Shinobi Gaiden Foro Rol
  • Guías
  • Técnicas
  • Información ▾
    • Mapa del Mundo
    • Virtudes y Defectos
    • Registro de Personajes
    • Objetos
    • Calc. de Estadísticas
    • Censo y Estadísticas
  • Iniciar Sesión
  • Regístrate
  • Primeros pasos
Kyo vs Kuroto y Asuna
忍 SG
知
¿Sabías que… los Hyuga inicialmente rechazaron formar parte de la futura Konoha?
Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?
Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Agua   ›   Kirigakure no Sato
« Anterior 1 … 4 5 6 7 8 … 12 Siguiente »
  ›   [Solitario] La misma historia, otros ojos
Responder
La misma historia, otros ojos
Issei
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza60(3)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad10
Tenketsu12
Sigilo18
495
580
Enlace al Post
21-07-2026, 10:26 PM
Nunca olvidaré la primera vez que vi un cadáver. No porque me marcara, sino precisamente porque no lo hizo.

Cuando abrí la puerta de casa encontré a mi madre tendida en el suelo de la cocina. Tenía un brazo doblado bajo el cuerpo en un ángulo imposible, los dedos completamente rígidos y un hilo de espuma resbalándole por la barbilla. Por un momento pensé que estaba dormida, pero después comprendí que la gente no dormía con los ojos abiertos.

Mi padre estaba arrodillado a su lado, sujetándola por los hombros mientras la sacudía una y otra vez mientras gritaba su nombre con una desesperación que jamás le había visto. Intentaba despertarla, le daba pequeñas bofetadas, volvía a llamarla y rompía a llorar antes de empezar otra vez. Parecía convencido de que, si insistía lo suficiente, ella acabaría reaccionando.

Yo me quedé junto a la puerta observándolo todo. Recuerdo pensar que aquella era la primera vez que veía la muerte de verdad. No un animal aplastado ni un pájaro que había caído del nido, sino una persona. Esperé a sentir algo: miedo, pena, angustia... cualquier cosa me valía. Pero no ocurrió nada, solo sentía curiosidad.

No era la primera vez que me pasaba algo así, desde que tenía memoria sabía que mi cabeza funcionaba de una manera distinta. Nunca había entendido por qué otros niños lloraban cuando alguien se hacía daño o por qué parecían tan afectados cuando perdían algo importante. Yo entendía perfectamente que aquello era malo y sabía qué reacción esperaba la gente, pero yo simplemente... no era capaz de sentirla. Era como mirar el mundo desde detrás de un cristal. Veía todo con claridad, comprendía lo que estaba ocurriendo e incluso podía imaginar cómo debía sentirse la persona que tenía delante, pero nunca conseguía experimentar lo mismo.

No recuerdo haber llorado jamás por tristeza. Por frustración sí, muchas veces; cuando algo no me salía, cuando mi padre me castigaba, o cuando perdía. Pero por tristeza... Nunca.

Mientras él seguía destrozándose delante del cuerpo de mi madre, yo solo intentaba entender por qué reaccionábamos de una forma tan distinta. Durante un momento incluso llegué a preguntarme si era él quien estaba exagerando. Con los años comprendí que la respuesta era mucho más sencilla: el que estaba roto era yo.

Mi padre empezó a cambiar todavía más después de aquello. Aunque, siendo sincero, probablemente ya llevaba tiempo haciéndolo y yo simplemente era demasiado pequeño para darme cuenta. Cuando eres un niño piensas que los adultos siempre son iguales, pero luego descubres que también pueden romperse.

Cada semana llegaba más tarde a casa y gritaba un poco más, poco a poco había menos comida en la despensa. Nunca hablaba de dinero, pero yo aprendí a fijarme en pequeños detalles. Contaba las veces que abría un armario para volver a cerrarlo sin sacar nada o cómo permanecía varios segundos mirando una estantería vacía antes de darse la vuelta.

Las familias del clan dejaron de saludarnos, algunas incluso cambiaban de acera cuando nos veían venir. Yo no entendía el motivo, así que se lo pregunté varias veces. Siempre obtenía la misma respuesta.

— No olvides nunca quiénes son los verdaderos traidores.

En aquel entonces aquella palabra no significaba gran cosa para mí. Solo sabía que, cada vez que la pronunciaba, su voz cambiaba. Era un odio tan profundo que parecía salirle solo.

Con el tiempo empezó a encerrarse durante horas rodeado de pergaminos, registros y árboles genealógicos. Yo me sentaba cerca y lo observaba en silencio mientras escribía nombres, los tachaba, volvía a escribir otros y llenaba los márgenes de anotaciones que nunca me dejaba leer. Nunca me explicaba qué estaba haciendo, solo trabajaba, y cada día parecía hacerlo con más obsesión.

Después, dejó de parecer simplemente enfadado, sino que empezó a parecer perseguido. Interrumpía cualquier conversación para mirar por la ventana. escuchaba ruidos que nadie más parecía oír y desconfiaba incluso de personas que jamás nos habían hecho nada. Yo seguía sin comprender qué estaba ocurriendo, pero sí era capaz de darme cuenta de algo mucho más sencillo: aquel hombre que antes me enseñaba a lanzar kunais, estaba empezando a desaparecer poco a poco y en su lugar estaba quedando alguien completamente distinto.

Yo tampoco era como el resto de los niños. Siempre decían que era muy tímido, supongo que era la explicación más fácil, pero la verdad es que simplemente no encontraba ningún motivo para hablar. Me pasaba la mayor parte del tiempo observando a la gente. Me fascinaba intentar entender por qué hacían lo que hacían. Reían por cosas que no me parecían graciosas, se enfadaban por discusiones que olvidaban cinco minutos después y mentían constantemente. Algunas veces para evitar un castigo, otras únicamente para caer mejor a los demás.

Todo aquello me parecía increíblemente complicado. Era como si todos hubieran aprendido unas reglas invisibles que nadie se había molestado en enseñarme.

Descubrí muy pronto que una sonrisa no siempre significaba alegría, que alguien podía decir "estoy bien" mientras estaba a punto de romper a llorar y que muchas personas hablaban únicamente porque el silencio les incomodaba. Yo nunca sabía cuándo tenía que sonreír ni qué esperaba la gente de mí en una conversación, así que casi siempre optaba por callarme y seguir observando.

Los niños del clan tampoco parecían especialmente interesados en acercarse al hijo de Raizen Heizu. Cuando hablaban conmigo casi siempre era para recordarme quién era mi padre o para burlarse de nuestra familia. Me escondían cosas, me empujaban o simplemente me rodeaban mientras esperaban que reaccionara de alguna manera.

Nunca entendí qué pretendían conseguir. No me hacían daño, solo estaban perdiendo el tiempo.

Muchos años después comprendí que buscaban exactamente eso: una reacción. Querían verme enfadado, llorando o devolviendo los golpes. Pero yo me limitaba a mirarlos fijamente mientras intentaba entender por qué disfrutaban haciendo aquello. Eso parecía irritarlos todavía más.

Nunca tuve un amigo, no porque no quisiera, simplemente nadie parecía interesado en acercarse al hijo de un hombre al que todo el clan había aprendido a despreciar. Y yo tampoco sabía cómo acercarme a ellos, así que seguí haciendo lo único que realmente se me daba bien; observar, escuchar y aprender cómo funcionaban personas a las que, por mucho que lo intentara, jamás conseguiría parecerme.
[Imagen: xd.png]
Responder
Salto de foro:

Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)