![[Imagen: GdS9OxI.jpeg]](https://i.imgur.com/GdS9OxI.jpeg)
● Información de la Misión: Yūgen vuelve a ser asignado con la Banda del Hurón de protagonista. Este tendrá que infiltrarse en uno de los cuarteles de esa organización y robar un pergamino sobre la ubicación de su líder, El Hurón.
● Rango y Tipo de la Misión: Misión común, rango C.
● Fecha y Lugar: Día 26 de Verano del 150.
● Cantidad de Usuarios: Yūgen Sarutobi (Único participante).
● Continuación de: [Rango D] La Banda del Hurón. Parte II.
● Cantidad máxima de horas por ronda: 48 horas.
El sol del verano se filtraba por las rendijas de las persianas de madera, proyectando haces de luz que cortaban el aire de la oficina de registros como si fueran barrotes dorados. En aquel espacio, el polvo bailaba con una lentitud casi hipnótica, suspendido en el aire viciado que se había acumulado durante días. El olor era una mezcla inconfundible: papel añejo, la humedad del río que se colaba por las paredes y el aroma amargo de un té olvidado que, a juzgar por la película de nata sobre la superficie, llevaba horas siendo una masa inerte en la taza.
El Teniente Kitsunai parecía una extensión más del mobiliario. Estaba hundido en su silla de madera, una estructura que crujía bajo su peso con cada leve movimiento. Sus ojeras, surcos violáceos que le daban un aspecto cadavérico, se acentuaban cada vez que parpadeaba. Ni siquiera levantó la vista cuando Yūgen entró; se limitó a seguir rascando la punta de su pluma contra un formulario, creando un sonido de ras, ras, ras que se volvía irritante en el silencio sepulcral de la oficina.
Finalmente, el hombre se detuvo. Soltó un suspiro largo, un aire que parecía salir directamente de un pulmón cansado de existir, y dejó caer los hombros como si el peso de la aldea entera descansara sobre su uniforme arrugado.
—Ah... eres tú. El del Hurón —dijo finalmente, con una voz que sonaba como grava siendo arrastrada—. ¿Otra vez con eso? ¿No se te ha ocurrido que hay misiones mucho más tranquilas, tipo escoltar un gato o revisar vallas? —Kitsunai dejó la pluma a un lado y, con una lentitud exasperante, metió la mano bajo una montaña de pergaminos amarillentos. Sacó uno que parecía haber sobrevivido a un incendio y lo deslizó sobre la mesa, deteniéndolo con un dedo manchado de tinta negra—. Aquí tienes.
El teniente se reclinó, entrecerrando los ojos, y miró a Yūgen con una mezcla de apatía y una chispa de interés egoísta.
—Esto es una mierda nivel C, Sarutobi. Lo sabes, yo lo sé y el papel lo confirma. Pero si quieres, puedo registrarlo como un nivel D. Ya sabes, para tu hoja de servicios, un poco de relleno oficial. Pero claro... —hizo una pausa, mirando hacia la ventana como si buscara consuelo en el exterior—, el trabajo de oficina es ingrato, y mis nervios no están para paseos. Si de camino pasas por la tienda y me traes un par cajas de cigarrillos, me encargo de que los sellos cuadren y de "olvidar" que te excediste la última vez con esos sospechosos. Nada de líos, nada de ruido, solo traes el pergamino con la ubicación del cuartel y nos olvidamos de la burocracia.
Kitsunai volvió a tomar su taza de té, la acercó a sus labios, notó que estaba helada y la dejó sobre un montón de papeles con un golpe sordo.
—¿Entonces? ¿Tenemos trato o prefieres irte a buscar a otra persona que te firme los formularios?
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