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[Normal E] El Espejo de las Dos Familias
Issei
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01-07-2026, 08:38 PM
15 de Primavera del año 150

La tarde comenzaba a teñirse con los tonos cálidos del ocaso cuando el camino que se alejaba de las zonas más concurridas de Konoha empezó a volverse más silencioso. Las voces de los comerciantes, el movimiento constante de los shinobi y el bullicio habitual de la aldea quedaban poco a poco atrás, reemplazados por la tranquilidad de una zona donde las antiguas familias habían levantado residencias privadas alejadas del centro. Allí, entre árboles cuidadosamente podados y senderos de piedra desgastados por el paso de los años, se encontraba la finca del anciano artesano que había solicitado su presencia.

A simple vista, el lugar no parecía esconder nada extraordinario. Era una propiedad tradicional, construida con la misma elegancia sobria que caracterizaba a las casas antiguas de la Hoja. Sin embargo, había algo en aquel sitio que transmitía una sensación distinta; no era abandono ni decadencia, sino la calma de alguien que había pasado toda una vida acumulando conocimientos que pocos más conservaban. Cada rincón parecía guardar una historia: las herramientas de madera perfectamente ordenadas en el taller exterior, los pergaminos protegidos de la humedad y las pequeñas marcas talladas en algunas estructuras que parecían más antiguas que la propia generación actual de ninjas.

El anciano esperaba en la entrada principal, apoyado sobre su bastón, observando con atención al joven que se acercaba. Su apariencia podía engañar a cualquiera; sus movimientos eran lentos y su cabello mostraba el peso de los años, pero su mirada mantenía una claridad poco común. Aquellos ojos habían visto épocas difíciles, conflictos entre familias y cambios dentro de la aldea que muchos solo conocían a través de libros.

Durante unos segundos no dijo nada, simplemente observó. No miró primero su rostro ni su vestimenta. Su atención se dirigió hacia aquello que representaba una historia mucho más compleja: la presencia de dos herencias que, durante generaciones, habían cargado con rivalidades, orgullo y expectativas. Para alguien como él, que había dedicado gran parte de su juventud a registrar acuerdos entre clanes nobles y actuar como mediador entre familias enfrentadas, aquello no era un detalle menor.

— Así que finalmente has llegado... —murmuró al cabo de unos instantes, rompiendo el silencio con una voz tranquila pero firme—. Pensé que tardaría más en ver con mis propios ojos aquello que muchos consideran imposible.

El anciano se giró lentamente hacia el interior de la residencia, aunque antes de avanzar volvió a detenerse un momento.

— He leído nombres de grandes shinobi, he registrado pactos entre familias y he visto cómo los clanes intentaban proteger sus tradiciones incluso cuando el mundo a su alrededor cambiaba. Durante mucho tiempo creí conocer el valor de un linaje... pero también aprendí que la sangre puede convertirse tanto en una fortaleza como en una carga.

Sus palabras no sonaban como una acusación, pero tampoco como una bienvenida común. Había una intención detrás de ellas, una especie de evaluación silenciosa que llevaba realizando desde el instante en que apareció frente a la finca.

Finalmente, abrió la puerta y le indicó que pasara. El interior era más amplio de lo que parecía desde fuera. Varias estanterías ocupaban las paredes, llenas de documentos antiguos, planos y objetos que parecían pertenecer a diferentes épocas de la historia de Konoha. En el centro de la sala había un espacio reservado, como si fuera un lugar de importancia ceremonial. Allí descansaba un pequeño cofre protegido por varios sellos, aunque no era ese objeto lo que el anciano parecía dispuesto a entregar todavía.

— El manuscrito que buscas no contiene una simple información del pasado —explicó mientras caminaba hacia el centro de la habitación—. Pertenece a una época donde las alianzas eran frágiles y donde los secretos de los clanes podían decidir el destino de una generación entera.

Su mano se posó sobre el cofre durante unos segundos—. Pero antes de entregártelo, necesito saber algo —el anciano levantó la mirada—. ¿Eres alguien que entiende el significado de portar dos legados... o simplemente alguien que nació con dos nombres importantes detrás de él?

La pregunta quedó suspendida en el aire. No había hostilidad en su tono, pero sí una duda que parecía haber mantenido durante mucho tiempo. Con un movimiento lento, el hombre señaló una puerta lateral que conducía hacia otra estancia de la finca.

— He preparado algo para ti. Una prueba que no medirá únicamente tu fuerza, sino tu capacidad para comprender aquello que llevas dentro.

La puerta comenzó a abrirse, revelando un dojo privado construido en madera antigua. A diferencia del resto de la residencia, aquel lugar parecía mantenerse intacto desde hacía décadas. No había armas colocadas en las paredes ni objetivos de entrenamiento comunes. Solo una sala vacía, demasiado perfecta y silenciosa.

El anciano permaneció junto a la entrada mientras dejaba que el joven observara el lugar—. Activa tus ojos. Mira más allá de lo evidente. Porque en este lugar, lo que no puedes ver será tan importante como aquello que sí puedas observar.

El viento del exterior atravesó la estancia, haciendo crujir ligeramente la madera del dojo.
Shun
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02-07-2026, 09:44 PM
Aquella misión estaba escrita en su sino.

Un anciano artesano de la aldea se había enterado de su particular condición y había solicitado sus servicios en exclusiva. Al parecer, tenía en su posesión un pergamino sellado que ocultaba secretos del pasado y estaba dispuesto a dárselo al heredero del linaje de dos de los clanes mayor reputación y prestigio de la villa. Todo aquello le olía a gato encerrado. «Solo unos pocos elegidos conocen mi linaje mestizo y, mucho menos aún, la oscuridad que dio a luz mi existencia. Además, ¿por qué me ha elegido a mí cuando hay tantos Uchiha y Hyūga que estarían encantados de hacerse con el manuscrito?», aquellos pensamientos le habían asaltado desde que le habían dado los detalles relativos a aquella misión.

El crepúsculo otorgaba un aura mágica al paisaje que podía observar a lo lejos, mientras caminaba por la avenida que se alejaba de la zona más céntrica de Konoha. La muchedumbre habían quedado atrás a medida que caminaba hacia su destino, el cual alcanzó antes de darse cuenta. Ante sus ojos se erigía una residencia construida en un estilo arquitectónico antiguo, aunque con la misma moderación que caracterizaba a las casas del lugar de años ha. Aquel lugar no hablaba de la decadencia o de la gloria de épocas pasadas, sino de conocimiento, sabiduría y un cierto halo de misticismo.

El longevo cliente le estaba esperando en la entrada principal, apoyado sobre un cayado sin apartar la mirada de él. No sería tan estúpido como para dejar engañarse por lo que se observar a simple vista, pues los ojos eran el espejo del alma y él podía ver la auténtica naturaleza del ser con el poder que le había sido legado. Cualquier otra persona, en su lugar, se habría sentido intimidada o, al menos, incómoda ante la atenta mirada del susodicho. Quizás hubiese esperado ese tipo de reacción por su parte pero, por desgracia para él, no tardaría en descubrir que no se trataba de una persona normal y corriente.

—Mi nombre es Shun, ha solicitado mis servicios... —respondió antes de ser interrumpido.

«El ego humano tratará de hacer cualquier cosa que parezca imposible.». Era consciente de que casos como el suyo no se veían todos los días, pero nadie podía dar cualquier cosa por sentada o de lo contrario se vería superado por sucesos que derrumbarían sus prejuicios y sus falsas creencias. No necesitaba una clase de historia para saber que las creencias preconcebidas sobre el significado de palabras como familia, clan, linaje o sangre estaban totalmente desvirtuados y obsoletos. Él era la prueba viviente de esa realidad.

—¿Qué es un clan?... ¿Qué es una aldea?... ¿Qué es un shinobi?... —susurró más para si mismo que para aquel anciano, antes de acceder al interior del edificio.

Cruzó el umbral sin prisa pero sin pausa, erguido, con total confianza en si mismo. El interior era tal y cual se lo había imaginado, lleno de estanterías que soportaban los escritos de la historia de épocas pasadas. Lo que le llamó la atención fue un cofre que estaba protegido con varios sellos, ubicado en un espacio reservado, en el centro de la sala. Allí estaba el objeto de aquella misión. Cualquier necio hubiese pensado que bastaba con que se le fuese entregado, pero él ya se había imaginado que tendría que hacer algo antes y todo indicaba que así sería.

Siguió al anciano hacia una puerta lateral que conducía a otra estancia, sin romper el silencio, dispuesto a dejar que sus acciones hablasen por él. Su sorpresa fue mayúscula cuando se percató de todas las molestias que se había tomado aquel señor previas a la entrega del manuscrito, aunque su expresión facial siguió siendo totalmente neutra. Un ninja no debía mostrar sus emociones. Ante sus ojos tenía un dojo privado construido en madera envejecida era el lugar en el que se desarrollaría aquella prueba que aún no sabía en que consistía. No parecía que hubiese nada fuera de lo común y parecía haberse mantenido intacto desde hacía mucho tiempo aunque había que reconocer que resultaba un poco perturbador el vacío, el silencio y la perfección que le rodeaba en aquel preciso momento.

—Si es lo que quiere... —respondió con desgana, a la vez que se desvelaba en su orbe derecho un destello carmesí con un aspa negra y un cliso izquierdo que parecía haberse agrietado en un parpadeo acompañado por una drástica hinchazón de las venas de la zona ocular de ese mismo lado.
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02-07-2026, 10:33 PM
Aquella misión estaba escrita en su sino.

Un anciano artesano de la aldea se había enterado de su particular condición y había solicitado sus servicios en exclusiva. Al parecer, tenía en su posesión un pergamino sellado que ocultaba secretos del pasado y estaba dispuesto a dárselo al heredero del linaje de dos de los clanes mayor reputación y prestigio de la villa. Todo aquello le olía a gato encerrado. «Solo unos pocos elegidos conocen mi linaje mestizo y, mucho menos aún, la oscuridad que dio a luz mi existencia. Además, ¿por qué me ha elegido a mí cuando hay tantos Uchiha y Hyūga que estarían encantados de hacerse con el manuscrito?», aquellos pensamientos le habían asaltado desde que le habían dado los detalles relativos a aquella misión.

El crepúsculo otorgaba un aura mágica al paisaje que podía observar a lo lejos, mientras caminaba por la avenida que se alejaba de la zona más céntrica de Konoha. La muchedumbre habían quedado atrás a medida que caminaba hacia su destino, el cual alcanzó antes de darse cuenta. Ante sus ojos se erigía una residencia construida en un estilo arquitectónico antiguo, aunque con la misma moderación que caracterizaba a las casas del lugar de años ha. Aquel lugar no hablaba de la decadencia o de la gloria de épocas pasadas, sino de conocimiento, sabiduría y un cierto halo de misticismo.

El longevo cliente le estaba esperando en la entrada principal, apoyado sobre un cayado sin apartar la mirada de él. No sería tan estúpido como para dejar engañarse por lo que se observar a simple vista, pues los ojos eran el espejo del alma y él podía ver la auténtica naturaleza del ser con el poder que le había sido legado. Cualquier otra persona, en su lugar, se habría sentido intimidada o, al menos, incómoda ante la atenta mirada del susodicho. Quizás hubiese esperado ese tipo de reacción por su parte pero, por desgracia para él, no tardaría en descubrir que no se trataba de una persona normal y corriente.

—Mi nombre es Shun, ha solicitado mis servicios... —respondió antes de ser interrumpido.

«El ego humano tratará de hacer cualquier cosa que parezca imposible.». Era consciente de que casos como el suyo no se veían todos los días, pero nadie podía dar cualquier cosa por sentada o de lo contrario se vería superado por sucesos que derrumbarían sus prejuicios y sus falsas creencias. No necesitaba una clase de historia para saber que las creencias preconcebidas sobre el significado de palabras como familia, clan, linaje o sangre estaban totalmente desvirtuados y obsoletos. Él era la prueba viviente de esa realidad.

—¿Qué es un clan?... ¿Qué es una aldea?... ¿Qué es un shinobi?... —susurró más para si mismo que para aquel anciano, antes de acceder al interior del edificio.

Cruzó el umbral sin prisa pero sin pausa, erguido, con total confianza en si mismo. El interior era tal y cual se lo había imaginado, lleno de estanterías que soportaban los escritos de la historia de épocas pasadas. Lo que le llamó la atención fue un cofre que estaba protegido con varios sellos, ubicado en un espacio reservado, en el centro de la sala. Allí estaba el objeto de aquella misión. Cualquier necio hubiese pensado que bastaba con que se le fuese entregado, pero él ya se había imaginado que tendría que hacer algo antes y todo indicaba que así sería.

Siguió al anciano hacia una puerta lateral que conducía a otra estancia, sin romper el silencio, dispuesto a dejar que sus acciones hablasen por él. Su sorpresa fue mayúscula cuando se percató de todas las molestias que se había tomado aquel señor previas a la entrega del manuscrito, aunque su expresión facial siguió siendo totalmente neutra. Un ninja no debía mostrar sus emociones. Ante sus ojos tenía un dojo privado construido en madera envejecida era el lugar en el que se desarrollaría aquella prueba que aún no sabía en que consistía. No parecía que hubiese nada fuera de lo común y parecía haberse mantenido intacto desde hacía mucho tiempo aunque había que reconocer que resultaba un poco perturbador el vacío, el silencio y la perfección que le rodeaba en aquel preciso momento.

—Si es lo que quiere... —respondió con desgana, a la vez que se desvelaba en su orbe derecho un destello carmesí con un aspa negra y un cliso izquierdo que parecía haberse agrietado en un parpadeo acompañado por una drástica hinchazón de las venas de la zona ocular de ese mismo lado.
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06-07-2026, 07:38 PM
El anciano permaneció inmóvil mientras el silencio volvía a adueñarse del dojo. No hubo gesto alguno de sorpresa cuando el ojo derecho del joven adquirió el característico tono escarlata del Sharingan ni cuando las venas alrededor del izquierdo comenzaron a marcarse con la activación del Byakugan. Si acaso, sus párpados descendieron apenas un instante, como quien confirma una sospecha que llevaba demasiado tiempo esperando verificar. Sin embargo, la reacción que verdaderamente pareció despertar su interés no fue la manifestación de ambos dōjutsu, sino aquellas palabras pronunciadas casi en un susurro durante el trayecto hacia la sala.

— ¿Qué es un clan...? ¿Qué es una aldea...? ¿Qué es un shinobi...? —repitió lentamente, sin apartar la vista de Shun—. Curioso... La mayoría de quienes cruzan esa puerta hablan primero de poder. Tú has empezado por hacer preguntas.

No añadió nada más. Las respuestas, si existían, no pensaba regalarlas.

El dojo continuaba aparentando una absoluta normalidad. El suelo de madera estaba impecablemente pulido, las columnas sostenían el techo con una simetría casi perfecta y las paredes desnudas carecían de cualquier ornamento que pudiera llamar la atención. A ojos de un civil, aquella estancia no era más que una sala vacía destinada al entrenamiento. Sin embargo, en el mismo instante en que el Byakugan desplegó toda su capacidad perceptiva, la ilusión de simplicidad se desmoronó por completo.

Decenas de finísimos conductos de chakra recorrían la estancia como una inmensa red invisible, extendiéndose desde el suelo hasta las vigas del techo con una precisión casi enfermiza. Algunos eran tan delgados que habrían pasado inadvertidos incluso para un shinobi experimentado sin un dōjutsu especializado; otros convergían en pequeños sellos ocultos bajo las tablas del suelo o tras la madera de las paredes, alimentando mecanismos cuya existencia resultaba imposible deducir a simple vista. Todo el dojo estaba vivo, era un único y gigantesco fuinjutsu construido para reaccionar al menor error.

Entonces ocurrió, un leve clic rompió la quietud. No procedía de ninguna dirección concreta, sino de varios puntos a la vez.

Las paredes comenzaron a emitir un discreto murmullo mecánico y, desde compartimentos perfectamente ocultos, surgieron varias figuras articuladas de madera noble. No tenían rostro, únicamente máscaras lisas donde deberían encontrarse los rasgos humanos, y cada una sostenía un arma de entrenamiento elaborada con la misma meticulosidad que el resto de la sala. Sus movimientos iniciales fueron lentos, como si despertaran de un prolongado letargo.

El Sharingan tardó apenas un instante en advertir que aquello no era un simple autómata diseñado para atacar indiscriminadamente. Cada una de las figuras ejecutaba secuencias distintas: Una avanzaba describiendo desplazamientos circulares, otra alternaba golpes altos y bajos siguiendo una cadencia precisa, y la tercera parecía repetir un mismo patrón... hasta que, de forma casi imperceptible, alteraba el ritmo en un único movimiento antes de reiniciar toda la serie. No eran maniobras escogidas al azar. Eran patrones y fragmentos de una coreografía mecánica cuya lógica permanecía oculta bajo capas de repeticiones deliberadamente engañosas.

— La mayoría fracasa aquí —comentó el anciano con absoluta serenidad mientras observaba la escena—. Confunden ver con comprender.

Se apoyó ligeramente sobre su bastón antes de continuar.

— Los Hyūga aprendieron durante siglos a descubrir aquello que los demás eran incapaces de percibir. Los Uchiha, por su parte, perfeccionaron el arte de leer el movimiento, anticiparlo y convertir la observación en conocimiento. Dos talentos extraordinarios... pero profundamente distintos.

Las marionetas aceleraron el ritmo al mismo tiempo que la red de chakra reaccionaba a su actividad. Algunos conductos comenzaron a iluminarse tenuemente, alterando el flujo que recorría el dojo y provocando que varios sellos ocultos cambiaran de posición. Lo que unos segundos antes parecía un camino seguro dejaba de serlo, mientras otros recorridos se abrían únicamente durante un breve instante antes de volver a desaparecer bajo la madera.

— Si solo sigues los movimientos de las marionetas, terminarás activando un sello oculto. Si únicamente prestas atención al entramado de chakra, los mecanismos cambiarán antes de que puedas alcanzarlos. Ninguno de los dos ojos basta por sí solo.

Su voz seguía siendo pausada, pero había perdido parte de la frialdad inicial. Las figuras de madera adoptaron sus posiciones, listas para ejecutar la siguiente secuencia, mientras los conductos de chakra continuaban transformando la disposición de los sellos invisibles bajo los pies de Shun.

Mecánica de dados
En este turno vas a tener que lanzar un dado por Discord para ver qué tal te desenvuelves con la prueba. Debes mencionarme para yo poderlo ver y decirte qué tal te apañas para que lo narres en consecuencia. A esta tirada podrás sumar uno de tus modificadores según:
─ MFUE: Si empleas la fuerza física para imponerte a los mecanismos.
─ MCCK: Si recurres a técnicas para ayudarte superar el desafío.
─ MDES: Si utilizas armas o herramientas
─ MINT: Si analizas el funcionamiento del dojo y resuelves el desafío mediante ingenio.

1-7 (La prueba te supera): El entramado de sellos y los autómatas consiguen desbordarte. Cometes varios errores, activas mecanismos ocultos y te ves obligado a reaccionar sobre la marcha. El anciano comprobará que aún no dominas el equilibrio entre ambos legados.
8-14 (La superas con dificultades): Consigues interpretar parte del funcionamiento del dojo. Alternas correctamente entre observar los sellos y leer los movimientos de las marionetas, aunque no sin cometer algunos fallos que complican tu avance.
15-20 (Dominio sobresaliente): Comprendes rápidamente la lógica de la prueba. Coordinas tus capacidades con gran precisión, sorteando los sellos y anticipando los movimientos de los mecanismos casi sin errores. Tu actuación sorprenderá incluso al anciano, que empezará a replantearse sus prejuicios.
[Imagen: xd.png]
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22-07-2026, 11:36 PM
La coordinación que la prueba exigía se quebró por completo cuando una decisión tomada una fracción de segundo demasiado tarde desencadenó una reacción en cadena imposible de detener. Un sello oculto respondió al movimiento equivocado y, con él, lo hicieron todos los demás. El dojo entero cobró vida como si hubiese estado esperando precisamente aquel error. Las figuras de madera alteraron su trayectoria al unísono, cerrando cualquier ruta segura, mientras el entramado de mecanismos transformaba la estancia en un laberinto cambiante donde cada intento de corregir el rumbo solo conducía a un nuevo obstáculo.

No hubo golpes brutales ni un castigo desmedido, la intención de aquel sitio nunca había sido herir. Durante unos largos minutos, la sala obligó al joven a retroceder, improvisar y buscar una apertura que jamás llegó a aparecer. Finalmente, un pesado tablón descendió desde el techo con un seco estruendo, bloqueando el acceso al pedestal donde descansaba el mecanismo central. Al mismo tiempo, un último sello emitió un tenue destello antes de apagar por completo el funcionamiento del dojo.

Entonces, todo quedó en silencio.

El anciano dejó escapar una ligera exhalación y avanzó despacio hasta situarse frente a la entrada de la sala. Su expresión seguía siendo serena, aunque la severidad con la que había recibido al muchacho parecía haberse suavizado ligeramente.

— Has perdido —no lo dijo con satisfacción, sino con la naturalidad de quien anuncia un hecho incontestable—. Y, sin embargo, eso no significa que hayas fracasado.

Apoyó ambas manos sobre el bastón antes de continuar.

— Los ojos que has heredado son extraordinarios, pero la herencia por sí sola nunca ha convertido a nadie en un gran shinobi.

Su mirada se desvió un instante hacia el cofre que permanecía intacto en la estancia contigua.

— Este manuscrito seguirá bajo mi custodia. No sería justo entregártelo únicamente por el apellido que portas o por las habilidades con las que naciste. Si algún día regresas, quiero que sea porque has encontrado aquello que hoy te faltó.

El anciano hizo una leve inclinación de cabeza, dando por terminada la visita. Sin añadir una sola palabra más, se volvió hacia el interior de la vivienda, dejando atrás el dojo y el antiguo manuscrito. La prueba había llegado a su fin, y el secreto que custodiaba permanecería, una vez más, aguardando al próximo digno de reclamarlo.

Misión finalizada
[Imagen: xd.png]
Masashi Kishimoto
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23-07-2026, 12:17 AM
¡Recompensas de Misión Entregadas!

Tema: [Normal E] El Espejo de las Dos Familias (TID 13809)
Tipo: Misión Normal · Rango: E
  • Issei — Narrador No Oficial (100%): 250 Ryos, 0 Tobis, 35 Exp, Pergamino PERG001
  • Shun — Participante (80%): 200 Ryos, 2 Tobis, 40 Exp

¡Felicidades a todos los shinobi involucrados en esta misión! Que sigan forjando su leyenda.
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