Shigure Kisaragi encendió su cigarro y le dio una pitada mientras observaba las nubes grisáceas invadir el cielo. Negó con la cabeza, en señal de fastidio, deseando que la lluvia no complicara su trabajo. Su mirada se posó sobre la última cabaña derruida que acompañaba la bifurcación del canal. Podría jurar que el escenario había cambiado desde la última semana que visitó el terreno. Eso lo tenía demasiado intrigado, pues algunas flores ya estaban alcanzando la falda misma de la tienda. Dio otra pitada, profunda y expulsó el humo por la ventana. Detrás suyo unos cuantos investigadores novatos ultimaban detalles de la operación dejando sobre la mesa diferentes herramientas que serían de utilidad: tijeras de poda reforzadas, pinzas largas, frascos de vidrio sellados, mascarillas con filtros, estacas para delimitar las áreas, pergaminos para preservar las muestras y un pequeño herbario encuadernado en cuero.
—Dejen todo allí. Pueden ir a descansar. Buen trabajo, chicos.
El profesor de botánica les regaló una amplia sonrisa a sus asistentes y los saludó, sacudiendo su mano derecha. Cuando los becarios le dieron la espalda, el semblante del hombre volvió a la serenidad. Sus ojos cayeron al suelo y sintió desconcierto. En sus más de treinta años de profesión jamás vio algo similar. Generaba temor y emoción al mismo tiempo. Amagó a darle otra pitada al cigarrillo, pero se detuvo. Contempló por unos segundos el humo que desprendía el extremo y lo apagó.
—Manos a la obra.
Esperó sentado a que los ninjas aparecieran.
Sintió el ruido de pisadas e intuyó que debían ser los ninjas. Antes de saludarlos, notó que las primeras gotas de una lluvia veraniega caerían sobre sus cabezas, así que los invitó a pasar a la carpa. El aspecto de Shigure era el de un hombre de sesenta años. Delgado, ligeramente encorvado por décadas de trabajo sobre mesas de cultivo. Mantenía su cabello grisáceo recogido detrás de la nuca y utilizaba anteojos rectangulares. Su abrigo de campo verde oscuro traía numerosos bolsillos, y por supuesto no podían faltarle los guantes. Un civil normal.
Cuando sus ojos se posaron sobre la Aburame no pudo evitar mostrar una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Ooooh, pero si tú eres Carina! Mucho gusto, mucho gusto —saludaba efusivo, a la par que tomaba la mano de la chica para llevarla a la altura de su cintura y darle un apretón de manos una y otra vez—. He leído todo tu informe, realmente has hecho un progreso y un descubrimiento increíble, me alegra mucho que puedas trabajar de nuevo aquí.
El profesor no soltaba la mano de Carina. El hombre guiaba la mano de la kunoichi una y otra vez de arriba hacia abajo y viceversa a medida que le mostraba sus respetos junto a un rostro marcado por la felicidad. Luego, la tomó de ambos hombros y acercó su rostro a centímetros del suyo y la observó fijamente, a los ojos.
—Aunque fuiste muy imprudente al acercarte mucho. Quizás estás viva de milagro.
Se reincorporó a su posición inicial en un segundo, y giró la cabeza para contemplar al Hyūga. Su semblante fue serio, pero de aprobación. Se posicionó frente a él y lo examinó como si fuese una planta.
—Mmmm…. Mmmm…. Sí… —luego, asintió con la cabeza repetidas veces, satisfecho—. Es el grupo que estaba buscando, es perfecto. En mis años de trabajo he podido ver a los Hyūga en acción, me han ayudado mucho —elevó su mano para darle varias palmadas en la espalda, una tras otra—. Hoy no será la excepción.
Kisaragi volvió a su lugar y caminó hacia una enorme pizarra que tenía junto a la mesa. Se aclaró la garganta y acomodó su mandíbula con algunos movimientos gesticulares, tras ello, tomó una vara de madera y la apoyó sobre la superficie donde varios dibujos y frases congregaban una explicación detallada posiblemente solo entendible por él a simple vista.
—Campanilla del Reposo. Ese es el nombre de la planta que está generando todo esto. Es interesante porque no es fácil de conseguir, y tiene efectos curativos potentes. En el País del Fuego es casi imposible encontrar un ejemplar. Durante toda mi carrera, solo había oído hablar de ella por mi profesor. Crecen en los lugares remotos, en el extranjero —después de apoyar la vara sobre la imagen de la planta, dejó el palo un segundo sobre la mesa y se prendió otro cigarro, buscando calmar su ansiedad—. Sin embargo… los dibujos que he visto de la planta son diferentes a las que tenemos en la cabaña. Por lo general son plantas pequeñas y delicadas, de tallos finos y flores acampanadas, su color es violeta claro o azulado. Las que hay allí —dijo apuntando con la vara hacia la cabaña—, bueno, están raras. Su masa vegetal es invasiva, de tallos gruesos y, raíces expuestas. Tienen flores que se expanden a un ritmo acelerado. El color es violeta intenso, casi oscuro. Incluso el tamaño de las flores es irregular. Su crecimiento desde luego es… exponencial. Estamos hablando de una planta que cuesta encontrar. Aquí crece en abundancia y en una región donde no debería existir.
Ladeó la cabeza y encogió los hombros. Hizo silencio, dejando que los ninjas comprendieran hacia dónde apuntaba su hipótesis. Fumó, una, dos, tres veces y disparó el humo sobre la pizarra. Asomó la cabeza hacia la ventana para contemplar la ligera llovizna que estaba cayendo y sacó la palma hacia afuera, dejando que algunas gotas caigan sobre sí.
—¿Se imaginan que estas gotas, apenas tocaran nuestra piel, nos obligaran a hacer algo que no deseamos? El informe de Carina sugiere que el supuesto polen provoca que los insectos abandonen sus obligaciones para alimentarse de las flores. El contacto parece generar una atracción difícil de resistir, reforzada por ese aroma dulce. Los animales se muestran apaciguados: sienten calma, somnolencia, respiran con mayor lentitud y permanecen cerca del foco. Creo que estamos ante una infección. Si esas partículas ingresan en el organismo a través de los pulmones… entonces quizá no sea polen. Quizá sean esporas.
Dio una última pitada y apagó el pucho sobre el cenicero. Lanzó un suspiro, agotado de tanta charla. Aprovechó a dar los detalles y resumir la investigación a ambos ninjas antes de que estos presentaran dudas.
—Los animales muestran detalles más claros. Síntomas como sueño, tranquilidad, lentitud, desorientación y por último un deseo de estar cerca de la planta. Finalmente, mueren.
El hombre tomó el equipamiento que estaba sobre la mesa y comenzó a guardarlo todo en su mochila. Al notar la oscuridad que el cielo produjo por las nubes negras también guardó una lámpara. Se colocó su abrigo y ofreció las mascarillas con filtros de carbón a los ninjas.
—Para trabajar con una planta desconocida, es mejor tener en cuenta estas máscaras.
Finalmente, el profesor salió primero de la tienda en dirección a la cabaña donde se encontraba el origen del problema.
Carina podría sentir un notable cambio en las afueras. La influencia de la planta era tan grande que varias abejas del apiario cercano decidieron crear sus colmenas al lado de las flores, aquellas abejas formaban espirales alrededor de la cabaña. Varios insectos estaban muertos, ya no despedazados, sino enteros, sobre los pétalos de las flores. El barro de los canales delataba huellas de animales, y por alguna extraña razón, en el medio del bosque, no se sentía ninguna ave cantar. El aroma dulce de las flores penetraba con mayor intensidad. Las raíces atravesaban la cabaña, los árboles se hallaban torcidos contra el terreno que nucleaba el problema. Allí, en la habitación final de la choza, se hallaba el problema. De nuevo esa planta, ahora más grande, ocupaba todo rincón posible. Las raíces levantaban las tablas del suelo y en los alrededores se generaba una densidad vegetal mezclada entre raíces, flores, pétalos y tallos que producían incomodidad al caminar. Al costado, en un rincón, de espaldas a la pared, yacía el cadáver en descomposición de un oso. Pero no solo ese animal. Muchos otros roedores estaban muertos, otros, vivos, disfrutando, comiendo las flores hasta morir. Atraídas irresistiblemente a la dulzura y el placer de mantener la panza llena con tan poco.
—No me gusta este panorama.
Expresó a la par que dejaba la mochila en el suelo y retiraba algunas cosas de su interior. La voz del profesor sonaba encerrada, producto de la máscara. Shigure se paró frente a los dos ninjas. Mientras hablaba su vista cambiaba de uno al otro.
—Muy bien. Desde este punto nadie se quita la máscara. No corten tallos, no pisen raíces expuestas, y sobre todo, nada de fuego. Todavía no sabemos si influye en humanos el efecto que produce la planta. Pero si se acercan demasiado a ella y sienten algunos de los detalles que mencioné antes, me lo dicen de inmediato. No ignoren las señales de su cuerpo.
La lluvia comenzaba a caer con mayor fuerza, y los relámpagos se presentaban en el escenario. Esta vez se dirigió hacia Carina. Se acercó a pocos centímetros y se inclinó para que oyera mejor. La tomó de los hombros y miró fijamente.
—Todo lo relacionado con los insectos queda bajo tu criterio. Si notas algún comportamiento extraño lo debes tener en cuenta. Necesito que compares lo que ves con la primera visita. Quiero que no solo veas las plantas, también a quienes la rodean. Incluidos animales. El recorrido de los insectos, qué hacen, qué buscan.
El profesor soltó a la muchacha y ahora se dirigió a Akira. También se aproximó hacia él, lo más que pudo. Miró al cielo maldiciendo que esté cayendo una tormenta en ese preciso instante y se mordió la lengua para no soltar una burrada.
—Akira, pedí expresamente la presencia de un Hyūga porque estos canales transportan chakra, por alguna razón, a través de sellos. ¿Los ves? Comienza desde allí, donde hay dos cabañas abandonadas y llega hasta aquí. El primer sello está en una compuerta que desvía el agua del canal hasta esta dirección, por alguna razón esta cabaña donde está la planta necesitaba de agua imbuida con chakra —explicaba a la par que señalaba con su dedo las direcciones y recorridos que hacía la canaleta. Después movió su hombro para que el Hyūga pusiera atención a su mirada—. Necesito saber de dónde viene, hacia dónde va. Parece obvio, pero debo comprender qué naturaleza de chakra es, qué función exacta cumple. También quiero que examines el chakra de las plantas, las flores y las raíces. Tu byakugan nos podrá ayudar a comprender el flujo de la planta. ¿Entendiste? Ve a investigar el terreno.
Finalmente, abandonó al Hyūga y se dirigió adentro de la cabaña. Contempló al oso muerto, y le señaló a Carina. El oso mostraba detalles horripilantes. Aquello que tanto había deseado se transformó en su muerte. Las raíces entraban por la boca y las heridas, algunas recorriendo su pelaje como si fuesen venas. Parecía consumido por dentro. Y lo más extraño es que estaba descomponiéndose por partes desiguales.
Carina podría notar otras diferencias dentro de la cabaña. Antes, las flores rodeaban la choza, ahora estaban incluso dentro. En el interior también había panales que se fusionaban con las flores violetas.
Shigure elevó el pulgar a ambos.
—Comienza la operación.
Cita:Reglas de juego:
— Ambos deberán tirar 1d20 y agregar al resultado la cantidad pasiva que poseen. Esta tirada se realizará antes de su posteo con el objetivo de brindar información y que puedan explayarlo en su post y a su manera.
— Ambos parten con la ventaja de estar en una zona segura e instruidos por el profesor, por lo que pueden tomarse el tiempo necesario de investigar. Por lo que tendrán ventaja en la tirada de su dado. Podrán tirar 2 veces y quedarse con el resultado más alto.
Tirada de investigación de Carina Aburame: investigación biológica
1D20 + MINT + Investigador
1D20 + 1 + 4 = 1D20 + 5
Tirada de investigación de Akira Hyūga: análisis del terreno
1D20 + MCCK + MINT
1D20 + 2 + 1 = 1D20 + 3
Cita:● Nombre de la Misión: La miel perfecta II
● Información de la Misión: El informe presentado por la kunoichi Carina Aburame tras investigar la alteración en la producción de miel del apiario de Hachirō provocó la inmediata intervención del Departamento de Investigación de Konohagakure.
En las ruinas de un antiguo sistema de irrigación alimentado por sellos de chakra fue descubierta una mutación sin precedentes de la Campanilla del Reposo, una planta medicinal extremadamente rara que desarrolló propiedades capaces de atraer compulsivamente a insectos y alterar el comportamiento de la fauna del bosque. El fenómeno afecta ya a colonias completas de abejas, otros artrópodos e incluso mamíferos de gran tamaño.
La presencia de un canal que continúa transportando chakra décadas después de haber sido abandonado plantea interrogantes mucho más preocupantes que la propia planta. Se desconoce quién construyó aquellas instalaciones, con qué finalidad fueron utilizados los sellos de irrigación y si el cultivo mutado fue un accidente o el resultado de una investigación deliberada.
Debido al potencial riesgo biológico y al desconocimiento del origen del lugar, el caso ha sido reclasificado como Misión de Rango B.
El profesor Shigure Kisaragi, uno de los mayores especialistas en botánica medicinal de Konohagakure, encabezará la expedición científica. Carina Aburame actuará como responsable del estudio entomológico y guía del equipo tras haber localizado el foco de contaminación, mientras que Akira Hyūga ayudra en el flujo de chakra oculto bajo el terreno, detectar posibles mecanismos aún activos y garantizar la seguridad de la expedición.
La prioridad no será destruir la planta inmediatamente, sino comprender el origen de la mutación, asegurar el área y determinar si existen más especímenes o instalaciones similares ocultas bajo el bosque antes de decidir cómo proceder.
● Rango y Tipo de la Misión: Simple B
● Fecha y Lugar: 19 de Verano del Año 150 Konohagakure
● Cantidad de Usuarios: Orión y Akira + Narrador.
● Cantidad máxima de horas por ronda: 48hs
![[Imagen: Firma-Carina.png]](https://i.ibb.co/8L4f3C8L/Firma-Carina.png)
![[Imagen: JK2RddW.png]](https://i.imgur.com/JK2RddW.png)