17-06-2026, 08:12 PM
Última modificación: 20-06-2026, 01:47 AM por Kaguya Kuren.
Misión de Rango E — Cartero por un día
Año: 150
Lugar: Academia Shinobi de Konohagakure
Hora: 9:00 a. m.
Petición: Aquí
El primer día de verano llegó a Konohagakure con un sol limpio, las calles ya en movimiento y el murmullo habitual de los comerciantes y las amas de casa que empezaban a moverse antes de que el calor se volviera muy pesado.
La misión de Yugen Sarutobi comenzó en la Academia Shinobi, no con una orden urgente, sino con una bolsa de cuero dejada sobre una mesa administrativa. Junto a ella descansaban tres cartas, cada una separada de las demás y marcada con una dirección distinta dentro de la aldea.
La encargada de la oficina postal explicó lo necesario sin adornos. Uno de sus repartidores se había lesionado esa mañana, las entregas se habían acumulado y la Academia había ofrecido apoyo con una misión de rango E. El trabajo era sencillo: entregar las tres cartas, confirmar que llegaran a sus destinatarios y volver con el reporte.
La primera carta tenía una mancha de grasa en una esquina y una dirección cercana al centro de la aldea: la tienda de flores del clan Yamanaka. La segunda estaba limpia, cerrada con un sello azul, y debía ser llevada al Complejo Hyuga. La tercera era más gruesa que las otras, tenía el sello ligeramente torcido y señalaba un edificio antiguo cerca del estadio.
No parecían mensajes importantes. Pero las cartas rara vez mostraban su peso desde fuera.
La bolsa fue entregada a Yugen poco después. La mujer de la oficina postal lo observó un momento, como si intentara decidir si debía darle una advertencia más o confiar en que la Academia no enviaría a alguien incapaz de seguir una dirección.
—Empieza por la florería de los Yamanaka, Sarutobi. Y procura no perder ninguna. Aquí en el servicio postal tenemos una reputación que mantener.
Fuera de la Academia, Konoha continuaba con su rutina: comerciantes abriendo puestos, niños corriendo por las calles y shinobi cruzando los tejados como si el día no pudiera alcanzarlos desde abajo.
Hoy no había enemigos que perseguir, ni escoltas que proteger, ni amenazas visibles entre los árboles.
Solo tres cartas.
Año: 150
Lugar: Academia Shinobi de Konohagakure
Hora: 9:00 a. m.
Petición: Aquí
El primer día de verano llegó a Konohagakure con un sol limpio, las calles ya en movimiento y el murmullo habitual de los comerciantes y las amas de casa que empezaban a moverse antes de que el calor se volviera muy pesado.
La misión de Yugen Sarutobi comenzó en la Academia Shinobi, no con una orden urgente, sino con una bolsa de cuero dejada sobre una mesa administrativa. Junto a ella descansaban tres cartas, cada una separada de las demás y marcada con una dirección distinta dentro de la aldea.
La encargada de la oficina postal explicó lo necesario sin adornos. Uno de sus repartidores se había lesionado esa mañana, las entregas se habían acumulado y la Academia había ofrecido apoyo con una misión de rango E. El trabajo era sencillo: entregar las tres cartas, confirmar que llegaran a sus destinatarios y volver con el reporte.
La primera carta tenía una mancha de grasa en una esquina y una dirección cercana al centro de la aldea: la tienda de flores del clan Yamanaka. La segunda estaba limpia, cerrada con un sello azul, y debía ser llevada al Complejo Hyuga. La tercera era más gruesa que las otras, tenía el sello ligeramente torcido y señalaba un edificio antiguo cerca del estadio.
No parecían mensajes importantes. Pero las cartas rara vez mostraban su peso desde fuera.
La bolsa fue entregada a Yugen poco después. La mujer de la oficina postal lo observó un momento, como si intentara decidir si debía darle una advertencia más o confiar en que la Academia no enviaría a alguien incapaz de seguir una dirección.
—Empieza por la florería de los Yamanaka, Sarutobi. Y procura no perder ninguna. Aquí en el servicio postal tenemos una reputación que mantener.
Fuera de la Academia, Konoha continuaba con su rutina: comerciantes abriendo puestos, niños corriendo por las calles y shinobi cruzando los tejados como si el día no pudiera alcanzarlos desde abajo.
Hoy no había enemigos que perseguir, ni escoltas que proteger, ni amenazas visibles entre los árboles.
Solo tres cartas.