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[Entrenamiento] Reflejos en el Nakano -Priv. Mayura-
Naoe Senju
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23-06-2026, 06:31 AM
Última modificación: 23-06-2026, 06:31 AM por Naoe Senju.
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Año 150 Konohagakure || Un claro apartado en el curso alto del Río Nakano (Cerca del límite del Bosque Senju)
Hora: Atardecer / Crepúsculo (Aprox. 7:45 pm)


El crepúsculo caía sobre la fortaleza de Konoha como un manto de oro viejo y violeta, tiñendo las copas de los árboles ancestrales con una calidez que contrastaba con la rígida disciplina diaria de la aldea. En un recodo apartado del río, donde la corriente se ensanchaba para formar un remanso de aguas cristalinas y quietas, el silencio militar solo se veía interrumpido por el constante y rítmico murmullo del agua golpeando suavemente las rocas de la orilla. El calor remanente del día de verano flotaba en el aire, cargado con el aroma a pino, tierra húmeda y el frescor limpio del agua en constante movimiento. Era un paraje oculto a las rutas de patrulla habituales, un santuario de privacidad idóneo para el reposo del cuerpo tras una extenuante jornada de acondicionamiento físico.

Naoe emergió del agua con parsimonia, quebrando la superficie perfecta del lago artificial. Sus movimientos eran fluidos, desprovistos de cualquier atisbo de prisa, como si incluso en la intimidad de su propio espacio gobernase su cuerpo bajo una estricta doctrina de gracia y etiqueta militar. El agua resbalaba en hilos brillantes por su cabello oscuro y largo, el cual goteaba pesadamente sobre sus hombros antes de perderse por los contornos de su espalda. Caminando con paso firme hacia la orilla de piedra lisa, el joven Senju estiró el brazo para alcanzar una toalla de algodón blanco inmaculado que descansaba perfectamente doblada sobre una de las rocas, junto a su uniforme militar y su inseparable espada de esgrima.

Con el torso completamente descubierto, la estampa de Naoe resultaba tan imponente como magnética. A sus quince años, su físico reflejaba no solo la legendaria y robusta herencia de vitalidad del clan Senju, sino también un esfuerzo quirúrgico y disciplinado: una musculatura magra, fibrosa y esculpida con precisión matemática, libre de las toscas imperfecciones del guerrero común. Comenzó a secarse el pecho y los brazos con movimientos pausados, disfrutando de la sutil fricción de la tela contra su piel templada por el sol poniente. Los últimos rayos de luz anaranjada jugaban a perfilar las sombras de sus abdominales marcados y las líneas definidas de sus hombros, haciendo que el agua que aún quedaba retenida en su piel brillase como una fina capa de cristal.

Mientras pasaba la toalla de manera casi perezosa por su cuello, Naoe ladeó levemente la cabeza, permitiendo que sus intensos ojos azules analizaran el perímetro boscoso que los rodeaba. Había algo innegablemente atrayente en su habitual orgullo y pulcritud cuando se despojaba de la armadura; una vulnerabilidad controlada que destilaba una elegancia peligrosa. Recordó entonces las últimas misiones y la inevitable fijación que había desarrollado hacia un compañero en particular. El muchacho de ojos perlados poseía una precisión y una reserva que a Naoe le resultaban sumamente inquietantes. No era solo el respeto hacia el linaje del Byakugan, sino una algo físico y conceptual hacia esa misma rectitud que él tanto valoraba. Compartir un espacio fuera del protocolo militar con el Hyūga era un pensamiento recurrente que hoy, finalmente, tomaba forma en su agenda.

Extendiendo la toalla sobre sus hombros y dejándola descansar de forma que cubriera parcialmente su nuca, Naoe se sentó sobre la gran roca plana, manteniendo la espalda recta por puro instinto marcial, pero adoptando una postura relajada con las piernas cruzadas. Su mirada se clavó en la dirección del sendero oculto que conectaba con los búnkeres del Sector Siete, sabiendo, por el horario acordado para un ejercicio informal de control de chakra, que el Hyūga no tardaría en aparecer. Un sutil e imperceptible arqueo en sus cejas denotó su expectación silenciosa. Quería ver cómo reaccionaba el pulcro Hyūga al romper la rigidez de los uniformes oficiales en la intimidad de este claro veraniego.

—Llegas a la hora exacta, Hyūga-san —comentó Naoe al aire en un tono limpio, pausado y envuelto en esa cortesía estrictamente formal que lo caracterizaba, aunque esta vez cargado de un matiz más suave, casi íntimo, mientras observaba las primeras sombras proyectarse entre los árboles—. El agua del Nakano tiene la temperatura ideal para limpiar las impurezas antes de iniciar el moldeo del chakra. Podrías aprovecharte de ello si quieres.
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Mayura Hyuga
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25-06-2026, 11:01 PM
Mayura se encontraba emocionado, hoy tendría un encuentro con el más recto de su equipo ninja, Naoe. Al recibir la invitación no podía negarse, su compañero, aunque más joven, solía ser muy rígido en todo momento. Ansiaba verlo fuera de toda la formalidad y tenia muchas esperanzas de que para eso fue la invitación. Debian encontrarse en el Río Nakano, uno que se extendía por gran parte de Konoha.

Como de costumbre, el joven Hyuga andaba completamente inmaculado. Pelo suelto, peinado y bien tratado. Ropas llamativas, su habitual vestimenta, y su bañador tipo speedo como ropa interior. Bandana en la cintura, pues acababa de salir de una misión. ¿Pero los kunais? Esos se quedaron en casa. En fin, iba caminando por la ruta que su compañero le había explicado, dando saltos y bailando en el proceso, ansioso por llegar. Al acercarse a la zona, se desvió por un momento, casi bordeando el bosque de la muerte. El susto le hizo perder el sendero que le habían explicado, pero de alguna forma, había salido tan temprano por las ganas, que aun perdido pudo llegar minutos antes.

Al inicio, se mantuvo oculto detrás de una roca espiando a Naoe. Frenó de golpe poniéndose nervioso al ver a su compañero en el agua, ocultándose detrás de un árbol, intentado que no le viera. — Con que era para disfrutar del río. Menos mal siempre ando preparado. — Susurró para sí mismo desvistiéndose en menos de cinco segundos y dejando toda su ropa allí, quedándose solo con su característico speedo purpura con líneas doradas que simulaban una pluma de pavo real. — Jaja, lo sorprenderé, esperare al momento exacto. — Continuó susurrando con malicia sana, de esa que se usa para planear una broma.

No obstante, cuando volvió a echar un vistazo y sacó la cabeza detrás del árbol con completa discreción, su gran vista le permitió ver todo a detalle. Era Naoe, el rígido, formal y aburrido Naoe, estaba de espaldas con una musculatura increíble. Mayura sintió un poco de envidia por la decisión y su tipo de cuerpo, no porque deseara tenerlo sino porque probablemente era la simple naturaleza masculina de apreciar un buen cuerpo. Luego le vio salir por completo del agua terminando de sonrojarse y sentir calor en todo su cuerpo. — Jum, sigo siendo más bello. — se recordó a si mismo.

Salió detrás del árbol una vez que vio que su compañero ya estaba tranquilo meditando, y que su propio cuerpo se calmara. Pero ahora iba corriendo, necesitaba actuar con naturaleza y no revelar lo que le acababa de parecer. Corriendo en speedo y gritando un gran —¡HEYYYYYY! — ignoró por completó las palabras de Naoe, su mente necesitaba refrescarse. ¿Qué impurezas ni impurezas? Mayura era el ser perfecto, bueno, ahora el ser más nerviosamente perfecto.

Dejando a un lado todas sus preocupaciones de belleza y sin pensarlo mucho, se lanzó directo al agua con una bala de cañón. ¿Noto que Naoe estaba desnudo? Si, se supone que fuera algo normal, aunque por alguna razón jamás había imaginado ver a su compañero de esa forma, ni siquiera en las aguas termales, lo hacia muy serio para ese tipo de interacciones sociales. Se dejó hundir, relajó su mente, y saltó hacia fuera del agua con una pose extremadamente teatral simulando un ave en vuelo, dejándose caer desde el aire libremente dentro del agua. — Ufff esta agua está espectacular. ¿Me invitaste para un baño? Este sitió oculto es perfecto, como lo conociste. Esto si que es un buen entrenamiento para relajar el cuerpo y controlar el chakra jeje. — Sus palabras salían rápidas, con tu tono afeminado un poco más acentuado por los nervios que buscaba ocultar, evitando verle a los ojos.
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Naoe Senju
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27-06-2026, 12:08 PM
El estallido del agua rompiendo en una ruidosa bala de cañón destruyó la perfecta simetría del remanso en un parpadeo. Naoe ni siquiera pestañeó cuando las gotas resultantes del aparatoso impacto volaron por el aire, salpicando la piedra lisa donde descansaba su uniforme pulcro y humedeciendo ligeramente la toalla blanca que llevaba sobre los hombros. Sus ojos azules, impasibles y fijos en el punto donde el Hyūga se había hundido, siguieron el rastro de burbujas con una paciencia quirúrgica. Cuando Mayura emergió del fondo realizando aquella pose dramática y teatral que emulaba el vuelo de un ave, el Senju ladeó imperceptiblemente la cabeza. Su mirada recorrió de forma automática la silueta del chico; la ausencia de su indumentaria habitual dejaba al descubierto un físico esbelto, estilizado y cubierto por una prenda interior que resultaba escandalosamente llamativa para los estándares de uniformidad de la fortaleza. El contraste entre la rigidez marcial de Naoe y la desinhibida soltura de Mayura pareció espesar el aire templado de la tarde.

—Su vector de aproximación ha sido errático, Hyūga-san, y la ejecución de su entrada al agua carece de cualquier principio de sigilo táctico —dictaminó Naoe con su habitual tono limpio, pausado y carente de inflexiones emocionales, aunque la fijeza de sus ojos delataba que estaba prestando una atención sumamente minuciosa al espectáculo—. No obstante, admitiré que su capacidad de adaptación al terreno es... eficiente. Este sector del Nakano pertenece históricamente a los mapas logísticos de la división de ingeniería del clan Senju, un cuadrante optimizado por su baja densidad de tránsito civil y la pureza de sus corrientes filtradas. Un rubor casi imperceptible se había alojado en sus mejillas.

Naoe se puso en pie con una parsimonia estudiada. El movimiento hizo que la toalla resbalara ligeramente por su cuello, exponiendo de nuevo la imponente y fibrosa anchura de sus hombros y las líneas esculpidas de su torso, todavía adornado por finas gotas de agua que reflejaban los últimos matices violetas del crepúsculo. A diferencia de los nervios soterrados que Mayura intentaba enmascarar con su parloteo rápido y su tono acentuado, el Senju se desplazaba con una seguridad absoluta, desprovisto de cualquier atisbo de timidez o pudor mundano. Para Naoe, el cuerpo humano no era más que una herramienta biológica que debía mantenerse en su máxima expresión de rendimiento y pulcritud, y la turbación ajena solo le parecía una debilidad en el control del entorno. Caminó con pasos firmes hacia el borde de la roca, deteniéndose justo donde el agua lamía la piedra, quedando a escasos metros del Hyūga que flotaba en el río.

—La propuesta formal de esta jornada no contempla un baño recreativo de naturaleza civil, aunque no ignoraré los beneficios térmicos del agua para la descompresión muscular —continuó el joven Senju, inclinándose levemente hacia adelante de modo que su imponente silueta recortada contra el cielo oscurecido se proyectara directamente sobre Mayura. Sus ojos azules sostuvieron con firmeza la mirada del esquivo muchacho, obligándolo de forma implícita a registrar la cercanía de su anatomía desarmada—. Ha mencionado el control del chakra. Una deducción correcta. El fluido de este remanso posee una resistencia constante ideal para el acondicionamiento del equilibrio cinético.

Antes de dar el paso final hacia el río, Naoe desvió la mirada un instante hacia el montón de ropa perfectamente doblado sobre la piedra. Con un gesto seco y militar, tomó los pantalones oscuros de su uniforme reglamentario. No pretendía iniciar un entrenamiento de esgrima formal completamente desprovisto de prendas, pues la fricción de los movimientos y la etiqueta básica de la aldea exigían un mínimo de contención. Con movimientos fluidos, se vistió con la prenda inferior, ajustando el cinto táctico alrededor de su cintura con un chasquido limpio, permitiendo que la tela húmeda se adhiriera a sus piernas largas mientras mantenía el torso desnudo y expuesto al aire de la noche. Acto seguido, con un movimiento grácil de su pie derecho, pateó suavemente el calzado militar de Mayura y sus pantalones hacia la orilla del agua, en una clara invitación a que hiciera lo mismo.

—Colóquese al menos la indumentaria inferior, Hyūga-san. El plano del kenjutsu exige un anclaje firme que la seda de su prenda interior no podrá proveer contra la fricción del agua —concluyó Naoe mientras su sonrojo había llegado a ser notorio y dando un paso directo hacia el vacío para dejarse caer con ligereza sobre la superficie del río. En lugar de hundirse, sus pies conectaron con la masa líquida, canalizando una fina y perfecta capa de chakra que le permitió mantenerse firmemente erguido sobre el agua, sin romper la calma del espejo fluvial—. Suba a la superficie del río, Mayura-san. Desenvaine su control de chakra y mantenga el eje de su cuerpo firme contra la corriente. Evaluemos si su estética y sus reflejos son capaces de sostener el ritmo de mi esgrima en un terreno inestable.[/color]
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30-06-2026, 02:30 PM
Última modificación: 30-06-2026, 02:39 PM por Mayura Hyuga.
Mayura empezó a relajarse un poco después de todo ese cacareo. Se mantuvo fijamente mirando a Naoe mientras este empezaba a responderle, dándole un poco de gracia a su primera elección de palabras. ¿Sigilo? Le había espiado y no lo sabía, ahora los nervios se habían empezado a convertir en broma y el pavo volvía a ser capaz de desplegar sus plumas con su naturalidad y malicia constante, siempre llevando la conversación a su favor. 

— ¿Sigilo? — Cuestionó antes de hundir su rostro por unos segundos hasta la nariz y hacer burbujas con la boca. — ¿Eso quiere decir que todo el rato estuviste dándome un espectáculo privado gratis? Así es querido, lo vi "todo". Jijiji. — Empezó con malicia, imitando gestos como si estuviera saboreando su plato de ramen favorito. — No sabía que el gran, recto y pulcro joven Senju era de ESE tipo de personas. JAJAJAJA. — Terminó ya con un tono más dramático, ruidoso y dejando claro por dónde iba su broma. Pudo continuar con más bromas sobre cómo su estado actual podría desestabilizar a los trabajadores que usaban la ruta como logística y demás, pero entendió que era suficiente tortura para su recto compañero.

Mientras este le hablaba, Mayura había comenzado a nadar un poco relajadamente. De un lado a otro, boca arriba, bostezando y apenas escuchando la mitad de lo que Naoe le decía. Este momento no era oficial, ni mucho menos una misión u entrenamiento demandado por sus superiores, era solo un encuentro entre amigos, uno que, con esta agradable agua, era perfecto para relajarse un poco antes de iniciar con lo que sabía que vendría. — Relájate un poco, querido. Estamos en un río fresco y agradable, con la temperatura de verano. Yo en mi bañador y tú pues, bueno… — se sonrojó un poco antes de mirarle de reojo, aún no se colocaba sus pantalones. — …así. Entiendo que sea difícil no ponerse nervioso ante mi belleza al aire libre, pero solo somos compañeros tomando un baño antes de un entrenamiento amistoso. ¿No? Sonreír un poco no está de más, mucho menos relajarse o disfrutar de la vista. — Mayura ya sonaba como el de siempre, teatral, voz delicada, exagerado y confiado en sí mismo.

Paró de nadar, iba a salir del agua. No para dejar de ducharse sino para pelear, Naoe le había pateado los mantalones, con su agilidad, pero igual había sido una patada a su ropa, una extensión de su belleza. — ¡¿Qué haces?! — Luego frenó en seco al verle completamente sonrojado. ¿Acaso sus palabras habían hecho efecto o solo su presencia en bañador? Fuera lo que fuera, lo había llevado a su terreno y ya no se encontraría en desventaja durante el entrenamiento. Pero, por si no fuera poco, Naoe intentó caminar sobre el agua, aún no aprendían tal habilidad, ni siquiera en teoría, riéndose a carcajadas al verle caer de lleno.

De todos modos, ya no perdería más tiempo y subiría a la superficie, saliendo del río. Se pararía cerca de sus cosas, más ni siquiera se agacharía a tocarlas mojado. El frío se sentía un poco más con la brisa fresca que empezó a soplar y Mayura necesitaba entrar en calor. No había traído toalla, por lo que no se vestiría mojado. Solo había una solución: dar inicio. Llevó sus puños a su cintura y se paró de frente, piernas un poco abiertas, mentón en alto, una pose completamente heroica y fabulosa que demostraba la confianza no solo en su cuerpo sino en sus habilidades. — ¡JAJAJAJA! ¿No querías que saliera del agua? ¿Qué esperas? ¿Aquí me tienes? — Finalizaría con entusiasmo antes de temblar un poco por el último soplido de brisa y sentir cómo su cuerpo cedía al fresco más de lo usual gracias al agua en su cuerpo.

OFF

Aun no conocemos la habilidad de caminar sobre el agua. Asi que... gracias por el momento comico, quizas ayude a relajar a naoe un poco para el resto del tema encima de todo lo que el Mayu le dice. O mejor aun, le cause mas tension jajaja a pobrecito.
Naoe Senju
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30-06-2026, 07:36 PM
La perfecta fachada de invulnerabilidad táctica de Naoe colapsó de la manera más ruidosa y anticlimática posible. En el instante preciso en que su pie descalzo presionó la masa líquida del Nakano, pretendiendo sostener el peso de su cuerpo mediante una proyección teórica de chakra que sus bobinas energéticas de quince años todavía no eran capaces de estabilizar, la superficie del agua cedió sin piedad. El elegante y orgulloso heredero de los Senju desapareció bajo la corriente con un sonoro y aparatoso chapuzón, quebrando de golpe toda la rigidez militar que había intentado imponer segundos antes. El agua del río lo envolvió por completo, apagando el eco de las carcajadas ruidosas de Mayura que resonaban en el claro boscoso como una burla directa a su inquebrantable doctrina marcial.

Cuando Naoe emergió de nuevo, quebrando la superficie con un jadeo brusco, su largo cabello oscuro se adhería de forma caótica a su rostro y a sus hombros, eliminando cualquier rastro del peinado pulcro que tanto esmero le costaba mantener. Sus intensos ojos azules, ahora entornados por la indignación y la humillación técnica, se clavaron directamente en el Hyūga. El frío del agua veraniega chocando contra su piel templada no fue suficiente para mitigar el intenso y evidente sonrojo que comenzó a encenderse en sus mejillas, extendiéndose rápidamente por su cuello y las clavículas expuestas de su torso desnudo. No era un rubor nacido de la timidez civil, sino de una profunda, ardiente y exasperada furia competitiva mezclada con la desestabilización absoluta que las insinuaciones dramáticas de Mayura habían provocado en su estructurada mente.

—Esa... esa disfunción cinética... ha sido producto de una alteración imprevista en la densidad... térmica del lecho fluvial —consiguió dictaminar Naoe, con la voz notablemente crispada y perdiendo por primera vez la métrica pausada de su vocabulario. Se impulsó hacia la orilla con movimientos bruscos de sus brazos, saliendo del agua a toda prisa mientras el líquido resbalaba en hilos brillantes por sus abdominales marcados y sus pantalones de uniforme, los cuales ahora se encontraban completamente empapados y pegados a sus largas piernas—. Y para su información, Hyūga-san, un operador de la fortaleza no ofrece "espectáculos". Mi permanencia en el remanso respondía estrictamente a una pauta de higienización reglamentaria. Sus... sus analogías gastronómicas carecen de cualquier base logística.

Naoe pisó la piedra lisa de la orilla con un chapoteo pesado, sintiendo cómo el orgullo le escocía tanto como el frío de la brisa nocturna. Intentó recuperar la compostura, irguiendo la espalda con firmeza marcial a pesar de estar chorreando agua por cada poro de su piel, pero la estampa que se encontró al levantar la mirada barrió cualquier intento de reorganización mental. Mayura había salido del río. Allí estaba el chico de ojos perlados, de pie junto a su ropa, negándose por completo a vestirse con la tela húmeda y exponiendo su anatomía estilizada en aquel escandaloso speedo púrpura con líneas doradas. La pose que adoptó el Hyūga, fabulosa, heroica, con los puños en la cintura y el mentón en alto, destilaba una confianza tan descarada y atrayente que Naoe sintió una extraña e incomprensible opresión en el pecho. Sus ojos azules recorrieron de forma automática las líneas delicadas pero firmes del cuerpo de Mayura, registrando el sutil temblor que la brisa fresca provocaba en su piel mojada.

La visión del Hyūga desafiándolo abiertamente bajo la luz de la luna, envuelto en esa teatralidad afeminada y magnética que tanto pretendía ignorar, generó un cortocircuito definitivo en el Senju. La combinación de su propia caída aparatosa, las burlas de que lo había visto "todo" y la desarmante presencia física de su compañero desbancaron cualquier protocolo de etiqueta. Olvidando por completo la idea de secarse con la toalla blanca o mantener la distancia reglamentaria, Naoe dio tres pasos firmes hacia adelante, acortando la distancia de manera imprevista hasta quedar a menos de un metro de Mayura. El calor corporal que desprendía el Senju a pesar de estar empapado pareció desafiar la brisa de la noche, y su sombra imponente eclipsó parcialmente la silueta del chico de ojos perlados.

—¿Que... qué espero? —repitió Naoe en un susurro bajo, denso, donde la formalidad habitual se tiñó de una hostilidad puramente física y competitiva. Su mano derecha descendió con velocidad quirúrgica hacia su costado, sujetando con firmeza la empuñadura de su espada de esgrima. El metal de la vaina tintineó contra sus pantalones mojados mientras sostenía la mirada fija del Hyūga, obligándolo a registrar la cercanía de su pecho esculpido y agitado por la respiración—. Espero que esa pomposidad teatral sea capaz de sostener el peso de su propia arrogancia, Hyūga-san. Puesto que se niega a usar la indumentaria adecuada y prefiere confiar el éxito de la jornada a su... "estética", evaluemos si sus reflejos corporales pueden mantener el equilibrio cuando la fricción del acero rompa su postura heroica. Prepárese.
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03-07-2026, 01:50 PM
Las risas ruidosas se mantuvieron constantes durante todo el tiempo. Era la primera vez que veía esta faceta de Naoe desde que habían formado equipo. Nunca iban a las aguas termales juntos, ni a comer ni menos a saltarse los quehaceres con Raizen y Amaru. Mayura estaba disfrutando cada segundo en que su compañero de equipo iba perdiendo los estribos. Desde que se hundió y nadó bruscamente hasta la orilla, hasta que quedó a menos de un metro, sus risas no pararon, al contrario, se fueron intensificando.

Ya estando cara a cara, el joven Pavo Real mantuvo esa sonrisa sarcástica, llena de malicia inocente, como cuando buscas incomodar al otro aún más. Le miró fijamente a los ojos y se acercó más, quedando ahora a pocos centímetros el uno del otro. Quiso burlarse de inmediato, seguirle tentando para que tomara la primera acción de manera impulsiva. Sin embargo, antes de hablar, no pudo evitar sentir el calor que emanaba del cuerpo, pensar en cómo podía sentirse tan caliente a pesar de que la noche estaba fresca. — Estás cálido… — susurró sonrojándose, antes de agitar un poco la cabeza y volver al semblante anterior. Fue como una pausa impulsivamente indebida que prefirió ignorar.

La sonrisa sarcástica volvió al rostro del joven Hyuga con inmediatez. Su mano buscaría recorrer un mechón de pelo de Naoe, sentirlo lo suficiente como para que su compañero también lo sintiera, lento, a un ritmo preciso y a tan corta distancia como si no estuvieran hablando de que estuvieran a punto de pelear. — Sabes… — inició con un tono cargado de su seguridad. — …acabas de confirmar que mi estética, cof cof, belleza es tan peligrosa que no te atreves a pelear conmigo sin tu espada. Sí que me consideras bello. ¿No? Peligrosamente bellos para ser exactos. Sería una pena que me lastimes con el filo de esa espada que agarras con tanta firmeza. ¿No te daría pena? El joven Pavo Real de Konoha privado de su belleza gracias al filo de su compañero. — Su tono y sonrisa ahora eran coquetos, mirando fijamente a los ojos de Naoe con una mirada que invitaba a muchos sentimientos, con suerte, indebidos para un combate justo. De ser posible, se mantendría jugando y recorriendo el mismo mechón de cabello de Naoe que había intentado agarrar al principio.
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Naoe Senju
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12-07-2026, 05:45 PM
La osadía de Mayura al acortar esos últimos centímetros terminó de paralizar los engranajes lógicos del Senju. Naoe sintió el aliento del Hyūga cerca de su rostro, un murmullo que se coló directamente entre los latidos acelerados de su pecho. Cuando el muchacho de ojos perlados soltó ese involuntario "Estás cálido..." seguido de un repentino sonrojo, el pulso de Naoe dio un vuelco violento. Una extraña e intensa vibración recorrió su columna, una sensación que nada tenía que ver con la hipotermia del Nakano ni con la adrenalina de una escaramuza militar. Por un segundo que pareció extenderse en el espacio, las pupilas azules del Senju se dilataron, atrapadas en el magnetismo de esa mirada perlada que parecía desnudarlo con mucha más eficacia que cualquier combate de taijutsu.

Antes de que pudiera formular un contraargumento técnico para restablecer su distancia protocolaria, los dedos delgados de Mayura se alzaron con una delicadeza exasperante, enredándose de forma lenta en uno de sus mechones de cabello oscuro y mojado. El contacto físico, tan descaradamente íntimo y ajeno a cualquier doctrina de la fortaleza, provocó un sutil estremecimiento en los hombros de Naoe. Sentir los dedos ajenos jugando de manera perezosa con su pelo, mientras el Hyūga soltaba ese discurso coqueto y cargado de seguridad sobre el peligro de su propia belleza, terminó por encender el rubor en las facciones del Senju hasta un punto casi febril. Su mente, habituada a calcular vectores de ataque y densidades de terreno, se vio completamente incapaz de procesar la insinuación de que consideraba al pavo real "peligrosamente bello".

—Su... su hipótesis sobre el uso del acero es del todo errónea, Hyūga-san —consiguió articular Naoe. Aunque intentó mantener su tono de voz gélido e implacable, la cercanía de Mayura y el ritmo constante de sus dedos en su cabello hicieron que sus palabras sonaran un matiz más bajas, densas y carentes de la habitual soberbia militar—. Un shinobi de la división de esgrima no depende de su herramienta por vulnerabilidad táctica, sino por pura optimización del rango de alcance...

El Senju interrumpió su propia frase cuando los ojos coquetos de Mayura parecieron desafiar abiertamente la última barrera de su rigidez. Sostener esa mirada a tan escasa distancia, sintiendo la brisa fresca de la noche chocar contra sus torsos descubiertos mientras la piel del Hyūga temblaba sutilmente por el frío, desató una chispa competitiva e impulsiva que Naoe no pudo contener. Con un movimiento fluido y firme que rompió la pasividad, su mano izquierda, la que no sujetaba la espada, ascendió con rapidez. En lugar de apartar los dedos de Mayura de su cabello, Naoe rodeó firmemente la muñeca del Hyūga con sus dedos templados, deteniendo el juego del mechón pero sin soltarlo, atrapando su mano a escasos centímetros de sus propios labios.

—Si tanta confianza deposita en la supuesta invulnerabilidad de su estética... no debería mostrar temor ante la proximidad del acero —susurró Naoe, con una fijeza azul que devolvió la provocación con una intensidad oscura y magnética. Sin romper el firme agarre sobre la muñeca del muchacho, el Senju utilizó el plano de su mano derecha para presionar suavemente el guardamonte de su espada. Con un chasquido limpio que resonó en el claro, deslizó apenas dos centímetros de la hoja fuera de la vaina, permitiendo que el reflejo plateado de la luna golpeara directamente el rostro de Mayura—. El filo de mi acero no busca privar a Konoha de sus activos... visuales. Pero un combate justo exige que su cuerpo sostenga el peso de sus palabras. Veamos si sus reflejos son tan audaces como sus dedos.

Con un movimiento seco pero controlado, Naoe tiró sutilmente de la muñeca atrapada de Mayura hacia abajo, obligándolo a romper la pose heroica y desestabilizando ligeramente su centro de gravedad hacia adelante, forzándolo a quedar aún más cerca de su propio pecho esculpido. Al mismo tiempo, el Senju liberó el agarre de la vaina, permitiendo que la espada volviera a encajarse con un sonido metálico, dispuesto a iniciar el intercambio de agarres y fintas de taijutsu a una distancia tan corta que la respiración de ambos se mezclaba en el aire de la noche.
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20-07-2026, 06:49 PM
Estaba disfrutando de ver cómo Naoe se iba poniendo incómodo, cediendo ante sus juegos. — ¿Así que si quieres alcanzarme con tu espada? — Fue lo único que pudo decir a modo de broma, sin embargo, no le dio tiempo ni siquiera a esperar respuesta. Al parecer, ya su compañero había llegado al límite. Mayura sintió el tirón de la muñeca, no lo vio venir, fue una táctica sigilosa que le desestabilizó por completo. No obstante, lo que sucedió después fue lo verdaderamente sorpresivo.

Trató de mantener el equilibrio, pero gracias a que sus pies estaban mojados, resbaló ligeramente con la tierra que estaba un poco enlodada por el agua que chorreaba de los shinobis. Intentó gritar, pero en menos de un segundo su boca se vio sellada, no por una técnica sino por un accidente. Labio con labio, y con sus manos apoyadas sobre los hombros de Naoe. Mayura no lo notó hasta que abrió los ojos y miró directo al Senju, sonrojándose por completo. No pudo actuar de inmediato, la vergüenza le ganó, su cara se puso como un tomate y la temperatura en su cuerpo aumentó drásticamente. Si le preguntaban, habían durado una eternidad ahí pegados sin moverse antes de que uno de los dos reaccionara, aunque la verdad es que solo había sido un tiempo efímero.

Desde que recuperó la cordura, Mayura empujó a su compañero al mismo tiempo que dio un salto hacia atrás para ganar distancia. Ahora estaban a cuatro metros de distancia, una separación perfecta para cualquier confrontamiento directo. — ¡¿Qué te pasa, pervertido?! ¿Así que para eso me invitaste? ¡Ya me la pagarás, cómo osas ensuciar los labios del pavo real de konoha! — exclamó furioso, tratando de ocultar todo lo que sintió en ese momento: una lengua, unos labios y un montón de confusión. Mayura aún no definía su sexualidad, mas no por ello cedería ante los intentos lascivos de otros.

— ¡Ahora sí! ¡Ven con todo lo que tengas, Naoe! ¡Esto lo resolveremos aquí y ahora! ¡El perdedor le deberá un favor al otro! — Continuó, adoptando una postura que le serviría para prever o reaccionar con tiempo si Naoe decidía intentar iniciar el combate. Mayura estaba decidido a negar que aquello le había gustado, enojarse era la mejor fachada para autoengañarse y un combate sería la manera más masculina posible de evitar que Naoe crea que le gustó el beso.
[Imagen: ab4qP1h.jpeg]
Naoe Senju
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 9
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza30(2)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia30(2)
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25-07-2026, 04:13 PM
El tiempo pareció colapsar en un punto muerto donde las leyes de la física y el entrenamiento militar perdieron cualquier tipo de validez. El sutil tirón de Naoe, pensado para desestabilizar la postura del Hyūga y forzarlo a una distancia defensiva, se combinó de la peor manera posible con el barro resbaladizo de la orilla. El pie de Mayura cedió y el choque frontal fue inevitable. Naoe ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar o soltar la empuñadura de su acero cuando el peso del chico se proyectó sobre él. Las manos del pavo real impactaron contra los hombros desnudos del Senju y, en una fracción de segundo que pareció congelar la respiración de la noche, sus labios se sellaron de lleno contra los de Mayura.

El choque fue directo, suave y brutalmente inesperado. Naoe abrió sus profundos ojos azules hasta el límite, paralizado por completo bajo la piel tibia del Hyūga. Sintió el contacto cálido, húmedo y la inconfundible presión de unos labios que no correspondían a ningún ataque de taijutsu registrado en los archivos de la aldea. Por un instante suspendido en la eternidad, el frío de la brisa, el murmullo del río y la rigidez de su doctrina militar desaparecieron por completo; solo existía la abrumadora cercanía del chico, el aroma a agua fresca que emanaba de su piel y un latido desbocado que retumbó en los oídos de Naoe como un tambor de guerra. El rubor que ya adornaba sus facciones estalló con violencia febril, quemándole las mejillas y el cuello mientras su mente buscaba en vano una explicación logística para lo que acababa de ocurrir.

El empujón repentino de Mayura y su posterior salto hacia atrás rompió el trance de forma tan brusca que Naoe trastabilló medio paso, sosteniéndose sobre sus piernas empapadas mientras los cuatro metros de distancia volvían a interponerse entre ambos. El Senju se quedó rígido en el sitio, sintiendo un cosquilleo eléctrico y confuso en sus propios labios. Cuando las acusaciones estruendosas y furiosas del Hyūga, tildándolo de "pervertido" y acusándolo de tramar un plan para mancillar al Pavo Real de Konoha, perforaron el silencio, el orgullo y la compostura de Naoe saltaron hechos pedazos. Se llevó los dedos de la mano izquierda de forma inconsciente hacia la boca, rozando la comisura de sus labios como si intentara asimilar el rastro físico que el accidente había dejado.

—¡E-Esa colisión carece de intencionalidad táctica! ¡Fue un fallo cinético provocado por su pésimo agarre contra el sustrato enlodado! —exclamó Naoe, perdiendo por completo el tono pausado y neutral. La voz le salió un matiz más alta de lo normal, delatando el absoluto caos emocional que amenazaba con derrumbar su coraza—. ¡Esta unidad no ha formulado ningún requerimiento... lascivo! ¡Fue usted quien perdió el equilibrio por no utilizar el calzado reglamentario!

Sin embargo, cuando Mayura adoptó esa postura de combate decidida, gritando con todas sus fuerzas sobre resolverlo todo "aquí y ahora" y proponiendo la apuesta del favor, Naoe apretó los dientes. Ver al chico en speedo, completamente rojo como un tomate, temblando por la mezcla de frío, confusión y furia contenida, desató una respuesta inmediata en el Senju. Necesitaba canalizar esa humillación, esa agitación física y la extraña descarga eléctrica que aún recorría su pecho hacia algo que sí pudiera controlar: la disciplina del combate. Desenfundó su espada con un movimiento limpio y seco, aunque el brillo plateado de la hoja tembló levemente por la tensión de sus músculos.

—Acepto los términos de su apuesta, Hyūga-san —sentenció Naoe, dando un paso al frente mientras sus ojos azules se fijaban con una intensidad ardiente en la figura del chico. El rubor no había desaparecido de su rostro, pero la determinación marcial volvió a envolver su postura, aunque esta vez teñida de una necesidad imperiosa de desquitarse de la vergüenza—. No permitiré que ensucie mi expediente acusándome de semejante... aberración procedimental. Prepárese, porque el favor que me deberá cuando su postura caiga no será tan indulgente como mi acero. ¡Muestre lo que tiene!
[Imagen: Firma.webp]

Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
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