-2026, 12:17 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Misión E] El pez del festival. (TID 14384)
Tipo: Misión Normal · Rango: E
  • Naoto — Participante (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp
  • Orión — Narrador No Oficial (100%): 250 Ryos, 0 Tobis, 35 Exp, Pergamino PERG001
  • Kon — Participante (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Himawari
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14-08-2026, 12:18 AM
Cita:¡Recompensas de Misión Entregadas!


Tema: [Misión E] El pez del festival. (TID 14384)
Tipo: Misión Normal · Rango: E
  • Naoto — Participante (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp
  • Orión — Narrador No Oficial (100%): 250 Ryos, 0 Tobis, 35 Exp, Pergamino PERG001
  • Kon — Participante (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp


¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
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