05-07-2026, 09:58 AM
![[Imagen: fmw8Ly8.jpeg]](https://i.imgur.com/fmw8Ly8.jpeg)
La niebla matinal se deslizaba lentamente entre los canales de Kirigakure, envolviendo las calles con el característico manto gris que parecía formar parte de la propia aldea. A esas horas, el bullicio todavía era escaso. Algunos comerciantes comenzaban a abrir sus puestos mientras los primeros clientes recorrían el distrito comercial en busca de un desayuno caliente antes de iniciar la jornada.
En una oficina discreta del edificio administrativo, un pequeño informe acababa de ser depositado sobre un escritorio. No llevaba sellos de urgencia ni hablaba de bandidos, bestias salvajes o conflictos fronterizos. Sin embargo, había despertado la atención suficiente como para llegar hasta la Oficina de Misiones.
Durante las últimas semanas, un mismo rumor había comenzado a repetirse entre comerciantes, viajeros e incluso algunos shinobi fuera de servicio.
Existía una casa de té llamada Mizu no Tsuki (水の月, Luna sobre el Agua), un establecimiento tradicional situado junto a uno de los canales menos transitados de Kirigakure. A simple vista no era diferente de cualquier otro local de la zona: tatamis impecables, puertas de madera oscura, el aroma constante del té recién preparado y un ambiente tranquilo donde los clientes podían descansar del ajetreo diario.
Pero quienes frecuentaban aquel lugar aseguraban que el verdadero atractivo nunca había sido su bebida.
Decían que, si uno sabía escuchar, tarde o temprano acabaría oyendo historias que ningún libro relataba.
Algunos afirmaban haber descubierto el origen de antiguas disputas entre clanes. Otros juraban haber escuchado relatos sobre misiones jamás registradas oficialmente. Incluso había quien aseguraba que las mujeres que atendían el establecimiento conocían detalles de linajes importantes de Kirigakure con una precisión difícil de explicar.
Naturalmente, la mayoría consideraba aquellas historias simples exageraciones nacidas tras unas cuantas tazas de té.
Sin embargo, un nombre comenzó a repetirse con demasiada frecuencia.
La familia Terumi.
Según varios testimonios, las anfitrionas del Mizu no Tsuki hablaban del clan Terumi como si hubieran leído capítulos enteros de una historia que nunca fue contada al resto de la aldea. Mencionaban antiguos miembros del linaje, describían relaciones familiares olvidadas y hacían referencia a acontecimientos que no figuraban en los registros públicos.
Nadie sabía de dónde procedía aquella información.
Y precisamente por eso la Oficina de Misiones decidió intervenir.
No existían pruebas de que aquellas mujeres hubieran cometido delito alguno. Tampoco se sospechaba que trabajaran para otra nación o que formasen parte de una organización clandestina. A ojos de la ley, eran simplemente cuatro antiguas kunoichis retiradas que regentaban una respetable casa de té desde hacía años.
Pero en el mundo shinobi, la información podía ser más peligrosa que cualquier espada.
La misión era sencilla en apariencia.
Enjo debía acudir al Mizu no Tsuki sin revelar su condición de shinobi, observar el comportamiento de las anfitrionas, comprobar la veracidad de los rumores y descubrir cómo habían obtenido conocimientos tan específicos sobre la familia Terumi. Si encontraba documentos o pruebas que explicaran el origen de aquella información, debía informar a la aldea antes de tomar cualquier otra medida.
No se esperaba un enfrentamiento.
No se esperaba un interrogatorio.
Y mucho menos una detención.
La prioridad era investigar con discreción. Levantar sospechas solo serviría para cerrar las puertas del establecimiento y perder una oportunidad de descubrir la verdad.
Quizá todo terminara reduciéndose a un puñado de viejas leyendas transmitidas entre generaciones.
O quizá, oculto entre estanterías repletas de diarios olvidados, cartas amarillentas y pergaminos cubiertos de polvo, existiera el origen de unos rumores que nadie había logrado explicar.
Fuera cual fuera la respuesta, una cosa estaba clara.
En ocasiones, las verdades más peligrosas no se encontraban en antiguos campos de batalla, sino en el lugar donde la gente se sentía lo bastante cómoda como para bajar la guardia, servir otra taza de té... y empezar a hablar.
![[Imagen: k8erd2r.png]](https://i.imgur.com/k8erd2r.png)