25-07-2026, 04:30 PM
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Filas interminables de mesas de madera basta se extienden a lo largo del recinto, atiborradas de fragmentos de armaduras destrozadas, placas de hombreras agrietadas, kunais con muescas profundas y empuñaduras de tanto que muestran los estragos del combate. El único sonido que rompe la quietud opresiva del almacén es el rasgueo constante y cansino de una pluma sobre papel.
En el extremo de la sala principal, un encargado logístico de hombros encorvados y delantal gris, con los dedos permanentemente manchados de tinta negruzca, revisa un fajo de reportes a la luz parpadeante de una lámpara de aceite. Alza la vista un instante, con la mirada fatigada por horas de conteo, y señala con la barbilla hacia la hilera central de cajones desordenados que esperan la supervisión y el inventario oficial.
El encargado deja caer la pluma sobre el tintero con un chasquido seco, frotándose los ojos cansados bajo las anteojeras de aumento antes de levantar la vista hacia la figura de Itsuki. Su respiración es pesada, cargada por el calor sofocante del depósito y el peso de una pila interminable de reportes sin terminar.
—Vaya, al fin mandan a alguien del cuerpo principal para encargarse de este cementerio de hierro —murmura el logístico con una voz rasposa, secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano manchada de tinta negra—. Tienes frente a ti el despojo de la última incursión en la frontera: armaduras perforadas, kunais mellados y equipo que los escuadrones apenas lograron arrastrar de vuelta. El protocolo exige catalogar cada muesca, separar lo fundible y registrar las pérdidas antes del amanecer. Toma los registros de la mesa central y ponte a revisar las hileras del fondo; aquí no hay gloria, solo números que no perdonan errores.
35 de verano - Zona Comercial
El calor sofocante de mediados de verano se cuela a través de los ventanales altos y enrejados del Depósito Militar en la Zona Comercial, convirtiendo el vasto interior en un horno seco donde el aire apenas circula. El ambiente denso está impregnado por una mezcla pesada de olores: el rastro acre del metal oxidado, el cuero de los arneses reseco por el uso extremo, el aceite industrial y el persistente aroma metálico y seco de la sangre coagulada impregnada en el equipamiento que acaba de retornar de las patrullas fronterizas.Filas interminables de mesas de madera basta se extienden a lo largo del recinto, atiborradas de fragmentos de armaduras destrozadas, placas de hombreras agrietadas, kunais con muescas profundas y empuñaduras de tanto que muestran los estragos del combate. El único sonido que rompe la quietud opresiva del almacén es el rasgueo constante y cansino de una pluma sobre papel.
En el extremo de la sala principal, un encargado logístico de hombros encorvados y delantal gris, con los dedos permanentemente manchados de tinta negruzca, revisa un fajo de reportes a la luz parpadeante de una lámpara de aceite. Alza la vista un instante, con la mirada fatigada por horas de conteo, y señala con la barbilla hacia la hilera central de cajones desordenados que esperan la supervisión y el inventario oficial.
El encargado deja caer la pluma sobre el tintero con un chasquido seco, frotándose los ojos cansados bajo las anteojeras de aumento antes de levantar la vista hacia la figura de Itsuki. Su respiración es pesada, cargada por el calor sofocante del depósito y el peso de una pila interminable de reportes sin terminar.
—Vaya, al fin mandan a alguien del cuerpo principal para encargarse de este cementerio de hierro —murmura el logístico con una voz rasposa, secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano manchada de tinta negra—. Tienes frente a ti el despojo de la última incursión en la frontera: armaduras perforadas, kunais mellados y equipo que los escuadrones apenas lograron arrastrar de vuelta. El protocolo exige catalogar cada muesca, separar lo fundible y registrar las pérdidas antes del amanecer. Toma los registros de la mesa central y ponte a revisar las hileras del fondo; aquí no hay gloria, solo números que no perdonan errores.