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  ›   [Misión Simple] Auditoría y Despeje [E] - Hyuga Mayura, Senju Naoe y Sarutobi Raizen
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Auditoría y Despeje [E] - Hyuga Mayura, Senju Naoe y Sarutobi Raizen
Kaguya Kuren
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19-06-2026, 05:50 PM
Última modificación: 20-06-2026, 01:53 AM por Kaguya Kuren.
Misión de Rango E — Auditoría y Despeje del Depósito Logístico Subterráneo
Año: 150
Lugar: Konohagakure
Hora: 5:00 p. m.
Petición: Aquí


La kunoichi levantó la mirada de su portapapeles tras hacer unas últimas anotaciones y fijó los ojos en ustedes tres, empezando por Mayura, en quien se detuvo unos instantes más de lo necesario, sus mejillas adoptando un rubor juvenil; luego Naoe y finalmente Raizen, en quién también se detuvo. «Pues sí que son lindos...»
—Bien, veo que los tres ya están aquí. No estén tensos, dudo que esta misión vaya a exigirles mucho. Pero bueno, alguien tiene que encargarse de estas cosas, ¿quién mejor que los genin recién graduados? ¡Jajaja! No se lo tomen a pecho, piensen en ello como un pequeño rito de iniciación. Dentro de no mucho estarán deseando que las cosas sean tan sencillas como meterse en un viejo y polvoriento depósito por un rato.
La ninja se aclaró la garganta y volvió a ojear el portapapeles, pasando rápidamente de una hoja a otra y murmurando algo de lo que estaba leyendo en voz baja.
—Mhmm, hay herramientas de excavación y apuntalamiento extraviadas, así que si pudieran encontrarlas o descubrir qué les ocurrió, les estaría muy agradecida. Específicamente faltan tres palas y dos puntales rojos. Dicho esto, su principal objetivo es contar y catalogar el hierro y las maderas de reserva e investigar la procedencia de las filtraciones de humedad que han estado apareciendo y el porqué de los ruidos inusuales que vienen del otro lado del búnker —hizo una pausa, levantó la mirada y apuntó a Mayura con su lápiz—. Para eso solicitamos a alguien del clan Hyuga. Para ti, con esos ojazos, debería ser sencillo encontrar esas cosas, ¿no? Ah, puede que se trate de alimañas como ratas. Llegan a ser bastante grandes, así que no se me asusten, ¿sí? Eso quedaría muy mal en el reporte. Ah, y sean honestos en su reporte. En cuanto a cómo catalogar el hierro y las maderas, encontrarán todo lo que necesitan saber aquí.
Le ofreció a Naoe una planilla con instrucciones. Allí se especificaba que el hierro debía clasificarse por tipo y estado:

Tipos de hierro:
  • Barras rectas: usadas para refuerzo de muros, puertas o apuntalamientos.
  • Placas: láminas gruesas para cubrir grietas, reforzar portones o proteger zonas débiles.
  • Clavos largos: para fijar puntales, tablones y soportes.
  • Abrazaderas: piezas curvas o rectangulares para sujetar vigas y postes.
  • Cuñas de hierro: usadas para bloquear piezas pesadas o trabar estructuras.
Estado:
  • Apto: limpio, seco, sin deformaciones importantes.
  • Oxidado: puede usarse, pero debe revisarse.
  • Deformado: doblado, golpeado o torcido.
  • Inservible: quebrado, demasiado oxidado o peligroso para uso estructural.

Y con las maderas, lo mismo:

Tipos de madera:
  • Tablones: piezas largas y planas para pisos, paredes o reparaciones rápidas.
  • Puntales: postes gruesos para sostener techos, túneles o muros.
  • Cuñas de madera: piezas pequeñas para calzar estructuras.
  • Vigas cortas: soportes más fuertes para apuntalamiento temporal.
  • Listones: madera más fina para reparaciones menores.
Estado:
  • Seca: apta para uso inmediato.
  • Húmeda: debe separarse o secarse antes de usarse.
  • Astillada: puede servir para reparaciones menores, pero no para soporte.
  • Carcomida: posible presencia de alimañas o humedad avanzada.
  • Inservible: partida, podrida o demasiado dañada.

En la parte inferior de la hoja, una línea aparecía subrayada dos veces.

Puntales rojos: diez unidades registradas. Uso exclusivo para apuntalamiento de emergencia. Deben almacenarse siempre en pares.

—Eso sería todo. Decidan cómo dividirse el trabajo entre ustedes. Pueden bajar ya al Sector Siete ¡Diviértanse!
Raizen Sarutobi
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20-06-2026, 02:44 AM
Raizen llegó junto a Mayura desde antes, los dos bromeando sobre lo conveniente que sería irse del lugar. Sin embargo, el dinero y la reputación de sus respectivas casas pesaban lo suficiente como para quedarse, aunque a ninguno de los dos le importara demasiado en el fondo.
Al llegar, encontraron a un chico de cabello castaño oscuro, bastante largo, con un estilo bastante extravagante. Frente a él, una kunoichi con el portapapeles en mano. Raizen ya estaba acostumbrado a que las kunoichis suelen ser bastante exigentes, y prefería no discutir con ninguna. Solo pensar en su madre le bastaba para ponerse un poco inquieto.
Con los tres presentes, escucharon atentos a la kunoichi, que elogió a Mayura por la ventaja que su clan representaba para la misión, y repasó todo lo que debían hacer. Solo pensar en la cantidad de tareas ya empezaba a aburrir un poco a Raizen, que ese día había decidido no traer a Amaru, descansando en casa después del día anterior.
Mientras la mujer seguía con su explicación, el Sarutobi se acercó discretamente a su amigo y le susurró:

— Si no fuera porque estamos con alguien más y nos están supervisando, podríamos ir a comer takoyaki. Pensalo.

Intentó tentarlo con esa sonrisa que solía usar cuando buscaba sacar a alguien de su zona de concentración. Cuando la kunoichi terminó de hablar y se alejó un poco, Raizen no pudo evitar que la sonrisa se le ensanchara, riéndose solo de algo que le cruzó por la cabeza. Miró primero a Mayura y después a Naoe, levantando la mano en señal de saludo.

— Siento que te conozco de algún lugar bastante curioso, algo relacionado con un triángulo... Pero bueno, me presento. Raizen, del clan Sarutobi. Un gusto.

Habló con la confianza de siempre, con ganas genuinas de hacerse amigo del Senju y esperando que él se presentara después. Tomó las riendas de la conversación por un momento más y sostuvo la planilla que sostenía Naoe con delicadeza para ver todo lo que podía capturar en su memoria y posterior miró a sus compañeros decisivo.

— Espero que no hayas gastado chakra antes de esto, Mayu. ¿Entendemos bien todo lo que tenemos que hacer? Podrías usar el...¿Cómo se llama? Byaringan...Shakugan...

Apoyó suavemente su dedo en su labio intentando pensar como se llama la habilidad que tienen los Hyuga, era algo que no recordaba con exactitud, y tampoco es que lo veía a su amigo usarlo muy seguido adelante de él.

— Bueno, es algo así. Podrías usarlo para ver si notas algo raro, capaz no asustarnos con las ratas, y ya vamos viendo, no va ser tan difícil la misión.
Naoe Senju
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20-06-2026, 09:34 PM
Recibir órdenes de un oficial superior que parecía más interesado en la fisonomía de sus subordinados que en la rigidez del protocolo militar de la fortaleza habría provocado una mueca en cualquier otro shinobi, pero Naoe se limitó a mantener una postura impecable. Con un movimiento fluido y una cortesía estrictamente calculada, extendió sus manos, cubiertas por los pulcros guantes blancos de lino, para aceptar la planilla de instrucciones. Sus ojos azules recorrieron las especificaciones técnicas con presteza, memorizando las categorías de clasificación del hierro y la madera, deteniéndose apenas una fracción de segundo en la advertencia subrayada sobre los puntales rojos.

—Entendido, oficial. El reporte será entregado con la pulcritud y honestidad que exige el Distrito Militar —respondió Naoe, inclinando levemente la cabeza en un saludo reglamentario antes de que la kunoichi se retirara.

Al quedar a solas con sus compañeros de equipo, el Senju giró sobre sus talones con parsimonia marcial para encarar a los otros dos genin. La mención de los takoyaki en medio de una asignación oficial y el evidente desinterés del Sarutobi por la nomenclatura correcta del dōjutsu más célebre de la aldea no hicieron más que confirmar sus sospechas sobre la alarmante relajación de la disciplina entre los recién graduados. Sin embargo, la alusión al triángulo en la Piedra Conmemorativa suavizó sutilmente la fijeza de su mirada. Al fin y al cabo, un rastro repetitivo compartía procedencia en la memoria.

—Es probable. El orden de la fortaleza requiere que los monumentos sagrados se mantengan limpios de vandalismo, Sarutobi-san —comentó Naoe, su voz resonando limpia, pausada y envuelta en esa formalidad desprovista de hostilidad, pero cargada de una sutil exigencia—. Mi nombre es Naoe, del clan Senju. El gusto es mío.

Sujetó la planilla con firmeza pero sin arrugar el papel, manteniéndola visible también para Mayura por si requería consultar las especificaciones técnicas antes del despliegue.

—Y el término correcto es Byakugan —corrigió con suavidad, mirando de reojo a Raizen antes de regresar la atención al pasadizo que conducía al Sector Siete—. Confundir el linaje ocular de la casa Hyūga no solo altera la precisión del informe, sino que obstruye la comunicación táctica óptima si ocurriese una emergencia en el subsuelo. La combustión de tabaco o la distracción con alimentos civiles pueden esperar; una auditoría defectuosa, no.

Ajustando el broche de su uniforme para asegurarse de que ninguna partícula de polvo innecesaria se adhiriera antes de tiempo, Naoe dio un paso hacia las escaleras del depósito, invitando implícitamente a los otros dos a seguir el paso reglamentario.

—Propongo una división eficiente tal como sugirió la oficial. Hyūga-san, tu agudeza visual es indispensable para examinar las filtraciones tras los muros y mapear la ubicación de las herramientas extraviadas antes de que avancemos a ciegas. Mientras tú realizas el rastreo perimetral, Sarutobi-san y yo podemos encargarnos del transporte y la catalogación del hierro y las maderas según su estado de conservación. Si hay alimañas de gran tamaño, mantener la guardia alta y un perímetro unificado evitará que el reporte sufra anomalías. ¿Están de acuerdo?
[Imagen: Firma.webp]

Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
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Mayura Hyuga
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21-06-2026, 10:11 PM
Los días solían ser más llevaderos con la compañía de Raizen, sus chistes y dinámicas con Amaru siempre lograban sacarle una sonrisa. Por momentos, la amistad le permitía no tener máscaras ni pensar en cosas importantes, era un sentimiento muy similar a la libertad que tanto anhelaba. En fin, especialmente hoy el joven Hyuga iba entusiasmado, era su primera misión en equipo y le había tocado con su mejor amigo, a eso se le llama golpe de suerte.

Ya estando los tres juntos frente a la oficial de rango superior que les estaba explicando la misión, Mayura no pudo evitar notar cómo se ponía frente a él. Estaba acostumbrado a esas miradas, siempre hacia lo que fuera para tenerlas, así que una sonrisa sin vergüenza se dibujó en su rostro, disfrutando cada segundo de cómo su belleza impactaba en la oficial superior.

Las órdenes y detalles parecían no acabarse. Sin embargo, la mente del Pavo Real estaba repasando su rutina para el día cuando Raizen le interrumpió, justo en el momento en que estaba pensando en el diseño para su manicura. — ¿Takoyakis? Jijiji. —  Respondió como un susurro hacia Raizen, saboreando esa palabra con tanto gusto que terminó por romper de una mordida el caramelo que llevaba en la boca. La simple idea de escaparse e ir por comida sonaba más interesante que las mil órdenes que estaban recibiendo, sobre todo cuando escuchó de ratas y su semblante cambió por solo un segundo, sí, le daban mucho asco.

La rectitud de Naoe le fue indiferente, ya le conocía de antes y recientemente habían tenido la escena en la piedra conmemorativa. De hecho, si la asignación del equipo de tres se mantenía oficial, sería perfecto, sabía que ambos eran capaces cada uno a su manera, pero capaces. A diferencia del Senju, Mayura simplemente se echó a reír cuando Raizen no supo pronunciar su técnica ocular, ya estaba acostumbrado a su despistado amigo. Estaban solos, bromear un poco no estaba de más, por lo que decidió continuar con un ligero chiste.

— Te equivocas, Naoe. No es Byakugan. Es… — Interrumpió con un tono relajado que se tornó extremadamente serio antes de frenar en seco y empezar con los sellos de mano. — ¡Byakugan! — exclamó activando la técnica sintiendo los cambios en su mirada al instante y luego soltando una carcajada por la broma que acababa de hacer.

Escuchó con atención el plan de Naoe, recordando que uno de sus fuertes era ese, siempre armar un plan estratégico. A Mayura le gustaba eso, no tener que ser quien ande haciendo planes siempre a pesar de tener un liderazgo nato, prefería destacar de otras formas. — Herramientas extraviadas y filtraciones. Entendido. — Repitió, ahora saltando por el lugar, apoyándose de su vista mejorada para buscar cualquier indicio de lo asignado. Estaba contento con la distribución, no le había tocado tener que ponerle la mano y arriesgar el ensuciar su túnica con piezas de hierro o madera.

De repente, frenó y llevó dos dedos a la barbilla, con un rostro evidentemente confundido. — ¿Cómo se ve una parte extraviada? Bueno, ya que primero buscaré las filtraciones. — Cuestionó relajado, enfocando su rango en una búsqueda hacia cualquier indicio de las filtraciones.


✔Aprendida · 17-06-2026
◈dōjutsu
✦Nivel: 1
#ID: HYUG101B
◔Coste
20 de Chakra| 10 de Chakra por Turno
▣Descripción

Al activarse, este dōjutsu otorga al usuario la visión característica del clan Hyūga. En combate, el usuario obtiene una cantidad de puntos de visión independientes equivalente a su modificador de Destreza, los cuales puede mover libremente dentro de un rango definido. Estos puntos le permiten ver a través de paredes y objetos físicos, aunque sin atravesar estructuras creadas o reforzadas con chakra. Si un punto se ubica sobre el propio usuario, este reduce el sigilo de las ofensivas dirigidas hacia él, independiente de la distancia. Si un punto se fija sobre un objetivo, el usuario puede observarlo en todo momento a menos que se oculte mediante una técnica, reduciendo el sigilo de sus acciones y ofensivas. El usuario puede concentrar múltiples puntos de visión sobre un mismo objetivo o sobre sí mismo, potenciando los efectos de las técnicas del estilo Hyūga empleadas en esas zonas. El usuario puede reubicar cada punto una vez por turno, siempre que el nuevo objetivo sea visible dentro de su campo visual, o bien realizar una tirada de búsqueda adicional por cada punto de visión dedicado a detectar si un objetivo se encuentra oculto.

Fuera de combate, el Byakugan amplía su rango de visión al doble del habitual, manteniendo la reducción de sigilo y permitiendo rastrear presencias en amplias zonas con notable precisión. Gracias a sus múltiples focos visuales, el usuario puede controlar el entorno, detectar amenazas y anticiparse a los movimientos enemigos, consolidando la fama del Byakugan como los verdaderos “ojos que todo lo ven".

✧Efecto
30 (MDES) de Rango de Visión, 3 (MDES) de Puntos de Visión, 3 (MDES) de Reducción de Sigilo

Stats

Mantengo Byakugan, rango fuera de combate = 20 metros, por lo que creo que fácilmente puedo cubrir todo el almacén sin moverme mucho.

Chakra = 256 - 40 (Activacion byakugan) = 216 Restantes

Vida: 214/214

Chakra: 216/256

[Imagen: ab4qP1h.jpeg]
Kaguya Kuren
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22-06-2026, 06:52 AM
La escalera hacia el Sector Siete era estrecha, fría y poco amable. La humedad bajaba por las paredes en líneas oscuras. Algunas lámparas protegidas por rejillas metálicas temblaban apenas con cada corriente de aire que subía desde los niveles inferiores. El ruido del Distrito Militar se fue apagando a medida que descendían, reemplazado por sus propios pasos, por el roce de la ropa y por un goteo lento que venía de algún punto más profundo.
El depósito no parecía peligroso a simple vista, pero si muy viejo. Había estanterías de madera contra los muros, cajas marcadas con sellos de inventario, barras de hierro apiladas por tamaño y tablones acomodados en grupos. Las placas estaban apoyadas contra una pared lateral. Los clavos largos, las abrazaderas y las cuñas descansaban dentro de cajas bajas, cada una con una etiqueta escrita a mano.
En el suelo, cerca del muro este, el polvo aparecía cortado por pequeños surcos irregulares. Había manchas oscuras en la base de la piedra y varias cajas estaban ligeramente torcidas, como si alguien las hubiera movido y luego intentado devolverlas a su lugar sin demasiado cuidado. El olor a humedad era más fuerte allí. También había otro olor debajo: tierra mojada, madera carcomida y animal.
Con el Byakugan activo, Mayura fue el primero en ver lo que los demás no podían: el muro este no era macizo. Detrás de la piedra había una cavidad estrecha, irregular, abierta entre tierra húmeda y raíces finas. No parecía formar parte de la construcción original. Dentro de ese hueco se movían varias formas pequeñas. No eran ratas comunes. Eran más grandes, más largas, y se desplazaban con movimientos nerviosos entre astillas, restos de cuerda y piezas metálicas arrastradas hacia el interior. Más al fondo, parcialmente cubiertas por barro y madera rota, había dos piezas alargadas.
Mientras tanto, Naoe tenía la planilla en las manos y un problema delante. En el estante señalado para los puntales rojos solo había ocho unidades. Debían ser diez. Eso confirmaba el informe, pero no era lo único. El soporte inferior de la estantería estaba húmedo y vencido hacia un lado. La madera se veía oscura en la base, hinchada por la humedad y mordida en algunos puntos. Si alguien retiraba los puntales restantes sin estabilizar antes la estructura, la estantería podía ceder.
No era una caída mortal, pero sí lo bastante seria como para convertir una auditoría sencilla en un informe lleno de explicaciones incómodas.
Raizen encontró la primera pala antes que los demás. O, mejor dicho, encontró el mango. Asomaba bajo una lona arrugada, entre dos cajas mal colocadas. Le pareció ver que se movia. Primero apenas y luego con un tirón seco. Algo al otro lado de una rendija en la pared intentaba arrastrarla hacia dentro. Se esuchó un raspado largo y las formas que Mayura veía detrás de la piedra se agitaron al mismo tiempo. Una caja pequeña cayó de una repisa baja y varios clavos se esparcieron por el suelo con un sonido metálico.
Naoe Senju
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22-06-2026, 05:58 PM
Aquel sutil despliegue de excentricidad teatral por parte de Mayura al activar su dōjutsu no alteró la concentración de Naoe, quien se limitó a observarlo con una impasibilidad clínica. Las venas distendidas alrededor de las sienes del Hyūga confirmaban que el flujo de chakra ya operaba con la máxima nitidez perimetral. No había espacio para correcciones lúdicas cuando la atmósfera confinada del Sector Siete se imponía con la frialdad de un búnker de almacenamiento militar. El olor a tierra mojada, madera carcomida y ese almizcle animal debajo de la humedad activaron de inmediato sus alarmas tácticas.

Sosteniendo la planilla con la mano izquierda, Naoe avanzó con pisadas silenciosas hacia el estante destinado a las reservas críticas de la fortaleza. Sus ojos azules se fijaron en el espacio vacío del inventario.

—Faltan dos puntales rojos —dictaminó en voz baja, con un tono severo y desprovisto de titubeos—. Ocho unidades registradas de las diez obligatorias. Y la anomalía logística es estructural.

Al inclinarse milimétricamente para examinar la base, sus guantes blancos de lino rozaron la madera hinchada y oscurecida. La viga inferior cedía visiblemente, debilitada por la filtración constante y marcas de mordeduras profundas que delataban la presencia de alimañas de un tonelaje inusual para el subsuelo. Con presteza mental, Naoe calculó el centro de gravedad del estante cargado; retirar los soportes restantes sin asegurar la línea de carga provocaría un colapso mecánico inmediato, sepultando el inventario bajo escombros e invalidando la pulcritud de su auditoría.

Justo en ese instante, el estrépito metálico de los clavos esparciéndose por el suelo tras la caída de una caja rompió el goteo monótono del búnker. Casi en sincronía, el mango de la pala bajo la lona cerca de Raizen sufrió un violento tirón hacia una rendija en el muro este.

—¡Sarutobi-san, no tires de esa herramienta! —ordenó Naoe, su voz cortando el aire con la firmeza de un mando de patrulla mientras daba un paso lateral para interponerse entre la estantería comprometida y el vector de movimiento de sus compañeros—. El soporte inferior está vencido y carcomido. Si la vibración del forcejeo o un desplazamiento brusco sacude este cuadrante, la repisa colapsará hacia el oeste.

Manteniendo una postura defensiva limpia, con la mano derecha descansando con parsimonia cerca de la empuñadura de su espada, listos sus reflejos ante cualquier espécimen que pretendiera emerger de las sombras, dirigió su mirada hacia las sienes tensas del Hyūga.

—Hyūga-san, la naturaleza del espacio tras el muro este ¿puedes verlo?¿Que hay?. Mi rango visual no detecta la cavidad interna, pero las marcas en el polvo y el olor confirman un nido activo. ¿Están ahí las tres palas y los puntales rojos faltantes? Necesitamos especificaciones de la estabilidad de la roca antes de autorizar cualquier extracción o contención armada. No podemos permitir que la infraestructura de la fortaleza sufra daños colaterales por una escaramuza menor contra alimañas.

Consciente de su propia doctrina estricta de preservar el orden y evitar violencia innecesaria que alterase la integridad del refugio, Naoe permaneció como un ancla táctica en el centro del Sector Siete, aguardando la lectura precisa del Byakugan para coordinar el contraataque o la estabilización de la estructura.
[Imagen: Firma.webp]

Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
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Raizen Sarutobi
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23-06-2026, 06:08 PM
Raizen sonreía mientras bajaban, pensando en cómo las interacciones del grupo ya prometían algo bueno, o al menos divertido. Entre el sarcasmo de Mayura y la formalidad estricta de Naoe, esta misión tenía pinta de no ser tan aburrida como sonaba en el papel.
Notó cómo las venas alrededor de las sienes de Mayura se marcaban apenas al activar el Byakugan, y no pudo evitar quedarse un segundo mirando el detalle con genuina fascinación. Por más veces que lo viera, esa técnica seguía pareciéndole impresionante.
Los tres bajaron por la escalera que llevaba al Sector Siete, una escalera que parecía absorber cualquier optimismo que llevaran encima. Las lámparas protegidas por rejillas se mecían apenas con cada corriente de aire que subía desde abajo, y la humedad se hacía sentir cada vez con más fuerza contra la piel.

— Recuerdo que uno de los baños de la academia era algo así — comentó Raizen, torciendo la cara en una mueca de asco. — Pero no tan turbio.

Giró la cabeza hacia otro lado, intentando alejar la nariz del olor que ya empezaba a treparle por la garganta, hasta que finalmente llegaron al depósito que les habían encomendado revisar. Lo poco que alcanzaba a iluminar el lugar le bastó para sentir un escalofrío subiéndole por toda la piel.

— ¿Qué ves? — le preguntó a Mayura, confiando en esa visión que ni él ni Naoe tenían.

Mientras Naoe empezaba a informarles sobre lo que faltaba según la planilla, Raizen avanzó por la zona despejada con cuidado, casi convencido de que el olor a polvo y a algo indefinidamente nauseabundo iba a terminar matándolo antes que cualquier rata.

— ¡Eh, lo encontré!

La alegría le duró exactamente lo que tardó en agacharse para agarrar el mango de la pala. Primero sintió un movimiento ligero, apenas perceptible. El siguiente fue mucho más brusco. Naoe y Mayura alcanzaron a ver cómo todo el cuerpo de Raizen se sacudía con un temblor corto antes de que saltara hacia atrás, alejándose un metro completo del lugar entre un grito agudo y bastante poco digno. Amaru, todavía sobre su hombro, quedó igual de aterrado, aferrándose con las cuatro patas como si la vida le dependiera de eso.

— ¡Carajo!

Retrocedió un par de pasos más hasta ponerse a la par de sus compañeros, intentando bajar el ritmo cardíaco con respiraciones cortas, aunque el susto seguía instalado en el cuerpo sin ninguna intención de irse pronto. Escuchó a Naoe explicar el plan, esa parte sobre las ratas siendo más que simples intrusas, sino habitantes de pleno derecho de ese lugar abandonado.

— ¿Y cuál sería el plan? — preguntó, todavía con la respiración algo irregular. — Suponiendo que haya super ratas viviendo acá, ¿hay alguna chance de que no nos muerdan, recuperemos las palas y los puntales, y que no nos caiga un mueble entero en la cabeza?

No era alguien que pudiera ofrecer una estrategia bien pensada, eso lo sabía de sobra. Lo suyo era más conversar, motivar, mantener el ánimo arriba cuando todo se complicaba. Por eso congeniaba tan bien con Mayura, y por eso, de alguna forma extraña, también empezaba a llevarse bien con este nuevo compañero que hablaba como alguien de una clase social bastante más alta que la suya.
Mayura Hyuga
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24-06-2026, 01:31 AM
A pesar de haber activado el Byakugan, Mayura se mantenía completamente idiotizado mientras bajaban por las escaleras. No sabía qué le distraía más entre la humedad, el frío o la combinación de ambas condiciones afectando su pelo. Eso es, su pelo, su rostro reflejó terror al instante, su mente solo estaba enfocada en el… ¡frizz! Repasó su rutina de cuidado una y otra vez al mes, lavarlo, secarlo y utilizar los aceites para rehidratarse. No, todo era mucho peor, la grasa podría empezar a resbalarse ahora y quizás sacarle un grano en la frente.

Afortunadamente, Raizen hizo un comentario que lo despertó de su pesadilla, llevándolo a otra igual de espeluznante. — ¡Puagh! Ni me recuerdes ese baño, era un desastre. Fochi fochi fochi. — Respondió con una mezcla de temor y asco llevando ambas manos a los costados de su rostro, manteniendo una expresión exagerada.

Pero entonces, su amigo le volvió a ayudar a aterrizar. ¿Qué veía? Muchas cosas, pero su primer enfoque había sido la búsqueda de la filtración, al menos en eso estuvo enfocado antes de empezar a descender las escaleras. — Hmmm a primera vista no hay mucho. El lugar se ve tan asqueroso, viejo y desordenado como alguien se lo pueda imaginar. Esto no es nada bello, debería retirarme, jum. — Inició antes de empezar con una búsqueda más exhaustiva sobre la razón de la filtración.

El grito de que Raizen había encontrado algo y Naoe advirtiéndole lo volvieron a desconcentrar. Era más fácil prestarle atención que dañar su vista con la fealdad del almacén. Soltó una carcajada estruendosa al ver cómo Raizen casi cae, pero se puso serio casi al instante en que Naoe le mencionó el muro. — Enseguida. — Mayura cerró los ojos por un momento y suspiró, necesitaba regular su respiración. Al abrirlos se enfocó en el muro y quedó asombrado con lo que encontró, dibujando una sonrisa en su rostro, una teatral pero que transmitía satisfacción como cuando se obtiene un logro.

— Ese muro no es macizo, pero… ¿adivinen? Justo por ahí puedo ver las filtraciones, hay mucha humedad y raíces, es como si el mismo tiempo y las condiciones fueran forzando la grieta para las filtraciones. Oh no… las condiciones. ¡Mi pelo, necesitamos salir de aquí cuanto antes! — respondió a Naoe, por supuesto, su tono cambió de cero a exagerado en un solo momento, dando vueltas en círculos mientras peinaba su pelo exageradamente con las manos y lloriqueaba con exageración.

Pero entonces, sus ojos captaron algo más. — ¡RATAS! ¡POR TODAS PARTES! ¡QUÉ ASCOOOO VÁMONOS! — No les tenía miedo ni nada por el estilo, solo asco. Ahora estaba triplemente con ganas de irse de ese mugroso almacén. Frenó de golpe, respirando agitadamente, haría un último esfuerzo para repasar todo. — ¿Prometen irnos si ya les digo todo cierto? Las filtraciones están por allí detrás de este muro relativamente fino y hueco. También veo muchas ratas por allá, por aquí y debajo de esas cajas. ¿La razón de los ruidos? Adivinen, este lugar es un desastre enorme, hay ratas enormes, irreales, completamente asquerosas por todas partes, algunas de seguro arrastran piezas metálicas de seguro que eso es lo que causa el ruido. ¿Piezas metálicas? Oh… esperen. ¿Cómo se veían las piezas faltantes? Alcanzo a ver dos piezas largas cubiertas de barro y madera vieja. ¿Será eso? Están por allí. — Por supuesto, sonaba agitado, desesperado, señalaba la dirección en la que veía todo y tras un largo suspiro que se pareció eterno pues continuó. — ¿Eso es todo? ¿Ya podemos irnos, cierto? Mi pelo, mi pelo mi peloooo. — Terminó por quedarse lloriqueando volviendo a dar vueltas mientras sobaba su melena púrpura.

Off

Mantengo Byakugan, rango fuera de combate = 20 metros.

Chakra = 216 - 30 = 186 Restantes

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24-06-2026, 09:51 AM
La estantería vencida soltó un crujido largo y desagradable. La madera húmeda se hundió un poco más en la base y varias barras de hierro se deslizaron apenas hacia un lado.
Naoe pudo verlo con claridad: la estructura estaba por ceder. Quizá se debía a los movimientos que los tres jóvenes shinobi habían estado realizando desde su llegada o quizá era porque a la estructura le había llegado su hora. En cualquier caso, si Naoe no hacía algo, la carga se iría hacia el oeste, arrastraría los tablones inferiores y posiblemente golpearía las cajas de cuñas y abrazaderas. Sería una catástrofe administrativa, pero había varias formas de evitarla.
Naoe podía colocar cuñas bajo la pata vencida y trabar la base antes de mover cualquier cosa. Podía usar una barra recta como apoyo temporal, encajándola entre el suelo y el borde inferior de la estantería. También podía ordenar que alguien sostuviera el peso mientras él redistribuía parte de la carga, retirando primero las piezas más pesadas del lado comprometido. Ninguna opción era perfecta. Todas requerían hacerlo con cuidado. Pero lo más importante era que se estaba quedando sin tiempo.

La pala volvió a moverse.
El mango desapareció un poco más bajo la lona, luego se detuvo, luego salió de golpe hacia un lado. Una rata enorme, mojada y de lomo gris oscuro, apareció desde una rendija baja con los dientes clavados en la madera del mango. Tenía los ojos pequeños, brillantes y furiosos. Durante un segundo miró a Raizen. Luego a Amaru y sonrió como si se estuviera burlando del pequeño mono. El motivo era claro: se había quedado dormido.
La rata soltó un chillido seco, giró sobre sí misma y salió corriendo entre las cajas con la pala arrastrando detrás. El metal golpeó el suelo, rebotó contra una caja baja y levantó varios clavos a su paso. Ahora la pala recorría el depósito a toda velocidad en la boca de una rata con demasiada determinación. El mango pasó cerca de los pies de Raizen. Luego dobló hacia el pasillo entre dos estantes. ¿Lograrían el joven Sarutobi y su mono somnoliento recuperar la legendaria pala? ¡Descúbranlo en el próximo capítulo!

Desde el muro este, Mayura seguía viendo más de lo que le gustaría. Detrás de la piedra había una cavidad más amplia de lo que parecía. Raíces, tierra húmeda, madera podrida y movimiento. Las dos piezas largas cubiertas de barro estaban allí, encajadas entre restos de tablones viejos. Por su forma y tamaño, tenían demasiadas posibilidades de ser los puntales rojos faltantes. Más al fondo, casi hundida junto a una filtración activa, había otra pala.
Pero antes de que pudiera seguir mirando, dos sombras pequeñas saltaron desde una caja cercana. No hacia sus piernas. No hacia sus manos. Hacia su pelo.
Dos ratas de pelaje oscuro, mojadas por la humedad del depósito y con olor a perro mojado, se lanzaron contra la melena púrpura de Mayura como si hubieran encontrado el mejor nido posible en toda Konohagakure.
El goteo continuó.
La estantería crujió otra vez.
La rata de Raizen siguió corriendo con la pala.
Y las dos ratas en el aire estaban a punto de descubrir si atacar el pelo de un Hyūga vanidoso era un error común o una forma muy rápida de morir.
Naoe Senju
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24-06-2026, 10:29 PM
El caótico panorama que se desplegó en escasos segundos dentro del Sector Siete habría desbordado las capacidades de previsión de un gennin promedio, pero para el Senju, aquello no era más que una ecuación física con múltiples variables de riesgo simultáneas. El crujido largo y desagradable de la estantería comprometida resonó en el búnker como una sentencia matemática; el centro de gravedad de la estructura acababa de desplazarse de forma crítica hacia el oeste debido a la debilidad de la madera carcomida en su base. Al mismo tiempo, la histeria del Sarutobi por el hurto de la herramienta a manos de un roedor de tonelaje inusual y los chillidos dramáticos del Hyūga, más preocupado por la integridad estética de su melena púrpura que por la estabilidad estructural del distrito militar, añadieron un ruido táctico innecesario al entorno.

No había espacio para la vacilación. Un colapso administrativo y de inventario no formaría parte de su expediente.

—¡Sarutobi-san, recupera esa herramienta! ¡No permitas que obstruya el pasillo central! —ordenó Naoe, su voz cortando el aire con una frialdad marcial, desprovista de pánico pero cargada de una exigencia absoluta, mientras sus ojos azules escaneaban las opciones lógicas a su alrededor—. ¡Hyūga-san, mantén la vertical y ejecuta una dispersión perimetral limpia; tus ojos siguen siendo nuestra única guía de extracción!

Con un movimiento fluido y desprovisto de titubeos, Naoe ignoró la repulsión civil hacia la fauna del subsuelo y se concentró en la prioridad logística más inminente: estabilizar la línea de carga. Al ver que las barras de hierro comenzaban a deslizarse de forma peligrosa hacia las cajas de cuñas y abrazaderas, el Senju dio un paso firme al frente. Sus guantes blancos de lino se tensaron mientras se agachaba con presteza hacia el cajón inferior de suministros secos. Sus dedos localizaron dos cuñas de hierro aptas y limpias, y una barra recta de refuerzo estructural que descansaba en el suelo lateral. Calculando la resistencia del soporte vencido con precisión clínica, Naoe encajó la barra recta de hierro entre el suelo de piedra fría y el borde inferior del estante, haciendo palanca con la fuerza exacta de sus hombros para contrarrestar el hundimiento inicial y frenar el balanceo hacia el oeste. Sin perder un milisegundo, y aprovechando la estabilidad temporal generada por el puntal improvisado, deslizó las dos cuñas de hierro directamente bajo la pata hinchada por la humedad, trabando la base con un golpe seco de su bota militar.

La estantería soltó un último quejido metálico y, tras un instante de tensión suspendida en el aire confinado, el peso se redistribuyó de forma pulcra, fijando el inventario en un ángulo seguro. La catástrofe administrativa había sido contenida mediante ingeniería de campo básica. Sin embargo, el perímetro seguía bajo asedio. Mientras mantenía la presión sobre el soporte estabilizado, Naoe ladeó levemente la cabeza, observando por el rabillo del ojo cómo las dos sombras oscuras y empapadas se proyectaban en el aire desde una caja cercana, con las garras extendidas directo hacia el cabello del Hyūga. El olor a animal mojado y el goteo constante de las filtraciones del muro este envolvieron la escena en una estampa grotesca que distaba mucho de la pulcritud que el Senju solía defender en la superficie.

—La cavidad tras el muro este aloja los dos puntales rojos y la tercera pala en condiciones de sedimentación avanzada —dictaminó Naoe, con la respiración perfectamente controlada mientras mantenía la mano derecha sobre la empuñadura de su espada, lista para trazar una línea de esgrima defensiva si los roedores decidieran reubicar su vector de ataque hacia su cuadrante—. Hyūga-san, deshazte de esas alimañas de inmediato. Una vez que el Sarutobi recupere el primer espécimen de pala y tú limpies tu perímetro visual, procederemos con el protocolo de apuntalamiento de emergencia para extraer las herramientas ocultas en el barro. Mantengan la disciplina; el reporte aún puede ser entregado con absoluta corrección.
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Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
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Raizen Sarutobi
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25-06-2026, 10:14 PM
Lo que movía la pala no era más que una rata. Una rata gorda, pero no tan gorda como Amaru. El propio mono se quedó sorprendido un segundo al verla, aunque enseguida entendió que aquello era un desafío directo a su honor. Raizen, por su parte, soltó un grito agudo cuando vio de qué se trataba todo ese alboroto. Una rata. Al instante se enojó. Las manos se le cerraron en puños, y antes de que pudiera decir nada, la rata ya estaba corriendo con la pala bien sujeta entre los dientes.

— ¿Qué te vas, rata de mierda?

Los ojos se le encendieron de bronca al verla escapar, pero antes de poder ir tras ella, otras dos ratas saltaron sobre Mayura. Raizen se dio vuelta de inmediato hacia su amigo. El único que no lo hizo fue Amaru. El gordito tenía una cuenta pendiente con esa rata en particular, y saltó del hombro de Raizen para perseguirla con una agilidad improbable considerando la panza que cargaba encima. Pero esa lógica no aplicaba ahí.
Avanzó por el suelo a toda velocidad en sus cuatro patas, directo hacia la rata maldita. Cuando llegaron al pasillo entre las estanterías, Amaru usó la cola para enganchar la pala y después sus propias manos, tirando con toda la fuerza que tenía mientras la cara se le iba poniendo roja del esfuerzo.

— ¡Si, Naoe! ¡Ahi te voy ayudar, Amaru!

Raizen gritó para que todos supieran que su compañero ya estaba en eso, corriendo detrás de los dos mientras sacaba un kunai del portasutensillos. Al llegar al pasillo y ver la escena completa, tuvo una idea rápida. Apuntó y lanzó el kunai en dirección a la rata, clavándolo a pocos centímetros de su cuerpo, lo suficientemente cerca para asustarla sin lastimarla, solo para que finalmente soltara la pala.
[Imagen: rzcjrdo.png]
Mayura Hyuga
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28-06-2026, 01:47 PM
Última modificación: 28-06-2026, 02:25 PM por Mayura Hyuga.
Gracias al Byakugan, Mayura no se perdía los detalles a su alrededor. Aun cuando lloriqueaba dando vueltas, su sentido de la vista, aumentado por su Byakugan, le permitía mantenerse al tanto, sobre todo por querer evitar que una de esas ratas fuera hacia él. En su mente iba repasando las que veía, haciendo su propia auditoría mental de todo lo que hubiera cerca. Sin embargo, no contaba con todo lo que pasaría y que pudiera distraerle.

Primero, el estante al que Naoe se lanzó para evitar que colapsara. Esto hizo que Mayura frenara de golpe; quiso gritar "cuidado", pero para cuando pudo reaccionar, la situación ya estaba bajo control, o al menos eso parecía. Después, la pala con la gran rata asustó a Hyuga lo suficiente para fijar sus dos puntos de sigilo sobre la misma. Aquel animal era enorme, incluso parecía hasta más grande que la bola de pelos pulgosa de su mejor amigo. 

Fue la combinación de todo lo anterior la que hizo que su campo se redujera lo suficiente como para no darse cuenta de su problema personal. La humedad y mugre en su pelo le despertaron su instinto natural de cuidado personal. No gritó, no se exaltó, supo perfectamente lo que sucedía, dos ratas acababan de sentenciar sus muertes. La mirada de Mayura se tornó fría, completamente seria. Sus movimientos se volvieron medidos, no había cabida para movimientos innecesarios, solo los precisos y rápidos. Ahora se encontraba en modo full shinobi defensor de su belleza, enfocado en una sola cosa, misión de exterminación.

Sin rechistar, no necesitó reubicar sus puntos de visión, podía sentir a las malditas forzarle a tener que lavar su pelo nuevamente. Instintivamente, y gracias a su visión con los ojos que todo lo ven, procedió a realizar dos agarres y lanzar las ratas hacia los lados. Su tono y seriedad se mantendrían por un rato, al menos hasta que las mismas entendieran la gravedad de sus acciones. — Larguémonos, nos tocaba auditar, encontrar lo que faltaba y creo que tenemos todo cubierto. Puedo hacer el reporte completo si gustan. — Diría con el mismo tono hacia sus compañeros. No por ofenderles, no por imponerse, simplemente necesitaba llegar a casa y trabajar su pelo, su semblante era como el de un asesino listo para matar.

Repasó las piezas que faltaban, memorizó sus ubicaciones y las de las filtraciones para escribir todos los detalles en el reporte y se marcharía por las escaleras que bajaron. No necesitaban hacer nada más; los habían contratado para auditar y encontrar lo que faltara, y eso había hecho: obtener la información para llevar a cabo la auditoría. Ahora solo quería llegar a casa y durar las horas necesarias lavando y peinando su pelo para quitarse la mugre y el mal olor de las ratas.


Datos

Mantengo Byakugan

Poseo Buen Flujo = Reducir mis costos en 10%.

Chakra = 186 - 27 = 159 

Chakra: 159/256

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28-06-2026, 11:09 PM
El kunai de Raizen se clavó a pocos centímetros de la rata y forzó al animal a soltar un chillido seco, abrir la boca y dejar caer la pala. Amaru cayó encima de ella como si acabara de derribar a un enemigo digno de aparecer en el Libro Bingo de la aldea. La rata, por su parte, no esperó una segunda advertencia. Giró entre las cajas, desapareció por una rendija baja y dejó atrás un rastro de barro, pelos mojados y dignidad perdida. Con eso, la pala quedó recuperada.
Al otro lado del depósito, las dos ratas que habían saltado hacia el pelo de Mayura descubrieron que era momento de replantearse varias decisiones. Las manos del Hyuga se movieron con precisión fría. Una rata salió despedida contra una caja de listones. La otra rodó por el suelo, chilló y escapó hacia el muro este. El goteo continuó y la estantería volvió a crujir, pero esta vez no cayó. La barra recta de hierro colocada por Naoe sostuvo el peso lo suficiente para que las cuñas quedaran firmes bajo la pata vencida. La madera húmeda cedió un poco más y luego se detuvo. Las barras de hierro dejaron de deslizarse. Las cajas de abrazaderas y clavos permanecieron en su sitio.
Por unos segundos, el Sector Siete quedó en silencio. Solo se escuchaba el agua filtrándose por la piedra, la respiración de los tres genin y el ruido lejano de las ratas moviéndose detrás del muro. Con el Byakugan activo, Mayura ya había revelado lo que hacía falta: la cavidad del muro este no pertenecía a la estructura original. Había tierra húmeda, raíces finas, madera podrida y un nido de alimañas más grande de lo que cualquier depósito militar debería permitir. En el interior estaban los dos puntales rojos faltantes, medio enterrados entre barro y restos de tablones. Una de las palas también estaba allí, hundida junto a una filtración activa. La tercera había aparecido poco después detrás de unas cajas torcidas, siguiendo los surcos que las ratas habían dejado en el polvo.
No hacía falta entrar y, de hecho, entrar habría sido una estupidez. La piedra estaba debilitada, la humedad había avanzado demasiado y el interior de la cavidad se movía con suficientes patas, colas y dientes como para justificar otro tipo de intervención. La misión no consistía en limpiar el nido ni reparar el muro. Consistía en auditar, localizar, catalogar y reportar. Con la estantería estabilizada de forma temporal, el riesgo inmediato de colapso también había quedado contenido. La barra recta y las cuñas mantenían el peso en su sitio, aunque cualquiera con dos dedos de frente entendería que aquello no era una reparación definitiva.
La información necesaria para la auditoría ya estaba sobre la mesa. Hierro: barras rectas, placas, clavos largos, abrazaderas y cuñas. La mayoría parecía apto, parte presentaba óxido, algunas piezas estaban deformadas y una pequeña cantidad debía separarse por humedad, golpes o deterioro. Madera: tablones, puntales, cuñas, vigas cortas y listones. La zona próxima al muro este era la más comprometida, con piezas húmedas, astilladas y varias señales de carcoma. La pala que la rata había intentado arrastrar quedó en el suelo, mordida, sucia y bastante menos digna que antes. Amaru estaba cerca de ella, con el aire de quien acababa de participar en una hazaña histórica, aunque quizá solo en su propia cabeza.
Con lo visto en el Sector Siete, el reporte podía ser bastante claro: el muro este estaba debilitado, existía una cavidad no registrada detrás de la piedra, las filtraciones provenían de allí y los ruidos inusuales eran causados por alimañas de gran tamaño que habían estado arrastrando herramientas y piezas metálicas hacia el interior. Dos puntales rojos permanecían dentro del hueco. Las palas habían sido localizadas y una de ellas había sido recuperada con daños por mordedura. La estantería quedaba estabilizada de forma temporal.
El resto ya no correspondía a tres genin recién graduados. Correspondía a mantenimiento, control de plagas y a quien tuviera la desgracia administrativa de explicar cómo un depósito militar había terminado convertido en madriguera.
Arriba, la kunoichi del portapapeles recibiría un informe honesto, detallado y bastante desagradable. Exactamente lo que había pedido. Era suficiente. El sello de misión cumplida podía ponerse sin demasiadas ceremonias.
Auditoría completada.
Despeje inicial realizado.
Y, por el bien de todos, especialmente del pelo de Mayura, nadie en su sano juicio tendría motivos para pedirles que bajaran otra vez.
Naoe Senju
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29-06-2026, 10:47 PM
La brusca transición del caos a la inmovilidad táctica dentro del sector siete fue recibida por Naoe con una exhalación pausada y controlada, el método exacto para devolver el ritmo cardíaco a sus valores nominales tras un esfuerzo de ingeniería de campo. Permaneció agachado una fracción de segundo más, con las palmas de sus guantes blancos de lino presionando las cuñas de hierro que ahora encajaban de manera milimétrica bajo la pata vencida de la estantería. Tras constatar que la barra recta de refuerzo absorbía la desviación del peso hacia el oeste y que las cajas de abrazaderas no registraban vibraciones secundarias, el Senju se incorporó con parsimonia marcial, sacudiendo el polvo invisible de sus rodillas con dos golpes secos de la mano.

El espectáculo logístico a su alrededor distaba de la pulcritud reglamentaria, pero la efectividad operativa de la unidad no admitía discusión. A unos metros, el Sarutobi contemplaba la pala recuperada junto a su simio, cuya postura victoriosa sobre la herramienta mordida provocó una sutil e imperceptible contracción en las cejas de Naoe. Al girarse hacia el este, el semblante de Mayura, usualmente entregado a la ligereza teatral, presentaba una fijeza gélida y letal que el Senju reconoció de inmediato: la mirada de un shinobi cuyo perímetro estético había sido ultrajado de forma intolerable.

—Coincido en el diagnóstico, Hyūga-san —dictaminó Naoe, su voz resonando limpia y desprovista de cualquier agitación en la quietud del búnker—. Permanecer en este cuadrante sin equipo de aislamiento o contención de plagas pesado representa una ineficiencia táctica. Has aportado los vectores exactos de las filtraciones y la ubicación de los dos puntales rojos de emergencia sepultados. Retirarnos ahora no es deserción; es el cumplimiento estricto del límite de nuestra asignación.

Con un paso fluido y medido, Naoe se acercó a la pala rescatada por Raizen, utilizándola como referencia visual antes de plasmar las anotaciones definitivas en la planilla que le otorgara la oficial. Sus dedos, firmes y precisos, deslizaron el carboncillo sobre el papel, rellenando las casillas con una caligrafía geométrica y pulcra: Hierro: Clasificación mixta. Barras rectas y placas estables (Aptas en su mayoría). Abrazaderas y clavos bajos con indicios de oxidación superficial debido al vector de humedad este. Madera: Sección inferior del estante afectada por carcoma avanzada y humedad estructural alta. Inservible para soporte definitivo a largo plazo. Herramientas: Tres palas localizadas (una recuperada con degradación severa en el mango por mordedura animal; dos en sedimentación inaccesible dentro de la cavidad). Dos puntales rojos confirmados en el subsuelo tras el muro este debilitado. Una vez selladas las anotaciones, Naoe guardó el portapapeles bajo el brazo izquierdo y encaró a sus dos compañeros, adoptando la postura de formación reglamentaria con los talones juntos.

—Sarutobi-san, transporta la herramienta recuperada; formará parte de las evidencias físicas del reporte. Hyūga-san, mantén la vanguardia de la marcha hacia la superficie. La oficial superior aguarda una transcripción honesta y la alteración de la infraestructura del Distrito Militar requerirá que el cuerpo de mantenimiento actúe antes del cambio de guardia.

Sin mirar atrás hacia el nido que aún raspaba la piedra detrás del muro hondo, Naoe comenzó el ascenso por la estrecha y fría escalera de caracol, guiando al equipo de regreso a la luz estival del Año 150. Su mente ya procesaba la estructura del informe final: una auditoría impecable nacida de un entorno completamente insalubre. La fortaleza de Konoha demandaba orden, y el sector siete, al menos sobre el papel, volvía a estar bajo control logístico.
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Hablo#FF851B - Pienso#C19E00 - Narro
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Raizen Sarutobi
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03-07-2026, 07:43 PM
—¡Vámonos!

Expresó el Sarutobi mientras se dirigía al grupo de los chicos con Amaru en brazos y el propio simio sujetando la pala entre sus patas, inflando el pecho con una sonrisa orgullosa tras haberle ganado el improvisado duelo a aquella insistente rata. El pequeño mono levantaba la herramienta como si fuera un trofeo de guerra, completamente convencido de que acababa de protagonizar una hazaña digna de ser recordada. Raizen no pudo evitar soltar una pequeña risa al verlo tan satisfecho.
El ambiente del depósito, sin embargo, ya comenzaba a resultarle insoportable. La humedad impregnaba cada respiración, el olor a madera podrida y tierra mojada se mezclaba con el polvo suspendido en el aire y el constante eco de las gotas cayendo desde el techo terminaba por generar una sensación de encierro difícil de ignorar. Tomó una larga bocanada de aire, aunque aquello no hizo más que recordarle lo desagradable que era respirar allí abajo. Sentía que el pecho se le cargaba un poco más con cada segundo que permanecían en aquel sitio.

Cuando el Senju confirmó que ya contaban con toda la información necesaria y propuso regresar a la superficie para entregar el informe, Raizen no necesitó escuchar una segunda vez. Asintió con rapidez, acomodó mejor a Amaru sobre su hombro y esperó apenas a que sus compañeros comenzaran a moverse antes de adelantarse algunos pasos. No era precisamente miedo lo que sentía, pero sí un enorme deseo de abandonar aquel agujero cuanto antes.
Subió la estrecha escalera casi de dos en dos escalones, sin perder tiempo en mirar hacia atrás. El aire parecía volverse un poco más liviano conforme ascendía, y aquella simple sensación bastó para acelerar todavía más el paso. Finalmente alcanzó las barandas metálicas  y sé empujó con un ímpetu con sus manos para salir de las escaleras. 

Raizen salió prácticamente de un salto y se inclinó ligeramente hacia adelante mientras tomaba varias bocanadas profundas, recuperando el aliento como si acabara de escapar de una cueva inundada. Permaneció unos instantes respirando con calma, dejando que el aire limpio reemplazara el olor rancio que había soportado durante toda la inspección. Incluso Amaru parecía mucho más tranquilo ahora, acomodándose sobre su hombro mientras soltaba un chillido satisfecho y seguía aferrado a la pala con evidente orgullo.
Cuando sus compañeros finalmente emergieron del depósito, el Sarutobi ya había recuperado parte de su habitual energía. Giró sobre sus talones para mirarlos con una expresión exageradamente dramática antes de llevarse una mano al pecho.

—¡Nunca más hacemos una misión en un lugar así! Prefiero estar bajo el sol ayudando a señoritas... ¡Pero nunca en un lugar tan cerrado!

Tras unos segundos, dejó escapar una carcajada y sacudió la cabeza. Al final, la misión había resultado mucho más extraña de lo que cualquiera habría esperado para una simple auditoría, pero al menos habían conseguido resolver el problema sin que nadie terminara aplastado por una estantería o convertido en el almuerzo de una colonia de ratas. 
[Imagen: rzcjrdo.png]
Mayura Hyuga
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04-07-2026, 02:51 PM
Afortunadamente sus compañeros aprobaron su idea. Bueno, en aquel momento no le importaba mucho. Independientemente de lo que hubieran respondido, se iría con o sin ellos. Pero siempre era mejor saber que estaba acompañado. Mayura, suspiró, no era momento de sonreír, ni siquiera se alegró de que Amaru ganara su duelo, ni de que Naoe no decidiera hacer uno de sus actos rectos y querer arreglar todo el desorden que no le compete. En esos instantes solo podía pensar en su pelo, en lo sucio y la humedad de las ratas que había lanzado.

Su delicadeza y escándalo teatral se habían convertido en rigidez, la mirada de Mayura transmitía una sed de sangre que rara vez se le vería. No respondió a las solicitudes de Naoe, pero si la hizo, les dejó adelantarse y se mantuvo observando a la vanguardia. Ahora no se exaltaba por las ratas; las veía directo y sin miedo, listo para matar a cualquiera que le saltara encima, manteniendo uno de sus kunais en la mano, empuñado, mientras finalmente se largaban y subían las escaleras.


Entonces Raizen expresó su frustración con la misión, había sido igual de traumante para ambos. — Concuerdo contigo. Jamas de los jamases aceptaré otra misión como esta, la próxima vez no cuenten conmigo. — Suspiró cansado y con irritación. — Ahora tendré que durar toda la noche tratando mi pelo para quitarme la mugre de esas asquerosas ratas. La próxima vez que las vea no habrá piedad. — Concluyó cuando terminaron de subir la escalera. Una vez en la recepción, se puso manos a la obra ayudando a Naoe a repasar los últimos detalles del informe. La kunoichi seguro no se impresionaría al escuchar todo lo sucedido, no es como que el desastre o la mugre de allí abajo fuera un secreto. Sin embargo, para eso eran las auditorias, para ayudar a los lugares desastrosos a ponerse en orden y con suerte ese sería el caso de este sector.
[Imagen: ab4qP1h.jpeg]
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