Seguía nerviosa, tenía muchos motivos para estarlo. Se habían marchado de Iwagakure con una identidad totalmente distinta, con unos cambios físicos los suficientes para distinguir totalmente de su pasado a ojos desconocidos. Había quedado atrás sus vidas, pero dudaba que alguien fuera a echarle de menos precisamente a ella. ¿Y ella? No iba a echar de menos a ninguno de ellos, especialmente tras asuntos que habían calado en ella y le habían hecho reflexionar hasta comenzar a nacer en ella un pensamiento más frío y cruel de los que hubiera podido llegar a tener nunca. Había cosas que ni con Naoya estaba dispuesta a hablarlo, no aún, porque su cerebro no había tenido el tiempo de asimilar lo que había vivido.
Por otro lado, estaba tan solo con Naoya, volviéndose el centro de su mundo por completo y su refugio andante. Una parte de sí misma no podía asimilar el hecho de estar escapándose con él, otra parte de sí no creía que estuvieran haciéndose por un matrimonio de recién casados, pero también había sido idea de ella porque creyó que era lo más fácil de fingir en personas de su edad y les daría el pase perfecto para viajar donde quisieran. ¿Había pensado qué cosas debía hacer o fingir para que fuera creíble? Por supuesto que no, pero no creía que fuera a costarle siendo que era una aventura que compartía con aquel con el que llevaba toda su vida a su lado.
Allí ya adentrada en mitad de unos caminos secundarios de las tierras del País de la Cascada, prestó atención con su oído, tras realizar el correspondiente sello y mantenerlo, para atender a todo lo que pudiera estar pasando en su entorno, o incluso si había personas cerca de ellos.
Basándose en una habilidad innata con el Fuuton heredada de sus ancestros y de haber crecido en las tierras ventosas de Suna, los miembros del clan son capaces de canalizar las corrientes de aire de la atmósfera a su alrededor, realizando una tanda de sellos y manteniendo el último. Mientras lo mantengan, su oído se agudiza al extremo, siendo capaces de captar cualquier sonido que sea transmitido por el aire, detectando por mínimos que sean los movimientos de todo ser en un radio de 50 metros a la redonda, incluso si estos no hacen ruido al caminar, puesto que captará hasta su respiración.
Rango B: El rango aumenta a un radio de 100 metros.
Rango A+: Manteniendo el sello, el Tatsumaki es capaz de hablar y que lo oigan sólo las personas que quiera en ese rango, haciendo viajar su voz por las corrientes de viento.
No hay nadie, ni un respiro. — Aseguró de su parte, al menos de oído nada había y a no ser que mantuvieran la respiración por muchísimo tiempo... nada se le había escapado de sus capacidades. — ¿Cómo vas? No te encontré mejor ropa para el viaje que nos fuera conjuntados. — Y sí, podía dar la apariencia de estar llevando aquello como si fuera un juego de críos que tuvieran de pequeños, como si jugasen a las casitas, pero Shiza estaba preocupada. Solo que esta preocupación siempre había estado enterrado bajo esa personalidad más positiva y energética que tenía. — Espero que no se nos pasara nada, porque ya no hay vuelta atrás. — Se detuvo, estirando su cuerpo tomándose las manos para estirar los brazos y tirar hacia arriba. — No al menos hasta una buena temporada, supongo... — No había planes, no había ideas, solo acciones. — ¿Cómo te sientes? La verdad es que estoy nerviosa... — Se giró a verle, por fin de modo más directo, contemplando los cambios del contrario. — ¿No sientes como cuando hacíamos trastadas de pequeños? — Aunque era más ella siguiéndole que tomando una iniciativa así, pero lo recordaba con felicidad y de ahí la sonrisa de paz reflejada en su rostro. Claro que también... si lo pensaba, también estaba especialmente habladora y esto podía tener realmente muchas causas.