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Día 08 del Verano del Año 150 — País del Fuego
El puesto avanzado se encontraba varias horas al norte de Konohagakure, en uno de los caminos secundarios que atravesaban los bosques del País del Fuego antes de desviarse hacia territorios donde la presencia de patrullas de la aldea comenzaba a ser mucho menos frecuente. Cuando Kuroto llegó, un chūnin de unos treinta años ya lo esperaba junto a una mesa improvisada bajo el techo de madera del puesto. Se llamaba Daizen Nara, y frente a él había extendido un mapa cubierto con marcas recientes, además de tres pequeñas tablillas identificadas con los nombres de los shinobi que habían regresado de la zona el día anterior. Ninguno de ellos había vuelto en condiciones de regresar por lo que habían dejado atrás.
Daizen levantó la vista en cuanto reconoció al Uchiha y señaló directamente una marca ubicada lejos de los caminos principales. —Ayer enviamos un equipo de reconocimiento a esta parte del bosque. Encontraron movimiento que no esperábamos, tuvieron un enfrentamiento y terminaron retirándose antes de quedar rodeados. Los tres consiguieron regresar, pero durante la retirada dejaron una mochila y un estuche de transporte en el lugar donde comenzó el combate.— Deslizó dos dedos sobre el mapa hasta detenerlos junto al dibujo de un pequeño arroyo. —La mochila contiene informes de patrullaje, rutas utilizadas por nuestros equipos y documentación identificada con sellos de Konoha. El estuche lleva equipo de señales, códigos de campo y varias herramientas que tampoco queremos explicarle a nadie fuera de la aldea para qué sirven.
Según el testimonio de los supervivientes, el material había quedado cerca de un antiguo campamento de leñadores abandonado, construido junto a una bifurcación del arroyo y aproximadamente a una hora del puesto. El problema no era encontrarlo. Los miembros del equipo aseguraban haber visto al menos cuatro personas desplazándose por aquella zona antes de retirarse, y durante su huida habían recibido ataques desde posiciones distintas entre los árboles. Nadie había podido confirmar quiénes eran ni si continuaban allí, pero desde entonces ninguna patrulla de Konoha había vuelto a acercarse para comprobarlo. Daizen marcó finalmente una segunda línea sobre el mapa: un sendero estrecho que llegaba hasta el arroyo sin utilizar la ruta por la que había escapado el equipo anterior.
—No sabemos si encontraron nuestras cosas. Tampoco sabemos si están esperando que alguien vuelva por ellas. Lo único que sabemos es que todavía no podemos permitirnos dejarlas allí.— Daizen dobló el mapa y lo dejó sobre la mesa para Kuroto antes de mirar hacia el bosque que comenzaba pocos metros más allá del puesto. —Recupera todo lo que puedas identificar como propiedad de Konoha y tráelo de regreso. Si descubres que alguien ya se llevó parte del material, entonces necesitamos saber quién lo tiene y dónde terminó. A partir de este punto, asume que cualquiera que esté en esa zona sabe que nuestros hombres huyeron ayer... y que existe una buena posibilidad de que también sepan que alguien tendría que regresar.