18-06-2026, 02:54 PM
Última modificación: 20-06-2026, 01:49 AM por Kaguya Kuren.
Misión de Rango E — El halcón que no regresó
Año: 150
Lugar: Aviario de Konohagakure
Hora: 10:20 a. m.
Petición: Aquí
—Se llama Shirohane. Es joven, testarudo y se niega a volver.
El encargado del aviario soltaba palabra tras palabra mientras movía las manos y los brazos en ademanes desesperados. El hombre caminaba nervioso por todo el recinto, esquivando jaulas abiertas, postes de descanso, cubetas con agua limpia y pequeñas mesas donde se ordenaban mensajes enrollados con cintas de distintos colores. El aire olía a mierda de pájaro.
En el techo, varios halcones permanecían quietos en las vigas, observando los movimientos de su adiestrador con ojos afilados. Algunos llevaban pequeñas correas en las patas. Otros inclinaban la cabeza cada vez que el encargado alzaba la voz.
El encargado era un hombre joven y exhausto por la responsabilidad que intentaba cargar sobre sus hombros. Tenía el cabello atado hacia atrás, una manga subida hasta el codo, la otra desplegada hasta la muñeca y varias marcas de picotazos recientes en el dorso de la mano izquierda.
—No está perdido —continuó—. Eso es lo peor. Si estuviera perdido, bastaría con rastrearlo. Pero no. Vuelve cerca del aviario, se posa en los tejados, mira hacia aquí y luego se va otra vez. ¡Se está burlando de mí! ¡Sé que se está burlando de mí!
Tomó un pequeño cilindro de madera vacío, de esos que se ataban a las patas de los halcones mensajeros.
—Su deber es entregar mensajes menores entre el aviario, el hospital y una vivienda al sur de la aldea. Nada importante. ¡Ni siquiera es un mensajero militar! Pero si dejamos que un halcón joven aprenda que puede ignorar las rutas, después tendremos diez haciendo lo mismo. ¡Y después cien! ¡Antes de que lo sepamos, estarán entregando información comprometida a nuestros enemigos!
El hombre dejó el cilindro sobre la mesa con fuerza y un estruendo.
—Necesito que lo traigas de vuelta antes de que siga retrasando entregas. Sin herirlo, por supuesto. Es propiedad de la aldea y todavía sirve.
Desde una de las ventanas abiertas del aviario se veía parte de Konohagakure. En dirección al Río Naka, una sombra blanca cruzó el aire durante un instante y se posó sobre el borde de un techo cercano.
El encargado la señaló de inmediato.
—¡Ahí! ¡Ese es!
El halcón era pequeño en comparación con los adultos del aviario, pero tenía el pecho claro, las alas firmes y una manera demasiado orgullosa de mantenerse quieto. En una de sus patas todavía llevaba una tira de cuero suelta. No se le notaba asustado ni tampoco dispuesto a volver.
El encargado tomó un guante grueso de cetrería y una tira de carne seca y se los ofreció a Kyōraku.
—Puedes intentar atraerlo con esto. Aunque ya probé antes y no funcionó.
Hizo una pausa breve, incómoda.
Fuera del aviario, Shirohane abrió las alas, pero no levantó vuelo todavía.
Año: 150
Lugar: Aviario de Konohagakure
Hora: 10:20 a. m.
Petición: Aquí
—Se llama Shirohane. Es joven, testarudo y se niega a volver.
El encargado del aviario soltaba palabra tras palabra mientras movía las manos y los brazos en ademanes desesperados. El hombre caminaba nervioso por todo el recinto, esquivando jaulas abiertas, postes de descanso, cubetas con agua limpia y pequeñas mesas donde se ordenaban mensajes enrollados con cintas de distintos colores. El aire olía a mierda de pájaro.
En el techo, varios halcones permanecían quietos en las vigas, observando los movimientos de su adiestrador con ojos afilados. Algunos llevaban pequeñas correas en las patas. Otros inclinaban la cabeza cada vez que el encargado alzaba la voz.
El encargado era un hombre joven y exhausto por la responsabilidad que intentaba cargar sobre sus hombros. Tenía el cabello atado hacia atrás, una manga subida hasta el codo, la otra desplegada hasta la muñeca y varias marcas de picotazos recientes en el dorso de la mano izquierda.
—No está perdido —continuó—. Eso es lo peor. Si estuviera perdido, bastaría con rastrearlo. Pero no. Vuelve cerca del aviario, se posa en los tejados, mira hacia aquí y luego se va otra vez. ¡Se está burlando de mí! ¡Sé que se está burlando de mí!
Tomó un pequeño cilindro de madera vacío, de esos que se ataban a las patas de los halcones mensajeros.
—Su deber es entregar mensajes menores entre el aviario, el hospital y una vivienda al sur de la aldea. Nada importante. ¡Ni siquiera es un mensajero militar! Pero si dejamos que un halcón joven aprenda que puede ignorar las rutas, después tendremos diez haciendo lo mismo. ¡Y después cien! ¡Antes de que lo sepamos, estarán entregando información comprometida a nuestros enemigos!
El hombre dejó el cilindro sobre la mesa con fuerza y un estruendo.
—Necesito que lo traigas de vuelta antes de que siga retrasando entregas. Sin herirlo, por supuesto. Es propiedad de la aldea y todavía sirve.
Desde una de las ventanas abiertas del aviario se veía parte de Konohagakure. En dirección al Río Naka, una sombra blanca cruzó el aire durante un instante y se posó sobre el borde de un techo cercano.
El encargado la señaló de inmediato.
—¡Ahí! ¡Ese es!
El halcón era pequeño en comparación con los adultos del aviario, pero tenía el pecho claro, las alas firmes y una manera demasiado orgullosa de mantenerse quieto. En una de sus patas todavía llevaba una tira de cuero suelta. No se le notaba asustado ni tampoco dispuesto a volver.
El encargado tomó un guante grueso de cetrería y una tira de carne seca y se los ofreció a Kyōraku.
—Puedes intentar atraerlo con esto. Aunque ya probé antes y no funcionó.
Hizo una pausa breve, incómoda.
Fuera del aviario, Shirohane abrió las alas, pero no levantó vuelo todavía.
![[Imagen: Kyoraku-spirit.png]](https://i.ibb.co/rGCFbfBf/Kyoraku-spirit.png)
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