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¿Sabías que… los Heizu utilizaban su Dojutsu para guiar embarcaciones a través de la niebla mucho antes de la fundación de Kiri?
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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Agua   ›   Kirigakure no Sato
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  ›   [Misión Simple] [Normal D] La lluvia al revés
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[Normal D] La lluvia al revés
Issei
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29-06-2026, 09:29 PM
Cita:
En aquella costa era común que los habitantes despertaran con el sonido de las olas golpeando los muelles, el olor salado del océano impregnando las calles cercanas y la humedad pegándose a la ropa incluso antes de que el sol terminara de aparecer entre las nubes. Para muchos, aquel paisaje era simplemente parte de la vida diaria; un entorno duro, cambiante y en ocasiones impredecible, pero también familiar. Sin embargo, durante los últimos días, algo extraño había comenzado a romper esa rutina.

Los rumores habían viajado rápido entre los pescadores. Al principio fueron simples comentarios entre trabajadores del puerto, historias contadas mientras reparaban redes o descargaban mercancías al amanecer. Algunos aseguraban haber visto cómo la lluvia dejaba de caer y comenzaba a elevarse lentamente, como si algo estuviera intentando devolver las gotas al cielo. Otros hablaban de una señal de mal augurio, un fenómeno provocado por el propio mar como advertencia para quienes se atrevieran a navegar.

Con cada nuevo amanecer, la historia parecía hacerse más grande. Y con ella, el miedo.

Los pescadores comenzaron a evitar ciertas zonas del estrecho, dejando embarcaciones sin utilizar y reduciendo sus salidas al mar. Aquello habría quedado como una simple superstición de no ser porque, al mismo tiempo, empezaron a aparecer pequeñas pérdidas: redes desaparecidas, trampas de pesca arrancadas de sus lugares, herramientas tomadas de los barcos e incluso piezas de embarcaciones que alguien había desmontado durante la noche. Alguien estaba aprovechando el temor de los habitantes. Por esa razón, la misión fue asignada a un grupo de genin.

3 de Verano del año 150

La mañana de la misión llegó cubierta por un cielo grisáceo, aunque no parecía que fuera a caer una tormenta. Una capa de nubes bajas se extendía sobre el horizonte, mezclándose con la niebla hasta convertir el paisaje en una combinación de tonos apagados donde el mar y el cielo parecían confundirse.

El camino hacia la costa estaba húmedo por la reciente lluvia nocturna. Los charcos reflejaban la luz débil del día mientras el sonido de las olas aumentaba conforme el terreno descendía hacia los acantilados y los pequeños asentamientos pesqueros que rodeaban el estrecho.

A lo lejos podían verse varias embarcaciones detenidas cerca del puerto. Algunas estaban amarradas de manera descuidada, como si sus dueños hubieran decidido no volver a utilizarlas hasta estar seguros de que el supuesto fenómeno había desaparecido.

Al llegar a la zona indicada, los genin encontrarían un pequeño grupo de pescadores reunido cerca de uno de los almacenes costeros. Sus expresiones eran serias, algunos observando el mar con desconfianza mientras otros discutían en voz baja sobre lo ocurrido durante la última noche.

Un hombre mayor, con la piel marcada por años trabajando bajo el sol y las manos llenas de pequeñas heridas por las redes, sería el primero en notar la presencia del equipo.

— ¿Sois los ninjas que han enviado desde la aldea? —preguntaría mientras se acercaba lentamente, aunque su tono no tendría demasiada confianza—. Espero que podáis descubrir qué está pasando aquí... porque cada día que pasa más barcos se quedan en tierra.

El anciano miraría durante unos segundos hacia el estrecho antes de continuar.

— Ayer volvió a ocurrir. La lluvia empezó a subir otra vez. Igual que las otras veces. Algunos dicen que es un espíritu del mar... otros creen que alguien está jugando con nosotros —haría una pausa, bajando ligeramente la voz—. Pero yo he vivido demasiado tiempo en esta costa como para creer en cuentos. Algo o alguien está provocando esto.

Detrás de él, entre las estructuras de madera del puerto, podrían observarse varias señales de lo ocurrido: una red rota abandonada junto a un almacén, marcas extrañas sobre algunos postes cercanos al agua y una pequeña embarcación con parte de sus herramientas desaparecidas. El estrecho se extendía frente a ellos. Tranquilo, demasiado tranquilo. Y aunque en aquel momento no había nada fuera de lo normal, quienes prestaran suficiente atención podrían notar pequeños detalles: una corriente de aire que parecía cambiar de dirección sin motivo aparente, unas gotas de agua elevándose apenas unos centímetros desde una zona concreta de las rocas... o quizá simplemente la sensación incómoda de que alguien estaba observando desde algún lugar oculto entre la niebla.

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¡Bienvenidos a la misión! Espero que os haya gustado la introducción. En este turno tendréis bastante libertad; primero llegáis al lugar, el anciano os explica lo que pasa... Y a partir de ahí tenéis rienda suelta para investigar el lugar o preguntarle más detalles al viejo o a otras personas de la zona... Está en vuestras manos decidir cómo proceder.
[Imagen: xd.png]
Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
Clan Hoshigaki
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30-06-2026, 03:27 PM
Orión descendió por el camino costero sin apuro. Sus botas hundían apenas el barro húmedo mientras la brisa marina agitaba los largos cabellos oscuros que caían sobre sus hombros. Aquella mezcla de sal, humedad y madera mojada no le resultaba desagradable. Era el aroma de su hogar.

El mar hablaba de muchas maneras y, hasta donde él sabía, jamás había necesitado levantar la lluvia hacia el cielo para hacerse escuchar. Sus ojos recorrieron el puerto sin detenerse demasiado en las personas. Barcos inmóviles. Redes abandonadas. Nudos hechos con prisa. Miedo. El miedo siempre dejaba huellas incluso antes que los culpables.

Escuchó al anciano en completo silencio. No interrumpió una sola palabra. Cuando terminó, Orión simplemente inclinó la cabeza con respeto.

-Los cuentos hacen que la gente mire al cielo. Los ladrones prefieren que nadie mire el suelo.

Su voz era tranquila, casi pesada como el oleaje. Avanzó unos pasos hasta la red desgarrada que descansaba junto al almacén. No la tocó de inmediato. Se agachó primero, observando el corte, el barro cercano y las fibras arrancadas. Después deslizó los dedos sobre la cuerda mientras acercaba el rostro.

Inspiró profundamente. El aire atravesó sus branquias y sus pulmones en una respiración larga, paciente. Su olfato comenzó a separar cada aroma como si desenredara una red de pesca. Algas, brea, pescado reciente, madera húmeda, aceite para embarcaciones, sudor humano. Cada fragancia ocupaba un lugar distinto dentro de su mente. No buscaba reconocer a un culpable. Buscaba aquello que no perteneciera allí.

Sin levantarse todavía, dirigió la mirada hacia las marcas de los postes cercanos al agua. Después observó la pequeña embarcación a la que le faltaban herramientas. Demasiadas pérdidas para alguien que solo quisiera asustar pescadores. Se incorporó lentamente.

- ¿Siempre desaparecen cosas útiles? ¿Nunca comida, ni dinero, ni pertenencias de las casas?

La pregunta quedó dirigida al anciano sin apartar completamente la vista del puerto. Si la respuesta era afirmativa, descartaría a más de un supersticioso.

Después caminó hacia las rocas desde donde algunos aseguraban haber visto elevarse las gotas. Esta vez no utilizó únicamente la vista. Cerró parcialmente los ojos y permaneció inmóvil durante varios segundos, dejando que el sonido del estrecho llenara su cabeza. Las olas golpeaban con un ritmo constante. El viento cambiaba de dirección. Las embarcaciones crujían al balancearse. Y entre todo ello esperaba descubrir otro patrón. Algún roce de madera. Una respiración contenida. El leve chapoteo de alguien escondido entre la niebla. Porque si realmente había una persona utilizando aquel extraño fenómeno para mantener alejados a los pescadores, tarde o temprano tendría que volver al lugar donde tan buenos resultados estaba obteniendo.

Orión permaneció completamente quieto, observando el agua como si simplemente estuviera contemplando el paisaje. Pero en realidad esperaba que fuera el propio mar quien le devolviera la primera pista.

[Imagen: l93r50D.png]

Hablo - Pienso
Yukine Sekki
Rango Genin
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01-07-2026, 04:14 PM
Tomar las misiones del tablero era la forma más común de obtener un trabajo rápido y con las especificaciones de tu agrado pero aveces un ninja podía ser solicitado para participar en misiones específicas, ya sea por sus habilidades, disponibilidad, relación con la tarea o sus implicados o por mero castigo.

Por su lado, Yukine necesitaba trabajo y tomaría cualquier misión que le presentara, cual sea, limpiar el baño de alguien, limpiar el parque, limpiar la piscina de la academia, limpiar la oficina del Mizukage... Si, habían muchos trabajos de limpieza por aquí. También había muchos de animales, pasear a un perro, encontrar un gato, pescar cierta cantidad de carpas y cazar un escarabajo ciervo de gran tamaño para presumirle al resto de niños de poseer el insecto más raro y grande.

Pero el día de hoy Yukine recibió la solicitud de trabajar en conjunto con otros dos genin en una misión de los más peculiar. Rumores extraños de lluvia que desafiaba la gravedad y un espíritu que se robaba cosas como redes de pesca, trampas de pesca, herramientas y otras cosas que podrían haber quedado tiradas en el suelo por pescadores irresponsables.

Cómo sea, al ser una misión de playa (o bueno, cerca del agua) Yukine solo se vistió con un short playero azul y una camiseta blanca, su cinta ninja colgaba de su cuello y para que no se viera raro su portakunais en el muslo mejor se lo puso como cinturón, aunque también se veía algo raro. En fin, Yukine llego a los muelles buscando a aquel que le daría más información, no sabía exactamente la hora de la reunión pero aparentemente llegó un poquito tarde, ahí ya se encontraba un Hoshigaki hablando con el viejo pescador, de hecho ese Hoshigaki le sonaba mucho pero no recordaba muy bien, muchos eran parecidos.

Yukine se acercó y escuchó las interrogantes de su compañero al viejo y como parecía tener la vista perdida al mar-Buenas, ya llegué. Lamento la tardanza-finalmente Yukine hizo apto de presencia y saludó con la mano a ambos sujetos frente a él-¿Me dan un resumen? O bueno, podríamos ir directamente al famoso lugar de la lluvia inversa-comentó encogiéndose de hombros mientras revisaba en su bolsillo tener suficientes caramelos de leche... Si, 4 es suficiente.

Virtudes, defectos y pasivas
[Imagen: kSBHJF.jpg]
Hayato Miyashi
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03-07-2026, 10:58 AM
Última modificación: 03-07-2026, 11:03 AM por Hayato Miyashi.
Ya podía escuchar el sonido constante de las olas golpeando contra los muelles. El aire húmedo se adhería a la ropa y al cabello, mientras la niebla cubría parte del paisaje costero con una capa gris que volvía difícil distinguir dónde terminaba el mar y comenzaba el cielo.
No era un lugar desagradable.

Pero tampoco era un lugar que le inspirara confianza.

El joven Yuki avanzó por el sendero con las manos ocultas dentro de las mangas de su haori azul. Su expresión permanecía tan seria como de costumbre, aunque sus ojos recorrían el entorno con atención. Había crecido escuchando historias sobre marineros supersticiosos capaces de culpar a espíritus, demonios o maldiciones cada vez que una red desaparecía o una tormenta arruinaba una jornada de pesca.
Aquella misión sonaba exactamente a una de esas historias.

—La lluvia sube al cielo... —murmuró para sí mismo mientras descendía los últimos metros del camino—. Claro. Y mañana quizá los peces aprendan a caminar.

Su comentario fue apenas un susurro cargado de un sarcasmo discreto.
Al acercarse al punto de reunión, divisó a los otros genin asignados a la misión. No los conocía demasiado bien, pero al menos resultaba preferible investigar acompañado que perder una mañana persiguiendo fanta
smas inventados por pescadores nerviosos.
Se detuvo junto al grupo sin hacer demasiado ruido.
Su mirada pasó primero por los civiles reunidos cerca del almacén y después por las embarcaciones inmóviles.
Demasiados barcos detenidos.

Demasiada preocupación para tratarse únicamente de rumores.
Mientras el anciano explicaba la situación, Hayato permaneció en silencio, observando. No interrumpió ni realizó preguntas de inmediato. Prefería escuchar primero.

Cuando la explicación terminó, sus ojos se dirigieron hacia la red abandonada cerca del almacén.
Luego hacia las marcas visibles sobre los postes.
Finalmente hacia la pequeña embarcación a la que le faltaban herramientas.
Aquello sí le parecía más interesante que la historia de la lluvia flotante.
Se acercó unos pasos a la red rota y se agachó para examinarla.
Los dedos recorrieron parte de las fibras dañadas.

—Si alguien roba herramientas y desmonta barcos, probablemente busca obtener algo de todo esto —comentó sin levantar demasiado la voz—. Los espíritus suelen tener mejores cosas que hacer que cargar redes durante la noche.
La ironía apareció apenas un instante antes de desaparecer.
Después se incorporó y observó la niebla extendida sobre el estrecho.
Durante unos segundos permaneció completamente inmóvil.
La sensación de estar siendo observado también llegó hasta él.

No le gustó.Pero tampoco era algo suficiente para alterarlo.

—Sea quien sea, parece que quiere que todos miren hacia el mar mientras hace otra cosa —dijo finalmente, girándose hacia sus compañeros—. Los robos son reales. Lo de la lluvia podría ser una distracción.
Sus ojos claros se desplazaron entre los otros genin.

—Propongo revisar primero las pruebas físicas. Marcas, huellas, herramientas desaparecidas, cualquier ruta de acceso a los almacenes. Si alguien está detrás de esto, habrá cometido algún error.
Volvió a mirar hacia la costa.

Una pequeña corriente de aire agitó las telas oscuras que colgaban de su protector ninja.
Las gotas elevándose entre las rocas llamaron brevemente su atención.

Extraño.

Lo suficiente para no ignorarlo.
Pero no lo bastante para aceptar explicaciones sobrenaturales.
—Y si resulta que realmente es un espíritu del mar... —añadió con un tono inexpresivo— pues...supongo que podremos preguntarle por qué roba redes de pesca.

Dijo con una leve sonrisa en sus labios.
Issei
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06-07-2026, 06:25 PM
El anciano dejó escapar una risa seca ante el comentario de Hayato, una de esas carcajadas breves nacidas más del cansancio que del humor. Negó con la cabeza mientras volvía la vista hacia el mar, donde la niebla seguía desdibujando el horizonte hasta convertirlo en una masa gris sin principio ni final. Después dirigió la mirada hacia Orion, respondiendo a la pregunta que el Hoshigaki acababa de formular.

— No... comida no, tampoco dinero, ni entran en las casas. Solo desaparecen cosas del puerto; redes, anzuelos, remos, aparejos... herramientas. Todo aquello que sirva para trabajar. Por eso esto me huele peor que un banco de sardinas olvidado al sol. Un espíritu no necesita vender una red.

Sus palabras quedaron suspendidas entre el rumor de las olas mientras el hombre tiburón continuaba examinando el lugar. El corte de la red no parecía fruto del desgaste ni del azar. Las fibras estaban seccionadas con una limpieza impropia de una rotura accidental, como si alguien hubiera empleado una hoja bien afilada para desprender únicamente la parte que le interesaba. Cerca del poste, sobre el barro aún húmedo por la lluvia nocturna, podían distinguirse varias huellas parcialmente deformadas por el agua. No eran suficientes para identificar a nadie, pero sí permitían una conclusión evidente: más de una persona había pasado por allí recientemente.

Además, su olfato comenzó entonces a separar los aromas que impregnaban el embarcadero. Sal, algas, madera mojada, aceite de lámparas, pescado recién descargado... todos ellos componían el perfume habitual del puerto. Sin embargo, escondido entre aquella mezcla apareció un olor mucho menos común. Una resina espesa, ligeramente amarga, semejante a la savia quemada de ciertos árboles utilizados para impermeabilizar embarcaciones. No procedía de los barcos amarrados ni de los almacenes cercanos. Era un rastro tenue, desplazado por el viento, que parecía nacer más allá de las rocas que daban acceso al estrecho.

Mientras tanto, Hayato se agachó junto a los postes marcados, pudiendo comprobar que aquellas señales tampoco eran consecuencia del simple desgaste. Eran rozaduras recientes, todas a una altura similar, como si gruesas cuerdas hubieran permanecido tensadas alrededor de la madera antes de ser retiradas. Aquellas marcas no parecían formar parte de las instalaciones del puerto y, por la expresión de los pescadores, tampoco les resultaban familiares.

— Eso tampoco estaba hace unos días... —murmuró uno de ellos, rascándose la barba—. Pensamos que sería cosa del viento.

Yukine apenas había terminado de reunirse con el grupo cuando un muchacho de no más de diez años apareció corriendo entre los almacenes, descalzo y completamente agitado.

— ¡Abuelo! ¡Abuelo! ¡Otra vez! ¡Está pasando otra vez!

El anciano giró de inmediato—. ¿Dónde?

El niño señaló con el brazo extendido hacia el extremo oriental del estrecho, donde las paredes rocosas se estrechaban formando un corredor natural entre los acantilados.

Durante unos segundos no ocurrió absolutamente nada. Después, como si el propio paisaje hubiera decidido responder a las historias de los pescadores, una fina cortina de lluvia comenzó a caer sobre aquella parte del litoral. Era una precipitación ligera, casi imperceptible desde la distancia... hasta que sucedió.

Las gotas dejaron de descender.

Una tras otra comenzaron a elevarse lentamente, desafiando toda lógica, ascendiendo en espirales irregulares hacia una masa de aire invisible que las absorbía antes de perderse entre la niebla. El efecto apenas ocupaba una franja concreta del estrecho; unos pocos metros de ancho rodeados por lluvia completamente normal. El contraste resultaba tan antinatural que incluso varios pescadores retrocedieron instintivamente, persignándose o murmurando plegarias dirigidas al mar.

Sin embargo, para unos ojos entrenados, había algo aún más llamativo que el propio fenómeno. Durante apenas un instante, entre la neblina que envolvía las rocas cercanas al lugar donde la lluvia ascendía, una silueta oscura cruzó fugazmente de un saliente a otro. Fue un movimiento rápido, demasiado rápido para distinguir un rostro, pero lo bastante claro como para afirmar una cosa: Allí había alguien, y quienquiera que fuese, acababa de percatarse de que ya no eran solo los pescadores quienes observaban el estrecho.
[Imagen: xd.png]
Orión Hoshigaki
Rango Chuunin
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07-07-2026, 09:42 AM
-Orión

Se presentó el tiburón, sin tener que aclarar su linaje.

El comentario de Hayato quedó suspendido en el aire apenas un instante.

- Las huellas terminan hablando, aunque el dueño se quede callado.

No alcanzó a decir más. El grito del muchacho atravesó el puerto como una gaviota espantada. Varias cabezas se giraron al mismo tiempo. Los pescadores abandonaron sus conversaciones y buscaron con la vista el extremo oriental del estrecho, allí donde el niño señalaba con el brazo tembloroso. Orión hizo lo mismo.

La lluvia comenzó a caer sobre una estrecha franja del litoral. Era débil, casi una cortina de agua tan fina que por momentos se confundía con la propia niebla. Durante unos segundos no ocurrió nada fuera de lo normal. Hasta que ocurrió. Las gotas dejaron de obedecer al cielo. Ascendían lentamente, dibujando pequeños remolinos irregulares antes de desaparecer entre la bruma que cubría los acantilados. Detrás de él pudo escuchar respiraciones contenidas, murmullos y alguna plegaria pronunciada en voz baja.

Él permaneció inmóvil. No porque creyera estar frente a un espíritu. Sino porque los fenómenos extraños tenían la costumbre de esconder verdades mucho más simples. Inspiró con calma. Una sola vez. Después otra. El puerto volvió a desplegarse dentro de su cabeza como un mapa invisible construido únicamente con aromas. La sal cubría cada rincón. La madera húmeda de los muelles conservaba el perfume de incontables mareas. El aceite de las embarcaciones se mezclaba con el pescado descargado aquella mañana y con la brea utilizada para proteger los cascos de la humedad.
Todo estaba donde debía estar. Todo, excepto una nota discordante. Allí. Otra vez. Resina. No era el olor limpio de una tabla recién trabajada. Tampoco el de los almacenes del puerto. Era una fragancia amarga, pesada, como madera calentada demasiadas veces bajo el sol antes de ser cubierta por una capa espesa de sellador.

Sonrió apenas. Muy poco.

- Qué raro.

Su voz apenas rompió el sonido de las olas.

- El mar siempre termina robándole el olor a la madera.

Volvió a inspirar lentamente.

- pero esta madera todavía se aferra al bosque. Amargo perfume

La frase quedó flotando sin mayor explicación. Porque no hablaba para que los demás entendieran. Hablaba para ordenar sus propios pensamientos. Mientras el viento cambiaba de dirección, aquel tenue rastro también se desplazó. No desaparecía. Simplemente nacía más allá de las rocas, donde la lluvia parecía desafiar toda lógica. Entonces la vio. Una sombra. Rápida. Silenciosa. Cruzó entre dos salientes antes de volver a ser devorada por la niebla. No distinguió rostro. Ni altura. Ni ropa. Solo movimiento. Y el movimiento era suficiente. Los espíritus no se escondían detrás de las piedras. Las personas sí. Sus ojos permanecieron unos segundos sobre el mismo punto, esperando que aquella figura repitiera el error. No ocurrió. El estrecho volvió a parecer completamente vacío, como si jamás hubiera habido nadie allí.

- Ja Ja Ja. Los peces esconden el cuerpo.

Carcajeo y grito a toda prisa.

- Los hombres esconden las manos.

Murmuro casi para él.

Bajó la mirada hacia el puerto. La red cortada con precisión. Las rozaduras recientes en los postes. Las herramientas desaparecidas. Las huellas deformadas por el barro. Y ahora aquel olor que el viento insistía en traer desde el mismo lugar donde acababa de ocultarse la silueta. No eran pruebas suficientes para señalar a nadie. Sí para dejar de perder el tiempo discutiendo sobre fantasmas. Llevó una mano hasta la empuñadura de su kunai Funato. No la desenfundó. Simplemente dejó descansar los dedos sobre la madera gastada. Aquello bastaba.

- Hay alguien que necesita que todos la miren.

El viento volvió a soplar desde las rocas. Orión dio un único paso hacia delante. Lento. Pesado. Como si cada movimiento buscara escuchar la respuesta del propio terreno antes que imponerse sobre él. Giro sobre su cuerpo y miro a sus compañero esperando una respuesta que el no tenia, solo bramo.

- ¿Seguimos el rastro?

Pregunto a sus compañero esperando una orden para avanzar.

✔Aprendida · 18-06-2026
◈Pasiva
✦Nivel: Cero
#ID: FUNA101B
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

Todo miembro del clan Funato hereda, desde su niñez, la tradición de forjar y mantener a su propio “pez acompañante”, ya sea vivo o un cadáver preservado. Este se convierte en la base de su arma y en el símbolo de su vínculo con el mar; de hecho, se rumorea que el creador de la Samehada fue un antiguo Funato. Al inicio de un tema, el usuario puede ofrecer un arma empuñada de su inventario para que el pez se fusione completamente con ella, formando una sola arma mejorada que será su herramienta de combate durante todo el encuentro. Si no se ha elegido un arma antes de usarla, el pez toma la forma de una kunai por el resto del tema.

La transformación no es solo física, el pez se integra por completo con el arma, adaptando su forma, peso y filo al estilo del Funato. En todos los casos, el arma Funato es siempre considerada un arma empuñada y nunca arrojadiza, siendo la única excepción a esta regla su versión en forma de kunai mejorada. Esta fusión solo puede realizarse una vez por tema.

✧Efecto
3 (MCCK) de Daño

[Imagen: l93r50D.png]

Hablo - Pienso
Hayato Miyashi
Rango Genin
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Nivel 5
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07-07-2026, 08:49 PM
Última modificación: 07-07-2026, 09:16 PM por Hayato Miyashi.
Hayato permaneció agachado junto a uno de los postes sin responder de inmediato a las palabras del anciano. Mientras el resto intercambiaba preguntas, su atención permanecía fija sobre aquellas rozaduras recientes. Pasó lentamente la yema de los dedos por la madera, sintiendo la rugosidad de las fibras levantadas. No eran marcas profundas, pero sí lo bastante uniformes para descartar que el oleaje o el paso del tiempo fueran los responsables.

Desplazó la mano unos centímetros más abajo.

Las señales aparecían a una altura prácticamente idéntica, rodeando parcialmente el poste como si algo hubiera permanecido sujeto allí bajo una enorme tensión. No eran cortes. Tampoco parecían golpes. Eran rozaduras continuas, producidas por un elemento grueso que había ejercido presión durante un tiempo antes de desaparecer.

«Cuerdas...»

Fue el primer pensamiento que cruzó su mente.

No unas cuerdas cualquiera.

Demasiado gruesas.

Demasiado tensas.

Levantó la vista hacia el resto del puerto.

Si aquellas marcas se repetían en varios postes, significaba que alguien había instalado allí algún tipo de mecanismo temporal. Nada de aquello parecía pertenecer a los pescadores, y la extrañeza reflejada en sus rostros confirmaba esa impresión.
Entonces recordó las palabras del anciano.
Solo desaparecían herramientas de trabajo.

Redes.

Remos.

Anzuelos.

Aparejos.

Objetos que por sí solos tenían poco valor, pero que juntos podían servir para construir, reparar o mantener algo lejos del puerto. No parecía el comportamiento de un ladrón común. Había un patrón demasiado específico.
Todavía no era capaz de comprender con qué finalidad.
La voz alterada de un niño interrumpió sus pensamientos.

—¡Abuelo! ¡Abuelo! ¡Otra vez! ¡Está pasando otra vez!

Hayato alzó la vista de inmediato hacia el estrecho..

La lluvia comenzó a caer con aparente normalidad sobre una estrecha franja del litoral.
Entonces las gotas dejaron de descender.

Una tras otra empezaron a elevarse lentamente, describiendo pequeños remolinos antes de desaparecer entre la niebla.
Los ojos del joven genin siguieron el fenómeno sin pestañear.

No afectaba a toda la costa.

Solo a un punto concreto.

Aquello bastaba para comprender que no era un simple capricho del clima.
Mientras observaba el recorrido del agua, un movimiento fugaz rompió la quietud del paisaje.
Una silueta oscura cruzó entre dos salientes de roca antes de desaparecer otra vez entre la bruma.
Los músculos de Hayato se tensaron al instante.

Levantó una mano señalando el lugar sin apartar la vista.

—Hay alguien... entre esas rocas
.
Su voz fue baja, pero suficiente para llamar la atención del grupo.
Permaneció inmóvil, intentando descubrir cualquier nuevo movimiento mientras escuchaba a Orión ordenar en voz alta las piezas que ambos habían reunido por separado. Las huellas, el olor a resina, las marcas en los postes, las herramientas robadas y aquella sombra parecían apuntar en una única dirección.

Cuando el Hoshigaki volvió el rostro hacia el grupo y preguntó si debían seguir el rastro, Hayato tardó apenas un segundo en responder.
Negó ligeramente con la cabeza.

—Sí... pero con cuidado.

Sus ojos no abandonaron las rocas.

—Si ya nos vio, es posible que esté esperando que vayamos detrás de él.
Su mano descendió hasta la empuñadura del tantō, apoyándose sobre ella sin desenvainarlo.
.
El joven dio un paso al frente, corto y medido, manteniéndose atento tanto al estrecho como a los alrededores.
No quería perder de vista aquella silueta.

Off

Estadísticas de Hayato Miyashi
Hayato Miyashi
Estadísticas Generales
Fuerza
15 M: 1
Inteligencia
5 M: 1
Destreza
25 M: 2
Ctrl. Chakra
15 M: 1
Estadísticas Especiales
Salud
10
Tenketsu
10
Sigilo
9
Velocidad
11
Vida 280 Chakra 300 Reg. Chakra 40

Virtud: Capacidad Sensorial Aumentada I (Vision)
Uso la capacidad sensorial aumentada para intentar percibir a la figura.
Yukine Sekki
Rango Genin
Clan Yuki
Nivel 9
Estadísticas
Generales
Fuerza50(3)
Destreza30(2)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia5(1)
Especiales
Salud9
Velocidad12
Tenketsu11
Sigilo13
405
450
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08-07-2026, 08:37 PM
Algunos decían que dos son compañía y tres son multitud pero en realidad era de lo más normal que los genin trabajaran en grupos de 3 en misiones complejas con cierto grado de dificultad y que además requiriera de un buen número de shinobis para agilizar las cosas, por ello la llegada de un tercer miembro no era raro para Yukine pero sinceramente esperaba algún tipo de presentación... Y hablando de presentación la suya fué escuchada y respondida por el Hoshigaki, algo es algo.

Los compañeros de Yukine empezaron a interrogar y examinar el lugar, buscando pistas o respuestas ocultas a simple vista para darse alguna idea del extraño caso de hurto que atemorizaba a las personas de la costa. Sinceramente era una situación de lo más peculiar por el tipo de objetos que eran tomados ignorando cosas con un mayor valor o utilidad a ojos más simples como los de aquellos reunidos hoy.

Sinceramente Yukine no era muy bueno con misiones de búsqueda, no tenía ninguna maniobra de rastreo o una inteligencia superior para identificar pistas así que le dejaría eso a sus compañeros que si poseían tener dichas habilidades, ya sea por las características de su clan o por esfuerzo propio. De pronto un niño llegó gritando dejando en el aire la advertencia de que el extraño fenómeno meteorológica estaba sucediendo de nuevo no muy lejos de aquí.

El desconocido pelo blanco fué capaz de observar la figura de alguien por unas rocas y Orión preguntó si era buena seguirlo-Si, vayamos lo más sigilosos posibles si perder velocidad-algo que en teoría le salía muy bien a todo ninja. El trío de genin iría detrás del fugitivo misterioso que parecía ser el responsable de aquel extraño fenómeno meteorológico.

Virtudes, defectos y pasivas
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Issei
Rango Genin
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Generales
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Destreza75(4)
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09-07-2026, 08:06 AM
Las palabras de Yukine apenas terminaron de pronunciarse cuando el pequeño grupo decidió finalmente abandonar el puerto. El murmullo nervioso de los pescadores quedó a su espalda, sustituido poco a poco por el rugido constante del mar golpeando contra los acantilados. El estrecho no era un lugar especialmente amplio, pero sí lo bastante abrupto como para obligarlos a avanzar con cautela. Las rocas, desgastadas durante generaciones por la marea, formaban un laberinto de salientes irregulares donde la niebla se acumulaba con facilidad, reduciendo la visibilidad a escasos metros por momentos.

Los tres genin se internaron entre los riscos siguiendo la dirección en la que había desaparecido la silueta. A su alrededor, el paisaje cambiaba con rapidez. El puerto y las embarcaciones quedaron atrás, sustituidos por paredes de roca oscurecidas por la humedad, pequeños charcos de agua salada que se acumulaban en las grietas del terreno y estrechos pasos donde el sonido del mar rebotaba contra los acantilados hasta hacer difícil distinguir de dónde procedía realmente. La bruma, espesa y caprichosa, avanzaba y retrocedía empujada por el viento, ocultando y revelando el camino de forma constante.

A cada paso, la franja donde la lluvia continuaba ascendiendo parecía acercarse un poco más, desde aquella distancia el fenómeno resultaba incluso más inquietante. Las gotas no subían con violencia ni eran expulsadas por una fuerza visible; simplemente abandonaban su caída natural y comenzaban a elevarse describiendo pequeños remolinos antes de desaparecer varios metros por encima del suelo, como si una corriente invisible las reclamara. Sin embargo, fuera de aquel reducido corredor, la lluvia seguía cayendo con absoluta normalidad. Era un fenómeno que afectaba a un punto muy concreto del estrecho.

Mientras avanzaban, el olor que Orión había detectado comenzó a hacerse más intenso. Ya no era un rastro perdido entre el viento, sino un aroma claramente reconocible que nacía de algún lugar situado por delante de ellos. Aquella resina impregnaba el ambiente con una nota amarga y artificial, impropia de unas rocas castigadas constantemente por el agua salada. Cuanto más se internaban en el paso natural, más evidente se volvía.

Por otra parte, podría verse que las marcas de los postes que había visto Hayato no eran un caso aislado. En varias formaciones rocosas próximas al agua aparecían rozaduras prácticamente idénticas, algunas todavía recientes. Variaban ligeramente de altura, pero todas compartían el mismo patrón: algo grueso había permanecido firmemente sujeto allí durante algún tiempo antes de ser retirado. Al observarlas en conjunto, comenzaban a formar una línea irregular que cruzaba parte del estrecho de un extremo al otro. No era difícil imaginar enormes cuerdas tensadas entre aquellos puntos, anque seguía sin estar claro con qué propósito.

Fue entonces cuando un fuerte silbido atravesó el paso entre los acantilados. El viento cambió de dirección de forma repentina, colándose entre las paredes de roca con tanta fuerza que la niebla se abrió durante apenas un instante. Bastó ese breve momento para revelar lo que permanecía oculto unos metros más adelante.

Sujetos entre varias grietas naturales de los acantilados había enormes cables trenzados, gruesos como el brazo de un adulto, impregnados por completo de aquella resina que Orión llevaba siguiendo desde el puerto. Algunos permanecían perfectamente tensos, mientras otros vibraban bajo la presión del aire, produciendo aquel extraño zumbido que se confundía con el rumor del mar. Y justo sobre ellos... la lluvia ascendía.

Las corrientes de aire chocaban unas con otras al atravesar aquel entramado improvisado, creando un violento remolino vertical que atrapaba las gotas antes de lanzarlas hacia el cielo. Desde la distancia, el efecto resultaba tan antinatural que no costaba entender cómo había alimentado las supersticiones de los pescadores.

El misterio comenzaba a desvelarse, pero solo en parte. Porque en cuanto la niebla volvió a cerrarse, un sonido completamente distinto rompió el silencio.

¡Crack!

Una piedra se desprendió desde algún punto elevado de los acantilados y cayó pesadamente sobre una roca a escasos metros del grupo, haciéndose añicos contra el suelo húmedo.

Al levantar la vista, cualquiera de ellos alcanzaría a distinguir una figura recortada durante apenas un segundo sobre uno de los riscos superiores. Permanecía inmóvil, observándolos desde las alturas. Y antes de desaparecer nuevamente entre la niebla, una segunda silueta cruzó fugazmente por detrás de la primera. Ya no cabía ninguna duda, no estaban siguiendo a un único ladrón, al menos dos personas acababan de tenderles una silenciosa bienvenida. Ahora era decisión del grupo intentar dar con ellos, o simplemente ignorarlos y explicar aquella parte del misterio a los pescadores, aunque no arreglaría el problema de raíz.
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Orión Hoshigaki
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09-07-2026, 04:54 PM
El puerto había desaparecido hacía varios minutos. Solo quedaban el rumor del mar, la roca húmeda y aquella niebla que parecía respirar al mismo ritmo que las olas. Orión avanzaba sin prisa, dejando que sus compañeros tomaran la delantera apenas unos pasos. Sus ojos recorrían las paredes del estrecho mientras el olor a resina se hacía cada vez más intenso, envolviendo el ambiente con una fragancia completamente ajena al salitre. Ya no era una sospecha. Era un camino.

Inspiró lentamente una vez más. La humedad del océano ocultaba la mayoría de los aromas, pero aquella resina permanecía aferrada al aire con una obstinación impropia de un entorno marino. Era como si el bosque hubiera decidido echar raíces entre los acantilados. Una leve sonrisa apareció en el rostro del Hoshigaki.

- La madera siempre termina contando de dónde vino.

Sus ojos descendieron hasta las nuevas rozaduras que aparecían sobre las rocas. Ya no eran marcas aisladas. Formaban una línea irregular que atravesaba el estrecho como si alguien hubiera dibujado un sendero invisible utilizando únicamente tensión y fuerza. Entonces el viento cambió. El silbido recorrió el paso natural con una intensidad suficiente para abrir la niebla durante apenas un instante. Y lo vieron. Los gruesos cables cruzaban de un lado a otro, impregnados por completo con aquella resina que llevaba siguiendo desde el puerto. Vibraban bajo la presión de las corrientes de aire, produciendo un zumbido grave que se confundía con el rugido del mar. Las gotas de lluvia ascendían justo encima de ellos. Orión permaneció inmóvil observando el fenómeno. No había hechicería. No había espíritus. Solo alguien que había aprendido a utilizar el propio estrecho como herramienta.

Todo encajaba. Las herramientas robadas. Las cuerdas. La resina. Las marcas en los postes. El miedo de los pescadores. No estaban robando por capricho. Habían construido aquello pieza por pieza, utilizando materiales obtenidos del propio puerto para fabricar un engaño capaz de mantener alejada a cualquiera durante días.

El estallido de la piedra contra el suelo rompió el silencio. Los fragmentos salpicaron las rocas húmedas a escasos metros del grupo. Orión levantó lentamente la cabeza. La primera silueta permanecía inmóvil sobre los riscos. La segunda apareció apenas un instante antes de desaparecer otra vez entre la bruma. No intentó seguirlas con la mirada. Si ellos habían decidido dejarse ver era porque querían hacerlo.

- Nos estaban esperando.

No sonó preocupado. Sonó convencido. Deslizó una mano hasta la empuñadura del kunai Funato, sin extraerlo todavía. Aquello no era una amenaza; era una costumbre tan natural como respirar. Sus ojos continuaban recorriendo las alturas, buscando más que figuras. Buscaban posiciones, caminos, lugares desde donde una piedra podía caer o un hombre podía desaparecer sin dejar rastro.

Permaneció unos segundos más estudiando el terreno. Los cables, la dirección del viento, la disposición de las rocas y la niebla formaban un escenario preparado con antelación. Demasiado trabajo para improvisar una huida. Eso significaba que también debían tener una salida. O un escondite. Porque nadie construía una trampa tan elaborada sin pensar antes cómo abandonarla.
Orión volvió a inspirar profundamente.

La resina seguía llegando desde delante, más intensa que nunca, mezclándose con el salitre y la humedad del estrecho.

- Mi abuelo decía que cuando un pez salta fuera del agua.

Hizo una breve pausa.

- es porque cree que arriba estará más seguro.

Sus ojos permanecieron fijos en la niebla.

- Siempre termina descubriendo que también existen aves.

No dio un paso más. Esperó. Si aquellos hombres pretendían obligarlos a avanzar de cualquier manera, prefería regalarles unos segundos de incertidumbre. A veces el silencio hacía más ruido que una persecución, y quien llevaba demasiado tiempo escondido acababa sintiendo la necesidad de comprobar si su presa seguía exactamente donde la había dejado.


✔Aprendida · 18-06-2026
◈Pasiva
✦Nivel: Cero
#ID: FUNA101B
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

Todo miembro del clan Funato hereda, desde su niñez, la tradición de forjar y mantener a su propio “pez acompañante”, ya sea vivo o un cadáver preservado. Este se convierte en la base de su arma y en el símbolo de su vínculo con el mar; de hecho, se rumorea que el creador de la Samehada fue un antiguo Funato. Al inicio de un tema, el usuario puede ofrecer un arma empuñada de su inventario para que el pez se fusione completamente con ella, formando una sola arma mejorada que será su herramienta de combate durante todo el encuentro. Si no se ha elegido un arma antes de usarla, el pez toma la forma de una kunai por el resto del tema.

La transformación no es solo física, el pez se integra por completo con el arma, adaptando su forma, peso y filo al estilo del Funato. En todos los casos, el arma Funato es siempre considerada un arma empuñada y nunca arrojadiza, siendo la única excepción a esta regla su versión en forma de kunai mejorada. Esta fusión solo puede realizarse una vez por tema.

✧Efecto
3 (MCCK) de Daño

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Yukine Sekki
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11-07-2026, 04:14 PM
Usando a Orión como perro sabueso, el equipo avanzó hasta el extraño fenómeno de las gotas que desafiaban la gravedad y toda ley de la física. La lluvia se tragó al equipo improvisado de genin pero poco a poco la diferencia entre las gotas que bajaban con fuerza contra el suelo y aquellas que se alzaban de regreso a las nubes se volvía más clara y para sorpresa de pocos, era un área muy limitada.

Yukine no entendía lo que Orión decía pero se mantenía atento a los alrededores para estar atento por algún ataque sorpresa, un camino de rocas donde alguna vez hubo algún puente señalaban que el camino hacia algún escondite olvidado se encontraba cerca, Orión seguía siendo el guía así que tocaba caminar detrás de él entre la niebla.

De pronto un peñasco cayó del cielo, al parecer habían intentado atacarlos desde las alturas, entre la niebla los genin lograron medio ver a alguien lejano y otra sombra tras él, posiblemente eran los causantes de todos los robos y el intento de asesinato reciente con aquella enorme roca-Nos quisieron matar. Ahora esto es personal. A por ellos-Yukine siguió avanzando rumbo a la aparente guarida de los sospechosos sin prestarle demasiada atención a las frases del abuelo de Orión. Nunca entendió las referencias de pesca.


Virtudes, defectos y pasivas
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Issei
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18-07-2026, 08:33 PM
Durante unos instantes, el estrecho pareció contener la respiración. El viento seguía silbando entre los cables impregnados de resina y la lluvia continuaba desafiando la gravedad sobre sus cabezas, pero las dos figuras ocultas entre la niebla no volvieron a mostrarse. Fue entonces cuando un sonido grave llegó desde la lejanía. El prolongado toque de un cuerno resonó desde el puerto, amortiguado por la distancia, seguido de voces confusas que el viento apenas conseguía transportar hasta allí. Era la señal que los pescadores utilizaban para alertar de un peligro en los muelles.

Hayato volvió la cabeza apenas un instante hacia el lugar del que procedía el aviso. Alternó la mirada entre sus dos compañeros y el camino que acababan de recorrer, comprendiendo que dejar desprotegido el puerto mientras perseguían a los responsables podía ser exactamente lo que aquellos hombres pretendían.

— Seguid vosotros, voy a ver qué pasa.

Sin esperar respuesta, dio media vuelta y desapareció entre la bruma. Su silueta se desdibujó rápidamente, hasta que solo quedaron Orión, Yukine y el incesante rumor del mar. Entonces, una voz descendió desde las alturas.

— Habéis tardado más de lo que esperaba.

Sobre un saliente de roca apareció un hombre de mediana edad. Su ropa impermeable estaba tan remendada que apenas conservaba el color original, y tenía las manos curtidas, llenas de cicatrices antiguas y callos propios de quien había pasado media vida sujetando redes y remos, no armas. En una de ellas sostenía una vieja hoz de pesca adaptada para defenderse.

Un segundo hombre emergió tras él. Más joven y corpulento, con un mazo improvisado construido a partir de un remo reforzado con piezas metálicas. Ninguno llevaba protectores, emblemas ni equipo propio de un shinobi, solo herramientas convertidas en armas.

El mayor observó durante unos segundos a los dos genin antes de dejar escapar una sonrisa amarga.

— Supongo que ya habéis descubierto nuestro truco.

Su mirada recorrió los gruesos cables que cruzaban el estrecho y guardó silencio un instante, después su expresión cambió por completo. La burla desapareció y solo quedó cansancio.

— ¿Sabéis cuántas veces pedimos ayuda antes de empezar a robar? Pero bastó con que el mar pareciera maldito para que, por fin, alguien mirara hacia esta costa —su voz resonó entre los acantilados sin elevarse demasiado.

Bajó lentamente la vista hacia el escondite que permanecía oculto entre las rocas, una pequeña cueva. Desde donde estaban, Orión y Yukine podrían distinguir decenas de redes cuidadosamente dobladas, remos, aparejos, herramientas y piezas desmontadas de pequeñas embarcaciones. Todo cuanto había desaparecido del puerto durante los últimos días seguía allí. Nada había sido vendido todavía.

— No buscábamos hacer daño a nadie... solo ganar tiempo.

El silencio volvió a imponerse durante unos segundos. Sin embargo, bastaría con que cualquiera de los dos shinobis diera un paso más para que el hombre del mazo reaccionara por puro instinto.

— ¡No os acerquéis!

Con un violento tirón liberó uno de los gruesos cables tensados entre las rocas. El cordaje salió despedido como un látigo gigantesco, levantando una lluvia de agua, pequeñas piedras y salitre que descendió directamente hacia los dos genin. Al mismo tiempo, el pescador de la hoz saltó desde el risco hasta una plataforma inferior, interponiéndose entre los shinobi y la entrada de la cueva.

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¡Cada vez estamos más cerca del final! Espero vuestras deducciones sobre lo que está pasando (?) El combate va a ser puramente narrativo, así que no os comáis mucho la cabeza. Tened en cuenta el sistema para no hacer ninguna fumada, pero por lo demás dadle duro y disfrutad :pa:
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Orión Hoshigaki
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20-07-2026, 12:03 AM
El prolongado sonido del cuerno atravesó el estrecho y se perdió entre la niebla. Orión permaneció inmóvil mientras el eco se confundía con el romper constante de las olas contra los acantilados. Durante un instante siguió el sonido con la mirada, observando cómo Hayato decidía regresar hacia el puerto sin esperar respuesta. No intentó detenerlo. Si el aviso era real, alguien debía comprobarlo. Si era una distracción, también terminaría descubriéndolo. El Hoshigaki simplemente dejó que la distancia se tragara la silueta de su compañero hasta que solo quedaron él, Yukine y el rumor del mar.

La voz que descendió desde las alturas hizo que levantara lentamente la cabeza. Sus enormes ojos negros se detuvieron primero en el hombre de la hoz y después en el más joven que empuñaba aquel improvisado mazo construido con un viejo remo. Ninguno llevaba la postura de un shinobi. Sus cuerpos hablaban de jornadas enteras sobre una embarcación, de manos endurecidas por sogas húmedas, redes pesadas y madera castigada por el salitre. Incluso las armas parecían haber nacido como herramientas antes que como instrumentos para matar.

Mientras el pescador hablaba, Orión no apartó la vista de ellos, pero fue la cueva la que terminó captando toda su atención. Las redes permanecían cuidadosamente dobladas. Los remos descansaban apoyados unos junto a otros. Las herramientas estaban agrupadas con orden, igual que las piezas desmontadas de las embarcaciones. Nada daba la impresión de haber sido saqueado con desesperación. Todo seguía allí. Todo conservaba el aspecto de algo guardado, no de algo robado.

Inspiró profundamente. La resina seguía impregnando el aire con la misma intensidad que antes, mezclándose con el salitre y la humedad de las rocas. Ahora comprendía por qué el olor se volvía más fuerte a cada paso. Aquellos cables habían sido tratados para resistir el agua y el viento durante mucho tiempo. No era el trabajo improvisado de un ladrón cualquiera. Había planificación. Había esfuerzo. Había demasiadas horas invertidas en construir aquel engaño para que el objetivo fuera únicamente llevarse unas cuantas herramientas.

Las palabras del pescador continuaban resonando dentro de su cabeza. "No buscábamos hacer daño solo ganar tiempo." Tiempo. No dinero. No riqueza. Tiempo. Aquella diferencia terminó de acomodar las piezas que llevaba reuniendo desde que llegó al puerto. Las marcas sobre los postes, el olor a resina, las cuerdas tensadas, la lluvia que ascendía, el miedo de los pescadores y las herramientas escondidas en aquella cueva dejaban de ser hechos aislados para convertirse en parte de una misma historia.

El grito del hombre más joven rompió sus pensamientos. El grueso cable salió despedido con violencia. Orión giró el cuerpo por puro instinto mientras levantaba el antebrazo para cubrirse del agua, el salitre y las pequeñas piedras que acompañaban el latigazo. Retrocedió apenas un paso para recuperar el equilibrio sobre la roca húmeda, pero en ningún momento llegó a desenvainar el kunai que descansaba bajo su mano. Sus ojos siguieron el movimiento del hombre de la hoz, que descendía hasta colocarse frente a la entrada de la cueva. No estaba avanzando para atacar. Estaba cubriendo aquello que había detrás.

Orión guardó silencio. El viento seguía haciendo vibrar los cables, arrancándoles aquel extraño silbido que durante días había alimentado historias sobre espíritus marinos. Ahora que conocía el mecanismo, el sonido había perdido todo su misterio. Lo que seguía siendo un misterio era la razón por la que aquellos hombres estaban dispuestos a defender aquel escondite.

Durante unos segundos dejó que solo hablara el mar. Observó otra vez las manos curtidas del pescador, las redes perfectamente acomodadas y la expresión de cansancio que había sustituido cualquier rastro de desafío. No veía la mirada de un hombre que hubiera ganado algo. Veía la de alguien que llevaba demasiado tiempo sosteniendo un problema sin encontrar a quién entregárselo. Solo entonces habló.

-¿Qué protegéis?

Nada más. La pregunta quedó suspendida entre el rugido de las olas y el silbido del viento, mientras Orión permanecía inmóvil, con la mano aún descansando sobre la empuñadura del kunai, esperando que aquella respuesta explicara lo único que todavía no había conseguido descubrir.

[Imagen: l93r50D.png]

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Yukine Sekki
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24-07-2026, 12:45 AM
Se escuchó el sonido de un cuerno, algo bastante extraño y que prácticamente gritaba que los genin se regresaran pero ya estaban demasiado cerca del posible escondite los sospechosos, fué entonces que el sujeto de cabello blanco decidió tomar la responsabilidad de regresarse y lidiar con lo que ocurría, quizás no era la mejor decisión pero era la mas factible dado al momento. Sin palabras de por medio el grupo se separó y Orión junto a Yukine continuaron hasta enccontrarse con los sospechosos.

Un hombre viejo y otro más joven los esperaban con todo lo robado a sus espaldas, obviamente el más joven portaba un arma rudimentaria para intentar intimidar y proteger el "botín" robado mientras su presunto padre intentaba convencer al dúo con palabras que buscaban dejarlos como inocentes que solo buscaban llamar la atención que nunca llegó por medios verbales y además aseguraron que no buscaban herir a nadie sino solo ganar tiempo ¿Cómo podía decir eso mientras el más joven parecía tan lleno de intenciones bélicas?

Orión, acabemos esto-Yukine realizó sellos pero luego el sujeto cortó una cuerda mientras Orión les intentaba preguntar algo-No es momento para hablar Orión-gracias a la preparación de Yukine pudo moldear chakra y crear tres estructuras de hielo, uno a su lado, otro al lado de Orión y una última encima de ellos como techo para protegerlos de todo.
✔Aprendida · 05-07-2026
◈Hyoton
✦Nivel: 1
#ID: YUKI001R
◔Coste
15 de Chakra
▣Descripción

El usuario moldea chakra Hyōton tras la ejecución de sellos, generando una estructura de hielo de tamaño humano en un punto dentro de un radio de hasta 1 metro a su alrededor, la cual actúa como una barrera defensiva capaz de interceptar ataques directos. Esta creación combina la compresión del Suiton con la proyección del Fūton, permitiendo formar defensas de rápida aparición cuya forma puede adaptarse de manera básica según la intención del usuario, manteniendo su función principal de protección.

Si la estructura permanece en el campo por más de un turno, comienza a regenerar la mitad de los puntos de vida perdidos por turno tras haber recibido daño, representando la reconstrucción constante del hielo mediante chakra. Dependiendo del nivel de control de chakra del usuario, este puede generar múltiples estructuras mediante esta misma técnica, permitiéndole bloquear distintos frentes o establecer defensas simultáneas dentro del campo de batalla.

✧Efecto
50 (CCK) de Resistencia - 3 (MCCK) de Estructuras Simultaneas

Golpea primero, pregunta después-Yukine cerró la distancia con aquellos sujetos y se dedicaría a atacarlos usando fuerza bruta. Si Orión se unía a él podrían reducir a ambos en un par de segundos y usar las cuerdas robadas o las redes para amordazarlos. Y no, golpear un viejo no le generaba ningún problema al muchacho, él se lo había buscado.

Si lograban todo sin inconvenientes lo ideal era regresar a la costa con los criminales capturados y decirle a todos donde estaban las cosas perdidas-Vamos Orión, acabemos esta misión




Virtudes, defectos y pasivas
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24-07-2026, 09:48 PM
La pregunta de Orión quedó suspendida en el aire apenas un instante. El pescador de mayor edad llegó incluso a entreabrir los labios, como si realmente fuera a responder. Sin embargo, el estruendo del cable liberado y el impulso de Yukine al lanzarse al frente terminaron por romper cualquier posibilidad de diálogo.

El techo de hielo surgió con rapidez sobre ambos genin. El grueso cordaje impactó contra la estructura cristalina con un sonoro chasquido, fragmentándola en una lluvia de esquirlas blancas que se mezclaron con el agua del estrecho antes de desaparecer entre las rocas. El golpe perdió la fuerza suficiente como para no alcanzarles, pero el impacto hizo vibrar todo el paso natural.

Los dos pescadores reaccionaron al instante.

— ¡Sepáralos! —gritó el mayor.

El más joven obedeció sin vacilar. Aprovechando el impulso con el que Yukine había acortado distancias, descargó el pesado mazo contra uno de los gruesos cables que permanecían tensados entre los riscos. La cuerda vibró con violencia, buscando alterar el terreno. El cable comenzó a oscilar de un lado a otro, arrancando varias piedras sueltas del acantilado. Varios fragmentos de roca se precipitaron sobre la estrecha plataforma por la que avanzaba Yukine, obligándolo a enfrentarse a un suelo que temblaba bajo sus pies mientras el hombre descendía para recibirlo con el mazo sujeto entre ambas manos.

Al mismo tiempo, el pescador de la hoz retrocedió un par de pasos sin apartar la vista de Orión.

— ¿Qué protegemos...? —Su voz sonó mucho más cansada que desafiante—. A mi hijo —aquellas tres palabras bastaron para comprenderlo todo—. Las deudas eran mías, pero él decidió cargar con ellas.

El instante de sinceridad duró poco. Con un rápido movimiento clavó la hoz en una de las cuerdas laterales y tiró con todas sus fuerzas. El entramado de cables respondió como una enorme telaraña, modificando de golpe la dirección de las corrientes de aire que atravesaban el estrecho. El silbido aumentó hasta convertirse en un rugido ensordecedor y el remolino que hacía ascender la lluvia descendió bruscamente sobre la posición de Orión.

Durante un instante, el agua dejó de elevarse, sino que se precipitó toda de golpe. Una cortina de lluvia tan densa que reducía la visibilidad a apenas un par de metros envolvió al Hoshigaki mientras las gruesas cuerdas vibraban alrededor de él como si el propio estrecho hubiera cobrado vida.

El pescador no avanzó para rematarlo, sino que permaneció firme junto al mecanismo. Era evidente que conocía cada cable, cada anclaje y cada corriente de aquel lugar mejor que nadie. En apenas unos segundos, el combate había dejado de librarse únicamente contra dos hombres, ahora también era el propio estrecho quien parecía ponerse de su lado.
[Imagen: xd.png]
Orión Hoshigaki
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25-07-2026, 12:31 PM
Las tres palabras del pescador quedaron grabadas en la mente de Orión con mucha más fuerza que el estruendo de los cables. "A mi hijo."

No hubo tiempo para responder. El entramado volvió a tensarse bajo las manos del hombre y el estrecho pareció transformarse una vez más. El rugido del viento aumentó hasta confundirse con el romper de las olas contra los acantilados, mientras toda aquella lluvia que momentos antes ascendía en espiral cambió bruscamente de dirección. En un abrir y cerrar de ojos el agua cayó con una violencia inusual, formando una cortina tan espesa que la niebla y la lluvia terminaron convirtiéndose en una sola cosa. Las siluetas comenzaron a desdibujarse hasta desaparecer detrás de un velo gris donde distinguir un rostro resultaba casi imposible.

Orión permaneció inmóvil apenas un instante. No era miedo. Era costumbre. Había aprendido desde niño que el mar castigaba a quienes respondían con prisa. Cuando la corriente cambiaba, primero debía entenderse hacia dónde empujaba antes de intentar nadar contra ella. El agua comenzó a deslizarse por su piel azulada, empapando su ropa y resbalando por sus brazos con la misma naturalidad con la que un río busca el océano. Poco a poco su figura dejó de destacar entre la tormenta artificial, mezclándose con el incesante caer de las gotas hasta que el propio paisaje parecía absorber su presencia.

Mientras el aguacero golpeaba las rocas, su respiración permaneció profunda y constante. Inspiró una vez más dejando que el aire húmedo atravesara sus pulmones. La resina seguía allí. A pesar de la lluvia, del viento y del salitre, aquel olor continuaba dominando el ambiente. Persistente. Terco. Como si los propios cables se negaran a ocultar el trabajo que había detrás de todo aquello. Orión comprendió entonces que no necesitaba perseguir al pescador. Desde el principio había sido aquel entramado el verdadero corazón del fenómeno. El hombre no hacía más que darle vida.

Las palabras del anciano seguían dando vueltas dentro de su cabeza. No hablaba como alguien orgulloso de un robo. Hablaba como un hombre agotado. Las manos llenas de callos, la cueva perfectamente ordenada, las herramientas aún sin vender y aquella única frase terminaban formando una imagen muy distinta de la que habían imaginado al comenzar la misión. Habían cometido un delito, eso era evidente. Pero cada detalle parecía gritar que nunca habían querido convertirse en criminales. Solo habían encontrado una manera desesperada de obligar a alguien a mirar hacia aquella costa olvidada.

Orión deslizó lentamente la mano hasta la empuñadura del kunai Funato, aunque no llegó a extraerlo. Sus dedos descansaron sobre la empuñadura con la tranquilidad de quien sostenía una vieja costumbre más que un arma. No quería atravesar a un pescador cuya mayor fortaleza no era el combate, sino el conocimiento de aquel estrecho. Si había una forma de terminar aquello sin añadir más sangre al mar, prefería encontrarla primero.

Aprovechando la espesa lluvia que reducía la visibilidad a apenas unos metros, comenzó a desplazarse con pasos lentos y silenciosos. No buscaba cargar de frente contra el hombre de la hoz ni responder al desafío del más joven. Dejaba que el agua ocultara cada movimiento mientras observaba cómo vibraban los cables, cómo el viento recorría el entramado y cómo las corrientes cambiaban cada vez que alguno de aquellos anclajes era manipulado. Si conseguía comprender completamente el funcionamiento del mecanismo, también comprendería cuál era la mejor manera de detenerlo sin destruir todo cuanto aquellos hombres habían levantado.

"El tiburón no persigue la lluvia..." pensó mientras avanzaba entre la cortina de agua."Espera a que el río le traiga aquello que intenta escapar." Con esa idea grabada en la cabeza, Orión desapareció poco a poco entre el aguacero. Ya no era una figura fácil de distinguir entre las gotas que golpeaban sin descanso las rocas del estrecho. El mar volvía a envolverlo como lo había hecho tantas veces desde niño, ocultándolo bajo su propio manto mientras sus enormes ojos negros seguían atentos a cualquier movimiento alrededor del mecanismo. Aquel combate apenas acababa de comenzar, pero para el Hoshigaki seguía siendo, ante todo, una investigación.
✔Aprendida · 27-06-2026
◈Pasiva
#ID: ORIO001B
◔Coste
Sin coste indicado
▣Descripción

La piel de Orión está recubierta por diminutas escamas cuya disposición dispersa parcialmente la luz cuando permanecen completamente húmedas. Bajo el agua, o con el cuerpo totalmente empapado, los reflejos sobre su piel disminuyen considerablemente, difuminando los contornos de su silueta y permitiéndole confundirse con el entorno acuático de forma natural. Este fenómeno es completamente pasivo y depende de que sus escamas permanezcan saturadas de agua.

A efectos de sistema, siempre que Orión se encuentre sumergido en una fuente de agua natural o dentro de un campo completamente inundado, podrá entrar en estado de sigilo sin necesidad de justificar cómo logró ocultarse bajo el agua. Al emerger, conservará dicho estado durante un máximo de 2 segundos antes de que el efecto desaparezca. Si el campo de combate se encuentra bajo una lluvia constante, esta habilidad podrá activarse una única vez por combate, siempre que el usuario aproveche las condiciones para ocultar su silueta.

✧Efecto
No tiene efecto adicional especificado.


La lluvia continuó ocultando cada uno de sus movimientos mientras avanzaba entre la cortina de agua. El rugido del estrecho amortiguaba sus pasos y el constante golpear de las gotas contra la roca convertía cualquier pequeño sonido en parte del paisaje. Orión dejó que el propio mar lo envolviera hasta fundir su silueta con la tormenta artificial, desapareciendo de la vista de quienes dependían más de los ojos que del oído.


Su mirada se fijó una vez más en los gruesos cables que mantenían con vida aquel improvisado mecanismo. Había comprendido desde el principio que el verdadero peligro no eran los pescadores, sino el escenario que habían construido. Mientras aquellas cuerdas siguieran tensas, ellos continuarían teniendo el control del estrecho.
Con un movimiento rápido llevó la mano hasta el kunai Funato y, aprovechando la escasa visibilidad que ofrecía la lluvia, buscó deslizarse hasta uno de los anclajes más cercanos. Su intención era sencilla, cortar las cuerdas que alimentaban aquel entramado para devolverle al viento su curso natural y arrebatarles la ventaja que el propio terreno les ofrecía.

Si el mecanismo cedía, aprovecharía la confusión para reducir la distancia con ambos pescadores e intentar inmovilizarlos utilizando aquellas mismas cuerdas y redes que durante días habían servido para alimentar el engaño. No buscaba herirlos. Solo terminar la pelea antes de que la desesperación de un padre y la impulsividad de un hijo obligaran al mar a cobrar un precio mayor del necesario.

[Imagen: l93r50D.png]

Hablo - Pienso
Issei
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza60(3)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad10
Tenketsu12
Sigilo18
495
580
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25-07-2026, 03:27 PM
El rugido del viento terminó convirtiéndose en un lamento, ya que oculto tras la cortina de agua, Orión desapareció de la vista de los dos pescadores justo cuando el mecanismo alcanzaba su máxima intensidad. Durante unos segundos ninguno volvió a distinguir su silueta; solo el incesante golpear de la lluvia contra la roca y el constante zumbido de las cuerdas tensadas rompían el silencio del estrecho.

Entonces uno de los gruesos cables cedió con un corte limpio. El repentino chasquido resonó entre los acantilados y bastó para que todo el entramado perdiera parte de la tensión que había mantenido durante días. El viento dejó de recorrer el estrecho con la misma violencia y las corrientes comenzaron a deshacerse unas a otras. Un segundo cable cayó instantes después, seguido por un tercero.

En ese preciso instante, la lluvia dejó de ascender. Las gotas, libres ya del remolino artificial, recuperaron su curso natural y volvieron a precipitarse sobre las rocas con la serenidad propia de cualquier chaparrón costero. Los dos hombres comprendieron de inmediato lo que acababa de suceder.

El mayor observó cómo el ingenioso mecanismo al que habían dedicado semanas de trabajo se desmoronaba en cuestión de segundos.

— Se acabó... —murmuró, dejando caer lentamente la mano que sujetaba la hoz.

El más joven, en cambio, reaccionó con desesperación. Dio un paso hacia uno de los anclajes, como si todavía pudiera salvar parte del entramado, pero el equilibrio del sistema ya se había roto. Los cables comenzaron a caer unos sobre otros, enredándose entre sí y dejando de responder al viento.

Fue el momento que Orión había estado esperando. Aprovechando la confusión, salió finalmente de entre la lluvia y redujo la distancia. Las mismas cuerdas y redes que durante días habían servido para alimentar la superstición acabaron convirtiéndose en el instrumento con el que inmovilizó a ambos hombres. Yukine, que había mantenido la presión durante todo el enfrentamiento, impidió que el más joven pudiera escapar mientras el Hoshigaki terminaba de asegurar las ataduras.

El anciano bajó la cabeza antes de esbozar una sonrisa amarga.

— Supongo que... al final el mar también sabe cuándo poner fin a una mentira.





Con los dos delincuentes asegurados, el duo emprendió el camino de regreso hacia el puerto. La niebla comenzaba a disiparse poco a poco y, sin el entramado de cables alterando las corrientes, el estrecho había recuperado el aspecto que siempre debió tener. Ya no había gotas desafiando al cielo, ni silbidos antinaturales atravesando los acantilados. Solo quedaba el mar.

Mientras descendían por el sendero, el más mayor rompió el silencio una última vez.

— Nunca quisimos que la gente dejara de pescar para siempre... Solo necesitábamos unas semanas. Si todos seguían viniendo, alguien habría descubierto los cables antes de terminar el trabajo... y si vendíamos las herramientas demasiado pronto, jamás habríamos podido devolver las deudas.

Guardó silencio unos pasos.

— Qué ironía... Al final conseguimos que la aldea nos prestara atención, pero de la peor manera posible.

Cuando el puerto volvió a aparecer entre la niebla, la situación estaba lejos del caos que habían imaginado. Hayato ya se encontraba allí, y junto a varios pescadores había conseguido reducir a otros dos cómplices que, aprovechando la persecución hacia el estrecho, habían intentado hacerse con las últimas herramientas almacenadas en los muelles. Con las manos atadas y escoltados por los propios vecinos, aguardaban sentados junto al almacén principal bajo la atenta vigilancia del joven genin.

Al ver regresar a Orión y Yukine acompañados por los otros dos responsables, un murmullo de alivio recorrió el puerto. Los pescadores no tardaron en reconocer sus redes, remos y aparejos recuperados, mientras algunos comenzaban a desmontar las historias que ellos mismos habían alimentado durante aquellos días. La lluvia nunca había querido regresar al cielo, solo había seguido el camino que unos hombres desesperados le habían obligado a recorrer.

Con la captura de todos los implicados, el extraño fenómeno del estrecho quedó reducido, para siempre, a una simple historia que los viejos pescadores contarían durante años.

MISIÓN COMPLETADA
[Imagen: xd.png]
Masashi Kishimoto
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25-07-2026, 04:51 PM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Normal D] La lluvia al revés (TID 13785)
Tipo: Misión Normal · Rango: E
  • Issei — Participante (0%): 0 Ryos, 0 Tobis, 0 Exp
  • Orión — Participante (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp
  • Yukine — Participante (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp
  • Hayato Miyashi — Participante (100%): 250 Ryos, 2 Tobis, 50 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
Moderador Himawari
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25-07-2026, 04:52 PM
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