19-06-2026, 02:00 AM
Solo una noche
Solitaria y habitual
Se puede mejorar
Con alguien especial, ah
Aquella voz algo rasposa resonaba por el otro lado de la pared. Resonaba en el interior de la casa. Un mendigo con una voz inigualable, un talento que pocos podrían anticipar al verlo. Sus ropas algo andrajosas, un largo abrigo y su peculiar baile adornaban la escena. No, no podía ignorarse.
De pronto el tiempo
Se pausó en mi interior
Como el desorden
De mi sucia habitación
Se pausó en mi interior
Como el desorden
De mi sucia habitación
Su canto continuaba afuera de aquel edificio donde la oficina del escriba se hacía cargo de un caso poco usual. Y sí, aunque durante la tarde y la noche aquel hombre no paraba de escucharlo y de mover la pluma a su ritmo inusual, dejando la ventana entreabierta para escucharlo e inspirarse, en esa misma habitación se perdía algo noche tras noche.
El caso no era realmente importante para los altos mandos. Eran solo plumas, tintas, pinceles, tinteros y pequeñas pertenencias las que desaparecían. Lo importante era otra cosa. Era que... aquello que se perdía resultaba imposible de rastrear.
Estoy cansado
Sin saber a dónde ir
Fuiste tú
La linda parte de vivir, ah
Sin saber a dónde ir
Fuiste tú
La linda parte de vivir, ah
La música inundaba el área mientras la academia simplemente envió a un ninja para cumplir una misión que, quizás, bien pudo haber sido destinada a un equipo de investigación.
El escriba, Caffeine-kun, era un hombre de bien. Vestía ropas andrajadas, tenía la cabellera completamente despeinada y descuidada, negra como la tinta. Grandes lentes redondos descansaban sobre su rostro, con cristales no demasiado gruesos. De piel tersa, aparentaba entre treinta y treinta y cinco años. Su vestimenta era tan rudimentaria que recordaba a esos japoneses que simplemente odiaban arreglarse y se enrollaban la primera túnica que encontraban.
Era delgado como un dedo, debiéndole grasa a sus huesos. Vivía de agua, una hogaza de pan y las migajas que les robaba a sus propios ratones de biblioteca.
Entre sus escritos podían encontrarse frases que llamaban la atención y, al mismo tiempo, daban algo de pena.
"Si los perros se comen mi carne, entonces, ¿cómo podré robarles la mitad?"
El hombre que permanecía afuera de la estancia seguía cantando. Su talento era innegable. ¿Acaso Caffeine-kun simplemente deseaba inspirarse en él? ¿O intentaba robar algo de aquel talento para sus propios escritos? Era difícil saberlo.
La melodía
Que bailamos cesó
Pero aún la oigo
En mi grande corazón
Que bailamos cesó
Pero aún la oigo
En mi grande corazón
Orion Hoshigaki, deberás narrar cómo recibes la información y cómo te contactas con el escriba. Tienes total libertad para investigar o preguntar lo que desees, donde desees, y observar cualquier cosa que consideres relevante.
Hay manchas por doquier. Si te detienes a observar con atención, notarás la escasez de implementos que posee el escriba para realizar su trabajo. Los papeles parecen haber sido revueltos más de una vez y existen ciertas inconsistencias en este asunto. Si es cierto que el escriba contrató vigilantes para cuidar sus pertenencias, entonces, ¿qué vigilantes se supone que contrató? ¿Por qué las pequeñas manchas de tinta están efectivamente en todas partes? Y más importante aún, ¿por qué nunca se molestó en limpiarlas?
Hay mucho que averiguar.
Por ahora, simplemente indaga un poco.
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