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[Misión D] Visperas del Festival
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24-06-2026, 02:53 PM
Última modificación: 29-06-2026, 07:32 PM por Narrador General.
[Misión D] Visperas del Festival
Año: 150. Verano. Día 24
Lugar: Konoha

La tarde iba cayendo sobre Konoha y la aldea ya no sonaba igual. La avenida principal, esa que cruzaba desde la zona del Edificio Kage hacia el este, estaba tomada por puestos a medio montar, faroles de papel, telas rojas y verdes colgadas entre balcones, familias cargando cajas, niños corriendo con máscaras baratas y vendedores probando fogones antes de que empezara  la noche previa al festival. Cerca del área de Asignación de Misiones, los genin iban y venían con encargos menores, porque en vísperas del Día de Konoha nadie descansaba del todo. La aldea podía estar de fiesta, sí, pero seguía siendo Konoha. Esa costumbre de proteger lo propio venía desde la misma historia de la aldea, levantada como refugio, organizada por clanes y acostumbrada a cuidar sus entradas, sus recursos y su paz interna.

Kyōraku Senju fue uno de esos llamados antes de que el sol terminara de esconderse. La misión no parecía complicada en papel, pero tenía ese tipo de detalles que podían torcer una noche entera si se descuidaba. Un comerciante y terrateniente del País del Fuego, un hombre de esos de ropas caras y manos llenas de anillos, estaba en Konoha cerrando acuerdos antes del festival. Había pasado el día entrando y saliendo de reuniones, hablando con representantes y revisando permisos, mercancías y tratos. A su lado estaba su hija, Kaori, una joven bien vestida, curiosa y claramente cansada de esperar sentada mientras su padre hablaba de tierras, contratos y cargas de arroz. El hombre pidió que un genin la acompañara por la aldea durante la noche, que la dejara ver el ambiente previo al festival, comer algo, pasar por los juegos, mirar el teatro callejero y llegar a tiempo para los fuegos artificiales sin perderse. Osea, que conociera Konoha...la verdadera Konoha.

El encargado de misiones le explicó a Kyōraku la ruta recomendada con un dedo sobre el mapa: salir desde la zona administrativa, bajar hacia los puestos de comida cercanos al Puesto de Ramen, cruzar por donde estaban montando los juegos y las decoraciones, pasar por la Tienda de Dango si la muchacha insistía en probar dulces, y luego moverse hacia una zona abierta cuando la noche estuviera más avanzada. Una ruta sencilla, algo fácil. QUe pudiera ver lo bonito de la aldea sin exponerse al peligro de la noche. El teatro se estaba armando cerca de una plaza despejada, con bancas temporales y un pequeño escenario de madera, mientras los fuegos artificiales serían lanzados lejos de los techos y los comercios para evitar accidentes. 

Kaori lo esperaba a las puertas del Edificio Kage, justo al lado de un policía de turno que mantenía una mano apoyada en el cinturón y la otra sobre una tablilla con los datos de la misión. Era una niña de 12 años, de rostro fino y expresión despierta, con el cabello oscuro recogido con una cinta sencilla y un vestido claro que se notaba caro, pero incómodo para alguien que quería caminar, correr y meterse entre puestos de comida. Llevaba una pequeña bolsa colgando del brazo, zapatos limpios y una mirada inquieta que saltaba de un lado a otro cada vez que escuchaba música, risas o el grito de algún vendedor en la avenida. Se notaba que venía de una familia importante, por la ropa, por la forma en que el policía la vigilaba y por la confianza con la que se mantenía de pie, pero también se notaba que seguía siendo una niña: impaciente, curiosa, emocionada por la fiesta y aburrida de esperar adultos que solo hablaban de negocios. El policía recibió a Kyōraku cuando se acercó, le confirmó el nombre de la muchacha y le dejó claro que, desde ese momento, su seguridad quedaba bajo responsabilidad del genin.
Kyōraku Senju
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24-06-2026, 05:34 PM
La aldea estaba convulsionada de extremo a extremo. No parecía existir una sola alma que no estuviese en movimiento en vísperas de la celebración del Dia de Konoha. Comerciantes, vendedores, turistas del país del fuego, curiosos y aldeanos ocupaban las principales arterias de la aldea.

Incluso la economía ilegal hacia presencia, viendo en aquella aglomeración de cuerpos una oportunidad para llenar un poco sus bolsillos. Robos. Cartertersitas. Estafadores. Comida de origen dudoso.

Kyōraku atravesó la avenida principal dirigiéndose hacia el edificio del Kage, donde había sido convocado. No tenía completa claridad sobre la misión asignada, aunque se le había informado que guardaba relación con un comerciante reconocido del País del Fuego.

Fue al alcanzar el edificio cuando recibió la información de un guardia que escoltaba a una niña de unos doce años.

Demasiado joven.

Rostro delicado. Actitud vivaz y elocuente.  Maneras refinadas y vestimenta elegante, poco adecuada para una noche entre puestos, tierra, comida caliente y niños corriendo con máscaras. Ropajes de buena tela que contrastaban con la inquietud traviesa, infantil y curiosa de la joven. Una expresión demasiado despierta para alguien a quien le habían pedido esperar.

El Senju no consideraba aquella misión especialmente difícil. Y, a pesar de todo, tampoco le disgustaba. Al fin y al cabo, en su pensamiento los ninjas debían acatar las ordenes o misiones que se les asignaran. No era su tarea cuestionar. Era acatar con disciplina y resolver con diligencia.

Kyōraku recibió las indicaciones en silencio. Sus ojos siguieron el recorrido sobre el mapa mientras elaboraba en su mente la disposición espacial del trayecto.
Lugares abiertos. Multitudes. Ruido. Colores. Espectáculos callejeros. Puestos aún a medio montar. Callejones laterales. Demasiadas manos moviéndose entre demasiadas personas.

Luego bajó la mirada hacia Kaori, no sonrió. Tampoco la trató con dureza.

- Empezaremos por donde desees – Giró apenas el rostro hacia la avenida – Solo una indicación, no te separes de mi – dio el primer paso hacia la calle principal donde los faroles comenzaban a encenderse y su camino se llenaba poco a poco de ruido, vapor de comida y promesas de fiesta.

[Imagen: kaori-2.png]
[Imagen: Kyoraku-spirit.png]
Ficha de Kyōraku Senju

[Imagen: byakuya-signature.png]
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24-06-2026, 07:51 PM
Kaori obedeció la indicación de Kyōraku durante menos de diez pasos. No se separó de él, eso era cierto, pero caminaba con una energía difícil de contener, pegándose a su lado, adelantándose medio cuerpo, volviendo atrás, señalando un puesto, luego otro, lueego una fila de faroles que todavía staban siendo encendidos antes de que el cielo terminara de oscurecer. El festival era mañana, el verdadero Día de Konoha todavía no había llegado, pero la aldea ya estaba metida en esa fiebre previa donde todos trabajaban rápido y hablaban más fuerte de la cuenta. Desde el Edificio Kage, la avenida principal bajaba cargada de movimiento: comerciantes ajustando toldos, niños corriendo con máscaras de animales, turistas del País del Fuego preguntando precios, guardias intentando mantener despejadas las esquinas y cocineros prendiendo brasas que llenaban el aire con olor a caldo, carne asada, masa dulce y aceite caliente. Kaori parecía querer probarlo todo al mismo tiempo. Preguntó si podían ir primero por dango, luego cambió de idea al escuchar música, después quiso ver unas máscaras pintadas a mano y al final terminó caminando de puntillas para mirar por encima de la gente hacia donde unos hombres montaban un pequeño escenario de madera. No estaba asustada por la multitud. Al contrario, la multitud la alimentaba. Cada ruido le daba una nueva idea.


La niña hablaba sin parar. Preguntaba si todos los ninjas vivían tan serios, si el Estadio se usaba para combates reales o solo para exhibiciones, si los fuegos artificiales de mañana se verían desde la Roca Hokage, si alguna vez habría otro rostro marcado en esa montaña, si Kyōraku había comido alguna vez tres brochetas seguidas sin enfermarse. Apenas esperaba respuesta antes de lanzar otra pregunta. A cada rato intentaba detenerse frente a algún puesto y luego seguía caminando antes de que el vendedor pudiera terminar la frase. Sus ropas elegantes empezaban a perder esa rigidez de niña bien cuidada: una manga rozó una caja de harina, el borde del vestido atrapó polvo de la calle y una cinta del cabello se aflojó con tanto giro de cabeza. Aun así, ella no parecía notarlo. Estaba demasiado ocupada mirando Konoha en vísperas, llena de manos apuradas, luces colgantes, comida callejera, voces de vendedores y guardias con cara de cansancio. En medio de ese desorden bonito, también había señales menos limpias. Dos hombres discutían por una apuesta falsa cerca de un juego de aros. Una mujer vendía dulces sin sello sanitario desde una canasta cubierta. Un muchacho demasiado rápido pasaba rozando bolsillos ajenos. La fiesta todavía no había empezado oficialmente, pero los problemas ya estaban buscando sitio.

El obstáculo llegó en la intersección cercana a los puestos de comida, justo cuando Kaori vio una máscara de zorro pintada con líneas rojas y se inclinó hacia el vendedor sin pedir permiso. Un carro grande, cargado con tablones para el teatro, faroles de papel y varias cajas de fuegos artificiales para la función de mañana, intentó cruzar entre la gente por una calle demasiado llena. El conductor gritó para abrir paso, pero nadie se movió a tiempo. Una rueda golpeó una piedra suelta, el eje crujió y el carro se inclinó con violencia. Primero cayeron los faroles. Luego una caja se abrió contra el suelo y soltó tubos de pólvora envueltos en papel. Un brasero de comida recibió el golpe de un tablón, se volcó, y las brasas rodaron directo hacia la caja abierta. La multitud entendió el peligro tarde, pero cuando lo entendió, empujó en todas direcciones. Gritos. Codazos. Niños llorando. Vendedores intentando salvar mercancía. Y en ese primer empuje, Kaori perdió el equilibrio, se soltó medio paso de Kyōraku y quedó atrapada entre un grupo de personas que retrocedía hacia un callejón lateral. Al mismo tiempo, uno de los carteristas aprovechó el caos y metió la mano hacia la bolsa de la niña. Frente al Senju, la situación se partió en tres problemas al mismo tiempo: las brasas acercándose a la pólvora, la multitud a punto de aplastar a varios civiles, y Kaori, su objetivo de escolta, siendo arrastrada lejos en medio del desorden.
Kyōraku Senju
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24-06-2026, 11:01 PM
Kaori asintió a la única indicación que el gennin le había dado. Sin embargo, aquella directriz duró poco más de un minuto. En cuanto los preparativos del festival se abrieron ante ellos, cualquier acuerdo previo quedó anulado por las luces, los olores, los colores y los sonidos de la avenida.

Kyōraku no se sorprendió. De alguna manera había sido demasiado optimista al esperar algo diferente.

La niña no se separaba del todo, pero su cuerpo parecía pertenecer más al festival que a la escolta. Medio paso adelante. Medio paso atrás. Un puesto. Otro. Una máscara. Un farol. Una voz nueva entre la multitud ofreciendo dulces, o brebajes, o flores o cualquier otra cosa.

El Senju caminaba a su lado en silencio, con la mirada mucho menos interesada en los colores que en los huecos que se abrían entre las personas.

Allí entre la gente, el barullo y el ánimo de las festividades cualquier cosa podía pasar.

Y entonces ocurrió. Un carro cargado de tablones, cajas y mercancía cruzó con demasiada prisa en plena intersección concurrida. La maniobra por no arrollar a los transeúntes fue brusca y como consecuencia una de las ruedas golpeó una piedra suelta con gran fuerza y velocidad, levantándose lo suficiente para perder estabilidad.
El eje crujió. La mercancía golpeó contra la madera del carro con violencia. Algunos faroles cayeron. Una de las cajas se abrió contra el suelo, desparramando su contenido sobre la calle. Tubos de pólvora envueltos en papel rodaron en la tierra.

Acto seguido uno de los tablones de la carreta golpeó contra un brasero, derramando también su contenido. Las brasas se dispersaron como insectos encendidos sobre la piedra.

La multitud entendió tarde, siempre entendía tarde y mal.

Los gritos llegaron primero, luego los empujones, luego los cuerpos moviéndose en direcciones contrarias, sin orden, sin propósito, sin pensamiento.

Kaori perdió el equilibró y comenzó a alejarse como si estuviera siendo devorada por la multitud. Una mano ajena, probablemente atenta desde antes, se deslizo hacia la bolsa de la joven.

El bolso dejo de importar. Mas cuando algunas brasas rodaban al encuentro con la pólvora derramada. Su misión no era proteger seda, monedas ni caprichos de comerciante. Su Misión era la niña. Su objetivo, devolverla entera.

Kyōraku se movió antes de que Kaori terminara de ser arrastrada. Su mano izquierda intentó atrapar la muñeca de Kaori con firmeza, no con delicadeza. Trató de acercarla contra sí para después sujetarla por la cintura, apretándola contra su pecho mientras interponía el cuerpo entre ella y una eventual explosión.

✔Aprendida · 17-06-2026
◈Taijutsu
✦Nivel: 1
#ID: TAIJ003R
◔Coste
35 de Chakra, 25 de Chakra por Turno
▣Descripción

Agarre es una técnica de sujeción que busca inmovilizar al oponente mediante fuerza y precisión, superando a los Golpes Fuertes durante Entablar Taijutsu. En este sistema, utiliza una comparativa entre los modificadores de Fuerza y Destreza combinados del usuario. Durante Entablar Taijutsu, el Agarre equivale a tomarle el brazo al oponente o agarrarlo por la ropa. Esto no inflige daño ni restringe totalmente a su oponente, pero, si tiene éxito, otorga ventaja a la siguiente maniobra del usuario sin importar el tipo de técnica contra la que se enfrente. Además, impide que el oponente rompa el Entablar durante su siguiente turno. En caso de que ambos realicen Agarre durante Entablar Taijutsu, el que posea más Fuerza será quien prevalezca.

Fuera de Entablar Taijutsu, Agarre aplica Control Físico directo sobre el oponente, impidiendo que se mueva de su lugar y utilizando la estadística de Fuerza del usuario como base del sometimiento. Durante el Agarre, el usuario podrá mover a su objetivo, golpearlo con Golpe Rápido sin romper el agarre o arrojarlo al suelo con un Golpe Fuerte, rompiendo el Agarre. El Agarre no impedirá que el oponente intente defenderse, siempre manteniendo la lógica del agarre. Si el objetivo es agarrado por la espalda, será difícil que pueda defenderse; sin embargo, si es agarrado de frente, podrá golpear o incluso usar sus manos para defenderse.

✧Efecto
25 (FUE) de Comparativa en Control Físico, 6 (MFUE+MDES) de Comparativa en Entablar Taijutsu


Entonces, una vez asegurado su objetivo, salto hacia adelante, sentido contrario al choque del carro. Uso el borde de un puesto como primer apoyo y la pared lateral como segundo, elevándose con Kaori sujeta contra el pecho hasta alcanzar el techo más cercano esperando estar lo suficientemente lejos.

El ruido de abajo se deformó en una masa de gritos, madera golpeando piedra y pasos desordenados.

Kyōraku cayó sobre las tejas con una Rodilla flexionada, manteniendo a la niña protegida bajo el peso de su brazo y de la bufanda blanca que se agitó con el movimiento.

Chakra: 275/310
[Imagen: Kyoraku-spirit.png]
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25-06-2026, 03:48 AM
Kyōraku alcanzó a Kaori antes de que la multitud terminara de tragársela. Su mano se cerró sobre la muñeca de la niña con fuerza limpia. El tirón la sacó del empuje justo cuando varios cuerpos se movían hacia el callejón lateral, y en el mismo movimiento el Senju la pegó contra su pecho, usando su propio cuerpo para cubrirla del caos de la calle. La mano del carterista apenas rozó la bolsa de la niña antes de quedarse vacía. Kaori ya no estaba ahí. El ladrón intentó perderse entre la gente, pero el pánico lo empujó contra un vendedor que cargaba una bandeja de bollos calientes. La bandeja salió volando, los bollos cayeron al suelo y el muchacho terminó cubierto de harina, aceite y reclamos. Abajo, nadie estaba pensando con claridad. La gente empujaba por instinto, gritaban por sus puestos, y Kyōraku sabiamente decidió irse de todo aquello. Usó el borde de un puesto como apoyo, luego la pared lateral, y subió con Kaori sujeta contra el pecho hasta caer sobre el techo más cercano. Las tejas crujieron bajo el peso de ambos, pero resistieron. Kaori quedó fuera del tumulto, con el cabello revuelto, la cinta floja y los ojos abiertos por el susto. Para ella, todo aquello había sido increíble.

La pirotecnia, por suerte, no respondió con la tragedia que todos imaginaron. Las brasas alcanzaron uno de los tubos regados en la calle y lo encendieron con un silbido agudo, pero aquello era pólvora barata de festival, mal guardada, escandalosa y poco más. El tubo salió disparado hacia arriba, reventó en una explosión seca y llenó la intersección de humo gris, chispas rojas y un olor fuerte a quemado. La gente gritó igual, pero cuando el humo empezó a despejarse, quedó claro que la explosión grande nunca llegó. Solo susto, humo, mercancía arruinada y media calle insultando al mismo hombre. Desde el techo, Kaori se inclinó demasiado para mirar mejor.

Entonces uno de los tubos encendidos, el que nadie vio rodar bajo la carreta, salió torcido hacia una tienda cercana y se metió por debajo de la cortina de tela. Hubo un segundo de silencio. Luego vino un golpe sordo desde dentro del local. No fue una explosión grande, pero sí suficiente para romper cajas, levantar polvo y espantar a todo animal que estuviera descansando detrás. Primero salió humo por la entrada. Después se escuchó un chillido grave, furioso, lleno de pánico. Y entonces cinco cerdos enormes salieron del callejón junto a la tienda, uno tras otro, corriendo sin control hacia la avenida. Eran animales gordos, pesados, cuidados para el concurso de mañana en la noche, con cintas todavía amarradas al cuello y barro fresco en las patas. El primero chocó contra un puesto de frutas y lo levantó por un costado, tirando manzanas, cajas y al vendedor al suelo. El segundo embistió a dos hombres que intentaron pararlo y los mandó rodando contra unos sacos de arroz. El tercero atravesó una fila de bancas pequeñas y partió la madera en pedazos. Los otros dos venían pegados, chillando, empujando, arrastrando cajas y obligando a todos a abrirse paso a la fuerza. Eran cinco masas vivas, asustadas, pesadas e imparables, bajando por la calle hacia donde todavía había niños, faroles bajos, puestos llenos de comida caliente y gente demasiado cerca para reaccionar bien. Kyōraku tenía a Kaori segura en el techo, pero abajo la misión acababa de cambiar otra vez...Y esta vez, en forma porcina.
Kyōraku Senju
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26-06-2026, 04:10 AM
Abajo, la calle había dejado de ser una ruta de festival para convertirse en una masa torpe de humo, gritos y madera rota. La pólvora, por fortuna, no había destruido la avenida. Pero, por desgracia, había hecho algo casi igual de inconveniente, liberar y asustar a cinco animales, enormes, pesados y aterrados en medio de civiles que, como siempre entendían tarde y reaccionaban peor.

Kaori se inclinaba demasiado por sobre el techo, observando en primera fila el caos que desencadenaban las acciones imprudentes de quienes no pensaban lo suficiente en las consecuencias.

Kyōraku la sujeto por el hombro antes de que el techo pudiera convertirse en otro problema. Con un movimiento rápido, la alzó y la acomodó a su espalda mientras echaba a correr por las tejas, siguiéndole el paso a aquella calamidad de trompa ancha y cola retorcida.

- ¡Sujetate! – No había terminado la frase cuando ya perseguía a la estampida desde arriba.

Eran cinco de ellos, vivos, gordos, cubiertos de barro y miedo. Y de forma casi ofensiva, adornados con lazos que les daban el toque perfecto de ternura.
Una ternura arrolladora.

Avanzaban entre puestos de comida, faroles bajos y transeúntes que todavía no sabían hacia donde correr. Golpearlos sería inútil, eran una masa compacta de carne en movimiento. Herirlos no cambiaría nada. Un animal asustado no se detenía por dolor, reaccionaba de formas impredecibles.

Las tejas crujieron bajo sus sandalias, pero el Senju no perdió el ritmo. Corrió en paralelo a la estampida, siguiendo desde arriba la línea de destrucción que los cerdos abrían en la avenida. Desde el suelo habría tenido menos visión, menos margen y demasiados cuerpos entre él y el problema. Desde los techos, al menos tenía un panorama más amplio y más opciones de acción.

- ¡Contra las paredes! – Su voz descendió sobre el ruido. Sus ojos recorrieron la avenida. Puestos volcados, cajas de fruta. Faroles bajos. Y más adelante, un grupo de niños demasiado cerca de ser arrollados con toda la potencia de aquellos cuerpos en movimiento.

Kyōraku observo también, una calle lateral parcialmente despejada, un callejón con poca vida, usado como almacén temporal de cajas y barriles apoyados contra sus costados. Justo en aquella intersección, un toldo amplio y rojo cubría toda la calle, sosteniéndose por amarres tensos a lado y lado de la vía.

<<No se detiene una avalancha desde el frente >>

Su mano se fue hacia el porta equipo mientras aumentaba la velocidad adelantándose a la línea de los cerdos.

<<Se le muestra el camino…>>

El Kunai salió disparado en un destello oscuro desde el techo buscando el amarre enfrente de ellos, cruzando la calle, el punto exacto donde la cuerda mantenía suspendida la tela sobre la avenida.

El arma silbo hacia la cuerda y el nudo cedió. El toldo comenzó a vencerse hacia un costado, solando una masa roja de tela que empezó a caer sobre la calle como una sombra repentina.

- Sujétate fuerte! – Kyōraku no espero a que la lona terminara de caer. Tomaría demasiado tiempo. Saltó desde el borde del techo, descendiendo apenas lo necesario para alcanzar el extremo de la cuerda cortada. Sus dedos se cerraron sobre ella con fuerza y tiraron hacia abajo y hacia un lado, acelerando la caída del toldo para que la tela invadiera la vía antes de que los animales alcanzaran la intersección.

Al aterrizaje no se quedóo allí, con Kaori sujeta a la espalda, apoyó un pie contra la pared lateral y uso el mismo impulso del tirón para elevarse de nuevo, buscando recuperar altura antes de quedar atrapado en la trayectoria de la estampida.

La intención era utilizar el toldo, no como muro, sino como una sombra repentina, como una interrupción blanda, amplia e irregular que con suerte corregiría la dirección de los animales haciéndoles elegir la salida abierta hacia la calle lateral.

Si los animales aún conservaban algo parecido al instinto, tomarían el camino que parecía menos cerrado, si el caos tenía algo de misericordia, también.
[Imagen: Kyoraku-spirit.png]
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26-06-2026, 06:29 PM
El toldo cayó a tiempo. Lo bastante ancho y repentino para romperle la lectura del camino a los animales. La tela roja se desplomó desde arriba con un golpe seco, arrastrando polvo, cuerda suelta y varios faroles apagados. El primer cerdo frenó las patas delanteras al ver la masa de color invadiendo la avenida y patinó sobre la tierra, dejando dos marcas hondas antes de girar hacia la única salida abierta. El segundo chocó contra su costado, el tercero se le fue encima, y por un instante toda la estampida se apretó en una bola de chillidos, barro y lazos torcidos. La calle lateral estaba ahí, libre, y los cinco terminaron tomando esa ruta con la misma violencia con la que habían venido. Pasaron rozando barriles, tiraron cajas vacías y reventaron contra la pared un puesto de escobas. Lo importante era que no alcanzaron a los niños. Dos guardias que venían corriendo desde la avenida principal se tiraron contra la multitud para empujar a los civiles hacia las paredes, y esta vez la gente obedeció más rápido. Abajo quedaron frutas reventadas, tablones partidos y vendedores reclamando pérdidas, pero la avenida principal respiró. El golpe grande no había caído sobre los cuerpos.


Kyōraku recuperó altura justo antes de que el último cerdo pasara por debajo. Las tejas volvieron a quejarse bajo sus sandalias, y Kaori, todavía sujeta a su espalda, soltó una risa nerviosa que murió apenas vio la calle desde arriba. Ya no parecía tan divertido cuando el desastre dejaba personas en el suelo, canastas volcadas y niños llorando contra las piernas de sus padres. Uno de los guardias levantó la mirada hacia el Senju y señaló la calle lateral con toda la cara roja del esfuerzo. Desde ahí se escuchaban golpes contra madera, chillidos y barriles rodando. Los cerdos no habían sido detenidos. Solo habían sido sacados de la avenida principal. La solución había servido para salvar a la mayoría, pero el problema seguía vivo y ahora estaba encerrado en una calle estrecha, con menos espacio para maniobrar. Kaori apretó los brazos alrededor del cuello de Kyōraku, ya sin la misma emoción de antes. Abajo, una mujer recogía a un niño del suelo, un vendedor intentaba apagar brasas con un saco de harina y el conductor de la carreta repetía que los animales no eran suyos, que él solo transportaba tablones, que nadie le había dicho nada de cerdos de concurso. Nadie le hizo caso. La noche previa al festival acababa de convertirse en un trabajo de limpieza enorme.

El nuevo problema apareció al fondo del callejón lateral. Los cinco cerdos avanzaban directo hacia una zona de almacenaje temporal del festival, donde habían dejado jaulas, sacos de alimento, barriles de agua, decoraciones y parte de la tarima del teatro de mañana. La calle terminaba en una reja de madera, cerrada con una cadena floja, y detrás de esa reja había más animales preparados para concursos, exhibiciones y ventas. Gallinas, cabras pequeñas, dos terneros jóvenes y varias cajas llenas de materiales de decoración. Si los cerdos rompían esa entrada, el desastre se iba a multiplicar por toda la zona trasera del festival. Ya no serían cinco animales corriendo. Serían quince, veinte, tal vez más, todos escapando en direcciones distintas por una aldea llena de puestos y civiles. Para empeorar la escena, uno de los barriles golpeados por la estampida se soltó de una pila y empezó a rodar calle abajo, directo hacia un guardia que intentaba cerrar el paso con una cuerda y hacia una niña pequeña que se había quedado paralizada junto a una pared. Kyōraku tenía segundos. Desde el techo podía ver todo: los cerdos llegando a la reja, el barril ganando velocidad, los guardias demasiado lejos, Kaori sobre su espalda y la avenida principal apenas recuperándose del primer caos. El festival de mañana seguía intacto por ahora, pero esa última esquina estaba a punto de decidir si la misión terminaba con un susto controlado o con media Konoha persiguiendo animales hasta la madrugada.
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29-06-2026, 06:27 PM
Última modificación: 29-06-2026, 06:34 PM por Kyōraku Senju.
El toldo había cumplido su función. No detuvo a los animales, pero los había desviado de la avenida principal evitando por el momento un escalamiento mayor del caos.

Sin embargo, la embestida porcina aún no había culminado. Al tomar la curva los cinco cerdos continuaron por el callejón, causando desastre a su paso.

Desde el techo, Kyōraku sintió el crujido de las tejas bajo sus sandalias mientras el último cerdo pasaba por debajo, chillando cubierto de barro y con un lazo rosado torcido contra el cuello. Kaori seguía sujeta a su espalda, pero lo risa nerviosa que había escapado de ella murió al ver la avenida desde arriba. El desastre ya no parecía un juego.

Abajo quedaban frutas reventadas, tablones partidos, vendedores gritando y niños llorando, escondiéndose bajo los kimonos de sus progenitores. La algarabía que antes parecía vistosa y llamativa perdía cualquier encanto cuando dejaba gente en el suelo.

Su atención volvió a dividirse. Por un lado, siguiendo la línea del callejón lateral, los cinco cerdos avanzaban hacia una zona de almacenaje temporal del festival. Jaulas, sacos de comida, barriles de agua, decoraciones y partes de una tarima aun desmontada. Mas allá, una reja de madera cerrada con una cadena floja separaba aquel desorden de otros animales.

Si la estampida llegaba hasta allí con toda su fuerza, la situación podía multiplicarse a una escala mucho mayor.

Por el otro lado, un pesado barril rodaba dando tumbos y pequeños saltos a su avance, amenazando con llevarse por delante a una niña paralizada justo al final de su recorrido.

Durante una fracción de segundo, todo quedo dispuesto ante él como piezas sobre una mesa.

El camino del shinobi consistía muchas veces en aquello. Tomar decisiones que afectaran a la menor cantidad posible de personas. Por difíciles que fueran. El barril era un peligro inmediato. La reja, una catástrofe multiplicándose. Y Kaori seguía en su espalda sujetándose cada vez con más fuerza.

Kyōraku desenfundo sus últimas dos Kunais del portaobjetos - ¡Guardia! – su voz cortó el aire con una dureza poco habitual incluso en él. – ¡La niña!, ¡ahora! – No espero a comprobar si obedecía.

Para él delegar no era confiar, era aceptar que dos manos no podrían cerrar todos los frentes de un desastre. Incluso era posible que al guardia no le bastara el tiempo para interceptar la trayectoria del barril o desplazar a la niña. Por eso, antes de abandonar aquel punto, lanzó una de las kunai hacia el terreno justo enfrente de los pies de la niña, lo bastante cerca como para intentar romper ese estupor paralizante en el que se encontraba sumergida sin buscar herirla.

– ¡MUEVETE! – Fue casi una orden. Una sacudida. Una última oportunidad para que su mente despertara y reaccionara.

Kaori apretó los brazos alrededor de su cuello cuando Kyōraku volvió a moverse, abandonando su posición con una poderosa aceleración – No te sueltes – dijo sin girar el rostro hacia ella.

Dejarle allí arriba podía ser una opción, pero si resbalaba y caía su misión entera podía verse comprometida. No iba a convertir a su protegida en otro problema.

Avanzó por la línea de los techos en paralelo al callejón, siguiendo desde arriba la trayectoria de los cerdos. Una reja de madera no detendría aquella embestida. Tendría que apelar a algo más simple. Al Instinto. Eran cerdos grandes, pesados, asustados y tal vez hambrientos.

Kyōraku adelantó a los animales y descendió en la zona de almacenaje. Con la kunai restante cortó varios sacos de comida, rasgando la fibra de los sacos para que el grano, la mezcla o lo que fuese que alimentara a los animales se derramara sobre el suelo antes de la reja.

Si el olor ocupaba el espacio entre los cerdos y la reja, tal vez el pánico encontraría algo distinto a lo que obedecer.

Kyōraku apretó la mandíbula. Sería su última apuesta para salvar la noche.
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
Enlace al Post
29-06-2026, 07:29 PM
El grano cayó sobre la piedra en una lluvia seca, abriéndose en manchas claras frente a la reja. El olor llenó el callejón antes de que la estampida llegara a chocar. El primer cerdo bajó la cabeza por instinto, frenando de golpe con las patas abiertas y el barro levantado bajo el cuerpo. El segundo se le fue encima, el tercero empujó desde atrás y los otros dos terminaron apretados contra la masa de carne y chillidos que ellos mismos habían formado. Durante unos segundos el callejón entero tembló con el golpe de esos cuerpos enormes contra sacos, barriles y cajas, pero la reja resistió. Al ver la comida, uno empezó a comer con desesperación, luego otro, y después los cinco quedaron metidos entre el grano derramado, empujándose con el hocico y moviendo los lazos torcidos del cuello mientras mordían el suelo lleno de alimento. Detrás de la reja, las gallinas cacareaban, las cabras golpeaban las tablas y los terneros retrocedían inquietos, pero ninguno llegó a escapar. La catástrofe se quedó encerrada en ese callejón estrecho, convertida en cinco cerdos sucios comiendo donde antes casi habían destruido media zona trasera del festival.

El barril, por su parte, siguió rodando hasta el último segundo. La kunai clavada frente a la niña rompió su parálisis con un golpe seco en la piedra. La pequeña soltó un grito, retrocedió de golpe y cayó sentada justo cuando el guardia llegó a ella desde un costado. El hombre terminó tirándose encima, cubriéndola con el cuerpo mientras el barril pasaba rozando sus botas y se estrellaba contra la pared del callejón con un estruendo hueco. La madera se abrió por un lado y el agua salió disparada, mojando al guardia, a la niña y a un vendedor que acababa de asomarse para ver si ya podía seguir vendiendo. El silencio se apoderó del lugar por un breve momento. Luego, al ver que la niña estaba entera, que el guardia solo tenía el orgullo golpeado y que el barril no había roto más que unas cajas viejas, la calle empezó a recuperar sonido humano. Nuevamente reclamos, tos por el polvo, órdenes de los policías y llantos que poco a poco se volvían quejas. La avenida principal seguía hecha un desastre, pero ya no estaba fuera de control.

Los guardias tardaron varios minutos en cerrar el paso, amarrar mejor la reja y traer a los encargados de los animales. Los cinco cerdos fueron rodeados con cuerdas, cubetas de comida y mucha paciencia de gente que claramente no estaba cobrando suficiente por estar allí. Los vendedores recogieron lo que pudieron. Kaori fue entregada sana y salva, con el vestido manchado, el cabello desordenado y una cara muy distinta a la del inicio. Seguía teniendo los ojos despiertos, pero ahora miraba la calle con más cuidado. Cuando su padre apareció acompañado por dos hombres de negocios y un policía, se encontró a una niña sucia, agitada y entera, contando demasiado rápido que había visto. El comerciante palideció primero, se enfureció después y terminó tragándose ambas reacciones cuando los guardias explicaron que la escolta había evitado daños mayores. El festival de mañana seguía en pie. La avenida tendría que limpiarse, varios puestos tendrían que ser reparados y alguien tendría que responder por transportar pirotecnia de esa manera, pero Kaori regresaba con su padre sin heridas. Para una misión de escolta en vísperas del Día de Konoha, eso bastaba.

Misión cumplida.
Moderador Shinigami
Rango Staff
Clan Sin Clan
Nivel 3
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia45(2)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu12
Sigilo9
270
255
Enlace al Post
29-06-2026, 08:30 PM
Última modificación: 29-06-2026, 08:31 PM por Moderador Shinigami.
Recompensas Entregadas.
Kyoraku Senju: 
Ryos: 1650 ⭢ 2150
Tobis: 32 ⭢ 37
Experiencia: 985.76 ⭢ 1055.76
Narrador General:
Ryos: 2200 ⭢ 2950
Experiencia: 133.83 ⭢ 183.83
Pergamino Rango D 

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