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Kyo vs Kuroto y Asuna
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¿Sabías que… La resistencia mental avanzada Futatsu [RESI202E] genera una segunda estructura de pensamiento; el cuerpo del usuario queda inmóvil bajo control enemigo, pero no entrega secretos ni obedece órdenes, volviéndolo inmanejable para quien intenta manipularlo
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[Autonarrada D] La Deuda del Silencio
Issei
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza60(3)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad10
Tenketsu12
Sigilo18
495
580
Enlace al Post
10-07-2026, 09:52 PM
La primera dirección que me dieron me llevó a una pequeña tienda de aperos de pesca, escondida entre dos edificios tan viejos que parecía que llevaban siglos sosteniéndose únicamente por costumbre. El dueño apenas levantó la vista cuando entré. Tendría más de sesenta años y las ojeras bajo sus ojos hablaban por él mucho antes de que abriera la boca. Bastó con enseñarle la orden de misión para que entendiera quién era, pero eso no hizo que colaborara, sino que al contrario. Bajó la mirada casi al instante y comenzó a ordenar unos carretes de cuerda que ya estaban perfectamente colocados.

— Buenos días... si busca redes nuevas, hoy no estoy para vender demasiado.

Negué lentamente con la cabeza—. No he venido a comprar.

El anciano tragó saliva, aunque intentó aparentar tranquilidad.

— Entonces... no sé en qué puedo ayudarle.

Le pregunté una vez qué estaba ocurriendo, después una segunda. Todas las veces obtuve respuestas cortas, ambiguas o directamente falsas.

— No sé de qué me habla.

— No he tenido ningún problema.

— La gente exagera mucho en este barrio.

Las palabras cambiaban, pero el miedo seguía siendo exactamente el mismo. No tardé en comprender que no estaba delante de un hombre que ocultaba la verdad porque quisiera proteger a alguien, la ocultaba porque estaba convencido de que, dijera lo que dijera, iba a perder. Aquello me resultó... decepcionante. Permanecí unos segundos en silencio observándolo mientras seguía fingiendo que aquellas cuerdas requerían toda su atención. Finalmente cerré la puerta del local con calma y giré el cartel de abierto a cerrado. El anciano levantó la cabeza al escuchar el pestillo.

— ¿Qué... qué está haciendo?

Caminé despacio hasta quedar frente al mostrador, apoyé ambas manos sobre la madera y mantuve la mirada fija en la suya.

— Voy a hacerte una pregunta más. Solo una. Después decidiré si el problema son esos delincuentes... o tú.

El hombre retrocedió medio paso sin darse cuenta.

— ¿Yo? ¡Pero si no he hecho nada!

— Ese es precisamente el problema.

El silencio volvió a caer entre los dos. No hice ademán de sacar un arma ni levanté la voz; mi padre gritaba constantemente, y nunca consiguió que lo respetara. El verdadero miedo aparecía cuando la otra persona era incapaz de averiguar qué ibas a hacer a continuación. Dejé que el silencio se alargara lo suficiente para que él mismo empezara a imaginar todas las posibilidades. Al final, fue él quien lo rompió.

— ...Vendrán a por mí.

No respondí.

— Si hablo, volverán. Romperán la tienda... o quemarán mi barca. Ya lo hicieron con otro comerciante hace unas semanas. Nadie pudo demostrar nada.

Continué mirándolo en silencio.

— ¿Y si ustedes no llegan a tiempo? ¿Quién protege a mi familia entonces?

— Si no hablas, nadie protegerá a nadie.

Aquellas palabras parecieron derrumbar algo dentro de él. Bajó la cabeza y terminó apoyando ambas manos sobre el mostrador.

— Son tres... Bueno, normalmente veo a dos. Aparecen cuando cae la tarde, dicen que es una cuota por mantener el barrio tranquilo. Si pagamos, no pasa nada. Si alguien se niega... siempre ocurre un accidente: una red rota, un almacén incendiado... Ya nadie les planta cara.

Con aquella información empecé a recorrer el distrito. No preguntaba directamente por los extorsionadores, eso solo conseguiría que la gente se cerrara todavía más. Prefería hacer preguntas pequeñas, aparentemente irrelevantes: Quién había comprado más sake de lo habitual, qué embarcaciones atracaban siempre al caer la tarde, qué almacenes permanecían abiertos más horas que el resto... Los comerciantes no se daban cuenta, pero entre todos iban dibujando un mismo patrón. Al final, incluso los rumores más absurdos terminaban señalando un mismo cobertizo.

Allí encontré a tres hombres descargando cajas sin ningún distintivo comercial. Dos coincidían perfectamente con la descripción que me había dado el anciano, el tercero parecía limitarse a vigilar.

No me molesté en esconder mi presencia, crucé la calle con total tranquilidad hasta detenerme frente a ellos. Uno de los hombres sonrió con suficiencia al verme tan joven. El otro dio un paso adelante intentando intimidarme con el tamaño de su cuerpo. No tuve que desenfundar un arma, ni siquiera llevé la mano a mis hoces, me limité a sostenerles la mirada mientras el Aokigan se abría lentamente en mis ojos. La niebla comenzó a deslizarse a ras del suelo alrededor de mis pies, avanzando despacio entre los tablones del suelo como si hubiese decidido aparecer por voluntad propia.

— Tenéis dos opciones. Venís conmigo andando... o tendré que explicar en el informe por qué no habéis podido hacerlo.

El grandullón soltó una carcajada—. ¿Y tú quién se supone que eres para darnos órdenes?

El segundo escupió al suelo y dio un paso hacia mí.

— Lárgate antes de que acabes flotando en el canal.

Suspiré—. Habéis elegido la opción larga.

El primero lanzó un puñetazo buscando mi mandíbula. Incliné apenas la cabeza para esquivarlo y, aprovechando el impulso que llevaba, le agarré por la nuca. Sin detener el movimiento estampé su cara contra la mesa de madera donde estaban descargando las cajas. El golpe hizo saltar astillas en todas direcciones. La mesa cedió por la mitad y el hombre cayó al suelo sin siquiera llegar a gritar, con la nariz completamente destrozada.

El segundo apenas tuvo tiempo de reaccionar. Sacó un cuchillo de entre la ropa y trató de clavármelo al costado. Sujeté su muñeca antes de que el filo llegara a tocarme y giré sy brazo hacia atrás con un movimiento seco. Se oyó un crujido desagradable y el hombre soltó un alarido.

Yo no aflojé y continué doblándole el brazo hasta obligarlo a arrodillarse frente a mí.

— La próxima vez que apuntes un arma contra un shinobi... procura saber usarla.

Otro giro. El segundo chasquido fue todavía más fuerte que el primero. Lo solté únicamente cuando dejó caer el cuchillo entre espasmos, sujetándose el brazo completamente deformado mientras intentaba contener los gritos.

Solo quedaba el tercero, que había retrocedido varios pasos. Miró primero a sus compañeros y después a mí, incapaz de decidir qué le daba más miedo. La niebla seguía rodeándome lentamente, ocultando parte de mi cuerpo mientras una de mis hoces descansaba ya en mi mano.

Le bastó con cruzar mi mirada para levantar las dos manos—. ¡Vale! ¡Vale! ¡Me rindo!

No sonreí—. Buena decisión.

Me acerqué despacio hasta quedar frente a él. Le até las manos con la misma cuerda que habían utilizado para sujetar las cajas y, acto seguido, hice lo mismo con los otros dos. Uno apenas podía mantenerse consciente, el otro seguía apretando los dientes por el dolor del brazo roto.

Resultó curioso. Aquellos hombres llevaban semanas dominando un barrio entero gracias al miedo, pero en cuanto apareció alguien dispuesto a devolverles exactamente la misma moneda, toda su seguridad desapareció. Aquella experiencia me confirmó una vez más que el miedo no era bueno ni malo por sí mismo, sino que era una herramienta, igual que una espada o un kunai. Todo dependía de quién la empuñara y con qué propósito; ellos la utilizaban para aprovecharse de los débiles, y yo la estaba utilizando para detenerlos.

Los conduje hasta el puesto de la administración sin necesidad de arrastrarlos. El tercero caminó sin protestar, los otros dos tampoco tuvieron demasiadas opciones.
[Imagen: xd.png]
Moderador 2
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11-07-2026, 03:21 PM
La próxima vez... trae Ketchup :D
Issei: 500 Ryos, 5 Tobis, 70 de Exp



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