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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Fuego   ›   Konohagakure no Sato
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  ›   [Común] Mision D: El mensajero perdido
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Mision D: El mensajero perdido
Akira Hyuuga
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17-07-2026, 05:13 PM
[Misión] El mensajero perdido
Lugar: Oficina de Asignación de Misiones, Konohagakure 
Fecha: Día 14, Verano, año 150 
Participantes: Ran Kurai
APROBADA AQUI


La mañana en Konohagakure ha comenzado con la habitual calma de los días de verano. El sol apenas empieza a despejar la neblina matutina sobre la aldea, y el aroma a incienso y madera fluye por los pasillos de la oficina de asignación de misiones.

Te encuentras frente al escritorio del encargado de asignar las tareas a los genin. El hombre, de mediana edad y con una expresión de ligera preocupación, revisa un pergamino sobre la mesa antes de mirarte fijamente.

—Ran Kurai —dice el funcionario, dejando el pergamino sobre el escritorio—. Tenemos un problema menor, pero que requiere atención inmediata. Uno de nuestros mensajeros civiles no ha regresado. Salió ayer a primera hora hacia el asentamiento agrícola al norte, donde cultivan verduras y arroz. Es una ruta corta, un trayecto que debería haber completado mucho antes del anochecer. No hay informes de disturbios en la zona ni indicios de ataques enemigos, por lo que es una misión de rango D, ideal para tu nivel de experiencia.

El funcionario te entrega un pequeño mapa donde está marcada la ruta hacia el asentamiento.

—Tu objetivo es simple: recorrer la ruta del mensajero, descubrir qué le ocurrió o por qué no regresó, y asegurar su regreso o reportar su estado. No debería haber complicaciones, pero no bajes la guardia. La zona es tranquila, pero incluso un civil puede tropezar o sufrir un accidente. ¿Alguna pregunta antes de partir, o estás listo para salir hacia las puertas de la aldea?


Sin darle tiempo de responder o aceptar se disculparia con ella excusandose en tener otros asustos que atender.....


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[Imagen: 0uGCo40.jpeg]


Sin otra opcion que aceptar y tras cruzar las grandes puertas de madera de Konoha, la frescura de la mañana te acompaña durante los primeros kilómetros. El camino es ancho, bien marcado y suele ser transitado por mercaderes y agricultores. El sonido de las cigarras comienza a hacerse notar, un preludio constante del calor que se avecina para el mediodía.

Sin embargo, a medida que te adentras en la ruta señalada en el mapa, el ambiente cambia ligeramente. Deberías estar viendo a otros aldeanos yendo o viniendo del asentamiento, pero el camino se siente inusualmente solitario.

Tras aproximadamente una hora de camino, llegas a un tramo donde el sendero cruza un pequeño puente de madera sobre un riachuelo. Es un punto de descanso habitual. Al acercarte, notas algo fuera de lugar: una cesta de mimbre volcada a un lado del camino, esparciendo algunas verduras que empiezan a marchitarse por el sol de la mañana. No hay señales de lucha ni de sangre, pero el silencio en el lugar es absoluto; no hay pájaros cantando ni insectos zumbando cerca de la cesta.

Estás sola. La cesta parece haber sido abandonada con prisa.
[Imagen: JK2RddW.png]
Ran Kurai
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17-07-2026, 09:20 PM
La verdad de las cosas era que si bien, a pesar de que era más que cierto que hasta ese exacto momento, a ese preciso instante, que la muchacha sí, que la muchacha sí había logrado de una manera relativamente exitosa su labor cómo genin de la Aldea de la Hoja que era, eso no quitaba por ningún motivo que aún así las dudas, las inquietudes , las preguntas, las inseguridades vagaran de su manera molesta y ruidosa en su cabeza con más fuerza que nunca. ¿Cómo esto podría ser diferente, si tomamos en consideración el trato que a ella misma le daban ese lugar al cual llamaba forzosamente ‘hogar’? Y es que sí, sí y sí, ciertamente y aún cuando ya la chica se había graduado de la Academia Ninja propiamente tal, todavía su padre la miraba con rechazo, con severidad, demostrando así a través de su mirada, tan azulada y helada tal cómo era la de la joven, un repudio propio de una persona que le profesaba odia a  otra, siendo por otro lado que su madre seguía tan asidua al alcohol, y con tan poca fuerza de voluntad, tal cómo antes lo hacía , como si el hecho de la graduación de su propia hija no tuviera importancia alguna. ¿Era acaso que la chica, en un acto tremendamente inocente de su parte, casi pecando de ingenua, había creído que una vez que fuese una shinobi más de Konoha, pues todos sus problemas ligados a sus dos familias, pues se solucionaría cómo si fuese magia?

No, obviamente no, la cruda realidad era que todo seguía exacta, pero exactamente igual. Intentado la chica hacer lo posible para que nada de todo eso le afectara, a la vez que se hacía los ánimos suficiente cómo para seguir adelante, con la secreta esperanza de que ella misma algún día lograra todos esos ambiciosos objetivos que estaban fijos en su mente, fue que la muchacha una vez que ya hizo abandono por completo del enorme y lujoso palacete que había pertenecido por siglos, siglos y siglos, tal vez hasta milenios, por el clan de los Kurai, se dispuso a ir hacia el despacho del encargado que designaba misiones a los genin, cómo ella lo era, en vista que le había llegado una notificación de que se le solicitaba su presencia ahí. —Bueno, al menos esto me servirá para poner en práctica lo que he aprendido—pensó entonces la joven, casi dando por hecho de que la misión que, en teoría le iban a dar a su persona, pues sería más desafiante que las anteriores. Con su corazón comenzando a latir más, más y más rápido según los segundos pasaban y ella se aproximaba más a al lugar con el cual quería dar, algo no raro tomando en cuenta su nerviosa y ansiosa personalidad, el trayecto desde su sitio de origen hacia el que deseaba ir, se le hizo más corto de lo esperado, y tomando una gran bocanada de aire, en vista que no quería por nada del mundo mostrarse nerviosa, ella finalmente ingresó a esa oficina.

Manteniendo en todo momento contacto visual con la persona que iba asignarle su misión, fue que ella se mantuvo en un respetuoso silencio al mismo tiempo que seguía controlando que su ansiedad no se dejara entrever físicamente hablando. ¿No que si ella demostraba lo vulnerable que era, sería un error más que garrafal de su parte? El funcionario, quien tenía una mediana edad y una expresión ligeramente preocupada en su cara, fue lo suficientemente claro, lo suficientemente conciso, como para que la kunoichi comprendiera a cabalidad  y de inmediato lo que la misión buscaba cumplir—Entendido todo completamente—soltó primeramente Ran ante la pregunta formulada por ese sujeto, al mismo tiempo que recibía ese mapa que sería más que relevante e importante para cumplir con lo pedido—. Estoy lista para salir hacia las puertas de la Aldea—siguió la joven contestando, usando un tono de voz frío, helado y seco, pero siempre manteniendo respeto y conservando una correcta cordialidad. ¿No que ella, al fin y al cabo, estaba hablándole a un superior? Tras decir esas últimas palabras, la muchacha hizo una pequeña reverencia con la cabeza, sólo para después salir de cuajo de ese sitio, rumbo directamente hacia donde el lugar que ese mapa indicaba. —Con que debo buscar a ese mensajero extraviado…—se dijo la chica a sí misma, mientras que le echaba una última mirada al mapa, antes de que su mirada se fijara hacia el frente, encontrándose así con un camino que, para su gran extrañeza, estaba prácticamente deshabitado, dejando  completamente atrás el sutilmente armonioso sonido de las cigarras.  

Deteniéndose la joven en seco su andar, ella a continuación alzó curiosa una ceja, al percatarse de que estaba completamente sola—¿Pero qué está sucediendo aquí?—fue la fija idea que apareció con suma intensidad en la cabeza de la shinobi, todo esto mientras que con su mirada, la cual aún era ojerosa debido a su eterno mal dormir, se fijaba de manera analítica por todo el sector, cómo intentando buscar algo que le pudiera dar más pistas acerca del asunto. ¿Sería que esa misión era más compleja, más complicada, más difícil de lo esperado por los funcionarios de la Aldea…? Y fue cuando la chica se topó con esa cesta de mimbre volcada a la mitad del camino. Pero en vez de creer de que esa cesta estaba ahí había sido simple y sencillamente, porque alguien accidentalmente la había olvidado, la muchacha sólo fue capaz de pensar que ésta fue colocada deliberadamente para obligar a alguien a detenerse… siendo ese justamente su caso. Todo estaba relacionado; el puente que obligaba a reducir la velocidad, que la cesta estuviera demasiado visible, además de ese silencio del bosque que rompía con la normalidad. Sospechando ahora, tal vez debido a su siempre presente paranoia que alguien la estaba observando, la chica tomó primeramente la decisión de no usar ningún tipo de jutsu, ya que no quería llamar la atención de forma evidente. Con esto ya más que concretado a nivel interno, la joven seguidamente desvió su camino de la cesta, no queriendo tomarla, para así sigilosamente, vigilar meticulosamente todo el sector.  
Akira Hyuuga
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17-07-2026, 09:43 PM
La decisión fue acertada. En el mundo shinobi, el instinto suele ser tan vital como el entrenamiento, y el tuyo te gritó una verdad que muchos habrían ignorado por exceso de confianza: el escenario estaba demasiado perfectamente montado. Esa cesta, con esas verduras dispuestas de forma casi pictórica, no era un accidente; era una señal, un punto de control donde alguien esperaba que cualquier curioso se detuviera para investigar.

Manteniéndote agachada, con el sigilo que te enseñaron en la Academia, te deslizaste hacia la espesura, lejos del sendero principal. La humedad de la mañana se pegaba a tu piel, pero tu mente, gélida y analítica, descartó el calor para enfocarse exclusivamente en tu entorno.

El bosque, normalmente ruidoso por la actividad de los insectos y la brisa entre las copas de los árboles, seguía extrañamente silencioso. Sin embargo, al observar desde tu posición oculta tras un grueso roble a unos diez metros del puente, notaste algo que habría pasado desapercibido desde el camino.

Cerca de la base de un árbol, en un pequeño claro que se formaba a la derecha del puente, la maleza no estaba solo aplastada, sino desplazada. Alguien, o algo, había estado esperando allí, apoyado contra el tronco, durante un tiempo considerable. Y lo que es más perturbador: al fijar tu vista de kunoichi en la tierra blanda del borde de ese claro, divisaste una huella. No era la huella torpe de un agricultor civil cargando una cesta; era la marca parcial de una suela reforzada, del tipo que se usa para misiones de campo o entrenamiento. La pisada no apuntaba hacia el asentamiento, sino que se adentraba en el bosque, perpendicular al camino, como si quien estuviera allí se hubiera retirado hacia la profundidad de la espesura hace poco tiempo, quizás al notar tu llegada o al terminar su guardia.

Estás oculta, eres invisible para cualquiera que siga mirando hacia la cesta, pero ahora tienes un rastro. El rastro se aleja del camino hacia una zona de vegetación más densa.

off
¿Qué haces, Ran? ¿Sigues el rastro silenciosamente hacia la profundidad del bosque, arriesgándote a perder la pista del puente, o intentas buscar algún otro rastro que conecte la cesta con la dirección del asentamiento? La tensión en el aire aumenta; el silencio ya no es solo ausencia de ruido, es una advertencia.
[Imagen: JK2RddW.png]
Ran Kurai
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18-07-2026, 04:34 PM
Entonces la intensa, analítica, dura, fría, y por qué no decirlo directamente desde ya, sombría y arisca mirada de la joven siguió muy fija, muy estancada, muy detenida en toda en esa cesta, cómo resistiéndose a dejar de mirarla, buscando así una señal que pudiera ayudarla a comprender de mejor forma la situación, reparando especialmente en todas esas verduras que estaban repartidas sobre el piso de una forma propiamente pictórica, casi como si el solo hecho de estudiarlas con detenimiento, pues le ayudaría en su misión ¿No que todos esos objetos estaban precisa y justamente ahí para que alguien se detuviera a investigar, casi como si de una trampa se tratara? ¿O era más bien que la chica estaba siendo demasiada obsesiva en este último punto, en el sentido que algo muy en su interior le decía porfiadamente que esa cesta de mimbre le daría respuestas a todas sus dudas,  a todos sus cuestionamientos…?  Estando ella misma agachada, sigilosamente agachada, decidiendo esta acción recordado lo aprendido en su época de aprendiz, de tal forma, de tal manera que por ningún motivo alguien pudiera dar efectivamente con su paradero, al menos no alguien quien carecía del entrenamiento que la muchacha había recibido en su estancia al interior de la Academia Ninja, ella así mismo se resolvió a deslizarse por la espesura, alejándose así en el acto del sendero principal, haciendo así caso esta vez no a sus obsesivos y redundantes pensamiento, y sí esa lógica que siempre la había acompañado al momento de tener éxito en todo.

En sus hasta este preciso punto desafiantes e inesperadamente relativamente complejas misiones, en esas patéticas reuniones celebradas junto a la rimbombante, horrorosa y más que arribista alta aristocracia de la Aldea Oculta de la Hoja en su hogar paterno, en cómo ella misma se desenvolvía junto a sus compañeros shinobis, siendo este último punto algo de verdad complicado para la muchacha,  debido a su estoica crianza, y por sobre todas las cosas, al momento de alejar esas ruidosas y estorbosas ideas… esas mismas ideas las cuales, ciertamente, sólo provocaban en el interior de la joven una inmensa inquietud. ¿No que, después de todo, gracias a justamente todas esas fijas en su mente,  por paradójico que pudiera sonar ya que sólo por esas ideas era que la chica se comportaba tal cómo lo hacía,  que la propia Ran se le había hecho más que difícil lograr todas sus metas, todos sus más ambiciosos objetivos? Sintiendo ahora una pegadiza humedad que se pegaba con mucha molestia en su pálida y enfermiza tonalidad de piel, algo que la joven consiguió obviar teniendo todo su foco en dirección a observa solamente su entorno, la chica una vez más en todo ese rato, se percató de que el bosque, esos pastizales, todo ese singular ambiente, estaba muy, muy raramente silencioso, casi como si no hubiera insectos ni esa brisa que usualmente corría por ahí. Estrechando a continuación su mirada, la cual se volvió incluso más helada que antes, la muchacha no pudo más que preguntarse a sí misma el motivo que se ocultaba… 

El real motivo que se escondía detrás de la cesta de mimbre, de ese tan anómalo silencio, detrás de la desaparición de aquel mensajero, el mismo el cual a pesar de todo el tiempo transcurrido, aún no regresaba a Konoha en sí. Fue cuando entonces, estando la muchacha escondida detrás de un grueso roble, teniendo así una vista privilegiada del sector, ella acto seguido notó algo, algo que por alguna razón que no se podía explicar en esos precisos instantes, no había notado antes; ahí, muy cerca de la base de árbol, la cual estaba ubicada en un pequeño claro que emergía hacia el lado diestro del puente, la maleza de ese sitio no estaba pisada… sino más bien desplazada. Era más que obvio, al menos ante la dura mirada de la kunoichi, la cual a toda costa seguía tan analítica cómo el primer momento; alguien, o tal vez algo, se había quedado esperando ahí, apoyándose contra el tronco de ese árbol, por un largo período de tiempo… siendo lo más perturbador de toda esa situación, que seguidamente la muchacha consiguió divisar una huella… una que no correspondía a una de un agricultor o un civil común  que tenía en una cesta en sus manos, esa misma cesta tirada a unos cuantos metros de distancia, no, era de una suela que según Ran, en su experiencia cómo genin, se usaba para misiones, las mismas misiones que ella misma ejercía. ¿Qué estaba de verdad ocurriendo ahí? ¿Qué significado oculto podría estar ahí? ¿Acaso esto era algo mucho más complejo?

Notando a continuación que aquella pisada no estaba en dirección hacia el asentamiento, sino más bien que se adentraba en ese bosque perpendicularmente al camino, la mirada de la muchacha se ensanchó incluso más que antes—¿No será que el mensajero extraviado no se perdió realmente, sino que lo hicieron perder de su camino adrede?—fue el paranoico pensamiento de la muchacha al respecto, a lo cual su alterada y productiva imaginación comenzó a dispararse de una manera más que evidente. ¿Acaso ésta le jugaría a su favor o en su contra…? Todo  a continuación se volvió  demasiado claro para los meticulosos ojos de la chica; la persona, dueña de esas suelas de zapato, que había  estado apoyada en ese árbol, con toda probabilidad había ingresado hacía a lo más profundo de esa espesura, yendo ahí tal vez al notar su propia llegada, o bien al terminar su guardia. Sintiendo la chica cómo la tensión en ese ambiente no hacía más que aumentar, ella se dio cuenta que ese silencio era casi una suerte de advertencia. Sabiendo a ciencia cierta que estaba oculta, totalmente invisible para cualquier individuo que seguirá mirando en dirección a la cesta, la joven después de pensarlo por un par de breve fracción de segundo, y es que estaba consciente de que no tenía todo el tiempo del mundo, ella en vez de dirigirse directamente hacia donde estaban dirigidas esas huellas, al interior de ese bosque, quiso ser precavida, quiso ser prudente, por lo cual se acercó sigilosamente hacia estas, examinándolas con suma detención.  
Akira Hyuuga
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18-07-2026, 04:45 PM
Tu sigilo es impecable al menos desde tu percepcion. Cada movimiento está calculado, cada pisada es puesta sobre terreno firme para no quebrar ni la rama más pequeña. La paranoia que, en otros contextos, podría ser una carga, aquí se convierte en tu mejor aliada; tu mente filtra el entorno buscando patrones, y tus ojos aparentemente no te engañan.

Al llegar al pequeño claro, te pones en cuclillas, evitando tocar el terreno con todo el cuerpo. Tus ojos se clavan en la marca que viste desde lejos.

La huella es inconfundible. La suela no pertenece a un aldeano, ni a un campesino que carga sacos de arroz. Es una suela reforzada, diseñada para el agarre y la estabilidad en terreno irregular, el estándar para cualquier shinobi en activo. Al examinarla con la precisión de quien está acostumbrado a leer pistas, notas que la tierra en el fondo del hueco aún conserva la humedad; no ha sido secada por el sol de la mañana. La persona estuvo aquí hace escasos minutos.

Pero no es solo la huella. Cerca de ella, enganchado en una pequeña rama espinosa que sobresale del tronco del árbol, hay algo que casi habrías pasado por alto si no fuera porque tu mirada, entrenada y gélida, busca hasta el más mínimo error ajeno. Es un hilo. No es el verde estándar de los uniformes de la Aldea de la Hoja, ni tampoco el marrón de la ropa de trabajo civil. Es un fragmento de tela oscura, casi negra, pequeña y apenas visible, como si hubiera sido arrancada por un enganche accidental durante una retirada rápida.

La situación es más compleja de lo que el funcionario de la misión sugirió. No es un simple "mensajero extraviado". Estás ante lo que parece ser una emboscada, o al menos, una operación de vigilancia.

Justo cuando te dispones a analizar la dirección hacia la que apunta la huella para seguir el rastro, el silencio absoluto del bosque se rompe. No es un ruido fuerte, es apenas un crujido, un desplazamiento de peso sobre hojarasca seca, a unos veinte metros hacia el interior de la espesura, en la dirección exacta hacia la que se dirige el rastro. Alguien, o algo, ha hecho un movimiento brusco.

Con una determinación gélida, decidiste dejar de lado la cautela pasiva y pasar a la acción. Sabías que la incertidumbre es el mayor enemigo de un shinobi en terreno desconocido, así que, ajustando tu equipo y asegurándote de no emitir sonido alguno, comenzaste a rastrear las pisadas que se adentraban en el bosque.
Tus instintos, afilados por tu entrenamiento y ese deseo interno de destacar, no te fallaron. El rastro era errático, tratando deliberadamente de evitar el suelo blando, pero alguien con tu capacidad de observación pudo notar las marcas de arrastre en los helechos y una pequeña mancha de barro fresco sobre una roca, que indicaba el camino hacia una zona de mayor densidad arbórea.

Tras unos minutos de avanzar entre la maleza, el terreno comenzó a descender hacia una hondonada natural, oculta desde el camino principal por una espesa cortina de pinos y arbustos espinosos. Al llegar al límite de esa zona, tu respiración se volvió pausada y tu pulso, aunque acelerado por la adrenalina, permaneció bajo control.
Lo que viste ante tus ojos confirmó tus peores sospechas: no era un accidente, era un secuestro.

En el centro de un pequeño claro, atado a un poste de madera toscamente clavado en el suelo, se encontraba el mensajero civil. Su ropa estaba desgarrada y parecía haber sido golpeado. Junto a él, había dos figuras —hombres de apariencia ruda, armados con kunais y dagas de aspecto barato, pero con movimientos que delataban cierto entrenamiento criminal—. Parecían estar esperando algo, o a alguien, vigilando la entrada del bosque con total desidia.

Sin embargo, en el instante en que tu mente procesó la escena y te preparabas para trazar un plan de ataque... la trampa se cerró sobre ti.
El crujido que escuchaste anteriormente no era un error. Era el cebo.

—¿Pensabas que serías la única en esconderse en las sombras, pequeña ninja? —una voz ronca surgió directamente detrás de ti, proveniente de las ramas altas de un árbol que habías dejado a tus espaldas.
[Imagen: JK2RddW.png]
Ran Kurai
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20-07-2026, 04:27 PM
La situación que se le presentaba a la chica de largos cabellos azabaches aunque cada vez le daba más, más y más pistas, no quería decir para nada que ese más que inestable estado emocional que la muchacha estaba experimentando, se regulara, se tranquilizara… no, más bien pasaba todo lo contrario.  No sólo estaba ya el inquietante hecho de que esas huellas evidentemente no pertenecían por ningún motivo a las suelas de calzado de un campesino, de un civil, sino que estas mismas eran de una confección reforzada, especialmente hechas para  el agarre y la estabilidad en terreno irregular, típicamente usada por shinobis. ¿Cómo era que todo esto se relacionaba con el mensajero que aún no llegaba a la Aldea en sí…? La verdad de las cosas era que en la cabeza de la joven asaltaba una duda tras otra, sin dejarle a ella misma descansos alguno en ese sentido. Aún conservando a toda costa ese sigilo que hasta en esos precisos instantes le había ayudado en demasía a seguir investigando toda esa intrigante escena, la muchacha entonces se dio cuenta de que, gracias a la analítica forma en el cual ella miraba, que la huella aún estaba húmeda… lo que sólo quería decir que hasta hace poco el dueño de esa huella había estado ahí, algo que la joven tomó de forma positiva. ¿No que, al fin y al cabo, eso quería decir que aún estaba ella a tiempo de dar efectivamente ese mensajero? Pero sin embargo, lo que vio a continuación la dejó helada…

Completa y absolutamente helada, a pesar de que de todas maneras su mirada conservaba su habitual frialdad y amargura; ahí, enganchado de una manera notoriamente accidental, como si hubiese dio arrebatada de un movimiento rápido, se encontraba un hilo, un hielo el cual notoriamente no era el usual del verde color de los trajes ocupados por los shinobis de Konoha, ni tampoco el marrón usado por civiles que trabajan el sector. Siendo esta tela oscura, casi, sólo casi negra, la siempre desbordante imaginación de la muchacha ahora no hizo más que provocar que muchas especulaciones comenzaran a rondar por su propia mente.. que, al fin y al cabo, esto se trataba de una emboscada, que esto, a ciencia cierta, era ya una operación de vigilancia. ¿O era que, por esta vez, la imaginativa y obsesiva  cabeza de Ran misma estaba realmente en lo cierto, y que no se trataba de simples fantasías y ya…? ¿Que todas esas fijas ideas no eran más que la simple realidad de las cosas? Sintiéndose acto seguido la joven más segura que nunca que ella sí, que ella estaba en lo cierto, en lo correcto, que todos sus fijos pensamientos la llevarían a la verdad de todas esa situación, fue que de un momento a otro, cuando ya ella estaba por estudiar la dirección a la cual esas huellas llevaban, fue que todo ese absoluto silencio se quebró. Fue un ruido sutil, propio de crujido sobre hojas secas, un movimiento brusco, a unos veinte metros al interior del bosque, calculó la joven. 

Dejando acto seguido completa y absolutamente de lado esa misma investigación que la chica estaba haciendo desde el primer momento que llegó allí, la joven tomó la atrevida y hasta arriesgada decisión de adentrarse en toda la espesura de ese bosque, buscando así en el acto ella el origen de ese revelador crujido, todo esto a la vez que su siempre analítica mirada se fijaba con suma detención en  cada árbol, en cada maleza, cosa de dar con más pistas, notando así mismo marcas que sólo le parecían indicar qué camino la muchacha debía de seguir. Consiguiendo seguidamente de alguna manera tener el control de sus latidos cardíacos, los cuales eran alterados por la adrenalina, fue cuando entonces, al ya posar su intensa mirada al centro de ese pequeño claro, sus pasos de frenaron de manera brusca, de manera abrupta. Entonces los azulados ojos de la genin se abrieron más que antes, y todas sus horrorosas sospechas, esas mismas que en un principio parecían sólo pensamientos paranoicos y hasta en cierto punto para nada lógicos de su parte, fueron finalmente confirmados. Y es que sí, todo esto se trataba de su secuestro; ahí, en medio del bosque, atrapado en un poste, estaba un hombre el cual la chica supo enseguida que se trataba del mensajero extraviado, estando sus ropajes rasgados, además de tener claro indicios de haber sido golpeado. Entonces logrando desprender su mirada de él, la chica miró directamente a eso dos sujetos que estaban al lado de él, los cuales parecían de lo más rudos.

Y Ran comprendió de inmediato que ella había caído en la trampa de ellos. Estando ahora la joven completamente rodeada, la chica supo de inmediato que era momento de actuar, que no podía darse para nada el lujo de seguir pensando en cosas que no la llevarían a ningún lado. Sabiendo a la perfección que si ella tanto que si ella se movía o se quedaba inmóvil sería riesgoso, puesto o que se enfrentaba a esos hombres o se ocupaba del individuo que se encontraba detrás de ella, la muchacha se resolvió a actuar; siendo así, lo primero que hizo fue activar su sharingan, para así tener una vista más detallada de la escena, y tras esto ella se desplazó lateralmente a la vez que sigilosa y velozmente sacaba un par de kunais de su ropajes, sólo para después lanzar prolijamente uno de esos kunais hacia el poste de madera en el que el mensajero estaba atrapado, cosa de cortar las amarras que lo retenían.,.. con la clara intención de no sólo liberarlo, sino que también distraer a esos captores. Hecho ya esto, a continuación la chica decidió darse muy rápida y momentáneamente la media vuelta, arrojar el kuani restante hacia el sujeto que estaba a sus espaldas, logrando así en un mismo movimiento volver otra vez a su posición inicial… todo esto a la vez que conseguía sacar un kunai más y lanzarlo directamente hacia los secuestradores, con el solo objetivo de no sólo hacerles daño, sino que también que desprendieran totalmente su atención de aquel mensajero. 

✔Aprendida · 21-06-2026
◈Yin
✦Nivel: 1
#ID: UCHI101B
◔Coste
40 de Chakra | 30 de Chakra por Turno
▣Descripción

El usuario manifiesta el verdadero poder del Sharingan activándolo en ambos ojos al mismo tiempo. El iris de cada ojo se vuelve rojo, y las astas negras comienzan a surgir conforme se avanza en el dominio de las ramas del dōjutsu, ganando una por cada técnica base desbloqueada. Esta técnica no requiere sellos de mano para ejecutarse.

Cada asta representa una mejora pasiva que amplifica la capacidad visual del usuario y su instinto de reacción. Estas se acumulan entre sí para crear un efecto progresivamente más poderoso en combate.

Beneficios acumulativos por número de astas:

1 asta: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.
2 astas: Permite esquivar técnicas de nivel 0 sin perder potencial de esquiva.
3 astas: -1 nivel al jutsu enemigo al momento de esquivarlo.

Al utilizar ambos ojos, todas las otras habilidades del Sharingan se consideran pasivas (excepto Mejoras) y no consumen chakra mientras la técnica esté activa.

✧Efecto
No tiene efecto adicional especificado.

✔Aprendida · 21-06-2026
◈Bukijutsu
✦Nivel: Cero
#ID: BUKI002R
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

Las armas arrojadizas se utilizan en combate mediante el Modificador de Destreza, el cual determina cuántas armas pueden lanzarse simultáneamente. Cada arma tiene un Valor de Tamaño (1 para pequeñas, 2 para medianas y 3 para grandes), y el usuario podrá lanzar tantas armas como su destreza pueda cubrir, pagando el valor correspondiente por cada una. Todas las armas lanzadas pueden ser arrojadas al mismo tiempo, siempre que la suma de sus valores no supere el modificador del usuario. Esta mecánica permite realizar ofensivas variadas combinando múltiples proyectiles de diferentes tamaños y efectos.

Cuando dos armas arrojadizas con el mismo Valor de Tamaño colisionan en el aire, ambas se desvían de su curso, anulando sus trayectorias. Si se utilizan únicamente armas más pequeñas para intentar desviar una de mayor tamaño, estas deben superar de forma combinada el Valor de Tamaño del proyectil objetivo para tener éxito. Además, cada arma adicional utilizada en un lanzamiento aumenta en +1 el nivel del jutsu base, funcionando como si fueran mejoras aplicadas al ataque, y permitiendo acumular efectos especiales, bonificaciones o propiedades propias de las armas lanzadas. Esta combinación convierte los ataques arrojadizos en herramientas de gran versatilidad táctica.

Atención: Arrojar múltiples Armas aumenta los efectos del ataque y aumenta el nivel del Jutsu Base consumiendo las municiones del arma, pero esto conlleva a un sacrificio, ya que esto impide usar las Mejoras del Jutsu Arrojadizo.

✧Efecto
4 (FUE) de Daño - 5 (MFUE) de Rango - 2 (MDES) de Destreza para Valor de Tamaño


Chakra: 299/339
Moderador Himawari
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02-08-2026, 08:44 PM
El destello escarlata iluminó la penumbra del bosque bajo la espesura de los árboles. En los ojos de la joven, el Sharingan cobró vida, girando con una precisión milimétrica que ralentizó cada segundo ante su analítica mirada. Lo que para cualquier otro genin habría sido una encerrona mortal, para la fría y calculadora mente de Ran se convirtió en un tablero de ajedrez donde cada pieza se movía exactamente como ella lo había previsto.

La ejecución fue impecable. El primer kunai voló rebanando las ásperas cuerdas con una precisión quirúrgica; el mensajero civil, liberado de golpe del poste de madera, cayó al suelo con un jadeo ahogado, tosiendo y completamente atónito. En un mismo y fluido movimiento, aprovechando la rotación de su cuerpo, el segundo proyectil siseó en el aire hacia la retaguardia, obligando al atacante oculto en el árbol a saltar hacia un lado para evitar ser perforado, rompiendo por completo su ventaja de posición. Finalmente, el tercer kunai interceptó el avance de los dos matones del claro, obligándoles a retroceder de manera estrepitosa mientras esquivaban por los pelos el filo metálico.

La balanza se había invertido en cuestión de segundos.

Los captores, que claramente no eran más que criminales de poca monta contratados para un trabajo sucio y superados con creces por la letal eficiencia de una kunoichi de Konoha con el linaje ocular activo, entraron en pánico. Al ver la mirada helada y desprovista de miedo de la chica, el cabecilla de los bandidos soltó una maldición y gritó una orden de retirada caótica, viendo que su emboscada había fracasado rotundamente. Uno de ellos intentó arrastrarse hacia la maleza para huir, mientras el otro, tambaleándose por el susto, quedó expuesto y vulnerable en medio del claro.
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