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[Pasado]
Yocko
Rango Genin
Clan Yuki
Nivel 11
Estadísticas
Generales
Fuerza6(1)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra59(3)
Inteligencia25(2)
Especiales
Salud9
Velocidad18
Tenketsu11
Sigilo9
421
544
Enlace al Post
13-07-2026, 08:43 PM
Última modificación: 14-07-2026, 07:01 AM por Yocko.
La zona comercial estaba a tope, como siempre después de clases: vendedores gritando precios, olor a dango y a fideos fritos, gente esquivando gente. Era un buen lugar para jugar al pilla, pilla; al escondite o, mejor aún, a la guerra.
Yocko iba corriendo entre los puestos con las mejillas rojas y el pelo hecho un desastre. Ren fingía ser un ninja fugitivo, Sachi y los gemelos Funato eran su "escuadrón de captura" con palos en lugar de kunai, y ella era la infiltrada que tenía que llegar hasta el otro lado del mercado sin que la vieran. Se coló bajo un puesto de dango, esquivó una cesta de verduras, casi tira un cartel... y todo el rato riéndose sin hacer ruido, con esa risa que se le nota entera en la cara.
Fue Ren quien advirtió una presencia desagradable, el máximo adversario de sus momentos más divertidos. Se paró en seco a mitad de la calle, sabiendo que el juego había terminado.

—Eh... Yocko… —dijo uno de los gemelos, dando un paso atrás, cuando el fugitivo señaló con la mirada. No hizo falta que terminara la frase. Los demás ya se estaban dispersando, susurrando el nombre de Milo con el mismo respeto - y el mismo pánico - con el que se habla de un examen sorpresa.
La pequeña, que acababa de cumplir doce, se giró. Ahí estaba. No tenía cara de enfadado. Ni los brazos cruzados ni nada. Solo la miraba, tranquilo.
Yocko no se lo pensó dos veces: se metió entre dos puestos, giró por donde nunca giraba, se coló entre unas señoras que compraban verdura e incluso intentó camuflarse detrás de una pila de sacos de arroz. Nada funcionó. Cada vez que miraba atrás para comprobar si lo había despistado, ahí seguía él, un poco más cerca, caminando tranquilo como si esto ni siquiera le costara esfuerzo.
Los pocos compañeros que se habían quedado a mirar no pudieron evitar reírse: la diferencia entre un ninja de verdad y una niña de la academia corriendo en zigzag era, la verdad, bastante graciosa. Yocko esquivó un carrito de fideos, se agachó bajo un toldo, y justo cuando creía que lo había perdido de vista, sintió una mano cerrarse sobre el cuello de su chaqueta.
—Se acabó el recreo —dijo Milo, y la levantó del suelo cargándola bajo el brazo, como si ella fuese un pequeño saco de arroz.
Como atrapada por una pinza gigante de metal, pataleó, agitó los brazos, le hizo gestos de indignación, pero nada pareció funcionar. Milo la ignoró olímpicamente. Detrás de ellos Ren se moría de risa, uno de los gemelos aplaudía como si acabara de ver el mejor combate del año, y Sachi solo la miraba sin una expresión descifrable.

Así, el ruido del mercado fue quedando atrás, y con él también se fue esa sensación de vergüenza total. Llegaron al campo donde solían entrenar los hermanos Yuki, vacío a esa hora. Milo la bajó al suelo y su actitud juguetona cambió. Se puso serio y señaló con la barbilla el centro del campo.
Ella entendió el mensaje: << Posición inicial >>. No tenía sentido seguir luchando en contra de la voluntad de Milo, izo el primer kata sin ganas, con los brazos flojos y los pies mal puestos, mirando a cualquier lado menos a él. Cuando Milo le corrigió la postura con un gesto seco, ella exageró el siguiente movimiento hasta hacerlo ridículo a propósito, como burlándose de la situación entera.
Señaló hacia el pueblo. Juntó las manos y las apoyó contra un lado de la cabeza, después abrió las palmas hacia arriba: << ¿por qué ellos sí y yo no? >> 
Milo solo repitió la orden, esta vez con voz en pecho - ¡Posición inicial! - Yocko resopló y volvió a intentarlo, esta vez peor a propósito. Siguieron así un buen rato: ella arrastrando los pies, él corrigiendo sin ceder nada. En un momento, entre repetición y repetición, Milo se quedó mirando fijo hacia el bosque, en dirección a donde estaba el cementerio de la aldea. No dijo nada al respecto. Solo, cuando ella bajó los brazos agotada esperando quizá un descanso, se agachó un poco para quedar a su altura y la miró a los ojos sin enojo, tal vez con una emoción contenida, pero que era desconocida en ese momento por la estudiante.

—Nadie va a cuidarte siempre. —Dijo, finalmente. Pero la pequeña no entendió del todo qué quería decir.

Cuando terminaron, el sol ya se estaba yendo. Yocko tenía las rodillas llenas de tierra, el pelo enmarañado y arenoso; los brazos que no le respondían del todo bien. 
El momento de retornar a casa había llegado. Mientras caminaban, cerca de la entrada del pueblo, Milo se paró frente a un puesto de dulces sin avisar, compró dos palitos de dango y le dio uno. La niña lo agarró con las manos todavía sucias y se limitó a continuar a su lado comiendo despacio, mientras Milo le acomodaba el cuello torcido de la chaqueta.
[Imagen: q0yojli.png]
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