Shinobi Gaiden Foro Rol
  • Guías
  • Técnicas
  • Información ▾
    • Mapa del Mundo
    • Virtudes y Defectos
    • Registro de Personajes
    • Objetos
    • Calc. de Estadísticas
    • Censo y Estadísticas
  • Iniciar Sesión
  • Regístrate
  • Primeros pasos
Kyo vs Kuroto y Asuna
忍 SG
知
¿Sabías que… según una leyenda Uchiha, el primer Sharingan apareció cuando un hombre vio morir a su hermano menor en sus brazos?
Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?
Shinobi Gaiden - Foro Rol de Naruto   ›   Mundo   ›   Pais del Agua   ›   Kirigakure no Sato
« Anterior 1 … 6 7 8 9 10 … 12 Siguiente »
  ›   [Común] [Side Quest] — Daños en Kiriminato
  1 2 Siguiente »
Responder
[Side Quest] — Daños en Kiriminato
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
Enlace al Post
17-06-2026, 05:34 PM
Última modificación: 17-06-2026, 05:52 PM por Kyoshiro.
[Side Quest] — Daños en Kiriminato
Año: 150
Lugar: Piedra Conmmemorativa
Hora: 6:20am
Puerto de Kiri

[Imagen: fa6dc222-bafc-4775-963b-8c16e38668db.png]

La niebla de la mañana todavía cubría parte de Kiriminato cuando los primeros gritos rompieron la calma del puerto. Entre los muelles reservados para transporte shinobi, varios Kiri Hayate aparecieron volcados, astillados o hundidos a medias junto a las pasarelas. Las pequeñas embarcaciones rápidas, normalmente alineadas con precisión militar, estaban dispersas como si una fuerza invisible las hubiera sacudido durante la noche.

No tardó en llegar la fuerza militar de Kirigakure. Guardias armados cerraron el paso a los curiosos, mientras capitanes y funcionarios revisaban tablillas, cuerdas rotas y marcas en la madera mojada. Nadie hablaba demasiado alto, pero todos miraban hacia el mismo punto: el espacio vacío donde debía estar registrado un Kiri Daibune, una de las grandes naves de transporte estratégico de la aldea.

—No desaparece una embarcación así por accidente —dice un guardia Hoshigaki, cruzado de brazos frente al muelle—. Una Hayate puede soltarse, romperse, perderse entre la niebla… pero un Daibune necesita tripulación, ruta y autorización.

Cerca de él, un capitán Funato golpea con el puño una caja de suministros, furioso. Asegura que el daño no fue causado por el mar, o por el viento. Según él, las sogas fueron cortadas desde dentro del muelle y varias bitácoras fueron movidas de lugar. Un funcionario del puerto intenta calmarlo, repitiendo que no se puede hablar de sabotaje sin revisar primero los registros completos. Pero su voz tiembla un poco cada vez que mira el hueco vacío en la fila de embarcaciones.

Los ojos presentes pueden notar detalles extraños entre el caos: huellas mezcladas con agua salada, tablones partidos de forma irregular, manchas de aceite junto a una rampa de carga y una lista de salidas nocturnas con una anotación tachada. Algunos marineros se acusan entre sí. Insisten en que escucharon golpes durante la madrugada, pero pensaron que era solo mantenimiento tardío. La niebla, como siempre en Kiri, vuelve difícil saber quién vio realmente algo y quién solo está llenando los espacios con miedo.

Al final, Kiriminato queda suspendido entre la sospecha y el cansancio. Tal vez alguien intentó sabotear la movilidad naval de la aldea. Tal vez el Daibune desaparecido salió sin permiso. O tal vez, detrás del ruido, la madera rota y las acusaciones cruzadas, la respuesta sea mucho menos peligrosa de lo que todos quieren creer.
Kaguya Kuren
Rango Genin
Clan Kaguya
Nivel 7
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra30(2)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud12
Velocidad13
Tenketsu9
Sigilo9
360
385
Enlace al Post
17-06-2026, 06:02 PM
Con una pequeña bolsa llena de pan y varias botellas de agua, me abrí paso entre la multitud para ver con mayor claridad qué era lo que estaba causando tanto alboroto. A la distancia y con cierta dificultad, pude ver varios Kiri Hayate volcados y algunos que incluso comenzaban ya a hundirse. Una señora, que debió de notar mi incredulidad, me llamó la atención con un toque en el hombro y habló en voz baja, como si intentara que los malos espíritus no la escucharan:
—No se trata solo de los Hayate, joven. Mire —hizo un ademán con la cabeza—, uno de los Daibune...
Tenía razón. Uno de los Kiri Daibune que debía de estar allí no lograba verse por ningún lado.
—Y ese capitán del clan Funato... Me pareció oírle decir que esto no fue un accidente ni ningún capricho del mar. ¿Será que, como dicen, la guerra se acerca? ¿Es esto el comienzo? Yo...
Dejé a la señora con sus preocupaciones y me acerqué más a los oficiales. No se trataba solo de la desaparición del Daibune: había varias sogas cortadas, sospechosas huellas mezcladas con el agua salada, tablones partidos de forma bruta e irregular y mucho aceite volcado junto a una rampa de carga. Los marineros, cansados y paranoicos, se acusaban entre sí y contaban distintas historias sobre golpes peculiares que habían escuchado por la noche.
Recordando mi resolución tras la misión de limpieza de cadáveres que había llevado a cabo en las dársenas del Mizuchi y con poca meditación sobre el asunto, le llamé la atención al guardia Hoshigaki que había sido el primero en hablar:
—Señor —dije con una pequeña reverencia—. Disculpe mi osadía. Me llamo Kaguya Kuren, recientemente convertido en genin. Deberíamos dejar las suposiciones y las creencias de lado por ahora y enfocarnos en los hechos. ¿Quién hacía guardia anoche? Y además... —observé una lista de salidas nocturnas dejada a su suerte por allí—. Esa lista de salidas nocturnas tiene una anotación tachada. No creo que sea nada; si quienes hicieron esto fueran inteligentes, se habrían llevado la lista o la habrían destruido. Pero quizá valga la pena prestarle atención a ese detalle, señor. En cualquier caso, quisiera prestar mi ayuda.
Soma Hozuki
Rango Genin
Clan Hozuki
Nivel 5
Estadísticas
Generales
Fuerza40(2)
Destreza15(1)
Ctrl. de Chakra10(1)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad12
Tenketsu9
Sigilo11
330
305
Enlace al Post
17-06-2026, 09:28 PM
La misión del día era tan sencilla como podía esperarse: control de recursos para la próxima expedición. Le habían mandado al muelle a contar bobinas, no a investigar barcos hundidos ni el hueco vacío donde debía estar un Daibune. Kiriminato, a sus espaldas, no parecía haber recibido el mismo memorando. Varios Kiri Hayate yacían volcados o medio hundidos entre las pasarelas. Los guardias cortaban el paso a curiosos. Capitanes y funcionarios revisaban cuerdas rotas y tablillas con cara de quien ya tiene una lista de culpables pero sin pruebas suficientes para mandar a los calabozos... ¿Kiri tenía calabozos?

—¿Sabotaje? —murmuró Soma sin dejar de revisar las cuerdas.

Un Hoshigaki, de brazos cruzados, decía que una embarcación de ese tamaño no desaparece por accidente. Cerca, un capitán Funato golpeaba una caja de suministros y juraba que las sogas habían sido cortadas desde dentro del muelle. Soma conocía ese tono. En el canal Mizuchi sonaba igual cuando una compuerta fallaba y cada vecino culpaba al de la puerta de al lado. Negó con la cabeza. Nadie en Kiri haría una cosa así.

«Deja hueco para la duda», le habRía repetido Sora... si siguiera con vida, claro. La bufanda azul de su hermano, empapada por la bruma, le rozaba la barbilla mientras Soma anotaba remaches y láminas al margen de la tabla. Entre el barro y el agua salada había huellas que no coincidían y tablones partidos de mala manera. Demasiados detalles rotos para una sola noche de viento. Un genin desconocido, rango que declaró al acercarse, se plantó frente al Hoshigaki que había hablado primero. Soma siguió arrodillado entre las bobinas. Oyó la reverencia, la pregunta sobre la guardia de la noche anterior y un dedo que señalaba una lista de salidas olvidada sobre un barril. Una línea, tachada. El guardia frunció el ceño. El otro genin pidió ayudar.

Soma volvió al inventario. Le faltaban dos rollos y el supervisor llegaría antes del mediodía. Sus instrucciones habían sido más que claras: un fallo y la misión no le daría paga. Compartiendo rango, no tenía autoridad para interferir. Meterse en medio le pareció atrevido. Enviable, también, pero eso no iba a salir de su boca. Repasó la anotación tachada una vez más. Hoy tocaba contar. Si mañana alguien con más insignias cambiaba las órdenes, ya verían si un genin Hozuki servía para algo más que llevar la cuenta del alambre.
Issei
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza60(3)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad10
Tenketsu12
Sigilo18
495
580
Enlace al Post
18-06-2026, 08:33 AM
Los gritos, las acusaciones y las excusas llenaban el puerto desde el momento en que llegué. Guardias intentando imponer orden, marineros señalándose unos a otros y oficiales discutiendo sobre lo que había ocurrido durante la noche. Apenas escuché una fracción de lo que decían. No porque no pudiera hacerlo, sino porque simplemente no me interesaba. Cuando demasiadas personas intentan explicar un mismo acontecimiento, la mayoría termina inventando respuestas para llenar los vacíos que no comprende. Las palabras son fáciles de manipular, las pruebas no.

Mientras el resto parecía empeñado en formar corrillos y debatir teorías, me limité a avanzar por el muelle con las manos en los bolsillos. No respondí a ninguna mirada ni presté atención a las conversaciones que estallaban a mi alrededor. Incluso cuando un capitán elevó la voz a pocos metros de distancia, ni siquiera giré la cabeza. Había demasiada gente observando el caos y muy poca observándolo de verdad. Si quería averiguar qué había ocurrido con el Daibune desaparecido, tendría que hacerlo por mi cuenta.

La niebla de la mañana seguía aferrada a los embarcaderos, ocultando parcialmente los daños y envolviendo el puerto en un silencio extraño entre discusión y discusión. Mis ojos recorrieron los Kiri Hayate volcados, las tablas astilladas y las cuerdas dispersas sobre la madera húmeda. A primera vista parecía un desastre provocado por la fuerza, pero cuanto más observaba, menos sentido tenía aquella imagen. Demasiados daños visibles y desorden, casi como si alguien hubiese querido asegurarse de que todos mirasen exactamente hacia donde él quería.

Me agaché junto a uno de los amarres dañados e ignoré por completo el bullicio que seguía desarrollándose detrás de mí. Pasé los dedos por las fibras desgarradas de la cuerda, examinando el corte con calma. No parecía el trabajo del desgaste ni de una rotura accidental, sino que había precisión en aquello. Sin levantarme, comparé los daños con los amarres cercanos, buscando diferencias, patrones o cualquier detalle que pudiera indicar si alguien había liberado varias embarcaciones o si todo aquello no era más que una distracción cuidadosamente preparada.

Después desvié la atención hacia las huellas mezcladas con el agua salada y las manchas de aceite cercanas a la rampa de carga. No me interesaban las teorías de los marineros ni las conclusiones apresuradas de los oficiales. Las huellas no tenían motivos para mentir, el aceite tampoco. Si alguien había sacado una nave tan grande de Kiriminato sin autorización, inevitablemente habría dejado rastros detrás. La cuestión no era descubrir si había ocurrido un sabotaje, era averiguar qué parte de aquel escenario había sido preparada para que todos perdieran el tiempo mirando en la dirección equivocada.
[Imagen: xd.png]
Brolk
Rango Genin
Clan Hozuki
Nivel 5
Estadísticas
Generales
Fuerza70(3)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra5(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu14
Sigilo9
325
310
Enlace al Post
18-06-2026, 04:05 PM
Llevaba entre sus brazos una gran bolsa con comida y, mientras avanzaba entre la multitud, no podía evitar comer un poco cada vez que el gentío frenaba en seco. Era la mejor forma de esperar, pero si las cosas continuaban así, se comería todo antes de llegar a donde estaba su padre.

Brolk provenía de una familia de navegantes y pescadores con una gran herencia ligada a los mares, por lo que su padre se encontraba en algún lugar del puerto. Aunque era igual de grande que Brolk, no lograba divisarlo por ningún lado. Intentó ver más allá de la niebla, pero el ambiente de aquella mañana no era como cualquier otro.

Las voces a su alrededor eran cada vez más fuertes, y aunque estaba totalmente concentrado en comerse el desayuno de su padre, no pudo evitar escuchar lo que estaba pasando.

—¿Escuchaste lo del Daibune?

Su padre siempre hablaba de eso, de la tecnología y cosas de barcos que él realmente no entendía; Brolk solo asentía mientras su viejo hablaba, pero algo tenía claro: era algo malo. ¿Cómo desaparecía algo tan gigante? Continuó caminando, pero la curiosidad le pudo mucho más que el hambre, por lo que sin pensarlo mucho se acercó al centro del alboroto, utilizando su tamaño para abrirse paso con facilidad.

Ya estando cerca, logró ver con sus propios ojos la destrucción. Todo aquello parecía muy extraño y sospechoso.

—Hmmmmmmm —murmuró fuerte, mientras usaba su única neurona para pensar y, mientras tanto, tomaba un poco de agüita de su calabaza. Se acercó sin mucha cautela a uno de los guardias y, dándole una palmada en el hombro, le dijo:

—¿Problemas, hermano? Vamos a buscar a los malos y los golpeamos —añadió Brolk mientras golpeaba el aire y miraba al guardia desde arriba—. ¿Has visto a mi padre? Es como yo, pero más gordo —le preguntó, intentando de algún modo obtener la información que necesitaba.

—Toma, toma —le decía sin pensarlo mucho, mientras le daba algo de comer a uno de los Hoshigaki.

Escuchó a un joven hablar y, al verlo mejor, le reconoció de algún lugar, pero no lo pensó demasiado; por su bandana seguramente se trataba de otro ninja. Hablaba de cosas inteligentes que no entendía mucho. Brolk también podía tachar cosas en una lista, y eso no lo hacía el más listo.

Se encogió de hombros de nuevo mientras miraba todo a su alrededor; seguramente no encontraría a su padre allí, por lo que intentaría hacer algo productivo. De pronto, sus ojos se posaron sobre un pequeño de su clan. A ese sí lo había visto antes, aunque tampoco estaba seguro de dónde, pero se acercó igualmente.

—Hey, tú, ¿quieres agüita? Un shinobi deshidratado es un shinobi muerto —le dijo mientras le estiraba su calabaza. A veces era mejor que los adultos solucionaran ese tipo de cosas—. ¿Has visto a mi padre? Es como yo, pero más gordo —le repitió con naturalidad, como si todo el mundo lo conociera.
[Imagen: Dise-o-sin-t-tulo-1.png]
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
Enlace al Post
18-06-2026, 05:32 PM
Última modificación: 18-06-2026, 05:33 PM por Narrador General.
Kaito Hoshigaki, el guarda, llevaba demasiados años gritando órdenes en agua fría, corrientes fuertes y entrenamientos donde un segundo de distracción podía ahogar a un recluta. Por eso mismo odiaba el ruido inútil. Y esa mañana, Kiriminato estaba lleno de ruido inútil. Gente señalando barcos rotos, marineros jurando inocencia, funcionarios temblando con papeles mojados y curiosos metiendo la cabeza donde no les tocaba. Él había visto los Kiri Hayate volcados, las sogas cortadas, la rampa manchada de aceite y el hueco insultante donde debía estar el Daibune. Ya estaba enojado antes de que aparecieran los "mocosos". Luego llegó el Kaguya, con esa reverencia limpia y esa voz de recién graduado, hablándole de hechos, de guardias nocturnos y de anotaciones tachadas, como si Kaito no supiera leer una maldita lista. Más allá estaba el Hozuki de la bufanda, arrodillado entre bobinas y remaches, contando materiales mientras la aldea tenía una nave estratégica desaparecida. Encima, otro genin, el Heizu, se había puesto a revisar las sogas agachado en silencio, tocando fibras, comparando amarres y moviéndose por el muelle sin pedir permiso a nadie. Y cuando Kaito pensó que la mañana no podía ponerse más absurda, un tipo enorme le puso una mano en el hombro, le ofreció comida a un Hoshigaki y preguntó por su padre, “como yo, pero más gordo”. La mandíbula de Kaito se apretó. Una vena le saltó cerca de la sien. Los cuatro tenían iniciativa, sí. También tenían cero sentido de jerarquía.

—¡SUFICIENTE! ¡TODOS! ¡FUERA DE ACÁ! —la voz de Kaito reventó sobre el muelle y cortó las conversaciones de golpe—. ¡USTEDES CUATRO, AL FRENTE Y EN FILA! ¡YA!

Los marineros se apartaron sin discutir. Algunos curiosos retrocedieron tan rápido que casi se caen sobre las cajas de suministros. Kaito señaló con dos dedos el espacio frente a él, clavando la mirada primero en Kuren, luego en Soma, después en Issei y por último en Brolk. Estaba listo para partirlos con un regaño largo, de esos que dejaban a los reclutas tiesos una semana entera. Pero antes de abrir la boca, miró de reojo al capitán Isamu Funato. El hombre estaba junto a una mesa improvisada, revisando papeles, sellos, bitácoras y registros de salida con una cara de pocos amigos. No levantaba del todo la vista. Solo pasaba hojas, marcaba cosas con el dedo y contenía su propio enojo en silencio. Kaito respiró por la nariz. Mal. Respiró otra vez. Peor. La fila de genin frente a él era una colección de problemas esperando nombre. Entonces Isamu Funato cerró una carpeta de golpe y caminó hacia ellos. No pidió paso. La gente se abrió sola.

—Hoshigaki —dijo, seco—. Yo me encargo de averiguar quién hizo esto.
Kaito giró hacia él, todavía duro.
—Sí, capitán.
—Tú encárgate de encontrar el Kiri Daibune.
Kaito parpadeó una sola vez. El capitán Funato miró de lado a los cuatro genin.
—¿Y estos quiénes son?
—Señor, estos...
Isamu levantó una mano antes de que Kaito terminara.
—¿Sabes qué? No me importa. Tenemos un Kiri Daibune sin uso en los Astilleros Funato. Pero no tenemos tripulación disponible. Búscate una y ponte en marcha.
No esperó respuesta. Se dio media vuelta con la carpeta bajo el brazo y regresó hacia los oficiales, ladrando órdenes a dos marineros que estaban cerca. Kaito se quedó quieto unos segundos, mirando la espalda del capitán. Luego volvió los ojos hacia los cuatro genin. La furia seguía ahí, pero ahora tenía dirección. Ya no era solo regaño. Era trabajo.
—Felicidades, tripulación —dijo Kaito, con una sonrisa que no tenía nada de amable—. ¿Quieren ayudar? Muevan el culo y síganme.

El grupo bajaría hacia el sur del puerto, dejando atrás el hueco vacío del Daibune desaparecido y entrando en la zona pesada de los Astilleros Funato. Allí el aire olía a madera húmeda, brea, metal caliente y sal vieja. Las grúas de carga se alzaban sobre los muelles, quietas pero enormes, con cadenas gruesas colgando sobre cascos abiertos y plataformas de reparación. Había tablones apilados bajo lonas, barriles de aceite sellados con marcas del clan Funato, redes recogidas, velas dobladas y herramientas alineadas en mesas largas. A diferencia del caos de Kiriminato, el astillero tenía orden. Orden duro. Orden de gente que sabía que un error en el mar se pagaba caro. Al fondo, anclado junto a una pasarela reforzada, esperaba el Kiri Daibune disponible. Era una nave grande, robusta, de casco ancho y oscuro, con placas de refuerzo en los costados y defensas de metal en la proa. No era rápida ni elegante. Era una bestia de transporte. Tenía cubierta amplia, espacio para carga, barandas altas, cuerdas tensas, una pequeña cabina de mando elevada y varias posiciones marcadas con símbolos de uso militar. Kaito se acercó al personal Funato y empezó a llenar el papeleo con movimientos bruscos, firmando aquí, sellando allá, escuchando instrucciones a medias y respondiendo con gruñidos cortos. Luego señaló la nave con la cabeza.

Kiri Daibune
[Imagen: 876d3c2f-7031-4744-8b6d-fd898a414553.png]

—Suban. Dentro del Daibune, los puestos estaban claros. El primero era el puesto de timón, en la cabina elevada, desde donde se dirigía el rumbo y se obedecían las órdenes del capitán. El segundo era el puesto de velas y amarras, encargado de soltar, tensar y ajustar cuerdas para que la nave respondiera bien al viento y a las maniobras. El tercero era el puesto de vigía, arriba, cerca del mástil y con vista abierta hacia la niebla, perfecto para detectar restos, señales, enemigos o movimientos raros en el agua. El cuarto era el puesto de cubierta y carga, donde había que asegurar barriles, revisar equipo, mover suministros y evitar que algo saliera volando con el primer golpe de oleaje. El quinto era el puesto de defensa, junto a los mecanismos laterales y las armas defensivas de la nave, preparado para reaccionar si la búsqueda dejaba de ser búsqueda y se convertía en pelea.
Kaito terminó de revisar el último papel, subió a bordo y golpeó la baranda con la palma abierta.
—No se queden parados —dijo, mirando a los cuatro—. Busquen qué hacer.
Kaguya Kuren
Rango Genin
Clan Kaguya
Nivel 7
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra30(2)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud12
Velocidad13
Tenketsu9
Sigilo9
360
385
Enlace al Post
18-06-2026, 06:48 PM
Ni respondí ni aparté la mirada ante los gritos del Hoshigaki, aunque sí me habría gustado taparme la nariz.
Enderecé la espalda, cerré la boca y ocupé el lugar que había señalado frente a él, haciendo fila junto a otros tres genin. La voz del guardia había reventado sobre el muelle con suficiente fuerza como para hacer retroceder a marineros, curiosos y funcionarios por igual. Entendí que, una vez más, me había metido en algo que no me correspondía y reprimí mis ganas de suspirar. Con todo, el enojo de Kaito Hoshigaki no me impresionaba.
Mantuve la expresión quieta, casi de piedra, mientras nos observaba uno por uno. La cadena de mando existía y allí se hacía notar. En una aldea militar, desobedecer a un superior solo para satisfacer el orgullo no era solo tonto, sino también riesgoso. Pero obedecer no era lo mismo que respetar. El respeto no nacía de una insignia, ni de una voz fuerte, ni de una vena hinchada en la sien. Eso era jerarquía. Yo acataba la jerarquía porque no hacerlo no convenía. Nada más.
Cuando el capitán Funato intervino, también guardé silencio. Lo escuché repartir responsabilidades: él investigaría el sabotaje; Kaito encontraría el Daibune. Una asignación que me pareció curiosa. Y nosotros, por accidente, falta de personal o castigo divino, pasaríamos a ser tripulación.
Miré de reojo a los otros tres.
El Hozuki de la bufanda parecía más pendiente de pasar desapercibido que del desastre que tenía alrededor. El Heizu se movía con una calma y una soberbia que me resultaban irritantes. El otro Hozuki, enorme, cargaba comida, agua y una cara tan fea que rozaba lo absurdo. «Ni conozco sus nombres y ya los odio. Aunque eso dice mucho más de mí que de ellos.»
Seguí a Kaito hacia los Astilleros Funato sin hacer preguntas. El aire cambió a medida que avanzábamos hacia el sur del puerto. Menos gritos. Más madera húmeda, brea, metal caliente y sal vieja. El Daibune que nos esperaba no era elegante. Era grande, ancho, oscuro, reforzado en los costados: una bestia de transporte. Subí a bordo cuando Kaito lo ordenó.
Mis ojos recorrieron la cubierta, la cabina elevada, las cuerdas tensas, las barandas altas, los espacios de carga y los mecanismos defensivos de los laterales. No conocía la nave lo suficiente como para tener preferencia alguna por un puesto concreto. Timón, velas, vigía, carga, defensa. Cualquiera me vendría igual de bien o igual de mal. Cuando Kaito golpeó la baranda y nos dijo que buscáramos qué hacer, apoyé una mano sobre una de las cuerdas cercanas y miré a los demás.
—Elijan ustedes —dije, sin especial interés—. Tomaré el puesto que sobre. De todas formas, nunca he trabajado en uno de estos barcos, así que haga lo que haga, saldrá igual de mal.
Aquello podía sonar a chiste, pero yo lo había dicho con la mayor y más genuina de las seriedades.
Issei
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza60(3)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad10
Tenketsu12
Sigilo18
495
580
Enlace al Post
18-06-2026, 09:08 PM
Última modificación: 18-06-2026, 09:13 PM por Issei.
La voz del Hoshigaki estalló sobre el puerto con tanta fuerza que durante unos segundos pareció imponerse incluso al ruido del mar y de los propios marineros. A mi alrededor las conversaciones murieron de golpe, los curiosos retrocedieron varios pasos y algunos trabajadores que hasta ese momento parecían muy interesados en opinar sobre lo sucedido recordaron de repente que tenían asuntos más urgentes en otro lugar. Observé la escena sin demasiado interés mientras caminaba hacia la fila que nos habían ordenado formar. Si algo había aprendido con los años era que la mayoría de las personas solo entendían dos cosas: la fuerza y el miedo. Aquel hombre parecía dominar ambas bastante bien.

Mientras ocupaba mi lugar aproveché para fijarme mejor en los otros tres Genin que habían terminado involucrados en aquello. A uno de ellos ya lo conocía, o al menos conocía su nombre: Soma Hozuki, uno de los integrantes del equipo que me habían asignado. No habíamos intercambiado una sola palabra desde entonces. El día que anunciaron los equipos abandoné la plaza en cuanto escuché los nombres porque no tenía ningún interés en participar en presentaciones absurdas ni conversaciones de cortesía, pero aun así recordaba quién era. Resultaba difícil olvidar a un Hozuki. El segundo era un Hoshigaki enorme que parecía incapaz de quedarse quieto durante más de unos segundos seguidos. No sabía cómo se llamaba ni me preocupaba demasiado averiguarlo. Bastó observarlo un instante para llegar a una conclusión bastante simple: parecía fuerte, parecía entusiasta y probablemente pensaba después de actuar, si es que pensaba. El tercero llamó algo más mi atención: Cabello oscuro, pocas palabras y una actitud bastante reservada. Mientras los demás reaccionaban al caos del puerto, él parecía limitarse a observar. Durante un momento pensé que quizá hubiera algo interesante detrás de aquel silencio.

Pero la idea desapareció bastante rápido. Después de que nos empujaran prácticamente a formar parte de aquella improvisada tripulación y subiéramos al Daibune de los Funato, el muchacho habló por primera vez. Yo lo observé durante unos segundos.

Qué desperdicio.

Había creído que quizá aquel silencio ocultaba inteligencia, prudencia o simplemente alguien capaz de pensar antes de abrir la boca. En su lugar me encontré con otra persona que ya había decidido fracasar antes siquiera de empezar. Noté cómo todo el interés que había sentido hacia él desaparecía de inmediato.

— ¿De verdad me va a tocar trabajar con un tipo como tú? —pregunté sin molestia aparente, casi decepcionado—. Si ya has decidido que vas a hacerlo mal antes siquiera de intentarlo, entonces probablemente tengas razón.

No me molesté en esperar una respuesta, tampoco la necesitaba. La mayoría de las personas se pasaban media vida construyendo excusas para justificar sus propios límites y nunca había encontrado nada especialmente interesante en escucharlas.

Mientras tanto, mis ojos recorrían la cubierta del Daibune. Era una embarcación robusta, pesada y claramente diseñada para resistir más que para impresionar. Los Funato siempre habían tenido cierta obsesión por la funcionalidad. Todo estaba colocado donde debía estar; las cuerdas, las posiciones de trabajo, las herramientas, las defensas del casco. Era una nave construida por gente que entendía perfectamente que un error en alta mar podía costar vidas.

Kaito nos había dicho que buscáramos algo que hacer, pero ninguno parecía especialmente decidido a tomar la iniciativa. No me sorprendía, la mayoría de la gente prefería esperar instrucciones antes que arriesgarse a tomar una decisión equivocada. Personalmente, siempre me había parecido una forma bastante eficiente de convertirse en un estorbo.

— Tú, a las velas —señalé directamente al Hoshigaki—. Eres el único que parece capaz de mover media cubierta sin romperte algo en el proceso.

Después dirigí la mirada hacia Soma—. Tú al timón —no conocía realmente sus capacidades, pero pese a ser un crío al menos me había parecido más centrado que el resto durante el tiempo que llevábamos allí.

Finalmente miré al muchacho de cabello oscuro—. Y tú encárgate de la carga. Barriles, suministros, cuerdas... lo que encuentres. También estate pendiente del puesto de defensa. Si realmente piensas que vas a hacerlo mal en cualquier puesto, al menos procura que no se hunda el barco.

No esperé su aprobación ni ninguna protesta, si me hacían caso o no era asunto suyo. Yo ya había tomado mi decisión. Sin añadir nada más me dirigí hacia las cuerdas del mástil y comencé a ascender hasta el puesto de vigía. El aire era más frío allí arriba y la niebla cubría buena parte del horizonte, pero la vista seguía siendo infinitamente mejor que desde la cubierta. Desde aquella posición podía observar tanto Kiriminato como las aguas grises que se extendían más allá de los embarcaderos. Apoyé un brazo sobre la estructura de madera y dejé que mi mirada recorriera lentamente el puerto mientras repasaba todo lo que había visto desde que llegué.

Algo seguía sin encajar. Demasiadas personas parecían obsesionadas con encontrar el Daibune desaparecido, como si el barco fuera el verdadero misterio, pero para mí no lo era. Un barco no desaparecía solo, alguien lo había navegado. Y para navegar una embarcación de ese tamaño hacía falta una tripulación. Una tripulación implicaba organización, preparación y planificación previa. Cuanto más pensaba en ello, más evidente me parecía que la desaparición era únicamente la última parte de algo que había comenzado mucho antes. La mayoría estaba mirando hacia el mar, pero yo empezaba a sospechar que estaban buscando en la dirección equivocada.
Brolk
Rango Genin
Clan Hozuki
Nivel 5
Estadísticas
Generales
Fuerza70(3)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra5(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu14
Sigilo9
325
310
Enlace al Post
18-06-2026, 11:51 PM
No hubo mucho tiempo para presentarse, y mucho menos para encontrar a su padre, pues justo cuando se había acercado al pequeño de su clan, comenzaron a gritar de nuevo... Extraña la fijación que tenían los adultos con los gritos. ¿Qué ganaban con eso?

Se limpió la boca con la manga de su ropa y, como siempre, se puso listo para servir. La sonrisa volvió a su rostro de inmediato mientras sus tripas rugían de hambre y emoción; hacía poco que se había graduado y todo ese misterio con el barco le interesaba. Seguramente su padre estaría por ahí buscando la misma vaina.

Brolk se movió con sus pasos torpes y lentos hasta llegar al lado de aquel grupo de personas, respondiendo a los gritos del hombre al mando.

—¡Sí, señor! —dijo Brolk, mientras se colocaba en posición de firme y lo saludaba alzando la mano. Luego de esto, observó a los genins a su lado y los saludó dedicándoles una buena sonrisa.

—¿Quieren agüita? —preguntó Brolk, para luego volver a la posición de firme, intentando no hacer enojar al tipo ese. Entonces, Brolk movió un poco el culo de lado a lado y comenzó a seguirlo emocionado. ¡Le encantaba salir al mar!

Sin embargo, no pudo evitar sentirse algo de nervios también y, por ello, comenzó a terminarse la comida mientras caminaban. Mientras lo hacía, hablaba cosas que no se lograban comprender bien, apuntando con su mano gorda hacia un lado y luego hacia el otro, hasta que finalmente terminaron frente al Kiri Daibune.

Su cuerpo se emocionó al instante y dio un pequeño salto que hizo crujir la madera mojada bajo sus piernas. Abrió la boca, impresionado; era la primera vez que montaría una bestialidad como esa y, aunque salió corriendo a su máxima velocidad, terminó siendo uno de los últimos en subirse por culpa de su propio peso.

Escuchó las palabras de los otros y, como parecían dos personas bastante enojonas, prefirió no entrometerse... hasta que el chico sabelotodo se giró para darle una orden directa y mandarlo a las velas. Aquello no le gustó para nada.

—Mi papá me enseñó a navegar, no voy a dejar que un mandón me diga qué hacer, aunque de pronto si hago lo que me diga él —murmuró para sí, un poco enojado, mientras apuntaba al hombre que los había arrastrado hasta allí.

Haciendo caso omiso a la distribución de puestos, Brolk se quedó callado y, sin pensarlo mucho, se desvió directo hacia la zona de carga. Allí encontró algunos de los víveres con los que saldrían a la mar y, como consideró que su verdadera tarea prioritaria era revisarlo todo, le dio una buena mordida a un trozo de pan.

Y así, comenzó a moverse por la cubierta. Mientras probaba la comida, revisó los amarres por pura inercia y bajó a la bodega. Aunque su robusto cuerpo era un obstáculo en los pasillos, la inmensidad de la embarcación lo hacía ver pequeño. Su padre tenía razón: aquella máquina era impresionante, se limito a hacer su trabajo, mientras tarareaba una canción de su infancia.
[Imagen: Dise-o-sin-t-tulo-1.png]
Soma Hozuki
Rango Genin
Clan Hozuki
Nivel 5
Estadísticas
Generales
Fuerza40(2)
Destreza15(1)
Ctrl. de Chakra10(1)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad12
Tenketsu9
Sigilo11
330
305
Enlace al Post
19-06-2026, 12:24 AM
Soma seguía con las bobinas, callado y con la cabeza gacha como tocaba. Un grandulón de piel azulada se le plantó delante ofreciendo algo de beber. Soma aceptó y le sonrió porque no sabía qué otra cosa hacer. Le resultaba un poco familiar: Bro... algo. Hozuki, seguro, de los suyos, aunque el nombre completo se le escapaba. Dio un sorbo largo a la calabaza de su... ¿primo?, inclinó la cabeza y volvió a la lista de remaches. Los otros ninjas querían arreglar el puerto a su manera. Al jefe no le importó quién tuviera razón. La charla le subió la sangre hasta la sien, abrió la boca y el muelle se calló de golpe. En Kiri el rango mandaba, y Soma lo sabía perfectamente. Por eso no había dicho ni media palabra de más. Pero al cuarto grito lo metieron en la fila igual.

—¿Ustedes cuatro? —murmuró, contando.

Solo veía tres. Hasta que algo duro le clavó entre las nalgas y le obligó a ponerse de pie. Iba a protestar por la patada en el culo, pero el marinero que se la había propinado no dijo nada... con la mirada bastó. Señaló la formación donde los otros tres ya estaban de pie. Soma obedeció a regañadientes y caminó hacia ellos. Llevaba media mañana haciendo lo que le habían pedido, callado, con el culo fuera de donde no lo habían invitado. ¿Por qué iba a pagar platos rotos ajenos? Se colocó al lado del resto. El grandulón... su primo, casi con toda seguridad, volvió a ofrecerle agua. Soma negó con la cabeza. Tenía la mandíbula apretada y no le apetecía tragar nada. Esperó órdenes con los cachetes inflados. Durante un segundo miró mal a los otros dos. Todavía no sabía que les odiaría más después. El Hoshigaki les sonrió sin alegría y señaló la pasarela.

—Suban.

No, no, no.

La piel le empezó a picar. Le costaba meter aire en los pulmones. ¿Subir? ¿A un barco? Quiso quedarse en tierra. Los otros tres ya pisaban la cubierta. En Kiri desobedecer podía acabar en el destierro o peor, en la muerte. Bajó la cabeza y subió con ellos. El primer tablón cedió bajo su pie y casi se fue al agua. Agarró la cuerda de la pasarela, tiró de sí mismo y terminó en cubierta con las rodillas todavía temblando. La madera crujía bajo sus tabis. Olía a brea caliente, nauseabunda. La cubierta era ancha, con barandas altas y cuerdas gruesas como su antebrazo tensadas hacia mástiles que ni se tomó la molestia de observar. Barriles amarrados con marcas del clan Funato. Más atrás, una cabina elevada desde la que se mandaba el rumbo.

Conocía ese tipo de nave. Su padre había salido en expediciones así, hasta que ya no volvió. Sora había hecho lo mismo porque en casa faltaba de todo, y tampoco regresó. Dos veces sin cuerpo que enterrar. Kaito golpeó la baranda y gritó que buscaran qué hacer. El Kaguya habló de tomar el puesto que sobrara, mostrándose indiferente. Soma no entendió el resto, solo que sonaba a rendirse de antemano. Luego, el otro, empezó a mandar como si ya fuera capitán. El grandulón de su primo dijo algo que Soma no registró, y se quedó donde había aterrizado después de la pasarela, con los dedos clavados en la bufanda. El miedo se lo estaba comiendo vivo.

—Tú al timón —dijo el ninja mandón, señalándolo.

Soma parpadeó. ¿Él? El menos indicado de los cuatro, y de Kiri entera si es que se lo preguntaban. Odiaba el mar. Realmente lo odiaba. Los pies lo llevaron a la cabina sin que él mismo lo pensara, como si se encontrase dentro de un genjutsu. El timón era enorme y parecía gfastado por manos ajenas. Lo tomó con las dos propias y... le temblaron los brazos hasta los hombros. Se quedó ahí y sin la menor idea de hacia dónde había que empujar ni de qué pasaba si lo hacía mal. Esos dos solo tenían que mantener el culo fuera de los problemas. ¿Por qué abrieron la boca?
[Imagen: signature.png]
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
Enlace al Post
19-06-2026, 03:54 AM
Kaito terminó el papeleo con una firma seca. El personal Funato del astillero no perdió tiempo. Dos hombres soltaron los amarres de proa, otro aflojó las cuerdas gruesas del costado y una mujer con chaleco de trabajo revisó la pasarela antes de levantarla con ayuda de una polea. Las cadenas crujieron. La madera del Daibune respondió con un quejido profundo, pesado, vivo. Kaito subió a bordo con el ceño todavía hundido y miró a los genin repartidos por la nave. El Heizu ya estaba arriba, en el puesto de vigía, cómodo en su propia arrogancia. El grandulón Hozuki andaba por carga y bodega, haciendo quién sabe qué con los víveres. El Kaguya seguía con esa calma desagradable, cerca de los mecanismos de defensa, esperando que el mundo decidiera por él. Y entonces Kaito vio al otro Hozuki en el timón. El chico tenía ambas manos puestas sobre la rueda, los brazos temblando hasta los hombros y una cara que decía que prefería estar en cualquier otro sitio. Kaito caminó hasta él, le puso una mano encima del timón y lo apartó sin brusquedad, pero sin pedir permiso. —Ya quisieras, chico —dijo, seco—. Este lo manejo yo. Tú, a velas y amarras. Mira las cuerdas, escucha órdenes y no toques nada que no entiendas.

El Kiri Daibune salió en retroceso del astillero con una lentitud pesada. No se movía como una Hayate. No cortaba el agua... La empujaba. Primero se separó del muelle, luego Kaito giró el timón con fuerza y la nave empezó a rotar sobre el agua gris, dejando líneas anchas detrás del casco. Los obreros Funato desde el muelle gritaron indicaciones cortas, levantaron brazos, soltaron la última cuerda y la pasarela quedó atrás. Cuando el Daibune tomó rumbo, el astillero empezó a alejarse. Kaito se quedó unos segundos en silencio, sintiendo la respuesta de la nave bajo sus pies. Y luego los miró. Sabía que esos jóvenes no eran chunnin. Había entrenado a casi media aldea en combate acuático y no recordaba esas caras en ningún nivel avanzado. Genin.... Claro que eran genin. Una tripulación de emergencia hecha con mocosos, mala suerte y falta de personal. Con el rumbo estable, Kaito dejó una mano sobre el timón y alzó la voz para que todos lo escucharan. —Presten atención, a ver si aprenden algo de todo esto... Kirigakure no solo se protege con murallas y guardias en tierra. Acá afuera tenemos el Anillo de Vigilancia Naval de la Niebla ¿Les enseñaron eso? Son tres círculos de seguridad alrededor de la aldea. Nosotros vamos hacia el Kirishiro, el Castillo de la Niebla. Está a media hora de aquí. Es la última línea antes de que algo toque la aldea. El Kiri Daibune desaparecido estaba asignado a ese anillo. Los Kiri Hayate destruidos también trabajaban en esa zona... Eso significa que ahora mismo el Kirishiro no está al cien por ciento. Y cuando la última línea de defensa no está completa, cualquier cosa que venga desde afuera tiene más espacio para acercarse.

La salida no tardaría en ponerles problemas encima. Arriba, en el puesto de vigía, Issei sería el primero en tener trabajo real: la niebla no dejaba ver limpio (Qué sorpresa ¿No?) y, entre una capa blanca y otra, apareció algo oscuro flotando a estribor. No era grande, pero sí estaba justo en la ruta del Daibune. Podía ser un tablón de los Hayate destruidos, una boya suelta o una parte rota de otro casco. Desde abajo no se veía nada. Si Issei no avisaba rápido y con dirección clara, Kaito no tendría tiempo de corregir el rumbo antes de que el casco lo golpeara ¿Cómo haría para ser específico? En cubierta, Soma recibiría su propio castigo con las velas y amarras: una de las cuerdas húmedas se trabó en una polea vieja y quedó tensándose cada vez más, chirriando con un sonido feo, a punto de reventar o soltarse de golpe. No tenía que hacer magia ni navegar como experto; tenía que identificar cuál cuerda estaba atorada, aflojar la correcta y no meter las manos donde la tensión podía arrancarle los dedos. Abajo, en carga, Brolk escucharía un golpe seco desde la bodega. Uno de los barriles de agua se había soltado con el primer giro fuerte de la nave y empezó a rodar entre cajas de herramientas, golpeando madera, empujando sacos y amenazando con romper una caja marcada con aceite para mantenimiento. Si ese aceite se derramaba, la bodega iba a quedar resbalosa, peligrosa y oliendo peor que un pez muerto al sol. Y en el puesto de defensa, Kuren encontraría un problema peor que una simple palanca trabada. Uno de los mecanismos laterales estaba mal asegurado desde antes de zarpar. El seguro principal no había encajado completo y, con el movimiento del Daibune, el soporte empezó a vibrar contra la madera. Primero fue un golpeteo bajo. Luego un crujido más seco. La pieza defensiva, pesada y montada hacia el costado de la nave, comenzó a inclinarse apenas unos centímetros hacia afuera. No era suficiente para caerse todavía, pero sí para dejar claro que algo estaba mal. Si Kuren intentaba forzar la palanca, podía activar el mecanismo de golpe y lastimarse con el retroceso. Si no hacía nada, el soporte podía soltarse más con el oleaje y arrancar parte de la baranda o caer al agua. Tenía que decidir rápido.


Todo esto ocurriría media hora después de zarpar, cuando la silueta de Kirigakure ya no se veía igual. Desde el mar, la aldea quedaba atrás como una masa de techos bajos, muelles, torres y niebla pegada a la costa. El Kiri Daibune entró en la ruta del Kirishiro y comenzó a circular alrededor de la aldea, lento, firme, con el casco abriendo el agua en una línea ancha. Las boyas del tercer anillo aparecían una por una entre la bruma, marcadas con sellos rojos y negros de vigilancia naval. Más allá de ellas, el mar era una plancha gris sin confianza. Kaito mantuvo el rumbo y entrecerró los ojos. —Bienvenidos al Kirishiro —dijo—.  Ojos bien abiertos muchachos, tenemos un Kiri Daibune que encontrar.
Issei
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza60(3)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad10
Tenketsu12
Sigilo18
495
580
Enlace al Post
19-06-2026, 09:20 AM
Desde el puesto de vigía observé cómo la situación en cubierta terminaba acomodándose por sí sola. Al final, Soma había acabado en las velas después de que Kaito le arrebatara el timón prácticamente nada más zarpar. El de cabello oscuro había terminado junto a los mecanismos de defensa, mientras que el Hoshigaki se encontraba abajo, entre suministros y carga. No era exactamente la distribución que había propuesto, pero tampoco me importó demasiado. Nunca había esperado que me hicieran caso, lo único que pretendía era que dejaran de quedarse plantados mirando unos a otros como idiotas y eligieran una tarea de una vez.

Apoyé los brazos sobre la estructura del puesto mientras el Daibune abandonaba lentamente los astilleros. Poco a poco los muelles fueron quedando atrás y la silueta de Kirigakure comenzó a difuminarse entre la niebla y la distancia, hasta convertirse en una mancha gris recortada contra la costa.

Mientras tanto, Kaito comenzó a explicar la situación. Normalmente no solía prestar demasiada atención a discursos largos, pero esta vez había algo distinto. Algunos detalles consiguieron quedarse conmigo: El Kirishiro, la última línea defensiva antes de que cualquier amenaza pudiera acercarse a la aldea. El Daibune desaparecido, precisamente asignado a esa zona. Los Kiri Hayate destruidos, operando también en ese mismo perímetro.

Aquello cambiaba la perspectiva. Hasta ese momento podría haberse tratado de un simple robo, un ataque oportunista o incluso un acto de sabotaje aislado. Pero si alguien había golpeado justo en los puntos encargados de proteger la frontera marítima de Kirigakure, entonces era difícil creer que la nave fuera el verdadero objetivo. Quizá lo importante no era lo que habían tomado, sino que habían dejado un espacio vacío en las defensas. Era una oportunidad para que algo o alguien pudiera acercarse sin ser detectado a tiempo.

La idea siguió rondándome mientras mantenía la vista fija en el horizonte. El mar se extendía como una enorme superficie gris, casi imposible de distinguir de la propia niebla que lo cubría todo. En un lugar así, cualquier pequeño cambio podía significar algo. Un movimiento extraño, una silueta fuera de lugar, cualquier detalle que rompiera aquella monotonía podía ser la diferencia entre encontrar una pista o pasarla por alto.

Fue entonces cuando lo vi. Entre dos capas de bruma apareció una forma oscura flotando sobre el agua. No era demasiado grande y apenas se distinguía con claridad, pero había algo en su posición que llamó mi atención, se encontraba en nuestra trayectoria. Entrecerré los ojos y seguí observándola durante unos segundos, intentando calcular la distancia. Desde cubierta probablemente todavía no tendrían una visión clara del objeto, pero desde mi posición podía ver que el Daibune acabaría acercándose demasiado si mantenía el rumbo actual.

Me incorporé ligeramente y dirigí la voz hacia la cabina de mando—. ¡Objeto flotante a estribor por la proa! ¡A unos treinta metros! —esperé un instante, volviendo a localizar la silueta entre la niebla mientras el barco continuaba avanzando—. ¡Dos puntos por la amura de estribor! —La forma volvió a aparecer durante un breve momento antes de quedar oculta otra vez por la bruma—. ¡Recomiendo caer un punto a babor para evitar la colisión!

No era una orden, Kaito llevaba navegando más tiempo del que yo llevaba vivo y no necesitaba que un Genin le explicara cómo manejar un barco. Simplemente le estaba dando la información que tenía. Si corregíamos el rumbo unos grados, pasaríamos sin problemas. Si no, el casco acabaría golpeando aquello y descubriríamos demasiado tarde qué era.

Volví a inclinarme sobre la barandilla del puesto de vigía, intentando distinguir más detalles mientras nos acercábamos. A simple vista parecía un fragmento de madera, tal vez un tablón suelto arrastrado por el oleaje, o quizá una embarcación dañada. Aunque algo no terminaba de encajar, si pertenecía a uno de los Kiri Hayate destruidos, significaba que los restos se habían dispersado mucho más de lo esperado. Y si no pertenecía a ninguno de ellos, entonces había aparecido una pieza nueva en un escenario que ya tenía demasiadas preguntas sin respuesta.
[Imagen: xd.png]
Kaguya Kuren
Rango Genin
Clan Kaguya
Nivel 7
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra30(2)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud12
Velocidad13
Tenketsu9
Sigilo9
360
385
Enlace al Post
19-06-2026, 04:51 PM
Tras subir al barco, escuché la voz del Heizu por primera vez y en sus palabras confirmé algo: no solo se movía con soberbia, sino que hablaba con ella. Y me atrevería a decir que hasta la habitaba voluntariamente y sin pudor alguno.
Pero eso no me cambió el semblante. Tampoco respondí. Simplemente caminé hacia los dos puestos que habían quedado libres: carga y defensa. Me pareció cómico que terminara siendo yo el encargado del doble puesto, pero no dejé que aquello se me notara en el rostro.
Al menos había una cosa buena o, mejor dicho, una esperanza de que abrir mi boca en Kiriminato no hubiera sido un error: los mecanismos laterales del Daibune y sus armas. «Con algo de suerte, nos tocará usarlas», pensé mientras aseguraba unos barriles sujetos con trincas de cáñamo y calzados con cuñas de madera. Al menos sabía reconocer cuando algo estaba suelto.
Después me acerqué al puesto de defensa. Posé mis ojos en los mecanismos laterales, en las armas fijadas a la nave y en los espacios marcados para su uso. No toqué más de lo necesario y solo comprobé lo evidente: si giraban, si estaban asegurados, si había proyectiles o herramientas cerca, si algo parecía oxidado, flojo o bloqueado por descuido.
«Si los Funato son los que realizan el mantenimiento de esta nave, entonces este nivel de cuidado es de esperar.»
Me puse a revisar y comprobar el inventario del equipamiento. Estaba el agua potable, las raciones, el pan se lo estaba comiendo el feo... ¡¿El pan se lo estaba comiendo el feo?!
—Oye, grandulón de piel azul, no te comas el pan sin permiso. Que luego me echan la culpa a mí. —La paciencia comenzaba a agotárseme—. ¡Desgraciado! ¡No te escapes a la bodega...!
Las venas de la frente estaban a punto de explotarme y tenía los puños tan apretados que sentí un calambre asomándose en mis manos.
—¡Bah! —dije finalmente—. Haz lo que te dé la gana.
Media hora más tarde, escuché a Kaito decir unas cuantas cosas sobre “la última línea de defensa” y “el Kirishiro”. Sí, me habían enseñado sobre eso en la Academia. Pero si ni el primer anillo, “Kirisaki”, ni el segundo anillo, “Kirikiba”, habían dado alerta de nada, las chances de combate eran menores, con lo que cada vez se iba desvaneciendo más y más mi esperanza.
«Bueno», pensé. «Ahora que el grandulón se encarga de la cubierta y la carga, podré enfocarme exclusivamente en las armas y los mecanismos de defensa. Eso es algo bueno... probablemente.»
Uno de los mecanismos laterales estaba mal asegurado.
«Odio mi vida. ¡Maldito grandulón, si no me hubiera distraído comiéndose el pan, me habría dado cuenta de esto antes!», pensaba mientras me movía hacia el mecanismo mal asegurado, que ya empezaba a inclinarse y cuyo soporte no paraba de vibrar. «¡Me cago también en los Funato! ¡Y en mí mismo por abrir la boca en Kiriminato! Mierda, no puedo forzar la palanca. ¡Ni siquiera sé qué hace la palanca! El mecanismo podría activarse de golpe o algo peor. ¡Pero si no hago nada, esta cosa va a soltarse y va a aser mi culpa!»
Entonces escuché al soberbio gritar que un objeto flotante se encontraba a unos treinta metros de distancia. Si eso era un enemigo y yo no tenía las armas en condiciones de ser usadas...
Tomé tres cuerdas de cáñamo, las pasé alrededor del mecanismo y las fijé al punto más firme que encontré. Luego encajé una cuña de madera bajo el soporte para cortar la vibración.
—¡Hay un mecanismo flojo! ¡Lo he asegurado rudimentariamente!
«Si esto no funciona, tiraré de la palanca y que sea lo que tenga que ser. A lo mejor hasta le doy a algo e inicio un combate.»
Soma Hozuki
Rango Genin
Clan Hozuki
Nivel 5
Estadísticas
Generales
Fuerza40(2)
Destreza15(1)
Ctrl. de Chakra10(1)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad12
Tenketsu9
Sigilo11
330
305
Enlace al Post
20-06-2026, 05:30 PM
La mano de Kaito cayó sobre el timón y Soma sintió que le devolvían el cuerpo de golpe. Los brazos, que hasta hacía un segundo no paraban de temblar, se le quedaron colgando sin saber dónde ponerse. El hombre no le pidió permiso para apartarlo. Mejor así. Mucho mejor. Soma tragó aire salado y no protestó cuando la voz seca le mandó a velas y amarras.

Antes de moverse, levantó la vista hacia el puesto de vigía. Allí estaba el Heizu, el que le había señalado el timón como si de su jefe se tratase. Soma lo clavó con la mirada un instante, con la mandíbula tan apretada que le dolieron los dientes. ¿Quién coño se creía para decirle qué hacer? Le había hecho caso porque los otros ya se estaban repartiendo los puestos y él no quería quedarse plantado como un idiota más en cubierta. Tonto. Eso era lo que había sido. Tonto por obedecer a alguien que ni siquiera era su capitán. La rabia le subió a la cara y luego se le desinfló un poco cuando se dio cuenta de que la culpa no estaba solo en el otro. Él había estado haciendo todo lo que el resto le decía sin titubear. También era culpable en el asunto.

Se obligó a girar sobre los talones y fue donde Kaito había indicado. La cubierta se movía distinto desde ahí. El viento le pegaba de lado, la madera respondía con un vaivén lento y las cuerdas tiraban unas de otras constantemente, furiosas. Soma se colocó junto a las velas tratando de verse seguro de sí mismo, con las manos ya buscando trabajo. Arriba, Kaito empezó a hablar del Anillo de Vigilancia Naval, del Kirishiro, del Daibune desaparecido y de lo que significaba que la última línea no estuviera completa. Soma escuchó mientras revisaba nudos y trincas. No era la primera vez que oía hablar de esos círculos en la academia, pero nunca le habían entrado por los oídos como ahora, con el estómago encogido y el mar gris abriéndose bajo el casco. Aunque todavía rozaban aguas de Kiri, ya le bastaba. No quería navegar. No quería estar ahí. Pero las manos seguían moviéndose porque parar era muchísimo peor.

Un chirriado feo y repetido, venía de una polea vieja hacia estribor. Soma se agachó para observar mejor, ubicando una cuerda húmeda que se había trabado y cada balance del Daibune la tensaba un poco más. Si seguía así, reventaría o se soltaría de golpe. Y ahí no quería meter los dedos a ciegas. Se quedó quieto un segundo, solo mirando. Su padre solía decir que las cuerdas le contaban sus problemas si era lo suficientemente sabio para cerrar el hocico. Sora, más tarde, en un viaje corto por el canal, le había enseñado como ubica una cuerda problemática. Soma no era marinero. Nunca quiso serlo. Pero esas lecciones se le habían quedado grabadas en la mente.

Siguió el cordaje desde la polea chirriante hacia atrás. Una línea secundaria, más delgada, entraba torcida por el borde del tambor de madera y era la que estaba apretando todo el sistema. La principal seguía firme. Bien. Eso significaba que no tenía que tocar la que cargaba de verdad. Buscó un cabo suelto, se lo pasó por el hombro y tiró del nudo de afloje con los dientes apretados. La polea protestó, soltó un crujido y por un segundo parecía que iba a explotar en manos de Soma, pero dejó de chillar. La tensión bajó lo justo como para dejar de ser un problema. Soma exhaló por la nariz y se limpió las palmas en los shorts. Por un momento el miedo se apartó de su mente y pudo respirar con normalidad una vez más. Pero no desapareció del todo, claro, aunque si que dejó de apretarle la garganta.

–Espero que el grandulón no la esté pasando para el culo.
[Imagen: signature.png]
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
Enlace al Post
21-06-2026, 11:56 PM
El Daibune siguió avanzando con esa lentitud pesada. No era como las Kiri Hayate. No respondía rápido, no giraba bonito y no perdonaba distracciones. Aun así, los genin habían logrado mantener la cubierta bajo control. Issei, desde el puesto de vigía, vio el objeto antes de que el resto pudiera distinguir algo entre la niebla y cantó dirección con tal claridad que Kaito no tuvo que discutir. Soma, en velas y amarras, encontró la cuerda trabada en la polea vieja, no metió los dedos donde la tensión podía arrancárselos (bien pensado) y soltó la línea secundaria antes de que aquello reventara. Kuren, mientras tanto en defensa, detectó el mecanismo flojo y lo aseguró con cáñamo y una cuña de madera. No era una reparación fina, pero evitó que la pieza siguiera inclinándose hacia el agua. De la bodega seguían llegando golpes sordos, quejidos de madera y movimiento de carga. Brolk no había dado un reporte claro, pero mientras no se oyera aceite rompiéndose ni gritos de huesos quebrados, Kaito decidió que el grandulón todavía estaba cumpliendo alguna versión extraña de su trabajo. Para una tripulación improvisada de genin, el Daibune seguía entero. Eso ya era algo.

Kaito corrigió el rumbo siguiendo la advertencia de Issei. El Daibune pasó despacio, con el casco apartando el agua gris alrededor del punto señalado. Se asomó desde la cabina, inclinando el cuerpo apenas sobre la baranda para mirar mejor ¿Qué podría ser? En su mente se preparó a ver lo que creyó ser los restos de la nave perdida. Al principio parecía algo flotando, pero no lo era. No había caja, tablón ni boya. Eran rastros... eran... ¿Piedras rotas? Escombros oscuros bajo la espuma. Fragmentos de roca mojada que apenas sobresalían entre las olas. El Daibune avanzó con cuidado, sin tocar nada, mientras Kaito seguía el rastro con los ojos. Entonces su cara cambió. Eso era... Bajó un poco la voz, hablando más para él que para los demás, aunque cualquiera cercano o con buen oído podría escucharlo. —No... aquí había una piedra grande. Kaito tragó saliva y volvió a mirar. —He navegado esta parte cientos de veces. Sé que acá había una piedra enorme saliendo justo ahí. Estoy seguro...Sí, sí...Servía para marcar el giro antes de tomar la línea del Kirishiro. El agua golpeaba donde antes debía haber roca firme. Si uno se esforzaba, podía notar el patrón: bordes partidos, trozos dispersos, líneas de desgaste raras, espuma rompiendo contra restos que no deberían estar tan bajos.

El Kiri Daibune siguió circulando Kirigakure en sentido del reloj, desde el área Funato al oeste hacia la parte norte de la aldea. Dejaron atrás el sector de los astilleros y el Puerto Shinobi Funato, con sus muelles largos y sus almacenes húmedos perdiéndose en la niebla. Más adelante, frente a la Lonja Hoshigaki y el Barrio Hoshigaki, Kaito notó que varias piedras bajas que antes rompían el oleaje ya no levantaban espuma con la misma fuerza. Cerca del Complejo Yuki y del Archivo Glacial, donde la costa solía sentirse más firme por las formaciones frías y los rompeolas naturales, había huecos raros en el paisaje, y la costa se veía reducida. Puntas de roca reducidas. Mini islas que antes servían como referencia y ahora eran manchas oscuras, partidas en dos o tragadas casi por completo. Al pasar frente al Centro Estratégico Heizu y la Atalaya de la Niebla, Kaito miró las boyas, luego la costa, luego el agua. Cada cierto tramo encontraba otra ausencia. Una piedra menos. Un borde más bajo. Costas cayéndose a pedazos. Un islote que parecía haber perdido la mitad del cuerpo. La aldea seguía ahí, con sus muros, sus torres y sus techos mojados, pero el borde exterior se veía distinto....Se vería...gastado. 

Pasaron horas en esa circulación, siguiendo la línea interna del Kirishiro. El Daibune mantenía la ruta alrededor de Kiri.. Cuando se acercaron al tramo de la Torre de Vigía al noreste de la aldea, el clima cambió sin aviso. Primero entró un viento frío que empujó la niebla contra la cubierta. Luego cayó la lluvia de golpe. Una llluvia dura e inclinada. El mar se levantó en minutos. Las olas dejaron de balancear el Daibune y empezaron a pegarle de costado. Kaito abrió los ojos y apretó ambas manos sobre el timón. —Esto no es normal —dijo, alzando la voz por encima del viento—. Estas tormentas no golpean así tan cerca de Kiri.  El agua chocó contra el casco y la nave entera crujió. Kaito giró el timón con fuerza, rompiendo la circulación del Kirishiro para comenzar el retiro hacia la zona de la Torre de Vigía. 

La tormenta cayó encima de cada puesto. Arriba, Issei perdería la vista limpia casi de inmediato. La lluvia le golpearía la cara, sentiría el mástil moviéndose y crujiendo bajo sus pies.  Vería la Torre de Vigía como aparecía y desaparecía entre cortinas de agua. ¡Ojos bien abiertos allá arriba! Dijo Kaito hacia Issei. Su obstáculo era mantener una ruta útil para Kaito: ubicar la torre, confirmar las boyas del Kirishiro y avisar de cualquier roca baja o resto de escombro que la tormenta pudiera esconder en el camino. Si daba una dirección mala, el Daibune podía girar hacia una zona de piedras reducidas. Mientras tanto, en velas y amarras, Soma sentiría el viento cargar la vela de golpe. Una línea se tensó demasiado y otra empezó a sacudirse contra la cubierta, golpeando madera con fuerza. Su obstáculo era quitar presión sin soltar todo: debía identificar qué cabo aflojar, cuál asegurar y cómo evitar que el viento empujara la nave contra el giro de Kaito. En defensa, el mecanismo que Kuren había amarrado empezó a sufrir otra vez. Las cuerdas de cáñamo aguantaban, pero vibraban con cada golpe de ola, y la cuña bajo el soporte comenzó a moverse poco a poco. Su labor era reforzar ese costado antes de que el mecanismo se soltara de nuevo: podía trabarlo, redistribuir la tensión o bloquearlo por completo, pero tenía que decidir rápido. En la bodega, Brolk tendría el problema más ruidoso. Con el Daibune inclinándose, los barriles, cajas de herramientas, sacos y víveres comenzaron a moverse otra vez. La carga podía bloquear la salida, romper la caja de aceite o golpear el casco desde dentro. Su obstáculo era dejar la bodega quieta antes de que otro golpe fuerte mandara todo rodando a la vez. Kaito no podía ayudarlos. Tenía las dos manos en el timón y la mirada clavada hacia la Torre de Vigía. —¡Todos a sus puestos! —rugió—.¡Vigía, dame ruta limpia! ¡Velas, quítame presión! ¡Defensa, asegura ese costado! ¡Carga, quiero esa bodega quieta antes de que nos mate desde adentro!

Mecánica de Tormenta

La tormenta estalló de la nada y cada puesto tiene un obstáculo activo.
Tiren en ?│mecha-naruto-bot el comando: "/rol 5d10"
Deben taggearme al tirar.
Pueden sumar a cada dado su MINT, MFUE o MCCK, según cómo narren que superan el obstáculo. Si deciden usar chakra, fuerza o su cabeza.
Cada dado que sumado a su modificador, supere **5** cuenta como avance útil.
Además, la suma total de la tirada define el resultado general:
  • 1-10: Fallan el obstáculo. La tormenta empeora la situación de su puesto.
  • 11-20: Evitan lo peor, pero queda una complicación seria.
  • 21-29: Lo resuelven parcialmente. Funciona, pero con costo o riesgo.
  • 30-40: Apenas lo logran. El puesto aguanta, pero queda inestable.
  • 41-50: Lo logran sin problema. Controlan el obstáculo de forma limpia.

Soma Hozuki
Rango Genin
Clan Hozuki
Nivel 5
Estadísticas
Generales
Fuerza40(2)
Destreza15(1)
Ctrl. de Chakra10(1)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad12
Tenketsu9
Sigilo11
330
305
Enlace al Post
22-06-2026, 04:04 AM
El grito de Kaito le llegó a SOma por encima del viento y la lluvia, aunque no entendió muy bien las palabras. Entendió el tono, eso sí. Si no hacía algo ya, el barco se iría de lado y él con él. No pensó porque no podía darse el lujo de tal cosa. El cordaje podía esperar y la línea correcta también. El estómago se le había encogido hasta hacerle náuseas y el mar gris bajo el casco le recordaba a su padre, a Sora y a los dos cuerpos que nunca regresaron. La cabeza se le llenó de eso y de la necesidad de no soltar nada, de no quedarse quieto, de no morir ahogado por pura estupidez. La vela cargó de golpe y el Daibune se inclinó. Una cuerda le zumbaba en los dientes y otra azotaba la cubierta una y otra vez. Soma se lanzó encima de la que latigueaba, se la echó al hombro y tiró con todo lo que tenía, sin técnica, sin pausa, con los dientes apretados y los brazos temblando de rabia y miedo mezclados. Los nudillos le sangraban contra la fibra húmeda. Tiró otra vez y a cuerda cedió porque él no iba a soltarla primero.

Siguió tirando de todo lo que encontró a su alcance. Un cabo secundario, el que fuera, le entró en la palma como un cable caliente. Lo agarró con ambas manos, echó el cuerpo hacia atrás y pateó el suelo resbaladizo para ganar palanca. La polea chilló y el condenado cordaje protestó. Por un segundo creyó que le iba a estallar en la cara. No le importó en lo más mínimo y simplemente volvió a tirar. La presión bajó de golpe y el barco respondió un poco al timón, pero Soma no lo celebró. Solo jadeaba con la boca abierta y el agua salada entrándole por la garganta. Trincó lo primero que pudo con un nudo apretado, feo y hecho a ciegas, apretando hasta que le dolieron los antebrazos. No sabía si era el nudo bueno, pero sabía que si lo aflojaba, todo volvería a romperse.

—¡Presión fuera, señor! —gritó al aire con la esperanza de escucharse por encima del caos—. ¡Aguanta, pero no me pida que esto dure para siempre!

Ninguna línea se había soltado, y ninguna había dejado de tirar del todo. Una secundaria seguía vibrando con un temblor feo y la polea vieja crujía otra vez. El barco entero aguantaba mal atado, igual que él. Soma no soltó el cabo y plantó los pies en la cubierta y siguió tirando, aunque ya no supiera de qué tenía miedo... si del mar, del viento o de soltar las manos.
[Imagen: signature.png]
Brolk
Rango Genin
Clan Hozuki
Nivel 5
Estadísticas
Generales
Fuerza70(3)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra5(1)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu14
Sigilo9
325
310
Enlace al Post
22-06-2026, 05:14 AM
Dentro de la bodega, el ambiente había pasado de ser un tranquilo escondite para merendear a convertirse en un auténtico caos.

Brolk se encontraba con las manos en la masa cuando el Daibune se inclinó de golpe con violencia, haciendo que brolk tropezara contra la pared, y mientras la nave comenzaba a chirriar por la fuerza, el sonido de las cajas perder la estabilidad, le despertó de su letargo. 

Uno de los barriles de agua se había soltado y comenzó a moverse junto a la marea, Brolk se movió un poco, y por unos segundos logro evitar que uno de los amarres se soltara del todo, tenia que ser veloz, y Brolk no lo era del todo. Vio como el barril con agua, continuo su curso directo a estrellarse contra la caja de aceite.

Abrió los ojos de par en par. ¿Aceite? Eso arruinaría la comida. Pero lo que realmente le hizo mover el culo fue el barril de agua. el agua es vida, pensó con horror. ¡No iba a permitir que el agua se desperdiciara por culpa de una tormenta, no en su guardia!

—¡Sobre mi cadáver! —grito, dejando salir esa adrenalina, que esto le estaba generando en su cuerpo. 

Escuchó el grito del capitán Kaito desde arriba, y Brolk no lo defraudaría. Aprovecho su gran cuerpo, por algún motivo, siempre resolvía sus problemas del mismo modo, el joven Hōzuki se planto de cara ante el desastre.

El enorme barril impactó contra su cuerpo gordo, pero Brolk hizo una mueca de dolor, pero aguanto. Usando un brazo para mantener el barril bajo control, estiró su otra mano para agarrar unas cuerdas colgadas sobre la madera. 

Y con fuerza comenzó a rodear el barril y las cajas de herramientas que estaban a su costado. Utilizó todo su peso para mantener la carga segura, y aunque el barco se movía con fuerza, en esta oportunidad su peso y tamaño, le habían permitido asegurarlas, por poco. 

Aquella tormenta estaba fuera de control, ¿Qué estaba pasando esa tarde?. Brolk, continuo allí, y aferrándose con fuerza a la cuerda y empujando contra la pared intentaba salvar las mercancías. - ¿Necesitan ayuda arriba, subo el agüita?- Grito Brolk, mientras sonreía por su haber salvado el agua.
[Imagen: Dise-o-sin-t-tulo-1.png]
Kaguya Kuren
Rango Genin
Clan Kaguya
Nivel 7
Estadísticas
Generales
Fuerza25(2)
Destreza50(3)
Ctrl. de Chakra30(2)
Inteligencia0(1)
Especiales
Salud12
Velocidad13
Tenketsu9
Sigilo9
360
385
Enlace al Post
22-06-2026, 06:17 AM
Última modificación: 22-06-2026, 07:20 AM por Kaguya Kuren. Razón: Me olvidé de tiar los dados xD
Sí, había escuchado a Kaito murmurar algo preocupante. Pero ¿me importaba que una mísera piedra en medio de aquellas aguas hubiera desaparecido? Por supuesto que no. A no ser que el mandón del puesto de vigía informara de que veía el Daibune desaparecido y que este estaba lleno de piratas en busca de una paliza o algo por el estilo, aquella misión pasaría a la historia como la más aburrida llevada a cabo por cualquier shinobi de la niebla.
Para colmo, Kaito nos mantuvo dando vueltas y vueltas alrededor de la aldea durante horas. Las defensas no volvieron a mostrar ninguna complicación, así que no tenía más opción que quedarme parado allí como un imbécil, esperando a que ALGO, lo que SEA, ocurriera. Al cabo de un rato, me tiré en el suelo y me dediqué a observar el cielo, lanzando alguna mirada de vez en cuando en dirección a los mecanismos de los que estaba a cargo.
Cuando el barco estaba navegando cerca de la Torre de Vigía, al noreste, el mundo decidió que yo aún no había sufrido lo suficiente y lanzó viento, niebla, lluvia y mar contra la nave. Nos sacudimos y yo estuve a punto de perder el equilibrio en varias ocasiones, cosa que no me impidió gritar insultos a diestra y siniestra. Kaito decía que aquello no era normal. Yo no tenía idea de si era normal o no, pero sabía que no era bueno. La nave giró con violencia y pareció que empezábamos a dirigirnos a la Torre de Vigía.
Escuché algo. ¡Las cuerdas! ¡Las cuerdas de cáñamo estaban vibrando! Me moví hacia el mecanismo tan rápido como pude, aferrándome a lo que lograba encontrar para mantener el equilibrio. El soporte también estaba moviéndose poco a poco. No faltaba mucho para que el mecanismo se soltara.
«¡Mierda! ¡Mierda!»
Al principio intenté reforzar la sujeción, pero me resultaba imposible realizar movimientos finos con las cuerdas bajo el constante balanceo del barco y el azote de las violentas olas. No me quedaba más opción que bloquearlo por completo. De esa forma, aunque nosotros no pudiéramos utilizarlo, los Funato o alguien más podrían repararlo una vez hubiéramos regresado. Pero necesitaba mantenerme firme: hice un sello de manos y canalicé chakra en las plantas de mis pies tan finamente como la situación me lo permitía. Por userte, lo logré. pero no podía trabajar con la comodidad necesaria para que todo fuera perfecto.
Primero empujé el mecanismo hacia su posición de reposo, lo más cerca posible del soporte. Luego encajé una cuña de madera bajo la base, justo donde el movimiento parecía ganar espacio. No bastaba. Seguía vibrando. Tomé dos cuerdas de cáñamo y las pasé alrededor del cuerpo del mecanismo, cruzándolas entre sí antes de fijarlas a los puntos más firmes que encontré en la cubierta. Después agarré un listón corto, lo metí entre las vueltas de una de las cuerdas y lo giré con fuerza, improvisando un torniquete hasta que la cuerda empezó a tensarse.
—¡Mecanismo bloqueado! —grité por encima del viento—.¡Está inoperativo y no sé cuanto más vaya a aguantar! ¡Pero al menos no se soltará de momento! ¡Y no, grandote, ya tenemos más que suficiente agua aquí!
Issei
Rango Genin
Clan Heizu
Nivel 13
Estadísticas
Generales
Fuerza60(3)
Destreza75(4)
Ctrl. de Chakra50(3)
Inteligencia10(1)
Especiales
Salud9
Velocidad10
Tenketsu12
Sigilo18
495
580
Enlace al Post
22-06-2026, 05:48 PM
Última modificación: 22-06-2026, 06:21 PM por Issei.
La posición del vigía no era precisamente cómoda, pero aun así era la que había elegido desde el principio sin demasiadas dudas. Desde ahí arriba tenía la mejor visión posible de la ruta, y aunque la niebla de aquella zona parecía empeñada en tragarse cualquier cosa que se alejara lo suficiente, seguía siendo más fiable depender de la altura que confiar en lo poco que se intuía desde cubierta, donde todo parecía comprimido y engañoso.

Cuando empezamos a bordear la zona norte de la aldea, algo cambió de forma sutil. No conocía aquellas aguas lo suficiente como para saber qué debería o no estar allí, pero incluso con esa falta de referencia era evidente que algo no encajaba del todo. Desde mi posición, la diferencia era más clara: fragmentos de roca sobresaliendo entre las olas, cortes demasiado limpios en formaciones que no parecían naturales y espacios vacíos donde antes, por lógica, debía haber habido tierra o estructura sólida.

No podía decir qué había desaparecido exactamente porque nunca había visto aquella zona antes, pero aun así aquello no tenía el aspecto de una simple erosión ni de un desgaste progresivo del mar. Había demasiadas irregularidades. La naturaleza podía desgastar, romper o deformar, sí, pero rara vez dejaba una sensación tan clara de intervención reciente.

Escuché a Kaito murmurar algo sobre una piedra que ya no estaba en su sitio, y mi mirada volvió a bajar hacia los restos que emergían y desaparecían bajo el agua. En ese momento no lo pensé demasiado, pero la conclusión empezó a asentarse sola, sin necesidad de forzarla. No era solo una impresión aislada, algo había cambiado en aquella ruta, aunque todavía no sabía qué ni hasta qué punto.

No dije nada. Aún no tenía suficiente información como para sacar una conclusión útil, y lanzar teorías sin base era exactamente el tipo de cosa que hacía la gente que necesitaba sentirse lista hablando más de lo que realmente sabía. Así que me limité a observar, a memorizar las zonas donde faltaban referencias y a intentar encajar mentalmente qué tipo de fuerza o situación podía provocar un patrón de daños tan irregular.

El tiempo fue pasando siguiendo el perímetro del Kirishiro, con el Daibune avanzando de forma constante alrededor de la aldea hasta que, sin previo aviso, el clima cambió como si alguien hubiera decidido cerrar una puerta detrás de nosotros. El viento llegó primero, una ráfaga más fuerte que las anteriores que golpeó el mástil y me obligó a reajustar la postura casi por instinto para no perder el equilibrio y caerme. Después vino la lluvia, cayendo con una violencia repentina que en cuestión de segundos empezó a golpearme el rostro como si fueran pequeñas agujas, reduciendo la visibilidad hasta prácticamente borrar el entorno.

— Genial… —murmuré entre dientes mientras me limpiaba el agua de los ojos, sin apartar del todo la atención del frente. No era la tormenta en sí lo que me preocupaba, sino el hecho de no poder ver con claridad lo que había delante.

El mástil empezó a moverse bajo mis pies con más agresividad, obligándome a sujetarme con una mano mientras mantenía la otra libre para poder señalar cualquier cosa que apareciera. El Daibune tampoco ayudaba demasiado, ya que cada golpe de las olas hacía que la cubierta se inclinara de forma más brusca de lo esperado y más de una vez tuve que ajustar la postura para no perder estabilidad del todo. En ese momento escuché la voz de Kaito rompiendo el ruido del viento desde abajo, exigiendo información con su habitual tono seco.

Apreté ligeramente la mandíbula y volví a centrar la vista hacia delante, donde la Torre de Vigía aparecía y desaparecía entre cortinas de lluvia como si la propia tormenta se estuviera divirtiendo ocultándola. No podía darle una dirección perfecta, no con aquellas condiciones, pero tampoco podía quedarme sin aportar nada útil. Así que me obligué a trabajar con lo poco que tenía, filtrando lo que veía entre movimiento, lluvia y niebla, aceptando que en ese momento la precisión absoluta era simplemente un lujo que no nos podíamos permitir. Lo único que podía hacer era dar lo suficiente como para que el barco no se perdiera.

— ¡Torre de Vigía a la vista, ligeramente a estribor! —grité primero, intentando fijar un punto de referencia antes de que la propia tormenta se lo tragara otra vez—. ¡La visibilidad es intermitente, desaparece y reaparece con la niebla y la tormenta!

Fue entonces, justo cuando creí haber estabilizado el rumbo lo suficiente como para seguir trabajando, cuando el agua delante de nosotros cambió de textura. No fue algo evidente al principio, sino un matiz extraño en la espuma, una interrupción demasiado limpia en la continuidad del oleaje. Entrecerré los ojos, intentando confirmarlo, y en cuanto lo vi con claridad supe que no era una ilusión.

— ¡Espera… roca baja, dos puntos a babor, corta trayectoria! —avisé de inmediato, elevando la voz mientras el viento intentaba arrancarme las palabras.

Volví a buscar la Torre de Vigía entre la cortina de lluvia, pero lo único que encontré fue un caos de movimiento: olas cruzadas, espuma levantándose donde no debía y sombras sin forma que podían ser cualquier cosa o nada. Aun así, entre ese desorden, conseguí ubicar de nuevo la referencia general y corregí casi por instinto lo que veía.

— ¡La torre sigue como referencia, pero la niebla la distorsiona constantemente! —añadí rápidamente—. ¡Mantengan rumbo base, no sigan las apariciones parciales!

El barco volvió a sacudirse con fuerza, obligándome a flexionar las rodillas para no perder el equilibrio mientras el mástil crujía bajo la tensión del viento. Fue en ese mismo movimiento cuando detecté otro cambio, esta vez mucho más cercano. Una forma irregular emergió apenas un instante entre la espuma, lo suficiente como para que el instinto reaccionara antes que el pensamiento.

— ¡A estribor, cerca del casco! ¡Objeto flotante, evítenlo sin giro brusco! —solté casi de inmediato, ajustando la voz para que el viento no la deshiciera.

Tragué aire y seguí buscando referencias mientras la tormenta seguía empeorando. La Torre de Vigía volvió a aparecer unos segundos después, más definida que antes, aunque todavía deformada por la lluvia.

— ¡La torre reaparece! —volví a decir, esta vez ajustando la posición con más rapidez—. ¡Ligero ajuste a babor, solo corrección mínima, repito, mínima!

No tenía control absoluto de la situación, y tampoco pretendía tenerlo. Solo podía ver lo suficiente, reaccionar lo bastante rápido y confiar en que Kaito interpretaría mis indicaciones mejor de lo que el viento estaba destrozando mi voz. Mientras el Daibune seguía avanzando entre golpes de agua y madera, me quedó claro algo muy simple: en ese momento no estábamos navegando bien… estábamos sobreviviendo a la navegación.
Narrador General
Rango Genin
Clan Senju
Nivel 6
Estadísticas
Generales
Fuerza0(1)
Destreza0(1)
Ctrl. de Chakra0(1)
Inteligencia90(4)
Especiales
Salud9
Velocidad9
Tenketsu9
Sigilo15
390
300
Enlace al Post
23-06-2026, 01:24 AM
Kaito Hoshigaki no tenía tiempo para decirlo, pero la tripulación improvisada acababa de evitar que la tormenta los tragara vivos. Desde el timón, con las manos clavadas en la rueda y los pies firmes sobre una cubierta que no dejaba de sacudirse, alcanzó a escuchar las voces entre el viento. Issei, arriba, seguía dando referencias aunque la lluvia le estuviera partiendo la cara: torre a la vista, roca baja, corrección mínima, objeto cerca del casco. No eran indicaciones perfectas, pero... eran lo bastante claras para que Kaito pudiera tomar decisiones sin navegar a ciegas. Soma, en velas y amarras, le quitó presión a la nave a pura fuerza y miedo, tirando cabos con los brazos temblando y dejando las líneas lo bastante sujetas para que el Daibune no se fuera de lado con cada ráfaga. Kuren bloqueó el mecanismo lateral antes de que se soltara, usando chakra para mantenerse firme, cuerdas de cáñamo, una cuña y un torniquete feo pero útil; el arma quedaba inoperativa, sí, pero al menos no iba a arrancar media baranda. Y abajo, Brolk recibió el golpe de la bodega con el cuerpo completo, frenando el barril de agua antes de que rompiera la caja de aceite y amarrando carga con más entusiasmo que técnica. Todo estaba mal atado, mojado, golpeado y crujiente. Pero seguía en su sitio. Kaito giró el timón con fuerza, aprovechó la ruta que Issei le cantaba desde arriba y metió al Daibune entre las olas con una sola idea en la cabeza: llegar a refugio antes de que la tormenta decidiera terminar el trabajo.

La nave entró a duras penas en una pequeña cueva costera entre la Torre de Vigía y el Cementerio de la Marea Roja. No era un puerto, ni un muelle...mierda... ni un sitio cómodo. Era apenas una abertura oscura en la roca, lo bastante amplia para que el Daibune pudiera quedar protegido del golpe directo del mar. Kaito la conocía. Muchos patrulleros la conocían. Servía para esperar mal tiempo, ajustar amarres o esconderse unos minutos si la niebla se cerraba demasiado. Pero cuando el Daibune quedó dentro, el silencio no le dio tranquilidad...Al contrario, todo aquello le dio mala espina. Y es que la cueva estaba distinta. Más baja, húmeda y claramente... Más rota. El techo goteaba en líneas sucias y las paredes tenían grietas largas. Kaito bajó sin decir nada, saltó a una zona de piedra firme y caminó unos pasos con la lluvia todavía golpeando afuera. Se agachó, tomó un pedazo de roca entre los dedos y lo apretó. La piedra se deshizo en su mano.  No se quebró con resistencia....solo se volvió polvo húmedo y granos negros que se le quedaron pegados a la palma. Kaito se quedó mirando aquello varios segundos. Luego tomó otra piedra. Pasó lo mismo. Una tercera, lo mismo una vez más...La cueva estaba muriendo. La roca que debía aguantar años de oleaje se estaba deshaciendo como si llevara décadas enferma. Cuando volvió al Daibune, subió sin mirar a nadie directamente. —No le digan esto a nadie —dijo en voz baja, mirando uno por uno a los genin—. ¿Me escucharon? A nadie...esto no sale de este barco hasta que yo lo reporte.

Horas después, cuando la tormenta perdió fuerza suficiente para moverse, el Daibune terminó de dar la vuelta alrededor de Kirigakure. La costa sur confirmó lo que Kaito ya no quería seguir viendo. Cerca del Bestiario, las rocas que protegían el borde verde de la isla estaban comidas por abajo, con pedazos grandes caídos al agua. Frente a los Refugios de Montaña y la Prisión de la Montaña, varias paredes costeras se veían más delgadas, partidas en líneas negras, dejando caer tierra mojada hacia el mar. Más al sur, cerca del Área de Entrenamiento Norte y del Área de Entrenamiento Sur, las playas bajas habían perdido terreno; el agua llegaba más adentro de lo que Kaito recordaba. Frente al Templo del Vapor Terumi y las Termas Sagradas, la niebla se mezclaba con vapor y lluvia, pero ni eso ocultaba los bordes rotos de la costa. Cerca de los Canales Hōzuki, el agua golpeaba contra muros que antes quedaban más protegidos. Al pasar por el Distrito Comercial y acercarse de nuevo hacia las dársenas, el patrón se repetía: piedras reducidas, islotes más pequeños, marcas de desgaste donde no deberían existir todavía. Kirigakure seguía en pie, sí. Sus torres seguían ahí. Sus muelles seguían funcionando. Su gente seguía caminando dentro de los muros sin saber nada. Pero por fuera, la aldea ya no era la misma.  Cuando finalmente regresaron a los Astilleros Funato, Kaito atracó el Daibune con ayuda del personal del muelle, esperó a que bajaran la pasarela y miró a los cuatro genin con el rostro cansado. —Ya hicieron suficiente por hoy —dijo, sin suavizar mucho la voz—. Retírense. Y recuerden lo que dije.

Cita:Side Quest finalizada.
  • Información obtenida: Hay algo mal con Kirigakure. Por fuera ya no es lo que era.
  • Side Quest desbloqueada: En búsqueda del Kiri Daibune.
  1 2 Siguiente »
Responder
Salto de foro:

Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)