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Ratas en la niebla (Misión rango D)
Douma Kodon
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Kirigakure no Sato - Zona comercial // Verano dia 9 - año 150


Era una noche bastante fría, cosa que realmente era extraño teniendo en cuenta la época del año, además de que en una zona como Kirigakure era natural la humedad y demás; no obstante,  a veces el mismo clima era impredecible. La densa niebla de la aldea ya había comenzado a colarse con fuerza por todos lados, subiendo desde el suelo húmedo y cubriendo los puestos comerciales que ya estaban cerrados. A esa hora, todo el bullicio de los compradores del día había desaparecido por completo, dejando las calles sumidas en un silencio bastante incómodo donde solo se escuchaba el goteo constante del agua cayendo de los techos de madera hacia los adoquines, gracias a una reciente pero sutil lluvia que ya habia terminado su ciclo.

La información que te habían entregado los informes oficiales era realmente escasa. Solo se sabía que una pequeña organización de civiles estaba operando de forma extraña por la zona durante las noches, pero no tenían ubicaciones exactas ni nombres de los involucrados. El alto mando quería evitar a toda costa un escándalo en la aldea, así que la orden era clara: infiltrarse, buscar información y salir de forma discreta antes de que el problema creciera. No puede haber bajas o alguna pelea que comprometa la investigación. 

Actualmente te encuentras en una esquina bastante estratégica de la avenida principal. La visibilidad era casi nula; los faroles de la calle apenas lograban iluminar un par de metros a la redonda antes de que la espesa bruma apagara la luz. Llevabas un buen rato vigilando en una buena postura, aguantando la pesadez del clima sin ver absolutamente a nadie, hasta que el eco de unos pasos torpes rompió el silencio del lugar.

A través de la cortina blanca de la niebla, pudiste divisar la silueta imprecisa de un hombre. Caminaba tambaleándose de un lado a otro de forma errática, visiblemente borracho, apoyando sus manos en las paredes de los locales para no caerse mientras murmuraba cosas totalmente incoherentes para sí mismo. Era el único rastro de vida en toda la manzana. La noche seguía avanzando y debías tomar una decisión rápido sobre qué hacer con este sujeto.

¿Qué decides hacer entonces? Podrías intentar seguirlo, quizás preguntarle algo o simplemente esperar a alguien más, ya habia que tomar una decisión.
Sayuri Yuki
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05-07-2026, 10:56 PM
La orden llegó cuando el sol ya había desaparecido tras el espeso manto de niebla que envolvía Kirigakure. Apenas era un pequeño pergamino sellado con el emblema de la aldea, entregado con la discreción habitual por uno de los mensajeros del alto mando. Nada de ceremonias, ni explicaciones extensas. Solo unas pocas líneas acompañadas de una instrucción clara: investigar una posible organización civil que actuaba durante las noches y regresar con información. Sin enfrentamientos. Sin escándalos. Sin llamar la atención. 'Pero como mierda... soy Sayuri coño, ¿como aumenta mi fama si me piden estas vainas?' Leí el informe una segunda vez mientras avanzaba lentamente por el pasillo del edificio administrativo. Era tan escueto que casi resultaba frustrante. —En fin...— murmuré para mí, doblando el pergamino antes de guardarlo entre mis pertenencias.

Un shinobi que pasaba cerca me dirigió una mirada fugaz al escucharme, aunque continuó su camino sin detenerse. Yo hice lo mismo. Si el alto mando había decidido enviarme era porque esperaban resultados, aunque la información fuera prácticamente inexistente. Lo único verdaderamente claro era una cosa, aquella noche no iba a tocar luchar. Suspiré con cierta resignación mientras abandonaba el edificio y me dirigía hacia mi vivienda para cambiarme. Si la misión exigía discreción, no tenía sentido vestir como acostumbraba. Mi atuendo habitual seguía siendo práctico, pero sus tonos azulados y ciertos detalles resultaban demasiado reconocibles para alguien que debía pasar desapercibida entre la niebla.

Así que hice algunos cambios; Recogí mi largo cabello rubio casi blanco en un moño firme, ocultándolo bajo una capucha oscura para evitar que el color llamara la atención incluso bajo la escasa luz de los faroles. La banda de Kirigakure quedó protegida bajo la tela, sin desaparecer del todo, mientras la mascarilla negra cubría nuevamente la mitad inferior de mi rostro. Elegí una chaqueta impermeable completamente oscura, amplia pero ligera, capaz de romper mi silueta sin limitar mis movimientos, además de unos pantalones negros ajustados y las protecciones estrictamente necesarias. Ningún adorno. Ninguna faja morada. Ningún detalle que pudiera identificarme con facilidad.

Frente al pequeño espejo dediqué unos segundos a comprobar que ningún mechón escapaba de donde debía. Deslicé la mano por el cabello, acomodándolo una última vez. 'Mucho mejor.' No era precisamente mi imagen favorita, pero una infiltración no era el momento adecuado para destacar.

Abandoné la vivienda poco después, desplazándome por los tejados húmedos de la aldea con movimientos silenciosos. La reciente lluvia había dejado la madera resbaladiza y el aire resultaba más frío de lo habitual, algo extraño incluso para Kirigakure. La niebla ascendía lentamente desde los canales hasta envolver edificios enteros, difuminando las formas y apagando el mundo en distintos tonos de gris. No pude evitar fruncir ligeramente el ceño. Había imaginado muchas clases de misiones cuando terminé la Academia. Explorar mares desconocidos como mi padre. Representar a la aldea en encargos importantes junto a mi madre. Incluso enfrentar shinobi peligrosos defendiendo los intereses de Kirigakure. Pero seguir durante horas a un grupo de civiles sospechosos... Bueno, qué remedio.

Las misiones importantes también se sostenían sobre trabajos como aquel. Si descubrir aquella organización evitaba un problema mayor para la aldea, entonces merecía hacerse correctamente, aunque el proceso fuera infinitamente menos emocionante de lo que me habría gustado. Con ese pensamiento continué avanzando hasta alcanzar la avenida principal indicada en el informe. Descendí desde uno de los tejados hacia una esquina que ofrecía buena visibilidad sobre varios cruces sin exponerme demasiado. Desde allí permanecí inmóvil, dejando que la propia niebla ocultara mi presencia mientras observaba pacientemente el entorno.

Los minutos comenzaron a acumularse. Solo el sonido constante del agua goteando desde los aleros rompía el silencio, nadie aparecía. Ni comerciantes, ni clientes, ni patrullas. Solo calles vacías envueltas por aquella cortina blanca que parecía tragarse cualquier ruido antes de que pudiera propagarse demasiado lejos. Empezaba a comprender por qué aquel trabajo resultaba tan poco agradecido.

Entonces, finalmente, algo cambió, un eco irregular resonó entre los adoquines. Giré apenas la cabeza. 

Una silueta difusa comenzó a abrirse paso entre la niebla, tambaleándose torpemente de un lado a otro. El hombre avanzaba apoyándose contra las paredes de los locales, murmurando palabras imposibles de entender mientras luchaba por mantener el equilibrio. No parecía precisamente peligroso, y ampoco especialmente útil. Pero llevaba bastante tiempo allí y era la primera persona que aparecía en toda la zona. Antes de mover un solo pie, recorrí lentamente los alrededores con la mirada, repasando tejados, callejones, ventanas y cualquier rincón desde el que alguien pudiera estar observando la escena. La niebla era una aliada magnífica... siempre que uno no olvidara que también protegía a cualquiera que quisiera permanecer oculto.

Al no encontrar nada que alterara aquella aparente tranquilidad, volví mi atención hacia el borracho. Era la única pista que tenía, y eso bastaba. Sin hacer el menor ruido, abandoné mi posición y comencé a seguirlo desde la distancia, aprovechando la oscuridad y la espesa niebla para fundirme con ellas mientras mantenía todos mis sentidos atentos a cualquier cambio que pudiera romper aquella incómoda calma.
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06-07-2026, 12:37 AM
El sigilo que aplicaste al cambiar tus ropas y ocultar tu llamativo cabello dio sus frutos de inmediato. Desplazarte entre las sombras de los locales comerciales resultó bastante cómodo gracias a la densa neblina, la cual se tragaba por completo el sonido de tus pasos sobre los adoquines húmedos. El hombre borracho continuaba con su andar errático, totalmente ajeno a que una kunoichi de la aldea le pisaba los talones a una distancia prudencial.

Lo seguiste durante un par de calles oscuras, doblando por callejones cada vez más estrechos y apartados de la avenida principal. Sin embargo, justo antes de que el sujeto doblara hacia un callejón largo que conectaba con unos depósitos, otra silueta salió de la penumbra y lo interceptó de golpe. Era un compañero suyo que parecía estar vigilando los alrededores. —¡Camin-ne der- secho! —soltó el borracho con una carcajada torpe mientras casi se caia con su propio pie—. ¡Neblis-na A-zuuuuul!– El compañero lo sostuvo fuertemente del brazo con evidente molestia, mirando rápidamente hacia los lados con mucha desconfianza — Por suerte, no hay nadie cerca que escuchara esas dos palabras— le decia por lo bajo, casi en murmullo justo antes de pegarle un bofetón suave en la nuca para que reaccionara. Obviamente, la Yuki escuchó esa palabra, y si sumaba todo, podria llegar a intuir que era una especie de contraseña, aunque por otro lado, un borracho no dejaba de ser un borracho.

—Cállate la boca de una vez, imbécil. Deja de estar diciendo esas cosas en plena calle por culpa del alcohol, que nos vas a echar a perder todo —le reclamó el tipo sobrio en un susurro bastante firme, aunque con un volumen más alto pues sentia que estaban solos — Camina rápido y muévete hacia adentro, que ya no deben tardar en venir los demás – Acto seguido, el hombre empujó al borracho hacia el callejón y ambos se adentraron en la oscuridad. Esperaste unos momentos a que el lugar quedara completamente vacío antes de avanzar con cautela. Justo a mitad del trayecto, pudiste ubicar el edificio donde se metieron; se trataba de una estructura bastante grande que por fuera parecía una vivienda normal, con una puerta de madera común y corriente. No obstante, al levantar la mirada, notaste un detalle clave: había una ventana abierta en el piso de arriba, justo encima de la puerta principal. No estaba muy alta, a unos dos metros y medio del suelo, una distancia bastante fácil de alcanzar para una kunoichi. 

La noche seguía avanzando y debías tomar una decisión rápido sobre cómo proceder para la infiltración, sabiendo que cada camino tenía sus propias consecuencias. Por un lado, podrías acercarte a la puerta e intentar usar la contraseña que soltó el borracho; si resultaba ser la real entrarías fácilmente ganándote su confianza, pero si era una tontería del alcohol quedarías expuesta en la entrada teniendo que inventar una mentira muy buena sobre la marcha. Por otra parte, estaba la opción de subir en silencio por la ventana abierta, lo que te daría un acceso puramente shinobi y directo, aunque con el gran riesgo de caer en una habitación donde ya hubiese alguien vigilando y teniendo el riesgo de que ya adentro, tendrias que estar oculta siempre. Finalmente, podrías simplemente quedarte en las sombras esperando a que llegaran los demás para conseguir más información valiosa sobre el grupo, pero arriesgándote a que entre tantas personas alguien te terminara detectando de forma sospechosa.

¿Qué decides hacer entonces? Podrías intentar usar la puerta, subir por la ventana o mantener la paciencia en las sombras, ya había que tomar una decisión.
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06-07-2026, 03:47 AM
Permanecí inmóvil unos instantes más, observando la sencilla fachada de aquella vivienda mientras repasaba mentalmente todo lo que acababa de escuchar. 'Neblina Azul.' Aquellas dos palabras seguían resonando en mi cabeza. ¿Era realmente una contraseña o simplemente el desvarío de un borracho? El propio acompañante había reaccionado con demasiada rapidez, preocupado porque las pronunciara en plena calle. Eso les daba cierto peso... pero no el suficiente como para jugarme toda la misión apostándolo todo a una única posibilidad. No soy una gran mentirosa, asi que quizas esta informacion pueda ser util para alguien mas.

No, entrar por la puerta ahora mismo sería precipitarme. Si me equivocaba, no tendría una segunda oportunidad.

Antes de decidir nada, recorrí lentamente los alrededores con la mirada. La vivienda parecía una más entre tantas otras de la zona: paredes de madera oscurecidas por la humedad, tejado inclinado y una distribución sencilla que no llamaba especialmente la atención. Sin embargo, las apariencias rara vez significaban gran cosa en una misión de infiltración. Me deslicé pegada a las sombras, rodeando el edificio con absoluta calma. Cada esquina, cada callejón y cada posible acceso merecían una rápida inspección. Busqué alguna puerta trasera, una ventana olvidada, un almacén anexo o incluso señales de que alguien vigilara el perímetro. La niebla seguía siendo mi mejor aliada, envolviendo mis movimientos mientras el sonido constante del agua ocultaba cualquier pequeño roce de mis botas sobre el suelo húmedo.

Nada especialmente llamativo. Aquello reforzó todavía más la sensación de que toda la vigilancia debía encontrarse dentro.

Regresé entonces hacia la fachada principal sin apresurarme. Mis ojos volvieron a detenerse sobre la ventana abierta del piso superior. Desde abajo resultaba una distancia ridículamente sencilla para cualquier shinobi, aunque una cosa era alcanzarla y otra muy distinta irrumpir sin saber qué esperaba al otro lado. Llevé una mano bajo la capucha por pura costumbre, acomodando un mechón rebelde que había escapado ligeramente del recogido.

Con un impulso ligero y perfectamente calculado, ascendí hasta el alféizar procurando no producir el más mínimo ruido. En lugar de cruzar la ventana, apoyé únicamente una mano sobre la madera y mantuve el cuerpo pegado al exterior del edificio, buscando permanecer completamente fuera del campo de visión de cualquiera que pudiera encontrarse dentro. No tenía ninguna prisa, prefería ganar unos minutos antes que perder toda la noche por una decisión impulsiva.

Desde aquella posición afiné el oído, intentando distinguir cuántas voces podían escucharse en el interior, si existía movimiento entre distintas habitaciones o cualquier conversación que pudiera aportar algo de información. Al mismo tiempo, dejé que el aire húmedo llenara mis pulmones con calma, buscando percibir olores característicos: comida recién preparada, alcohol, humo, productos químicos... cualquier detalle que ayudara a comprender qué clase de organización se reunía allí. Y mientras permanecía inmóvil, también mantuve parte de mi atención sobre la calle. Si realmente esperaban a más personas, tarde o temprano alguien tendría que llegar. Y cuando lo hicieran... comprobaría por mí misma si aquellas dos palabras eran, de verdad, la llave para entrar.
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09-07-2026, 12:41 AM
El impecable sigilo que aplicaste para ascender hasta el alféizar dio sus frutos de inmediato. Quedar colgada del exterior de la estructura, con el cuerpo perfectamente pegado a la madera húmeda y camuflada por la densa neblina, te otorgó una posición táctica inmejorable sin revelar tu presencia en lo absoluto.

Al afinar el olfato y dejar que el aire frío llenara tus pulmones, los primeros datos reales del interior comenzaron a llegar. No había rastros de comida casera ni del humo denso que sugeriría una reunión social; en su lugar, un olor rancio a humedad encerrada, mezclado con un fuerte e inconfundible rastro de alcohol barato, todo flotaba en el ambiente de esa habitación del piso superior. Por fortuna para ti, el cuarto parecía estar completamente a oscuras y vacío, sirviendo como una zona segura temporal. 

Se trataba de una estancia simple, utilizada evidentemente como un almacén improvisado, donde se amontonaban varias cajas de madera entreabiertas. Dentro de ellas se alcanzaban a distinguir fajos de documentos desordenados, el brillo metálico de algunas armas de filo y lo que parecía ser un listado detallado de personas sobre una de las tapas. Todo estaba allí, al alcance de tu mano, esperando a ser revisado. Sin embargo, al aguzar el oído hacia las tablas del suelo, pudiste captar el murmullo de voces provenientes de la planta baja. Eran al menos dos hombres los que hablaban allí, y sus tonos eran bajos, ásperos y carentes de la soltura que da una noche de tragos.

— ...te dije que guardaras el cargamento al fondo. El tonto de tu primo casi grita lo de la Neblina Azul en plena avenida principal —reclamó una voz seca y autoritaria, seguida por el tintineo metálico de lo que parecían ser herramientas o armas cortas acomodándose en cajas—. Si la guardia de la aldea empieza a patrullar estos depósitos por culpa de los alborotos recientes, nos van a echar a perder todo el movimiento de esta noche — Ya lo metí en cintura, no volverá a pasar —respondió la voz del hombre sobrio que habías visto en la calle— Además, el jefe dijo que los demás ya vienen en camino con los papeles. Solo falta que lleguen para cerrar la entrega y movernos –.

Casi como si sus palabras hubiesen invocado el destino, el sonido de unos pasos firmes sobre los adoquines húmedos rompió la monotonía del callejón. Al desviar sutilmente la mirada hacia abajo, pudiste distinguir a través de la bruma la silueta de un nuevo individuo embozado que se aproximaba con paso apresurado hacia la fachada principal. El sujeto se detuvo justo frente a la puerta de madera y propinó tres golpes secos y pausados, esperando respuesta.

La situación se ponía tensa y las cartas volvían a estar sobre la mesa para ti. La habitación del piso superior estaba despejada y podías colarte por fin para investigar ese cargamento del que hablaban, pero por otro lado, el recién llegado estaba a punto de interactuar abajo, y escuchar si pronunciaba la contraseña desde tu posición te daría la confirmación absoluta que estabas buscando sobre el método de acceso de los demás.

¿Qué decides hacer? ¿Aprovechas que la habitación está sola para meterte del todo e investigar el piso superior, o mantienes la inmovilidad en el alféizar para ver y escuchar cómo entra el sospechoso de abajo? La información ya estaba ahí, solo debías tener cuidado. Arriba todo parecía estar más claro, pero sí querías seguir investigando tenias que ser indetectable, mientras que abajo podrías intentar infiltrarte, aunque eso significa relacionarte.
Sayuri Yuki
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11-07-2026, 01:36 AM
Antes de dejarme caer al interior, esperé un par de segundos más. Permanecí completamente inmóvil sobre el alféizar, dejando que el recién llegado hiciera lo suyo mientras yo seguía escuchando desde arriba. No tenía intención de precipitarme. Si había aprendido algo durante aquella noche era que la paciencia estaba dando mejores resultados que cualquier impulso. Cuando comprobé que toda la atención parecía concentrarse en la planta baja, apoyé ambas manos sobre el marco de la ventana y deslicé el cuerpo lentamente hacia el interior. Mis botas tocaron el suelo de madera con una suavidad casi imperceptible, amortiguando cualquier posible sonido. Permanecí agachada durante unos instantes, completamente quieta, esperando cualquier reacción desde abajo.

Nada, solté el aire despacio. 

La habitación era exactamente lo que había imaginado desde fuera: un almacén improvisado. El olor a humedad impregnaba cada rincón, mezclándose con el del alcohol barato que prácticamente había invadido la estancia. Varias cajas de madera descansaban unas junto a otras sin demasiado orden, algunas abiertas y otras cerradas a medias, como si hubieran estado preparando algo con cierta prisa. No perdí el tiempo. Avancé con pasos cortos y medidos, procurando pisar siempre cerca de las vigas del suelo para reducir al mínimo cualquier crujido de la madera. Mientras me desplazaba, mantenía una parte de mi atención fija en las voces del piso inferior. Si alguien comenzaba a subir la escalera, necesitaba saberlo antes de que fuera demasiado tarde.

Me arrodillé junto a la primera caja abierta. Había varias armas de filo cuidadosamente envueltas en tela, nada especialmente fuera de lo común para alguien acostumbrado al mundo shinobi. Cerré la tapa con el mismo cuidado con el que la había encontrado y pasé a la siguiente. Los documentos llamaban mucho más mi atención.

Deslicé los dedos entre varios fajos de papeles, procurando alterar lo menos posible el orden en que estaban colocados. Buscaba nombres, símbolos, mapas o cualquier referencia que relacionara aquel lugar con la "Neblina Azul". Si realmente era el nombre de la organización, una operación o simplemente la contraseña de acceso, aquellos documentos podían aclararlo mucho mejor que cualquier conversación a medias. Cada hoja que levantaba era devuelta exactamente a su posición original. No podía permitirme dejar rastro alguno de que alguien había estado allí.

Al mismo tiempo seguía prestando atención a cuanto sucedía bajo mis pies. Las conversaciones podían revelar tanto como aquellos papeles, y no estaba dispuesta a perder ninguna de las dos oportunidades. Si encontraba alguna prueba lo bastante comprometedora y fácil de ocultar entre mis ropas, me la llevaría para entregarla al alto mando. Si no, memorizaría todo cuanto pudiera antes de desaparecer de la misma forma silenciosa en que había entrado.
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11-07-2026, 11:06 PM
El sigilo con el que te deslizaste al interior de la habitación fue impecable, tus botas apenas causaron una vibración imperceptible sobre la madera vieja del almacén. Abajo, el sonido de la puerta abriéndose y el murmullo de los hombres recibiendo al recién llegado sirvieron como la distracción perfecta para ocultar tu entrada. Al quedarte agachada unos instantes, confirmaste que nadie se había percatado de tu presencia. El piso superior era completamente tuyo... por ahora.

Moviéndote con cautela cerca de las vigas para evitar crujidos, ignoraste las armas y te concentraste por completo en las cajas con papeles. Tu paciencia y meticulosidad dieron el fruto que tanto buscabas. Al revisar las carpetas desordenadas y el pergamino desplegado, tus ojos se toparon con la pieza clave de la misión. No se trataba de una gran organización criminal ya establecida, sino de algo que apenas comenzaba a gestarse: un grupo de contrabandistas locales que planeaba iniciar un negocio de armas ilegales dentro de la mismísima aldea. El documento contenía un listado detallado con los nombres y fotos de todos los involucrados en la operación, las rutas y los primeros cargamentos que pensaban mover bajo el nombre clave de "Neblina Azul". Aunque ahora mismo no representaban una gran amenaza debido a lo novato de su red, esa información valía oro para el alto mando. Debías llevar esa información a tus superiores.

Sin embargo, justo cuando te preparabas para regresar por donde viniste, la situación dio un giro inesperado afuera. Al echar un sutil vistazo hacia le callejón a través de la ventana, notaste que el hombre que acababa de llegar no entró del todo a la casa; tras intercambiar unas breves palabras, se colocó firmemente de espaldas junto a la fachada principal, justo debajo de tu posición, iniciando una guardia estricta. Salir de nuevo por el alféizar se había vuelto matemáticamente imposible sin que te viera caer directamente sobre él.
La única salida viable ahora era hacia el interior de la estructura, y el tiempo corría.

Al pegar el oído a la puerta de la habitación que conectaba con el pasillo del piso superior, pudiste captar nuevos sonidos que abrían distintas posibilidades para tu escape. Por un lado, a escasos metros de tu puerta, lograste escuchar el arrastrar de ruedas metálicas y la voz de una mujer que se quejaba por lo bajo: —Tengo que sacar este carrito de ropa sucia ya mismo para lavarlo antes de que amanezca... pero primero debo ir al baño—. Aquel contenedor de telas bien podría servir como un escondite improvisado si decidías meterte en él y dejar que te transportaran al exterior, aunque significaba arriesgarte a que revisaran el interior antes de salir.

Por otra parte, estaba la opción de salir al pasillo por tus propios medios e intentar avanzar hacia la planta baja. Si alguien te topaba de frente en los pasillos oscuros de esa casa que era usada como almacén, tendrías que usar toda tu elocuencia y soltar de inmediato la contraseña "Neblina Azul" para hacerte pasar por una de las invitadas que esperaban abajo, aunque eso implicaría relacionarte directamente con los criminales y sostener una mentira muy peligrosa. Finalmente, si tenías alguna forma o herramienta para generar una distracción sonora en el exterior que hiciera que el guardia de la entrada se moviera de su puesto, la ventana volvería a ser una opción de escape limpia.

Las pruebas ya estaban en tu poder, pero asegurar la huida era la verdadera prueba de fuego. ¿Qué decides hacer para salir de allí con los documentos a salvo?
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13-07-2026, 03:10 AM
No necesité seguir leyendo demasiado para comprender la magnitud de lo que tenía delante. Aquello dejaba de ser una simple sospecha para convertirse en una prueba clara. Nombres, fotografías, rutas, cargamentos... y, sobre todo, el nombre "Neblina Azul" apareciendo una y otra vez entre los documentos. Todo encajaba. Con cuidado, separé únicamente los pergaminos y hojas que consideré imprescindibles. No podía cargar con todo el contenido del almacén, pero tampoco hacía falta. Aquellos documentos bastaban para demostrar que un grupo de contrabandistas estaba organizando una red de tráfico de armas dentro de la propia Kirigakure. El alto mando sabría qué hacer con esa información.

Doblé los papeles con el mayor cuidado posible y los guardé entre mi ropa, procurando que quedaran bien sujetos para no perderlos durante la huida. Antes de apartarme de las cajas, repasé una última vez su disposición, recolocando cada tapa y cada documento restante tal y como los había encontrado.

Solo entonces volví a concentrarme en el verdadero problema: salir de aqui. 

Me acerqué de nuevo hasta la ventana y, sin exponer más de lo necesario, eché un rápido vistazo hacia el callejón. El hombre seguía allí, firme junto a la fachada. Saltar ahora significaría caer prácticamente delante de él. Asi que esta opcion, de momento la descartaba. Retrocedí un paso mientras mi cabeza repasaba las alternativas. Meterme en un carrito sin saber quién acabaría revisándolo no me convencía lo más mínimo. Mucho menos bajar hasta la planta inferior para improvisar una identidad delante de un grupo de contrabandistas. Había conseguido infiltrarme sin que nadie sospechara de mi presencia; no pensaba estropearlo jugando a la suerte.

Mi mirada recorrió nuevamente el almacén. 'A ver, Sayuri... Hay cajas, telas, herramientas, armas... Algo debe ser util' Busqué con rapidez, pero sin perder el cuidado, algún trozo de cuerda, una tira de tela resistente o cualquier objeto metálico que pudiera atar al kunai para provocar un ruido más llamativo al impactar contra alguna superficie lejana. Si lograba que el sonido pareciera algo más grande que un simple golpe, aumentaría las posibilidades de que el vigilante abandonara su puesto, aunque solo fuera durante unos segundos.

Si no encontraba nada útil, el plan apenas cambiaría. Deslicé el kunai entre mis dedos y respiré despacio, un tejado cercano bastaría. El objetivo no era herir a nadie ni iniciar un combate. Solo necesitaba un ruido seco en el lugar adecuado para obligar al guardia a apartar la vista de la ventana durante un instante. Uno solo, eso era todo lo que necesitaba.

Volví a situarme junto al alféizar, esperando el momento oportuno para lanzar el kunai hacia algún punto alejado de la vivienda. Si el hombre reaccionaba como esperaba, aprovecharía ese breve descuido para abandonar el edificio por el mismo camino por el que había entrado, llevándome las pruebas directamente hacia el alto mando de Kirigakure.
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13-07-2026, 06:28 PM
Tu instinto y tu rechazo a dejar las cosas al azar volvieron a dar resultados. Descartar el carrito y la confrontación directa demostró la frialdad de una verdadera kunoichi. Al revisar rápidamente entre las cajas del almacén con ojo clínico, tus dedos se toparon con lo que necesitabas: una tira de tela gruesa y un candado de hierro oxidado que yacía en el fondo de uno de los contenedores de herramientas.

Sin perder un segundo, amarraste con firmeza el candado al extremo de la tela y este a tu kunai, creando un contrapeso perfecto. Te asomaste sutilmente por el alféizar, calculando la distancia en medio de la densa niebla. Apuntaste hacia el callejón contiguo, justo contra la base de un contenedor de basura metálico ubicado a unos quince metros de la entrada. Levantaste el brazo y lo lanzaste con la fuerza justa.

El impacto fue un éxito rotundo. El choque del metal contra el contenedor resonó con un estruendo seco y ruidoso que rompió la monotonía de la noche. Abajo, el guardia sobresaltado reaccionó de inmediato, desenvainó un arma corta y se desplazó a toda prisa hacia la esquina del callejón para investigar el origen del ruido, dándote la espalda por completo y despejando tu zona de caída.
La oportunidad duraría solo unos segundos, y no la desaprovechaste.

Te descolgaste del alféizar con agilidad y te dejaste caer hacia el suelo húmedo. Tus botas amortiguaron el impacto con el mismo sigilo impecable que habías mantenido durante toda la noche. Sin mirar atrás, te camuflaste de inmediato en la densa bruma de Kirigakure, alejándote del almacén antes de que el vigilante regresara a su puesto frustrado por no encontrar nada.

Minutos después, te encontrabas ya a una distancia segura, perdiéndote entre las calles de la aldea con el valioso pergamino de la "Neblina Azul" perfectamente resguardado entre tus ropas. La misión había sido un éxito rotundo: habías obtenido identidades, fotos y rutas sin dejar el más mínimo rastro de tu presencia. El alto mando estaría complacido con tu trabajo.
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14-07-2026, 01:40 AM
No perdí tiempo celebrando el hallazgo. En cuanto encontré la tira de tela y el viejo candado oxidado, até ambas cosas al kunai con un par de nudos firmes. No era la herramienta más elegante del mundo, pero tampoco necesitaba serlo. Solo debía hacer una cosa: llamar la atención lejos de mí. Me acomodé junto al alféizar una vez más y respiré despacio. Asomé apenas lo suficiente para localizar al vigilante y calcular la trayectoria. No podía permitirme un lanzamiento impreciso. Esperé un instante, sujeté el kunai con firmeza y lo lancé hacia el callejón contiguo.

El estruendo fue exactamente el que esperaba, y obvio no me quedé a comprobar nada más.

En cuanto el hombre reaccionó y abandonó su posición para investigar el origen del ruido, aproveché esos pocos segundos de ventaja. Me deslicé por el alféizar y dejé que mi cuerpo descendiera con suavidad hasta el suelo húmedo. Flexioné las piernas para amortiguar la caída y permanecí inmóvil un breve instante, asegurándome de que nadie hubiera advertido mi presencia.

Todo estaba en total silencio. 'Pefecto...'

Sin volver la vista atrás, avancé entre la niebla con el mismo cuidado con el que había llegado. Las calles seguían prácticamente desiertas y la bruma volvía a convertirse en mi mejor aliada, ocultando cada uno de mis movimientos mientras aumentaba poco a poco la distancia entre aquella casa y yo. Solo cuando consideré que ya no existía ningún riesgo inmediato llevé una mano al interior de mi chaqueta. Saqué ligeramente los documentos para comprobar que seguían allí. El listado de nombres, las rutas, las fotografías... todo seguía en su sitio. Una pequeña sonrisa apareció bajo la mascarilla. Volví a guardar los papeles con cuidado y, casi por costumbre, levanté una mano hasta la capucha para acomodar el cabello que llevaba recogido. Algún mechón insistía en escaparse incluso después de tantas horas. —Mucho mejor...— murmuré.

Aquella gente había tenido la osadía de organizar un negocio de armas ilegales bajo las narices de Kirigakure. Quizá todavía fueran un grupo pequeño, pero precisamente por eso era el momento de detenerlos. El alto mando tendría pruebas suficientes para actuar, y yo había conseguido obtenerlas sin levantar sospechas ni dejar rastro alguno de mi paso por aquel lugar. En fin, una misión más. No había sido la más emocionante, ni la clase de encargo con la que imaginaba ganar reconocimiento, pero había salido exactamente como debía salir. Sonreí para mis adentros mientras continuaba caminando hacia el edificio administrativo. Después de todo... Sayuri Yuki no acostumbraba a fallar.
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