Ubicación: Residencia de la dama Lorerei, Distrito Residencial
Participantes: Alex
El sol del mediodía caía con una intensidad implacable, transformando el aire en una masa vibrante y distorsionada que se arremolinaba sobre los tejados de la aldea. Era el 15 de Verano, una jornada donde el calor no solo se sentía en la piel, sino que parecía impregnarlo todo con una pesadez sofocante. El sonido constante y agudo de las cigarras dominaba el ambiente, un zumbido metálico que acentuaba la sensación de estancamiento. En las calles, la actividad era mínima; los aldeanos se refugiaban bajo la sombra, evitando a toda costa la canícula que amenazaba con derretir los adoquines.
Sin embargo, el jardín de la residencia de la dama Lorerei presentaba un contraste curioso. A pesar de los esfuerzos de la mujer por mantener sus rosales y camelias hidratados, las flores comenzaban a mostrar signos claros de fatiga, con los pétalos alicaídos bajo el peso de un sol que no perdonaba. El olor a tierra seca y polen quemado se mezclaba con el perfume floral, creando un ambiente denso y pegajoso.
Allí, en el centro de aquel pequeño edén particular, se encontraba la dama Lorerei. Su aspecto, habitualmente impecable, estaba marcado por el estrés: un pañuelo de encaje empapado en sudor y lágrimas corría el riesgo de deshacerse entre sus dedos, los cuales se retorcían con ansiedad.
Al notar la presencia de Alex, sus ojos se iluminaron con una desesperación casi teatral, y se apresuró a cruzar el jardín, sorteando con dificultad una manguera de riego olvidada en el camino.
— ¡Oh, cielos! ¡Un shinobi! ¡Gracias a los dioses que alguien ha respondido a mi llamado! —exclamó, con la voz quebrada por el drama. Se acercó a una distancia lo suficientemente corta como para que Alex pudiese notar el aroma a jazmín de sus ropas, que chocaba con el calor sofocante—. ¡Mi pobre, mi amado, mi dulce Cuchurrumin ha desaparecido! Es un gato naranja, un ejemplar de pelaje exquisito, pero... bueno, parece que los instintos lo han traicionado.Lorerei suspiró, llevándose una mano al pecho mientras señalaba con la otra hacia la barda perimetral de la propiedad.
—Lo vi anoche, saltando hacia el tejado con una mirada de absoluto libertino en sus ojos. ¡Un seductor de cuatro patas! Se ha ido a buscar "compañías" indecorosas por los callejones, exponiéndose a peligros inaudibles para un gato de alcurnia. ¡Es mi niño, mi vida, deben encontrarlo antes de que algo terrible le ocurra o, peor aún, que se convierta en un gato callejero sin modales!—La mujer hizo una pausa, secándose una gota de sudor que recorría su sien, y miraria a Alex con determinación.
— Le pagaré lo que sea necesario, solo tráigalo de vuelta a casa sano y salvo.La misión es sencilla en apariencia: localizar y recuperar al felino antes de que se meta en más problemas.—
El barrio es un laberinto de callejones, azoteas y jardines privados; el lugar perfecto para que un gato "enamorado" se pierda de vista.
La dama se apartó, dejando a Alex ante la tarea de decidir por dónde comenzar. ¿Qué camino tomar para dar con el paradero del escurridizo Cuchurrumin? El destino del gato —y la paz mental de Lorerei— estaban ahora en manos del shinobi.
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