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Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Agua   ›   Kirigakure no Sato
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[D] Perros Jóvenes, Cadena Corta.
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21-06-2026, 08:16 PM
Última modificación: 21-06-2026, 08:20 PM por Koga.
Dentro de los muros de Kirigakure la niebla aveces solía adherirse con facilidad a los corredores de piedra y amortiguar incluso los sonidos más cotidianos de la vida diaria, el Área de Entrenamiento Norte estaba dentro de las murallas y cerca del distrido de residencia de clase baja, pero incluso con ello a veces se podía escuchar algun que otro eco de la vida diaria de Kirigakura; para ese día en particular se había escogido una forma más contenida de instrucción. La habitual amplitud de sus terrenos de práctica había sido sustituida por una sala grande y cerrada, elegida específicamente para esta asignación.

La decisión de utilizar una única sala espaciosa en lugar del patio abierto había sido adréde. Permitía una visibilidad controlada, variables limitadas e intervención inmediata en caso de que alguno de los reclutas más jóvene ses excediera demasiado de los límites durante la práctica. Se habían dispuesto tatamis para definir límites informales de combate, mientras que marcadores simples de entrenamiento indicaban el espaciamiento para los ejercicios grupales. La atmósfera cargaba con la tensión contenida de una instrucción en progreso: estructurada, supervisada y cuidadosamente moderada.

El instructor asignado a la sesión, aún en proceso de recuperación de una lesión, quedando bastante evidente por su brazo vendado, ya había organizado al grupo de reclutas de la academia antes de la llegada del apoyo adicional. Los estudiantes, todos ellos jóvenes e inexpertos, habían sido reunidos a la espera de una sesión de ejercicios guiados centrada en disciplina básica de combate, casi todos los elementos estaban presentes excepto por dos de ellos, de los cuales solo el instructor tenía idea. El resto de los estudiantes estaban todos en la penúmbra, figurativamente hablando, sobre los giros que podría traer ese día.

La estructura de la misión requería a ambos Gennin como extensiones funcionales de la instrucción, individuos capaces de corregir la forma, evitar escaladas accidentales y/o servir como oposición controlada durante secuencias básicas de combate. Era un formato diseñado para tender un puente entre el aprendizaje teórico y la aplicación práctica, especialmente bajo las limitaciones impuestas por la condición del instructor. En este punto, todo estaba preparado excepto los últimos elementos de la sesión. 

El punto de convergencia restante, la llegada de Kuren e Issei, seguía pendiente, con la sesión a punto de comenzar en cuanto su presencia se hiciera evidente.
Issei
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21-06-2026, 10:28 PM
Última modificación: 21-06-2026, 10:34 PM por Issei.
La niebla dentro de aquella zona tenía esa forma particular de cerrarse sobre los pasillos de piedra como si conociera el lugar de memoria, amortiguando pasos, conversaciones y hasta el propio ambiente antes incluso de que uno cruzara del todo la entrada. Cuando llegué, el recinto ya estaba organizado con una precisión casi incómoda, como si alguien hubiese intentado compensar la falta de movimiento del instructor con un exceso de orden en todo lo demás. Tatamis alineados, marcas de distancia bien calculadas y un grupo de reclutas jóvenes agrupados con esa mezcla de curiosidad y nerviosismo que siempre precede a cualquier ejercicio real.

Crucé la entrada del recinto con calma, dejando que mis ojos se encargaran de analizar la situación antes de hacer cualquier otra cosa. Primero revisé el lugar, comprobando la distribución del espacio y las zonas preparadas para el entrenamiento; después centré la atención en los reclutas, intentando medir rápidamente qué clase de actitud tenían; por último observé al instructor, cuyo estado dejaba claro que, aunque no pudiera participar físicamente como antes, se había encargado de preparar la sesión.

La misión no tenía demasiado misterio. Básicamente querían que nosotros cubriéramos la parte que él no podía realizar en ese momento: corregir movimientos, evitar que los chicos hicieran alguna estupidez y servir como referencia durante los ejercicios. No era una tarea complicada ni algo que exigiera demasiado de un shinobi, pero ese tipo de encargos solían ser más útiles de lo que aparentaban. Al final, incluso algo tan simple como enseñar a otros podía demostrar quién realmente tenía criterio y quién solo sabía moverse cuando todo estaba en juego.

No me importaba demasiado cómo funcionaba aquel grupo ni las relaciones que pudieran tener entre ellos, pero sí me interesaba que la práctica tuviera algún propósito. Si iba a perder mi tiempo allí, al menos quería que sirviera para comprobar si aquellos reclutas eran capaces de aprender algo o si terminarían repitiendo los mismos errores una y otra vez. Me coloqué cerca de la zona de entrenamiento, sin necesidad de buscar protagonismo ni llamar la atención más de la cuenta, y dejé que mi presencia fuera suficiente durante unos segundos antes de dirigirme al instructor y al resto.

— He llegado —dije simplemente, con un tono neutral, sin adornos ni intención de sonar más importante de lo necesario, aunque tampoco intentando disimular presencia alguna—. Soy Issei Heizu.

No esperé una reacción concreta del instructor ni del grupo, limitándome a observarlos un momento más mientras evaluaba mentalmente la disposición general. Aquel tipo de sesiones no empezaban cuando alguien daba una orden formal, sino cuando todo el mundo dejaba de esperar a que algo ocurriera y simplemente empezaba a moverse. Y, por lo que parecía, ese momento todavía estaba a punto de llegar.

Rasgos visibles
- Presencia intimidante
- Líder nato
- Irritante
Kaguya Kuren
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22-06-2026, 05:33 AM
Entré en la habitación, me desprendí de la mochila que cargaba a los hombros y la dejé en un rincón, donde pensé que seguramente no molestaría. Removí dentro de su contenido hasta encontrar una botella de agua, la destapé y bebí hasta dejarla por la mitad. Luego la llevé conmigo hasta la zona de entrenamiento y, estando ya más cerca de los estudiantes y del instructor, me di cuenta de quién era ese otro shinobi del que me habían informado al aceptar la misión. «Ugh, este día se pone cada vez mejor.» Me esforcé por mantener un semblante serio a pesar de mi disgusto.
—Qué coincidencia —dije en voz baja—. ¿Hoy no vas a darme órdenes?
Bebí un poco más de agua, mirando a Issei a los ojos. El Heizu soberbio con el que había trabajado en la búsqueda del Daibune desaparecido hacía no mucho estaba allí también, y entendí rápidamente que, al igual que a mí, debían de haberle ordenado que asistiera con el entrenamiento de los estudiantes. Hablé con seriedad:
—Es una broma.
Entonces alcé un poco la voz, dirigiéndome ahora al instructor y a toda la clase.
—Soy Kuren Kaguya y vengo a darles una mano con el entrenamiento de hoy. Es un gusto.
Tenía que mantenerme sereno y procurar el mejor comportamiento posible. Tras las quejas del viejo Hiroshi después de mi última misión, lo que menos me apetecía soportar era otro regaño. Sabía que, como empezara a acumular clientes insatisfechos, los de arriba comenzarían a joderme. «Por lo menos esta vez no tengo que reparar redes de pesca o mover cajas. Habrá algo de combate aunque, bueno, no deja de ser un entrenamiento de la Academia. A lo mejor sería más certero decir que me mandaron a hacer de niñera.»
Junté las manos detrás de la espalda y me paré recto y aburrido. Me dirigí al instructor:
—Estoy a su disposición —me salió decir, sin entusiasmo en la voz.
Koga
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22-06-2026, 11:39 PM
El instructor reconoció a ambos apenas terminaron de presentarse. Desde su posición al frente de la sala, apoyado en un bastón de madera y con una de sus piernas inmovilizada por gruesos vendajes, asintió con un gesto seco, casi militar. La expresión cansada que había llevado hasta ese momento se alivió apenas un instante al comprobar que el apoyo solicitado finalmente había llegado.

— Bien. Ya era hora. Tomen posición y prepárense para trabajar.

No hubo más formalidades, ni siquiera un agradecimiento para Issei o para Kuren. Apenas las palabras abandonaron su boca, el hombre se irguió cuanto le permitió la lesión y su voz estalló por la sala con una fuerza completamente desproporcionada para alguien en su estado.

— ¡DE PIE, TODOS!

El grito rebotó contra las paredes de piedra y provocó que más de un recluta se sobresaltara.

— ¡ESPALDA RECTA! ¡PECHO AL FRENTE! ¡SI ALGUNO PIENSA QUE EL TAIJUTSU CONSISTE EN AGITAR LOS BRAZOS Y CORRER HACIA EL ENEMIGO COMO UN ANIMAL, PUEDE IRSE AHORA MISMO!

La habitación, que unos momentos antes había estado cargada de una expectación silenciosa, se transformó de golpe en un aula marcial. Los niños se apresuraron a colocarse en filas irregulares, algunos corrigiendo la postura a toda prisa, otros tratando de recordar las lecciones que habían recibido en la Academia. El instructor comenzó a desplazarse lentamente frente a ellos, apoyándose en su bastón.

— ¡El combate cuerpo a cuerpo empieza por la postura! ¡Si la base es mala, todo lo demás es malo! ¡Posición de los pies! ¡Centro de gravedad! ¡Guardia alta! ¡Equilibrio! ¡Un shinobi que no sabe mantenerse en pie es un cadáver esperando su turno!

Con una autoridad casi violenta, empezó a explicar los principios más elementales del taijutsu instruyendo sobre la distribución del peso, la separación correcta entre ambos pies, la necesidad de mantener las rodillas flexionadas y la importancia de proteger el rostro y el torso incluso antes de lanzar un golpe. Eran conceptos básicos, casi tediosos para cualquier genin experimentado, pero para aquellos reclutas constituían los primeros ladrillos de algo mucho más grande.Entonces el hombre se detuvo y clavó la mirada en el grupo.

— ¡Y para asegurarme de que me están escuchando, voy a darles un incentivo!

Señaló primero a Issei y luego a Kuren.

— ¡Si no entienden el concepto y no adoptan la postura correctamente, estos dos les darán un puñetazo!

Un murmullo nervioso recorrió la sala.

— ¡No estoy autorizado para matarlos, aún! ¡Pero sí para que recuerden la lección! ¡El dolor es un maestro excelente! ¡Ahora, posición de combate!

Durante los primeros instantes quedó claro que algunos de los estudiantes tenían más entusiasmo que habilidad. Un niño de cabello desordenado colocó ambos pies en línea recta, uno delante del otro, como si estuviera caminando sobre una cuerda, dejando todo su equilibrio comprometido. A su lado, una muchacha mantenía los brazos tan bajos que prácticamente ofrecía todo su torso y su rostro a cualquier ataque imaginable. Los demás reclutas intentaban imitar las instrucciones con mayor o menor éxito, pero aquellas dos posturas erróneas destacaban entre el grupo como ejemplos perfectos de lo que el instructor acababa de explicar.
[Imagen: RoaK1gc.png]
Issei
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23-06-2026, 10:07 PM
Última modificación: 23-06-2026, 10:08 PM por Issei.
Mientras esperaba, la dinámica de la sala fue tomando forma casi por inercia, con los reclutas ajustándose de forma torpe a las órdenes del instructor y el ambiente asentándose en ese punto intermedio entre el desorden inicial y una disciplina aún frágil. Fue entonces cuando apareció Kuren, al que reconocí casi de inmediato: el mismo del barco, el mismo que en su momento me había llamado la atención por su forma de actuar, aunque esa impresión inicial no tardó en diluirse cuando terminó encajando más en la categoría de gente que cuando habla no termina de decir nada útil.

Su llegada rompió ligeramente la monotonía del momento y, como era de esperar, no tardó en abrir la boca con ese tipo de comentario que intenta parecer ligero pero acaba revelando más de lo que pretende. No me molesté en girarme por completo hacia él; bastó con un leve ajuste de postura para dejar clara la respuesta sin concederle más importancia de la necesaria.

— No me tires de la lengua… que la clase va a ser muy larga —no añadí nada más, porque no había nada que mereciera ser añadido. En situaciones así, extenderse solo era una forma elegante de perder el tiempo.

Poco después, el instructor tomó el control de la sala. Su voz rebotó contra las paredes con una fuerza suficiente como para hacer que varios reclutas se sobresaltaran al instante, y en cuestión de segundos el caos inicial empezó a reorganizarse en algo que, aunque aún torpe, ya podía llamarse formación. Me mantuve en silencio mientras explicaba los fundamentos del taijutsu, observando con atención hasta que su discurso cambió de dirección.

Cuando mencionó el “incentivo” y señaló tanto a Kuren como a mí, no reaccioné con sorpresa. En realidad, tenía más sentido del que muchos querrían admitir en voz alta: si alguien no era capaz de entender lo básico, una corrección directa siempre resultaba más eficiente que cualquier explicación interminable que acabara perdiéndose en el aire.

Avancé un paso, dejando que mi atención se deslizara sobre el grupo mientras localizaba sin dificultad las posturas más deficientes. No tardé en centrarme en una muchacha en particular cuya guardia inexistente convertía cualquier intento de instrucción teórica en algo inútil si no se corregía de inmediato. Sin dudarlo, me acerqué a ella y, en cuanto estuve a la distancia adecuada, ejecuté la corrección con precisión: Un puñetazo en el estómago que la dejaría doblada, lo bastante firme como para fijar el mensaje sin desbordar la situación.

— Mantén la guardia alta, no expongas el centro y deja de quedarte rígida. Si vas a estar quieta, al menos hazlo como si tuvieras alguna idea de lo que estás haciendo.

La observé un instante más para asegurarme de que entendía la lección antes de apartarme sin darle mayor importancia, pasando al siguiente alumno con la misma frialdad funcional de antes. No había crueldad en ello desde mi perspectiva, solo una forma directa de aprendizaje; y si ese era el lenguaje que entendían mejor, no había ninguna razón real para suavizarlo.
Kaguya Kuren
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23-06-2026, 11:25 PM
La voz del instructor reventó contra las paredes de la sala.
Me quedé quieto, con las manos detrás de la espalda, observando cómo los reclutas intentaban organizarse en filas que apenas merecían ese nombre. «Bueno, a ganarse el pan...»
El instructor empezó a hablar de postura, guardia, centro de gravedad y equilibrio. Dijo que el taijutsu no consistía en correr hacia el enemigo como un animal, pero a mí esa táctica me había funcionado varias veces. ¿Sería que yo estaba equivocado? Nah, no había ninguna posibilidad de eso.
Entonces nos señaló a Issei y a mí. Al parecer, si los niños no entendían, nosotros les daríamos un puñetazo. Levanté una ceja. «Vaya, este viejo no se anda con chiquitas.»
Issei no tardó en moverse. Fue directo hacia una muchacha con la guardia baja y le hundió un golpe en el estómago con esa frialdad suya de siempre. La chica se dobló. Issei le explicó algo sobre no exponer el centro y siguió como si acabara de corregir la posición de una silla. Yo dejé escapar un suspiro. «Él siempre tan frío...»
Miré al resto. Había un niño de cabello desordenado que había colocado los pies en línea recta, uno delante del otro, como si estuviera caminando sobre una cuerda. Tenía la guardia alta, sí, pero el equilibrio de un cadáver colgado de un hilo. Bastaba con mirarlo para saber que cualquier empujón lateral lo mandaría al suelo. Me acerqué despacio. El chico me vio venir y se puso todavía más rígido.
—Tranquilo —le dije, con una sonrisa amable.
Eso no pareció calmarlo. Me detuve frente a él y lo observé con atención, como si estuviera examinando algo verdaderamente complejo. Di una vuelta corta a su alrededor. Miré sus pies. Luego sus rodillas. Luego su guardia. Me llevé una mano al mentón.
—Mmm.
El niño tragó saliva.
—¿Está... está mal?
Lo miré a los ojos.
—No.
Su expresión cambió al instante.
—¿En serio?
Asentí con absoluta seriedad.
—Lo estás haciendo muy bien.
Durante medio segundo, el chico pareció iluminarse. Entonces levanté el índice y lo apoyé contra su cabeza. Apenas empujé y el niño perdió el equilibrio de inmediato. Sus pies no supieron qué hacer, su cuerpo se inclinó hacia un lado y terminó cayendo al suelo con un golpe seco y bastante menos digno de lo que seguramente habría querido.
Estallé en carcajadas.
—¡Jajajajaja! ¡Mírate! ¡Caíste con un dedo! ¡Mírenlo! ¡Jajajajaja!
Señalé sus pies.
—Ese es el problema. Si colocas los pies así, no tienes base. Pareces firme porque estás quieto, pero en realidad basta con soplarte para que te vayas al suelo. Separa un poco las piernas, reparte el peso y flexiona las rodillas.
El chico, todavía sentado en el suelo, me miró con una mezcla de vergüenza, rabia y ganas de desaparecer.
—Levántate —dije.
Me crucé de brazos.
—Ahora otra vez.
Koga
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23-06-2026, 11:35 PM
Última modificación: 23-06-2026, 11:49 PM por Koga.
Las reacciones en la sala no tardaron en dividirse en dos corrientes claramente distintas, como si la instrucción hubiera trazado una línea invisible entre dos formas de entender el aprendizaje.

La muchacha que había recibido el impacto de Issei permaneció unos segundos sin incorporarse del todo. No era solo el dolor inmediato lo que la mantenía encorvada, sino la manera en que la corrección había llegado sin margen de duda, sin espacio para interpretación. Cuando finalmente recuperó el aire, su postura cambió con una rapidez casi mecánica. Las manos subieron de inmediato, el centro del cuerpo se replegó, y los pies buscaron una base más estable sin necesidad de nuevas órdenes. No había discusión en su expresión, solo una concentración más pesada, más seria, como si hubiese entendido que cualquier error posterior no recibiría advertencias adicionales, sino el mismo lenguaje directo.

En el otro extremo de la sala, el niño que había caído bajo la demostración de Kuren tardó más en reaccionar, no por falta de comprensión, sino por el choque entre la burla abierta y la explicación posterior. La risa aún resonaba en su memoria reciente, pero las palabras siguientes encajaron como piezas demasiado claras como para ignorarlas. Se levantó con cierta rigidez, ajustando la postura con un cuidado exagerado, como si temiera que el suelo volviera a traicionarlo. Esta vez separó los pies con mayor criterio, flexionó las rodillas y bajó ligeramente el centro de gravedad. Su guardia, aunque todavía imperfecta, dejó de parecer una imitación y empezó a adquirir estructura.

El resto del grupo, que había presenciado ambas correcciones, ajustó su actitud de forma casi inmediata. La sala, que al principio había estado llena de vacilaciones, comenzó a ordenarse con mayor coherencia. Las posturas defectuosas fueron corrigiéndose unas tras otras, no tanto por obediencia ciega, sino por la evidencia práctica de lo que ocurría cuando la base era ignorada. El taijutsu, que minutos antes era una idea abstracta repetida por un instructor, se había convertido en algo tangible y, sobre todo, verificable.

El instructor observó el cambio sin interrumpirlo, apoyado en su bastón, con una satisfacción contenida que apenas se filtraba en la tensión de su mandíbula. No era un hombre fácil de impresionar, pero el ritmo de progreso del grupo había cambiado de forma evidente. Cuando consideró que la lección había alcanzado un punto estable, alzó la voz una vez más, menos explosiva que antes, pero igual de firme.

— ¡Bien! ¡Otra ronda!

El ejercicio continuó. Los reclutas repitieron la postura, esta vez con mayor atención. Algunos seguían cometiendo errores menores, pero la corrección ya no requería caos para ser efectiva; bastaba con la observación.

Tras varios ciclos de ajuste, repetición y corrección, la sala comenzó a estabilizarse en una rutina más fluida. El progreso era visible incluso para los menos atentos: las guardias eran más altas, los pies mejor distribuidos, el equilibrio más consistente. El entrenamiento, aunque básico, había dejado de ser un experimento caótico para convertirse en una estructura funcional.

Finalmente, el instructor levantó una mano y detuvo la práctica. El sonido de los movimientos se extinguió casi de inmediato, sustituido por respiraciones agitadas y el leve roce del sudor sobre los tatamis.

Hubo un silencio breve, denso, antes de que el hombre asintiera con lentitud.

— Suficiente por hoy.

Su mirada pasó por los reclutas, luego por Issei y Kuren.

— Han aprendido lo básico. Eso ya es más de lo que muchos consiguen en su primer intento.

Hizo una pausa corta, como evaluando el valor real de la sesión, antes de continuar.

— Ahora, ustedes dos... Denles un último consejo. Algo que se les quede, ¿Que consejo tienen para los estudiantes?

El ambiente se tensó ligeramente, no por miedo, sino por expectativa. Los reclutas, todavía en formación, dirigieron la atención hacia ambos shinobi, esperando que las lecciones prácticas se transformaran ahora en palabras finales que sellaran la sesión antes de su conclusión.
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24-06-2026, 07:49 PM
En un momento mi atención terminó desviándose hacia el otro extremo de la sala. Kuren estaba trabajando con el otro muchacho y, aunque su método era diferente al mío, no podía decir que fuese inútil. Con un simple movimiento había conseguido hacerle perder el equilibrio utilizando apenas un dedo, dejando en evidencia el fallo de su postura antes de explicarle qué estaba haciendo mal. La burla posterior tampoco me pasó desapercibida. No era una idea que me resultara extraña, de hecho, era bastante similar a los métodos que había usado en más de una ocasión. La humillación tiene un efecto muy claro: obliga a una persona a enfrentarse directamente con aquello que quiere esconder. Cuando alguien queda expuesto delante de otros, cuando todos pueden ver su error, es mucho más difícil seguir engañándose a sí mismo. La gente rara vez cambia porque le hablen con suavidad; muchas veces necesitan una razón más fuerte para dejar de aceptar sus propias limitaciones.

Después de todo, la gente aprende más rápido cuando las consecuencias son claras.

Seguí corrigiendo los errores que veía con el mismo método. Después el instructor detuvo la práctica y comenzó a hablar sobre el progreso que habían conseguido. Era verdad, los resultados eran visibles. Aquellos mismos reclutas que al principio apenas podían mantenerse en pie ahora estaban corrigiendo su postura casi por reflejo, moviéndose con algo más de seguridad y entendiendo que el taijutsu no era simplemente lanzar golpes sin pensar.

Cuando el instructor nos pidió a Kuren y a mí un último consejo, recorrí la sala con la mirada durante unos segundos. Todos estaban pendientes de nosotros, esperando alguna frase que pudieran recordar después de marcharse. No era algo que me interesara demasiado, las palabras por sí solas no cambiaban a nadie, pero si tenía que decir algo, al menos quería que fuera útil.

Di un paso hacia delante, manteniendo la misma expresión seria de siempre, y observé a los reclutas antes de hablar—. No confundáis entrenar con mejorar.

Dejé que el silencio se asentara un instante antes de continuar.

— Repetir un movimiento mil veces no significa nada si seguís cometiendo el mismo error. La gente suele pensar que hacerse fuerte consiste en aprender más técnicas, golpear más fuerte o tener algo que los demás no tienen… pero la mayoría pierde porque no son capaces de corregir lo más básico —mi mirada pasó por algunos de ellos, recordando las posturas torpes que habían tenido al principio de la clase—. Un enemigo no va a esperar a que estéis preparados, simplemente os rajará el cuello cuando vea la oportunidad. No le importará si sois jóvenes, si tenéis miedo o si todavía estáis aprendiendo. Si queréis sobrevivir, tenéis que ser capaces de aceptar vuestros fallos y eliminarlos antes de que alguien más los use contra vosotros.

Hice una pequeña pausa, dejando que las palabras pesaran un poco más—. La debilidad no desaparece porque finjáis que no existe.

No dije nada más después de eso. No tenía sentido alargarlo con frases vacías o intentar adornar algo que, desde mi punto de vista, era bastante simple. Nadie iba a volverse más fuerte esperando que las cosas cambiaran por sí solas o confiando en que alguien aparecería para solucionar sus problemas. El progreso llegaba cuando una persona era capaz de reconocer aquello en lo que fallaba y tenía la voluntad suficiente para corregirlo, aunque resultara incómodo o doloroso.

Después de terminar, retrocedí unos pasos y dejé que la atención se centrara hacia Kuren. Mientras tanto, mantuve la mirada sobre los reclutas, observando sus reacciones y preguntándome cuáles de ellos realmente habían entendido el mensaje y cuáles solo estaban esperando a que la clase terminara.
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Kaguya Kuren
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24-06-2026, 09:24 PM
El chico se levantó del suelo con la cara roja. Volvió a colocarse en posición, esta vez con más cuidado. Separó los pies, flexionó un poco las rodillas y bajó el centro de gravedad. Seguía estando lejos de verse peligroso, pero al menos ya no parecía que fuera a caerse si alguien respiraba muy fuerte a su lado. Lo observé durante unos segundos.
—Bueno —dije al fin—. Con eso es suficiente, ¿no? En el combate valen más las agallas que la técnica, así que no está mal.
El chico parpadeó sin saber si eso había sido un cumplido o no. Me alejé de él y pasé al siguiente. No tenía intención de repetir la misma broma dos veces y tampoco me interesaba golpear a alguien que no podía golpearme a mí. O, en otras palabras, pegarle a un poste con cara de niño me parecía de lo más aburrido. Me limité a caminar entre los reclutas, señalando errores con el dedo.
—Tú. Los hombros. Estás rígido.
Di dos pasos más.
—Tú. Esa guardia no protege nada. Al menos pon cara amenazadora o algo.
Otro.
—Los pies. Tienes que moverlos.
Otro más.
—Respira. Si te quedas sin aire antes de recibir el primer golpe, vas a morir de una forma muy aburrida.
Los alumnos fueron corrigiéndose con una rapidez bastante decente. No porque me tuvieran miedo. Me pareció que Issei era más amenazante en ese sentido. Pero nadie quería ser el siguiente en quedar como un idiota frente a toda la clase.
Con todo, el proceso me resultó insoportablemente aburrido. Después de un rato, empecé a mirar hacia otro lado mientras corregía. Revisé mis uñas con discreción, frunciendo el ceño al notar una pequeña imperfección en el esmalte rojo del pulgar. «Mierda. Esto necesita un retoque.» Al mismo tiempo, seguí dando indicaciones casi por costumbre.
—Más bajo.
Miré otra uña.
—Guardia arriba.
Pasé el pulgar sobre el borde del esmalte.
—No juntes tanto los pies.
Los reclutas repetían, corregían, respiraban, sudaban y volvían a intentarlo. El instructor parecía satisfecho. Por mi parte, empezaba a preguntarme cuánto faltaba para poder irme.
Finalmente, el instructor detuvo la práctica. Suficiente por hoy, dijo. Luego nos miró a Issei y a mí, y pidió un último consejo para los estudiantes.
«¿Un consejo?»
Issei habló primero. Algo sobre no confundir entrenar con mejorar. Sobre corregir debilidades. Sobre no fingir que los errores no existen. No estaba mal. Era pragmático, directo y seguramente bastante útil para quienes disfrutaban de ese tipo de cosas. Después la atención pasó a mí.
Solté un bostezo y no me molesté en ocultarlo. Me llevé una mano a la boca, parpadeé un par de veces y miré a los reclutas. Todos esperaban algo. El instructor también, aunque su expresión dejaba claro que quizá empezaba a arrepentirse de haberme dado la palabra.
—Siendo sincero —dije—, todo esto me importa una puta mierda.
El silencio cayó de golpe. Me rasqué la nuca.
—La postura, la guardia, la técnica... todo eso sirve. No voy a decir que no. Si se paran mal, se caen. Si bajan la guardia, les rompen la cara. Eso ya lo vimos.
Hice una pausa corta.
—Pero lo más importante es otra cosa.
Los miré uno por uno, sin demasiada emoción en la cara.
—Tienen que disfruten de la guerra.
No lo dije como si estuviera revelando una verdad sagrada. Lo dije casi con aburrimiento.
—Vivir para la guerra. Ustedes contra otros. Todas las vidas en la línea. La muerte caminando por el campo de batalla, pasando entre cuerpos, armas, sangre y barro. Eso es lo único que de verdad importa. Si no anhelan eso, si al imaginarlo no sienten deseo, entonces yo no soy el más indicado para enseñarles.
Me encogí de hombros.
—En fin. Cuando los maten, disfruten de su muerte. Eso es lo que haré yo.
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24-06-2026, 11:20 PM
Las palabras de Issei dejaron un peso extraño en el ambiente. Algunos de los reclutas parecieron comprenderlas de inmediato; otros simplemente las aceptaron con la solemnidad propia de quien todavía es demasiado joven para entenderlas del todo. La idea de que las debilidades podían convertirse en una sentencia de muerte tenía un carácter incómodo, pero en una aldea shinobi no era una verdad especialmente difícil de creer.

Las de Kuren, en cambio, provocaron una reacción completamente distinta. El silencio que siguió a su discurso no fue uno de reflexión, sino de desconcierto. Unos cuantos niños se miraron entre sí; otros parpadearon varias veces. Uno de ellos incluso frunció el ceño, como si estuviera intentando decidir si aquello había sido un consejo o una broma particularmente mala. El instructor, por su parte, cerró los ojos durante un largo segundo. La expresión de su rostro sugería que se encontraba librando una batalla interna. Finalmente exhaló por la nariz, como si acabara de resignarse a algo inevitable.

Antes de que pudiera intervenir, una mano se levantó entre las filas. Era la misma muchacha que había recibido el golpe de Issei al comienzo de la práctica. Mantenía ahora una postura mucho más correcta que antes, aunque la duda en su expresión era evidente.

— Entonces... si uno encuentra algo en lo que es malo... ¿no debería sentirse avergonzado de ello?

La pregunta cayó sobre la sala con una sinceridad inesperada. La niña no parecía asustada al formularla. Más bien parecía preocupada, como si la respuesta fuera algo importante y todavía no supiera cómo encajarla. No muy lejos de ella, otra mano se levantó lentamente. Era el niño que había terminado en el suelo por culpa de un simple dedo. Miró hacia Kuren con una mezcla de curiosidad y genuina confusión.

— ¿Por qué... alguien querría disfrutar de la guerra?

Esta vez incluso algunos de los otros reclutas volvieron la cabeza hacia él. Era una pregunta sencilla, directa y completamente sincera, precisamente el tipo de pregunta que solo un niño podía hacer sin segundas intenciones. El instructor observó a ambos durante un instante y luego desvió la mirada hacia Issei y Kuren. No dijo una sola palabra. Simplemente inclinó la cabeza en dirección a los dos shinobi, un gesto breve pero inequívoco.

Las preguntas les pertenecían ahora.

Y, por un momento, toda la sala permaneció en espera, suspendida en un silencio expectante, aguardando las respuestas que cada uno de ellos pudiera ofrecer.
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Issei
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25-06-2026, 07:16 AM
Última modificación: 25-06-2026, 05:53 PM por Issei.
La actitud de Kuren no tardó en llamar mi atención. Mientras yo permanecía observando a los reclutas y pensando en las palabras que acababa de pronunciar, él parecía estar en su propio mundo, con esa tranquilidad casi irritante que siempre llevaba encima. Incluso llegó a bostezar sin molestarse en ocultarlo, como si aquella situación no tuviera mayor importancia. No pude evitar entrecerrar los ojos al verlo; cada vez me resultaba más evidente que no era precisamente alguien que afrontara las cosas de la misma manera que yo.

Sin embargo, cuando empezó a explicar su forma de ver el combate y la guerra, tuve que admitir que había algo más detrás de aquella actitud despreocupada. No compartía completamente su visión, pero tampoco era una idea vacía, había una parte de verdad en sus palabras. Un shinobi que nunca hubiera aceptado la posibilidad de morir, que nunca hubiera entendido lo que implicaba quitar una vida o ensuciarse las manos cuando la situación lo exigiera, simplemente no estaba preparado para lo que realmente significaba pertenecer a una aldea como Kirigakure.

Aun así, había una diferencia importante.

Para mí, la guerra no era algo que debiera buscarse ni disfrutar. Una guerra significaba perder soldados, perder recursos y debilitarse aunque se consiguiera la victoria. Un país que dependiera constantemente de los conflictos para demostrar su fuerza terminaría destruyéndose desde dentro. La verdadera superioridad no estaba en sobrevivir a cada batalla, sino en alcanzar un punto donde nadie se atreviera siquiera a provocarla.

— No creo que la guerra sea algo que haya que disfrutar... —comenté después de un breve silencio, mirando al Kaguya—. Pero tampoco tiene sentido fingir que no existe. Un shinobi que no es capaz de aceptar la parte más desagradable de su trabajo termina siendo una carga para los demás.

No añadí nada más. La mayoría de ellos todavía eran demasiado jóvenes para entender realmente el peso de esas palabras, pero algún día tendrían que hacerlo. Entonces la pregunta de la muchacha hizo que mi atención volviera hacia ella. Durante unos segundos no respondí. No porque no tuviera una respuesta, sino porque la pregunta era más interesante de lo que parecía a simple vista. Había una diferencia enorme entre ser incapaz de hacer algo y permitir que esa incapacidad definiera quién eras. Me quedé observándola, pensando en la forma más simple de explicarlo, porque la respuesta no era tan sencilla como decirle que estaba bien fallar o que todos eran especiales. Ese tipo de frases no servían para nada, la realidad era bastante más fría.

— No debes sentirte avergonzado como tal, pero tampoco orgulloso. Cada persona de esta sala tendrá algo que se le dé mejor que al resto. Algunos serán buenos con el taijutsu, otros con el ninjutsu, otros con armas o con técnicas que ni siquiera habéis aprendido todavía. Si todos fuéramos capaces de dominarlo todo a la perfección, no necesitaríamos compañeros, ni necesitaríamos formar equipos, tampoco necesitaríamos una aldea.

Hice una pequeña pausa antes de continuar, dejando que la idea terminara de asentarse.

— La gente se vuelve fuerte precisamente porque tiene cosas que no puede hacer sola. Pero confundir una debilidad con una excusa es diferente. Que algo se te dé mal no significa que debas aceptarlo sin más. Significa que tienes que decidir si vas a quedarte así o si vas a hacer algo para cambiarlo.

Por un instante, mi mente volvió a aquella pelea con Arako. Momentáneamente aquella sensación incómoda de ver a alguien que yo había considerado incapaz negándose a quedarse en el suelo me revolvió algo por dentro, y no precisamente bueno. Recordé la rabia, la frustración y ese impulso que había llegado a dominarme hasta el punto de dejar de pensar con claridad. Durante años había creído que la debilidad era algo que debía eliminarse, algo que no tenía lugar en alguien que quisiera hacerse fuerte. Pero había algo que seguía sin encajar, no era simplemente caer lo que convertía a alguien en débil, era decidir quedarse ahí.

— He visto personas que pasaron años creyendo que no podían cambiar, y también he visto a otras que se aferran a su propia debilidad como si fuera parte de ellas. La diferencia está en lo que hacen cuando alguien les demuestra que están equivocadas. Algunos se rompen... otros utilizan ese momento para mejorar.

Aparté la mirada de la muchacha y volví a centrarme en el grupo. No era una lección que hubiera aprendido de una forma agradable, pero precisamente por eso era una que recordaba. Después de eso, guardé silencio, dejando que fueran ellos quienes sacaran sus propias conclusiones. No esperaba que unos reclutas de la academia entendieran completamente algo así, pero si al menos una de esas palabras se quedaba con ellos, entonces la clase habría servido para algo.
Kaguya Kuren
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25-06-2026, 09:35 PM
—¿Por qué... alguien querría disfrutar de la guerra?
Esta vez sí levanté la mirada. Por primera vez, algo en aquella clase merecía mi total atención. Durante un momento observé al niño sin decir nada. Era el mismo que había caído antes con un simple empujón de mi dedo. Ahora tenía los pies mejor colocados.
—Nosotros somos ciudadanos del País del Agua y shinobi de Kirigakure.
Mi voz salió más baja de lo habitual.
—Disfrutamos de la guerra porque hemos nacido de ella. Ella es nuestra madre y nuestro padre. Y también existimos para ella. O, dicho de otra forma, sin ella no tenemos razón de ser.
Hice una pausa corta.
—Piénsenlo. Su instructor, Issei y yo nos convertimos en shinobi. Ustedes están estudiando y entrenando con el mismo objetivo. ¿Para qué? ¿Quieren traer paz a nuestras tierras? ¿Quieren que el mar deje de subyugarnos? ¿Quieren proteger a sus seres queridos? Seguro que, para la mayoría de ustedes, ese es el caso. Por eso sudan, lloran y sangran. Pero ¿se han parado alguna vez a pensar en qué ocurrirá si la paz eterna llega? ¿Si el conflicto termina? ¿Si la guerra muere? ¿Qué será de nosotros, los guerreros? ¿A dónde perteneceremos? ¿Cuál será nuestro propósito? Yo se los diré: no perteneceremos a ningún lugar y no tendremos motivos para vivir. Estaremos muertos en vida.
Miré al resto de reclutas. Algunos sostenían la postura. Otros no tanto. Ninguno habló.
—Yo he nacido de la guerra y, por lo tanto, soy un guerrero. No un shinobi ni un soldado. Un guerrero. Esta bandana no es más que algo que busqué como excusa para pararme en el campo de batalla. Y pienso defender mi lugar en el mundo o morir intentándolo.
La sala parecía más quieta que antes.
—Si el mundo que me ha engendrado cambia, entonces yo seré un extraño en mis propias tierras. Nací aquí, bajo estas circunstancias, de modo que las cosas son de este modo y no de otro.
Di un paso al frente.
—Aunque yo no quiera aceptarlo, cualquier otro motivo para pelear es igual de válido. Buscar una vida mejor, proteger a quienes amas. Todos son motivos correctos.
Hice una pausa.
—Pero si esas ambiciones se oponen a mi ideal de la guerra eterna, entonces pelearé contra quienes las defienden como el guerrero que soy. Y los mataré.
Koga
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02-07-2026, 07:06 PM
Las respuestas dejaron un efecto muy distinto al que habían producido los consejos iniciales.

Las palabras de Issei encontraron un terreno más fácil donde asentarse. La muchacha que había formulado la pregunta permaneció inmóvil durante varios segundos, con la vista fija en el suelo mientras procesaba cada idea. La vergüenza que había asomado en su rostro al recordar el golpe recibido fue desapareciendo poco a poco, sustituida por una expresión mucho más reflexiva. No parecía haber encontrado una respuesta definitiva, pero sí una dirección hacia la que mirar. A su alrededor, otros reclutas intercambiaron breves miradas entre ellos. Algunos asintieron casi sin darse cuenta cuando escucharon que ninguna persona podía dominarlo todo y que la existencia de las propias limitaciones no era una condena, sino un punto de partida. Eran conceptos que encajaban con la filosofía de trabajo en equipo que la Academia intentaba inculcar desde los primeros años, aunque revestidos con un pragmatismo mucho menos amable del habitual.

El instructor tampoco interrumpió aquella explicación. Permaneció en silencio, observando cómo los niños asimilaban las palabras por sí mismos. Había dureza en el mensaje, pero también una lógica que difícilmente podía discutirse dentro de una aldea militar.

La respuesta de Kuren, en cambio, cayó sobre la sala como una losa.

Ningún recluta habló mientras el Kaguya desarrollaba su visión del mundo. Incluso el niño que había hecho la pregunta fue perdiendo poco a poco la curiosidad inicial, reemplazada por una mezcla de desconcierto e incertidumbre. Aquella no era la clase de respuesta que esperaba escuchar. Había preguntado por la guerra como si se tratara de una realidad lejana, algo reservado para los adultos y los libros de historia. En cambio, Kuren hablaba de ella como de una fuerza viva, como si fuera un origen, una identidad y un destino inseparables.

Conforme avanzaba la explicación, las expresiones comenzaron a cambiar. Algunos reclutas bajaron ligeramente la mirada, incapaces de sostener el peso de aquella filosofía. Otros fruncieron el ceño, intentando comprender una forma de pensar tan distinta de la que les habían enseñado hasta entonces. Hubo quien sintió un escalofrío cuando escuchó que un guerrero podía enfrentarse incluso a quienes perseguían la paz si aquello significaba traicionar su propio ideal. No era miedo exactamente; era la primera vez que muchos de ellos comprendían que dos shinobi de la misma aldea podían contemplar el mundo desde perspectivas completamente opuestas sin dejar de cumplir el mismo deber.

El instructor dejó transcurrir unos instantes de silencio una vez que Kuren terminó. Su mirada recorrió lentamente las filas de estudiantes. Había visto suficientes generaciones pasar por aquella sala como para reconocer cuándo una lección había dejado una impresión duradera. Algunos recordarían las explicaciones sobre la postura. Otros no olvidarían el golpe en el estómago o la caída provocada por un solo dedo. Y seguramente habría quienes, muchos años después, aún seguirían pensando en las dos respuestas tan diferentes que acababan de escuchar.

Finalmente apoyó con firmeza el bastón contra el suelo.

— ¡Muy bien! —La voz volvió a llenar la habitación, aunque esta vez ya no llevaba el tono atronador del comienzo de la sesión.— ¡La práctica ha terminado! Han dado sus primeros pasos, y todavía les queda un camino muy largo por delante. No crean que por mantener una postura correcta ya saben pelear. Lo único que han aprendido hoy es dónde deben colocar los pies antes de empezar a recorrer ese camino.

Su mirada se endureció una vez más.

— ¡Practiquen! ¡Corrijan sus errores! ¡Escuchen a quienes saben más que ustedes, pero no dejen de pensar por su cuenta! Un shinobi incapaz de aprender está destinado a quedarse atrás.

Con un movimiento seco del brazo señaló la salida.

— ¡Clase terminada! ¡Recojan el material y regresen a la Academia!

La formación comenzó a romperse poco a poco. Los reclutas hicieron una última reverencia al instructor antes de dispersarse por la sala. Algunos abandonaban el lugar comentando entre susurros las demostraciones prácticas; otros seguían guardando silencio, inmersos en sus propios pensamientos. Más de uno dirigió una última mirada hacia Issei y Kuren antes de marcharse, como si intentara decidir cuál de aquellas dos maneras de entender la vida shinobi le resultaba más cercana.
Poco a poco el bullicio fue apagándose. El amplio salón de entrenamiento recuperó la calma que había tenido antes del inicio de la clase, dejando únicamente al instructor y a los dos genin en medio de los tatamis, mientras las últimas pisadas se perdían por los corredores de Kirigakure.
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02-07-2026, 11:57 PM
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